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martes, 17 de diciembre de 2019

LA MEDICINA Y LA FARMACIA EN EL SIGLO XVI


Si se puede considerar que la farmacia nace como profesión con los árabes y es bautizada como tal por Federico lI, es durante este siglo cuando va a alcanzar su mayoría de edad.
El farmacéutico del siglo XVI es ya un hombre de ciencia, que ejerce su profesión basándola en unos conocimientos adquiridos durante largos años de estudio y de práctica; que escribe numerosos libros profesionales (en este siglo aparecerán numerosas obras de farmacéuticos destinadas a otros farmacéuticos) y que participa activamente en la vida sanitaria de su comunidad, donde está muy bien considerado. Por otra parte, las autoridades comprenden que la farmacia es algo más que un ejercicio comercial, y exigen a los candidatos demostrar su aptitud para poder ejercer la profesión aprobando un duro examen de conocimientos. El examen de aptitud se vuelve obligatorio. Las oficinas de farmacia son muy semejantes a las de siglos anteriores. Aparecen numerosas referencias escritas a normas sobre su instalación: debían estar protegidas de los vientos, debían tener una cueva... incluso algunos autores nos las describen como casas de varios pisos: una azotea, la vivienda del boticario, la farmacia y su laboratorio, y la cueva.
Su interior lo conocemos a través de grabados de la época: concretamente existe un grabado de 1548 en la que se muestra una botica germánica: en las paredes hay estanterías con recipientes de madera en los que el nombre del medicamento que contiene no aparece escrito, ya que era considerado un secreto, sino que aparece representado por un signo convencional.
Del techo cuelgan en un semicírculo las balanzas; también cuelgan distintos animales: caimanes, tortugas, escorpiones... usados en la preparación de medicamentos, sacos donde se guardan las drogas y manojos de hierbas medicinales.
Aparece un recipiente donde se recogía la sangre de las sangría.
Aparece representado un mortero llamado germánico, el cual es más ancho por arriba que en su base, mas alto que ancho y con un asa a cada lado. Y se ve al farmacéutico trabajando con ese mortero.
En este siglo va a aumentar considerablemente el número de los medicamentos usados al incorporarse a las farmacopeas los que se traigan de América (zarzaparrilla, guayaco, raíz china, palo santo...) y los químicos introducidos por Paracelso (S, Hg, Sb, y menos asiduamente Fe, y Cu). La tierra sellada se uso contra la peste. La Panacea Amualdiana hecha a base de cinabrio se usó contra la lepra.
En las farmacias alemanas se empezaron a emplear como medicamento las aguas minero­medicinales. Aparecieron dos nuevos medicamentos importantes: el láudano de Paracelso v los emplastos del médico italiano Juan de Vigó. También se empezaron a usar ciertos productos del reino animal, como por ejemplo: los testículos del ciervo, la pata de la gran bestia (pezuña izquierda de atrás del alce), la piedra de Bezoar, aceite obtenido por maceración de escorpiones puesta al sol cierto tiempo, compuestos de víboras, emplastos de lombrices...; otros productos como piedras preciosas: esmeraldas, zafiros, granates, jacintos; perlas.
Los bezoares eran concreciones formadas en los estómagos de diversos animales: los de machos cabrios de Persia y de la India llegaron a ser muy valiosas y engarzadas en oro y piedras preciosas ocuparon un sitio de honor en las vitrinas de la gente rica. Durante toda la Edad Media se creyó que estas piedras tenían el poder de ser antídotos, y su presencia protegía a sus dueños de la acción de los venenos.
Aparecieron multitud de medicamentos "secretos" que llegaron a tener gran fama: el electuario, del sacerdote español Francisco Delgado, hecho con tinturas de guayaco y que se usaba contra la sífilis, las píldoras de Barbarroja, que eran británicas y se usaban también para tratar la sífilis, azote de este siglo, y los preparados medicamentosos del intrusista italiano Leonardo Fioravanti, que a pesar de no ser medico, aunque hizo de tal, ni cirujano, aunque operó, ni farmacéutico, inventó gran cantidad de aquéllos como el popularísimo bálsamo de Fioravanti, hecho a base de resinas, nuez moscada y amizcle, y del que su autor aseguraba que era un gran antídoto contra todo veneno, y recomendaba a los enfermos que se untasen todo el cuerpo con el. Otros "medicamentos" suyos muy conocidos en esta época fueron las Píldoras Divinas, el Licor Magno, el Ungüento Angélico...



Pero quizás el mayor intrusismo lo realizaron los religiosos que por el procedimiento de dar propiedades divinas a sus medicamentos, vendieron mucho. La Tintura del Cura Juan Gramann hecha a base de plomo alcanzó una enorme popularidad; las aguas y aceites olorosos que desde principios de siglo vendieron los dominicos de Santa Maria Novella (Florencia) también.
Llegados a este punto he de señalar que los farmacéuticos del siglo XVI a la hora de preparar los complicadísimos medicamentos que los médicos prescribían se encontraron con el gran problema de tener que sustituir un componente del que muchas veces no disponían por otro que tuviera una acción semejante, y que estas sustituciones dependieron muchas veces del criterio del atribulado boticario y muchas más veces del poder adquisitivo de éste, lo que dio origen a no pocas reclamaciones e incluso escandalosas protestas por parte de los médicos.
En Francia se llegó a dar una lista oficial de sucedáneos de drogas. En este país estaba permitido a las mujeres ser boticarias.
En España, por una orden del emperador Carlos V (1523), se prohíbe el acceso al examen de boticario a drogueros, especieros, y parteros y se ordena que sean examinados los médicos, cirujanos y estudiantes de farmacia que lo deseen, siempre que reúnan los siguientes requisito, saber; ser hombre mayor de 25 años, saber latín, y tener como mínimo cuatro años de practica en una botica ya autorizada.
En Alemania, por esta época, se dejan de vender cera y velas en las boticas, pero se sigue vendiendo azúcar, conservas, bizcochos, frutas confitadas, turrones, mazapanes, dátiles, mostaza, bujías de incienso y bujías ordinarias, así como tinta, papel, lacre, vino y licores- a la vez que se advierte de que no se venda solimán ni ningún otro veneno sin receta del médico. La ley alemana prohíbe que las mujeres sean boticarias e incluso que estén dispensando medicamentos en una oficina de farmacia.
En Suiza, la ley obliga al farmacéutico a acompañar al médico en sus visitas profesionales para que aprenda medicina por si alguna vez es necesario. Esto pasa también en algunos lugares de Francia.



En la Universidad de Coimbra (Portugal) se incorpora el estudio de los medicamentos como enseñanza obligatoria para los futuros boticarios, que han de asistir a estas clases dos veces a la semana durante un año.
En Venecia los Justicias dictan disposiciones para establecimientos de farmacia. En el Continente Americano todavía no existe la profesión farmacéutica.
En cuanto a la literatura farmacéutica del siglo XVI , quizás lo mas importante fue el incremento del numero de Farmacopeas editadas en toda Europa: en España(1511, 1535, 546, 1553, 1587). En la edición de 1553 apareció versificado en castellano los simples de Mesué. En Alemania (Nuremberg, 1546), en Copenague, en Munich, en Basilea...; hacia la mitad del siglo apareció la segunda edición del Recetario Florentino. Estas farmacopeas estaban escritas con el fin de definir las formulas que eran consideradas definitivas por las autoridades competentes bajo la supervisión de los médicos que eran quienes las redactaban y facilitar así el trabajo del boticario que las iba a preparar y que estaba obligado a seguirlas.
A través de ellas los médicos siguieron controlando el trabajo de los farmacéuticos, quienes siguieron supeditados a las normas dictadas por ellos para la fabricación de medicamentos. Pero a través a de ellas se concretaron las concentraciones de principios activos presentes en los medicamentos que los médicos administraban a sus pacientes. Hasta el siglo XVIII no aparecieron farmacopeas escritas por farmacéuticos.
Durante este siglo aparecieron numerosas obras escritas por farmacéuticos para otros farmacéuticos: el "Dispensarium ad aromáticus" de Nicole Prévost (Lyon, 1478 y 1488) describía los elementos simples y 575 compuestos, y contenía un vocabulario farmacéutico. Saladin di Asculi escribió un "Compendium Aromatarum" (Bolonia, 1488) que llegó a ser considerado un vademecum indispensable y en ella abordaba todos los aspectos posibles de nuestra profesión. A éste le siguió Quiricus de Augustus con su "Luz de los Boticarios" (Turin, 1492), y a éste Jacobus Manlüs de Bosco con su "Luminaria Mayor" editada en Venecia. Esta línea de trabajo fue seguida por otros muchos boticarios como Paulus Suardes en Italia, Pedro Mateo en España o Michel Dusseau en Francia. La "Institutionum pharmaceuticarum" de Jean Renou (Paris, 1608), fue editada también en Alemania y Suiza y en ella se aprecia claramente la influencia de la obra de Asculi.
En cuanto a la conservación de medicamentos, dado el precio que estos alcanzaron esta adquirió una gran importancia de manera que se convirtieron en obligatorias ciertas medidas: la triaca debía ser conservada en recipientes de oro, de zinc o de plomo; las especies aromáticas debían ser conservadas en cajas de oro o de platino; las grasas, los aceites y los ungüentos para los ojos en recipientes de porcelana o de cristal.



