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sábado, 9 de noviembre de 2019

RENACIMIENTO,CONCEPTO Y EVOLUCIÓN



El concepto Renacimiento se aplica a la época artística que da comienzo a la Edad Moderna. El término procede de la obra de Giorgio Vasari Vidas de pintores, escultores y arquitectos famosos, publicada en 1570, pero hasta el siglo XIX este concepto no recibe una amplia interpretación histórico-artística; sin embargo, Vasari había formulado una idea determinante, el nuevo nacimiento del arte antiguo, que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo en la actitud espiritual del artista. De hecho, el Renacimiento rompe conscientemente con la tradición artística de la Edad Media, a la que califica, con desprecio, de estilo de bárbaros o de godos. Y con la misma consciencia se opone al arte contemporáneo del Norte de Europa.

Desde la perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significa una ruptura con la unidad estilística que hasta ese momento había sido supranacional. Diferentes etapas históricas marcan el desarrollo del Renacimiento: la primera tiene como espacio cronológico todo el siglo XV, es el denominado Quattrocento, y comprende el Renacimiento temprano que se desarrolla en Italia. La segunda se desarrolla en el siglo XVI, se denomina Cinquecento, y su dominio artístico queda referido al Alto Renacimiento, que se centra en el primer cuarto del siglo. Esta etapa desemboca hacia 1520-1530 en una reacción anticlásica que conforma el Manierismo.

Mientras que en Italia se estaba desarrollando el Renacimiento, en el resto de Europa se construye el gótico en sus formas tardías, situación que se mantiene, exceptuando casos concretos, hasta comienzos del siglo XVI.

En Italia el enfrentamiento y convivencia con la Antigüedad clásica, considerada como un legado nacional, proporcionó una amplia base para una evolución estilística homogénea y de validez general. Por ello, allí fue posible su surgimiento y precede a todas las demás naciones. Fuera de Italia la Antigüedad clásica supondrá un caudal académico asimilable, y el desarrollo del Renacimiento dependerá constantemente de los impulsos marcados por este territorio. Artistas importados desde Italia o formados allí, hacen el papel de verdaderos transmisores.

De forma genérica se pueden establecer las características del Renacimiento en:

1º. La vuelta a la Antigüedad. Resurgirán tanto las antiguas formas arquitectónicas como el orden clásico, la utilización de motivos formales y plásticos antiguos, la incorporación de antiguas creencias, los temas de mitología, de historia, así como la adopción de antiguos elementos simbólicos. Con ello, el objetivo no va a ser una copia servil, sino la penetración y el conocimiento de las leyes que sustentan el arte clásico.

2º. Surgimiento de una nueva relación con la naturaleza, que va unida a una concepción ideal y realista de la ciencia. Las matemáticas se van a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar de forma racional su ideal de belleza. La aspiración de acceder a la verdad de la Naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacia el conocimiento de fenómeno casual, sino hacia la penetración de la idea.

3º. El Renacimiento hace al hombre medida de todas las cosas. Como arte esencialmente cultural, presupone en el artista una formación científica, que le hace liberarse de actitudes medievales y elevarse al más alto rango social.

Los supuestos históricos que permitieron desarrollar el nuevo estilo se remontan al siglo XIV cuando, con el Humanismo, progresa un ideal individualista de la cultura y un profundo interés por la literatura clásica, que acabaría dirigiendo, forzosamente, la atención sobre los restos monumentales clásicos.

Italia en ese momento está integrada por una serie de estados entre los que destacan Venecia, Florencia, Milán, el Estado Pontificio y Nápoles. La presión que se ejerce desde el exterior impidió que, como en otras naciones, se desarrollara la unión de los reinos o estados; sin embargo, sí se produjo el fortalecimiento de la conciencia cultural de los italianos. Desde estos supuestos, fueron las ciudades las que se convierten en centros de renovación artística. En Florencia, el desarrollo de una rica burguesía ayudará al despliegue de las fuerzas del Renacimiento, la ciudad se convierte en punto de partida del nuevo estilo, y surgen, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras que desde aquí se van a extender al resto de Italia.




El Renacimiento artístico puede, por tanto, centrarse en el siglo XV en Florencia, pero aparece ligeramente retrasado con respecto al pensamiento -ya había aparecido la Comedia de Dante y el Decamerón de Boccaccio-, y va a suponer la incorporación al sistema figurativo de la nueva mentalidad de acercamiento al clasicismo antiguo. Anteriormente al siglo XV se habían producido intentos de vuelta a la Antigüedad clásica; son los denominados renacimientos como la Renovatio carolingia, donde se adopta un sistema de representación en el que los temas van a ser preferentemente clásicos, y la Renovatio otomana o anglosajona, que partiendo de fuentes distorsionadas como el arte paleocristiano, carolingio y bizantino, intentaba un ahondamiento en el pasado clásico; o lo que se ha dado en llamar protorrenacimiento o protohumanismo, que adopta un sistema monumental de representación que se extiende a todas las artes, pero que se mantiene dentro del sistema gótico (recordemos la escultura de Nicola Pisano). Todos estos movimientos produjeron una reactivación de los motivos y los conceptos clásicos, pudiéndolos considerar como la antesala del Renacimiento, ya que, pese a que vuelven su vista a la Antigüedad, no consiguen una renovación extensa y profunda en todos los órdenes, como si se logrará en el Renacimiento, donde existe una fusión y unificación de todos los aspectos de la cultura (arte, literatura, ciencia, filosofía, etc.). Este cambio, adjetivado en alguna ocasión como mutacional, con el sentido biológico de repentino y permanente, es producto de diversas causas: históricas, ideológicas y sociológicas.

1º. Causas históricas. Durante el siglo XIV una serie de hechos provocan una profunda crisis en el sistema de creencias del hombre, grandes pestes y epidemias diezman la población europea, la acentuada mortalidad lleva a un sentimiento de inseguridad en el hombre que le provoca una crisis de carácter religioso.

La despoblación del mundo rural y la concentración en las ciudades produce el desarrollo de las grandes ciudades europeas, en las cuales se gesta el sentimiento de identificación del hombre con su ciudad. El desarrollo del nuevo sistema mercantilista, que desplaza el sistema feudal, tendrá una lineal traducción en el arte, ya que con la aparición de una nueva clase social, la burguesía, con gran poder adquisitivo, aparecerá el mecenazgo artístico y una intención diferenciadora de las clases nobles y clericales.

2º. Causas ideológicas. Coincidiendo con el nuevo sistema de representación, y adelantándolo un poco en el tiempo, aparece el Humanismo, una nueva manera de concebir el universo diferente de la Escolástica tradicional, con una crítica basada en un criterio científico retomado de la Antigüedad. El acercamiento a la Antigüedad, se realiza desde tres niveles: el primero tomando disciplinas que habían sido olvidadas en la Edad Media, el segundo desde una emulación a esa Antigüedad y el tercero desde una superación de la misma. Partiendo de estos planteamientos el arte deja de estar considerado como una actividad manual para ser una obra intelectual y el artista pasa a los tratados teóricos del arte.

3º. Causas sociológicas. El arte se va a independizar del estamento religioso, el patronazgo artístico pasará a ser ejercido, en medida muy importante por la burguesía rica de comerciantes y banqueros, con lo cual el arte se hará eminentemente laico y se verá inmerso en un proceso contínuo de secularización.



Todo el cambio de relaciones que se estaba produciendo en la sociedad tenía que incidir en el desarrollo básico de Renacimiento. En este momento se produce la aparición de dos nuevos estamentos artísticos: el mecenas y el artista. El mecenazgo se va a dirigir a prestigiar al que paga la obra; se podrá ejercer de forma individual, desde una familia, o desde organizaciones civiles o laicas y, desde luego, desde instituciones religiosas. Por tanto, el mecenazgo marcará su impronta en el desarrollo artístico, que quedará limitado por la moda o el gusto que, partiendo de los dictados de los humanistas que determinan lo que es malo o bueno, condiciona las obras patrocinadas por los mecenas y el desarrollo artístico. El mercado artístico, hasta ese momento propio de círculos muy reducidos de la sociedad, se irá extendiendo, llegando a generalizarse en la sociedad y condicionando una producción casi industrial que resta originalidad a las obras.

Se produce igualmente una variación en la concepción del artista, que pasa de ser considerado un trabajador manual a una persona que trabaja con el intelecto. Este proceso relativamente implantado en Italia, se irá imponiendo en Europa de un modo lento y progresivo; en España el problema todavía no está resuelto en el siglo XVII.




El Renacimiento establece el modelo clásico como crítica al modelo tradicional; esta adopción de la Antigüedad como autoridad procede del Humanismo, que la necesita para poder desarrollar su crítica a lo tradicional, así como la nueva sociedad laica encontró un elemento de unión en el paganismo antiguo. El modelo de Roma se impone para poder desarrollar un arte laico y secularizado.

El respeto por la Antigüedad se trasmite a través de la literatura teórica, que se va a basar en las autoridades clásicas y sus experiencias. No se abandona por esto el sistema de aprendizaje en taller, donde los modelos personales son trasmitidos como experimentación artística.

Dentro de las distintas artes se va a imponer una forma de acercamiento a la Antigüedad. El arquitecto lo hará a través del conocimiento de los monumentos antiguos que, en casos como Roma, es evidente. Estos restos le van a permitir un estudio pormenorizado, una medición e incluso una utilización de los materiales. Al mismo tiempo, podrá analizar las fuentes clásicas en los recuperados tratados de Vitrubio. Pero estos elementos los utilizará con un criterio crítico que le llevará más lejos. Para ello, contrastará los elementos antiguos con la teoría, descubriendo algo fundamental en el desarrollo de la arquitectura: el monumento antiguo no va a estar construido de acuerdo con las teorías de Vitrubio, lo que llevará a Alberti a formular una arquitectura que, basada en la Antigüedad, será totalmente novedosa.

