Mostrando entradas con la etiqueta ATENAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ATENAS. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de septiembre de 2019

ATENAS Y SU SISTEMA DE GOBIERNO


Atenas constituyó el mejor ejemplo de polis con gobierno democrático. Durante la Antigüedad sólo los griegos se rigieron por ese tipo de gobierno. El resto de las civilizaciones, hasta la modernidad, fueron dirigidas por regímenes más o menos autoritarios y despóticos. Por lo tanto, Grecia constituye una auténtica excepción y puede ser considerada cuna de la democracia actual. El término "democracia" (δημοκρατία) hace referencia a la participación del pueblo en política.Además de disponer de un sistema democrático, Atenas detentaba su hegemonía sobre la Liga délica, que agrupaba a diversas ciudades jonias, constituyendo de esta forma un imperio marítimo.
Atenas fue un estado marítimo, el pueblo de las empresas comerciales, de la cultura y de las revoluciones. Su historia se halla dominada por dos grandes hechos: la fundación de un imperio marítimo y la organización de la democracia, que es de lo que nos ocuparemos en este tema. Los atenienses fueron los primeros que ofrecieron al mundo un sistema político basado en el voto y en el que se gobernaban por sí mismos. Su historia es la de las sucesivas revoluciones por las que el poder pasó de los reyes a los nobles y de éstos al pueblo. Al comienzo (hasta el s. VIII a. C.), Atenas tuvo un régimen patriarcal, agrupándose las familias en tribus o “demos” e imponiéndose una de ellas; esto creó la autoridad real: monarquía ( el primer rey fue Teseo). Posteriormente (en el s. VII, Época Arcaica) los propietarios de la tierra crearon una aristocracia y echaron abajo la autoridad real; eligieron a unos magistrados anualmente, “Arcontes” ( nueve), que eran sus gobernantes. Como el gobierno de los anteriores fue brutal y por deudas el pueblo era convertido en esclavo, se producían continuas sublevaciones; para evitar esto se creó un código severo de leyes: el código de Dracón; pero consiguió el efecto contrario. Para evitar una guerra civil, los nobles y el pueblo acordaron en confiar a Solón ( en el 594 a. C. ) una nueva organización política: abolió la esclavitud por deudas, repartió tierras y limitó la posesión de éstas, pero, sobre todo, dotó a Atenas de una constitución: sentó las bases de un nuevo sistema de gobierno, el democrático; ya nada se haría en Atenas sin contar con la voluntad de todos expresada en la “Asamblea”. Los esfuerzos de Solón, no obstante no solucionaron totalmente el problema; entonces aparecen los tiranos (quizás Pisístrato fue el más famoso), que despertarán en el demos un sentimiento de “igualdad de derechos políticos”. Ya en la Época Clásica ( s. V ), Clístenes desmontó los últimos y más peligrosos residuos aristocráticos: creó 10 tribus nuevas, no basadas en lazos de sangre, que sustituyeron a las 4 antiguas y estó hizo que el demos se integrara políticamente de manera más amplia. Además estableció el “ostracismo”: cuando un ciudadano manera más amplia. Además estableció el “ostracismo”: cuando un ciudadano amenazaba con llegar a ser demasiado poderoso o turbaba el orden social, la asamblea podía decidir que fuera desterrado de Atenas (esto se hacía tras una votación en la que cada ciudadano escribía su veredicto en el o$strakon: un trozo de cerámica). Estas reformas y alguna otra situación –(las Guerras Médicas ) afianzaron el régimen democrático. El sistema fue perfeccionado por Pericles (445-429) quien lo llevó a un excelente rodamiento democrático. Se le considera el culminador de la democracia ateniense Posteriormente, la Guerra del Peloponeso, la crisis económica del s. IV y la ascensión de Filipo de Macedonia darán paso a las monarquías helenísticas y será el fin de la democracia ateniense.
 Veamos cómo era el funcionamiento del sistema democrático de Atenas. 

Los órganos de gobierno.
 1 La Boulé (El Consejo) El Consejo o Boulé constaba de 400 miembros, pero Clístenes asignó 50 consejeros por año a cada tribu política y elevó su número a 500. Estaba formada por ciudadanos mayores de 30 años que pasaban examen (dokimasta) ante el Consejo saliente y designados por sorteo, 50 por cada tribu. Se mantenían en sus funciones durante un año y podían ser reelegidos una vez. Para su funcionamiento, los 50 consejeros de cada tribu presidían en Consejo durante la décima parte del año (pritanía). Cada día designaban presidente ( pritanis) por sorteo a uno de sus miembros. Sus funciones eran: 
- Seleccionar los asuntos y resoluciones que debían someterse a la Asamblea. 
- Dirigir las finanzas públicas. 
- Recibían a los embajadores extranjeros. - Ratificaban los tratados y alianzas. 
- Entendían jurídicamente en las acusaciones hechas contra los funcionarios

2. La Ekklesía (La Asamblea) La Ekklesía o Asamblea era la institución política más importante, constituía el órgano soberano por excelencia, y a ella concurrían todos los ciudadanos que disfrutaban de plenitud de derechos (varones de más de 18 años, nacidos en Atenas y de padres atenienses). La Asamblea se reunía cada 10 días en la Pnix, el recinto de las asambleas populares. Estaba presidida por los prítanos. Tras una ceremonia religiosa al amanecer, los oradores hablaban; cualquiera podía saer orador en la tribuna, bajo presidencia de un moderador, asistido por alguaciles (lexiarcas) y guardias arqueros. Como la participación de los ciudadanos ordinarios no iba acompañada de ningún sueldo, todo el que vivía de su trabajo no podía pasar cada 10 días unas cuantas horas en la Pnix. Así aunque el número de ciudadanos alcanzaba la cifra de entre 30 y 40 mil, normalmente se reunían en asamblea unos 5.000. Desde Pericles hubo una dieta por asistencia de 1 óbolo, que luego fue 3. 

La Asamblea era soberana y tenía todas las atribuciones:
 - L egislativas: establecer leyes, previamente examinadas por el consejo. 
- E jecutivas: decidir la guerra, discutir los tratados, fijar los impuestos a los aliados y a los vencidos, etc.
 - J udiciales: elegir y controlar a los altos funcionarios, recibir acusaciones que después eran enviadas a la Heliea, decidir el ostracismo o exilio de algún político considerado peligroso, etc. 

Todas estas cuestiones eran resueltas mediante una votación efectuada por el sistema del levantamiento de manos. Las votaciones secretas constituían una excepción que se aplicaba en casos particulares. En estas ocasiones se votaba colocando en las urnas diferentes piedrecitas. La votación secreta se aplicaba en caso de ostracismo o destierro.

3.- Los magistrados Con excepción de los estrategos, de otros oficiales militares de alto rango y de algunos tesoreros, los demás funcionarios se elegían por sorteo. Los requisitos para ser magistrado ordinario eran tener 30 años o más y ser ciudadano sin tacha: al iniciar su cargo pasaban una prueba de honradez. Podían ser juzgados por la Asamblea o Ekklesía. Los magistrados ordinarios eran designados por sorteo entre los que se ofrecían como candidatos. Se mantenían en funciones durante un año, estando prohibida la reelección. Los funcionarios militares y financieros eran designados por votos. Todo magistrado electo, al acabar sus funciones, debían rendir cuentas de su gestión. Solían organizarse en cuerpos de 10, para que cada una de las 10 tribus tuviera un representante. Sus funciones eran varias, entre ellas legislativas, judiciales, militares y financieras.

