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sábado, 30 de noviembre de 2019

DELFOS Y SU ORÁCULO,MITOLOGIA Y ARTE

Rodeado de relatos misteriosos, el oráculo de Delfos fue, durante miles de años, uno de los enigmas más desconcertantes del mundo antiguo. Para el mundo griego, los oráculos eran fundamentales para su religión y su cultura;comerciantes, mendigos, filósofos, campesinos y reyes sabían de su existencia y acudían al santuario para saber lo que les deparaba el futuro. El recinto sagrado fue dedicado principalmente al Dios Apolo.

El principal motivo de veneración del santuario residía en la veracidad de sus vaticinios, siendo el oráculo de Delfos el más fiable de la época. Lo cierto es que los griegos tenían una fe ciega en el oráculo, si se equivocaba decían que se había interpretado mal.
Según la mitología griega, el culto tiene origen en la orden de acudir a ese lugar que Zeus dio a Apolo, su hijo, nada más nacer. Para el viaje le proporcionó un carro tirado por cisnes, pero éstos condujeron a Apolo al lejano país de los Hiperbóreos, una región situada en tierras desconocidas al norte de Tracia. El Dios tardó un año en presentarse el Delfos y lo hizo el verano cuando la naturaleza está exultante, a partir de entonces, todos los años se celebra la llegada de esa época con una hecatombe. Apolo antes de instalarse, debía matar al ser que lo custodiaba, una serpiente Pitón, de ahí sugiere el nombre de pitonisa con el que se denominaba a las mujeres que interpretaban el oráculo. Tras el triunfo de Apolo frente a la serpiente, se levantó un templo en su honor. La victoria final de Apolo, se celebrará periódicamente con unos juegos denominados juegos píticos. El oráculo se celebraba sólo el día 7 de cada mes, ya que se consideraba como la fecha de nacimiento de Apolo.

Cuando los peregrinos llegaban al pie del monte Parnaso, donde estaban la ciudad de Delfos y el recinto de Apolo, los recibía el próxenos, el embajador que cada polis tenía en el santuario y que atendía por igual a embajadores y a ciudadanos particulares. Hay que suponer que los días en que el recinto estaba abierto a consultas debía de concentrarse allí mucha gente, y que las colas para entrar eran constantes. Pero no todos tenían que esperar: ciudades como Atenas o Esparta disfrutaban del privilegio de la promanteia, la prioridad de consulta, de la que se beneficiaban tanto sus emisarios como los ciudadanos privados que los acompañaban.

A lo largo de esta avenida que lleva al templo de Apolo se suceden diversos edificios votivos, como el tesoro de los Atenienses, en la imagen, del siglo V a.C.
Lo primero que encontraban los viajeros, a un kilómetro y medio del recinto, era la zona conocida como Marmaria por los mármoles de los edificios allí construidos, entre ellos el templo circular de Atenea Pronaia. Luego los peregrinos pasaban por la fuente Castalia, que brotaba entre las dos piedras Fedríades («brillantes»), y se purificaban con sus aguas. Acto seguido entraban en procesión por la vía Sacra, ya en el interior del santuario propiamente dicho. Esta calzada ascendía por una pronunciada pendiente y estaba flanqueada por los tesoros de las más prominentes ciudades: Sición, Sifnos, Cnido, Tebas, Atenas, Corinto, Massalia. Los tesoros eran pequeños templos o capillas en los que se conservaban los exvotos y donaciones que los ciudadanos de una polis entregaban al santuario. Después la vía llegaba al templo de Apolo, más arriba del cual se encontraban la palestra, el gimnasio, el estadio y el teatro. Este edificio, con capacidad para unos 5.000 espectadores, acogía los certámenes artísticos de los juegos píticos, que se celebraban en honor de Apolo e incluían competiciones atléticas y celebraciones religiosas.