El escultor sólo va a contar con los restos existentes para poder acercarse al conocimiento de la Antigüedad y que, cuantitativamente, van a ser menores que en arquitectura, aunque se verá favorecido por el gusto del coleccionismo de antigüedades que inspirarán permanentemente al artista. Pero no va a existir un soporte teórico con el que comparar las obras: así, el escultor tendrá que acudir a otras materias, en especial a la arquitectura, que le proporciona la referencia espacial donde insertar la imagen.

El pintor encontrará una mayor dificultad, ya que no se conocen ni restos ni fuentes; por lo tanto, la pintura se apoyará en fuentes indirectas, en las experiencias de la escultura y la arquitectura, completándolo con la inspiración y con temas como la mitología, fuente inagotable.

Pero el hombre del Renacimiento sigue siendo cristiano y, por tanto, debe conciliar la cultura pagana con su visión cristiana. Así, se irá produciendo un proceso lento y contínuo de adaptación y revisión de los textos clásicos a la sociedad del momento. En este proceso será determinante la influencia de la Academia neoplatónica de Marsilio Ficino, vigente en Florencia a partir de la segunda mitad del siglo XV. Con el neoplatonismo se recupera el concepto de belleza de la Antigüedad, por el que la belleza terrestre es el reflejo de la belleza superior. También se consigue una supeditación de los valores filosóficos de la Antigüedad, sobre todo del platonismo, al cristianismo, al mismo tiempo que se desarrolla la secularización del mensaje cristiano. La recuperación de la iconografía de las divinidades paganas no va a suponer la transmisión de sus valores primigenios, sino que se utilizan como un medio por el que se van a manifestar, en clave simbólica, los valores de la época. La secularización de la vida no va a ser fruto del abandono del sentimiento religioso, sino del enfrentamiento de dos actitudes contrapuestas: el dogmatismo y el espíritu critico.



El Renacimiento supone una revolución innovadora al romper con el sistema figurativo gótico, iniciando el sistema de representación tridimensional. Pero esta ruptura no se deberá solo a los trabajos de los artistas italianos, sino también a los logros de los primitivos flamencos surgidos en las ciudades burguesas de Flandes, con las que la burguesía italiana mantendrá contínuos contactos.

Los pintores flamencos tomarán, como los italianos, conciencia histórica de su propia realidad, situándose críticamente frente a la tradición medieval y profundizando en el análisis de la realidad mediante un naturalismo que tiende a ser tridimensional por el estudio de la luz, así como por la representación minuciosa y exacta. La nueva actitud ante la representación de la naturaleza y la valoración de nuevos géneros como el retrato supone el reflejo de unos nuevos valores, los de la burguesía flamenca que, como en la italiana, serán eminentemente renacentistas.

Pero la trayectoria para la consecución de estos logros será distinta en Italia y en Flandes: los pintores flamencos no utilizan un modelo como el de la Antigüedad para romper decididamente con el gótico internacional y, mientras que los italianos reducen la naturaleza a un espacio que el hombre puede dominar colocándole en el centro de ella, los flamencos ofrecen un mundo en el que el hombre se pone en contacto y en correspondencia con el universo, en que cada elemento de la naturaleza expresa totalmente su realidad, sin jerarquías ni gradaciones de valores. Desde una vía distinta ofrecen un cambio en el terreno artístico de la magnitud del que se estaba produciendo en Italia.




El artista del Renacimiento va a concebir el espacio como un elemento infinito, homogéneo y unitario, el cual debe cumplir dos requisitos: reflejar fielmente lo que el ojo ve y conformarse en base al principio general de representación científica, teniendo en cuenta las leyes de las matemáticas, la óptica y la geometría. El esfuerzo de teorización abstracta y de indagación práctica culminará con la aparición de la perspectiva, por la cual se representa la naturaleza en un sistema tridimensional.

Brunelleschi conseguirá, con la cúpula de Santa María de las Flores, una estructura centralizada que coordina y unifica el espacio longitudinal de la basílica, resolviendo el problema técnico de su construcción y transformando el espacio urbano.

Ghiberti, en Las Puertas del Paraíso de 1425, plantea un espacio en el que no existe la compartimentación del gótico, un espacio natural, convincente y tridimensional con la representación de figuras que se basan en los modelos clásicos. Por su parte, Masaccio, en la Capilla Brancaci, introduce la perspectiva y figuras inspiradas en la escultórica clásica. Alberti, en la Fachada de Santa María Novella de Florencia, organiza la puerta como un autentico arco triunfal.





La nueva orientación de la cultura que se está elaborando en Italia a lo largo del siglo XV acabará configurando una cultura laica. El proceso de secularización parte del Humanismo, desarrollado desde la segunda mitad del siglo XIV por un nutrido grupo de intelectuales ligados a la ideología mercantil, ciudadana y premercantilista. Su evocación a la Antigüedad y el posicionamiento del hombre como centro del universo le dotaron de un carácter abierto, libre y dinámico, que tuvo su concreción más coherente en el arte del Quattrocento.

El hombre del renacimiento no trató de apartar al mundo de Dios, pero su búsqueda le llevó a emprender un camino con resultados, en parte, insospechados. Florencia, tras haber alcanzado una total autosuficiencia económica y política, haberla defendido y reconocido durante mucho tiempo, requería una cultura y un arte no anclados en una visión que contradecía abiertamente los logros de su sociedad urbana. En la Edad Media, con una concepción teológica y estamental del mundo, en el que la vida era una adaptación al orden establecido por Dios, el arte permaneció inmerso en un sistema en el que desempeñaba funciones fundamentalmente religiosas. Pero en el siglo XV y en la sociedad florentina se mostraron insuficientes: la nueva economía mercantilista, el mecenazgo de las grandes familias, la demanda de nuevos géneros, como el retrato, y nuevas tipologías, como las villas, palacios o bibliotecas, así como la nueva posición del artista en la sociedad, abrieron el camino hacia la secularización.

En Florencia surgieron hombres capaces de traducir al plano mental las profundas modificaciones que se habían operado en el conjunto de la realidad política y socio-económica. Alberti y Piero della Francesca, entusiasmados por el nuevo modo de pintar, construir o esculpir de Brunelleschi, Masaccio y Donatello, teorizaron y tradujeron a un sistema riguroso y funcional de conocimiento las nuevas realizaciones. Si en la literatura se había utilizado como único modelo de referencia la Antigüedad, en la actividad artística se establece como autoridad la Naturaleza y la observación experimental. La Naturaleza se convierte, por lo tanto, en la realidad más allá de la cual no debe preocupar nada. La confianza del hombre en su razón, en su capacidad para explicar el mundo y, en consecuencia, por dominarlo, le llevan a un proceso ininterrumpido en el que, progresivamente, ahonda en el conocimiento de la naturaleza y sus leyes.



La elaboración de un nuevo sistema de representación se entendió desde un principio como una superación y una ruptura con la forma de representación de la Edad Media. La perspectiva que se había utilizado en el arte antiguo era la expresión de un determinado concepto del espacio y que difería de la intuición moderna, puesto que no concebía el espacio como el elemento capaz de circunscribir y resolver la contraposición de cuerpos y la ausencia de estos (espacio vacío), sino como aquello que permanecía entre los cuerpos. Así, el espacio o no era representado (recordemos los fondos dorados del gótico) o era representado mediante una superposición o sucesión de figuras, o bien si lo introducía la composición se volvía irreal, contradictorio e ilusorio.

Los primeros síntomas de ruptura se producen el Trecento, donde el espacio, desde una concepción empírica, se trata de representar por lo que contiene pero todavía no adquiere entidad propia. Las experiencias de Giotto y Duccio inician la recuperación de la visión del espacio, perdida desde la antigüedad clásica. Con ellos se inicia la posibilidad de que lo pintado se desenvuelva en un espacio sin límite, organizado y sólido, aproximándose a una concepción casi tridimensional. Pero estas primeras experiencias se diluirán durante el siglo XIV, de tal forma que los logros que se alcanzan en Florencia a partir de 1400 son una creación prácticamente de la nada.

En Florencia se inventó el sistema de la perspectiva, un nuevo código para representar el espacio sin relación ni dependencia de la Antigüedad. Surge como instrumento que hace posible la representación de la naturaleza y el desarrollo de la idea tridimensional. Es la visión de la naturaleza desde un punto externo al cuadro, el del espectador, que justifica su valor y su existencia. Según este planteamiento, la composición surge como una ventana abierta (así fue expresado por Alberti) en la que el plano pictórico se configura mediante la intercesión plana de la pirámide visual. Resuelto el problema de la forma de representación, se plantea el de su significado y su carácter selectivo, es decir, del problema matemático surge el problema artístico. La representación artística tuvo que plantearse en qué sentido debía utilizar este método que, por su ambivalencia, conducía a las grandes antítesis de las distintas épocas y por tanto inducía a una toma de postura clara. En este sentido, Italia es diferente al Norte: allí se considera como esencial el aspecto objetivo mientras que en Italia lo es el subjetivo, ya que la concepción del espacio tridimensional no es sólo de carácter empírico sino también es producto derivado de una reflexión intelectual e ideológica.