-1. La Heliea Era el tribunal ateniense de jurados. Se componía de 6.000 jurados, distribuidos en 10 cámaras de 500 jurados en cada una con otros 100 considerados en reserva. Los jueces jurados escuchaban tanto al acusador como al acusado (o querellante y querellado) y a los testigos, admitían disputas entre las dos partes, y cuando la esencia de la causa estaba clara o suficientemente aclarada, emitían el voto. El tribunal ateniense no conocía fiscales oficiales sino que cualquiera podía sostener la acusación. Tampoco había defensores profesionales; todo ciudadano podía defenderse a sí mismo. Si no se sentía en condiciones de hacerlo con suficiente eficacia, se dirigía a un especialista (logógrafo) y aprendía de memoria el discurso que éste escribía para él.

 -2. Los diez estrategos Los funcionarios más importantes eran los 10 estrategos o generales; uno por tribu, elegidos en la Asamblea. Podían ser reelegidos cada año y era un cargo gratuito. Dirigían las operaciones militares y se encargaban de todo lo relativo a la administración militar y naval. Actúan como Jefes de ejército, por turno (aunque desde 480 hay un jefe 'de facto' y en el s. IV se especializan ya en la marina, ya en la infantería hoplítica, en la caballería, en la logística, etc.) Asignan el impuesto de guerra, cobran el foros a los aliados de la Liga y a los metecos en Atenas. Dirigen la policía ateniense y, en general, los asuntos de defensa (servicio militar, reclutamiento, guarniciones, etc.). Tienen derecho a asistir a las sesiones secretas de la boulé y pueden proponer mociones a la ekklesía. Son sus subordinados directos 10 taxiarcos y 2 hiparcos.

-3. Los arcontes Los principales magistrados eran los 9 arcontes, que formaban un cuerpo de 10 con el secretario de los tesmótetas. Los arcontes principales eran: 
- El arconte jefe o epónimo : era la cabeza visible del Estado y daba su nombre al año. Con funciones ejecutivas dentro de la vida civil de la ciudad, era la máxima autoridad a no ser que se estuviese en guerra o situación extraordinaria. Presidía y organizaba las grandes Dionisiacas y tenía algunos deberes judiciales: le competen los procesos judiciales. 

- El arconte rey (b asileus) : era el principal funcionario religioso del estado y judicialmente entendía en causas de carácter religioso. Heredero ritual de los reyes, está encargado de los Misterios, de los sacrificios públicos en general, de las procesiones, de las Dionisiacas de enero. Es el presidente del Areópago. 

- El arconte polemarco: ya no era jefe militar, sino que entendía en las causas judiciales de los no ciudadanos. El Polemarco organiza las ceremonias cívicas en relación con el ejército.

- Los 6 arcontes tesmótetas: se encargaban de funciones judiciales y legales. Eran los magistrados encargados de transcribir y custodiar las sentencias emitidas por los jueces. Los seis tesmotetas (o depositarios de las instituciones) instruyen el resto de las causas y pleitos. En el siglo IV revisan y coordinan anualmente el conjunto de lo legislado.
-4. Otras magistraturas...
 -Por debajo de los arcontes venían “los Once” que eran los encargados de ejecutar los castigos legales y de mantener la prisión del estado.
-Otros funcionarios menores eran los 10 astynómoi ( 5 en Atenas y 5 en El Pireo), que controlaban que las calles estuviesen controladas y limpias; los diez agoranómoi, que supervisaban los mercados; los 10 metronómoi, que controlaban los pesos y medidas; los 10 sitofilacos que se encargaban de los graneros públicos y la política sobre cereal; y finalmente los grammateis, que actuaban como secretarios de la boulé y de la ekklesía.

http://www.claseshistoria.com/bilingue/1eso/greece/governmentathens-esp.html#:~:text=Atenas%20constituy%C3%B3%20el%20mejor%20ejemplo,por%20ese%20tipo%20de%20gobierno.&text=sistema%20democr%C3%A1tico%20ateniense%20alcanz%C3%B3%20su,de%20gran%20influencia%20y%20prestigio.
http://www.edu.xunta.gal/centros/iesastelleiras/?q=system/files/atenas-3.pdf
https://www.revistalibertalia.com/single-post/2019/04/12/La-democracia-en-Atenas-I-origen-y-desarrollo
http://recursostic.educacion.es/kairos/web/ensenanzas/eso/antigua/grecia_06_00.html

miércoles, 19 de junio de 2019

ATENAS Y LAS CLASES SOCIALES


Desde sus orígenes, la sociedad griega evoluciona y se caracteriza en cada lugar según unas costumbres y tradiciones propias. Veamos las características de la sociedad de Atenas y, concretamente, las de la edad de Oro o siglo de Pericles: la Atenas clásica del s. V a. C.
La polis clásica es una comunidad de ciudadanos totalmente independiente, soberana sobre los ciudadanos que la componen, cimentada en cultos y regida por leyes. Aunque sus miembros tengan conciencia de pertenecer a una comunidad étnica y cultural más amplia, la ciudad no admite ningún lazo de subordinación con respecto a otro Estado, como pasará en el caso de las colonias que siempre están vinculadas a su metrópolis.


Físicamente, la polis no era sólo ni principalmente una ciudad, sino un territorio habitado en aldeas y caseríos (no se habla de Atenas, sino de los atenienses), con un centro urbano que funcionaba como capital política y asiento de las instituciones de gobierno. Por consiguiente, no toda la población residía en el “astu” (casco urbano).
La poblacion estaba constituida por ciudadanos y no ciudadanos. En Atenas en la época clásica comprende tres categorías legales: ciudadanos libres (politeis), metecos o forasteros (metoikoi) y siervos (douloi, pertenecientes al pueblo o privados).