Si bien todas las materias médicas recibieron durante este siglo un significativo empujón, la botánica se vio especialmente enriquecida gracias a las numerosas plantas que fueron traídas de América.
La llegada a este nuevo mundo supuso para los botánicos europeos la posibilidad de descubrir muchísimas plantas hasta entonces desconocidas, de estudiarlas y de coleccionarlas. Entre ellos se impuso el reto de encontrar un equivalente para cada una de las mas de 600 plantas comentadas por Dioscórides en su "De materia médica” y de situarlas dentro del esquema galénico de la patología humoral. Políticos, conquistadores, geógrafos, religiosos... todos se convirtieron en botánicos apasionados, deslumbrados ante la flora americana, y aunque la botánica como ciencia no adelantó apenas -faltaban todavía 200 años para que naciera Linneo- y se siguió clasificando las plantas según la taxonomía de Aristóteles y Teofrasto en hierbas, arbustos y árboles, se trajeron a Europa numerosas especies que hasta entonces eran desconocidas. Cristóbal Colón habló de la patata, el tabaco, el cacao. Hernán Cortés habló de cultivos mexicanos: vainilla, maíz, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, gobernador de Cartagena de Indias, escribió una "Historia General de las Indias" en la que describió entre otras muchas cosas la flora colombiana. El jesuita Juan de Acosta vivió seis años entre Perú y Méjico, al cabo de los cuales escribió una "Historia natural y moral de las Indias". Francisco Hernández fue médico personal de Felipe II, y de este rey español recibió el encargo de viajar a Nueva España y reunir toda la información posible "  de los médicos, cirujanos y herboristas nativos y españoles " y de efectuar "  una relación de todas las hierbas, árboles, plantas y semillas con cualidades medicinales". Partió hacia allí en enero de 1570 y después de pasar casi siete años recopilando datos, escribió su obra, la mas científica de todas estas citadas; en ella describió mas de 3.000 plantas que había visto, acompañando sus descripciones de numerosos dibujos en colores, clasificando cada una de ellas en función de su efecto fisiológico, dándola la cualidad que según el esquema galénico la debía corresponder: caliente, caliente y húmeda; fría, fría y seca; etc... e incluso es posible que hiciera con muchas de ellas ensayos farmacológicos en el Hospital Real de las Indias de la ciudad de Méjico. Esta obra nunca fue editada y casi se destruyó durante un incendio del Escorial donde estaba depositada. Fue rescatada por un napolitano, Antonio Rechi quien hizo un extracto de ella y lo publicó bajo el título de "Nova plantarum".
Durante este siglo se hicieron por toda Europa los primeros herbarios y los primeros Jardines Botánicos dedicados a cultivar las plantas traídas del continente americano con el fin de aclimatarlas y de estudiarlas. Estos Jardines Botánicos eran particulares y se consideraban un signo de distinción. El primero de España fue plantado en Aranjuez, por orden de Felipe II, pero pronto fue destinado a jardines de recreo. El Jardín Botánico instalado en las Islas Canarias fue el mayor centro de aclimatación, y el punto desde el que se repartían las especies traídas del Nuevo Mundo por todo el Imperio Español. Hoy día sigue existiendo.



Los primeros herbarios impresos están fechados en 1477. En 1483 aparecieron simultáneamente varios herbarios ilustrados, con el fin de ayudar a los estudiosos a diferenciar las plantas en ellos descritas. Escritos en italiano por autores renacentistas, pronto fueron traducidos al holandés, alemán y latín. También tuvieron otra intención, como queda plasmada en el prólogo de la edición inglesa del "Gran Herbario", impreso en Londres en 1526, donde se especifica que ha sido editado con el fin de  enseñar como puede sanarse el hombre con hierbas de jardín y plantas de los campos, así como con las costosas recetas preparadas por los boticarios ".
Sin embargo, durante los primeros años del Renacimiento, la obra de Dioscórides "De materia Medica" siguió siendo la mas apreciada, siendo reiteradamente editada en varios idiomas, previamente revisadas, con ilustraciones y comentarios por distintos autores como Pietro Andres Mattioli (París, 1516), Amatus Lusitanus (Venecia,1553 y Lyon, 1558), o Valerius Cordus (Frankfurt, 1549, Paris 1551 y Estrasburgo, 1561).



Los países del oeste de Europa, hartos del monopolio ejercido por el  Ducado de Venecia sobre el comercio de todo tipo de materias (incluidas las especias y las drogas medicamentosas), entre esta ciudad-estado y el Próximo y Extremo Oriente, vieron en las riquezas del continente americano la solución a este problema. Españoles, portugueses, británicos, franceses y holandeses se lanzaron a competir por los nuevos territorios, con sus fuentes de materias primas todavía intocadas.
Además de Francisco Hernández, fueron muchos los que se dedicaron al estudio de las plantas medicinales: en 1585 el capitán británico Richard Hakluyt elaboró una lista de treinta y un tipos de personas que necesitaba para formar una expedición al continente americano, y en segundo lugar puso " los hombres expertos en toda clase de fármacos ". El médico azteca Martín de la Cruz recopiló un herbario en su lengua autóctona. En 1552, otro azteca, al que se describe como " un indio de Sotximilco " lo tradujo al latín. Se llamaba Juan Badianus. El Manuscrito Badianus, que se conserva en la biblioteca del Vaticano, fue impreso por vez primera en inglés en el año 1935.



La extensa obra del portugués García da Orta "Coloquios dos simples e drogos de cousas medicinais da India" sobre la botánica y la medicina de las Indias, fue escrita aprovechando los muchos años que pasó allí desterrado por la Inquisición. Esta obra fue ampliada por el español Nicolás Monardes. Sevillano quien cursó Medicina en la Universidad de Alcalá; de vuelta a su Sevilla natal, se dedicó al estudio de las drogas que llegaban del continente americano, y formó con ellas un museo farmacológico que tuvo un gran éxito. Sus obras se titularon "Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales" y "Segunda parte del libro de las cosas" publicadas en Sevilla en 1565 y 1571 respectivamente. En 1574 se hizo una edición de los dos volúmenes juntos que muy pronto fue traducida al latín, italiano, francés e ingles y fue reeditada más de 50 veces. Monardes introdujo en Sevilla la zarzaparrilla procedente de Nueva España.
Del continente americano se trajeron el alcanfor, el jengibre y el ruibarbo, que ya eran conocidos; pero también el guayaco, descubierto por españoles en las Indias Occidentales; la jalapa y el mechoacan, descubiertos en Méjico también por españoles; la capilaria, descubierta por portugueses en Brasil, el bálsamo de Tolú y el bálsamo de Perú introducidos por Monardes; la gaultheria, descubierta por británicos en el estrecho de Magallanes; el sasafrás descubierto por españoles y franceses en la zona sudeste de los Estados Unidos. Su llegada a Europa desató la codicia de muchos, produciendo una auténtica "fiebre del sasafrás" y no pocos beneficios a los que se dedicaron al comercio de su corteza y su madera. Las hojas de coca no fueron usadas como medicamento hasta el siglo XIX, cuando fue posible extraer la cocaína de ellas.
Sin la menor duda, la droga mas importante que se importó del Nuevo Mundo fue la quina traída por los jesuitas desde Perú, y de la que se conocen sus propiedades antipalúdicas desde el siglo XVII.

https://farmaciamarcos.es/historia-farmaceutica/historia-de-la-farmacia/
http://historiadelafarmacia.perez-fontan.com/cap_9.html

  

viernes, 6 de diciembre de 2019

LA MEDICINA Y LA FARMACIA EN EL SIGLO XV,LA REVOLUCIÓN FARMACÉUTICA DEL RENACIMIENTO

É

Según se iba produciendo el avance turco sobre la capital del Imperio bizantino, sus habitantes huyeron hacia Italia llevando consigo la cultura griega clásica que con ellos había sobrevivido desde hacía 1.000 años. La caída de Constantinopla en 1453 en manos de los turcos supuso el fin de la Edad Media y el nacimiento de una nueva era: el Renacimiento.
Esta reincorporación del mundo helénico a la Europa Occidental, de su lengua y, sobre todo, de una de sus características: el concepto de individualismo, trajo consigo importantísimas consecuencias. La primera de ellas fue la aparición de la conciencia del propio yo, que conllevó la rebelión del individuo contra la autoridad, las dudas ante todo aquello que se tenía por cierto pero que nunca había sido demostrado que lo fuese.
El Renacimiento, el regreso del mundo clásico griego nació en Italia, pasó a Alemania y después se extendió a todo el mundo cristiano europeo.
En el siglo XV, el alemán J. Gutenberg grabó por separado las letras del alfabeto para combinarlas formando palabras, de manera que podían ser utilizadas repetidamente en la composición de nuevos textos, es decir, inventó la imprenta.
La plana de escritura formada por caracteres móviles hechos por fundición, que podía ser reproducida una y mil veces sobre papel de hilo, abrió a la gente el mundo de la cultura. Por este sistema pronto se editaron libros de temas médicos-farmacéuticos: obras de Mesué, Nicolas, Dioscórides (de cuyas obras apareció en el XV primero una edición en griego y después otra en latín), la "Materia Médica" de Platerius, obras de Arnaldo... En 1.475 apareció la primera obra médica editada en España "Epidemia y peste " de Velasco de Taranta.
A la vez se produjo el perfeccionamiento en la obtención de vidrio lo que supuso la posibilidad de construir lentes muchísimo mejores; por primera vez pudo ser observado el firmamento con mayor profundidad: es el siglo de Copérnico; paralelamente, se tradujeron correctamente las obras de Ptolomeo. En esta época se comprobó por primera vez la redondez de la tierra.
El conocimiento de las estrellas trajo consigo la mejora en los sistemas de navegación marítima. El siglo XV estuvo lleno de descubrimientos geográficos: los navegantes españoles y portugueses se adentraron en el Océano Atlántico: primero bordeando las costas de África; en 1.402 llegaron a las Islas Canarias, a las que llamaron las Islas Afortunadas; después llegaron a la isla de Madeira, a Cabo Verde, a Fernando Poo, y siguieron bordeando la costa africana hasta que Bartolomé Díaz descubrió el Cabo de Buena Esperanza, y Vasco de Gama lo dobló, llamándolo el Cabo de las Tormentas. Después, navegando hacia el oeste. En 1.492 se produjo el encuentro entre Europa y América.
El hombre de ciencia del siglo XV tomó conciencia de su derecho a pensar por sí mismo, y a elaborar sus propias teorías basándose en aquello que él había experimentado libremente. Por fin, pudieron aparecer opiniones científicas individuales.