En el caso concreto de la arquitectura, el espacio se desarrolla como fenómeno figurativo de carácter abstracto e ideal. No sólo el problema de la proporción sino la proyección de la perspectiva es la que produce este efecto. A través de ella se destaca el valor del individuo frente al mundo. El desarrollo inicial de este método de representación no surgió a través de la formulación matemática de sus principios, contenidos en un tratado, sino de la verificación práctica de una reflexión teórica.

De acuerdo con ésto, quien primero puso en práctica estos principios fue Brunelleschi, codificándose después en los escritos de Alberti. En la cúpula de Santa María de las Flores ensaya un esquema de perspectiva centralizada desde el punto de vista espacial y figurativamente transcrita en el exterior de la misma. La alternancia cromática rojo/blanco subraya esta idea gráficamente, de la representación figurativa y estructurante de un edificio.

También los escultores dieron un nuevo sentido a la representación según el nuevo método, ya que en algunos de sus relieves se observa una dualidad de métodos, en el sentido de que las investigaciones matemáticas se combinan con experiencias empíricas. Los escultores resolvieron el problema del escalonamiento de planos de luz reduciendo un tercio la distancia entre cada uno de ellos y no utilizando la diagonal de control. Sin embargo, Alberti señala en su tratado De Pictura como lo correcto que en el cuadro, al ser una intersección plana de la pirámide visual, la perpendicular de intercesión es la que debe determinar la relación de distancias.

En la escultura de bulto redondo, los escultores plantean una nueva concepción sometiendo sus realizaciones a la idea de frontalidad y el tratamiento de la pieza como un objeto exento (Donatello, Della Quercia, Ghiberti...).

En pintura, muchos de los problemas compositivos y de perspectiva tienen su punto de partida en las experiencias que se estaban realizando en el relieve. Toda esta investigación no logra la categoría de formulación teórica hasta que Alberti publica su tratado De Pictura (1435), codificando de forma sistemática todas las experiencias anteriores y formulando una teoría y un método humanista para los problemas de la figuración. Para Alberti, la apariencia de las cosas es relativa, siendo la figura humana la que proporciona la medida de la realidad; por lo tanto, se trata de representar una realidad en la que la ventana abierta del cuadro se entienda como su medida y su proyección.

Alberti consigue que los problemas matemáticos de la pintura se reduzcan a lo mínimo, de tal forma que pueden ser utilizados por todos los aristas; pero no sólo se limitó a racionalizar las experiencias sino que su teoría va más allá, exponiendo una reflexión sobre los principios de la pintura.

Esta definición de la pintura constituye la base del nuevo método, pero no unos principios normativos que determinan resultados. De hecho, la práctica de la pintura, aún moviéndose dentro de ellos, fue más rica hasta el punto de hacer de la perspectiva un problema sobre el que gira el desarrollo de la pintura italiana del siglo XV. Andrea del Castagno cuestionará la ley del marco, experiencia que fue desarrollada por Mantegna, quien acomete el problema de desarrollar, hasta sus últimas consecuencias, el sistema de perspectivas. La investigación continúa hasta Leonardo da Vinci con sus logros sobre perspectiva aérea.

http://enciclopedia.us.es/index.php/Arte_del_Renacimiento
https://enciclopediadehistoria.com/renacimiento/
http://cibernous.com/crono/historia/renacimiento/rena.html
https://okdiario.com/curiosidades/caracteristicas-renacimiento-1330839
http://www.enciclonet.com/articulo/renacimiento-filosofia-del/

domingo, 30 de junio de 2019

RENACIMIENTO EN EUROPA Y SU DIFUSION



El arte renacentista europeo se desarrolla fundamentalmente en el siglo XVI siguiendo, en principio, modelos del Renacimiento italiano

El Renacimiento europeo no surge como resultado de una conjunción de circunstancias específicas que lo hacen posible, como había ocurrido en Italia; de hecho, la diversidad tanto política como cultural que ofrece Europa respecto a la situación italiana explica que mientras en Europa se sigue la tradición del gótico internacional (sistema de representación válido para las necesidades de su sociedad), en Italia se está codificando un nuevo lenguaje y una nueva forma de representación. En Europa, el Renacimiento se desarrolla partiendo de las experiencias italianas, aunque será elaborado en cada país de forma personal.

Desde finales del siglo XV y, sobre todo, a principios del XVI, una serie de acontecimientos políticos hacen que Italia se convierta en escenario de lucha de los nuevos estados nacionales: Francia y España. La consolidación de la hegemonía aragonesa en Nápoles y la disputa por el norte de Italia entre España y Francia, supone el contacto de estos estados con los valores humanistas italianos, el esplendor de sus cortes y el nuevo lenguaje artístico. A partir de este momento, los contactos con Italia son permanentes.

Pero en el modelo renacentista italiano difundido por Europa hay que tener en cuenta dos cuestiones: la primera es que en Italia ya se ha llegado a la codificación clasicista del Alto Renacimiento y se están empezando a dar las respuestas anticlásicas del manierismo; la segunda es que el modelo renacentista italiano nunca fue uniforme: en su seno se produjeron diferentes tendencias y alternativas que desbordaron el marco desarrollado en el modelo florentino. Por las circunstancias políticas apuntadas, los centros artísticos que tuvieron una mayor importancia en la difusión del Renacimiento en Europa fueron los del norte de Italia, sobre todo Ferrara y Padua, donde se había producido el Renacimiento menos clásico.

La propagación de las nuevas formas por Europa va a responder a las necesidades que habían surgido en las nuevas monarquías gestoras de los estados nacionales: las cortes surgidas verán en el estilo romano, según la expresión de la época, una forma de afirmarse y diferenciarse política y socialmente, tal y como se hacía en las cortes italianas que tanto habían deslumbrado a los monarcas europeos.

La difusión se realiza mediante la exportación de las formas italianas; en esta exportación tendrán un papel fundamental los grabados que divulgan las obras de los maestros italianos: la imprenta hacía posible su reproducción rápida y abundante, así como los viajes constantes de artistas europeos a Italia, para su formación, y el trabajo de artistas italianos (por lo general de segundo orden) en las cortes europeas.

La asimilación del Renacimiento en Europa choca con la tradición artística de cada lugar y la valoración de la figura del artista. Las formas italianas que se exportan a Europa presentan ya un lenguaje ecléctico que se fundirá con las tradiciones locales de cada lugar, dando resultados diferentes. Los artistas seguirán siendo considerados artesanos y carecerán del discurso teórico capaz de articular de forma coherente los presupuestos ideológicos del nuevo lenguaje, tal y como habían hecho los italianos.




Aunque es evidente que estuvo influido por la erudición y el saber italianos, el Renacimiento del norte de Europa encierra unas ciertas características distintivas y unos rasgos comunes a toda la región, lo que permite considerarlo en su conjunto. El movimiento cultural humanista estuvo en esta zona más preocupado por temas de religión y piedad personal de lo que lo estuvo en Italia. La educación de los jóvenes se basaba más en el examen crítico de textos religiosos que en el conocimiento de los clásicos, actividad erudita que alcanza su punto culminante con la obra de Erasmo de Rotterdam.

El humanismo erasmista tendrá una notable influencia no sólo en la Europa del norte y la política cultural humanista del emperador Maximiliano de Alemania, sino también en el resto de Europa; por ejemplo, su influencia en España es notable. A ello se une la importante polémica que surge en torno a la Reforma protestante y la división política de Flandes entre Bélgica, católica y bajo la influencia española, y Holanda, protestante e independiente.

La poderosa tradición artística que existía en los Países Bajos y en Alemania era bastante independiente del movimiento coetáneo italiano: durante el siglo XV los artistas europeos del norte habían empezado a alejarse del estilo gótico internacional de la Edad Media, codificando un nuevo tratamiento realista del espacio, una nueva técnica de pintura al óleo y el conocimiento del uso de las formas (la perspectiva, aprendida de los italianos) y el paisaje. Sin embargo, el lenguaje clásico de la antigüedad no ofrece ningún atractivo en esta zona, que no cuenta en su tradición con dicho legado; por ello, la problemática italiana en torno a la síntesis cristianismo-filosofía neoplatónica no alcanza a estos países. Es mucho más importante el movimiento de profunda transformación religiosa que se produce, contribuyendo de forma capital el humanismo de Erasmo de Rotterdam, que inicia una critica radical a la idea de religión tradicional y rechaza ásperamente los excesos formalistas y rituales, abogando por una mayor reflexión religiosa, intimista y personal. El pensamiento erasmista en torno a la religión, la locura y el ideal del caballero cristiano influye en los círculos artísticos nórdicos y motiva muchos de los cambios producidos en los temas pictóricos.

Hacia 1500 la pintura alemana sufre una transformación que provoca la existencia, en los siguientes treinta años, de un grupo destacado de artistas: Alberto Durero, Hans Holbein el Joven, Mathias Grünewald, Lucas Cranach y Albercht Altdorfer, que son principalmente los desarrollan el arte del Renacimiento Alemán. Junto a ellos, los pintores Quentin Metsys, Joachim Patinir, Brueghel y Antonio Moro lo harán en los Países Bajos. El hasta qué punto estos artistas estaban inspirados por las influencias italianas es un tema sujeto todavía a discusión, pero de ellos solamente Durero viajó a Italia. No obstante, los grabados italianos y los modelos de los libros estaban en circulación por Alemania y por los Países Bajos: por ejemplo, la primera obra de Altdorfer está inspirada en un grabado de Mantegna.

