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domingo, 8 de marzo de 2020

ILIADA,TACTICA Y ESTRATEGIA



En la Ilíada, los combates descritos por Homero siguen unos mismos parámetros constantemente, con ligeras o importantes variaciones según la intención del poeta. Estas variaciones están sujetas a la misma naturaleza o destino de cada héroe y por tanto, la importancia de éste pues, el fin último del poema y sus batallas es la gloria de los héroes y, en especial, de Aquiles. Así pues la belleza estilística, la gloria del héroe, la intervención divina y el destino son rasgos que se intrincan con la dinámica del combate quedando algunos aspectos, como el táctico, distorsionados o relegados a un segundo plano.





Sin duda, los protagonistas en los combates son en primer lugar los héroes y después los dioses, que se traban en sus disputas. Se hace referencia a las huestes de soldados infantes, contados por miles y que no tienen ningún peso específico para decidir la batalla. Ésta milicia apenas es nombrada salvo en contadas ocasiones que suelen simbolizar la entrada al combate de ambos bandos o un cambio en la dinámica del combate protagonizado por algún o algunos héroes, entonces la milicia aparece como el resurgir de éstos héroes o el declive de los oponentes.





Héroes de la Ilíada
                                                           Héroes de la Ilíada

Los héroes luchan solos o acompañados de sus escuderos u otros héroes o divinidades y se enfrentan entre ellos siendo los protagonistas absolutos. Los infantes comunes no plantean ningún problema a los héroes pues es entre ellos donde se decide el combate. La hueste es sólo la sombra de sus logros.
La táctica en Homero es muy simple y casi siempre la misma: formaciones abiertas en las que los héroes avanzan sobre carros hasta el momento de atacar, en el que bajan y luchan a pie; por detrás de ellos avanza la hueste de infantes y entre ellos, ocultos tras los escudos de sus compañeros, se hallan los arqueros.

Ilíada
                                                                        Ilíada

En los combates en formación abierta los héroes marchan los primeros sobre sus carros dirigiendo a la hueste, si bien son pocos los momentos en los que esta dirección plantea un problema táctico. Lo normal es que, simplemente, arenguen a la hueste o encomienden a unos u otros una tarea específica.

Ilíada, guerreros micénicos ante las murallas de Troya
Ilíada, guerreros micénicos ante las murallas de Troya

Néstor propone a Agamenón una táctica antes de comenzar el combate. Héctor y Agamenón aparecen constantemente, no sólo arengando a la hueste sino “ordenando en todas sus filas”. Se hace especial hincapié en el papel de director de algunos héroes, como Héctor o Agamenón.
No se especifica bien las órdenes pero ello el poeta nos lleva a entender que había una disposición táctica y una estrategia. Néstor, Áyax e Idomeneo manejan claramente a los demás héroes e infantes para proteger las naves del fuego troyano y Polidamante aconseja a Héctor sobre la estrategia a seguir para tomar la muralla de los aqueos.

Ilíada

Pero esta tarea de dirección está mas implícita que narrada por el poeta, que da pistas pero no desarrolla salvo cuando cree necesario. Al llegar al pie del combate, los héroes se apean de sus monturas en la mayoría de los casos y combaten a pie, en primera línea. Los héroes van acompañados de sus escuderos, uno o dos, y los más poderosos poseen incluso heraldos.
Éstos ayudan al héroe a conducir el carro, facilitarle armas cuando las pierden y despojar y transportar el botín de los enemigos caídos. Detrás se acerca la hueste con los infantes y los arqueros. Los arqueros cubren las espaldas de los héroes cuando éstos despojan a sus enemigos y también tratan de abatir a sus enemigos cuando tratan de despojar éstos a un compañero caído.

ayax

La hueste de infantería, cuando lucha en formación abierta, apenas es mencionada su actividad salvo de forma muy general. Sabemos que se organizaban en batallones de choque pero no se especifica más. A veces se especifica de algún batallón que junta mucho sus líneas y luchan en formación cerrada, cuando la dinámica general en el combate es la abierta. En las batallas, las formaciones varían a veces por batallones y otras por el ejército entero, como un mismo bloque homogéneo.



 Otra formación táctica es la del batallón cerrado. El ejército se divide en varias unidades de infantería. Todos se colocan muy juntos, protegiéndose unos a otros con los escudos. Atacan con las lanzas pero en bloque y sin soltarlas. Estas unidades tácticas se utilizan en la Ilíada cuando se toma una posición defensiva, generalmente.

Ilíada, falange
                                                                Falange

Los héroes en muchas ocasiones se resguardan en éstas unidades cuando pierden su pica y les acosan las flechas. El caso más paradigmático de formación cerrada es el que forman los aqueos junto a sus naves, cuando el ejército troyano les hostiga.
También cuando el ejército de los mirmídones forma filas delante de Aquiles y Patroclo antes de acudir a socorrer a los dánaos. Héctor y Antíloco se ocultan entre la hueste, que cierra filas entorno a ellos cuando se han visto acosados por las flechas y las lanzas.

Ilíada, Mirmidones
                                                               Mirmidones

Lo curioso en Homero es que, al margen de la hueste, los héroes a veces entre ellos se organizan tácticamente en grupos de dos o tres. Un ejemplo claro es el binomio formado por los dos Áyax, que se cubren las espaldas, sobretodo en la defensa de la muralla en las naves o el dúo Áyax –Teucro en el que Áyax protege a su hermano con el escudo tras lanzar Teucro sus saetas, o el dúo Eneas-Pándaro cuando se acercan a luchar contra Diomedes, ect.