El principal autor de la revolución médico-farmacéutica renacentista fue Paracelso.Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim nació en Einsiedeln (Suiza), hacia 1.493. Hijo de médico rural, su padre le llevó a ver enfermos con él desde que era un niño, a la vez que fue su primer maestro enseñándole botánica y medicina. Más adelante recibió una educación humanística en centros religiosos; estudió latín, filosofía, y sobre todo religión, cuya práctica no abandonó jamás. Siendo aún un niño, su familia se trasladó a vivir a Villach (Austria) y allí observó la forma de trabajar en las minas de hierro y aprendió los principios de la metalurgia y de la química; después aumentó estos conocimientos en las minas de plata que poseía Fugger en el Tirol.
Estudió medicina en varias universidades italianas, donde se dio cuenta de la diferencia existente entre un aprendizaje basado en la práctica -el primero que tuvo él cuando visitaba enfermos con su padre- , y el teórico que impartían en la facultad y que en el fondo no le interesó nada. Se doctoró en Medicina en la Universidad de Ferrara.
Entonces decidió aprender "verdadera medicina" viajando por Europa y, probablemente, por Oriente Medio, conviviendo en estos viajes con toda clase de gentes y observando su forma de vida, sus enfermedades, sus tratamientos y su evolución frente a éstos. Durante sus viajes se puso en contacto con las gentes que practicaban lo que para él era la verdadera medicina: los médicos del pueblo, los cirujanos barberos y los curanderos. Ellos fueron sus verdaderos maestros, aunque él consideró que el mejor Maestro posible era la Naturaleza.
Como médico, preparaba él mismo sus medicamentos; toda su vida se rodeó de gente sencilla, vistió como ella, habló como ella y olió como ella. Es decir, hizo lo contrario que los médicos de su época. Sin embargo, entre el pueblo, que le achacaba curaciones casi milagrosas, su fama fue enorme. Esta magnífica reputación le siguió toda su vida.
Hacia 1.526 se instaló en Estrasburgo. Allí vivía cuando fue llamado para tratar de una grave dolencia al humanista J. Foebenius, un hombre rico e influyente, el editor más famoso de Basilea. Foebenius, que era amigo personal de Erasmo, había sido desahuciado por sus médicos, que querían cortarle una pierna. Paracelso, gritando improperios contra estos médicos, le curó sin tener que llegar a esos drásticos extremos. En agradecimiento, este hombre le ayudó consiguiendo para él una plaza de médico municipal y una cátedra en la Facultad de Medicina de Basilea (1.527). Sin embargo, este nombramiento resultó muy conflictivo para Paracelso, pues se hizo con el apoyo de los reformadores eclesiásticos, pero sin la aprobación de las autoridades académicas, quienes desde el primer momento estuvieron en su contra.



Sus clases se hicieron famosas: las impartía en alemán y no en latín, en la plaza de la ciudad y en ellas admitía a todo tipo de estudiantes, incluidos cirujanos barberos. Daba sus clases de una manera desordenada y sin citar nunca autores clásicos, por los que sentía auténtica aversión. A sus alumnos les advierte que él " no sigue a los clásicos; solo cree en lo que ha descubierto con sus propias fuerzas y ha comprobado con la práctica y la experiencia ”. Sin embargo, sus clases estaban cada vez más concurridas. Desde sus clases descalificó sin piedad a los antiguos cánones, y, en general, a todos los textos médicos vigentes en aquella época, así como a la ciencia y la medicina tradicional, por las que solo sentía un provocativo desprecio. El día de San Juan de 1.527 hizo un auto público de fe y arrojó a la hoguera los textos médicos clásicos (incluido el Canon de Avicena) que entonces eran considerados imprescindibles para el ejercicio de la medicina. Esta manera de enfrentarse a las normas establecidas le trajo numerosos problemas.
Sus colegas se burlaron de él y le apodaron "Cacophrastus". Paracelso les ignoró, y siguió una y otra vez rompiendo lanzas a favor de su medicina basada en el repudio de las teorías antiguas y su fe en la experimentación personal. Públicamente le llamaron "el Lutero de la Medicina". El les respondió diciéndoles que las suelas de sus zapatos y el polvo de su cogote tenían más ciencia que todos ellos juntos. Completamente indignados por sus métodos, sus colegas presionaron sobre las autoridades para que Paracelso fuera expulsado de la Universidad. Incluso rehusaron dar el título de doctor en medicina a sus alumnos. Paracelso les insultó llamándoles " doctores de Requiem, tapaderas de vergüenza, sacamuelas, embusteros, sofistas, piojosos, matadores de vacas y médicos de perros " y añadió que " San Juan del Apocalipsis no ha visto monstruos tan horrendos como vosotros ".
Toda esta oposición frontal de sus colegas no pudo con él, que apoyado por los ciudadanos de Basilea siguió impartiendo sus clases en alemán y admitiendo en ellas a quien quería. Hasta que en 1.528 curó a un clérigo aquejado de gota, y cuando quiso cobrar sus honorarios, éste se negó a pagárselos. Paracelso recurrió a los Tribunales reclamando la deuda, pero perdió el pleito. Entonces, sintiéndose injustamente tratado por la Ley, se enfrento a los jueces, empleando contra ellos un lenguaje un tanto grosero. Esta vez fueron las autoridades judiciales las que se pusieron en su contra.
Paracelso, para evitar ir a prisión, huyó de Basilea, estableciéndose en Nuremberg, Baratzhausen y San GaIl En estos lugares ejerció la medicina sencillamente, siguió dictando sus clases en posadas o en tabernas, donde las escuchan gentes de todas clases sociales, a la vez que escribió sus obras. Y bebió mucho.
En la última etapa de su vida se hizo predicador laico y viajó por el Tirol, Baviera y Bohemia, falleciendo en 1.541 en el hospital de Salzburgo, debido a un cáncer de hígado.

Escribió muchas obras: algunas fueron publicadas mientras él vivió, como la “Grosse Wundartzney” (“Gran Cirugía”), que ejerció una gran influencia; otras obras vieron la luz después de su muerte como "Opus Paramirum" escrita en San Gall; y su principal obra médica "Das Busch Paragranum", escrita entre 1,529 y 1.530, donde están definidas las cuatro columnas que sostuvieron su medicina: Elosotia, astronomía, alquimia y virtud; otras obras importantes fueron los escritos sobre la sífilis y el Archidoxis, su manual de química.
Un siglo después de su muerte ya se habían publicado cientos de textos paracelsianos, casi todos ellos referidos a remedios químicos, de manera que a finales del siglo XVI existió una literatura completamente nueva sobre materia médica. Para Paracelso, como ocurre con tantas personas de extraordinaria valía, su carácter fue su peor enemigo y eso que a lo largo de sus 48 años de vida consiguió cosechar un montón de exitos.
Su vida estuvo plagada de incidentes y conflictos ocasionados principalmente por sus modales, un tanto groseros, y por su hablar demoledor. Fue un hombre muy difícil que siempre vivió acomplejado por su aspecto físico. Sin embargo, también fue un hombre genial, inteligentísimo y muy adelantado a su tiempo.
Con su inteligencia clarividente abrió nuevos caminos a la ya moribunda "medicina oficial" de su tiempo, intuyó una nueva concepción de la causa de la enfermedad, situándola en algo "externo" al cuerpo, principalmente en el reino mineral y en el aire atmosférico, y dirigiendo la terapia contra el agente que la había producido, saliendo así por fin de la teoría del desequilibrio de los humores como causa fundamental de las enfermedades.
Como médico ideó un tratamiento práctico para la curación de heridas y úlceras crónicas, tan extendidas en aquella época; estudió las enfermedades de los mineros; identificó la tuberculosis y la silicosis como enfermedades profesionales y fue el primero en reconocer la forma congénita de la sífilis.
Homeópata convencido, para la elección de medicamentos se dejó influir por la Teoría de las Signaturas; así, por ejemplo, la pulmonaria tenía que curar enfermedades del pulmón, o el aceite de cráneo humano tenía que combatir la epilepsia. Nunca usó aquellas inmensas fórmulas de polifarmacia, que todavía seguían usando sus colegas, sino que él prefirió usar los elementos simples, de los que quiso aislar su "quinta esencia" -era un magnífico químico- pensando que así se llegaba a extraer el principio activo emanado directamente de Dios, que era quien informaba a la sustancia en cuestión de sus propiedades y la daba un conocimiento exacto de su función curativa. Administró a sus enfermos aquellos medicamentos que la experiencia le había enseñado que eran útiles frente a la enfermedad que padecían.


Fue un partidario absoluto de los medicamentos químicos, que hasta entonces casi no se habían usado. Estableció las bases de la Yatroquímica. Practicó una medicina integral, en la que no admitía la separación entre médico-cirujano-farmacéutico, exigiendo en consecuencia a quien se dedicara a ello un conocimiento personal absoluto de todo lo necesario para curar la enfermedad, y aceptó, como principal arma para luchar contra la enfermedad, al medicamento, que el médico debía saber buscar, preparar y usar. Fue ante todo un terapeuta, que dedicó al estudio del medicamento sus mejores obras.
Como filósofo, fue un seguidor del Neoplatonismo, de Hipócrates, de Lullio, de Vilanova. Quiso saber de que materia estaba formado el mundo que rodeaba a sus enfermos y admitió los cuatro elementos como representantes de una forma de ser, de una determinada característica. Junto tierra, fuego, agua y aire, admitió tres substancias químicas fundamentales: azufre, mercurio y sal, siguiendo las ideas de Geber, como representación de formas de comportamiento:
" Azufre, que representa la combustión que da a las substancias naturales su fuerza de crecimiento y de unidad; Mercurio, que significa posibilidad de mutación; Sal, que representa la conservación: lo resistente al fuego, lo que queda de sólido tras la combustión ”.
Para Paracelso todo lo existente en el mundo era un compuesto de estos principios, una transformación de lo que ya había habido; una configuración sucesiva de lo que la mente divina había predestinado. Y admite un ente especial: el Archeus, suerte de agente dinámico ordenador que regirá la combustión, separación, cohesión, o adhesión de los cuatro principios y de las tres substancias; a este Archeus se debe el que los elementos se unan para formar las plantas, los animales, a la vez que el Archeus ordenará las funciones orgánicas de todo ser vivo. Gracias a él, la materia prima se perfecciona, llega a la organización máxima y constituye la materia última. Si él no actúa, aparece la putrefacción. La enfermedad representa un estado mórbido del Archeus, que se produce como consecuencia de un trastorno de la química del cuerpo.
En todos estos conceptos juegan un papel fundamental los procesos químicos, que son los que fallan, por lo que tienen que ser corregidos mediante remedios químicos.