Los temas de los artistas alemanes y su forma de representación están bastante alejados de los convencionalismos de la pintura renacentista italiana. El dinamismo, la expresión, la emoción y las cualidades naturalistas del arte nórdico están en un abierto contraste con el idealismo, el equilibrio y la armonía de los italianos. Además, existe una poderosa y distorsionadora corriente religiosa en el arte del norte, una premonición de la Reforma y una aguda expresión de la angustia que invadía la religiosidad, tanto en Alemania como en los Países Bajos.

La emoción religiosa y la atención por los detalles fueron los sellos del arte del Renacimiento nórdico, basado en una concepción del hombre como una parte trivial del universo de Dios y empequeñecido además por la majestad del mundo natural. Se desarrolla el gusto por la representación de lo monstruoso aunque ya no tiene el significado gótico, sino que se convierte en una viva representación de la naturaleza oculta del hombre.

Frente a la visión científica de la naturaleza que ofrece la cultura italiana, en el Norte se le contrapone una visión irracional. La Naturaleza se convierte en una amalgama de cosas y fenómenos complejamente relacionados todos con todos: para descubrir dichas relaciones es preciso recurrir al ocultismo, la alquimia y la astrología, todo impregnado de un profundo sentimiento místico. Las obras encargadas a estos artistas serán, básicamente, pinturas religiosas o estarán dirigidas a la corte humanista de Maximiliano.

Hacia 1530 el arte alemán entra en un periodo de declive: habían muerto los principales artista y la corte de Maximiliano fue sustituida por la de Carlos V. La Reforma y los conflictos religiosos que le sucedieron también influyeron en este declive. En los Países Bajos, pese a verse influidos también por los problemas de la Reforma, tuvieron un desarrollo distinto. Los holandeses, guiados por el príncipe protestante Guillermo de Orange, se rebelaron contra la católica corona española, convirtiéndose en un estado independiente, mientras que Bélgica se mantiene bajo la dinastía de los Habsburgo y dentro de la iglesia católica.

Tras la Reforma, el mecenazgo principesco alemán se centrará en primer lugar en la arquitectura, arte capaz de mostrar el poder y prestigio de los gobernantes. Así, a mediados del siglo XVI, Otto Heidrich del Palatinado amplia el castillo de Heidelberg siguiendo las directrices clásicas e incorporando arquitectos italianos a sus obras en Landshut. Sin embargo, en su mayor parte los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas y simplemente decorarlas con ornamentación renacentista.

Los emperadores Habsburgo fueron los más importantes mecenas, siendo sus cortes centro de tutela para humanistas alemanes y artistas, destacándose la protección de Maximiliano II a Giuseppe Archimboldo, al manierista flamenco Spranger, al escultor danés Adrien de Vries o a los astrónomos Johannes Kepler y Tycho Brae. Asimismo, también hay que destacar la protección que la corte de Rodolfo II en Praga supuso para muchos eruditos y científicos que en otros lugares hubieran sido perseguidos por las autoridades eclesiásticas, debido a su dedicación a la alquimia y a la nigromancia. El estudio de lo oculto fue abandonado por los sucesores de Rodolfo: los emperadores Habsburgo del siglo XVII restauran la fe católica, dándole un lugar preferente en la política y la cultura europea y marcando el punto de inflexión entre el Renacimiento y el Barroco.





Durante la Edad Moderna, Francia se extendió rápidamente por provincias distantes, como Bretaña, Picardía o Provenza, que se incluyeron por primera vez dentro de la órbita de la corona francesa. En torno a 1559 era un tercio más grande que cien años antes, al terminar la guerra de los Cien Años. Su interés por expansionarse se fijaba ahora en el norte de Italia, pero su política provocó rivalidad con las pretensiones españolas, dando lugar a numerosas guerras en esta zona. Al tiempo que se expandía territorialmente, se desarrollaba una labor interna de afianzamiento del poder de la corona, en un intento de formar un estado nacional y absoluto mediante instrumentos legales, financieros y, sobre todo, administrativos, que asegurasen el poder a la soberanía real sobre las distintas asambleas locales y minimizando las enérgicas libertades locales. La monarquía francesa vio en el arte la posibilidad de afianzar su prestigio y su influencia cultura. Así, el Renacimiento francés estuvo ligado principalmente, aunque no de forma exclusiva, a la acción de la monarquía: los reyes de la casa Valois establecieron una refinada corte que jugó un papel fundamental en los cambios artísticos, uniendo los valores culturales de su aristocracia con el gobierno del reino y las campañas militares.

Durante el reinado de Francisco I, la corte del Renacimiento estaba en el punto culminante de su efectividad. Los progresos del afianzamiento de la soberanía real estaban dictados por consideraciones estratégicas y políticas, por lo que sus efectos culturales serán inmensos.

En arquitectura, con la publicación del influyente libro de Androuet du Cerceau. Los edificios más excelentes de Francia, el arte del Renacimiento queda afianzado como el arte de la corte. En 1519 Francisco I manda construir el castillo de Cahambord con un planteamiento enteramente al gusto del Renacimiento. Con él se inicia la renovación arquitectónica renacentista, que se va a centrar preferentemente en las medievales fortificaciones del Loira, donde se manifiesta el gusto por el clasicismo del siglo XVI. Las viejas fortificaciones fueron sustituidas por palacios de recreo de los monarcas Valois y sus cortes, donde se competía por ambiciones políticas y arquitectónicas. Sin embargo, la mejor manifestación del vigor artístico francés del momento es la denominada escuela de Fontainebleau, formada por aquellos artistas ligados a la corte y que desarrollan un estilo fluido, sensual y ornamentado, de gusto manierista. Fue producto del experimento cultural realizado por el rey Francisco I, empeñado en la trasformación del arte y la cultura francesa, que convierte su castillo de Fontainebleau en centro de su importante colección artística y lugar de protección de artistas. A la escuela de Fontainebleau pertenecen figuras como François Clouet, Jean Clouet, Jean Cousin, Primaticcio y Nicoló dell'Abate.






Tanto en Inglaterra como en Escocia, el arte del Renacimiento estará unido a la actuación de la corona. Desde las primeras décadas del siglo XV hubo signos de cambio en ambas cortes pero no alcanzan la formación de una verdadera corte del Renacimiento hasta el reinado de Enrique VIII, momento de mayor esplendor del arte inglés de este periodo. Frente a ellos, el Renacimiento escocés (que prometía ser esplendoroso) quedó seriamente dañado con la derrota de Jacobo IV y la nobleza escocesa en la batalla de Campo Inundado (1513), seguido por la desintegración social y la muerte de Jacobo V (1542). Al tiempo, en Inglaterra, el ímpetu de Enrique VIII se pone a prueba con las divisiones religiosas.

El tema que domina la cultura del Renacimiento en Inglaterra y Escocia es la estrecha relación entre política y cultura: Enrique VIII quería una propaganda cultural que proclamara su esplendor y rigurosidad, tanto en edificios, libros o música. La cultura bélica del régimen de Isabel I precisó de miniaturista y poetas para exaltar sus virtudes mediante alegorías, extraídas tanto de la literatura pagana como de la sagrada. Esta relación política-cultura se desarrolló incluso más allá del Renacimiento.

El reinado de Enrique VII crea las condiciones necesarias para el desarrollo del arte del Renacimiento, ya que durante él los eruditos ingleses entran en contacto con el humanismo y hacen su aportación: en 1498 Erasmo visitó Oxford y en 1511 fue designado para una cátedra de griego en Cambridge.

Enrique VIII, empeñado en tener una imagen imperial que le permitiera reclamar y perseguir la igualdad con Carlos V y Francisco I, llevó a cabo un programa real de construcciones cuyo edifico más emblemático es el palacio de Hampton Court, realizado bajo los postulados del Renacimiento. Construyó, igualmente, la Whitehall, rompiendo con la tradición secular de los monarcas de residir en el Palacio de Westminster. Todas las residencias reales recibieron un programa de embellecimiento y de glorificación real. Como mecenas, Enrique VIII emuló a los príncipes del Renacimiento interesándose por la astronomía, la literatura y la música que el mismo escribía. Atrajo a su corte a pintores, como Hans Holbein, que realizaron importantes retratos.

Su divorcio con Catalina de Aragón supone la ruptura con Roma: este hecho provoca la disolución de los monasterios y el abandono de los grandes edificios monásticos, que fueron vendidos o donados por la monarquía. También fueron destinados a nuevos usos: los de Londres que se destinaron a mercados, mientras que los que se encontraban en el campo fueron adquiridos por la nobleza y remodelados para viviendas. Esta arquitectura se caracteriza más por su ingeniosa adaptación a las nuevas necesidades que por cultivar o formar un nuevo estilo.

El reinado de Isabel I se caracteriza por la imposición de una cultura bélica, centrada en expresar en términos de virtud lo que era vulnerabilidad real. Isabel no estará interesada en las artes, ya que sólo compró retratos oficiales y sin ningún entusiasmo. Sin embargo, en un círculo cortesano más amplio, la pintura desarrollo un refinamiento extremo y un interés por la heráldica que la hicieron bastante peculiar en la Europa del siglo XVI. Ésta alcanza su expresión más completa en la miniatura, cuyo mejor exponente fue Nicolás Hilliard. La miniatura isabelina tiende a ser un retrato limitado a la cabeza y los hombros, que destaca las golillas y las joyas, además de las ropas de colores brillantes; concebido casi siempre como un ornamento, requiere la colaboración del miniaturista y del orfebre. Isabel volvió la espalda al programa de edificaciones ideado por su padre pero desarrollo en gran medida todo lo referente al prestigio real mediante torneos y diversiones que nutrían su propia imagen y distraían a su corte de los problemas que amenazaban el reinado. La imagen se hizo cada vez más importante. Como consecuencia de ello, los cortesanos tendrán un interés más activo que la reina hacía la pintura, entre los que tuvo un gran éxito el italiano Federico Zuccari.