En cuanto al combate con carros o sobre caballo sólo hay símiles. Sólo suelen luchar desde el carro los arqueros, como Pándaro cuando sube al carro de Eneas. Hay pasajes que Homero omite que el héroe ha bajado del carro pero, al final, da a entender que lo ha hecho aunque no sé si lo hace concienzudamente o por equivocación. Hay una escena en la que parece que Héctor combate montado a caballo: las pistas de Homero acerca de ello dan a entender eso pero no es común salvo en algún símil.
 En la Iílada los héroes combaten “solos” contra sus enemigos o ayudados por otros héroes, depende de la situación o la grandeza de cada héroe. Así pues, Antíloco y Meríones o Menelao luchan junto algún otro héroe para apoyarse. Por otro lado, Patroclo, Diomedes, Agamenón, Héctor y sobretodo Aquiles luchan casi siempre o siempre solos para que su gloria sea mayor.
Ilíada, héroes, armas y dinámica de combates, Protagonistas de la Ilíada

 El héroe se mueve casi siempre con su carro y un cochero. Cuando se encuentra frente a otro héroe, se dirigen unas palabras, según la importancia que tenga tal héroe, y discutirán sobre su genealogía dando así más prestigio a los contrincantes. El combate comienza siempre con la lanza. Si falla el primer lanzador, luego lanza su oponente. Casi siempre los combates terminan con las lanzas pero si ambos fallan, probarán con otra lanza que les provea su escudero o, en su defecto, lanzarán una piedra o emplearán la espada. Suele al fallarse un disparo contra un héroe acertar a su escudero o cochero o a otro héroe de menor rango. Luego, tras vencer a su oponente, le despoja de las armas.

Ilíada, héroes, armas y dinámica de combates, Aquiles y Héctor
                                                          Aquiles y Héctor 
Cuanto más grande sea un héroe, más armas despoja y con mayor facilidad. En cuanto menor sea un héroe, más dificultades tendrá para tomar su botín. Aquí es donde adquieren gran protagonismo los arqueros pues aprovechan que el héroe está ocupado despojando a su adversario para acertarle con una saeta. Antíloco renuncia a despojar a su adversario poculpa de las flechas y Diomedes es herido por Paris mientras despojaba a un advesario



 .


Hay casos de combates entre héroes que no siguen este proceso: Áyax y Héctor comienzan un combate lanzándole una piedra Áyax, que abate a Héctor. O un héroe recibe una herida traicionera de otro no flechador, como Patroclo.
i el combate no acaba en muerte, el héroe vencido huye en su carro o se cubre dentro de un batallón, arrastrado o por su propio pie o simplemente se deja para otra ocasión por pacto o se rehúsa al combate si, tras dictar las genealogías, los héroes descubren que sus antepasados fueron huéspedes. Entonces no combaten y se evitan entre sí.

Ilíada, héroes, armas y dinámica de combates, Héctor y Áyax
                                                                    Héctor y Áyax

Los combates de los héroes, con la utilización de la formación abierta y los carros de guerra así como la lucha individual encarna el estilo de guerra de época micénica, rescatado de la tradición épica que Homero sigue.
Cuando el combate se realiza en formación cerrada, cobra mayor importancia la hueste de soldados comunes como bloque. Se repliegan muy juntos e incluso utilizan otro tipo de armas distintas a los héroes. Aquí cobra mayor importancia la táctica y el conjunto. Esta forma de combatir es reflejo de la misma organización del ejército en la época de Homero, en la cual comienza a formarse el ejército hoplita.

Héroes y dinámica de combates: Armas

Las armas toman protagonismo en Homero pues son el botín que da la gloria al vencedor y declaran el rango o importancia o incluso el carácter del héroe. Las armas defensivas toman una especial importancia frente a las ofensivas salvo la lanza.
La armadura y el broquel son especialmente importantes pues por ellos se reconocen entre los héroes y se adivina su linaje. Son las piezas más codiciadas en los botines. Entre las armas ofensivas la lanza es la que tiene el mayor protagonismo. Con ella se deciden casi todos los combates.



En segundo lugar está el arco, que lo utilizan especialistas como Pándaro, Teucro o Paris. Y luego están la espada y las piedras. Los grandes héroes son lanceros. Los arqueros suelen ser héroes importantes en cuanto a su linaje pero no obtienen la misma gloria e incluso a veces son tachados de cobardes, sobretodo los del bando troyano.
Ilíada, héroes, armas y dinámica de combates, Paris

La espada es un arma totalmente secundaria con la cual casi nunca se lucha en Homero. Agamenón es el que más la usa, aunque más que para el combate, para masacrar el cuerpo de sus enemigos. Las piedras, en cambio, adquieren casi más protagonismo que la espada: Áyax vence a Héctor con una piedra y Héctor también hiere a Áyax con otra piedra.
El mismo Héctor rompe la cuerda del arco de Teucro también con una piedra y con un enorme pedrusco abre las puertas de la muralla de los griegos. Aparecen otras armas como hachas, pero como premios en los juegos funerarios, aunque hay un Héroe que la utiliza en los combates.

Ilíada, héroes, armas y dinámica de combates, Aquiles victorioso
                                               Aquiles victorioso

El carro de guerra era muy utilizado por los héroes para transporte aunque hay referencias de lucha. La jabalina no aparece casi en las batallas. El hecho de que los héroes utilicen sus lanzas como armas arrojadizas no supone que éstas sean jabalinas por dos razones sobretodo: Una porque se deja constancia en las descripciones de que la lanza es larga y los héroes se apoyan en ella.
tra que Aquiles, cuya lanza es especial, con carácter consagrado, es bastante larga y la utiliza como arma arrojadiza. La jabalina, así pues, se reduce a un arma utilizada en los juegos fúnebres, aunque hay referencias a ellas en combate pero utilizadas por las huestes cuando acosan al otro bando o a algún héroe pero nunca se hace referencia a ellas utilizadas por algún héroe.

Aquiles de Rubens
                                                                    Aquiles de Rubens
Algunas armas son de épocas distintas: Los héroes llevan armas propias de época micénica, como el escudo de Áyax Telamonio o el que hace Hefesto a Aquiles, o las espadas tachonadas, el carro de guerra…contrastan con armas de los siglos oscuros como los escudos redondos o la armadura hoplita de Agamenón.

https://revistadehistoria.es/iliada-tactica-estrategia-y-combates/
https://es.slideshare.net/mariajosezepedamora/estrategias-de-batalla-en-la-poca-antigua
https://es.wikipedia.org/wiki/Il%C3%ADada

viernes, 7 de febrero de 2020

LA ILIADA Y LOS TEXTOS POSTHOMÉRICOS



Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles;
 cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos
 y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes,
 a quienes hizo presa de perros y pasto de aves 
-cumplíase la voluntad de Zeus- 
desde que se separaron disputando el Atrida, 
rey de hombres, y el divino Aquiles...

