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sábado, 21 de enero de 2017

ISABEL I DE INGLATERRA Y SU GUARDARROPA


Isabel I de Inglaterra, a menudo conocida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess, fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte, el 24 de marzo de 1603. Isabel fue la quinta y última monarca de la dinastía Tudor. Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus medio hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.


Isabel con vestiduras de coronación: el manto de tela de oro está sembrado con las rosas Tudor y forrado de armiño



La reina Isabel tenía una extraña habilidad para usar cualquier situación para su beneficio político y su imagen no fue una excepción. Era muy consciente de su apariencia personal y sabía que sus actos y su imagen juntos formaban su identidad, lo cual en conjunto se convertiría en un símbolo para la empresa completa de Inglaterra. Su imagen estaba cuidadosamente trabajada para impresionar y transmitir riqueza, autoridad y poder, tanto en su tierra como en el extranjero. A medida que su reinado avanzaba, también debía vestirse para la parte de diosa virginal en que se había convertido y transmitir confianza para el crecimiento de la nación. Su guardarropa estaba lleno de vestidos de rica fabricación adornados con joyas y elaborados detalles, lo cual era francamente imponente y hablaba enormemente acerca de su riqueza y su estatus.




1560: Isabel usa la “bolsa” de su capucha francesa sobre la frente como un bongrace o sombra.



El vasto vestuario de Isabel I es legendario: en su propia época algunos de los vestidos ricamente bordados eran mostrados con otros tesoros para deslumbrar a los visitantes extranjeros de la Torre de Londres. La cantidad de ropa registrada en los inventarios tomados en el año 1600 parece sugerir pura vanidad, pero una encuesta de la labor llevada a cabo en Wardrobe of Robes durante todo el reinado muestra una imagen diferente. Es una cuidada organización y economía.




1563



La auto-elaboración de la imagen de la reina implicó, literalmente, el uso de la "moda". Ella vestía para ser vista; sus ricas vestiduras y joyas hacían una declaración acerca de su poder como gobernante femenino y sobre la estabilidad y la fuerza de su nación. Su impacto era notado especialmente por los visitantes extranjeros en la corte. Los alemanes hablaban de su "túnica roja entretejida con hilos de oro" y su vestido "de satén blanco puro, bordado en oro". Un francés reportó sobre "una cadena de rubíes y perlas alrededor de su cuello" y sus brazaletes de perlas, "seis o siete filas de ellos."




1570



Isabel también exigía un sentido del estilo a todos aquellos que la rodeaban y sus cortesanos gastaban grandes sumas de dinero en su vestuario con el fin de atraer la atención de la soberana e impresionarla. El vestido era un medio de mostrar la jerarquía social e Isabel creía que la vestimenta debía adecuarse, pero no exceder, el rango de una persona. Era así que la reina debía vestir de manera más magnífica que todos los demás. A nadie se le permitía competir con la apariencia de la soberana y una dama de honor desafortunada fue reprendida por usar un vestido que era demasiado suntuoso para ella. Las camareras estaban destinadas a complementar la apariencia de la reina, no a eclipsarla.




Isabel de blanco


En los últimos años del reinado, las damas de la reina llevaban vestidos de colores lisos, como blanco o plateado. La reina, en cambio, tenía los vestidos de todos los colores, pero blanco y negro fueron sus colores favoritos, ya que simbolizaban la virginidad y la pureza, por lo que más a menudo llevaba un vestido de esos colores. Los vestidos de la reina estaban magníficamente bordados a mano con todo tipo de hilos de colores y decorados con diamantes, rubíes, zafiros y todo tipo de joyas.



Isabel de blanco y negro


La apariencia de Isabel hacía hincapié en su rango como jefe de Estado y de la Iglesia y el uso de vestidos ricos, pieles de marta, bordados de oro o perlas y todo tipo de oropeles estaba marcado por restricciones legales. Las llamadas “Leyes Suntuarias” habían sido publicadas originalmente por Enrique VIII y continuaron bajo Isabel I hasta 1600. Fueron promulgadas para imponer el orden y la obediencia a la Corona y para permitir la evaluación del status de un vistazo.