El Renacimiento escocés se inicia con Jacobo IV, que pone las bases para el desarrollo de la cultura humanista y para el inicio de un primer arte renacentista. Sin embargo, ésto no tuvo un desarrollo posterior: el país se vio gobernado por regentes debido a la minoría de edad de sus soberanos y, además, sufrió periódicas invasiones inglesas.

En 1603 los Estuardo llegan al trono inglés: Jacobo I sucede a Isabel I. El cambio a la dinastía escocesa propicia un mayor contacto con la cultura europea y, en consecuencia, un auge de las artes. Iñigo Jones, el primer gran arquitecto inglés del Renacimiento, se convierte en arquitecto real, realizando importantes construcciones. Esta tendencia se acentúa con Carlos I, amante de las artes y que se convirtió en mecenas de numerosos artistas, retomando la tradición de Enrique VIII.




El periodo cultural y artístico renacentista se desarrolla en España desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XVI. La introducción y difusión del Renacimiento italiano en España obedece a causas variadas: por una parte, los contínuos contactos que se tienen con Italia desde finales del siglo XV permiten que artistas italianos viajen a España y artistas españoles viajen a Italia y, sobre todo, que italianos trabajen en España; por otra parte, el interés de la corona por desarrollar un arte oficial que la defina y que muestre su unidad y su poder, se plasmará en la formulación del arte plateresco durante el periodo de los Reyes Católicos y la afirmación de un Renacimiento clásico con Carlos V. Por último, será muy importante el papel desempeñado por una parte de la aristocracia española (sobre todo la familia Mendoza) que utilizará el denominado arte a lo romano como medio de distinguirse y afirmar su prestigio. Finalmente, la desconfianza en el modelo clásico-pagano desarrollado en Italia determina el mantenimiento de unas formas de hacer góticas sobre todo en la denominada arquitectura oficial, propiciada por los Reyes Católicos y la Iglesia, que va a convivir con las primeras formas renacentistas como estilo absolutamente válido e igualmente novedoso y que se extiende hasta más allá de la mitad del siglo XVI, momento en que el Renacimiento se acepta plenamente y las va desplazando.

En un primer momento, las obras renacentistas españolas se van a caracterizar por ser producto de un trasplante de obras realizadas en Italia, pero hay que tener en cuenta que en este país ya se empieza a superar el momento clasicista y se inicia la respuesta anticlásica del manierismo. Los artistas españoles, todavía considerados trabajadores manuales, no elaboran una concepción teórica del arte que consiga hacer coherente la plasmación de dicho lenguaje. Por todo esto, en un primer momento lo que se produce es la copia de modelos italianos de forma esporádica y casi anecdótica. Sólo más tarde, avanzada la centuria del quinientos, los artistas españoles son capaces de formular un sistema coherente que, en muchos casos, utilizará soluciones formales del manierismo italiano pero que aquí no se aplican como una reacción a un clasicismo, por otra parte inexistente, sino que son los medios para expresar un arte clásico.

La Monarquía, la nobleza y la Iglesia serán los clientes exclusivos de los artistas: el desarrollo político del siglo (con los hitos de la expulsión de los judíos durante el reinado de los Reyes Católicos y la Guerra de las Comunidades, con Carlos V), acaban con una incipiente burguesía ciudadana que, de haberse desarrollado, hubiera sido capaz de identificarse con los ideales humanistas y con las nuevas formas artísticas.


jueves, 20 de junio de 2019

LA REVOLUCION MEDICO-FARMACEUTICA DEL RENACIMIENTO Y PARACELSO



Según se iba produciendo el avance turco sobre la capital del Imperio bizantino, sus habitantes huyeron hacia Italia llevando consigo la cultura griega clásica que con ellos había sobrevivido desde hacía 1.000 años. La caída de Constantinopla en 1453 en manos de los turcos supuso el fin de la Edad Media y el nacimiento de una nueva era: el Renacimiento. 
Esta reincorporación del mundo helénico a la Europa Occidental, de su lengua y, sobre todo, de una de sus características: el concepto de individualismo, trajo consigo importantísimas consecuencias. La primera de ellas fue la aparición de la conciencia del propio yo, que conllevó la rebelión del individuo contra la autoridad, las dudas ante todo aquello que se tenía por cierto pero que nunca había sido demostrado que lo fuese. 
El Renacimiento, el regreso del mundo clásico griego nació en Italia, pasó a Alemania y después se extendió a todo el mundo cristiano europeo.
En el siglo XV, el alemán J. Gutenberg grabó por separado las letras del alfabeto para combinarlas formando palabras, de manera que podían ser utilizadas repetidamente en la composición de nuevos textos, es decir, inventó la imprenta. 
La plana de escritura formada por caracteres móviles hechos por fundición, que podía ser reproducida una y mil veces sobre papel de hilo, abrió a la gente el mundo de la cultura. Por este sistema pronto se editaron libros de temas médicos-farmacéuticos: obras de Mesué, Nicolas, Dioscórides (de cuyas obras apareció en el XV primero una edición en griego y después otra en latín), la "Materia Médica" de Platerius, obras de Arnaldo... En 1.475 apareció la primera obra médica editada en España "Epidemia y peste " de Velasco de Taranta. 
A la vez se produjo el perfeccionamiento en la obtención de vidrio lo que supuso la posibilidad de construir lentes muchísimo mejores; por primera vez pudo ser observado el firmamento con mayor profundidad: es el siglo de Copérnico; paralelamente, se tradujeron correctamente las obras de Ptolomeo. En esta época se comprobó por primera vez la redondez de la tierra. 
El conocimiento de las estrellas trajo consigo la mejora en los sistemas de navegación marítima. El siglo XV estuvo lleno de descubrimientos geográficos: los navegantes españoles y portugueses se adentraron en el Océano Atlántico: primero bordeando las costas de África; en 1.402 llegaron a las Islas Canarias, a las que llamaron las Islas Afortunadas; después llegaron a la isla de Madeira, a Cabo Verde, a Fernando Poo, y siguieron bordeando la costa africana hasta que Bartolomé Díaz descubrió el Cabo de Buena Esperanza, y Vasco de Gama lo dobló, llamándolo el Cabo de las Tormentas. Después, navegando hacia el oeste. En 1.492 se produjo el encuentro entre Europa y América. 
El hombre de ciencia del siglo XV tomó conciencia de su derecho a pensar por sí mismo, y a elaborar sus propias teorías basándose en aquello que él había experimentado libremente. Por fin, pudieron aparecer opiniones científicas individuales.