Poema épico griego, en 24 cantos de versos hexámetros (con seis pies formados por una sílaba larga y dos breves en cada verso) que la tradición atribuye a Homero; en él, se narran unos momentos especialmente intensos de la guerra de Troya (ca. 1200 a. C.), que corresponden a una fase posterior en nueve años al inicio del conflicto. El título de la obra deriva del topónimo Ilion, nombre con el que también era conocida Troya por el hecho de haber sido Ilo su fundador de acuerdo con la leyenda.
Mark Pagel, un teórico evolucionista de la Universidad de Reading (Inglaterra), y sus colaboradores, Eric Lewin, Andreea S. Calude y Andrew Meade, consideran que esta epopeya homérica fue creada aproximadamente en el año 762 a.C., según un artículo que publicaron en Bioessays, un periódico científico. Los investigadores han aplicado métodos estadísticos basados en la evolución del lenguaje para determinar la fecha, que coincide con la que han propuesto la mayoría de historiadores. "El cognado es la unidad básica de análisis en el estudio sobre el cambio de léxico. Los cognados son palabras que derivan de una palabra ancestral común, de la misma forma que en la biología los genes homólogos derivan de un gen ancestral común", afirman.
De esta forma han comparado el lenguaje contenido en la Ilíada de Homero con el griego moderno y el hitita (una lengua muerta de origen indoeuropeo que se habló aproximadamente entre el 1600 a.C. y el 1100 a.C.) para confirmar que este poema data del siglo VIII a.C. Los investigadores demuestran así que incluso "los textos literarios pueden conservar rastros de la historia".


Según el relato mitológico-épico, la guerra se había desencadenado por el Juicio de Paris. A la celebración de la boda entre Tetis y Peleo no fue invitada la Discordia, quien, enojada, dejó caer una manzana con la leyenda "para la más hermosa". Tres diosas se consideraron merecedoras de dicho galardón y, ante la falta de acuerdo, se decidió que fuera el bello pastor Paris quien hiciera de juez de tan fatídica contienda. En realidad, las tres diosas, Hera, Atenea, y Afrodita, simbolizan las tres fuerzas primarias de la naturaleza: el poder, la sabiduría y el éxito en el amor.
Paris fue seducido por Afrodita, quien le otorgó como premio el éxito en todos los asuntos relativos al amor; de ese modo, era inevitable que la bella Helena quedara prendada de él. El enojo de las otras dos diosas les llevó a jurar odio eterno a los troyanos y a proclamar su apoyo a los griegos. Esta declaración de principios fue más allá de la pura palabra cuando Paris raptó a Helena, esposa del rey de Esparta, Menelao, quien promovió la expedición de los griegos contra Troya. En este conflicto, los dioses adoptarán posturas enfrentadas e incluso llegarán a luchar entre ellos.
Los estudiosos resumen la Ilíada a través de su tema principal: la ira de Aquiles y su afrenta por parte de Agamenón, hermano de Menelao, aunque este motivo tan sólo corresponde a un momento del último año (décimo en concreto) del asedio de las fuerzas griegas a Troya; en realidad, los hechos narrados corresponden, básicamente, a cuatro días de la guerra, que concluyen con la muerte de Héctor. La muerte del hijo de Príamo, Héctor, supone una premonición de la inminente destrucción de Troya.



El contenido de los cantos es el siguiente: (Cantos 1-8) Los griegos sufren fuertes reveses tras una serie de acontecimientos: Agamenón ha abandonado a su prisionera, Criseida, por indicación del adivino Calcante (para quien la reciente plaga entre sus hombres era derivada de la ira de Apolo al haber raptado a la hija del sacerdote de esta divinidad) y, en su lugar, le quita su concubina (Briseida) a Aquiles, quien enojado abandona el campo de batalla y deja mermadas las fuerzas de los sitiadores, que han de retirarse a su campamento. La suerte de la guerra debería haberse resuelto en un combate singular entre Menelao y Paris, que no llega a producirse porque éste es raptado por Afrodita en el momento en que iba a producirse su derrota. (Canto 9) Agamenón pide disculpas al iracundo Aquiles, aunque sin éxito, pues éste se dispone a regresar a su tierra; ni siquiera Ulises ha conseguido que Aquiles retorne al campo de batalla. (Cantos 10-17) Los troyanos llegan a invadir el campo griego y alcanzan hasta las naves de sus sitiadores. Enojado por las derrotas de los griegos, Aquiles permite a su amigo Patroclo, a quien ha dejado su propia armadura, que entre en combate. Tras la retirada de los troyanos, Héctor da muerte a Patroclo, hecho que despierta la ira de Aquiles en esa nueva dirección. (Cantos 18-22) Ahora furioso, Aquiles se presenta sin armas ante los troyanos para retarlos; no obstante, Tetis, su madre, le entrega una nueva armadura forjada por Hefesto (el Vulcano de los romanos). Pertrechado para el combate, mata a Héctor y ultraja su cadáver, que arrastra por el suelo tras atarlo al eje de su carro. (Cantos 23-24) Sólo ahora, Aquiles entierra el cuerpo de Patroclo con todo honor. El rey de Troya, el viejo Príamo, acude implorante a Aquiles para pedirle el cuerpo de su hijo; conmovido por el lamento paterno, Aquiles accede. El poema concluye con los funerales por Héctor, antes de que se produzcan la muerte de Aquiles y el final de la guerra de Troya. La crítica ha señalado tradicionalmente que algunos de los mejores momentos del poema, entre los cantos II y VII, corresponden a distintos momentos de la guerra de Troya que poco tienen que ver con las acciones descritas.


Éstos, en esencia, son los acontecimientos narrados, teñidos por la tragedia de la muerte de los hijos de Príamo y Hécuba, entre ellos el amado Héctor. El conjunto se apoya en diversos momentos en que sobresalen héroes de uno y otro bando o en que se describen escenas o sucesos memorables: en el canto segundo, la relación de las naves griegas o la descripción del ejército troyano; en el tercero, la vista del ejército griego desde las murallas por parte de Príamo y Helena; en el cuarto y quinto, las hazañas de Diomedes; en el sexto, la despedida de Héctor y Andrómaca, su mujer; en el décimo cuarto, el engaño de Zeus por Hera; en el décimo octavo la forja de las armas de Hércules por Hefesto; en el vigésimo tercero los juegos fúnebres en homenaje a Patroclo; los ruegos de Príamo a Aquiles, etc.