   


LOS CIUDADANOS
Las distintas actividades que caracterizan la vida de una polis (ágora, gimnasio, cultos, servicio militar y guerra, teatro y actuaciones en la asamblea popular) estaban reservadas a la minoría social que constituían la koinonia ton politon: ni las mujeres, ni los más jóvenes, ni los metecos (extranjeros domiciliados), ni los esclavos, ni otros grupos -periecos, siervos, mercenarios…-, gozaban del derecho a la plena integración social y política.    
Para ser ciudadano y tomar asiento en la Asamblea ateniense es preciso ser mayor de edad (18 años, pero como se hacían dos de servicio militar, sólo a los 20 se accedía a la Asamblea) y ser hijo de padre ateniense; a partir de Pericles, era necesario ser hijo de padre y de madre ateniense, lo que hizo que sus hijos con la meteca Aspasia, no tuvieran el derecho de ciudadanía, y que la Asamblea tuviera que votar al respecto, ya que los atenienses podían, por decreto, conceder la ciudadanía a un extranjero, y podían retirársela a uno de los suyos (atimia).
Desde Solón (594 a.C.) los atenienses estaban divididos en cuatro clases censitarias:
–pentakosiomedimnoi: hombres cuyas propiedades podían producir anualmente quinientas medidas de grano (“medimnoi”) o más de 500 metretas de vino o aceite. Los atenienses de clase noble formaban el grupo de los eupatridas, y monopolizaban el poder del Areopago.
-hippeis o jinetes que podían costearse un caballo y equiparse para el servicio de caballería.
-zeugitai u hoplitas, aquellos que podían armarse para servir en la infantería. Solían recoger unos 200 medimnos.
-thetes: quienes no podían hacerlo.
En un principio, esta clasificación tuvo un sentido político importante, pues la pertenencia a cada una de ellas comportaba la calificación para desempeñar determinadas magistraturas; por ejemplo, la ley excluía a los thetes del arcontado, y los principales cargos económicos, como la tesorería, eran reservados a los pentakosiomedimnoi. Las dos clases más acomodadas estaban obligadas al servicio militar con armas propias y a las mayores magistraturas, lo que a su vez les confería el dominio del tribunal del Areópago, constituído por los que habían sido arcontes. Los thetes estaban eximidos de pagar impuestos, aportados por las clases superiores en una proporción establecidas.
Pensar que esta división reflejaba correspondencías reales con lo económico, lo social y lo político supondría que los thetes eran el “proletariado urbano”; los hoplitas campesinos libres, etc., sin embargo en la Atenas del s.VI-V, no existía el tipo de hombres que constituye el proletariado urbano que conocemos. El personal de las fábricas existentes estaba formado por esclavos, no por obreros libres y no había oficios importantes que no estuviesen monopolizados por los esclavos. El ateniense medio era un propietario independiente, artesano, comerciante, tendero o fabricante en la ciudad; y en el campo o en la aldea artesano, tendero o agricultor.
Era una sociedad mucho más homogénea que la nuestra; había, claro está, diferencias, entre nobles y plebeyos, ricos y pobres, hoplitas y thetes, hombres del campo y hombres de la ciudad, y tales diferencias repercutían en la vida política. En los tiempos arcaicos, una de las funciones de la aristocracia era dar muestra de su riqueza mediante grandiosas edificaciones públicas; así, realzaban su honor y, consecuentemente, su poderío. Pero tras las guerras médicas dejaron de prevalecer en la moralidad popular los antiguos valores de honor y vergüenza. La actividad del Estado despersonalizó el desarrollo público de los ricos y los gastos que antes se hacían como gesto de honor, ahora se sistematizaron y se convirtieron en un deber cívico, un impuesto. Estos servicios públicos eran liturgias y todos se relacionaban con conmemoraciones y actos políticos; estaban regulados por unas normas, de forma que no se pagase dos años seguidos por los mismos servicios, para que no hubiese engaños etc.
La vida cotidiana del ciudadano ateniense está dominada por la atención que requieren los asuntos de Estado, pero eso debía ser sólo la teoría ya que en la práctica, difícilmente un campesino podía dejar continuamente a su mujer e hijos, y el trabajo en el campo para acudir a la Asamblea. Sin embargo, al mismo tiempo que desaparecen las ambiciones honorables de las clases altas, por primera vez en Atenas las clases bajas se preocuparon por el dinero, y las exigencias de la guerra separaron a los campesinos de la tierra, por lo que perdieron sus medios de subsistencia.
En todo este cuadro, las mujeres, por muy hijas y esposas de ciudadanos que fueran, tampoco intervenían en la vida de la polis ni tenían voto. Sin llegar a la tópica idea de que no había más mujeres por la calle que las esclavas (pensemos en verduleras como la madre de Esquines), sí que es cierto que la mujer rica permanecía recluida en casa, en el gineceo, y no participaba en fiestas, banquetes ni más actos públicos que algunos de carácter religioso.
Muchas mujeres atenienses trabajaban de nodrizas, vendedoras, comadronas… pero no eran lo mismo que las bailarinas, músicas y prostitutas, mal consideradas pero con un grado de libertad superior al de las demás, y las heteras, generalmente extranjeras, únicas mujeres cultas que abrían sus salones a los intelectuales y artistas, asistían a fiestas, etc.




LOS METECOS.
Si los atenienses podían dedicar tanto tiempo a la política de su ciudad y a pasear por el ágora es porque los metecos y los esclavos les descargaban de toda actividad económica. Mientras que ciudades como Esparta practicaban periódicamente la expulsión de extranjeros, Atenas, más liberal, permitió que muchos griegos no atenienses vivieran en su suelo y gozaran de importantes derechos. Estos extranjeros residentes eran los metecos (metoikos:  el que vive al lado), que no sólo eran griegos sino también había fenicios, frigios, egipcios e, incluso, árabes… y vivían sobre todo en el Pireo.  El meteco  no tenia derechos políticos ni algunos derechos civiles (por ejemplo, no puede comprar suelo), y debia ser representado por un ciudadano ante los tribunales, etc..  En casos de gran mérito se les otorgaba la isoteleia o “igualdad de cargas” con los ciudadanos. En el s.V los metecos de Atenas representaban casi la mitad del número de ciudadanos; estaban sujetos a las mismas obligaciones financieras que éstos y pagaban un impuesto especial, el metoikion: doce dracmas anuales los hombres y seis las mujeres (equivalía al salario de seis o tres días de trabajo) por derecho de residencia. Además, podían frecuentar los gimnasios públicos (no así los esclavos), podían ingresar en el ejército y en la flota como remeros, podían poseer esclavos y adquirir bienes inmuebles, pero no tierras o casas.
Podían ejercer determinadas funciones públicas (heraldo, médico, recaudador…) pero la mayoría se dedicaba a lo que hoy llamaríamos profesiones liberales. Eran numerosos en el artesanado y la industria -telares, tratamiento de pieles y cueros, cerámica, metalurgia…-. Ocupaban también el primer lugar en el comercio, tanto al por mayor como el minorista; eran comerciantes e importadores. Y los principales banqueros de Atenas (trapezivth”) eran metecos o antiguos esclavos que, una vez liberados, habían logrado el estatuto de metecos.
Esta situación permitía a muchos metecos dar una buena educación a sus hijos, que así destacaban en profesiones como artista, médico u orador, como Lisias. Pero muchos hombres de talento ya famosos iban a Atenas atraídos por su incomparable esplendor: Heródoto de Halicarnaso -historiador-, Hipócrates de Cos -médico-, Polignoto de Tasos -pintor-, Anaxágoras de Clazómene, Hipódamo de Mileto -arquitecto-… y el caso de los sofistas, sabios o profesores de la elocuencia.
Es indudable que los metecos contribuyeron al poderío económico y al prestigio intelectual y artístico de Atenas.