Los restos del templo de Apolo en Delfos datan del siglo IV a.C., cuando se levantó de nuevo después de que un terremoto destruyera el templo anterior.
Frente al templo estaba el altar para los sacrificios. Las consultas al oráculo se «pagaban» en forma de sacrificio o de pastel: el propio templo vendía los animales que debían sacrificarse y las tartas sagradas (pélanos). Aunque no se conocen las tarifas, es de suponer que el precio mínimo por la ofrenda sería asequible para un ciudadano medio. Sin embargo, los más pudientes solían ofrecer, además de un sacrificio, presentes como estatuas, trípodes y otros exvotos. Lógicamente, las tasas en forma de sacrificios o tartas que había que comprar para acceder al oráculo debían de ser mucho más elevadas para las consultas cívicas que para las privadas;poco sabemos de la organización en el interior del templo. Allí se encontraban la sacerdotisa pitia, por cuya boca hablaba Apolo, y el cuerpo de sacerdotes que la atendía y que se repartía las diferentes tareas. Aunque no se conocen con certeza las atribuciones de cada grupo, se cree que los hieréis se encargarían de los sacrificios; los prophetai se ocuparían de ayudar a la pitia e interpretar sus palabras, y los hósioi se cuidarían del culto.
El peregrino entraba en el templo a través del chresmographeion, donde se guardaba el archivo del santuario con la lista de consultantes, sus preguntas y respuestas, así como la lista de vencedores en los juegos píticos; probablemente allí formulaba su pregunta. Según la tradición, en la parte más recóndita del templo de Apolo había un lugar subterráneo, el ádyton, al que la pitia descendía, con una corona y un bastón de laurel, cuando le llegaba el momento de entrar en éxtasis y comunicarse con la divinidad. Se cuenta que ahí masticaba laurel, bebía agua de la fuente Casotis y se sentaba en un gran trípode situado sobre una grieta natural del suelo de la que salían vapores. Al inhalarlos, la sacerdotisa entraba en un frenesí o delirio gracias al cual pronunciaba las palabras, quizás incomprensibles, que los sacerdotes del templo escuchaban y escribían, y que luego se entregaban al consultante. Pero el ritual de la consulta tal como se ha descrito aquí presenta un problema: es tardío y se trata más bien de una elaboración esotérica de la realidad.Los relatos de diferentes historiadores griegos ofrecen una imagen muy distinta de cómo se desarrollaba.
Egeo, mítico rey de Atenas, consultando a la Pitia, el Oráculo délfico, que está sentada en un trípode

Plutarco, que además de historiador y biógrafo fue sacerdote de Apolo en Delfos, no sólo ignora el procedimiento descrito, sino que su narración es incompatible con el mismo. Este autor, que vivió a caballo de los siglos I y II d.C., explica que el ádyton estaba abierto a los consultantes y no era una habitación secreta; y no dice nada sobre el frenesí o trance de la pitia, ni sobre lo incoherente de sus palabras. Sólo en una ocasión refiere que la sacerdotisa se retira a un lugar subterráneo, pero ello sucede en un momento en el que se siente indispuesta y no logra profetizar, cosa que la lleva a la locura. Por su parte, el historiador Heródoto, que vivió en el siglo V a.C., relata la entrada del dirigente espartano Licurgo en el recinto de la sacerdotisa y afirma que ella le habla directamente, sin esperar siquiera a su pregunta y, de hecho, le dicta la constitución espartana. También Jenofonte parece tener una relación directa con la pitia cuando, a finales del siglo V a.C., le pregunta a qué dioses debe encomendarse para tener éxito en el viaje que luego narrará en su Anábasis, el épico itinerario de un ejército de mercenarios griegos a través del Imperio persa.
Es más, algunos ejemplos de consultas históricas que se conservan presuponen no sólo que la pitia estaba presente ante los consultantes, sino que se dirigía directamente a ellos, como cuando los atenienses le solicitaron que escogiera los nombres de las diez tribus de su ciudad, o cuando los tesalios le pidieron que eligiera a un rey. Al parecer, en ambos casos se ofreció a la sacerdotisa una urna con distintos nombres para que ella eligiese. En definitiva, lo que ocurría dentro del templo y la manera en que actuaba la profetisa constituye un misterio. En cuanto al origen de su inspiración, se ha intentado explicar por el uso de sustancias psicoactivas que podían estar presentes en el agua o el laurel, o por algún vapor que actuara sobre su conducta (parece que está confirmada la existencia de etileno en el subsuelo de Delfos). Incluso hay quien afirma que pudo recurrir al hipnotismo o algún tipo de sugestión.
Orestes en Delfos
Después de la consulta, el peregrino regresaba al chresmographeion, donde los prophetai le entregaban por escrito un informe oficial y la respuesta del oráculo interpretada y formulada solemnemente, a menudo en verso. Tras esto emprendía el viaje de regreso a casa, tan peligroso como el itinerario de ida.