Como expuso en su "Paragranum", la medicina de Paracelso estaba sostenida sobre cuatro columnas:
A. Filosofía- Conocimiento científico total de la naturaleza visible e invisible, de la que el hombre es el eje principal: "es médico quien sabe de lo invisible, de lo que no tiene nombre ni materia y, sin embargo, tiene su acción  ".
B. Astronomía- Puesto que el hombre como microcosmos siente la acción del Cosmos y con ello de todo lo que este contiene, influido por los astros, el hombre tiene a la vez en sí parte de ellos. Los astros pueden influir sobre el hombre como ser material, pero como también es un ser espiritual, el hombre puede resistir esa acción. La sabiduría humana tiene debajo de sí todos los astros, el firmamento y el cielo entero.
C. Alquimia- En la que Paracelso creyó, no como camino para obtener oro a partir de la transmutación de metales, sino para obtener los secretos de la Naturaleza, la verdadera maestra, la que elaboraba los mejores medicamentos. Es decir, creyó en una alquimia cuyo cometido fundamental era la obtención de medicamentos.
Apasionado por el increíble laboratorio que para él era la Naturaleza, Paracelso buscó el por qué una vaca comía hierba y producía leche, el por qué de la tierra nacían las uvas; el por qué de los procesos patológicos. Buscó la piedra filosofal, como remedio que curara todas las enfermedades: el elixir filosofal; así fue el primero en intuir dos ciencias fundamentales para la medicina y la farmacia: la bioquímica y la quimioterapia. Paracelso desarrolló técnicas de destilación apropiadas para las substancias volátiles, que le permitieron obtener alcoholes, licores, esencias y aceites. También descubrió ácidos minerales fuertes como el vitriolo (ácido sulfúrico) y el agua fuerte (ácido nítrico).
D. Virtud- La base ética fundamental de todo hombre de ciencia -el amor al prójimo y a la profesión- y una estructura científica basada en la progresión: ver-conocer-entender-saber y,
por lo tanto, poder hacer.




Paracelso creyó que la variación de los humores expuesta por Galeno era la consecuencia de la enfermedad, no su causa, y encaminó su lucha no contra los síntomas de esta variación sino contra la propia causa de la enfermedad.
Así aceptó 5 causas de enfermedad o ENS, que al entrar en nosotros producen la enfermedad:
  1. Ens astrale (ente astral): a este ente pueden deberse enfermedades por cambios meteorológicos, o por influencia de los astros, ya que el hombre depende del Cosmos.
  2. Ens veneni (ente veneno): enfermedades producidas por alteraciones bioquímicas; este ente puede ser cualquier sustancia que penetre en nuestro organismo: un medicamento, un alimento, un veneno... que resultará perjudicial para el organismo si su Archeus no actúa correctamente, separando lo nocivo de lo útil.
  3. Ens naturali (ente natural): o predisposición del organismo hacia tal enfermedad.
  4. Ens espirituati (ente espiritual): o influencia que sobre el ser ejerce su medio de vida, convivencias familiares, sociales...
  5. Ens Dei (ente divino): o acción de Dios, ser omnipotente que nos puede mandar una enfermedad como castigo o como prueba.


El médico se ha de lanzar a buscar estas semillas de la enfermedad y el medicamento que actúe contra ellas. Y, como Paracelso, creía que el origen de la enfermedad era químico, buscó en la alquimia los medios para combatirla. Así nació el concepto de Arcano: ente inmortal existente en todo lo que cura, es decir algo inmaterial que tiene en sí poder de generar, transformar, cambiar y renovar los cuerpos, produciendo o protegiéndolos de la enfermedad y así influyendo directamente sobre la vida. Para Paracelso el mundo estaba lleno de arcanos que Dios, Sumo Boticario, había creado y puesto en él, para que el hombre los buscara y los estudiara hasta ser capaz de conocerlos y aplicarlos.
Buscó también el "remedio específico" de cada enfermedad -que él estaba seguro de que existía en la Naturaleza- y usando sus conocimientos químicos adquiridos en las minas, se dedicó afanosamente a descubrirlo. Para ello trató químicamente drogas y minerales, e incluso modificó los medicamentos ya conocidos desde la antigüedad, y así extrajo sus quintaesencias con las que preparó extractos y tinturas, base de todos sus medicamentos.
Estos "productos químicos" obtenidos a fuerza de mezclar y separar, a menudo con la ayuda del fuego pero sin que apenas existieran reacciones químicas tal como hoy las conocemos, eran considerados por él los auténticos principios activos separados de sus impurezas:
  • Fue el primero que obtuvo el láudano a partir del opio, y así lo llamó.
  • Empleó el alcohol para obtener las quintaesencias.
  • Usó muchísimo el mercurio, bien como metal, bien como sal.
  • Usó el sulfato básico de Hg., después llamado "Turbit Mineral", contra la sífilis, en lugar de usar el guayaco, como prescribían los demás médicos a los que el llamó " médicos de madera ". Obtuvo el sublimado corrosivo de Hg. y el calomel: cloruro de mercurio.
  • Obtuvo y usó el antimonio y al oxícloruro de antimonio le llamó "mercurius vitea".
  • Mencionó el Zinc, al que llamó el metal bastardo. También conoció el uso del plomo, del arsénico, del hierro, del cobre, del cobalto y del bismuto.
  • Inventó preparados como el "elixir de la propiedad", el "específico anodino" y el "espíritu vitrioli antiepilectidis" o Licor de Hoffman que junto al láudano han pasado a la posteridad.
Si es cierto que Paracelso durante toda su vida se enfrentó a los médicos de su época, fue por el ejercicio que éstos hicieron de su profesión; y aunque les combatió usando su peor lenguaje y les llegó a decir que sólo eran dignos de que algún perro levantase contra ellos su pata trasera, tuvo que sufrir ataques mucho mas despiadados de ellos.
También combatió a los farmacéuticos, a los que dijo que si a él le trataban como a un enemigo era porque no llenaba sus bolsas, al no prescribir nunca a sus enfermos sus carisimas preparaciones. Les acusó de fraude, al sustituir en sus preparaciones los componentes mas caros por otros mas baratos, pero cobrando siempre los mas caros y pidió continuamente inspecciones efectivas de las boticas.
Sin embargo, Paracelso, como ser humano demostró estar lleno de nobleza y bondad hacia los que él consideró que realmente debía ayudar, y que entregó su vida a esta gente sencilla con la que quiso vivir, atacando sistemáticamente a aquéllos que se creían superiores a ella; "  tu comes igual que un labrador, y traes al nacer lo que trae un mendigo" les espetaba. Toda su vida consideró que el fin de la medicina era el amor al prójimo y que servir al pueblo era el cometido del médico, inculcando en sus alumnos que lo primero para un médico debían ser siempre sus enfermos y que, para poder dedicarse a curar a éstos, la base de sus conocimientos la encontrarían siempre allí donde Dios la había puesto: en la Naturaleza.

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http://historiadelafarmacia.perez-fontan.com/cap_8.html
https://farmaciamarcos.es/historia-farmaceutica/historia-de-la-farmacia/
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lunes, 18 de noviembre de 2019

LA MEDICINA Y LA FARMACIA EN LA ALTA EDAD MEDIA


Cuando en el siglo V después de Cristo cayó el Imperio Romano, en parte por su propia descomposición interna y en definitiva por la invasión de los pueblos del norte de Europa llamados por los romanos "bárbaros" , conscientes de la abismal diferencia de nivel cultural que los separaba de ellos, ese mundo se vio sumido en un verdadero caos. Súbitamente se derrumbaron las estructuras de poder, las económicas y las sociales. La cultura desapareció del pueblo: si en el siglo V muy pocos sabían leer ya el griego, todavía la mayor parte de la población leía el latín; sin embargo, muy poco tiempo después, el pueblo llano simplemente no sabían leer.
Se destruyeron las escuelas científicas.
Por otra parte, el nivel cultural de los pueblos invasores era inferior.
La suma dio como resultado que los años 500 y 600 de nuestra era se caracterizaron por una vida intelectual bajo mínimos con el saber filosófico, científico y retórico prácticamente destruidos. Sin embargo esos años fueron cruciales para la consolidación de lo que podemos llamar la mentalidad europea cristiana medieval. Esta va a fraguar, por una parte con los restos de la antigua cultura grecorromana tamizada y reconvertida al pensamiento cristiano primitivo, más el nuevo influjo proveniente de los b6rbaros invasores cuando éstos, acabando por hacer suyas estas nuevas tierras conquistadas se instalen en ellas. Es decir, Europa va a fraguar básicamente a partir de cuatro culturas: las dos clásicas Grecia y Roma, el pensamiento judeo-cristiano y la cultura de los pueblos germánicos.
Las aportaciones de las tribus germánica a la ciencia médica fueron mínimas; y ya hemos visto que la implantación del primitivo cristianismo significa un claro retroceso para el desarrollo del saber médico.
Durante la primera parte de la Edad Media sólo va a quedar algo del saber médico romano conservado y practicado por médicos laicos, y la medicina mucho más teórica que práctica que se ejerció en los monasterios cristianos.



La situación mejorará a partir del siglo X con la aparición de la Escuela de Salerno y la de Traductores de Toledo, v sobre todo a partir del siglo XIII cuando vuelva a recuperar su rango de Ars Médica en las primeras Universidades medievales. Pero para que este cambio se produzca- el saber médico necesitará recibir el impulso de la ciencia árabe. Durante este periodo de tiempo las guerras con sus secuelas de destrucción y muerte fueron constantes: hubo hambre entre la población y sobretodo se desencadenaron grandes epidemias: la de peste aparecida entre los años 1348 y 1350 mató entre 20 y 25 millones de personas. Tifus exantemático, ergotismo, lepra y enfermedades carenciales también diezmaron a la población. Las condiciones de vida fueron durísimas en todo el continente europeo.
Corno todo el mundo sabe, se considera Edad Media el tiempo transcurrido entre la caída del Imperio Romano (siglo V) hasta la conquista de Constantinopla por los turcos en el año 1453 (casi mil años).
En estos oscuros tiempos, sobre todo durante sus primeros siglos, las enseñanzas estuvieron reservadas para unos muy pocos privilegiados, y la vida intelectual se refugió sobre todo en los monasterios.
En lo referente a la medicina, y por tanto a la farmacia, pues aún no se había separado, era ejercida por médicos profesionales de origen nórdico (ostrogodos, visigodos o francos), bizantino o judío; y a partir del siglo VI de una manera predominante por monjes cristianos sanadores que curaban en los monasterios. Pero estos monjes tenían muy pocos conocimientos médicos, extraídos de traducciones al latín de textos fragmentados de Hipócrates y Dioscórides; junto con unos pocos textos de Galeno, Oribasio y Alejandro de Trelles.



