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miércoles, 25 de marzo de 2020

LEON TOLSTOI Y BEETHOVEN....LOS COSACOS Y LA SONATA A KREUTZER


“Los cosacos” es una de las primeras novelas de Lev N. Tolstói , tiene mucho de autobiográfico, al ser un fiel reflejo de la honda impresión que el Cáucaso dejó en el escritor. Ese deslumbramiento late con tal fuerza en “Los cosacos”, que se convierte en el elemento fundamental de la novela y atrapa por su vehemencia al lector.

Olenin, el protagonista de la historia, es un joven crápula de San Petersburgo que, deseando romper con su medio y su modo de vida, parte a incorporarse como cadete a las tropas del Cáucaso. Su llegada a las orillas del Terek, antesala de las grandiosas montañas caucásicas, supone un cambio radical en su vida, no sólo en su aspecto externo sino, fundamentalmente, en el interno.
La sencilla vida en la stanitsa (aldea) cosaca y el contacto continuo con una naturaleza primigenia que redimensiona lo humano, causa  en Olenin una impresión tal que trastoca por completo su cosmovisión. Los afanes, logros y vanos deseos del hombre nada son ante la impasibilidad ciclópea de las montañas. La única opción de un ser que se tiene a sí mismo por racional, si quiere vivir con dignidad, es procurarse un medio de vida en comunión perfecta con la naturaleza, entendida como una fuerza viva superior al hombre.
Esa nueva filosofía, de cuya verdad se siente totalmente seguro nuestro joven, le proporciona una dicha como jamás ha sentido. Dicha que viene a completarse cuando comprende que está enamorado de Mariana, la bella hija de los campesinos en cuya casa se aloja.
En oposición al carácter de Olenin, pura reflexión, Tolstói traza el firme personaje de Lúkashka, un joven cosaco que sirve en el puesto de vigilancia que defiende el territorio ruso de los rebeldes chechenos. Aventurero, intrépido y aguerrido, Lúkashka es en acto lo que Olenin quisiera llegar a ser, incluido el prometido de la hermosa Mariana.
Pero Olenin no es, ni será, un cosaco. Y como tampoco interpreta bien el papel de soldado ruso en el Cáucaso, haciendo lo que se espera de él: jugar, beber y conquistar muchachas, resulta extraño a todos cuantos le rodean. Cuando finalmente abandone la stanitsa, el joven comprenderá que es imposible zafarse de esa vida falsa, hipócrita y sin sentido a la que, sin embargo, pertenece por nacimiento y educación. Intentarlo sólo puede granjearle sufrimiento, máxime cuando todos los demás aceptan con serenidad su lugar en el mundo, sin cuestionárselo ni desear cambiarlo: así Mariana, así Lúkashka.

Las descripciones de los paisajes, de la vida de los cosacos, de las jornadas de caza o de las escaramuzas con los chechenos, conforman una especie de interesante crónica sobre la vida en el Cáucaso. A su vez, la rotundidad de los personajes, sobre todo los cosacos, a los que el autor logra conferir un aura de héroes a la vez que los presenta como profundamente humanos, creíbles, verosímiles a pesar de su valentía mítica, hace de esta novela una joya para disfrutar una y mil veces.



“Sonata a Kreutzer” es una obra de una intensidad subyugadora, una de esas obras cuyo crescendo arrebata al lector, que se ve incapaz de abandonar la obra hasta no concluir su lectura. Enhebra además, junto a esa fuerza del argumento, una serie de razonamientos tan certeros que son un puntal fundamental para crear el asombro del lector: asombro ante lo que narra la obra, asombro ante unos razonamientos cuya lógica evidente permitimos que se oculte bajo los buenos modos de nuestra vida ‘civilizada’.
En esta brevísima novela, Lev Tolstói nos relata la historia de Pózdnyshev, un hombre que se casa enamorado y dispuesto a llevar una vida de tranquila felicidad doméstica. Pero las dulzuras de la luna de miel pronto dejan paso a la rudeza de la vida cotidiana, cuando el amor se quita la máscara y queda la descarnada realidad. Cuando por último entran en escena los celos, el final trágico se precipita: Pózdnyshev quitará la vida a su mujer.
El protagonista es consciente de que lo que ha hecho está mal y la idea del cuerpo de su esposa, inerte sólo por su causa, le llena de horror. No obstante, comprende que sus actos han sido el fruto de una serie de hechos y convenciones de las que él no ha tenido la energía suficiente para escapar.
La primera parte de la novela, en la que el protagonista se dedica a narrar sus reflexiones acerca de lo que suponen las relaciones entre hombres y mujeres, es magistral. Tolstói se sirve de un personaje que ha tocado fondo, un asesino, para poner en su boca pensamientos que nadie más podría expresar sin causar escándalo y que sin embargo, están llenos de razón.
Pózdnyshev no se engaña y considera que un único sentimiento preside las relaciones entre hombres y mujeres: el deseo sexual. Un deseo primigenio, esencia misma del ser humano, pero que éste ha tenido que disfrazar bajo la palabra ‘amor’, para no tener que reconocer ante sí mismo que, al menos en ese aspecto, muy poco le diferencia del resto de los animales.