La sibila de Delfos, fresco de Miguel Ángel (1475-1564) en la bóveda Capilla Sixtina.
Las pitonisas eran escogidas y entrenadas desde muy pequeñas por los sacerdotes, tenían que tener ciertas cualidades y vivir rodeada de pureza física, psíquica y espiritual, generalmente, las pitias ostentaban su cargo de manera vitalicia.
Para entrar en el ádyton, se sometían al ayuno y la purificación mediante una baño ritual en las aguas del manantial de Castalia y masticando hojas de laurel. El templo de Apolo era el lugar  donde la pitonisa daba consejos. La pitonisa entraba en la zona más profunda y misteriosa del templo, allí se sentaba en un trípode y comenzaban los mensajes. La manera que tenían de revelar los mensajes las pitias nos la cuentan numerosos historiadores y filósofos como Cicerón, Plinio o Estrabón.
Todos coinciden en lo mismo, la pitonisa aspiraba unos gases que emanaban desde una grieta que provenía del fondo de la tierra, de esta forma la pitonisa entraba en una forma de trance delirando y gritando, incluso con espuma en la boca, de esta forma revelaba el mensaje de Apolo.
Muchos científicos dan respuesta al mito del oráculo y se han puesto de acuerdo en que lo sucedido a las pítias no es más que la inhalación de gases narcóticos, como el etano, que fluyen por las grietas producidas por las fallas que hay debajo del templo, y hacen que entren en una especie de trance.


Las Excavaciones
En 1676 Jacques Spon (francés) y Geroge Wheler (inglés) llegaron al emplazamiento del santuario convertido en un poblado llamado en ese momento Castri. En su visita por el lugar se fijaron en muchas inscripciones en la iglesia de un monasterio que había sido construida justamente sobre los muros del antiguo gimnasio. En estas inscripciones leyeron la palabra Delphi. Lo mismo les ocurrió en algunas casas del poblado. En estos años no pasó de ser una noticia para los historiadores; no hubo excavaciones.


Pasados dos siglos, en 1840, un arqueólogo alemán llamado Karl Otfried Müller trabajó en esta zona y descubrió entre las casas del poblado una parte del gran muro poligonal del recinto del santuario.
El descubrimiento fue una llamada a seguir trabajando. Llegaron más arqueólogos franceses y alemanes, que fueron poco a poco descubriendo indicios y vestigios de la joya arqueológica que se escondía en aquel lugar. Pero la tarea era muy difícil, pues la presencia del poblado impedía hacer excavaciones en serio. 
Empezaron entonces los tratos y los proyectos para trasladar a otro sitio todo el poblamiento de Castri, hasta que en 1881 hubo un acuerdo entre el gobierno griego y el gobierno francés (muy interesado en las excavaciones) para expropiar, trasladar y reconstruir el nuevo emplazamiento, la ciudad actual llamada Dhifis (Delfos). Comenzó una gran actividad arqueológica dirigida por el jefe de la Escuela Francesa de Arqueología de Atenas, Téophile Homolle. 
Fueron apareciendo piezas restos de estatuas criselefantinas (es decir, estatuas que tenían la cara, las manos y los pies de marfil y el cabello de oro), piedras de edificios, columnas rotas, etc. Después vinieron las restauraciones llevadas a cabo por la Escuela Francesa de Arqueología, con las subvenciones del Ayuntamiento de Atenas y aportaciones particulares de ciudadanos griegos.
De esta forma vieron la restauración:
El Tesoro de los Atenienses que fue reconstruido pieza a pieza

 Templo de Apolo, del que apenas se conserva algunas columnas.

