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miércoles, 11 de marzo de 2020

LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO Y EL GÉNESIS APÓCRIFO


En sentido amplio, se llaman "Manuscritos del mar Muerto" o "rollos" a un conjunto de documentos judíos antiguos descubiertos en diferentes lugares en las inmediaciones del mar Muerto a mediados del siglo XX. La expresión se aplica corrientemente, en un sentido más restringido, a los más numerosos de ellos, hallados en las cuevas de las inmediaciones de un lugar conocido con el nombre de Qumrán, cuyas ruinas se extendían sobre una meseta un tanto retirada de la orilla noroeste, entre Engadí y Jericó. En este caso se hará referencia a estos últimos al hablar de los textos o de los manuscritos de Qumrán.Los siete primeros manuscritos de Qumrán, copiados en rollos de cuero, se encontraron por casualidad durante el invierno de 1946-1947 en lo que luego se conocerá como la cueva 1 por tres jóvenes beduinos de la tribu ta’amiré. Cuatro de estos manuscritos, confiados a un comerciante de antigüedades de Belén, fueron comprados en julio de 1947 por Atanasio Yeshúe Samuel,quien solicitó la opinión de algunos investigadores de la Escuela Americana de Investigación Oriental, que identificaron tres de ellos y los fotografiaron: un rollo completo del libro de Isaías , un comentario (o pésher) del libro de Habacuc y la regla (en hebreo sérek) de una comunidad . El último manuscrito, demasiado frágil para ser desenrollado con facilidad, resultará ser más tarde un "apócrifo del Génesis". Después de varios intentos, el metropolita Atanasio consiguió vender esos manuscritos en los Estados Unidos en 1954, sin sospechar que en realidad eran adquiridos por un intermediario que trabajaba por cuenta del Gobierno israelí.


Los otros tres manuscritos descubiertos por los beduinos, así como las jarras en las que se encontraban, transitaron por otro anticuario de Belén y fueron rescatados a finales de 1947 por Eleazar L. Sukenik, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Se trataba de otro rollo del libro de Isaías , más fragmentario que el primero, un rollo de himnos y una regla relativa a la guerra (en hebreo milhamá) final entre las fuerzas de la luz y las de las tinieblas. Sukenik preparó su publicación, que fue terminada en 1954, poco después de su fallecimiento, por su colega Nahman Avigad. 


En enero de 1949, la cueva 1 fue localizada por un destacamento de la Legión Árabe en un acantilado que caía sobre el mar Muerto, en torno a un kilómetro al norte de un lugar conocido con el nombre de Khirbet (las ruinas de) Qumrán. Un equipo dirigido por G. Lancaster Harding, del Departamento de Antigüedades de Jordania, y Roland de Vaux, de la Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa de Jerusalén, recogieron allí pedazos de jarras similares a las que habían sido vendidas a Sukenik y alrededor de 600 fragmentos de manuscritos, algunos de los cuales se habían desprendido de los rollos encontrados por los beduinos, confirmando así su procedencia. En febrero de 1952, los beduinos descubrieron una segunda cueva que contenía manuscritos un poco al sur de la primera. Por petición de las autoridades jordanas, la Escuela Americana y la Escuela Bíblica exploraron el acantilado rocoso. 


Se descubrieron vestigios de ocupación en cerca de cuarenta cuevas, entre las cuales 26 contenían cerámica contemporánea de la encontrada en la cueva 1; una tercera cueva con manuscritos, un poco al norte de la primera, ofreció fragmentos de catorce manuscritos y un curioso rollo de cobre. Entre 1952 y 1956, beduinos y arqueólogos encontraron documentos en otras ocho cuevas, cinco de ellas excavadas a unas pocas decenas de metros de las propias ruinas. La más espectacular es la cueva 4, que ofreció miles de fragmentos procedentes de en torno a 600 manuscritos. En total se han retirado fragmentos de cerca de 900 manuscritos de once cuevas. Constituyen el corpus de los textos de Qumrán.