Al hombre se le educa además desde su primera juventud para que satisfaga esa pasión y se le enseña a mirar a la mujer como vehículo para la obtención de un placer que, además, es saludable. El hombre no es capaz de contemplar a la mujer como una compañera, mucho menos como a una igual: la mujer es simplemente un objeto de placer. A algunas se las puede conseguir de una manera sencilla; para conseguir a otras, y por un convencionalismo social, es necesario pasar por el trámite del matrimonio.
La mujer, por su parte, debe convertirse en una simple mercadería y lograr convencer a algún hombre de que pague el precio (el matrimonio) para poder disfrutar con ella de los placeres sensuales; además de abrirle a ella a su vez la puerta a esos placeres que de otra manera le están vedados. Pózdnyshev, de regreso del infierno tras matar a su esposa, se rebela contra una sociedad que bendice unas relaciones desiguales.
El hombre humilla a la mujer cada vez que la contempla como un objeto destinado sólo a su placer. E inevitablemente, la contempla así siempre, porque eso le dictan sus instintos y eso aplaude la sociedad. El hombre precisa satisfacer su sensualidad siempre, y eso le lleva a ser el único animal que no respeta los periodos de gestación o lactancia de su compañera: no aprecia el milagroso esfuerzo de dar vida a un nuevo ser, sino que sigue buscándola para su solaz. Siendo esto así, jamás podrá darse una relación de igualdad entre hombres y mujeres.
La segunda parte de la novela, en la que el protagonista abandona las reflexiones generales sobre las relaciones entre hombres y mujeres, para centrarse en los detalles de su infeliz vida matrimonial, donde los momentos de deseo acabaron por no poder encubrir el odio que se había ido desarrollando entre los cónyuges, es menos interesante. A pesar del final dramático, de la tensión creciente que conduce a él, tiene menos capacidad de apelar al lector.
Una reflexión apunta, no obstante, entre el relato de los acontecimientos. Y es que la esposa de Pózdnyshev, hermosa, liberada por los médicos del peligro de la maternidad, vuelve a ser un bocado apetecible, no sólo para su esposo. La idea de que pueda gozar de placeres sensuales con otro, liberada del temor de engendrar un hijo fuera del matrimonio, enerva a un marido que, por una vez, teme a una mujer dueña de su sexualidad.
En resumen, una obra que invita a reflexionar sobre el papel de la sexualidad en las relaciones entre hombres y mujeres, enseñándonos que, en algunos sentidos, poco han cambiado a pesar del paso del tiempo.