Estadio, que es el mejor conservado de la Antigüedad.

Teatro de Delfos



Tholos o santuario de Atenea.




La fuente Castalia.




Ágora romana.




Altar de Quíos.

Altar de Apolo

Muchas de las piezas fueron llevadas al museo de Delfos que, en la actualidad, es uno de los más ricos de Grecia: entre otras el famoso Auriga, de bronce, tamaño natural ofrendado por Polyzelos; la Esfinge de Naxos, los Mellizos de Argos y una copia romana del Ónfalos que era la piedra en forma de huevo que señalaba el centro u "ombligo del mundo" en Delfos y que fue encontrado durante las excavaciones hechas en el templo de Apolo.

Auriga de Delfos

Esfinge de Naxos

Mellizos de Argos (Cléobis y Bitón)
Onfalo de Delfos



jueves, 21 de noviembre de 2019

EL TEMPLO DE APOLO EN DELFOS


Las ruinas del Templo de Apolo en Delfos, que se remontan al siglo IV a. C., pertenecen a un templo dórico. Fue edificado sobre los restos de un templo anterior, fechado en el siglo VI a. C., que a su vez fue erigido en el emplazamiento de otro del siglo VII a. C. Su construcción se atribuye a los arquitectos Trofonio y Agamedes.
En el siglo VI a. C. era conocido como el "Templo de los Alcmeónidas", en tributo a la familia ateniense que financió su reconstrucción después de un incendio que destruyó su estructura original. El nuevo edificio fue un templo de estilo dórico hexástilo de 6 x 15 columnas. Fue destruido en el año 373 a. C. Las esculturas del frontón son atribuidas a Praxias y Andróstenes, atenienses. De una proporción similar, en el segundo templo se mantuvo el patrón de columnas en el estilobato.​ Dentro estaba el ádyton, el centro del oráculo de Delfos y el asiento de la Pitia. El monumento fue restaurado en parte en 1938.
Sobrevivió hasta el 390, año en el que el emperador cristiano, Teodosio I, silenció el oráculo con la destrucción del templo y la mayoría de las estatuas y obras de arte en nombre de la Cristiandad. El santuario fue completamente destruido por los cristianos celosos de su fe, en su intento de borrar todas las huellas del paganismo.


​En la vertiente oriental del macizo del Parnaso, al norte del golfo de Corinto, se alzaba el templo de Apolo.
El Parnaso, montaña cortada por profundas gargantas inaccesibles, se consideró desde los tiempos más remotos la sede de las Musas.
De uno de los lados del Parnaso, a los pies de los picos Fedríades (‘los Brillantes’), que dominaban Delfos, manaba el arroyo que alimentaba la fuente Castalia.
En las aguas de este manantial tenían que bañarse los peregrinos, en un rito de purificación, antes de acceder al templo para consultar el oráculo de Apolo.
Según el himno homérico de Apolo Pitio, el dios llegó "a Crisa, bajo el Parnaso nevado, a la pendiente vuelta hacia el Céfiro; por encima domina una gran roca y por debajo corre una sima hueca: aquí el divino Apolo decidió erigir un bello templo (...) que sea para los hombres un oráculo".
La garganta por la que corría el río Pleistos, daba paso al vasto complejo arqueológico de la antigua Delfos.



Antes de que se asentara el culto de Apolo en Delfos, "reinaba" una divinidad femenina, Gea (la Tierra), representada como diosa-serpiente.
Según el mito narrado en el himno homérico de Apolo, un dragón (según unas fuentes Gea, según otras su hija Temis) vivía en Delfos junto a la fuente Castalia.
""de fuerza denodada, corpulento, enorme fiera salvaje que provocaba grandes desgracias a los hombres en la tierra (...) Fue este dragón quien acogió y alimentó al feroz y tremendo Tifón, pesadilla de los mortales, hijo de Hera, la del dorado trono"".