LOS ESCLAVOS.
El meteco que dejaba de pagar el metoikion o que intentaba usurpar la ciudadanía se convertía en esclavo. La esclavitud se acepta en la Grecia clásica como un hecho; Aristóteles (Política I, 1-2) defiende la diferencia entre hombres libres y esclavos como determinada por la naturaleza, y la guerra como medio legítimo de conseguirlos, pero se da cuenta de que la única justificación de la esclavitud es la necesidad, ya que en una ciudad griega la vida económica se basaba en el trabajo de los esclavos. En el campo, salvo en las minas de Laurión, eran menos numerosos porque los pequeños propietarios no eran muy ricos. Podían, eso sí, alquilarlos para los trabajos temporales, ya que los ciudadanos y los metecos ricos invertían su dinero en la compra y mantenimiento de mano de obra servil que alquilaban en determinados periodos.
Cuando se tomaba una ciudad, todos sus habitantes eran esclavizados; también la piratería era otra forma de suministro, y en tiempo de paz, el padre de familia entre los bárbaros tenía derecho de vender a sus hijos y se podían vender también los deudores insolventes. Los que peores situaciones tenían eran los empleados en los molinos para que girase la muela y para triturar el grano, y los de las minas.
Se diferenciaba los esclavos nacidos en la casa de los que habían sido comprados. En la ciudad (aparte de en las fábricas, en el puerto -carga y descarga-, en los bancos…), los esclavos garantizaban el servicio doméstico (según Platón, un ciudadano acomodado tenía unos 50 esclavos, y un ateniense medio una docena: portero, cocinero, pedagogo, y sirvientas).
El propio Estado era propietario de esclavos (empleados de la Asamblea y el Consejo, verdugos, barrenderos, policia -arqueros escitas-, empleados de la fábrica de moneda) así como los santuarios. Eran una especie de funcionarios que vivían donde querían (excepto los arqueros escitas) y recibían un sueldo, cosa que también les pasaba a muchos esclavos de la industria y el comercio.
Tanto los esclavos públicos como los privados no tenían ningún derecho, eran como cosas  (“mercancia humana” según  la ley) que ni siquiera podían declarar en los tribunales. Pero en Atenas, las condiciones no eran las de los miserables hilotas en Esparta: la ley defendía al esclavo contra los ultrajes y las violencias. Además, cuando era comprado, se integraba en la familia con un ritual: se le hacía sentar en el hogar y la dueña de la casa ponía sobre su cabeza higos, nueces y golosinas; al mismo tiempo se le ponía nombre. El esclavo participaba de las oraciones y de las fiestas, y era enterrado en la sepultura familiar.
La forma de emplear a los esclavos era muy variada. Muy pocos eran los dedicados a la agricultura, pues los propios colonos áticos se ocupaban del cultivo y del transporte de los productos agrícolas al mercado. Análoga era la circunstancia de los artesanos meores que trabajaban en la ciudad. Pero al expandirse las industrias e intensificarse el comercio, se crearon empresas manufactureras en las que trabajaban entre 20 y 30 esclavos (producción de utensilios de metal, muebles, artículos de piel, de tejidos, cerámica…); los esclavos más leales podían desempeñar funciones de dirección o administración.
Los esclavos públicos se encargaban, por ejemplo, del trabajo en las minas de Laurión, de donde se sacaba la plata para acuñar moneda, y donde llegaron a trabajar 30.000 esclavos a mediados del s.IV. También había ujieres, pregoneros, cajeros, verdugos, escribanos… e, incluso, en el S. V el servicio de policia corría a cargo de esclavos del Estado: una policía de 300 escitas se ocupaba del maentenimiento del orden enlas calles y en las asambleas. Las esclavas trabajaban en las hilanderías, lavanderías etc, o bien se encaminaban hacia la prostitución.
Mejores condiciones de vida tenían los oijketaiv, los dedicados al cuidado y gobierno de la casa y de la familia. Se encargaban de las labores de la casa o servían en particular a un miembro de la famila. Los atenienses más acaudalados tenían esclavos y esclavas para las tareas más diversas: guardianes, cocineros, concubinas… o les confiaban responsabilidades como la de médico o la de preceptor.
El estado jurídico del esclavo en Atenas era limitado por el derecho del amo a disponer de él o ella a su antojo. Podían casarse, pero sus hijos pertenecían al amo, podían declarar en juicios como testigos, pero, a diferencia del hombre libre, el esclavo podía ser torturado y encarcelado. En algunos casos, no obstanet, un ciudadano libre en la miseria podía envidiar la suerte del esclavo, al que el amo le garantizaba la subsistencia.
El esclavo podía autorrescatarse ofreciendo a su dueño un precio adecuado[2] o podía ser liberado como premio por su amo, pero la manumisión no comportaba la concesión de derechos civiles, sino que tenía un estatus semejante al del meteco aunque podía ascender en la escala social. También hubo casos de manumisiones decididas por el pueblo, por haber combatido junto a ciudadanos como voluntarios.
Considerando la relativa libertad de que gozaban los esclavos, su posibilidad de ser manumitidos y de alcanzar cualquier grado de la escala social, es bastante lógico que nunca en Atenas llegaran a producir una revuelta social. Si añadimos la falta de conciencia de clase. El hecho de que procedieran de distintos países y el aislamiento en las casas y fábricas, impedían las uniones y relaciones recíprocas. Y sin embargo, los primeros movimientos encaminados a la abolición de la esclavitud surgieron en Atenas, a cargo de sofistas como Hipiass y Antífono y poetas como Söfocles y Eurípides.


LOS BÁRBAROS
La palabra bárbaro procede directamente del griego bavrbaro”  “extranjero, forastero, no griego”. Se trata de un étimo onomatopéyico y bajo esta nomenclatura se encontraban aquellas personas cuya lengua sonaba en los oídos griegos como “barbarbar”. Los bárbaros son propiamente los extranjeros, diferenciados de los xevnoi, que son los forasteros, es decir, griegos de otra polis, con los que se pueden establecer relaciones de hospitalidad. Como bárbaros, diferenciándolos de los griegos, encontramos a los medos, persas y egipcios.