En el momento de la excavación de la cueva 1, en 1949, de Vaux y Harding habían procedido a un rápido examen de las ruinas vecinas sin encontrar indicios que permitieran establecer una relación entre ambas. Después de nuevos sondeos (1951), a instancias de sus respectivas instituciones y del Museo Arqueológico de Palestina, se entregaron a una excavación en profundidad del lugar (de 1953 a 1956); de Vaux excavó igualmente el lugar de Ain Feshkha, a unos 3 km al sur (1958). En Qumrán, en un perímetro de 100 x 80 m, él y su equipo identificaron algunas construcciones pertenecientes a un período de ocupación de la época israelita y otras tres de la época helenística y romana. Los más antiguos vestigios se atribuyeron a un puesto militar de época israelita (siglos VIII-VII a. C.). Incluía una edificación rectangular dotada de un gran patio y de habitaciones a lo largo del muro este, una cisterna redonda alimentada por las aguas de superficie y protegida por un cercado. De Vaux sugirió que eso podía ser uno de los fortines erigidos en el reinado de Ozías. Estos elementos habrían sido reutilizados en la época helenística por un grupo que se habría instalado en Qumrán hacia el tercer cuarto del siglo II a. C. En un primer momento se habría restaurado el edificio.Se encontraron más de mil vasos de diferentes tipos, de ahí la hipótesis de que esta sala servía para las comidas comunitarias, de las que dan testimonio los depósitos de huesos de animales, enterrados en las inmediaciones.Al final de esta fase, un terremoto habría originado un incendio, dislocando la torre y provocando un hundimiento del suelo; de Vaux lo asoció al seísmo del 31 a. C.descrito por Flavio Josefo.



Tras un abandono de una treintena de años, los lugares habrían sido reocupados. Limpiaron las partes aún utilizables,rellenaron las que estaban demasiado hundidas y se reacondicionó el conjunto, los arqueólogos reconstruyeron una gran mesa estrecha y baja, asociada a una banqueta; en las proximidades encontraron igualmente tres tinteros, de ahí que se concluyera que se trataba de una sala de escritura (scriptorium) que habría servido para producir una parte de los manuscritos encontrados en las cuevas. Al coincidir la fecha de las monedas más recientes de este estrato y el testimonio de Flavio Josefo, de Vaux consideró como altamente probable que soldados de la décima legión tomaran el establecimiento por la fuerza en junio del 68. Habrían dejado una pequeña guarnición que habría ocupado parcialmente el lugar hasta la caída de Masada . El sitio habría sido muy frecuentado ocasionalmente por insurrectos de la segunda revuelta (132-135) y por viajeros de paso. 


Cerca de las ruinas de Qumrán, aproximadamente a 50 metros al este de las edificaciones, sobre la explanada, se encontraba un amplio cementerio. Incluye aproximadamente mil cien tumbas dispuestas en filas y delimitadas por óvalos de guijarros orientadas norte-sur. Algunas tumbas adicionales, cuya disposición es menos regular, están localizadas en el límite oriental, en las colinas bajas y en dos cementerios secundarios en el norte y en el sur de las ruinas. Cuarenta y tres fueron excavadas por de Vaux y su equipo. Las del gran cementerio aparentemente no contenían más que restos de hombres, excepto una de orientación y de tipo diferentes; las otras contenían esqueletos de algunos hombres, mujeres y niños. Incluso aunque la mayor parte de estas tumbas son contemporáneas a la ocupación comunitaria de Qumrán, de Vaux consideró que los datos recogidos eran insuficientes para servir de base para la extrapolación de una estadística de conjunto. 


De Vaux falleció a comienzos de los años 1970 sin haber publicado la relación final de las excavaciones de Qumrán y de Feshkha. Este trabajo está actualmente en curso, bajo la dirección de Jean-Baptiste Humbert y varios colaboradores, mientras diversas excavaciones puntuales han permitido explorar nuevamente y a veces reinterpretar radicalmente los vestigios de Qumrán.
De Vaux interpretó los descubrimientos arqueológicos de los períodos I y II de Qumrán poniéndolos en relación con los textos descubiertos en las cuevas y con los testimonios de autores grecorromanos. En su opinión, la relación no presentaba ninguna duda, puesto que los manuscritos se dispusieron en las cuevas en la época helenística o romana; estas están cerca de las ruinas y contenían cerámica idéntica. Además, el lugar y el gran cementerio sugieren una ocupación comunitaria; algunos manuscritos describen precisamente la vida de un grupo cuyos miembros se retiraron al desierto para vivir allí una vida conforme a la Ley de Moisés. Varios manuscritos hacen referencia al jefe espiritual de la comunidad, un Maestro de justicia al que se opone un "Sacerdote impío" de Jerusalén, al que se identifica con un sumo sacerdote asmoneo del siglo II a. C. (Jonatán o Simón Macabeo). Las creencias, prácticas y modos de vida de esta comunidad se parecen estrechamente a los de los esenios, uno de los grupos religiosos descritos por Flavio Josefo, Filón de Alejandría y Plinio el Viejo, cuyos orígenes se remontan a cerca de la segunda mitad del siglo I a. C. Miembros de este grupo serían los que se establecieron en Qumrán.