Casiodoro fue un escritor latino (490 - 583). Su obra enciclopédica "Instituciones de las letras divinas y humanas" la destinó a sus monjes del monasterio de Vivarium (Calabria), con el fin de que estos tuvieran acceso al legado cultural romano. A este monasterio se llevó una gran colección de obras médicas, y recomendó a su orden que "para mejor servir al prójimo, estudie las cualidades de los simples y aprenda a preparar los compuestos". El monje benedictino San Benito de Nursia funda en el año 529 el monasterio de Monte Cassino, en donde se reciben y atienden pobres y enfermos. Impone a sus monjes la norma de “Ora et Labora”. Sus novicios se dedicaron a copiar manuscritos latinos. Siendo analfabetos en muchos casos, más que copiar "dibujaban" los signos de los pergaminos sin entender su significado y de ahí los numerosos errores que se aprecian en estas copias.
Mientras, sus monjes se dedicaron a enseñar las artes liberales divididas en Trivium (Gramática, Retórica y Lógica) y el Cuatrivium (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música). Estas enseñanzas no supusieron ningún adelanto cultural pues contenían solamente lo recopilado de los textos clásicos. El monasterio de Monte Cassino llegó a poseer una espléndida biblioteca de manuscritos y pergaminos. Los monasterios de San Gall, Poitiers, Lixieux, Lyon, Cremona, Vicenza... tuvieron centros hospitalarios. En unos planos de San Gall fechados en el 820 aparecen terrenos destinados específicamente a huerto de plantas medicinales. Sin embargo, en estas instituciones no existieron personas destinadas exclusivamente a la preparación de medicamentos. Habría que esperar al siglo X para leer referencias a monjes llamados "Apothecarios". Al lado de las catedrales de Reims, Chartres, Colonia, Madeburgo, etc. se crearon escuelas médicas.





Beda el Venerable (673 - 735) escribió una enciclopedia en inglés dirigida a monjes y a seglares.
En la primera mitad del siglo VII vivió en Sevilla (España) Isidoro, un monje autor de una enciclopedia "Los orígenes y las etimologías" donde recopiló todo lo que un hombre culto de esa época debía saber, y de un tratado médico "De naturis rerum". San Isidoro consideró la medicina como una segunda filosofía.
Una de las características más importantes de todas estas obras a las que me he referido es que sus contenidos eran recopilaciones de conocimientos provenientes de épocas anteriores a ellas, extraídos de textos que a lo largo del tiempo se habían visto muy mutilados, nunca de obras completas, y que además contenían numerosos errores de transcripción, y por lo tanto sin que estas obras aportaran ningún avance médico, de manera que al haberse perdido un volumen tan importante de conocimientos médicos en comparación con la medicina grecorromana" la ciencia médica de estos siglos se encontró realmente empobrecida.
Además de estas obras escritas en latín aparecieron otras escritas en inglés antiguo, francés, irlandés, y alemán en las que se aprecian claramente la influencia de la medicina popular romana, celta y teutona.
Por otra parte los pocos médicos profesionales que existieron aplicaban el formulario de Dioscórides v trataban al enfermo con plantas medicinales con las que intentaban paliar sus síntomas. E s decir. Practicaban una medicina sintomática, pero no curativa. Estos médicos, llamados "físicos" en general gozaron de una muy mala fama siendo muchas veces perseguidos por la ley que dictó normas muy severas en su contra.
Un testigo de la batalla de Poitiers fue el primer cronista de las historia que dio el nombre de “europeos” a los combatientes que desde distintos puntos geográficos de este continente se reunieron allí para enfrentarse a los ejércitos árabes y cortarles definitivamente el paso hacia el norte de Europa (año 732).
Durante todo este periodo de tiempo las normas impuestas durante los primeros siglos del cristianismo acerca de cómo debía ser el trato a los enfermos siguieron vigentes de manera que llegaron a estar profundamente enraizadas entre los médicos cristianos, condicionando profundamente el desarrollo del acto curativo; así se mantuvo la prohibición de actuar médicamente sobre el cuerpo del enfermo si esto suponía simplemente tocarlo, ya que el cuerpo humano era considerado impúdico; el tener contacto con su sangre, vista como algo abominable, y por supuesto estuvieron absolutamente prohibidas las disecciones.



En el sínodo de Ratisbona (siglo IX) se prohibió expresamente que los monjes ejercieran la medicina ( la física ) y por supuesto la cirugía y como todavía no se había producido la separación entre ellas y la farmacia también quedó prohibida ésta. Sin embargo esta parte de la prohibición no fue obedecida de manera que, mientras el ejercicio de la medicina y de la cirugía tuvo que salir fuera de los monasterios, lo que significó en la práctica su desaparición durante un tiempo hasta que su ejercicio se organizó por otros caminos, la farmacia siguió existiendo dentro de los monasterios.
Y, en la práctica así se produjo la separación entre ambas ciencias en la Europa Medieval.
El emperador franco Carlomagno fue el primer gobernante europeo de esta época que se preocupó de que su pueblo tuviera acceso a la cultura fuera de los centros de enseñanza religiosos. Con este fin intentó imponer en su imperio la unidad de lenguaje; obligó a los monjes que vivían en su territorio a escuelas anejas a sus monasterios en donde se enseñaba gratuitamente a leer y a escribir a todo aquel que quisiera aprender a hacerlo. Reguló la enseñanza seglar de la medicina (año 805). Sin embargo lo que no pudo hacer fue mejorar la baja calidad de esta enseñanza que consistía en algunos consejos dietéticos, una pequeña farmacopea y una mínima cirugía.
También prohibió las prácticas médicas basadas en la superstición, extensísimas en aquella época como el uso de reliquias, conjuros, ritos, exortizaciones, ...e intentó erradicar la idea popular de que ciertas enfermedades( las enfermedades mentales, la epilepsia..) eran producidas por demonios que penetraban en los cuerpos y los espíritus y que en estos casos la base de su curación estaba en la expulsión de estos demonios por medio de ritos mágicos que incluso ponían en peligro la vida de estos desdichados enfermos, y que se realizaban por medio de ciertas personas poseedoras de virtudes sobrenaturales, generalmente por mediación de algún santo. No lo consiguió, y además esta "idea" seguiría implantada hasta el Renacimiento.
Carlomagno tuvo entre sus amigos personales médicos de cámara. Lamentablemente, su obra desapareció poco después de su muerte (año 814).




La Escuela de Salerno,su origen constituye una leyenda: un médico hebreo, Helino; otro árabe, Adela; otro griego, Ponto v otro cristiano. el magister Salernus decidieron reunirse en Salerno, al sur de Nápoles, en Italia – allá por el año 1.000 – para compartir su saber, y pactaron entre ellos la creación de una escuela basada en los siguientes principios: libertad religiosa, tolerancia de pensamiento, aportación por parte de cada uno de ellos de todo su saber (es decir gran suma total de conocimientos), y por último laicismo, sin necesidad de bula (ni dinero) papal, y por lo tanto sin tener que transigir con la intolerancia religiosa de la época, ni tener que acatar sus restrictivas normas en lo tocante al desarrollo de la medicina.
En esta escuela estudiaron hombres y mujeres, seglares y monjes, sin importar su origen ni su religión. En esta escuela se hizo un importante trabajo de recopilación de conocimientos griegos, romanos, árabes y hebreos, que fueron traducidos al latín y así pudieron volver a incorporarse al bagaje cultural europeo. Tuvo gran importancia la enseñanza de la medicina, de la que se ocuparon médicos seglares dirigidos por un decano.
A esta escuela pertenecieron:
  • El médico Garioponto (muerto en 1.050), quién tradujo al latín modismos hebreos y griegos; usó la palabra "dinamis" por primera vez para referirse a la acción de los medicamentos en el cuerpo humano (farmacodinamia). Este médico también trató la malaria con arsénico.
  • Constantino el Africano (muerto en 1.085), que fue un comerciante árabe que por su profesión recorrió muchos lugares en los que recopiló extensos conocimientos médicos. Convertido al cristianismo al final de su vida, tradujo al latín por encargo de esta Escuela, aproximadamente 30 tratados escritos por médicos árabes. Hombre muy culto, dominaba además del árabe, el persa y el griego, traduciendo también al latín textos de estas lenguas.
El trabajo de recopilación y de traducción de la Escuela de Salerno, supuso la oportunidad de disponer de obras completas de diferentes autores clásicos, y no de fragmentos mal copiados de éstas. Por ejemplo se tradujeron textos completos de Galeno fundamentales para enriquecer el conocimiento médico. En el siglo X un médico hebreo Donnolo escribi6 una farmacología basada en textos árabes. Hacia el año 1.100 se escribió el Gran Antidotario con más de 485 fórmulas medicamentosas, de las cuales unas 200 eran recetas dedicadas a los pobres. Auténtica medicina casera.
En otro antidotario, el "Antidotario Nicolai ", se describen 175 fórmulas destinadas a la formación del estudiante de farmacia; llegaría a ser texto obligatorio para estudiantes de la Universidad de Paris, y además aportó toda una novedad: la descripción de fórmulas para elaborar medicamentos en grandes cantidades, destinadas a durar mucho por tener como base en su preparación azúcar o miel, que actuaban como conservantes.
La aportación de la Escuela de Salerno a la cultura medieval fue uno de los factores que le permitiría salir de su pobreza intelectual. El otro vino de Toledo (España).