1575


Al igual que todas las mujeres aristocráticas isabelinas, la reina normalmente usaría una camisa, un corsé rígido con madera o hierro, una enagua, un guardainfante, medias, una toga, mangas y gorgueras en cuello y muñeca. Con el descubrimiento del almidón, las gorgueras se hicieron aún más elaboradas. Para completar su apariencia, la reina llevaría accesorios tales como un abanico, un pomo para evitar malos olores, aretes, un collar de diamantes o perlas, un broche y un reloj. Robert Dudley le regaló un reloj encastrado en un brazalete, el primer reloj de pulsera conocido en Inglaterra. Al igual que otras mujeres, ella también solía llevar un Libro de Plegarias en miniatura adjunto a su cinturón.



Para el aire libre, Isabel usaba ricas capas de terciopelo, guantes de tela o cuero y, en un clima cálido, protegía su pálido rostro del sol con sombreros de todas clases. Para cabalgar o cazar se ponía trajes de montar especiales que le dieran facilitad de movimientos y botas hasta la rodilla.




1580



Como el amor de Isabel por la ropa y la joyería se convirtió en conocimiento público, se incrementaron los regalos que recibía en Año Nuevo en este sentido. Por ejemplo, el 1º de enero de 1587, la reina recibió más de 80 piezas de joyería, incluso magníficas joyas de parte de sus muchos pretendientes. Del inventario compilado por Mrs. Blanche Parry, en su retiro en 1587 como dama de cámara de Isabel, sabemos que la reina tenía en ese momento 628 piezas de joyería.




1583



Esta entrega de regalos ayudó con los gastos de mantenimiento de su espléndido vestuario, al igual que la práctica de alterar prendas con nuevas mangas, corpiños o collares para actualizarlos. Poco del vestuario total de Isabel ha sobrevivido: vestidos y accesorios fueron reciclados, reutilizados, dados como regalos o usados como pago a las damas de su servicio. Sin embargo, cuentas detalladas del Guardarropa Real fueron mantenidas, detallando el tipo, la cantidad y los costos de la tela comprada, los proveedores utilizados y el tipo de prenda producida. A su muerte, más de 2000 trajes se registraron en guardarropa de Isabel. Estas cuentas y retratos de la época han proporcionado gran parte de la información disponible hoy sobre el vestuario isabelino.




1585



Como la mujer más poderosa de la nación, el gusto de Isabel establecía el ‘look’ del momento, sobre todo para la aristocracia. Este estilo se desarrolló a lo largo de su reinado, desde las elegantes y sobrias líneas de moda en su juventud hasta las cinturas estrechas, mangas hinchadas, gran engolado y amplio vuelo de faldas de sus últimos años. La influencia de Isabel se extendió más allá de la ropa femenina. En su reinado temprano, la moda masculina era muy similar a la que había sido bajo su padre y su hermano, favoreciendo una silueta ancha y cuadrada con capas de ropa hechas de ricas telas. Como el vestuario de Isabel se convirtió en más opulento y elaborado, con una silueta más y más exagerada, pasó lo mismo con sus cortesanos. Los hombres usaban corsés para tener una cintura ceñida y rellenaban los dobletes, lo que les hacía un vientre en punta, como un guisante en una vaina.




1587: las vestiduras de terciopelo rojo y el manto forrado de armiño constituyen el atuendo del Parlamento.


El ideal isabelino de la belleza era el pelo rubio, la tez pálida, ojos brillantes y labios rojos. Isabel era alta y llamativa, con la piel pálida y cabello rojo-dorado. Ella exageraba estas características, especialmente cuando envejecía, y otras mujeres trataban de emularla. Un cutis de alabastro simbolizaba riqueza y nobleza (indicando que uno no tenía que trabajar bajo el sol) y las mujeres se esforzaban mucho para lograr este look. La base blanca más popular, llamada albayalde, era hecha de plomo blanco y vinagre. Eran utilizados brebajes para blanquear las pecas y tratar manchas con ingredientes que incluían azufre, trementina y mercurio. Estos ingredientes tóxicos se hicieron sentir con el uso, dejando la piel “gris y arrugada”, como señaló un comentarista contemporáneo. Para combatir esto, la piel era glaseada con clara de huevo cruda para producir una superficie lisa y dura como el mármol.