Tifón, en la mitología griega, personificaba a los terremotos y a las erupciones volcánicas. Apolo lo mató y dejó que el brillante Hiperión (el Sol) lo pudriera en griego antiguo: pytho. De aquí el nombre de Pitio con el que también se designó al dios.
Muerto el monstruo, Apolo neutralizó los últimos intentos de Gea por conservar la supremacía del sacro lugar, convirtiéndose en señor absoluto, no sin antes haber abandonado la región durante un tiempo para purificarse del crimen, porque también los dioses debían someterse a la ley común de los homicidas (deicida en este caso). Volvió y tomó posesión del lugar y de su omnipotente oráculo.
Una versión del mito cuenta que desembarcó con un grupo de habitantes de Cnosos, que había llevado consigo para que constituyesen el clero de su oráculo en las cercanías de Crisa, la ciudad que durante cierto periodo prevaleció sobre Delfos.


La ocupación del lugar de Delfos se remonta al neolítico, al quinto y al cuarto milenio a. C.
Se ha encontrado algún resto o utensilio de piedra en los alrededores del santuario de Atenea Pronaicos, del de Hermes y al oeste del templo de Apolo.
En torno a este santuario, que figura desde los orígenes como el corazón de Delfos, se han descubierto también fragmentos de vasijas que se remontan al periodo heládico antiguo (3000-2000 a. C.) y al heládico medio (2000 a. C.-1600 a. C.) al sur y al este del templo.



Hasta el período heládico reciente (o época micénica ), parece que no haya habido más que habitáculos de pastores hechos con maderas y ramas. No hay pruebas de que existiera entonces un lugar de culto, un santuario de carácter oracular. Parece que las leyendas de la fundación se sitúan en esta época, y en particular la que narra Diodoro Sículo referente a la presencia de los pastores.
Por otra parte, Pausanias recoge una antigua creencia, según la cual ha habido cuatro templos antes de la época clásica, en el mismo lugar donde se edifica el de Apolo del siglo IV a. C.:
El primero, construido con ramas de laurel traídas del valle de Tempe, en la Tesalia septentrional, que simulaba una colina. De la época heládica media o antigua.
El segundo, levantado por abejas con cera y plumas. Sería un edificio de forma alveolar, semejante a las tumbas- tholos micénicas.
El tercero, de bronce, erigido por el dios Hefesto. Podría relacionarse con un santuario adornado en bronce del siglo XIII a. C.
El cuarto, en piedra, construido por los legendarios arquitectos mencionados antes, originarios de Orcómeno, en Beocia, contemporáneos de la guerra de Troya. Habría que situarlo en la última parte de la época micénica, o en el periodo llamado geométrico, es decir, los siglos XII al X a. C.
Las excavaciones han descubierto alrededor del templo de Apolo edificios rectangulares en forma de ábside que se remontan a los siglos XIII y XII a. C. Se supone que en el lugar del propio templo se encontraba un megarón, residencia del jefe del pueblo, pero no hay constancia arqueológica.
Otras tumbas se han hallado al oeste del santuario, hacia la Marmaria. Y es aquí donde se han hallado las huellas más concretas de la presencia de un lugar de culto. Parece ser que se trataba de un santuario dedicado a la Atenea prehelénica, pues Gea debía tener su culto en el lugar donde se está el templo de Apolo.
Las construcciones eran de albarradas y de adobe.
Han aparecido muchas estatuillas de sacerdotisas o divinidades. Una de las más importantes es de una mujer desnuda, sentada sobre un trípode con las piernas separadas. Es el primer testimonio de la presencia de una profetisa en el abismo oracular. El número de ídolos y en particular figuritas en forma de toro que se han localizado en los cimientos del templo de Apolo, permite suponer que ya era un lugar de culto, más que la sede de un jefe.
En el mismo lugar se ha hallado un fragmento de ritón, recipiente que termina en cabeza de león, de origen cretense. La construcción es la de la prehistórica Pitón.
No se sabe con certeza cuándo Apolo se asentó allí.
La cerámica prueba que existe una continuidad de ocupación del lugar durante el periodo llamado oscuro o dórico, que corresponde en términos arqueológicos al submicénico ( 1100 - 1025 a. C., al protogeométrico (1025 - 900) y al comienzo del geométrico propiamente dicho, que va del 900 al 700 a. C.
Se piensa que Apolo se apropió del santuario a lo largo de estos siglos, pero sin llegar a sustituir a un antiguo dios, llamado Peán o Peane.
Además, es desconcertante constatar que el resto de las huellas del culto de Apolo délfico en época histórica se hallen sólo en Creta, y por lo tanto sería de donde partió Apolo para establecerse en Delfos, lo que nos lleva a la época micénica.
En los tiempos de Homero, en el siglo VIII a. C. lo más tarde, Apolo reinaba en Delfos y en la Odisea vemos que Agamenón consulta el oráculo de "Febo Apolo en la buena Pitia", lo que nos conduce al final de la época micénica, aunque podría tratarse perfectamente de un anacronismo.
Sin duda, es cuando Delfos entra en la anfictionía de Antela, junto a las Termópilas, cuyo centro era el santuario de Deméter Pilaia.
La anfictionía era una confederación de pueblos griegos, de carácter religioso, en torno a un santuario.