Hermanada a esta breve novela de Leon Tolstoi está la sonata, extraordinaria, que lleva el nombre, también, de La sonata a Kreutzer, en la que su autor, Beethoven, recrea la pasión, mejor dicho, las pasiones de la naturaleza humana. Ambos integran, como pocas veces, en la música y la literatura, dos vasos comunicantes de donde salen estremecedoras páginas que se complementan.
De sus 10 sonatas para piano y violín, la Kreutzer proyecta el siempre huracanado sentimiento-carácter de Beethoven; su razón y voluntad la crearon en uno de sus casi siempre entregados momentos a la música conmovedora, entre lo dramático y lo trágico de lo más humano de la humanidad. En ella se motivó Tolstoi para su arrebatadora novela de amor-desamor matrimonial de lujuria conyugal.
Tolstoi y Beethoven  son creadores de originalidad grandiosa; inmortales de la música en partituras y de literatura en páginas sublimes. Leer éstas y escuchar aquellas, es revivir en esas obras que sacuden el conocimiento por medio del impacto que recibimos. Y más si también miramos las pinturas de Van Gogh, donde sobre el caserío, el aire se mueve velozmente.
Las sonatas de Beethoven y Tolstoi ponen al escucha-lector en el borde de la abismal sensualidad y lo empujan a belleza de la novela y la música que se complementan como los pétalos de una flor al abrirse y cerrarse, y constituyen la unión de la genialidad.
Tolstoi escogió la Sonata a Kreutzer como la música de la novela para exaltar el auge y decadencia del amor hasta sus últimas consecuencias eróticas. Experimentar las notas musicales y la prosa de esos gigantes sobre los que, en sus hombros, podemos ver y sentir dos sonatas de amor que se van diluyendo, disolviendo… hasta extinguirse.
A estos incansables creadores de la música y la novela se les localiza en toda su obra, pero para iniciarse en ellos hay que escuchar y leer sus sonatas, creaciones de la genialidad del sentimiento por lo dramáticamente humano de la naturaleza del amor en los tres movimientos beethovianos de una “grandeza, intensidad y complejidad” (escribe Miguel Ángel de las Heras), y en la prosa tolstoiana, otra de las caras del poliedro del amor trágico-conyugal de pasiones eróticas que se mecen entre celos y lujuria. Dos obras para entrar musicalmente a la literatura y viceversa.
https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2010/02/28/la-sonata-a-kreutzer-de-beethoven-y-tolstoi/
https://es.wikipedia.org/wiki/La_sonata_a_Kreutzer
https://www.google.com/search?sxsrf=ALeKk02-tTnOVWR8DkIvzMp159fJq9s4fA:1600805331248&q=sonata+kreutzer+beethoven+pdf&sa=X&ved=2ahUKEwjzk_7IyP3rAhV78OAKHefmAR4Q1QIoAHoECCIQAQ&biw=1536&bih=750



viernes, 9 de septiembre de 2016

LEON TOLSTOI....ANNA KARENINA Y GUERRA Y PAZ


Las novelas de León Tólstoi son obras extensas, polifacéticas y complejas. El gran número de personajes de sus novelas y sus interacciones tienden a veces a confundirnos. Para evitar esta confusión es preciso analizar la novela Ana Karenina, que es una de las mejores novelas psicológicas de León Tólstoi y es un verdadero retrato de la Rusia del siglo XIX.
Liev Nikoláievich Tólstoi, hijo de un terrateniente, el conde Nicolás y de la princesa María Volkonski, nació el 9 de septiembre de1828 en Yasnáia Polaina, en las tierras que su familia tenía al sur de Moscú. Influido por el pensamiento de Jean Jacques Rousseau abandono los estudios , marchándose entonces a Yasnáia Polaina, donde residió una temporada totalmente retirado. Este primer periodo de soledad voluntaria fue también su primer periodo de escritor. Obedeciendo a las instigaciones de su hermano Nicolás, oficial del Ejército, entra en la carrera militar, siendo nombrado oficial de artillería. Al estallar la guerra de Crimea pidió ser destinado a aquel ejercito. Allí en contacto con los cosacos, estos se convertirían en protagonistas de una de sus mejores novelas cortas Los Cosacos.
Tólstoi regresó a San Petersburgo se sintió atraído por la educación de los campesinos. Durante sus continuos viajes visitó escuelas alemanas y francesas, y más tarde abrió en Yasnáia Polaina una escuela para hijos de campesinos en la que aplico sus métodos educativos.
La obra de Tólstoi es extensísima y muy polifacética, escribió también muchos ensayos entre los que destaca ¿Qué es el arte?, que es una condena de casi todas las formas de arte, tanto clásicas como modernas, de la que no se salva ni siquiera sus propias obras, a las que consideró dirigidas exclusivamente a una élite cultural.
Después de los ensayos, retornó a la narrativa, y escribió numerosos cuentos de carácter edificante, situados en escenarios rurales, que se publicaron en un volumen Historias para el pueblo. Escribió asimismo obras decididamente moralizantes en cuanto al contenido, destinadas a lectores cultos, en las que se permite una gran creatividad. La mas conocida es La muerte de Iván Ilich , en la que describe la conversión de un hombre a punto de enfrentarse a su propia muerte.
A los 82 años, cada vez más atormentado por sus criterios éticos y sus contradicciones con su propia forma de vivir, añadido a sus continuas peleas con su mujer, se marchó de casa a escondidas en medio de la noche, acompañado por su médico y la menor de sus hijas. Tres días mas tarde, cayó enfermo de neumonía y, el 20 de noviembre de 1910, murió en una remota estación de ferrocarril. 