Venas falsas eran pintadas con frecuencia sobre la piel para resaltar su “transparencia” y el bermellón (sulfuro de mercurio) era la opción más popular para colorear de rojo los labios. Altas y estrechas cejas arqueadas y una alta línea capilar requería mucho punteo y los ojos se iluminaban con gotas de jugo de belladona y delineaban con kohl (antimonio en polvo).




1588



La reina nunca estaba completamente vestida sin su maquillaje. En los primeros años de su vida usaba poco, pero después de su ataque de viruela en 1562, se pondría bastante para ocultar las cicatrices en su rostro. Seguía la moda: se pintaba la cara con albayalde, se ponía bermellón en los labios y cubría sus mejillas con colorante rojo y clara de huevo. Este maquillaje era muy malo para su salud, en particular el blanco de plomo, que lentamente envenenaba el cuerpo.




1589


El cabello rizado y rojo de Isabel presentaba otro desafío, con muchas recetas de tintura y blanqueo aportadas por mujeres que trataban de obtener el mismo look. Las pelucas rojas se convirtieron en la alternativa popular, que Isabel también tuvo que usar. Cuando Isabel envejeció, su legendario gusto por los dulces le tendió una trampa, provocando que sus dientes decayeran hacia las caries. Mientras que los isabelinos trataban de cuidar sus dientes y sabían que para mantenerlos limpios había que mantenerlos sanos, no tenían cuidado dental muy sofisticado y los dientes se pudrían. Como consecuencia de ello, Isabel tuvo que eliminar varios dientes a medida que fue madurando y para prevenir la aparición de las mejillas hundidas, metía trapos en su boca. Su influencia en aquel momento era tan omnipresente que algunas mujeres incluso fueron tan lejos hasta ensombrecer sus dientes para imitar su apariencia!.






1590




1592






1592




1600
http://www.mujeresenlahistoria.com/2013/12/la-reina-virgen-isabel-i-de-inglaterra.html
http://www.viajejet.com/wp-content/viajes/Isabel-I-de-Inglaterra.jpg
http://nobleyreal.blogspot.com.es/2012/04/el-guardarropa-de-la-reina-virgen.html
http://www.elmundo.es/larevista/num158/textos/reina1.html

martes, 26 de julio de 2016

EL FARO DE EDDYSTONE...EL CENTINELA DE CORNUALLES




Es el faro más famoso de los hasta ahora construidos por su accidentada historia y por ser modelo de construcción para el resto de los edificados en mar abierto, se asienta en una zona azotada por tormentas sobre un peligroso arrecife, el cual constituye un obstáculo para el tráfico marítimo. La estructura actual corresponde al cuarto faro que se edifica en el mismo lugar.
Smeaton ha pasado a la posteridad por haber levantado el faro de Eddystone, magna obra de ingeniería civil en la que introdujo dos grandes innovaciones personales: el material empleado (concreto o cal hidráulica) y la forma de colocar los bloques de granito.
Durante siglos, los faros levantados en dicho emplazamiento eran derribados por la fuerza de las tormentas, ya que se trataba de un sitio muy expuesto a los rigores del mar. Smeaton, para vencer esta dificultad, procedió a una minuciosa selección de los materiales que, a modo de mortero o argamasa, habrían de servirle para unir entre sí los distintos bloque de granito que pensaba emplear en la construcción del edificio.
Entre esos materiales seleccionados por el ingeniero de Austhorpe figuraba, en primer lugar, unas cales de excelente calidad, procedentes de Alberthaw (en Glamorgan, Brydostone), un lugar cercano a Plymouth, así como de Portland. Smeaton formó con estas cales, amasadas con agua, unos conglomerados con forma de esfera de unos cinco centímetros de diámetro, y los fue introduciendo en agua para proceder luego a observar su procedimiento cualitativo de endurecimiento. Halló, así, que las esferas que adquirían mayor dureza eran las fabricadas con calizas más impuras, mientras que las de color más claro (o sea, las formadas con cales de mayor pureza), eran menos resistentes al agua.
Sus experimentos le sirvieron también para descubrir el residuo arcilloso que dejaba la caliza calcinada al ser atacada por ácido nítrico. Pensó, entonces, que la capacidad de resistencia al efecto de desgaste ocasionado por el agua venía determinada cualitativamente por la mayor o menor presencia de dicho residuo arcilloso, y que esta arcilla debía reaccionar de alguna forma con la cal hidráulica obtenida a elevada temperatura (es decir, por medio de la calcinación) para dar algún compuestos (aún no determinado), que pudiera ser el responsable de su resistencia en el agua. Se adelantó, así, a la fabricación de los modernos morteros hidráulicos. El material cimentador creado por Smeaton era, pues, una mezcla de cal, arcilla, puzolana, arena y escoria de yeso que mejoraba notablemente la mezcla empleada hasta entonces en la construcción habitual, conocida como "cemento romano". Pero, además, la clave de la solidez del faro de Eddystone estriba en el sistema de colocación de su cantería que utilizó Smeaton, basado en un original bloqueo recíproco de las piedras que convierte la suma de cada una de ellas en un todo extremadamente sólido.
El primer faro realizado en Eddystone  en las Islas Británicas, es una estructura octogonal de madera realizada en el año 1696-98 por Henry Winstanley. En su  primer invierno ya sufrió desperfectos y acabo sustituyéndose por uno de planta dodecagonal.