En el año 600 a. C. estalló la primera guerra sagrada que duró diez años. Las gentes de Cirra, el puerto por el que accedían numerosos peregrinos que se dirigían a Delfos, impusieron a éstos unas tasas tan gravosas que perjudicaron a los delfios, hasta tal punto que la anfictionía declaró la guerra a Cirra.
Después de luchas prolongadas e inciertas, Cirra quedó destruida y su territorio fue confiscado en beneficio del santuario. Los delfios se quedaron como dueños del oráculo, la anfictionía asumió la administración del santuario.
En el 548 a. C. el antiguo templo de Trofonio y Agamedes se incendió. Se construyó otro empleando grandes medios, que fue terminado en el 510 a. C.
Cuando tuvieron lugar las Guerras Médicas, el oráculo se mostró tan pesimista que fue acusado de filopersa.
En el 480 a. C., los persas enviaron tropas para intentar conquistar Delfos, pero fueron puestas en fuga por una violenta tempestad.
Los focidios se adueñaron del santuario en el 448 a. C. con ayuda de los atenienses, y ésta fue la causa de la segunda guerra sagrada. La intervención espartana del año siguiente no impidió que los focidios conservaran la supremacía política de Delfos, gracias a la ayuda de Pericles.
Hasta el 421 a. C., tras la paz de Nicias, en plena guerra del Peloponeso, Delfos no recuperó su independencia.
La avalancha de rocas de los montes Fedríades, a consecuencia de un terremoto, destruyó en parte el templo, cuya reconstrucción no se inició hasta el año 369 a. C.
Los focidios desencadenaron la tercera guerra sagrada en el 346 a. C., ocupando Delfos y atrincherándose allí. Permanecieron como dueños del oráculo durante 10 años.
Sobre el 352 a. C., se reemprendieron los trabajos de reconstrucción del templo.
Expulsados por Filipo II de Macedonia, los foceos se vieron obligados a pagar una gravosa indemnización y perdieron sus votos en la anfictionía, donde entró Filipo, que había incluido a Macedonia en la anfictionía.
La cuarta guerra sagrada empezó en el 339 a. C. Los locrios de Anfípolis, que habían cultivado la llanura de Cirra pretendían cobrar una tasa a los peregrinos.
En el 328 a. C., Filipo II intervino y puso fin a esta última guerra sagrada con la derrota de los locrios.
Todos estos incidentes impidieron que la restauración del templo no se concluyese hasta el 330 a. C.
La expansión de los celtas, asentados al norte de los Balcanes en el siglo IV a. C., constituía una amenaza para Grecia. Macedonia los mantenía a raya, pero hacia el 280 a. C. las luchas intestinas del antiguo reino de Macedonia de Filipo y de Alejandro debilitaron este escudo helénico.
Los celtas, que en los textos griegos son denominados gálatas, en el año 279 a. C. derrotaron a los macedonios, matando a Ptolomeo Cerauno. El camino hacia Grecia estaba expedito. Los celtas cayeron sobre Tesalia a las órdenes de Breno, llegaron hasta las Termópilas; donde en un principio fueron contenidos, para después retirarse.
Esta campaña tuvo lugar en invierno, con el Parnaso nevado. Estas condiciones climáticas unido al apoyo etolio y de los focidios, salvaron el templo.
Breno, herido, se retiró de la lucha. La leyenda asegura que Atenea y Artemisa, intervinieron en la batalla, y que las piedras caídas del Parnaso, lanzadas sin duda por los griegos apostados en las alturas, sembraron el pánico entre los gálatas. Antes de retirarse, saquearon los templos de Marmaria.
Durante todo el siglo III a. C. y hasta el 168 a. C., el santuario estuvo controlado por la Liga Etolia. Época aún importante para el santuario de Apolo, gracias sobre todo a las dádivas de los reyes de Pérgamo, que también construyeron un pórtico, al igual que los etolios.
En el 167 a. C., los romanos, tras la victoria sobre Perseo, su último rey, hicieron de Macedonia una provincia y controlaron Delfos.
En el 86 a. C., mientras Sila guerreaba contra Mitrídates, rey del Ponto en Asia Menor, se obligó a los delfios a entregar las ofrendas en oro para financiar sus campañas.
En el 83 a. C., un pueblo de Tracia, los medos, saquearon el santuario e incendiaron el techo.
Bajo la protección de Augusto, el templo recuperó cierta brillantez, a pesar de los saqueos sufridos en el siglo I, existían aún el santuario 3.000 estatuas.
Nerón, en el 67, retiró casi 500 estatuas y dividió la llanura de Cirra ente sus legionarios.
El templo se restauró en el 87 bajo el emperador Domiciano.
En el siglo II, los Antoninos, y especialmente Adriano, fueron verdaderos benefactores del santuario. Su contemporáneo, Herodes Ático, un rico griego originario de Maratón y amigo de Adriano, hizo construir a sus expensas las gradas de piedra del estadio. Por otro lado, el oráculo estaba en plena decadencia. Anteriormente, eran las ciudades las que acudían a consultarlo, ahora son las particulares los que plantean sus problemas personales.
Aunque los delfios, erigieron dos estatuas en honor de Constantino (306-337), éste expolió el santuario y se llevó el trípode de Platea (consagrado tras la batalla en el 479 a. C.) para adornar su nueva capital, Constantinopla.
El emperador romano Juliano el Apóstata (361-363) intentó en vano dar una cierta vida al templo, que fue cerrado en el 394 tras el edicto de Teodosio, que prohibía los cultos considerados paganos. Entonces en Delfos, se asentó un obispo y en el siglo siguiente se construyó una basílica al oeste del santuario abandonado.