Anna Karenina,constituye una de las mejores novelas psicológicas de la literatura moderna. En esta  obra Tolstói, con sus métodos creativos realistas hace fácil para el lector la visualización del ambiente donde se desarrolla la obra. Con estos métodos León Tolstói logra una impresionante descripción del conflicto interior de la protagonista de la novela.  
La novela es considerada una de las obras cumbres del Realismo. Para Tolstói, Anna Karénina fue su primera verdadera novela. La apariencia física del personaje que da nombre a la obra parece estar inspirada en María Hartung (1832–1919), la primogénita del poeta ruso Aleksander Pushkin. Poco después de conocerla en una cena, Tolstói comenzó a leer la prosa de Pushkin, y tuvo un efímero sueño con "un aristocrático codo desnudo", que probó ser el primer acercamiento al personaje de Anna. 
Aunque muchos críticos calificaron la obra en el momento de su publicación como un "romance de alta sociedad", Fiódor Dostoyevski declaró que era una "obra de arte". Vladimir Nabokov secundó esta opinión, admirando sobre todo la "magia del estilo de Tolstói" y la figura del tren, que se introduce ya en los primeros capítulos (los niños jugando con un tren de juguete), desarrollada en capítulos siguientes (la pesadilla de Anna) hasta llegar al majestuoso final.




Anna Karénina fue una dama de la alta sociedad rusa, casada con un funcionario de San Petersburgo, que llegó a Moscú con una misión especial. Su hermano, Esteban Oblonsky, le pidió que le ayudara hacer las paces con su esposa, Dolly, que acababa de enterarse de que él le había sido infiel con la institutriz de los niños. Durante el camino Ana conoció a una señora que iba a Moscú a visitar a su hijo, que era el conde Wronsky. En la estación del ferrocarril Anna conoce al conde Wronsky, el cual le atrajo desde el primer instante y éste en ese momento quedó perdidamente enamorado de Anna.
Después de arreglar los problemas familiares de su hermano Anna se marchó a San Petersburgo para evitar el incremento de los celos de Kitty, la hermana de Dolly, quien estaba enamorada de Wronsky. Éste al enterarse de que Anna se había marchado a San Petersburgo decidió ir detrás de ella en el mismo tren, donde se encontraron y él le hizo su declaración de amor. Anna trató de rechazarlo, deseando controlar los sentimientos de amor despertados por él en ella.
En San Petersburgo, Wronsky siguió buscando el amor de Anna, la cual tiempo después se lo concedió. En esos momentos la pasión desenfrenada de ambos no tenía tiempo ni lugar y por eso buscaron cualquier instante para encontrarse. Esa relación existente entre ambos no pasó desapercibida en la sociedad, lo que hizo que Karenin, el esposo de Anna, sospechara del romance. Karenin decidió enfrentar la realidad, preguntándole a Anna si existía algo entre ella y el conde Wronsky, a lo cual ella le respondía con evasivas.
Tiempo después, Anna quedó embarazada de Wronsky y esto la sumió en un estado de profunda depresión. Karenina le contó a su amante sobre su estado y las preocupaciones con respecto a la reacción de Karenin a la hora de enterarse. El conde al ver su estado de angustia le propuso a ella un plan de fuga pero ésta lo rechazó. Meses después Anna dio a luz a una hermosa niña. El parto fue sumamente difícil y Anna quedo a la merced de la muerte y pensando en su cercano encuentro con Dios, Anna le pidió perdón a su esposo, el cual se lo concedió.
Después de mejorarse Anna, Wronsky, ella y la niña se fueron de viaje al extranjero y vivieron una temporada en Italia. Algunos meses después ellos regresaron a Rusia y se instalaron en el campo, donde vivieron un tiempo. Durante esa época las preocupaciones de Anna y Wronsky sobre su estado social y legal fueron en aumento. Hasta que el conde pidió al hermano de Anna que estaba de visita en su casa, que hablara con Karenin sobre la posibilidad de un divorcio y la restauración de los derechos legales de Anna sobre su hijo Sergio.
Esperando el divorcio los protagonistas de la novela se marcharon a San Petersburgo, donde se desencadenaron los celos y la crisis neurótica de Ana. El silencio de Karenin agravó la crisis emocional de ella. Durante esa penosa estancia en la ciudad, el amor desenfrenado que Anna sentía por Wronsky se convirtió en una obsesión enfermiza, ya que a cada instante que él no se encontraba con ella, se lo imaginaba con otra mujer.
Finalmente, sin esperar la respuesta de Karenin ellos decidieron marcharse al campo, pero antes Wronsky tuvo que ir a ver a su mamá. Esto enloqueció a Anna ya que creía, que estaba con otra mujer, ayudado por su madre. Karenina decide ir a la casa de la vieja condesa para confirmar sus sospechas, las cuales no tenían base alguna ya que el conde le era fiel a su amor y ella era la única mujer de su vida. Durante el viaje hacia la casa de la madre, Anna seguía abrumada con sus pensamientos negativos acerca de que la vida para ella no tenía valor alguno y que Wronsky ya no la quería. En una de las paradas que hizo el tren, Anna baja pensando en su situación y concluye que la única salvación para ella era la muerte. Y al pensar eso, caminó lentamente hacia la vía del tren, donde se inclinó hacia las fauces de la locomotora, la cual terminó cruelmente con su existencia. Cuando Wronsky se enteró del accidente, se quedó muerto en vida por el impacto emocional y decide abandonarlo todo marchándose a la guerra. Y como una paradoja de la vida, la mujer que este rechazó por Anna, Kitty, vivió felizmente con su esposo, Levine, rodeada del cariño que este le brindaba y que Wronsky le negó.