Varios investigadores siguen sosteniendo la interpretación global propuesta por de Vaux, aunque aportan algunos matices. Siguiendo a Magen Broshi y Jodi Magness, hoy se considera que la primera ocupación comunitaria del sitio tuvo lugar en la primera mitad del siglo I a. C. Broshi cree igualmente que, después del terremoto del 31 a. C., el lugar fue abandonado durante cinco años a lo sumo. Magness piensa más bien en una reconstrucción inmediata; en su opinión, el período I continuó sin interrupción hasta la época del cambio deera; después de una destrucción violenta y un breve abandono, el lugar fue vuelto a ocupar por el mismo grupo. Jean-Baptiste Humbert ha establecido recientemente la hipótesis de que el sitio fue ocupado en primer lugar por una villa asmonea privada, destruida a lo más tardar por el terremoto; después, una comunidad habría establecido allí un centro cultual y habría vivido allí sin interrupción hasta su destrucción por el ejército romano. La mayor parte de las propuestas alternativas proceden de arqueólogos que se atienen exclusivamente al examen de los vestigios de Qumrán y los disocian de los manuscritos y de noticias antiguas. Se ha sugerido que el lugar habría sido la villa rural de una familia rica, una casa fortificada o una fortaleza militar, un centro de producción industrial o una especie de depósito comercial en la encrucijada de importantes rutas, un lugar de purificación de enfermos, etc. Pero ninguna de estas propuestas ha suscitado la adhesión mayoritaria hasta ahora. A pesar de que siga siendo indemostrable, la hipótesis más verosímil sigue siendo que el lugar de Qumrán fue ocupado por una comunidad de tipo esenio y que los manuscritos constituían su patrimonio literario, rico y diversificado.


Fuera del lugar de Qumrán, el desierto de Judá ha entregado una serie de tesoros arqueológicos inestimables que nos informan de forma bastante precisa sobre la vida económica, social, política y religiosa desde finales de la época persa (siglo IV a. C.) hasta los primeros siglos d. C. Junto a una cantidad impresionante de objetos de toda clase (cerámica, cestería, monedas, etc.), numerosos materiales literarios se descubrieron en diferentes lugares: la fortaleza de Masada, las cuevas de Wadi Murabba’at, de Nahal Héver, de Khirbet Mird, de Wadi Daliyé y algunos otros lugares de menor importancia. Los fragmentos de documentos exhumados están escritos generalmente en hebreo, en arameo y en griego ; otros escritos, más tardíos la mayor parte de ellos, están redactados en nabateo, en siríaco, en cristo-palestinense, en latín e incluso en árabe. Entre estos documentos copiados en papiro y en pergamino se encuentran algunos textos bíblicos o parabíblicos, inscripciones religiosas y amuletos; pero la mayor parte son de naturaleza económica o administrativa: listas diversas, actas de venta, préstamos, decisiones judiciales, contratos de matrimonio, correspondencia, sellos inscritos, etc. 

Algunos, como los papiros de Wadi Daliyé (al norte de Jericó), iluminan de forma significativa la historia política de Samaría a finales de la época persa. Otros, como las cartas de Bar Kokbá, ofrecen una documentación de primera mano sobre la segunda revuelta judía contra los romanos (132-135 d. C.). El lugar fortificado de Masada, acondicionado principalmente por Herodes el Grande (40-4 a. C.), sirvió de refugio para toda clase de insurgentes judíos de la primera revuelta (66-70 d. C.), que dejaron huella de su paso mediante inscripciones y manuscritos descubiertos en la proximidad de una pequeña sinagoga. Se encontraron fragmentos del Génesis, del Levítico, del Deuteronomio y de Ezequiel, así como Salmos. 


El Museo de Israel exhibe por primera vez el Génesis apócrifo, uno de los rollos del Mar Muerto que hasta ahora había permanecido guardado en la cámara climatizada construida expresamente para albergar los delicados manuscritos encontrados en las cuevas del Qumrán, de más de 2000 años de antigüedad, y a la que sólo acceden los conservadores del museo.
El pergamino ahora expuesto es uno de los textos más misteriosos de los siete primeros rollos del Mar Muerto encontrados 1947 en una cueva en el desierto de Judea. “Era con diferencia el documento en peor estado, por eso hasta ahora ha sido imposible mostrarlo”,
Datado en el siglo I antes de Cristo y escrito en arameo, recoge del capítulo 5 del Génesis al 15. Una parte de la Biblia en la que se habla de Abraham y de Noé pero contada con diferencias significativas, de ahí que se le considere un texto apócrifo. Su contenido no hace temblar los cimientos del Vaticano —que considera los manuscritos del Mar Muerto de interés universal— pero se presta a ser objeto de nuevas teorías de la conspiración para poner en duda el texto Bíblico. “Es sin duda una copia muy antigua de un texto original. Los trazos de la escritura están hechos con mucho esmero, sin errores y eso en esa época solo era posible si se tenía delante el documento a copiar”, dice Roitman. En el pergamino, que se puede ver estos días en Jerusalén, se narra el pasaje del fin del diluvio universal.