La ciudad de Toledo fue reconquistada en el año 1.085, y en ella fueron encontrados una gran cantidad de manuscritos escritos en árabe, traducciones de textos de autores clásicos. Hacia el año 1.130 el arzobispo toledano Raimundo reunió en torno al erudito cristiano Domingo Gundisalvo, a los sabios hebreos Salomón y Avendaut, a Roberto Ketenense, y a Hermann el Dálmata; concediéndoles total igualdad ante la ley, así como libertad de expresión. Se creó así la Escuela de Traductores de Toledo. Durante los 300 años de existencia de ésta, su obra será enorme y su influencia decisiva. En ella se tradujo toda la obra de Aristóteles, cambiando así definitivamente la mentalidad del hombre medieval. En cuanto a la médica, se tradujeron obras de Hipócrates, Dioscórides, Galeno, Rhasis, Isaac ludeus, el Canon de Avicena y de cirugía de Abulqasim.
La vuelta a Europa de todos estos conocimientos desterrados durante más de 500 años, supuso para su población la salida de sus tiempos más tenebrosos. Pero aún faltarán otros 500 años de largo camino hasta la explosión cultural que supuso el Renacimiento...

https://elglobal.es/hemeroteca/farmacia-un-viaje-desde-la-edad-media-al-siglo-xxi-gyeg_448284/
http://historiadelafarmacia.perez-fontan.com/cap_6.html
https://encolombia.com/educacion-cultura/arte-cultura/notasdecienciayarte/la-farmacia-en-la-edad-media/
https://www.docsity.com/es/historia-de-la-farmacia-edad-media/3124446/

miércoles, 13 de noviembre de 2019

LA MEDICINA Y LA FARMACIA EN LA EDAD MEDIA


Durante estos cinco siglos a los que me refiero, los cambios que se viven en la sociedad europea van a ser muy profundos, y van a dar lugar a una auténtica transformación de ésta. Estos cambios se van a deber principalmente a los siguientes acontecimientos:
Con respecto a la Baja Edad Media van a seguir las guerras en la mayor parte del territorio europeo, con sus secuelas de destrucción, hambre y muerte. Y van a seguir las epidemias. De hecho, la peor que se ha desatado nunca en Europa producida por la Yersinia Pestis, tuvo su punto de mayor virulencia entre 1348 y 1350. Asimismo, enfermedades como fiebres exantemáticas, tisis, disenterías, lepra, etc. condicionaron la manera de vivir del europeo medieval en su intento de defenderse de ellas. La sífilis también estaba muy extendida, aumentando la mortandad de la población. Como resultado, la densidad de población europea va a ser muy baja en esta época.
Pero también hubo aspectos positivos de esta época, el hombre laico europeo despegará a lo largo de estos cinco siglos, en su vida intelectual , lo que va a traer consigo:
• Desarrollo de las escuelas capitulares, paso previo a la aparición de las Universidades.
• Fin de las cruzadas. Cuando los soldados que han participado en ellas regresen a sus tierras de origen , traerán consigo la cultura oriental.
• Fin del feudalismo.
• Potenciación de la vida en las ciudades: nacimiento de los gremios, y de la sociedad burguesa.
• Paso de una sociedad absolutamente mediatizada por la lglesia a una capaz de pensar por si misma, que se laiquiza progresivamente.
• Aparición de una postura critica frente a la Autoridad- que se va a ir desarrollando hasta el Renacimiento y que alcanzará su plenitud en la Revolución Francesa.
• Cambios en el Cristianismo: nacimiento de las órdenes mendicantes: dominicos y franciscanos.
Paralelamente el desarrollo del mundo científico se hizo de la forma siguiente:
Siglo XII: Aparición de las Escuelas de Medicina de Bolonia- Paris y Montpellier. La escuela médica de Montpellier se convertirá en el centro medieval más importante de la ciencia médica en la Europa Occidental.
Cuando en el siglo XIII nazcan las Universidades, la enseñanza de la medicina se convertirá desde el inicio de éstas en una de sus principales Facultades. En ellas se va a enseñar la medicina clásica greco-romana que- a través de las escuelas de Salerno y de Toledo, ha regresado al mundo europeo de la mano de la en ese momento, deslumbrante ciencia médica árabe. Avicena y Averroes nos van a devolver a Dioscorides y Galeno.
También va a regresar la Filosofía griega, lo que supondrá el regreso de Platón y Aristóteles en el mundo cristiano medieval.
La primera Universidad que se creo en Europa fue la de Bolonia (Italia) en el siglo XII. A lo largo del siglo XIII se van a fundar Universidades en Salerno, Padua, Paris, Oxford y Cambridge. En 1347 se fundo la de Praga. En España las pnmeras fueron las de Palencia (1192), Salamanca (1200) y Sevilla( 1250).
En este ambiente intelectual surgieron pensadores como Alberto Magno (siglo XII-XIII). Roger Bacon (XIII), Amaldo de Villanova (XIII), Raimundo Lullio (X[II-XIV), Saladino de Ascoto (XV) y Pedro Benedicto Mateo (XV), fundamentales para el desarrollo de la ciencia medica y farmacéutica medieval. También van a aparecer dos obras literarias fundamentales: un texto químico llamado en su época de Gebery un Grabadin – conocido como seudo-Mesué, o de Mesué hijo. Del Geber hoy día se sabe que fue escrito por varios autores occidentales, del siglo XIII, y fue llamado así en honor del alquimista árabe Jabir ibn Hayyan (que vivió en los siglos VIII y y IX, y fue autor de un tratado de química titulado el Corpus Jabirianum), seguramente porque los autores cristianos basaron su obra en esta obra de aquél.




El Grabadín de Mesué fue escrito en el norte de Italia en el siglo XIII, tomó el nombre del módico árabe, director de "la Casa de la Sabiduria " creada en Bagdad en el siglo IX, y fue obra de referencia obligada sobre la composición de medicamentos para todas las farmacias europeas durante siglos.
La separación definitiva entre medicina y farmacia se produjo en el siglo XlI, y vino provocada por tres factores:
  1. Necesidad de una especialización dada la complejidad de cada una de las dos ciencias.
  2. Prohibición a los religiosos de ejercer la medicina pero no la farmacia.
  3. Aparición de personas que, profesionalmente, sólo les interesaba dedicarse a comerciar con drogas y preparar medicamentos que pudieran vender a los médicos. A estas personas en Francia , Italia y España se es llamó "especieros".
El dato más antiguo que tenemos es de Venecia, en Italia, en donde se creó un cuerpo encargado de recetar y vender los productos y de regular el comercio farmacéutico, controlando la calidad y el precio de las drogas. Un siglo después (1252), estos justicias pasaron a ser los "Justicia Nova" y publicaron un estatuto, el de "Medici Speciali", dedicado a aquellos que primero comerciaban con especias y más tarde con drogas medicinales, por el que se reguló el ejercicio de este comercio. En este estatuto se contemplaba la prohibición expresa al médico y al farmacéutico de formar sociedad, y así recetar y vender los productos más caros, y se ordenaba al farmacéutico que preparase los medicamentos siguiendo los principios expuestos en los tratados de medicina y en los Antidotarios.



En 1221 apareció el gremio de farmacéuticos de Verona. A finales del siglo XIV, lo hizo en Roma bajo el nombre de Universitas Armatarium. Mas tarde, en el siglo XV, por medio de una bula del papa Martín V. esta institución adoptó unos nuevos estatutos que la convirtieron en el Nobile Collegio degii Aromatari. En estos estatutos se contemplaba:
  1. La obligación de prestar auxilio a los compañeros enfermos y pobres.
  2. El derecho a examinar a los que quieran ejercer la profesión.
  3. La obligación de los nuevos farmacéuticos de inscribirse en este colegio.
  4. Se regula la apertura de nuevas farmacias, teniendo en cuenta la distancia entre ellas.
  5. Se estipulan los precios de medicamentos, alimentos, licores, cuyo comercio estaba controlado por este colegio.
En Milán se creo el gremio de farmacéuticos hacia el año 1.300. En sus estatutos se acordaba que nadie podía ejercer la profesión si no había sido previamente examinado y aprobado por sus compañeros: el gremio de Florencia se llamó el "Tribo dei medici e degli speciali ", a él perteneció el Dante. En la Italia del siglo XIV los gremios de farmacéuticos controlaban el comercio en régimen de monopolio de unos dos mil artículos diferentes, desde libros hasta velas, y también solían ejercer como enterradores.
En Francia, en el siglo XII, todavía aparecen juntas ambas profesiones en su ejercicio, pero al que se dedica sólo al comercio y preparación de medicamentos se le llama “pigmentario”, por ser también comerciante de especias. El gremio que empezó a funcionar en París a partir del siglo XIII, englobó a especieros, boticarios, drogueros, herbolarios y cereros, lo que da idea de lo variado de la profesión. Esta corporación tuvo entre sus principales tareas, la de organizar funciones religiosas. Su patrón fue San Nicolás. Otro cometido mas acorde con su naturaleza fue el de guardar los sistemas de pesas usados como patrón en la fabricación de medicamentos, así como la vigilancia de las pesas empleadas por todos los comerciantes de la villa. Los miembros de este gremio también se ocuparon de asegurar la calidad de sus medicamentos y de establecer los precios y controlar la formación profesional de los aprendices y de regular el ascenso dentro de la profesión. El examen de entrada en el gremio consistía en la preparación de una pieza maestra y se hizo obligatorio a partir de 1484.



En 1336, se dictan unas ordenanzas en las que se dispone que decanos y maestros de la Facultad de Medicina de París, inspeccionen la calidad de los medicamentos de sus farmacias. Mas tarde son Guardias Jurados de la corporación farmacéutica los que harían esta inspección, acompañados por dos médicos elegidos por el decano de la facultad de medicina y por dos boticarios elegidos por el Preboste de París La unión entre boticarios y especieros duró hasta el siglo XVII en el que se firmó el Colegio de Farmacéuticos de París. Entre 1162 y 1202 se dieron los Estatutos de la Villa de Arles, en los que se prohíbe que el farmacéutico regale nada a un médico, para que éste no se sienta obligado a mandarle clientes. En 1242, en los Estatutos de Avignon, se indica la obligación de los especieros y sus ayudantes de jurar fidelidad en el ejercicio de su oficio, se prohíbe la asociación entre el farmacéutico y el médico, así como el intercambio de regalos entre ellos. En el año 1180, en Montpellier, se exige un juramento a los épeciadors o apothecaires. En el Reino Unido no se definió la profesión hasta el siglo XlX siendo hasta entonces el medico a la vez boticario o, simplemente, podía auto-titularse boticario el que lo tuviera por conveniente, pero ya en el siglo XIV se creó en Londres la Comunidad de los Pimenteros que agrupó a especieros, boticarios y pimenteros, y, en general, a todos los que se dedicaban al comercio de drogas, cualquiera que fuese su fin, en lo que se llamó Company of Grocers. A partir del siglo XlV, los boticarios formaron un grupo aparte dentro de ella y en 1617, ya lograron independizarse. También entre sus cometidos estaba la custodia del sistema oficial de pesas. Su patrón fue San Antonio. En Alemania entre 1.231 y 1.242 fue dictada la llamada Carta Magna de la Farmacia por el emperador Federico II; aunque solo se dictó para ser aplicada en el Reino de las Dos Sicilias, que entonces le perteneció tuvo una gran influencia en amplias áreas de la Europa Occidental. Sus puntos fundamentales eran:
  1. Prohibición expresa de que el medico prepare o entregue medicamentos. Los medicamentos deben ser preparados por los farmacéuticos.
  2. Obligación de obtener un permiso oficial para poder establecer una farmacia.
  3. Obligación de ejercer la farmacia siguiendo las normas de un libro oficial.
  4. Las tarifas de cobro se estipulaban también oficialmente, serie de características de cada medicamento, siendo las más importantes su tiempo de conservación y el trabajo que suponía fabricarlo.
  5. Las farmacias debían abrirse en sitios previamente determinados y debían cumplir determinados requisitos.
Esta carta está considerada como el punto de partida de la oficina de farmacia como tal, y en ella se contienen las dos normativas básicas para asegurar el bienestar económico de los farmacéuticos establecidos: la limitación del número de farmacias y la fijación del precio de los medicamentos según tarifas previamente controladas. En cuanto al funcionamiento de sus gremios, parece ser que los boticarios alemanes medievales no se unieron entre si, sino que se englobaron en otras corporaciones más poderosas. En el siglo XIII ya existían oficinas de farmacia como tales en la cuidad de Colonia. En Nuremberg, (siglo XIV) se prohibió a los médicos la preparación de medicamentos y se declaro ilegal la asociación entre médicos y farmacéuticos En el siglo XIII, los boticarios de la ciudad suiza de Basilea se unieron a la muy poderosa "Comunidad del Azafrán " de dicha ciudad. La profesión se ejercía muy limitadamente, siendo generalmente un privilegio concedido de por vida a un ciudadano relevante y a veces también a sus herederos.