En realidad, hemos de ver en  Homero,el autor que vivió en el s. VIII a. C., como el heredero de una larga tradición de recitadores que habrían ido transmitiendo oralmente una serie de relatos o cantos de raigambre épica. Incluso la lengua refleja diversos estratos dialectales como consecuencia de este largo proceso de transmisión oral.
Homero fue capaz de articular en un todo unitario, en un largo y extenso poema, diversos relatos de diversa datación, alusivos a una época remota, en torno al año 1200 a. C., en que Troya fue destruida violentamente (como han demostrado los modernos estudios de Arqueología) por las tropas griegas. Aquí reside su mérito: en el hecho de haber sabido organizar en su narración retazos de antiguas tradiciones, por medio de unas reglas compositivas estudiadas por Lord y Parry, los dos grandes maestros del oralismo.
Por tratarse de poemas recitados de memoria, el aedo se habría auxiliado con toda una serie de recursos mnemotécnicos; entre ellos, hay temas, motivos y fórmulas o, en este último y amplio grupo de recursos, frecuentes epítetos épicos, que caracterizan a los héroes, como “Ulises rico en ardides", "Aquiles de pies ligero" o "Agamenón, pastor de hombres"; sin embargo, el epíteto épico también se aplica a otros elementos descritos en la obra, como "las cóncavas naves"; "el mar que brama sonoro", etc.
Como quiera que sea, todo apunta a que hacia mediados del siglo VI a. C. ya había un texto común, una especie de vulgata, de la obra, seguramente semejante al que hoy se conoce; antes, parece que la memoria fue básica, si no únicamente, la garante de la supervivencia y transmisión de la Iliada. Sobre esa versión escrita, de seguro, hubieron de trabajar los filólogos de la que hoy se conoce como Escuela de Alejandría, desde el siglo III a. C. en adelante.
La primera edición de la obra propiamente dicha que nos ha llegado es la de Zenódoto de Éfeso, tutor del rey Ptolomeo II (mediados del siglo III a. C.). Determinante para el texto que hoy leemos fue la labor desarrolada por los eruditos de Bizancio, desde el siglo II de nuestra era hasta el reencuentro de Occidente con la cultura helénica. Desde ahí en adelante, la historia del texto es bien conocida, con un hito principal en la editio princeps de Demetrio Calcóndyles en las prensas florentinas de Demetrio Damilas en 1488.


En el desarrollo de la leyenda troyana, se relata la aventura de las amazonas y la reina de todas ellas, Pentesilea; la llegada de las fuerzas etíopes para engrosar las filas troyanas; la muerte de Aquiles; la historia de Neoptólemo y Filoctetes; la construcción del caballo de Troya y, finalmente, la caída de la ciudad. Sobre estos hechos, tenemos noticia de la existencia de otros muchos textos posthoméricos de índole diversa; entre ellos, es preciso mencionar la llamada Iliada pequeña o Ilias Parva, poema épico en cuatro libros escrito acaso por Lesques de Pirra o Mitilene de Lesbos y que no ha llegado a nuestros días; en él, se ampliaban, recreaban o continuaban ciertos pasajes del texto homérico. En su interior, se relataban, precisamente, la entrega de armas a Ulises por parte de Aquiles; el suicidio de Áyax tras enloquecer; la profecía de la destrucción de Troya por Filoctetes; la entrada de Ulises en Troya secretamente; y la estratagema del caballo de madera.

La materia troyana fue una de las más gratas para el hombre de todos los tiempos, como se desprende de la pervivencia de la leyenda a pesar de circunstancias claramente adversas, debidas sobre todo al olvido de la lengua griega en Occidente durante casi diez siglos y al desconocimiento del texto homérico; no obstante, la continuidad del mito estaba asegurada de distintas maneras, entre ellas gracias a la prolongación de la leyenda a través de la Eneida de Virgilio.
Por ese lado, llegamos a otras muchas leyendas romanas y a otras tantas exclusivas de la civilización europea posterior, como las que derivan en la figura de Bruto, bisnieto de Eneas y fundador de Britania, que tanto juego dará en el roman courtois o novela medieval (ahí está el Roman de Brut, escrito en 1155 por Wace para Enrique II y Leonor); además, el Medievo más temprano potenció varios relatos supuestamente surgidos en la Antigüedad, como los de Dares y Dictis. En conjunto, las leyendas de Alejandro Magno, Eneas, Tebas o Troya gozaban de una alta consideración por cuanto se veía en ellas un conjunto de altas lecciones históricas; todas ellas estuvieron estrechamente asociadas y hasta fueron hermanadas hacia 1200 por el francés Jean Bodel bajo el rótulo de matiére de Rome o materia de Roma.



Dares Frigio es sólo el sacerdote de Hefesto en la Iliada; sin embargo, la tradición posterior lo convirtió en personaje histórico y le adjudicó un relato prehomérico sobre la destrucción de la ciudad del que derivaría directamente la versión latina conocida, titulada Historia de excidio Troiae que debe datarse en el siglo V o VI d. C. El éxito de esta obra, que leyó con fruición el hombre medieval, sólo puede compararse al obtenido por su eterno compañero de viaje, su contrario en el campo de batalla, Diris Cretense, quien habría acompañado al rey Idomeneo de Creta a la guerra de Troya; de resultas de su visión directa de los hechos, habría escrito un diario de ese conflicto que Lucio Septimio vertió al latín en el siglo IV d. C. bajo el título de Ephemeris belli Troiani (‘Diario de la Guerra de Troya’). Los estudios modernos han demostrado que ambos relatos son de índole seudo-histórica y que hubieron de ver la luz en torno al siglo III d. C.


Los siglos medievales contaron con un poema en lengua latina, conocido a menudo como Homerus latinus, que transmitió el relato de la caída de Troya a modo de vulgata. El conjunto está formado por un total de 1.070 versos hexámetros de autor anónimo (algunos apuntan al nombre de Bebio Itálico, tras descartarse ya por completo el de Silio Itálico) que muchos han datado en el siglo V, aunque hay indicios que invitan a mirar al siglo I de la era cristiana. El texto tiene todas las trazas de ser un trabajo escolar y, a ojos de los críticos, se muestra carente de cualquier mérito literario; no obstante, su importancia es innegable, si tenemos en cuenta su extraordinaria fortuna en Occidente y su poderoso influjo en el conjunto de la literatura medieval. En España, la Ilias latina se percibe en el antiguo Libro de Alexandre y más tarde gozó de notable fama en el romanceamiento de Juan de Mena; de esta obra, hay numerosos manuscritos cuatrocentistas y una primera edición impresa, ya posincunable, de 1519.