A diferencia del Génesis (que recoge que Noé sale del arca con su familia y lo primero que hace es erigir un altar y hacer un sacrificio para Dios) el manuscrito conservado en la Ciudad Santa cuenta cómo Noé hace el sacrificio dentro del arca. “Desde un punto de vista histórico también tendría sentido porque si estamos hablando de la destrucción que arrasó la tierra, el sacrificio lo habría hecho para asegurarse de purificar el exterior”, cuenta Roitman junto a la vitrina que contiene el texto. Además, estos fragmentos del Génesis apócrifo no están narrados en tercera persona, sino que es el mismo Noé quien cuenta la historia.
Su enorme deterioro ha traído de cabeza a los especialistas durante décadas. Por eso ni siquiera se ha podido digitalizar para ser consultado online. De las 22 columnas que lo componen, las mejor conservadas son las últimas, de la 18 a la 22. “Tiene su lógica porque al permanecer enrollado, los caracteres del final del rollo son los que menos expuestos han estado a la luz y a la humedad”, explica Roitman. Son los únicos fragmentos de este pergamino que se mostraron fugazmente en 1955, en el edificio Terra Sancta en Jerusalén, cuando el entonces primer ministro de Israel, Moshe Sharett, anunció que el Estado israelí había comprado los cuatro rollos perdidos que faltaban de los siete que se encontraron en la llamada Cueva 1 del Qumrán.
Los expertos han estado años lidiando con la descomposición aparentemente imparable de este texto. A diferencia de otros rollos encontrados en la misma cueva, este manuscrito es un pergamino, no un papiro, y su tinta parece ser lo que le hace tan frágil. “Está compuesta por una aleación de carbón y resinas, como la tinta de los otros rollos, pero la del Génesis apócrifo contiene además cobre lo que hace que sea especialmente sensible a la luz. Tenemos fotografías en las que se aprecia ese deterioro al comparar el estado actual, con el estado en el que se encontraba el 1955, cuando el Profesor James Bieberkraut trabajó en él por primera vez”, cuenta el conservador.
Bieberkraut fue el primer experto en Israel que se encargó de la conservación de los rollos. Pero entonces se desconocía que este pergamino es especialmente sensible a la luz. Tanto que ni siquiera resistiría ser expuesto en el Santuario del Libro, en las mismas condiciones del resto de documentos del Qumrán. Por eso, para esta muestra los expertos han acondicionado una urna especial cubierta con un cristal inteligente. El cristal está compuesto por dos capas que permiten el paso de un haz de luz entre ellas de manera que, cuando se pulsa un botón, el pergamino se hace visible sólo durante 30 segundos, pero nunca es iluminado directamente. La vitrina contiene un microchip que registra constantemente las condiciones ambientales.
“Los otros manuscritos se exhiben por partes. Cada tres meses muestran una sección de ellos diferente, así aseguran su preservación. Pero con el Génesis apócrifo,segun sus conservadores no se puede hacer eso porque se desintegraría.Los fragmentos se exponen hasta junio y después, volverán a dormir en la cámara donde han estado más de 50 años.

https://bibliotecahistoricausal.wordpress.com/2019/01/08/el-genesis-apocrifo-uno-de-los-rollos-del-mar-muerto/
https://www.elmundo.es/cronica/2018/04/02/5ac1218022601d98188b45f0.html
https://elpais.com/cultura/2018/03/26/actualidad/1522088525_381854.html
https://www.elperiodico.com/es/extra/20180327/texto-desmiente-biblia-sobre-noe-diluvio-6719140

  