domingo, 9 de junio de 2019

CLÍSTENES DE ATENAS Y LA GRECIA CLÁSICA

Clistenes político y reformador ateniense que vivió en el siglo VI a.C. Fue el jefe del partido democrático de Atenas y el responsable de una de las reformas políticas más importantes de la Grecia Clásica, en la cual se contemplaba la condena al ostracismo, destierro político al que se condenaba a los ciudadanos atenienses a los que se considerase peligrosos para la propia ciudad-estado. Clístenes, tras el triunfo de sus opositores del partido oligárquico acabó por sufrir él mismo la condena al ostracismo.
La Grecia Clásica estaba formada por una serie de ciudades-estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas. Pese a su independencia a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta.
Atenas era la capital del Ática y carente del militarismo típico de Esparta, acabó por convertirse en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.
Con anterioridad a Clístenes una serie de enormes figuras políticas como Dracón o Solón habían dado forma al Estado ateniense. Se había logrado unir bajo una misma ámbito político a unos grupos humanos que ya antes compartían un mismo dialecto y mantenían una cierta afinidad que les hacía sentirse como miembros de un conjunto aún por definir. Esta fue la época de la creación de Atenas y de su sistema constitucional. Los aristócratas ostentaban el poder como arcontes, cargo que en un principio era vitalicio, pero que en el siglo VIII se limitó su gobierno a una década, transcurrida la cual, los mejores de entre ellos pasaban a formar parte del Areópago, el tribunal superior de justicia encargado de juzgar las causas civiles y militares, y el objeto de poder de los nobles en Atenas; las otras dos grandes instituciones eran la Bulé(boulh), de carácter legislativo formada por cuatrocientos ciudadanos elegidos anualmente, y la Eklesía (ekklhsia) constituida por todos los ciudadanos y que votaba las leyes presentadas por la Bulé. La democracia griega era restringida, de los 400.000 habitantes que tenia Atenas en el siglo V a. C. solo la décima parte gozaba de los derechos civiles y políticos. El pueblo, antes de las reformas de Clístenes, se dividía en cuatro clases según su fortuna.
Entre los siglos VIII y VI a. C., Atenas y Esparta se habían convertido en las dos ciudades hegemónicas de Grecia. Esparta era un Estado fuertemente militarizado y aristocrático que estableció su poder a base de conquistas y gobernó a sus estados súbditos con un control muy estricto. La unificación del Ática por Atenas, por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo acuerdo; se otorgó la ciudadanía ateniense a los habitantes de las pequeñas ciudades. Los nobles, o eupátridas, abolieron en el 638 a. C. la monarquía hereditaria y gobernaron Atenas hasta mediados del siglo VI a. C.
Este siglo, el VI a.C., constituye para Atenas el momento clave para la formación y consolidación de la Democracia. Este proceso tuvo tres hitos de fuerte relevancia, el primero de ello la obra reformadora de Solón aplicada sobre el Código de Dracón; el segundo hito fundamental fue la próspera tiranía de Pisístrato, y por último, las reforma emprendidas por Clístenes.
Los eupátridas mantuvieron su autoridad plena gracias a su poder supremo para disponer de la justicia, a menudo de forma arbitraria, y a su condición de clase superior. Pero esta posición privilegiada de los eupátridas estaba condenada a la extinción. La unificación del Ática hizo que las artes y sobre todo el comercio prosperasen de una forma no conocida con anterioridad. La tradicional riqueza de los eupátridas, basada en la posesión de grandes rebaños e inmensos latifundios, quedó eclipsada por la de una nueva clase social dedicada al comercio. Los nuevos ricos, que ya no pertenecían a la nobleza, demandaban un poder político equivalente a su situación económica. El otro gran soporte de los nobles, su monopolio sobre la caballería militar también comenzaba a tambalearse ante la creciente importancia de los hoplitas, que organizados en formación compacta y bien entrenados hacían inútiles la caballería. Toda estos aspectos empezaron a aflorar a finales del siglo VII a.C. y estallaron definitivamente en el siglo VI a.C.
En el 621 a. C. el político Dracón codificó, por vez primera, la ley ateniense y limitó de forma considerable, el hasta ese momento intocable poder judicial de los nobles. Veinte años más tarde, en el 594 a.C., el legislador ateniense Solón dio el primer golpe de importancia al poder hereditario de los eupátridas, al promulgar su reforma del Código draconiano, que podía considerarse como un intento de organizar una democracia; en dicha reforma se suprimió la esclavitud por deudas y se terminó la lucha entre los grandes propietarios y la burguesía al conceder un aumento gradual del poder de los magistrados sobre los nobles y sustituir los criterios de linaje por los de riqueza a la hora de nombrar a los funcionarios. Durante el brillante mando del tirano Pisístrato, las formas de gobierno empezaron a adoptar elementos democráticos ya que la población adquirió mayor poder al tiempo que la nobleza era relegada cada vez más a un segundo plano. Hipias e Hiparco, hijos de Pisístrato, heredaron el poder de su padre pero fueron más déspotas. Hiparco fue asesinado e Hipias fue condenado al ostracismo por Clístenes, tras una insurrección popular en el 510 a. C. Durante el consiguiente conflicto político, los partidarios de la democracia obtuvieron, bajo el mando del político Clístenes, la victoria total y, alrededor del 502 a. C., comenzaba una nueva etapa política, basada en principios democráticos y en la que el poder fue entregado totalmente al pueblo por medio de un nuevo Consejo abierto a toda la ciudadanía y que viene a eclipsar al Areópago.
Poco es lo que se conoce sobre la biografía del gran reformador ateniense. Fue hijo del alcmeónida Magacles, pero se ignoran el lugar y la fecha de su nacimiento, así como la totalidad de datos biográficos con anterioridad a su irrupción en la política ateniense. Como político fue el líder del partido del pueblo y se opuso tenazmente al triunfo de la oligarquía, al tiempo que luchó por instaurar un sistema político en el que la soberanía la ejerciera la totalidad de los ciudadanos.
El gran rival político de Clístenes fue Iságoras, el líder del partido aristocrático. Mientras que Clístenes defendía la continuación y el desarrollo de las reformas de Solón hasta alcanzar la plena soberanía del Demós (dhmoj), Iságoras propugnaba la restauración del gobierno oligárquico y la paralización de las reformas solónidas, para lo que contaba con el apoyo de Esparta.
En el 510 a.C. Clístenes aparece en la escena política ateniense al lograr derribar al tirano Hipías, hijo del famoso Pisístrato y hacerse cargo del poder en la ciudad, pero en el 508 a.C. Clístenes fue expulsado de Atenas por Iságoras, debido a las fuertes presiones de la poderosa Esparta, la cual veía con temor las reformas por éste iniciadas. Iságoras decretó la atimía (atimia) sobre Clístenes, su genos (genoj) y todos sus partidarios (en total se calcula que el decreto afectó a más de setecientas familias), bajo la excusa de que los alcmeónidas habían sido los responsables de la muerte de Cilón y sus seguidores en el 638 a.C.
Con la expulsión de Clístenes se desató un período de lucha entre el partido aristocrático, al frente del cual se encontraba Iságoras, y el de los alcmeónidas, partidarios de Clístenes. Las luchas finalizan con la subida al poder de Iságoras, que con el apoyo de Esparta se convierte en tirano de Atenas. Tanto el apoyo de los espartanos, como las medidas impopulares adoptadas por Iságoras, así como la presión de los partidarios de Clístenes, motivaron un motín popular que obligó a Iságoras a refugiarse en la Acrópolis, la cual fue sitiada por la población que llamó de nuevo a Clístenes para que tomase las riendas del gobierno. Era el año 507 a.C.