Hacia 1165, este erudito ligado a la corte de los Plantagenet dio nueva forma a la leyenda troyana, a partir de la informacion que le brindaban Dares y Dictis. El resultado fue una obra ambiciosa, de 30.302 versos, en que Troya adquiere una importancia extraordinaria para toda la cultura occidental. De esta obra derivan otras muchas, como el Roman de Troie en prosa y otras tantas adaptaciones en romance y otras lenguas vernáculas (al alemán del siglo XIII de Herbort von Fritzlar y Konrad von Würzburg, con un extenso poema incompleto del que se pueden leer unos 40.000 versos) y en el latín de Guido de Colonna.
Por otra parte, Benoît dio nueva a las historias amorosas de la materia troyana que, hasta ese momento, apenas si habían llamado la atención de los lectores. De todas ellas, la principal es la de Briseida con Troilo, que subyugará a infinitos autores, entre ellos Geoffrey Chaucer, Boccaccio (en Filocolo) y el propio William Shakespeare (en su Troilus and Cressida); no obstante, tampoco cabe olvidar las de Jasón y Medea o la Aquiles y Polixena. En esta última, Aquiles es, antes de nada, el amante recordado por Dante en el Inferno, el leal amante que marcha al encuentro de Polixena y es abatido en una emboscada que había preparado Hécuba, la dolida madre de Héctor.


Guido de Colonna compuso su Historia destructionis Troiae en 1287 (la tarea, rematada en poco tiempo, la había iniciado en 1271), de nuevo con el supuesto patrón de Dares y Dictis, aunque en realidad tiene su principal modelo en Benoît; con ella, se ganó no poca fama entre los lectores europeos del Medievo. Por lo demás, existían ya varias compilaciones de historia antigua que habían acogido el relato de los hechos de Troya y que los difundirían por nuevas vías, como los Faits des Romains (1213-1214), que se cuelan en la Estoria de España de Alfonso X, y la Histoire ancienne jusqu’á César (1223-1230), que están presentes en la General Estoria del monarca español.

Aparte de su presencia en Alfonso X por las dos vías indicadas y del romanceamiento de la Ilias latina por Juan de Mena, la materia troyana está presente en diversos textos, entre los cuales hay que destacar la Historia troyana polimétrica, obra escrita a finales del siglo XIII o comienzos del siglo XIV a partir del Roman de Troie y a manera de prosímetro o, lo que es igual, en prosa y verso. Inmediatamente posterior es la Crónica troyana, cuya traducción fue encomendada por Alfonso XI sobre el texto de Benoît y para la que contamos con versión castellana y gallega. El siguiente testigo en esta línea de textos lo constituyen las Sumas de Historia Troyana de Leomarte, basadas en Guido de Colonna y redactadas en algún momento del siglo XIV; de esta misma centuria son las versiones catalana de Jaume Conesa y aragonesa de Juan Fernández de Heredia. Al cierre del siglo XIV, contamos con una Corónica troyana de El Escorial que pudiera haber sido compuesta por el mismísimo Canciller Ayala.
El siglo XV europeo volverá a la fuente primera de Homero, aunque antes recuperará los textos de antaño en copias cuatrocentistas o acometerá nuevas traducciones de viejos títulos, como el Guido vuelto al castellano por Pedro de Chinchilla en 1443 o la Crónica troyana impresa por Juan de Burgos en 1490, en que se unen las obras de Guido y Leomarte. Por esas décadas y antes de que Homero se imponga por doquier, cabe hablar de una verdadera omnipresencia de la materia troyana, como vemos en los cancioneros, las novelas sentimentales y tantos otros géneros del momento.


A esas alturas, no obstante, el panorama estaba transformándose de una vez por todas gracias a la iniciativa de los humanistas italianos. En 1354, Petrarca se había hecho con un manuscrito griego de la Iliada traído desde Constantinopla; años después, él mismo encomendó la traducción de este texto a Leonzio Pilato. Lo que viene después es bien conocido y resultó decisivo para la historia de la cultura occidental: la labor de verter a Homero al latín por parte de esos dos grandes humanistas que fueron Leonardo Bruni y Pier Candido Decembrio, cuyos esfuerzos dieron en breve en varios romanceamientos, entre los que se cuenta el del español Pedro González de Mendoza. Este trabajo lo llevó a cabo en años mozos, antes de ser elevado al cardenalato, y con el propósito de satisfacer una demanda de su padre, Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, que ardía en deseos de leer la Iliada del gran Homero.
Tras esa pareja de humanistas italianos, y superadas las ansias de bibliófilo y lector curioso de don Íñigo, sólo quedaba el retorno admirado de Occidente a la poesía homérica, con una larga lista de traducciones modernas. Entre ellas, cabe destacar las versiones al español llevadas a cabo desde el siglo XVI en adelante, como las de Juan de Lebrija Cano, Cristóbal de Mesa, Ignacio García Malo, José Gómez de Hermosilla o Luis Segalá Estalella, ésta ya de comienzos del siglo XX. 

http://www.nocierreslosojos.com/iliada-resumen-guia-lectura/
http://www.enciclonet.com/articulo/iliada-la/#:~:text=Poema%20%C3%A9pico%20griego%2C%20en%2024,1200%20a.
http://www.ataun.eus/BIBLIOTECAGRATUITA/Cl%C3%A1sicos%20en%20Espa%C3%B1ol/Homero/Iliada.pdf
http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/libros/00040669/00040669.pdf


martes, 30 de junio de 2015

HOMERO.....POETA DE POETAS,LA ILIADA Y LA ODISEA




Pocas veces alguien de quien sabemos tan poco nos ha legado tanto. En efecto, los datos sobre Homero son escasos y poco fiables.