miércoles, 23 de octubre de 2019

EL FARO DE BELL ROCK...LA ARQUITECTURA EN EL MAR


Parece un escenario arrancado de la imaginación de Julio Verne. El misterio, la belleza y la singularidad pintan los trazos de este faro alzado en frente de las costas escocesas en el Mar del Norte, un vigía tranquilo que todos los curiosos buscan captar en una fotografía para reflejar lo inusual de su construcción, lo particular de su situación.
El Faro de Bell Rock se halla emplazado a 18 km de la costa de Escocia en frente de la pequeña localidad de Arbroath, en Angus.  Mide 35 metros y se trata de una obra ingeniería verdaderamente fascinante del siglo XIX. Diseñada por el ingeniero Robert Stevens entre 1807 y 1810, se trata del segundo faro más antiguo del mundo construido en medio del mar. El primero está situado en Francia, y es el llamado faro de Cordouan.
Hasta que se construyó el faro de Robert Stevenson los marinos que navegaban por la costa este de Escocia sentían auténtico terror al arrecife Inchcape, unas rocas traicioneras que se encuentran sumergidas la mayor parte del día, a pocas millas de la localidad de Arbroath. En escritos de la época se hace referencia a la actuación del abad de Arbroath que instaló una campana anclada al arrecife, accionada con el propio oleaje, para avisar a los navegantes desprevenidos. Este hecho, del que no existe constancia fehaciente, renombra popularmente al arrecife como Bell Rock, nombre que posteriormente recibe también el faro que se decidió construir allí tras una terrorífica tormenta que hizo naufragar, en 1799, a 70 navíos en la zona.
Bell Rock (como ya comenté) es el faro más antiguo (situado en un arrecife en medio del mar) en funcionamiento del mundo y es considerado una obra maestra de ingeniería. Nunca antes se había construido un faro en un arrecife sumergido la mayor parte del tiempo (solo se descubre 2 veces al día, en periodos muy cortos) y su construcción fue una verdadera proeza de la ingeniería de la época. Se encuentra enclavado sobre el arrecife de Inchcape en el Mar del Norte cerca de Arbroath, Angus en Escocia, un lugar estratégico en medio de las rutas de navegación mas frecuentadas hacia los fiordos.
 Sección del faro
La propuesta de construcción y el diseño fue realizado por Robert Stevenson, abuelo del famoso escritor y autor de “La isla del tesoro” Robert Louis Stevenson, y las obras empezaron en el año 1807 para terminar a finales de 1810 e inaugurarse en 1811. Este año celebra su segundo centenario sin haber sufrido, hasta la fecha, ninguna modificación estructural sobre la construcción original.
 Estado de la obras en Septiembre del 1809, se puede contemplar la grúa usada para levantar las piedras y el puente colgante que comunicaba la caseta de los trabajadores y el faro. 

Su construcción estuvo plagada de dificultades y se produjeron numerosos accidentes. Como ayuda a las obras y alojamiento para los obreros se utilizaron 2 barcos, el Pharos que servía además de buque faro fondeado a 2 millas del arrecife y el Smeaton, construido específicamente para la ocasión. La plantilla total de trabajadores rondaba las 110 personas y estaba compuesta por unos 60 artesanos, 35 marineros y 15 capataces, además del caballo Bassey que tiraba del carro que transportaba las piedras para la construcción del faro, desde Arbroath hasta el puerto donde se embarcaban. En una ocasión el Smeaton se desprendió accidentalmente de su amarre alejándose en poco tiempo varias millas e incapaz de regresar a tiempo al arrecife, antes de que éste se sumergiera con la marea. 32 hombres se quedaron aislados en la roca con sólo dos pequeñas embarcaciones donde no cabían todos. Cuando la desgracia estaba a punto de suceder apareció un barco inesperadamente, a través de la bruma, y pudo rescatarles milagrosamente. Su aparición ese día salvó muchas vidas pero a consecuencia del accidente 18 hombres se negaron a embarcar hacia la Roca al día siguiente. Unos meses mas tarde se destinó otra embarcación, el Sir Joseph Banks, al servicio de las obras y como ampliación del alojamiento, el Pharos quedó como faro provisional y el Smeaton se dedicó al transporte del material para la construcción.
 Vista del faro y la caseta a su lado, en Julio del 1810 a escasos meses de su finalización. 
Al principio apenas se podía trabajar 2 horas dos veces al día, coincidiendo con la marea baja, y las condiciones de trabajo eran muy duras. Los obreros trabajaban hasta que la marea subía y cuando el agua les llegaba por encima de las rodillas tenían que volver al barco. El trabajo era muy lento y laborioso debido a que usaban picos simples que necesitaban un constante afilado ya que Stevenson no podía usar la pólvora por miedo a dañar la roca misma. A causa de la pérdida de tiempo que suponía el ir y venir de la embarcación donde se alojaban se decidió construir una cabaña al lado del arrecife para el alojamiento y los talleres. Sobre un lecho de enormes troncos de madera encajados en las rocas y asegurados con barras de hierro, clavadas en el arrecife, se levantó la cabaña a finales de 1807. Se instalaron varias fraguas en la cabaña para reparar sobre la marcha instrumentos dañados, que además sirvieron para ayudar a tender un puente entre la cabaña y la zona de construcción por donde podían circular, por medio de raíles, pequeños vagones de transporte de material, lo que facilitó en gran medida el avance de las obras aunque en los dos primeros años solo se pudo trabajar un total de 300 horas, debido a las difíciles condiciones del lugar.
 Sección del faro en la que se puede ver el cambio de técnica para asegurar un tramo al tramo inferior, de las pequeñas piedras cuadradas al “exin-castillo” 