El principal autor de la revolución médico-farmacéutica renacentista fue Paracelso.
Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim nació en Einsiedeln (Suiza), hacia 1.493. Hijo de médico rural, su padre le llevó a ver enfermos con él desde que era un niño, a la vez que fue su primer maestro enseñándole botánica y medicina. Más adelante recibió una educación humanística en centros religiosos; estudió latín, filosofía, y sobre todo religión, cuya práctica no abandonó jamás. Siendo aún un niño, su familia se trasladó a vivir a Villach (Austria) y allí observó la forma de trabajar en las minas de hierro y aprendió los principios de la metalurgia y de la química; después aumentó estos conocimientos en las minas de plata que poseía Fugger en el Tirol. 
Estudió medicina en varias universidades italianas, donde se dio cuenta de la diferencia existente entre un aprendizaje basado en la práctica -el primero que tuvo él cuando visitaba enfermos con su padre- , y el teórico que impartían en la facultad y que en el fondo no le interesó nada. Se doctoró en Medicina en la Universidad de Ferrara. 
Entonces decidió aprender "verdadera medicina" viajando por Europa y, probablemente, por Oriente Medio, conviviendo en estos viajes con toda clase de gentes y observando su forma de vida, sus enfermedades, sus tratamientos y su evolución frente a éstos. Durante sus viajes se puso en contacto con las gentes que practicaban lo que para él era la verdadera medicina: los médicos del pueblo, los cirujanos barberos y los curanderos. Ellos fueron sus verdaderos maestros, aunque él consideró que el mejor Maestro posible era la Naturaleza. 
Como médico, preparaba él mismo sus medicamentos; toda su vida se rodeó de gente sencilla, vistió como ella, habló como ella y olió como ella. Es decir, hizo lo contrario que los médicos de su época. Sin embargo, entre el pueblo, que le achacaba curaciones casi milagrosas, su fama fue enorme. Esta magnífica reputación le siguió toda su vida. 
Hacia 1.526 se instaló en Estrasburgo. Allí vivía cuando fue llamado para tratar de una grave dolencia al humanista J. Foebenius, un hombre rico e influyente, el editor más famoso de Basilea. Foebenius, que era amigo personal de Erasmo, había sido desahuciado por sus médicos, que querían cortarle una pierna. Paracelso, gritando improperios contra estos médicos, le curó sin tener que llegar a esos drásticos extremos. En agradecimiento, este hombre le ayudó consiguiendo para él una plaza de médico municipal y una cátedra en la Facultad de Medicina de Basilea (1.527). Sin embargo, este nombramiento resultó muy conflictivo para Paracelso, pues se hizo con el apoyo de los reformadores eclesiásticos, pero sin la aprobación de las autoridades académicas, quienes desde el primer momento estuvieron en su contra. 
Sus clases se hicieron famosas: las impartía en alemán y no en latín, en la plaza de la ciudad y en ellas admitía a todo tipo de estudiantes, incluidos cirujanos barberos. Daba sus clases de una manera desordenada y sin citar nunca autores clásicos, por los que sentía auténtica aversión. A sus alumnos les advierte que él " no sigue a los clásicos; solo cree en lo que ha descubierto con sus propias fuerzas y ha comprobado con la práctica y la experiencia ”. Sin embargo, sus clases estaban cada vez más concurridas. Desde sus clases descalificó sin piedad a los antiguos cánones, y, en general, a todos los textos médicos vigentes en aquella época, así como a la ciencia y la medicina tradicional, por las que solo sentía un provocativo desprecio. El día de San Juan de 1.527 hizo un auto público de fe y arrojó a la hoguera los textos médicos clásicos (incluido el Canon de Avicena) que entonces eran considerados imprescindibles para el ejercicio de la medicina. Esta manera de enfrentarse a las normas establecidas le trajo numerosos problemas. 
Sus colegas se burlaron de él y le apodaron "Cacophrastus". Paracelso les ignoró, y siguió una y otra vez rompiendo lanzas a favor de su medicina basada en el repudio de las teorías antiguas y su fe en la experimentación personal. Públicamente le llamaron "el Lutero de la Medicina". El les respondió diciéndoles que las suelas de sus zapatos y el polvo de su cogote tenían más ciencia que todos ellos juntos. Completamente indignados por sus métodos, sus colegas presionaron sobre las autoridades para que Paracelso fuera expulsado de la Universidad. Incluso rehusaron dar el título de doctor en medicina a sus alumnos. Paracelso les insultó llamándoles " doctores de Requiem, tapaderas de vergüenza, sacamuelas, embusteros, sofistas, piojosos, matadores de vacas y médicos de perros " y añadió que " San Juan del Apocalipsis no ha visto monstruos tan horrendos como vosotros ". 
Toda esta oposición frontal de sus colegas no pudo con él, que apoyado por los ciudadanos de Basilea siguió impartiendo sus clases en alemán y admitiendo en ellas a quien quería. Hasta que en 1.528 curó a un clérigo aquejado de gota, y cuando quiso cobrar sus honorarios, éste se negó a pagárselos. Paracelso recurrió a los Tribunales reclamando la deuda, pero perdió el pleito. Entonces, sintiéndose injustamente tratado por la Ley, se enfrento a los jueces, empleando contra ellos un lenguaje un tanto grosero. Esta vez fueron las autoridades judiciales las que se pusieron en su contra. 
Paracelso, para evitar ir a prisión, huyó de Basilea, estableciéndose en Nuremberg, Baratzhausen y San GaIl En estos lugares ejerció la medicina sencillamente, siguió dictando sus clases en posadas o en tabernas, donde las escuchan gentes de todas clases sociales, a la vez que escribió sus obras. Y bebió mucho. 
En la última etapa de su vida se hizo predicador laico y viajó por el Tirol, Baviera y Bohemia, falleciendo en 1.541 en el hospital de Salzburgo, debido a un cáncer de hígado.


Escribió muchas obras: algunas fueron publicadas mientras él vivió, como la “Grosse Wundartzney” (“Gran Cirugía”), que ejerció una gran influencia; otras obras vieron la luz después de su muerte como "Opus Paramirum" escrita en San Gall; y su principal obra médica "Das Busch Paragranum", escrita entre 1,529 y 1.530, donde están definidas las cuatro columnas que sostuvieron su medicina: Elosotia, astronomía, alquimia y virtud; otras obras importantes fueron los escritos sobre la sífilis y el Archidoxis, su manual de química.
Un siglo después de su muerte ya se habían publicado cientos de textos paracelsianos, casi todos ellos referidos a remedios químicos, de manera que a finales del siglo XVI existió una literatura completamente nueva sobre materia médica. Para Paracelso, como ocurre con tantas personas de extraordinaria valía, su carácter fue su peor enemigo y eso que a lo largo de sus 48 años de vida consiguió cosechar un montón de exitos.
Su vida estuvo plagada de incidentes y conflictos ocasionados principalmente por sus modales, un tanto groseros, y por su hablar demoledor. Fue un hombre muy difícil que siempre vivió acomplejado por su aspecto físico. Sin embargo, también fue un hombre genial, inteligentísimo y muy adelantado a su tiempo.
Con su inteligencia clarividente abrió nuevos caminos a la ya moribunda "medicina oficial" de su tiempo, intuyó una nueva concepción de la causa de la enfermedad, situándola en algo "externo" al cuerpo, principalmente en el reino mineral y en el aire atmosférico, y dirigiendo la terapia contra el agente que la había producido, saliendo así por fin de la teoría del desequilibrio de los humores como causa fundamental de las enfermedades. 
Como médico ideó un tratamiento práctico para la curación de heridas y úlceras crónicas, tan extendidas en aquella época; estudió las enfermedades de los mineros; identificó la tuberculosis y la silicosis como enfermedades profesionales y fue el primero en reconocer la forma congénita de la sífilis. 
Homeópata convencido, para la elección de medicamentos se dejó influir por la Teoría de las Signaturas; así, por ejemplo, la pulmonaria tenía que curar enfermedades del pulmón, o el aceite de cráneo humano tenía que combatir la epilepsia. Nunca usó aquellas inmensas fórmulas de polifarmacia, que todavía seguían usando sus colegas, sino que él prefirió usar los elementos simples, de los que quiso aislar su "quinta esencia" (era un magnífico químico) pensando que así se llegaba a extraer el principio activo emanado directamente de Dios, que era quien informaba a la sustancia en cuestión de sus propiedades y la daba un conocimiento exacto de su función curativa. Administró a sus enfermos aquellos medicamentos que la experiencia le había enseñado que eran útiles frente a la enfermedad que padecían.
Fue un partidario absoluto de los medicamentos químicos, que hasta entonces casi no se habían usado. Estableció las bases de la Yatroquímica. Practicó una medicina integral, en la que no admitía la separación entre médico-cirujano-farmacéutico, exigiendo en consecuencia a quien se dedicara a ello un conocimiento personal absoluto de todo lo necesario para curar la enfermedad, y aceptó, como principal arma para luchar contra la enfermedad, al medicamento, que el médico debía saber buscar, preparar y usar. Fue ante todo un terapeuta, que dedicó al estudio del medicamento sus mejores obras. 
Como filósofo, fue un seguidor del Neoplatonismo, de Hipócrates, de Lullio, de Vilanova. Quiso saber de que materia estaba formado el mundo que rodeaba a sus enfermos y admitió los cuatro elementos como representantes de una forma de ser, de una determinada característica. Junto tierra, fuego, agua y aire, admitió tres substancias químicas fundamentales: azufre, mercurio y sal, siguiendo las ideas de Geber, como representación de formas de comportamiento:
" Azufre, que representa la combustión que da a las substancias naturales su fuerza de crecimiento y de unidad; Mercurio, que significa posibilidad de mutación; Sal, que representa la conservación: lo resistente al fuego, lo que queda de sólido tras la combustión ”. 
Para Paracelso todo lo existente en el mundo era un compuesto de estos principios, una transformación de lo que ya había habido; una configuración sucesiva de lo que la mente divina había predestinado. Y admite un ente especial: el Archeus, suerte de agente dinámico ordenador que regirá la combustión, separación, cohesión, o adhesión de los cuatro principios y de las tres substancias; a este Archeus se debe el que los elementos se unan para formar las plantas, los animales, a la vez que el Archeus ordenará las funciones orgánicas de todo ser vivo. Gracias a él, la materia prima se perfecciona, llega a la organización máxima y constituye la materia última. Si él no actúa, aparece la putrefacción. La enfermedad representa un estado mórbido del Archeus, que se produce como consecuencia de un trastorno de la química del cuerpo. 
En todos estos conceptos juegan un papel fundamental los procesos químicos, que son los que fallan, por lo que tienen que ser corregidos mediante remedios químicos.

Como expuso en su "Paragranum", la medicina de Paracelso estaba sostenida sobre cuatro columnas: 
A. Filosofía- Conocimiento científico total de la naturaleza visible e invisible, de la que el hombre es el eje principal: "es médico quien sabe de lo invisible, de lo que no tiene nombre ni materia y, sin embargo, tiene su acción ". 
B. Astronomía- Puesto que el hombre como microcosmos siente la acción del Cosmos y con ello de todo lo que este contiene, influido por los astros, el hombre tiene a la vez en sí parte de ellos. Los astros pueden influir sobre el hombre como ser material, pero como también es un ser espiritual, el hombre puede resistir esa acción. La sabiduría humana tiene debajo de sí todos los astros, el firmamento y el cielo entero.
C. Alquimia- En la que Paracelso creyó, no como camino para obtener oro a partir de la transmutación de metales, sino para obtener los secretos de la Naturaleza, la verdadera maestra, la que elaboraba los mejores medicamentos. Es decir, creyó en una alquimia cuyo cometido fundamental era la obtención de medicamentos. 
Apasionado por el increíble laboratorio que para él era la Naturaleza, Paracelso buscó el por qué una vaca comía hierba y producía leche, el por qué de la tierra nacían las uvas; el por qué de los procesos patológicos. Buscó la piedra filosofal, como remedio que curara todas las enfermedades: el elixir filosofal; así fue el primero en intuir dos ciencias fundamentales para la medicina y la farmacia: la bioquímica y la quimioterapia. Paracelso desarrolló técnicas de destilación apropiadas para las substancias volátiles, que le permitieron obtener alcoholes, licores, esencias y aceites. También descubrió ácidos minerales fuertes como el vitriolo (ácido sulfúrico) y el agua fuerte (ácido nítrico). 
D. Virtud- La base ética fundamental de todo hombre de ciencia -el amor al prójimo y a la profesión- y una estructura científica basada en la progresión: ver-conocer-entender-saber y,por lo tanto, poder hacer. 