 Todo lo relacionado con su vida, obra, y su propia existencia, son motivo de discusión. Lo que nadie duda es la gran importancia de la Ilíada y la Odisea y su repercusión en todas las artes. Los poemas homéricos son el comienzo de la literatura escrita y el final de una tradición oral; por tanto, en menor o mayor medida, toda la literatura posterior va a estar influida por la Ilíada y la Odisea.
Homero no es sólo un poeta, para los griegos llegó a ser un maestro, un filósofo, un guía e incluso sus versos se utilizaron como respuestas de oráculos. La Ilíada y la Odisea no están hechas exclusivamente para el entretenimiento, enseñan, entre otras muchas cosas, valores humanos y divinos, comportamientos sociales, sistemas políticos, costumbres convertidas en leyes o la posición de inferioridad de los humanos frente a los dioses. Los estudiantes griegos memorizaban los más de 27.000 versos, que suman las dos obras, de los que aprendían historia, cultura y comportamientos morales. Todo esto hace que nos demos cuenta de la importancia que tenía Homero para sus compatriotas griegos.

¿Quién fue Homero?
A pesar de su importancia, ya en época clásica se discutía sobre su ciudad natal, su nombre y su existencia. Aún en nuestros días no se sabe con certeza nada de esto. Son muchas las ciudades que se disputan la patria de Homero: Quíos, Esmirna, Colofón, Atenas, Rodas, Salamina o Argos son alguna de ellas. Los últimos estudios vienen concluyendo que tuvo que ser originario de alguna zona de Asia Menor, más concretamente, de la zona de Quíos. Se debe, sobre todo, al gran conocimiento geográfico que de esta zona demuestra en la Ilíada; y a la lengua de los poemas épicos cuya base es jonia con rasgos eolios.
Su propio nombre es también tema de discusión. Normalmente se admite que Homero procede del griego ὃμηρος. Esta palabra que significa rehén, es el nombre que se daba a los esclavos procedentes de Asia Menor. Por tanto si tomamos por válida esta teoría, nos valdría como argumento a favor para la cuestión de su origen. Otra hipótesis, menos ratificada, mantiene que su nombre viene de ὃ μή ὁρῶν, juego de palabras que significa “el que no ve”. Recordemos que, como antiguamente se decía, Homero era ciego, aunque esto no deja de ser una visión romántica del poeta. Otros nombres por los que es llamado son Meón o Meles.
No se sabe con exactitud el año en que nació Homero. Se ha encontrado un vaso de cerámica en Isquia, datado hacia el 755 a.C., en el que se menciona la Copa de Néstor (Il. XI 632 ss.). La datación de la Etiópide de Arctino de Mileto, que narra los hechos sucedidos inmediatamente después de la Ilíada, es entorno al 700 a.C. Así pues, la Ilíada tuvo que estar compuesta antes de mediados del siglo VIII a.C., por lo que nuestro poeta tuvo que florecer en la primera mitad del siglo VIII a.C.
Es muy discutible la cuestión sobre si Homero es el único autor de la Ilíada y la Odisea, fue ayudado o simplemente no tuvo ningún tipo de participación en éstas. La inconclusión de ciertos temas en la Ilíada, las diferencias de lengua entre ambos poemas o algunos cantos incluidos dentro de las obras que podrían ser omitidos sin ningún tipo de repercusión, hace pensar que no son obra de un mismo autor.
Así pues, por lo general se admite que existió un poeta llamado Homero entorno al 750 a. C. y que compuso, al menos, gran parte de la Ilíada y la Odisea. Fue un rapsodo (ῥαψῳδός), literalmente un cosedor de versos. Los rapsodos iban de ciudad en ciudad recitando poemas y se ayudaban de un bastón (ῥάβδος) con el que golpeaban el suelo para marcar el ritmo.


La lengua con la que están escritas la Ilíada y la Odisea es la llamada lengua homérica. No existió realmente, sino que se trata de una lengua artificial que mezcla varios dialectos. La base es jonio con una gran cantidad de rasgos eolios y hay mezclas de palabras de distintas épocas; en el mismo poema puede aparecer una forma antigua y otra moderna de la misma palabra: λόγοιο/λόγος, τοί/οἱ, ἒσταν/ἒστησαν.
La lengua homérica no solo se reduce a la gramática, responde a unas reglas sintácticas, métricas y de contenido. A pesar de ser artificial tiene unas reglas métricas fijas con todo tipo de licencias, cuando el autor las necesite, para adaptar la palabra al verso. Así encontramos alargamientos artificiales de vocales breves, abreviación de vocal ante vocal o la creación de nuevas palabras que se ajusten mejor a la métrica.
No hay que olvidar que lo que Homero hace con la Ilíada y la Odisea, es recoger en dos obras inmensas la trayectoria de una épica oral. Las fórmulas son un rasgo característico de la épica oral. Son expresiones fijas que ocupan un lugar determinado, sirven para adaptar la métrica al verso; para poder memorizar, de una forma más sencilla, el poema; para dar un respiro al aedo mientras canta y para la creación de nuevos versos. Pueden ir al principio o al final del verso según el metro lo requiera y pueden ocupar desde una simple palabra hasta varios versos contiguos. Éstas pueden aparecer en forma de epíteto caracterizando a un personaje como ποδάρκης δῖος Ἀχιλλεύς o βοὴν ἀγαθὸς Διομήδης. Cada héroe, dios o mortal tiene al menos un epíteto. Pero las fórmulas no solo tienen la función de calificar a los personajes de la Ilíada y la Odisea, se utilizan también como formas fijas para dar respuesta: Τὸν δ' ἀπαμειβόμενος προσέφη; o para referirse a sucesos tan comunes como la puesta del sol: δύσετό τ᾽ ἠέλιος σκιόωντό τε πᾶσαι ἀγυιαί.