En España el documento más antiguo donde aparece la palabra "boticario" es de 1217,y en tal se ordena que nadie a excepción del boticario venda vino. Asimismo, en el Código de Las Siete Partidas de Alfonso X, escrito en el siglo XIII se dice que se aplicará la pena de homicida al boticario que venda drogas medicinales sin mandato del físico: también se aplicará idéntica pena al físico, especiero u otro que venda hierbas o ponzoñas a quien sepa quiere matar con ellas, o si enseña a alguien cómo matar con ellas. De este artículo, se desprende que en España, por aquella época, la separación entre ambas profesiones no era aún definitiva.
En otro punto se advierte de que cometerá falsedad el físico o especiero que teniendo que hacer jarabe o electuario con azúcar, lo haga con miel sin saberlo el físico que lo prescribe. En 1351, Pedro IV de Aragón en su carta de Perpignan, dice que los alcaldes deben elegir anualmente un físico, un mercader y un especiero que se encarguen de efectuar la visita oficial de las farmacias del lugar.
En 1370, en Barcelona, el Consejo de los Ciento ordena a los boticarios que guarden los venenos (ponzoñas) bajo llave, y se prohíbe entregar rejalgar u otro veneno a quien lo pida. Así mismo, ordena que sólo los boticarios con botica abierta preparen medicamentos. Finalmente, en Valencia, su rey Alfonso V, da la orden en 1.329, de que el gremio de boticarios sea el encargado de examinar a cualquier aspirante que quiera entrar en la profesión y se refiere a ella como "especiería".
¿Y cómo eran estas boticas? Las conocemos a través de dibujos, grabados, e, incluso, tallas y cuadros de la época. La botica era una tienda que daba al mercado. En su interior había un mostrador sobre el que se disponían los morteros con sus manos y la balanza, y en las paredes se colgaban repisas o anaqueles en donde se disponían los simples y los medicamentos ya preparados. Estos se guardaban en cajas, botellas, botes de cerámica, y bolsas de piel, etiquetados con nombres y algunos ya con marcas.
A lo largo del siglo XII, los que se dedicaron a comerciar con drogas y a preparar con ellas medicamentos tuvieron distintos nombres: en Italia se llamaron aromatari o apothecari, pero he de reseñar que como apothecari se conocía a cualquiera que en su trabajo se tuviera que refaccionar con el público, por ejemplo, había apothecari notan.
En Francia, primero aparecieron los apothecaries o religiosos que desempeñaban la función de farmacéuticos para su comunidad, y, ya en el siglo XIII, apareció la Apothec o lugar donde se almacenaban drogas así como el apothecair o persona que preparaba y vendía drogas y el especier o persona que solamente las vendía, es decir, el comerciante.

Obras de la Escuela de Salerno.

1.Régimen de la Escuela de Salerno.
Esta obra fue la base de toda la literatura médica hasta el Renacimiento. Escrita en verso, los médicos se la aprendían de memoria, y curaban las distintas enfermedades según sus instrucciones. No se sabe quien fue su autor, aunque, como en tantos casos, lo más probable es que fueran varios médicos poetas de la escuela salernitana y aún después de desaparecida esta escuela, otros siguiesen añadiendo mas versos. Arnoldo de Villanova nos da una recopilación que tiene 362 versos, pero posteriormente llegó a tener muchísimos más. Se han hecho unas 300 ediciones, publicadas a lo largo de varios siglos.
Es principalmente un tratado de higiene, que nos dice desde el régimen a seguir según la estación y el mes que sea; cualidades de los alimentos y bebidas; habla de los cuatro humores; de la correspondencia entre los signos del Zodiaco y las partes del cuerpo humano; normas terapéuticas: habla de drogas como azafrán, salvia, hinojo, eléboro, hisopo...; describe distintas prácticas médicas como sangrías; da recetas farmacéuticas para hacer tisanas, antídotos …
2. "De viribus herbarum" o "Pseudo-macis'". No se sabe quién es su autor. En esta obra se citan numerosos medicamentos.
3. "Alphita". Es una lista por orden alfabético de fármacos. Se llamó así, porque la primera que se describía era precisamente esa, y su interés radicó en que también daba sinonimias de drogas vegetales y animales.
La Escuela de Salerno decayó a principios del XIV y desapareció como tal en el XV.

Principales autores de la Edad Media.


Alberto Magno (1193-1280) nace a la orilla del Danubio; germánico e hijo de una familia noble, se dedica al estudio ordenándose dominico en Padua y como tal fue profesor en distintas ciudades de Alemania y Francia, haciéndose tan famoso por sus clases que en vida le concedieron el título de Doctor Universal.
Fue nombrado Provincial de la orden y destinado a Roma, desde donde se enfrentó a los ataques que la Universidad de París lanzó contra él. Después, fue nombrado obispo de Ratisbona, pero él no se quiso hacer cargo de un puesto que le impedía estudiar y, rodeado de honores, se retiró a un convento cerca de Colonia, donde murió. Se le considera uno de los máximos enciclopedistas de la Edad Media, pues trató prácticamente todos los temas, siendo sus obras principales las de teología, historia natural y física Fue un gran químico, partidario de la experimentación personal, hasta el punto de que se negó a aceptar ninguna teoría que él no hubiera comprobado. Escribió sus obras en el lenguaje sencillo y claro con el que impartía sus clases. Nunca fue alquimista, al contrario, denunció lo que él consideraba sus fraudes, y nunca creyó en la transmutación de metales. Fue el primero que aisló el ástato tratando oropimente con jabón; usó la palabra "afinidad" con el mismo sentido químico de hoy; llamó vitriolo al sulfato ferroso, y nos ha dejado descritas muchas sales de uso farmacológico, operaciones químicas y aparatos que usaba en sus experimentos. Estudioso de las plantas, comprobó que el zumo obtenido de sus distintas partes, tenía distintas propiedades; habló de virtudes medicinales de las plantas y de la aplicación de ciertos productos químicos en algunas enfermedades (azufre para la sarna...) pero como monje que fue, nunca ejerció la medicina.
Como filósofo, introdujo al cristianismo la obra de Aristóteles. Fue, por lo tanto, un seguidor del empirismo y como tal dio la máxima importancia a la observación y al experimento. Sus obras científicas mas representativas pueden ser "De vegetalibus et plantibus" (1250), en donde aparecen novedades clasificatorias de plantas, y un estudio comparativo entra ellas, sus distintas partes y sus formas, aceptando la posibilidad de mutaciones entre ellas, y "De animalibus" en la que hace observaciones sobre embriología de mamíferos y reproducción de insectos.




Roger Bacon (1214 -1294), monje franciscano, también de familia noble, nació en Ilchester (Inglaterra), estudió en Oxford, donde se gradúa como maestro en Artes y después va a la Universidad de París, donde estudia y da clases. Partidario del estudio experimental, creyó siempre en que la experiencia era la única manera de adelantar el conocimiento humano, luchó contra la superstición y la ignorancia de sus colegas científicos. Recomendó el estudio de las matemáticas como base de todas las ciencias. A partir de sus estudios astronómicos, demostró el error del calendario juliano respecto al año solar, por lo que fue atacado por otras órdenes y por la suya propia lo que le llevó a pasar encerrado en calabozos de su convento gran parte de su vida. Talló lentes para aumentar el campo visual, hizo pólvora con nitro, azufre y carbón, señaló, antes que Paracelso, que la química era una ayuda inapreciable para la medicina y que daría a ésta numerosos medicamentos. Gran soñador y profeta de la mecánica, para él experimentar era hacer variar los fenómenos naturales mediante la habilidad técnica. A esta ciencia experimental le dio tres cualidades: verificar las otras ciencias especulativas, ser un medio para prolongar la vida humana, y conocer el pasado, el presente y el futuro y construir máquinas asombrosas que cambiarían las condiciones de vida humana. Sus obras fueron “Opus Mayor”, “Opus Minor” y “Opus Tertium”.