Paracelso creyó que la variación de los humores expuesta por Galeno era la consecuencia de la enfermedad, no su causa, y encaminó su lucha no contra los síntomas de esta variación sino contra la propia causa de la enfermedad. 
Así aceptó 5 causas de enfermedad o ENS, que al entrar en nosotros producen la enfermedad: 
  1. Ens astrale (ente astral): a este ente pueden deberse enfermedades por cambios meteorológicos, o por influencia de los astros, ya que el hombre depende del Cosmos.
  2. Ens veneni (ente veneno): enfermedades producidas por alteraciones bioquímicas; este ente puede ser cualquier sustancia que penetre en nuestro organismo: un medicamento, un alimento, un veneno... que resultará perjudicial para el organismo si su Archeus no actúa correctamente, separando lo nocivo de lo útil.
  3. Ens naturali (ente natural): o predisposición del organismo hacia tal enfermedad.
  4. Ens espirituati (ente espiritual): o influencia que sobre el ser ejerce su medio de vida, convivencias familiares, sociales...
  5. Ens Dei (ente divino): o acción de Dios, ser omnipotente que nos puede mandar una enfermedad como castigo o como prueba. 


El médico se ha de lanzar a buscar estas semillas de la enfermedad y el medicamento que actúe contra ellas. Y, como Paracelso, creía que el origen de la enfermedad era químico, buscó en la alquimia los medios para combatirla. Así nació el concepto de Arcano: ente inmortal existente en todo lo que cura, es decir algo inmaterial que tiene en sí poder de generar, transformar, cambiar y renovar los cuerpos, produciendo o protegiéndolos de la enfermedad y así influyendo directamente sobre la vida. Para Paracelso el mundo estaba lleno de arcanos que Dios, Sumo Boticario, había creado y puesto en él, para que el hombre los buscara y los estudiara hasta ser capaz de conocerlos y aplicarlos. 
Buscó también el "remedio específico" de cada enfermedad -que él estaba seguro de que existía en la Naturaleza- y usando sus conocimientos químicos adquiridos en las minas, se dedicó afanosamente a descubrirlo. Para ello trató químicamente drogas y minerales, e incluso modificó los medicamentos ya conocidos desde la antigüedad, y así extrajo sus quintaesencias con las que preparó extractos y tinturas, base de todos sus medicamentos. 
Estos "productos químicos" obtenidos a fuerza de mezclar y separar, a menudo con la ayuda del fuego pero sin que apenas existieran reacciones químicas tal como hoy las conocemos, eran considerados por él los auténticos principios activos separados de sus impurezas: 
  • Fue el primero que obtuvo el láudano a partir del opio, y así lo llamó.
  • Empleó el alcohol para obtener las quintaesencias.
  • Usó muchísimo el mercurio, bien como metal, bien como sal.
  • Usó el sulfato básico de Hg., después llamado "Turbit Mineral", contra la sífilis, en lugar de usar el guayaco, como prescribían los demás médicos a los que el llamó "  médicos de madera ". Obtuvo el sublimado corrosivo de Hg. y el calomel: cloruro de mercurio.
  • Obtuvo y usó el antimonio y al oxícloruro de antimonio le llamó "mercurius vitea".
  • Mencionó el Zinc, al que llamó el metal bastardo. También conoció el uso del plomo, del arsénico, del hierro, del cobre, del cobalto y del bismuto.
  • Inventó preparados como el "elixir de la propiedad", el "específico anodino" y el "espíritu vitrioli antiepilectidis" o Licor de Hoffman que junto al láudano han pasado a la posteridad. 
Si es cierto que Paracelso durante toda su vida se enfrentó a los médicos de su época, fue por el ejercicio que éstos hicieron de su profesión; y aunque les combatió usando su peor lenguaje y les llegó a decir que sólo eran dignos de que algún perro levantase contra ellos su pata trasera, tuvo que sufrir ataques mucho mas despiadados de ellos. 
También combatió a los farmacéuticos, a los que dijo que si a él le trataban como a un enemigo era porque no llenaba sus bolsas, al no prescribir nunca a sus enfermos sus carisimas preparaciones. Les acusó de fraude, al sustituir en sus preparaciones los componentes mas caros por otros mas baratos, pero cobrando siempre los mas caros y pidió continuamente inspecciones efectivas de las boticas. 
Sin embargo, Paracelso, como ser humano demostró estar lleno de nobleza y bondad hacia los que él consideró que realmente debía ayudar, y que entregó su vida a esta gente sencilla con la que quiso vivir, atacando sistemáticamente a aquéllos que se creían superiores a ella; " tu comes igual que un labrador, y traes al nacer lo que trae un mendigo " les espetaba. Toda su vida consideró que el fin de la medicina era el amor al prójimo y que servir al pueblo era el cometido del médico, inculcando en sus alumnos que lo primero para un médico debían ser siempre sus enfermos y que, para poder dedicarse a curar a éstos, la base de sus conocimientos la encontrarían siempre allí donde Dios la había puesto: en la Naturaleza.

https://www.elsevier.es/es-revista-offarm-4-articulo-paracelsica-alquimia-magia-medicamentos-13112897
http://historiadelafarmacia.perez-fontan.com/cap_8.html
http://www.ujaen.es/investiga/cts380/historia/la_medicina_del_renacimiento.htm
https://www.buenastareas.com/ensayos/La-Revolucion-Farmaceutica-Del-Renacimiento-Siglo/7752567.html

viernes, 14 de junio de 2019

LA EDAD MEDIA Y EL TRÁNSITO HACIA EL RENACIMIENTO

En cuanto a la Edad Media y su tránsito hacia el Renacimiento,en distintos terrenos se pudo oír la voz de aquellos adelantados que habían logrado captar rápidamente cuál era la esencia del cambio, especialmente reflejada en el ámbito artístico: en Italia y fuera de ella, comenzó a expandirse la idea de que los nuevos tiempos en pintura pasaban por retomar la senda de Giotto y Cimabue en arquitectura, por reivindicar los modelos del pasado y el patrón Vitrubio tras la pauta marcada por Leon Battista Alberti; en escultura, por seguir los infinitos modelos que brindaban las antigüedades, los vetera vestigia, que ahora hacían las delicias de un buen número de coleccionistas. Fuera de las artes plásticas, en el espacio propio de la Literatura, este nuevo período se sentía en la reivindicación de unos determinados géneros o modelos de escritura, ya nuevos o remozados: epístolas, diálogos y discursos; igualmente, se percibía en la implantación de un nuevo programa educativo que complementaba, y hasta sustituía en ocasiones, el de las viejas artes liberales del Medievo (el trivium o Humanidades, con la Retórica, la Gramática y la Dialéctica; y el quadrivium o Ciencias, con la Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía): las disciplinas en las que ahora se ponía el énfasis eran la Historia, la Poesía y la Filosofía Moral. Todo ello venía a marcar un antes y un después al tiempo que revelaba la clara conciencia del advenimiento de una nueva época.

Otro cambio trascendental vino a través de la reivindicación del vernáculo, la recuperación de la lengua griega (conocida sólo por un puñado de eruditos en la Edad Media) y la implantación de un método que se ofrecía distinto para la enseñanza del latín, el que se ofrecía en la obra de Lorenzo Valla en Italia (las Elegantiae linguae latinae vieron la luz en torno a 1444) y, años más tarde, en la de Antonio de Nebrija en España (sus Introductiones latinae del año 1481). En ambos manuales, se adivina el fortalecimiento de un ideal: el de la reivindicación de la elegante lengua de los clásicos, frente a un latín bastardo (a veces llamado frairiego o frailuno), que consideraban hijo de una época de ignorancia. Es en estas obras y en las referencias de los humanistas al latín enseñado en las viejas gramáticas donde encontramos los más duros alegatos contra los siglos previos, que acompañan a encendidos elogios de la lengua latina tal como puede degustarse en los clásicos. Conscientemente, el Humanismo y el Renacimiento marcaban distancias con una Edad Media que se encontraba en su fase terminal; así, de hecho, estaban creando una categoría y facilitando la labor taxonómica a las generaciones futuras.