La Ilíada
En el décimo año de asedio a Troya, una peste está mermando el campamento aqueo. El sacerdote Crises le había suplicado a Agamenón, quien tenía retenida a su hija, Criseida, que la dejara libre. El jefe de los griegos despacha a Crises de mala manera sin casi dejarle hablar. Así pues, el sacerdote ruega a Apolo sea vengado y éste es el propagador de la peste por el campamento aqueo. El adivino griego Calcante, por petición de Aquiles, anuncia que la enfermedad será remitida cuando Agamenón libere a Criseida. Él, contra su voluntad, accede a liberarla, pero a cambio pide que se le traiga a Briseida, cautiva que pertenece a Aquiles. El jefe de los mirmidones pide a su madre Tetis, ninfa marina, ser vengado por esta ofensa y se retira a su nave con la intención de no volver a luchar contra los troyanos; Agamenón continúa con la lucha. La madre del héroe griego le ruega a Zeus que ayude a su hijo y el dios de dioses se pone de parte de los troyanos.
De esta manera se van produciendo luchas en las que unas veces vencen aqueos y otras troyanos. La balanza, gracias a la ayuda de los dioses, cae a favor de los troyanos, quienes después de la batalla, son capaces de acampar cerca de la muralla construida por los griegos delante de las naves. Patroclo, el fiel compañero de Aquiles, viendo lo próximo que se encuentra el ejército enemigo, pide a Aquiles que le deje ir a luchar. El Pelida finalmente acepta que vaya, pero llevando su armadura, pues es mucho mejor que la del propio Patroclo y le aconseja que cuando el ejército enemigo huya él no se ensañe y regrese a las naves. Al llegar al campo de batalla con la reluciente armadura de Aquiles, los troyanos entran en pánico y salen despavoridos. Patroclo no hace caso del consejo de su amigo y sale detrás del ejército en retirada. Héctor, el caudillo de los troyanos, se enfrenta a Patroclo creyendo que es el propio Aquiles y acaba dándole muerte. Cuando el jefe de los mirmidones se entera de la noticia, sólo busca venganza. Se reconcilia con Agamenón y, con una nueva armadura hecha por Hefesto a petición de su madre, sale a la batalla.
Todos los enemigos salen huyendo y da alcance a Héctor en las murallas de la ciudad. Por miedo sale corriendo alrededor de la ciudad y Aquiles lo persigue. A la tercera vuelta a Troya Atenea engaña a Héctor y hace que ose enfrentarse a Aquiles. Héctor cae muerto en la arena del campo de Troya, el Pelida ata el cadáver del caudillo troyano a su carro y se marcha. Aquiles inaugura unos juegos en honor de Patroclo ofreciendo muchos regalos a los campeones de cada modalidad, mientras vigila que el cuerpo de Héctor no reciba sepultura.
Príamo, rey de los troyanos y padre de Héctor, consigue con ayuda de los dioses llegar hasta la tienda de Aquiles con la intención de pagar un rescate por el cuerpo de su hijo. El viejo Príamo conmueve el bélico corazón de Aquiles quien finalmente acepta el rescate de Héctor. Éste es trasladado a Troya para recibir sepultura como es debido y se organizan unos juegos en su honor.
Como se puede observar, el personaje principal de la Ilíada es el mirmidón Aquiles y el tema central del poema es su cólera (ya los dos primeros versos nos lo anuncian). Es ésta quien inflige, de forma indirecta, la mayoría de las bajas; tanto del lado del los aqueos cuando Aquiles no lucha, como del lado troyano cuando decide vengar a Patroclo. Pero aunque el tema central de la Ilíada sea la cólera, en la obra se observan muchos más temas importantes para el pensamiento griego de la época: la virtud, la gloria, o la diferencia entre un buen rey y un mal rey son algunos de ellos. En el poema está siempre presenta la nimiedad del hombre, quien está sujeto a su destino. En la Ilíada se culpa a los dioses de las faltas de los hombres y son éstos quienes deciden su suerte, aunque tampoco los dioses llegan a ser del todo poseedores de su propio destino.




La Odisea
Veinte años después de la partida de Odiseo y diez después de la toma de Troya, Penélope, esposa de Odiseo y Telémaco, hijo de éste, empiezan a perder la esperanza de que regrese a Ítaca. Por lo que Telémaco decide partir para informarse del posible paradero de su padre. Es la diosa Atenea bajo la apariencia de Mentes, antiguo huésped de Odiseo, quien le aconseja comenzar su búsqueda por Pilo y después trasladarse a Esparta. Al día siguiente, Telémaco denuncia en la asamblea el trato vejatorio que está sufriendo en su propia casa por parte de los pretendientes. Éstos mientras esperan que Penélope elija a uno de ellos como nuevo esposo, están acabando con las provisiones de la casa, aprovechando la falta del dueño. Nadie se preocupa por la petición de Telémaco y se va a la orilla del mar a pedir la ayuda de los dioses. Atenea, disfrazada ahora de Méntor, ayuda al hijo de Odiseo a conseguir una nave y una tripulación con la que marchar a Pilo. De esta manera viaja a Pilo donde le recibe el viejo rey Néstor y de ahí parte a Esparta donde le acoge Menelao que está preparando las bodas de sus hijos.
Por otro lado, Odiseo lleva tiempo retenido por la ninfa Calipso en la isla de Ogigia. Finalmente Hermes por orden de Zeus le anuncia a la ninfa que tiene que dejar libre a Odiseo. Después de diecisiete días luchando contra la marea que levanta Poseidón, llega a la isla de los Feacios donde es recibido por su rey Alcínoo. Es conducido a la ciudad por Nausícaa, la hija de Alcínoo. El rey de los feacios promete llevar hasta Ítaca a Odiseo después de colmarlo de regalos. Durante un banquete Odiseo se emociona al escuchar el relato del Caballo de Troya, Alcínoo que se percata de esto le pregunta qué le ocurre. Así pues el Laertíada empieza a narrar las vicisitudes de sus viajes.