La victoria de Clístenes supuso la retirada de las tropas espartanas, dirigidas por Cleómenes I, de Atenas. Esparta perdió de este modo sus posibilidades de establecer un gobierno oligárquico sobre Atenas y, por tanto, las posibilidades de ejercer su influencia sobre la región. Fue en este momento cuanto nació la proverbial enemistad entre ambas ciudades griegas.
Entre el 507 y el 501 a.C. Clístenes ejerció como arconte de Atenas. Fue entre estos años, pues, cuando tuvo lugar una de las más importantes y originales reformas políticas de la historia de Atenas, y de la cual fue heredero directo el Estado democrático de la Atenas de los siglos V y IV a.C.
La reforma de Clístenes consistió, básicamente, en el paso de una constitución restringida, en la cual sólo 40.000 de los 400.000 habitantes de Atenas gozaban de derechos civiles y políticos, a una constitución basada en la isotemía, esto es, en el derecho igual para todos los ciudadanos.
La sociedad ateniense inmediatamente anterior a la reforma de Clístenes había sufrido un profundo proceso de evolución y crecimiento tanto en el aspecto económico como en el ideológico, no obstante, seguía siendo una sociedad con un importante peso de la tradición y de la aristocracia terrateniente. Las grandes familias (genos), agrupadas en clanes (fratrías) y a su vez, en las cuatro tribus clásicas (fileas), continuaban dominando la sociedad y la política. Pero fuera de todo este entramado había una clase creciente de ciudadanos recientes que no pertenecían a ninguno de los grandes genos y por lo tanto, carecían de todo tipo de derechos y representación. De otro lado, el acceso a las más altas magistraturas y a la plenitud de los derechos políticos, estaba restringido a los dos primeros grupos censitarios creados por Solón y que se correspondían con las clases más favorecidas económicamente (pentacosiomedimnos e hippies). El Areópago, reducto de poder de los aupátridas, mantenía aún una fuerte influencia política. En contraposición, las dos tribus inferiores tenían sus derechos políticos muy limitados, casi en exclusiva a su participación en la Eklesía. Por debajo de todos ello se encontraban los extranjeros y libertos, que se unieron a las dos últimas clases censitarias para pedir que se reconociesen sus derechos. Podemos decir, en resumen, que el viejo ideal de la eunomía (eunomia 'buen orden’) había sido sustituido por el de la isonomía (‡sonomia ‘igualdad ciudadana’).
El gran mérito de Clístenes radicó en saber entender estas demandas sociales y traducirlas en una serie de medidas políticas que lograsen ajustarse a las exigencias de las dos clases censitarias inferiores pero sin provocar la revolución ente las dos clases censitarias superiores.
Podemos decir, pese a los grandes problemas de datación, que Clístenes llevó a cabos sus reformas entre su subida al arcontado en el 508-507 a.C. y el 501 a.C.
El doble objetivo de Clístenes consistía en conceder una mayor amplitud al derecho de ciudadanía y en lograr, al tiempo, la soberanía para el pueblo. Pero para realizar este ambicioso objetivo era necesario llevar a cabo una reforma territorial que acabase con el poder de la nobleza en el campo y pusiera punto final a los intereses territoriales, gentilicios y familiares. Para lograr esto procedió a dividir la población en tres agrupaciones: demós, tritties y fileas.
Las demós eran las comunidades rurales, previas a Clístenes, en las que vivía la mayor parte de la población rural del Ática. Clístenes las convirtió en las unidades administrativas y en la base de la vida cívica de Atenas, incluso las comunidades urbanas fueron divididas en demós, utilizando para ello la clásica división en barrios. En total el Ática se dividió en unas ciento cuarenta demós, habitadas por una población de entre cien y trescientos ciudadanos. Con la reforma de las demós Clístenes logró romper la tradicional distinción de los ciudadanos según su origen familiar, que se transformó en una distinción puramente geográfica.
Su extensión no era fija, de manera que unos podían aumentar su territorio en perjuicio de otros. Recibían su nombre de la villa que actuaba como cabeza de su distrito, de un personaje legendario que se convertía en el patrón del demós o de un accidente topográfico que le definiera. Los ciudadanos eran, todos, admitidos en su correspondiente demós a la edad de 18 años, independientemente de cual fuera su origen, su status o su núcleo familiar. Apareció de este modo el denominado demótico, un apellido que indicaba el lugar de procedencia de cada ciudadano y que sería invariable de por vida y común a todos aquellos que compartiesen un mismo demós.
Otro aspecto importante de esta reforma fue el ampliar la ciudadanía a los individuos residentes en el Ática, que al formar parte del sistema de demós veían más fácil su conversión en ciudadanos que con el anterior sistema gentilicio.
Los demós funcionaban casi como comunidades independientes ya que tenían su propia asamblea (Ágora), la cual elegía a su presidente (Demarca), gestionaba la administración de las finanzas locales, los bienes comunales, la organización de las fiestas o la representación del distrito en los tribunales de la Heliea. Mantenía sus propios cultos, festividades y realizaba el censo sobre su ciudadanía. Cada demós tenía su representación en la Bulé de la ciudad, de forma proporcional a la población con la que contaban.
Establecidos los demós se procedió a dividir el Ática en tres demarcaciones de población más o menos equivalentes: el Asty (‘ciudad’), la Mesogea (‘interior’) y la Paralía (‘costa’). Esta división era puramente artificial y respondía a criterios administrativos y no geográficos.
Al emprender su reforma legislativa en Atenas, Clístenes fue consciente de que los partidos regionales podían debilitar el gobierno democrático. Para evitar que esto sucediese, dividió el Ática en las tres zonas antes mencionadas (Asty, Mesogea y Paralía), y cada una de estas zonas fue a su vez dividida en diez tritties o distritos, y cada tribu recibió una porción de cada zona. Anualmente se escogía un tritiarca que estaba al frente de la trittia. De esta manera se conseguía que la cohesión de la tribu tuviera más peso que las posibles alianzas regionales.
Parece ser que las tritties se basaron en una división anterior de la que poco se sabe pero que tendría un carácter completamente diferente. De todo lo concerniente a la reforma territorial de Clístenes las tritties son lo que presenta una mayor dificultad, debido a que su finalidad no ha llegado clara a nuestro días. Es posible que se constituyeran como medio de evitar la formación de estructuras autónomas superiores a los demós, o bien como medio de evitar que estos alcanzasen una importancia excesiva. Se ignora cual era la finalidad exacta de estas divisiones, aunque algunos historiadores han especulado con la posibilidad de fueran creadas como medio de repartir los demós entre las tribus y así poder crear estas.
Con la reforma de Clístenes las tradicionales cuatro tribus (Fileas) de Ática fueron sustituidas por diez. Realmente las tribus primitivas nunca llegaron a desaparecer y se transformaron en unidades culturales.
Las nuevas tribus de Clístenes perdieron por completo el carácter gentilicio de sus predecesoras y se constituyeron como circunscripciones meramente territoriales, con una formación heterogénea y artificial. Cada una de las tribus estaba formada por tres tritties, una de cada región (Asty, Mesogea y Paralía). Las tribus carecían, de este modo, de una unidad interna fuerte que pudiera llegar a poner en peligro, al reproducir de nuevo la situación gentilicia previa, el Estado pensado por Clístenes. Se trataba de eliminar los particularismo localistas en beneficio del bien de la comunidad; al tiempo que se evitaba que las divisiones de las tribus coincidieran con cualquier tipo de poder de los clanes locales. Clístenes se preocupó de dotar a las nuevas tribus de un carácter religioso y tradicional parecido al de las antiguas cuatro tribus, para ello dotó a cada una de las nuevas tribus con el nombre de un héroe mítico, todos ellos del Ática, pero estos nombres no fueron elegidos al azar, por el contrario se sometió su elección al prestigioso Oráculo de Delfos, que los eligió entre una lista con cien nombres.