La necesidad de adelantar el curso de las obras obligó a trabajar durante las horas de oscuridad, cuando era necesario. Uno de los albañiles, John Bonnyman, perdió un dedo mientras usaba la grúa móvil y fue calificado para convertirse en uno de los guardianes del faro como compensación. Mas adelante se produjo otro incidente que provocó la muerte de James Scott, uno de los jóvenes marinos a bordo de la Smeaton, a causa de una boya que se soltó chocando contra el barco con tal fuerza que fue arrojado al agua, junto a otro marinero. Al quedar inconsciente por el golpe se ahogó, salvándose sin embargo su compañero que pudo luchar por su vida. También, uno de los principales constructores, Michael Wishart, tuvo un grave accidente al derrumbarse una de las grúas quedando atrapado debajo de la maquinaria. Por suerte pudo ser trasladado a Arbroath a tiempo y se recuperó totalmente, convirtiéndose en segundo guardián del faro cuando las obras terminaron. Menos suerte tuvo uno de los obreros, William Walker, cuando fue aplastado por una enorme piedra que le cayó encima mientras trabajaba cerca de la cabaña. Otra muerte mas se produjo cuando Charles Henderson, uno de los jóvenes forjadores, se deslizo de la escala de cuerda que unía el faro con la baliza cayendo al mar y ahogándose posteriormente. También se produjeron señales de descontento entre los marineros que se quejaban por las condiciones de trabajo y sobre todo por sus raciones de cerveza, que consideraban escasa. Se produjo un motín y los cabecillas que se negaron a continuar sin un aumento de la cantidad de alcohol fueron enviados de vuelta a Arbroath y despedidos fulminantemente.
Una vez acabada la torre se instaló el primer aparato óptico, catóptrico, montado en un marco rotatorio movido por un mecanismo de relojería y dotado con 24 reflectores parabólicos fabricados en cobre y terminados en plata pulida para otorgarles capacidades reflectantes. Fue el primer faro con luz giratoria de Escocia. Las luces se alimentaban con aceite de ballena (espermaceti) hasta que en 1877 se cambió a parafina vaporizada. Mas adelante, en 1902, se cambia la óptica y se instalan lentes de Fresnel y en 1964 se cambia de nuevo la alimentación instalándose generadores diésel y una potente lámpara incandescente. También se cambia de nuevo la óptica y se instala otra que se monta sobre un moderno pedestal giratorio. Finalmente, en 1999, se instalan nuevas lámparas alimentadas por energía solar.
Crucero britanico Argill,1907
Durante los 200 años que lleva funcionando el faro sólo ha permanecido apagado durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, en la que solo se encendía para facilitar el paso de los navíos que avisaban con antelación. A consecuencia de un fallo en las transmisiones, en 1915, se produjo un grave accidente cuando el crucero acorazado británico HMS Argyll envió la señal de paso y ésta no fue transmitida al faro debido al mal estado del mar, por lo que el faro permaneció apagado. El HMS Argyll embarrancó en el arrecife y quedó totalmente destrozado pero toda su tripulación se salvó y el barco fue posteriormente volado para hundirlo totalmente. La necesidad de mantener el secreto sobre las pérdidas navales durante la guerra hizo que nunca saliera a la luz este accidente hasta que, gracias a los esfuerzos de investigación del periodista escocés James Murray, salieron a la luz todos los detalles del suceso. Evans, un guardiamarina del Argyll, le relató: “Esa noche fue una de las peores que recuerdo de los muchos años que he navegado, los vientos tenían la fuerza de una tormenta, el mar parecía una montaña y la espesa niebla junto a las fuertes lluvias formó una combinación tan desagradable como la peor que cualquier hombre de mar puede enfrentar". Fue un triste final para un barco, construido en 1904, que era uno de los mejores cruceros de guerra en ese momento.
Durante la Segunda Guerra Mundial fue el objetivo de cazas enemigos que lo ametrallaron en varias ocasiones, sin graves daños, y en una ocasión fue bombardeado pero la falta de puntería del atacante le salvó una vez mas y la bomba explotó a unos 10 metros de la base de la torre. El peor accidente tuvo lugar en 1955 cuando un helicóptero militar británico, en un vuelo rutinario de entrenamiento, se estrelló contra la cúspide del faro precipitándose al mar a consecuencia del impacto. Toda la tripulación falleció pero ninguno de los tres fareros recibió daño alguno. La óptica del faro quedo dañada y estuvo apagado varios días hasta que pudo desembarcar un equipo de emergencia para repararlo.