Arnaldo de Vilanova nació en Cervera (Lérida-1.235) de origen humilde se educó con los dominicos, y después estudió en Barcelona, París y Montpellier. Incluso llegó a oír a maestros salernitanos. Estudió filosofía, ciencias naturales, teología, medicina y lenguas: habló francés, latín, árabe, hebreo y griego. Viajó mucho. Ejerció como médico y fue estupendo, llegando a serlo de reyes y papas, para los que en algunos casos actuó de consejero y de embajador. Sus ideas teológicas le enfrentaron al clero, pero su amistad con los papas le salvaron de éste. Hombre muy independiente, se permitió criticar a Galeno y a Avicena, dudar de la autoridad de los escritores antiguos, lo que le puso en contra de las escuelas de Francia e Italia, que los seguían sin osar el poner en tela de juicio sus enseñanzas. Al final de su vida se arrepintió de las ideas heréticas de su juventud, y se ordenó sacerdote. Se cree que murió en una travesía de Sicilia a Avignon, en 1313.
Y estas fueron las principales características de su personalidad: su afán de viajar y su independencia de ideas. Como médico, en sus escritos demuestra ser un gran conocedor de venenos y medicamentos. Tradujo al latín y comentó "El régimen de la Escuela de Salemo"; escribió un "Régimen de Sanidad" y un "Brevarium" que se considera la mejor fuente para conocer la historia de la medicina de la Edad Media.
Como farmacéutico dio las reglas para la preparación de medicamentos conocidas como los Cánones de Arnaldo, estudiadas primero y seguidas después por todo aquél que quisiese ejercer de farmacéutico en España. Escribió sobre vinos intentando analizarlos, dio recetas de pomadas, normas sobre la preparación de mercuriales, prohibió la preparación de medicamentos en vasijas de cobre; fue el primero en preparar alcohol de romero, en los formularios se llama "agua de la reina de Hungría", porque una de ellas, Isabel, la usó mucho. Inventó dos medicamentos que se van a usar mucho: la Benedicta Purgante y la Confección Anacardina.
Se dedicó también a la alquimia, y a la química: experimentó reacciones para purificar metales, destiló un alcohol al que llamó "agua de la vida", obtuvo aceites esenciales y enseñó sus aplicaciones.
Se dice que fue muy supersticioso, de hecho él llevaba -y recomendaba- una plancha de oro encima de la cabeza como amuleto para preservar y aumentar la inteligencia, y a él se le atribuye la primera receta para obtener oro líquido (oro potable). Pero fue un gran analista, que investigó muy intuitivamente la potabilidad de las aguas, e incluso, dio un método muy empírico para conocer la cantidad de principios minerales que contenían. También trató de analizar medicamentos, pero en este campo su labor fue muy pobre.




 Raimundo Lulio nace en la isla de Palma de Mallorca (España-1232) de familia noble, recibió educación en armas, poesía y música, pero muy joven abandona sus estudios y se da a una vida de... perdónenme, pero no resisto la tentación de contarla, porque ríanse ustedes de los culebrones de la televisión. Permiso:
… Abandona sus estudios y lleva una vida de ocio y de lujuria. Su padre y el rey de Mallorca, absolutamente escandalizados por el comportamiento del mozo, le obligan a casarse, pero a pesar de esto, él sigue dando escándalos que llegan a atemorizar a la isla; un día entra montado a caballo tras una mujer casada de la que está enamorado en una iglesia mientras se está celebrando misa y por esta mujer sigue cometiendo barbaridades hasta que ella accede a darle una cita y en esta cita le enseña el pecho carcomido por un cáncer. Ante esta visión, mas unos sueños que ha tenido, abandona la vida que lleva, le da sus bienes a su esposa y se hace monje, dedicándose al estudio de lenguas orientales, con la idea de poder convertir infieles. Hace múltiples viajes, buscando medios económicos, funda un colegio en Mallorca para la enseñanza de las lenguas, que es autorizado por el rey Jaime 11 y para el que logra la aquiescencia papal.
Viajó por Francia, Italia y Alemania, buscando poder formar una armada para ir a luchar contra los infieles y reconquistar los Santos Lugares.
En estos viajes funda más escuelas para la enseñanza de las lenguas y él mismo es profesor en Montpellier y en París, donde se le apoda "Ramón el Barbudo" y, más tarde, "el doctor Iluminado", seguramente porque el rey español Felipe el Hermoso le había llamado "el grande e iluminado doctor" y donde polemizó contra los averroistas. Con el hábito de San Francisco, visitó Oriente y el norte de África, Egipto, Marruecos, y las tierras del Magreb, donde predica el cristianismo, intentando convertir a musulmanes. Le hacen prisionero, le condenan a muerte, pero él consigue escapar. Murió como consecuencia de unas pedradas que le dieron en Bujia (1315), durante el viaje de regreso a España.
Racionalista por temperamento, conoció a Aristóteles a través de los árabes. Se le considera uno de los mejores alquimistas de la historia y un gran químico, pero he de reseñar que, para algunos autores, el Ramón Llull, teólogo y filósofo y el Ramón Lluli alquimista son dos personas diferentes, y se ha pensado también en la posibilidad de que las obras de alquimia atribuidas a las siglas R. LI. sean en realidad de Raimundo de Tárraga, llamado también Raimundo LIuIl. Estas obras son muchas y, por ellas, sabemos que el autor sabía obtener y purificar el alcohol al que llama "aqua ardens vitae" del que indicó que servía para curar el cuerpo y conservarlo, aunque no para prolongar la vida, ya que esto solo es competencia de Dios. Con este aqua vitae, prepara las quintaesencias (o tinturas), tratando raíces, leños, hojas, y flores de diversas plantas, de las que estudia su acción medicamentosa. Obtiene sulfúrico, carbonato de amonio de la orina, lo sublima y lo llama sal volátil o "espúitus mercurialis anúnalis", acetato potásico tratando cenizas con vinagre, purifica el mercurio, etc.


Saladino de Ascolo vive en el siglo XV y es el último autor de la escuela salernitana. Médico, escribió la primera obra dedicada solamente a farmacéuticos: Compendium Aromatariorum. En ella se explica:
• Qué es la profesión de farmacia.
• Condiciones que ha de tener un hombre para ejercerla:
- ni viejo ni joven
- ni altivo ni orgulloso
- ni mujeriego
- será religioso, trabajador, justo y caritativo
- conocedor de los secretos de su arte
- siempre dispuesto a ejercerlos
- deberá pedir el justo precio por sus medicamentos, sobre todo a los pobres
- no cometerá fraudes, ni venderá abortivos ni venenos
• Obras que ha de tener en su oficina de farmacia: las de Avicena, Mesué, Serapion y Nicolás.
• De nombres de medicamentos y los diferencia según su actividad
• De pesos y medidas que debe usar y sus equivalencias
• De normas para la recolección y conservación de simples y compuestos, describiendo las características de los recipientes que conviene en cada caso
• Describe los utensilios que debe contener una botica
Se dice que esta obra fue escrita a ruegos de sus compañeros boticarios y desde luego fue manual para el examen.
Después de este tratado, se escribieron, dedicados solamente a la profesión de farmacéuticos, muchos más. Por ejemplo, una que se llamó "Lutninare majus" de Manlius de Bosco (1.494).




Pedro Benedicto Mateo de Barcelona; su obra "Libro para examen de boticarios y también para enseñanza de muchos adolescentes", escrita en 1497 y publicada en 1521, es semejante a la obra de Ascolo: también define la profesión, habla del examen teórico y práctico; describe los simples, dando procedencia etimológica, a variedades comerciales; habla de la elaboración de medicamentos compuestos, triaca, mitridato; formas farmacéuticas; pesas y medidas; y obras que ha de tener un boticario en su botica: Dioscórides, Mesué, ;Avicena, Rhasís, Arnaldo...
Un año después de esta obra, se publica la primera farmacopea conocida en la historia (1498), titulada "Recettario di dottori dei arte e di medicina dei Collegio Fiorentino all instancia delli signoti consoli della Universita delli speciali". Este Recetario Florentino fue redactado por el colegio de médicos de Florencia a instancias de los farmacéuticos, y, aunque, sólo tuvo validez legal para esta ciudad, ya reunió todas las características -estuvo redactada, aprobada y aceptada por una comisión mixta de médicos y farmacéuticos- de manera que ha sido considerada una verdadera farmacopea.

No quiero terminar este capítulo sin hacer mención de tres exóticos y popularísimos remedios de la época. Me refiero al cuerno del unicornio, la mandrágora y las piedras preciosas.
El unicornio era un animal mítico, feroz y que sólo podía capturarse con la ayuda de una joven virgen de noble cuna. Sus usos medicinales eran los siguientes: el que bebía en un vaso hecho con este cuerno quedaba protegido contra las enfermedades, las heridas de guerra, el fuego y los venenos. El que lo tomaba pulverizado no padecía de epilepsia, ni de impotencia, ni de esterilidad, ni podía contagiarse de peste, viruela, lepra ni lombrices. Estuvo en las farmacopeas hasta el siglo XVIII. Pero, por supuesto, lo que no podía estar en las boticas era el cuerno de un animal que no ha existido jamás, así que los boticarios, que no dudaban de sus propiedades, debieron tener tremendos cargos de conciencia "adulterándolo" con cuerno de rinoceronte, ciervo, alce, orix y especialmente colmillo de narval.
A la mandrágora , es decir a su raíz, también se le atribuían poderes misteriosos. Por su extraña forma, que a veces recordaba a la de un ser humano, se la consideró un afrodisíaco y un remedio contra la esterilidad. Sus principales usos, sin embargo, fueron como anestésico y como sedante. También se usaron como amuletos, sobre todo en Alemania, donde surgió la costumbre de tallar unos muñecos con ellas (los Alraune), que podían hacer invisibles a sus dueños, enriquecer al pobre, conceder favores amorosos, y curar cualquier enfermedad. La raíz de mandrágora se usó hasta el XVII.
Las antiguas civilizaciones ya concedían propiedades mágicas a ciertas piedras preciosas. Durante la Edad Media, se siguió creyendo en ellas: como amuletos, podían preservar la vida, como medicamentos, podían curar numerosas enfermedades. Un obispo francés, Marbode, escribió una lista de sesenta gemas con propiedades curativas. Su obra se titula "De lapidibus", y fue escrita en el siglo XI.
En resumen, durante estos cinco siglos que duró la segunda etapa de la Edad Media, la vida en la Europa Occidental siguió siendo muy dura, aunque se vio matizada por la capacidad de las personas de reaccionar intelectualmente ante la adversidad. Al miedo y la ignorancia se superpusieron los conocimientos médicos de la cultura clásica revertida por los árabes, más el afán de superación por el camino de la experiencia seguido por los científicos medievales. La farmacia realizó enormes progresos en esta época, consolidándose como una ciencia independiente, practicada por unos profesionales, reconocidos socialmente por su saber y por su ética.

https://elglobal.es/hemeroteca/farmacia-un-viaje-desde-la-edad-media-al-siglo-xxi-gyeg_448284/
http://historiadelafarmacia.perez-fontan.com/cap_7.html
https://es.slideshare.net/jhonrestrepo123/edad-media-historia-de-a
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7067013