Resumiendo,el templo más antiguo, destruido por un incendio en el 348 a. C., fue obra de los legendarios arquitectos: Trofonio y Agamedes.
Fue reemplazado por el que mandó construir la familia ateniense de los Alcmeónidas, al final del siglo VI a. C. Se derrumbó tras un violento terremoto en el 373 a. C.
Entre el 373 a. C. y el 340 a. C., se construyó el edificio del que pueden verse los restos.
Construido en estilo dórico, disponía de seis columnas de toba en el frente y quince en los lados.
Se accedía mediante tres escalones. La parte meridional se apoyaba sobre una muralla, que a su vez descansaba en una terraza inferior sostenida por un muro poligonal.
Sobre esta terraza, entre otros edificios, se encontraba probablemente, la sede de la Pitia.
En la sala subterránea del templo (el ádyton), donde estaba ubicado el ónfalo y borboteaba el agua de la fuente Casótide, la sacerdotisa de Apolo pronunciaba sus oráculos sibilinos, que los sacerdotes interpretaban y transcribían.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/delfos-oraculo-dios-apolo_7276
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http://algargosarte.blogspot.com/2017/10/el-santuario-de-apolo-en-delfos-informe.html
https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-antigua/20191017/47900462955/delfos-gracia-clasica-oraculo.html