La obra además sirve de exponente para Tolstói al realizar una gran crítica en contra de la aristocracia de la época, en la cual se pueden ver varios personajes representando antivalores, y mostrando una hipocresía general dentro del selecto círculo de la sociedad rusa.
Además resulta evidente, al comparar la biografía del autor con el tortuoso devaneo mental que sigue su héroe, entiéndase Lyovin, para llegar a la felicidad completa, que la crítica resulta también en una autocrítica, que avanza repasando la vida del autor, desde su juventud, bastante liberal en lo que a valores se refiere, hacia su adultez y madurez, donde, al igual que Lyovin, encuentra aquello que no encontró nunca en los placeres con los que se divertía la aristocracia rusa (la ópera, las tertulias sociales, incluso al concierto con música de Wagner, que le resulta incomprensible, por citar algunos ejemplos).
Su héroe personifica además su propio encuentro con la fe verdadera; Lyovin había alcanzado a su corta edad todo lo que podía desearse en aquella época: una buena posición social, bienestar económico, un matrimonio alegre y beneficioso y la paternidad en el cúlmine del amor familiar. Pese a esto, no lograba encontrar aquella felicidad que con tanto esmero buscaba, esa felicidad espiritual y sobre todo consigo mismo, que lo llevó a realizar las diversas empresas de su vida, pero que sólo alcanzó cuando su línea de pensamiento, habiendo divagado por la ciencia, la filosofía y la política, lo llevó finalmente a Dios. Posiblemente esta metamorfosis ideológica que se opera en Lyovin, no es sino el reflejo de lo que ocurrió a Tolstói mismo y que una vez superada, al igual que lo hace Lyovin, descubre y critica en los otros todas las carencias espirituales que él ha conseguido por fin llenar.



 Además de ser una novela que trata sobre el amor de una mujer y un hombre, "Anna Karenina"  transmite los pensamientos filosóficos del León Tolstói. Las inquietudes espirituales de Levine, sus preguntas sin respuestas, su ateismo y luego su religiosidad son un claro ejemplo de eso.
Al leer esta obra maestra del realismo, se conoce en detalles la Rusia del siglo XIX. Las costumbres de las personas que constituía la alta sociedad, de las tradiciones del pueblo ruso. Se observa el contraste entre la nobleza y el pueblo, la explotación y la desigualdad que imperaba en Rusia de aquella época.
"Anna Karenina" es como viajar en el tiempo y en el espacio, pues al terminar de leer este libro se siente la sensación de haber estado en Rusia en aquella época y haber presenciado la acción de la novela. 




 GUERRA Y PAZ...