El faro tenía originalmente 5 habitaciones: el almacén de víveres, situado en la zona mas baja, otro almacén situado mas arriba para depósito de combustible, el dormitorio para los tres fareros que atendían el faro, la cocina y el comedor en otra planta superior y por último la biblioteca, situada justo debajo de la sala de las lámparas. En 1975, se construyó un helipuerto que sólo se puede utilizar durante la marea baja y cuando el clima es favorable. Lamentablemente la pista de aterrizaje y la pasarela están muy dañadas en varios lugares y serían necesarias algunas reparaciones. El faro fue automatizado en 1988 y es visitado un par de veces cada año para trabajos de mantenimiento controlados desde Northern Lighthouse Board en Edimburgo.
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https://www.meneame.net/story/faro-bell-rock-maravilla-medio-mar
https://facingyconst.blogspot.com/2012/11/faro-de-bell-rock.html

jueves, 2 de mayo de 2019

FARO DE CORDOUAN...EL VERSALLES DEL MAR

A unas 4 millas de las localidades de Le Verdon-Sur Mer (Gironda) y Royan(Charente Maritime) se encuentra el Faro de Cordouan, considerado el faro más antiguo de Francia.  Se dice que es “el rey de los faros, y el faro de los reyes”.
La entrada por mar al estuario de la Gironda, donde confluyen los ríos Garona y Dordoña, es bastante complicada desde el punto de vista de la navegación, no solo por las corrientes que se forman en la desembocadura y en el propio estuario, sino por un peligroso arrecife de unas 150 hectáreas que hay que evitar si no se quiere encallar.
Es en este mismo arrecife donde se erige el Faro de Cordouan, sobre un islote que se aprecia perfectamente durante la bajamar. En época de mareas vivas emerge aún más el banco de arena que rodea la plataforma, y una pasarela a través de la que las personas llegan a los pies del faro. La pleamar esconde el islote y las arenas que lo rodean dejando a la vista una solitaria y majestuosa construcción en plena mar.
El faro es la principal referencia que señala los pasos de entrada y de salida al estuario que conduce al importante puerto comercial de Burdeos. Existen varias leyendas sobre el origen del faro que se remontan a la alta Edad Media. 
El islote de Cordouan aparece en varios mapas de 1313, 1436 y 1550 bajo el nombre «Cordam». En 1545, la cosmografía de Jehan Allonfonsce y Paulin Secalart lo señala bajo el nombre de «Ricordame». Es el primer documento que menciona la existencia de una hoguera en lo alto de una torre. En 1570, en La vraye et entière description du royaume de France (Verdadera y completa descripción del Reino de Francia) de Guillaume Postel, la torre se llama «Tour de Corben» (Torre de Corben).
Existen varias leyendas no corroboradas por datos históricos sobre la existencia de un asentamiento medieval en el islote. Según el relato que hace Henri Lancelot Voisin, señor de la Popelinière, de su visita a Cordouan en 1591, los lugareños contaban que el islote había sido antiguamente unido a la costa y había tenido un pueblo de nombre Latran o Médine (Latrán o Medina), que el mar había sumergido con el tiempo. Los habitantes de la región afirmaban que habían recuperado las piedras de las ruinas de aquel pueblo para la construcción de varias casas del pueblo costero de Soulac. Por otro lado, se cuenta que mercaderes musulmanes medievales procedentes de Córdoba (Cordoue en francés) habrían pedido que se instalara el primer fuego para evitar los frecuentes naufragios de sus navíos, o se habrían asentado en el islote donde habían levantado una atalaya para guiar a sus barcos.

Se considera muy probable que hayan existido varias torres con un fuego, antes de que se construyera la primera torre de la que se tiene constancia. Pero se sabe que fue Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro, quien ordenó su construcción en 1360. Se levantó una torre octogonal de 16 metros de alto, coronada por una plataforma donde se encendía una hoguera. El faro estaba bajo la custodia de unos ermitaños que vivían en una vivienda adyacente a la capilla que flanqueaba la torre, y que mantenían el fuego encendido. Cobraban un derecho de tránsito a los navíos que entraban en el estuario de la Gironda.
También se dice que fueron unos mercaderes musulmanes procedentes de Córdoba quienes construyeron un primitivo faro o atalaya que les permitiera guiar a sus navíos y evitar los naufragios. En francés, Cordoue significa Córdoba, cuyo gentilicio “cordouan” (cordobés) da nombre al faro. Pero ninguna de las dos leyendas está corroborada por datos históricos.