En 1709 John Rudyard realiza un faro de madera con forma cónica realizado con un núcleo  de ladrillo y hormigón. Este faro dura hasta el año 1755 en el que sufre un incendio.




En 1756 John Smeaton realiza un faro de granito para sustituir a los anteriores realizados con madera y que habían sufrido distintos problemas. El planteamiento de Smeaton es conseguir un faro rígido que pueda hacer frente a los empujes del oleaje. Smeaton quiere realizar un faro en donde todas las piezas de granito trabajen conjuntamente y para ello consigue que se unan entre si de forma solidaria a través de colas de milano. Smeaton había sido un pionero en usar cales hidraúlicas que se endurecen bajo el agua, encontró que la calcinación de piedra caliza que contiene arcilla produjo una especie de cal que se endurecía bajo el agua; Smeaton utiliza cal hidráulica para construir el faro de Eddystone en Cornwall. Consiguió un  hormigón que fragua bajo el agua y que además no es soluble en ambiente marino y funciona sumergido: se adelantó a Vicat el descubridor de la mezcla del cemento moderno.
El faro Tenía una altura de 18 metros y su base un diámetro de 8 metros en la zona baja y de cinco metros en su parte alta. El faro contenía tres espacios habitables situados por encima de la línea de oleaje.

Las piedras se tallaban para poder ser unidas mediante colas de milano, esta disposición y ensamble obligó a la realización de muchas piezas distintas para poder ir cambiando el diámetro del faro al ir elevándose en altura.


La estructura actual es el cuarto faro construido en este lugar. El primero y segundo fueron destruidos. El tercero realizado por Smeaton, es el más conocido debido a su influencia en el diseño de los faros y por su importancia en el desarrollo de hormigón para la construcción y en especial por el hormigón que fragua bajo el agua y además no es soluble en ambiente marino y funciona sumergido. El faro de Smeaton resistía pero la roca sobre la que se apoyaba se erosionaba por la acción de las olas y se decidió su sustitución por una cuarta estructura .



Se construyó en el arrecife Eddystone a unos 40 metros al sur-este del lugar en el que se había realizado el de Smeaton. Se construyó en tres años y medio y fue diseñado y construido por James Douglas en 1882, Ingeniero en Jefe de la Trinity House.
Es el mayor de los faros que se construyó en este lugar y tiene 51 metros de altura y un alcance visual de 45 kilómetros. El faro tiene el doble de altura y es cuatro veces más masivo. Douglas realizó el faro en piedra y partió de los avances que Smeaton había ralizado para su estructura. Douglass usó piedras más grandes y de mejor calidad y encajaban con las piedras que le rodeaban, con lo que exigió una construcción con muchisima exactitud.

Durante los últimos 60 a 70 años una serie de cambios se han introducido a la torre. La energía eléctrica se introdujo en 1959 y se construyó un helipuerto sobre el faro en 1980 para permitir que el acceso del personal de mantenimiento.En 1982 se convirtió en el faro totalmente automático y es controlado desde la estación de señales de Penlee Point, cerca de Cawsand, Cornwall.