Cada tribu designaba por sorteo a cincuenta de sus miembros para que por espacio de un año engrosaran las filas de la Bulé. De este modo se aseguraba por un lado la total apertura de la ciudadanía a cualquier individuo domiciliado en un demós, al tiempo que se conseguía una mayor participación y representatividad política de los mismo.
Las tribus estaban dirigidas por un filarca (cargo este que sustituía a los antiguos filobasileus), cuya misión consistía en dirigir los asuntos de las tribus, entre los que se incluían presidir la Asamblea y las ceremonias religiosas celebradas en honor de las divinidades protectoras de la tribu y administrar el tesoro con los fondos reunidos. Además, eran los encargados de mandar el contingente de caballeros que cada tribu debía aportar obligatoriamente al ejército ciudadano. En el aspecto militar los filarcas dependían de uno de los dos hiparcas.
Las diez tribus conformaban igualmente la estructura básica del ejército ateniense. Cada tribu reclutaba un batallón de hoplitas (taxei) y otro de caballería entre sus ciudadanos.
Las reformas de carácter territorial de Clístenes lograron superar la antigua oposición y desequilibrio entre el campo y la ciudad, al menos en los aspectos referentes a los derechos y deberes de la ciudadanía.
Posiblemente el gran triunfo de Clístenes fue debido a que sus reformas supieron respetar las instituciones existentes, las cuales fueron transformadas con el objetivo de entregar la soberanía al pueblo, pero no supusieron una ruptura radical con la tradición previa. No se trató de una revolución, más bien fue una evolución sabiamente dirigida por uno de los políticos más brillantes de la Antigüedad. El antaño poderoso areópago no fue desarticulado, aunque sí sufrió un profundo recorte en sus atribuciones en beneficio de los organismos más democráticos y donde la ciudadanía tenía un acceso más fácil. Recientemente se ha extendido una teoría que afirma que dicho recorte de atribuciones en realidad no tuvo lugar en tiempos de Clístenes, sino que dicha transformación ocurrió más tarde, en época de las reformas radicales de Efialtes.
La Bulé (boul½) fue, quizá, la pieza más importante de toda la reforma de Clístenes. Ella era el eje y fundamento de la soberanía popular tan perseguida por Clístenes. La Bulé era el bastión de la ciudadanía frente a las presiones de la aristocracia concentrada en el Areópago. La Bulé se reunía en un edificio conocido como el Buleuterion (bouleuthpion).
La Bulé de Clístenes estuvo formada por quinientos representantes, conocidos como buletai(debido a esto, también fue conocida como el Consejo de los Quinientos), que correspondían cincuenta por cada tribu, elegidos por sorteo entre los propuestos por sus respectivos demós, como ya dijimos, en razón e la población de los mismos. Los buletas debían de ser mayores de treinta años y su cargo estaba limitado a un máximo de dos veces en la vida, siendo la duración del cargo de un año y estando prohibido que se ejerciese en años consecutivos. El sistema rotativo de la Bulé, que contrastaba profundamente con el Areópago donde los cargos eran vitalicios, tenía por objeto evitar los abusos de poder, imposibilitar la creación de una casta de dirigentes y sobre todo, asegurar que todo ciudadano ejerciese el cargo al menos una vez en su vida, siempre y cuando esta se desarrollase de forma normal.
La Bulé se convirtió rápidamente en uno de los organismos de mayor importancia de Atenas, hasta el punto, de que una de las últimas medidas adoptadas por Clístenes, en el 500 a.C., fue establecer un juramento para los buletas en el cual se les obligaba a velar por el bien de la comunidad. Esto además de a la importancia de la Bulé, hace referencia a la continua preocupación de Clístenes por evitar los abusos de poder y la perversión de su programa reformador.
La principal misión de la Bulé consistía en preparar las sesiones que posteriormente se discutirían en la Eklesía. Los asuntos ciudadanos eran en primer lugar tratados en la Bulé y si esta lo consideraba necesario elevados a la Eklesía, la cual decidía única y exclusivamente sobre los asuntos que la Bulé le tramitaba, de ahí el inmenso poder de este consejo. Una vez que la Eklesía tomaba su decisión, ésta era remitida a la Bulé que se encargaba de hacerla cumplir. La Bulé fue dotada de amplias competencias en materia financiera y administrativa.
La Bulé se constituyó como un Consejo permanente, pero la presencia de los quinientos consejeros en la ciudad durante un año era un aspecto totalmente inviable, además que el tener que reunirlos suponía una pérdida de tiempo y un derroche de medios, por lo que se instituyó un comisión permanente formada por cincuenta miembros conocidos como pritanos, que permanecía en el puesto durante la décima parte de un año (pritanía), momento en el cual se sorteaba a los nuevos cincuenta pritanos por un período de treinta y seis días. Al frente de cada pritanía se hallaba el epístato o presidente, que era igualmente elegido por sorteo (realizado a primera hora de la mañana) y cuyo mandato duraba un día. El epístato era la persona más importante de la ciudad, ya que en sus manos estaba la dirección de la misma, era él que tomaba las decisiones de urgencia y en el supuesto de que la Bulé y la Eklesía se reunieran en el mismo día, a él le correspondía presidir ambas. El sistema de las pritanías estuvo orientado desde un principio a limitar el poder del Areópago, ya que lo lógico hubiera sido utilizar este consejo como sustituto de la Bulé, dada su facilidad para reunirse (la mayoría de los miembros vivían en la capital) y el escaso número de los mismos.
El funcionamiento tan peculiar de la Bulé puede llevarnos a pensar que era el órgano político más elevado de Atenas, lo cual es falso, ya que esta categoría le correspondía a la Eklesía. Con anterioridad a la reforma de Clístenes, la composición real de la Eklesía en cada sesión era muy aleatoria, por lo que esto podía ser aprovechado por los diferentes líderes políticos si lograban asegurarse la asistencia de sus partidarios el día concreto en el que tuviera intención de presentar una propuesta determinada. Por este motivo se hizo necesaria la existencia de un orden del día previo para que todos supiesen los temas a tratar en la Asamblea, también era necesaria la prohibición de no tratar ningún tema que no estuviese en el orden del día previo. Clístenes se encontró con este problema, y ante la necesidad de dar esta potestad a un consejo, decidió crear uno nuevo, el Consejo de los Quinientos (o la Bulé), antes que dar semejante poder al Areópago, lo que sería equivalente a conceder de nuevo el poder a la aristocracia.
La Eklesía era una asamblea popular en la que la totalidad de los ciudadanos tomaban parte y en la que todos tenían voz y voto. Fue en este organismo donde Clístenes logró su sueño de plena soberanía del pueblo, ya que cualquier ciudadano podía hablar y ser escuchado en ella.
En su origen este organismo estaba dirigido por el arconte epónimo, pero Clístenes logró sustituirlo por el epístato de turno. La Eklesía debía ser convocada como mínimo una vez por cada pritanía, y en todos los casos en los que se produjese una emergencia. El lugar de reunión de la Eklesía se conocía como Pnyx, siendo lo más destacado del mismo la gran tribuna y gradas en las que se situaban los ciudadanos para exponer sus quejas o tomar la palabra.
La Eklesía fue situada por encima de la Bulé y desde luego por encima del Areópago, aunque como ya dijimos, sus decisiones estaban restringidas a los temas presentados por la Bulé. Sus atribuciones comprendían desde los asuntos económicos hasta las decisiones sobre la guerra o la paz. Era función de la Eklesía votar las magistraturas, así como realizar los juicios de residencia. También se dotó a este organismo con las atribuciones judiciales que se le habían arrebatado al Areópago en cuanto a los delitos de alta traición.En la Eklesía el ideal de democracia alcanzó su máxima expresión, los ciudadanos, en completa igualdad gobernaban en común su propio estado gracias al compromiso de la totalidad con la comunidad.