La fragmentación de la Edad Media en prerrenacimientos responde a ese mismo criterio taxonómico, con sus grandezas y sus miserias; su conocimiento en los estudios histórico-filológicos es, en cualquier caso, fundamental para comprobar cómo el Renacimiento del siglo XVI no es un fenómeno que surge de la nada, sino que cuenta con la sólida base que le brindan siglos de imitación y emulación de los clásicos. En ese proceso ininterrumpido de recuperación de un universo cultural perdido en gran medida hubo, no obstante, altibajos: épocas realmente dinámincas y momentos de postración profunda. La primera de las grandes empresas de esa índole es la acometida por Carlomagno y su grupo de sabios en Aquisgrán, con logros formidables; gracias a ella, se recuperaron numerosos autores clásicos latinos, se revitalizaron la cultura y la literatura del momento, mejoró notablemente la calidad del latín en los escritos y hasta se desarrolló una letra que recuperaba la belleza de la propia del mundo clásico, la denominada escritura carolina o carolingia, que paulatinamente fue arrinconando por toda Europa las que se suelen etiquetar como escrituras nacionales, entre las que se encuentra la visigótica de España.
El segundo gran período para esa serie de renovaciones culturales aludidas corresponde al nacimiento de las Universidades: es el denominado Prerrenacimiento del siglo XII (que, en los estudios de Hawkins, abarca desde la segunda mitad del siglo XI hasta la primera del siglo XIII), con un centro de irradiación que cabe situar en Francia y, más particularmente, en París, aunque tampoco debe relegarse al olvido el papel que volvió a desempeñar Italia. Éste es el siglo de desarrollo de la Escolástica y el del afianzamiento de los clásicos en Europa a través de su lectura en los nuevos centros de enseñanza; para la multiplicación de las copias necesarias para trabajar en las aulas fue decisivo el sistema de las pecias (o cuadernos de un códice, que no se encuadernaban para facilitar la ejecución de múltiples copias al mismo tiempo). El nacimiento de nuevos centros universitarios en Europa en los últimos años del siglo XII y primeras décadas del siglo XIII revolucionó literalmente la cultura del momento, que se propagó en libros copiados en un nuevo tipo de letra, la gótica, que es una forma evolucionada de la carolina. Entre las universidades nacidas a finales del siglo XII e inicio del siglo XIII, destacan Bolonia (la primera de todas ellas en el tiempo) por sus estudios de Derecho, Salerno por los de Medicina y París por los de Filosofía; hubo, además, ciudades famosas por brindar un magnífico marco a la cultura occidental durante esos años, como Chartres, con sus eruditos neoplatónicos, y Toledo, por medio de la comúnmente denominada Escuela de Traductores de Toledo.
Por fin, el último gran Prerrenacimiento, también considerado temprano Renacimiento en Italia, es el del Trecento o siglo XIV italiano, cimentado sobre la labor del círculo de prehumanistas de Padua, contemporáneos de Dante Alighieri, y las figuras singulares de Petrarca y Boccaccio en la segunda mitad de la centuria. La aportación de estos intelectuales fue decisiva para el proceso de recuperación de la cultura antigua: buscaron y encontraron manuscritos de autores y obras desconocidos o conocidos sólo de forma fragmentaria; reivindicaron aquellos géneros característicos de la Antigüedad, como la epístola, el diálogo o el discurso; se esforzaron por escribir y hablar en un latín clasicista, a la vez que ensalzaron la lengua patria por su ilustre raigambre; iniciaron una labor de recuperación de la lengua griega que sólo se afianzaría durante el siglo XV; se dieron a la colección y estudio del arte clásico y desarrollaron los estudios de epigrafía y numismática; incluso dieron vida a una letra, la humanística, nacida como una anhelada imitación de modelos antiguos que, en realidad, eran códices en letra carolina ejecutados entre los siglos IX y XI. Ésos fueron algunos de los muchos logros de un siglo que desembocó en el fascinante Quattrocento italiano, que empaparía al resto de Europa en cultura clásica y que lograría, en definitiva, la superación del Medievo en los términos que hemos indicado.




Por ejemplo, de referirnos a la Literatura Española, la continuidad se percibe a través de géneros de la magnitud de la poesía de cancionero , la novela sentimental, los libros de caballerías y otras formas de escritura. La revolución poética de Garcilaso de la Vega y Boscán  y los derroteros seguidos por la poesía de estilo italianizante no se entienden sin acudir a los todopoderosos cancioneros castellanos, que inundan toda la centuria  hasta alcanzar a la última edición del Cancionero General de Hernando del Castillo ; durante ese tiempo, la estética de los cancioneros castellanos cuatrocentistas permanecerá vigente y, de hecho, no tendrá ningún tipo de competencia en el mercado editorial hasta la segunda mitad del siglo XVI: el público aficionado a la poesía, en la primera mitad de esa centuria, leyó básicamente a poetas de cancionero, cuatrocentistas o contemporáneos. Otro tanto cabe decir de dos de las formas principales de la novela o roman medieval: los relatos sentimentales y los libros de caballerías.
Por ejemplo, los relatos sentimentales, que habían visto la luz a mediados del siglo XV, con el Siervo libre de Amor  de Juan Rodríguez de la Cámara o del Padrón, se siguieron leyendo durante el siglo XVI. Especialmente llamativo es el caso de las obras de Diego de San Pedro, y en particular de la Cárcel de Amor, que tuvieron traducción a distintas lenguas europeas hasta comienzos del siglo XVII) e incluso vieron nacer un epígono verdaderamente interesante en la mitad de la centuria: el Processo de cartas de amores de Juan de Segura . Por lo que a los libros o novelas de caballería se refiere, no se olvide que el Amadís es renacentista, pues se editó, refundió, imitó y tradujo por toda Europa (no sólo en España) a lo largo de todo el siglo XVI. Por otra parte, el género de los libros de caballerías españoles, aunque tiene raíces medievales, es hijo del siglo XVI; frente a lo que pueda deducirse de algunas ideas heredadas, el éxito de estas obras fue igualmente extraordinario fuera de España. El certificado de defunción de este género, aunque aún dejase muestras posteriores, lo ofrece el Quijote de Cervantes.
No obstante, la estética medieval perdió su vigencia y comenzó a ser considerada y estudiada como un producto de antaño, observada ahora por los ojos de quienes, en propiedad, deben considerarse como los más tempranos medievalistas. Los primeros atisbos de ese cambio se encuentran en trabajos eruditos como los llevados a cabo por Alvar Gómez de Castro con copias curiosas de fragmentos de textos de la Edad Media (entre ellos, un importante testimonio correspondiente al Libro de Buen Amor)





 LIBRO DEL BUEN AMOR



Consejos de don Amor: 

Condiciones que ha de tener la mujer para ser bella (coplas 429- 435) 


Si leyeres a Ovidio que por mí fue educado, 

hallarás en él cuentos que yo le hube mostrado, 

y muy buenas maneras para el enamorado; 

Pánfilo, cual Nasón, por mí fue amaestrado.

Si quieres amar dueñas o a cualquier mujer 

muchas cosas tendrás primero que aprender 

para que ella te quiera en amor acoger. 

Primeramente, mira qué mujer escoger.

Busca mujer hermosa, atractiva y lozana, 

que no sea muy alta pero tampoco enana; 

si pudieras,  no quieras amar mujer villana, 

pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña, 

cabellos amarillo no teñidos de alheña; 

las cejas apartadas, largas, altas, en peña; 

ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.

Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes 

 y con largas pestañas, bien claras y rientes; 

las orejas pequeñas, delgadas; para mientes (fíjate)

si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos, 

iguales y muy blancos, un poco apartadillos, 

las encías bermejas, los dientes agudillos, 

los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa

su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa, 

conviene que la veas primero sin camisa 

pues la forma del cuerpo te dirá: ¡esto aguisa!






 En la labor editorial de
Gonzalo Argote de Molina con el Libro del conde Lucanor de don Juan Manuel , obra de otra época que tenía por sabrosísima; en el intento de recuperación de una estética sólo ahora superada por completo: la de la poesía de cancionero y particularmente la de sus coplas de arte mayor, en la edición de Juan de Mena cuidada por el catedrático salmantino Francisco Sánchez de las Brozas, más conocido por el Brocense ; en fin, en las tareas que, con los textos medievales, llevó a cabo un don Francisco de Quevedo en su apenas conocida faceta de medievalista. Con este último autor nos hallamos ya en el siglo XVII, primero en toda Europa de estudio de los textos medievales, cuya lectura se convirtió desde ahí en una especialidad erudita. El pasado medieval y el presente de la era moderna se separaron claramente en España por esos años en la obra de Nicolás Antonio, cuya Bibliotheca hispana vetus de 1696 acogió el conjunto de los autores del Medievo para su estudio por los intelectuales de la época.

Aunque se proceda a la inversa, pásese a analizar ahora la fecha de los orígenes, aquella en la que los estudiosos sitúan tradicionalmente el comienzo de la Edad Media, que no resulta más precisa o menos problemática que la anterior. La fecha a la que tradicionalmente se remite es 476, año en que desaparece el Imperio de Occidente tras la derrota de Rómulo Augústulo frente a Odoacro; sin embargo no faltan las investigaciones en que se apunta hacia la obra y la figura de un San Agustín (354-430), de quien se ha dicho que es el último hombre del mundo antiguo y el primero del medieval; la de un Boecio (475-525), en su papel de transmisor de la sabiduría del mundo clásico al Medievo; e incluso san Isidoro de Sevilla (560-636), cuyas Etimologías constituyen un verdadero compendio o enciclopedia para la Edad Media. Según se apueste por una u otra figura, se hallará la sorpresa de una cronología que difiere un siglo de autor a otro. En otras divisiones del conjunto de más de mil años que comprende el Medievo, el período isidoriano es considerado ya como un primer prerrenacimiento, como el primero de los varios que median entre el mundo antiguo y su recuperación por los humanistas de los siglos XIV al XVI.



  • http://www.enciclonet.com/articulo/cimabue-cenni-di-pepo/
  • http://www.enciclonet.com/articulo/alberti-leon-battista/
  • http://www.enciclonet.com/articulo/escolasticismo/
  • http://www.enciclonet.com/articulo/escuela-de-traductores-de-toledo/
  • https://www.google.com/url?sa=j&url=http%3A%2F%2Fwww.cervantesvirtual.com%2Fservlet%2FSirveObras%2F24661685545133385754491%2Fp0000003.htm%23I_42_&uct=1618752728&usg=GW5UCUNAk5nuXHMfinwxOAl-s94.
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Arte_de_amar
  • http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-30822005000100003