 Es considerada como la obra cumbre del autor Leon Tolstoi junto con su otro trabajo, Anna Karénina

Argumento

“Guerra y paz” , es un clásico de la literatura universal cuya lectura no defrauda , es insuperable, y cuya fama hace justo honor a su grandeza. La Guerra y la Paz es considerada como la obra cumbre del autor junto con su otro trabajo, Anna Karénina. Las mil historias que se desarrollan en sus páginas, la hondura de los planteamientos morales o sociales que se plantean, embargan al lector, lo elevan en un torbellino que sólo lo devuelve al suelo al concluir la última página. La guerra y la paz, es sin lugar a dudas una obra cumbre de la literatura universal que se vale del símbolo en medio de un realismo detallado. Su contenido trasciende la historia del pueblo ruso al transmitir mensajes profundamente universales.
La acción de la novela transcurre entre 1805 y1820. “La Guerra y la paz” narra las vidas y vicisitudes de los componentes de varias familias aristocráticas rusas , durante las guerras napoleónicas. El libro alterna la descripción de la brillante pero tal vez vacía vida de la aristocracia moscovita y peterburguesa: las cenas, los bailes, las partidas de caza, con la dura pero feliz vida en el frente, con precisas descripciones de las batallas de Austerlitz y Borodinó.
De tono épico heroico constituye una mirada a la sociedad rusa durante la época de la invasión napoleónica. Por una parte acomete la empresa de retratar a una serie de personalidades históricas entre ellos el propio Napoleón Bonaparte o el emperador Alejandro Pavlovich y por otro crea vivísimos personajes de ficción. A través de finas caracterizaciones tanto físicas como psicológicas Tolstoi retrata no tipos sino caracteres profundamente humanos en sus virtudes y defectos. Además el escritor asume en su obra el relato de batallas importantes y, lo que es vital, retrata la vida aristocrática tanto familiar como cortesana, esencialmente a través de dos familias contrastantes los Rostov y los Bolkonski. Pierre constituye el vínculo entre estas dos familias opuestas en sus temperamentos y visiones del mundo, es así símbolo del mundo sencillo y esencia del alma rusa.

Naturalmente, la novela va más allá de la mera descripción costumbrista y brillan en ella las disquisiciones morales, a veces puestas en labios de los personajes, a veces en boca del propio autor. Agrada la mezcla acertada de cierto pesimismo que transpiran los personajes, que se muestran insatisfechos, desilusionados, incluso cínicos; con la idea de que a pesar de todo, la esperanza subsiste y el hombre jamás se puede librar de ella, pues siempre, entre las ruinas de sus ilusiones, encuentra los materiales con los que construir ilusiones nuevas. Junto a los personajes de ficción, a los que se considera tradicionalmente como auténticos sostenes de la trama, aparecen numerosos personajes históricos, menos definidos y quizá menos «humanos»: el emperador Napoleón I, el emperador ruso Alejandro I y el general Kutúzov. 

 


Importancia de la novela

En capítulos de hondura filosófica Tolstoi reflexiona agudamente acerca del significado de los procesos históricos y el lugar del hombre en estos. Según él, las motivaciones anónimas protagonizadas por las masas, así como los pequeños actos de heroísmo personal pueden ser más determinantes en el devenir de una guerra (o de la historia) que los actos promovidos por los líderes reconocidos.
Pese a mostrar los espantos de la guerra y una fina conciencia de las faltas humanas es La guerra y la paz una obra de gran optimismo contraria así a Ana Karenina donde la heroína sucumbe asfixiada por las convenciones de su tiempo. Obra de hondura dialéctica desde su mismo título, La guerra y la paz, permite apreciar como la muerte en su inminencia devela el sentido y la belleza de la vida. 


Carácter antibelicista de la obra

Resalta en esta obra el marcado carácter antibelicista de la misma. Tolstói conoció de primera mano las miserias de la guerra y tanto en “Guerra y paz” como en otras obras, plasmó la idea de lo atroz de enfrentar hombres contra hombres en aras de unas ideas que ni sus propios promotores alcanzan a comprender.
En la novela, Tolstói promulga la idea de que toda la historia de la humanidad es fruto del más puro azar. Las grandes batallas que el autor describe son igualmente fruto del azar y su explicación sólo puede ser dada a posteriori, a la luz de los acontecimientos ya acaecidos. Entonces es cuando los generales y próceres de la patria arriman el ascua a su sardina para dejar constancia de su saber hacer y conseguir medallas y méritos. Para Tolstói, los verdaderos héroes de toda guerra son los soldados anónimos que pusieron sus vidas en manos de la fortuna para el desarrollo del acontecer histórico, que sangraron, sudaron y temblaron, pero de cuyos esfuerzos la Historia no tomará constancia. 

http://www.monografias.com/trabajos10/anak/anak2.shtml 
http://www.ecured.cu/index.php/La_guerra_y_la_paz 
 http://www.ecured.cu/index.php/Anna_Kar%C3%A9nina