La Heliea...Se conoce con este nombre al Tribunal Popular cuya misión consistía en juzgar los delitos comunes y las apelaciones a los delitos menores, mientras que los delitos de mayor gravedad fueron competencia de la Eklesía. Este tribunal era anterior a Clístenes, el cual sólo llevó a cabo una reorganización del mismo mediante la cual sus seis mil miembros se distribuyeron en diez tribunales de quinientos miembros, pasando los mil restantes a configurarse como suplentes.


Dos fueron la grandes magistraturas de Atenas, los Arcontes y los Estrategas. La primera, la más alta magistratura del Estado, era ejercida desde siempre por la nobleza. Este carácter aristocrático y poco democrático fue atacado por Clístenes, el cual ante la imposibilidad de eliminar el cargo o de democratizarlo, desarrolló un proceso semejante al del Areópago. El número de arcontes fue elevado a diez, uno por cada tribu. Su función se limitó a un mero carácter administrativo como encargados de hacer valer las decisiones de la Eklesía. La única excepción a este sistema de arcontado fue el Arconte Polemarco, que mantuvo su puesto como comandante supremo del ejército.
Por otro lado, se encontraban los estrategas, elegidos de entre las tribus a razón de uno por cada tribu. Los estrategas dirigían cada uno de los regimientos aportados por las tribus. Todos ellos se encontraban por debajo de la autoridad suprema del Arconte Polemarco.
Las reformas de Clístenes no se limitaron a los aspectos ya comentados, en un intento de ruptura con la vieja tradición aristocrática, desarrolló un nuevo calendario cuya característica fundamental fue su independencia del religioso y que pasó a regir los asuntos de la vida política.
Clístenes creó un calendario dividido en diez períodos (pritanías), con el cual se regían los asuntos públicos y por el que se regían los turnos de alternancia política.

La reforma de Clístenes, pese a su intento de no romper definitivamente con la tradición aristocrática, supuso una auténtica revolución tanto en cuanto arrancó el poder a la nobleza (proceso que como vimos se inició con anterioridad, pero que fue ahora cuando se consolidó) para dejarlo en manos del pueblo. El propio Clístenes era consciente de esta amenaza, a la que se unía el que el antiguo tirano Hipias, amenazaba desde el exilio con recuperar el poder perdido. Por estos motivos, y con el fin de evitar que sus reformas fueran destruidas, Clístenes creó la institución del ostracismo.
El ostracismo consistía en la capacidad legal de la Eklesía para expulsar de Atenas a cualquiera al que la Asamblea considerase peligroso para la soberanía popular. El procedimiento era de una absoluta democracia, ya que una vez que se iniciaba el proceso, en la Eklesía, se procedía a una reunión de la ciudadanía en la cual cada individuo emitía un voto totalmente secreto en el que figuraba el nombre del ciudadano al que consideraba que debía apartar de la ciudad. Si alguna persona obtenía un mínimo de seis mil votos debería de abandonar el Ática en un máximo de diez días y permanecer alejado de la misma durante al menos diez años. Una condena al ostracismo no suponía la pérdida de la ciudadanía, ni de los bienes, ni siquiera la familia del condenado sufría ningún tipo de desprestigio, ya que transcurrido el plazo legal, el ciudadano podía regresar al Ática y recuperaría su posición anterior.
Clístenes introdujo la cicuta para el cumplimiento de la pena de muerte y abolió la tortura judicial para los ciudadanos libres.

La figura de Clístenes se convirtió en una de las más importantes de la tradición histórica griega al ser considerado, poco más o menos, como el padre del Estado de la Grecia Clásica. Clístenes supo entender e interpretar el sentir popular y desarrollar las demandas que el pueblo solicitaba desde hacía casi un siglo. Buena prueba de ello es que el Estado nacido de sus reformas perduró durante dos siglos. Con ello, Atenas pasó a ser el Estado más avanzado políticamente de su tiempo, y lo que a la larga fue más significativo, la cuna de la cultura occidental.
Logró su gran sueño, el introducir la igualdad entre los ciudadanos tanto en sus derechos como en la medida en la que cada uno tenía derecho a participar de la vida política de la comunidad. Supo resolver las posibles carencias de preparación de la ciudadanía, a la que entregaba la totalidad del poder, al establecer la colegialidad y el sistema rotatorio como bases incuestionables de sus reformas. Creó un laborioso aparato institucional y toda una batería de normas y reglas con las cuales la entrega total de poder al pueblo era viable y no corría el riesgo de quedar atascada en un sin fin de discusiones e intereses partidistas que bloquearan el Estado.
Clístenes, sin embargo, fue incapaz de acabar por completo con el poder de las clases privilegiadas y estas se beneficiaron de sus mayores riquezas para copar los puestos directivos del Estado, ya que Clístenes no tuvo en cuenta o no pudo evitar, que al ser cargos no retribuidos las clases más desfavorecidas tendrían dificultades para abandonar sus pobres ingresos y dedicarse a un trabajo por el que no recibirían salario, aunque fuese por el bien común. Esta reforma no llegaría hasta la época de Pericles, el cual asignaría un sueldo a los políticos. Por otro lado, Clístenes fue igualmente incapaz de acabar con las clases censitarias.
Según cuenta el propio Aristóteles, Clístenes no fue el inventor de la Democracia, ya que dicho término aún no se había acuñado en su época, pero si fue su precursor y el que sentó las bases para que legisladores posteriores pudieran desarrollar la democracia griega sobre los pilares por él dispuestos.

Bibliografía

  • FERNÁNDEZ URIEL, P.: Cuadernos de la UNED: Introducción a la Historia Antigua-II, El mundo griego vol I. Madrid: UNED, 1993.
  • FORREST, W.G. La democracia griega: trayectoria política del 800 al 400 a.C. Barcelona: Crítica, 1988.
  • GALLART, E.-DÍAZ DE MENDÍVIL, J. M.: Diccionario de la civilización griega, Barcelona: Larousse Planeta, 1996.
  • PETIT, P.: Historia de la Antigüedad, Barcelona: Labor, 1978.
    http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=clistenes-de-atenas#:~:text=Pol%C3%ADtico%20y%20reformador%20ateniense%20que,los%20ciudadanos%20atenienses%20a%20los
  • http://www.enciclonet.com/articulo/clistenes-de-atenas/