Comienza por el episodio de los cicones, continúa con el de los lotófagos y sigue con el de la isla de los cíclopes, donde Odiseo y sus compañeros se enfrentaron al gigantesco Polifemo. Sigue la narración con el episodio de la isla flotante de Eolo quien le regala un odre en el que están encerrados los vientos. A los nueves días de navegación, con Ítaca ya a la vista, los compañeros de Odiseo abren el odre de los vientos, aprovechando que su jefe estaba dormido. Así pues, al abrirlo, los vientos se escapan alejando la nave más allá de la isla de la que partieran al principio de su viaje. En la isla de los lestrigones son destruidas todas las naves menos la del propio Odiseo. Con sólo ésta llegan a la isla de Eea donde habita la maga Circe quien convierte a los compañeros de Odiseo en cerdos. Circe le ordena viajar al mundo de los muertos para consultar al famoso adivino Tiresias. En su viaje al inframundo se encuentra con sus compañeros que murieron en la guerra de Troya, con Tiresias y con su propia madre. De vuelta a la isla de Eea, Circe da su permiso para que parta a Ítaca adelantándole los episodios que se va a encontrar. Así, supera en su viaje a las sirenas, tapando los oídos de sus marineros con cera para que no sigan su canto y choquen contra las rocas; mientras que les ordena que a él le aten al mástil para poder escuchar su canto y no caer en la tentación de ir detrás de ellas. Consigue salvar el arriesgado paso de Escila y Caribdis y llega con sus compañeros a la isa Trinacria donde matan a los rebaños del dios Sol. Sus compañeros mueren a causa de este sacrilegio y él navega a la deriva nueve días acabando, otra vez, en la isla de Ogigia.
Los feacios después de escuchar la narración quedan atónitos y finalmente llevan a Odiseo hasta Ítaca en una de sus mágicas naves. Lo depositan dormido en la orilla con una gran cantidad de tesoros que Odiseo, al despertar, guarda en una cueva cerca de la playa. Disfrazado de mendigo llega a la casa de su porquerizo Eumeo quien lo acogerá en su casa. Telémaco vuelve a Ítaca de sus viajes por la Grecia continental y cae en la casa de Eumeo donde éste le presenta al mendigo. Odiseo, en un momento en que el porquerizo sale de la casa, se presenta a su hijo y ambos planean como recuperar el control del palacio del héroe.
Por lo tanto llega el día de la venganza, Odiseo disfrazado de mendigo se introduce en su propia casa entre los pretendientes. Éstos le tratan de una manera ofensiva, hasta el punto de hacerlo pelear con otro mendigo. El padre y el hijo con ayuda de Atenea trasladan las armas, sin ser percibidos, de la habitación de los pretendientes a una más segura en la que no puedan cogerlas. Se inicia una prueba de puntería con un arco y es, momento después, cuando Odiseo se da a conocer a los pretendientes matándolos a todos de una forma muy cruel. Por último castiga a las infieles criadas, purifica el palacio y se da el reconocimiento entre Odiseo y Penélope. El Laertíada tiene que explicar cómo construyo el lecho de madera en el que duerme la pareja, para que Penélope crea que sí es su esposo.



La cuestión homérica
Aunque ya se había debatido antes sobre este tema, fue en el siglo XVIII d.C. cuando Friedrich August Wolf, en su prolegomena ad homerum, inauguró “oficialmente” la cuestión homérica. En la antigüedad se pensaba que la Ilíada y la Odisea eran obras de un solo autor del que no se dudaba su existencia. En el siglo XVII d.C. François Hédelin, abate de Aubignac, concibió la idea de que las omisiones, partes inconclusas, referencias de personajes a sucesos que deberían de haber ocurrido, pero no aparecen por ningún lado, se deben a que las obras son la compilación de varios poemas.
Es F.A. Wolf quien, en la obra citada, inicia la línea de investigación analítica. A partir de ese momento, los defensores de que la Ilíada y la Odisea son de un único autor serán los Unitarios, mientras que del otro lado estarán los Analistas. Los Analistas defienden que los poemas no son obra de un mismo autor, sino de varios; ya sea una conglomeración de poemas menores o un poema central al que se le han ido añadiendo otros, como sucedería con el último canto de la Odisea. Según éstos hay defectos de composición en las obras como ocurre en los primeros cantos de la Ilíada, a saber: Tetis suplica a Zeus que vengue a su hijo por lo sucedido con Briseida, durante los cantos 2 a 8 no se sabe nada de este tema, finalmente en el canto 11 es cuando se lleva a cabo el plan.
Enfrentados a los Analistas se encuentran los Unitarios quienes defienden, con Wolfgang Schadewaldt a la cabeza, que la Ilíada y la Odisea son obra del mismo autor. Respecto al argumento dado por los Analistas de la súplica de Tetis, éstos defienden que se trata del recurso de anticipación/preparación: anticipa sucesos cuyo desenlace retrasa para mantener al lector atento y en suspense.





Repercusión y tradición
La Ilíada y la Odisea son las primeras obras de la literatura occidental, por este motivo, en menor o mayor medida, ya sea para bien o para mal, toda obra literaria está influida por estos poemas. No hay que avanzar muchos años para ver la influencia de Homero. Ya Arquíloco (S.VII a.C.) y otros poetas líricos utilizan para muchos de sus poemas motivos épicos e incluso la misma métrica. En el siglo III a.C. Livio Andrónico, esclavo en Roma de origen griego, hizo una traducción de la Odisea al latín. Virgilio y su gran Eneida beben directamente de los poemas de Homero. Si damos un gran salto en el tiempo, encontramos a Dictis (S.IV d.C.) y Dares (S.VI d.C.) quienes tachan de mentiroso a Homero. Dan una visión novedosa de la guerra de Troya, ya que dicen, de sí mismos, haber estado presentes en la batalla y que Homero al no haber asistido a la toma de la ciudad, no sabe a ciencia cierta lo que realmente sucedió. Durante toda la Edad Media aparecen numerosas obras en las que se asedian ciudades, en este caso cristianas, o relatan el regreso de héroes a su patria. Entre la infinidad de obras con rasgos homéricos, no hay que obviar tales como el Ulysses de James Joyce (1882-1941) o, más modernamente y cercano, El mar en ruinas de David Torres (1966).

No solo las dos obras de Homero han dejado huella con la pluma, la Ilíada y la Odisea han llenado cuantas variedades tiene el arte. Pintura, escultura, teatro o cine han tomado en algún momento los tópicos épicos. J. W. Waterhouse (1849-1917) ha plasmado sobre el lienzo, entre otras muchas obras de corte mitológico, el episodio de Odiseo y las sirenas. En la gran pantalla encontramos también ejemplos de la influencia de la Ilíada y la Odisea.  
Así, con mayor o menor suerte, hemos podido ver películas como Troya que, aunque no fiel, recoge el tema de la cólera de Aquiles; o La Odisea, ganadora de un premio Emmy, de Andréi Konchalovski.
Nuestra era, la de las nuevas tecnologías, no es menos a la hora de recoger el testigo dejado por Homero. Los juegos, tanto los llamados de mesa, como videojuegos, nos hacen sentirnos en la piel de un troyano como sucede en Warriors: Legend of Troy. Incluso podemos encontrar la versión en cómic de la Ilíada y la Odisea. Homero se ha sabido reinventar con el paso de los siglos, no solo no está muerto, sino que ahora, gracias a las herramientas informáticas, está más vivo que nunca.
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