Con el tiempo el edificio se fue deteriorando, y hubo que esperar hasta el reinado de Enrique III de Francia para que se tomara la decisión de levantar un nuevo faro. En 1584, el mariscal de Matignon, gobernador de Guyena, y Michel de Montaigne, alcalde de Burdeos, contratan para el proyecto al arquitecto e ingeniero Luis de Foix, que era relojero de Felipe II de España. En el emplazamiento del futuro faro se levantan diques de bloques de piedra y de maderos para proteger de los embates del oleaje las instalaciones necesarias a las obras de construcción. En este perímetro se construye un verdadero pueblo obrero: talleres, una carpintería y una ebanistería, una forja, un horno para la cal, viviendas para alojar al ingeniero y hasta 50 obreros, almacenes para los víveres, una bodega, un molino, un horno de pan y una caballeriza con un pajar para los 6 o 7 caballos que transportaban los materiales.Al cabo de un año, los 200 obreros contratados solo habían levantado un basamento, con muchas dificultades. El dinero se agotaba pero Louis de Foix se comprometió a llevar la construcción adelante con su propio dinero si fuese necesario, y a levantar un faro más grande y majestuoso que el previsto inicialmente.

En 1591 el faro estaba parcialmente construido, y había sido concebido como un monumento renacentista en honor a Enrique III, que acababa de morir, y al nuevo rey, Enrique IV de Francia. Pero las obras se interrumpieron de nuevo por falta de fondos. El rey le concedió a Louis de Foix un nuevo contrato que preveía ampliar la plataforma del faro. Cuando Louis de Foix falleció, en 1603 o 1604, las obras estaban prácticamente terminadas; le sucedió su contramaestro, François Beuscher, y la construcción finalizó en 1611. Tras 25 años de obras, se enciendió por primera vez el que se consideraba ya como el faro más bonito del mundo.
Esta primera torre tenía un diámetro de 16 m en su base, y se constituía de varias plantas superpuestas cuyo diámetro iba disminuyendo. La planta baja constaba de un vestíbulo y cuatro despachos, la primera era una amplia habitación llamada "apartamento del Rey", la segunda se dedicaba a una capilla con una bóveda y dos filas de ventanas, y decorada de pilastras y esculturas. Por encima el diámetro se reducía a 5,40 m, y no pasaba de 1,50 m en la linterna. Esta era de piedra, con 8 arcos por donde vislumbrar la luz del fuego que se hacía con una mezcla de brea, alquitrán y madera. Un obelisco hueco para la evacuación del humo culminaba el edificio. La luz del faro se elevaba a 37 m por encima del nivel de las mareas más altas.

En 1645 una tormenta derribó la linterna cuyas piedras estaban calcinadas por el fuego, y los fareros ya no se atrevían a subir para encender el fuego. Una vez finalizadas las guerras con la casa de Austría y la Fronda, el ministro Colbert ordenó realizar importantes reparaciones entre 1661 y 1664; el basamento fue reforzado y se reconstruyó la linterna cuyo fuego era alimentado con aceite de ballena que se quemaba en un gran cuenco de bronce. El "apartamento del Rey", en la primera planta, fue ricamente decorado. Pero unos 50 años más tarde, cuando Luis XV accedió al trono, el faro se encontraba de nuevo en estado de abandono. Ante la ausencia de un fuego permanente, los naufragios se multiplicaban y crecían las protestas. Por ello, en 1722 el faro pasó a depender de la circunscripción de Burdeos.
Con la nueva administración, en 1727 se emprendieron nuevos trabajos de consolidación3 bajo la dirección del caballero de Bitry, ingeniero de Burdeos al cargo del faro de Cordouan. Instaló una linterna abierta de hierro forjado y un sistema de alumbramiento con carbón de tierra que se quemaba en un hornillo. Entre 1739 y 1742, se construyó una rampa de desembarco. Entre 1782 y 1786 el arquitecto de la villa de Burdeos, Joseph Teulère, mandó reforzar con círculos y grapas de hierro la parte superior del faro que se había gravemente deteriorado, y sustituyó el hornillo de carbón por el primer sistema de reflectores. Este dispositivo, concebido por Tourtille-Sangrain, se componía de 80 reflectores de cobre plateado y era alimentado por una mezcla de aceites animales y vegetales. La linterna fue ampliada y cerrada con cristales.
Lo cierto es que el faro que conocemos actualmente fue construido entre 1584 y 1611 por el arquitecto Luis de Foix (relojero de Felipe II), no solo como un faro de utilidad para los navegantes, sino como un suntuoso monumento. Este hecho le valió el apodo de “Versalles del mar”. Desde entonces ha sufrido numerosas reformas y cambios, y fue ampliado a finales del siglo XVIII.

En 1786, se decidió reemplazar la parte superior del faro por una torre más resistente y más alta, cuyo proyecto fue confiado a Teulère que derribó la parte del edificio que superaba la cúpula de la capilla. Construyó una torre cilíndrica coronada por una plataforma saliente y una linterna de obra. Con estas obras, el faro adquirió su configuración actual. Una vez concluidas las obras, Teulère concibió para Cordouan un nuevo sistema de alumbramiento compuesto de un quinqué, lámpara inventada hacía poco por el suizo Ami Argand, y del primer sistema de reflectores parabólicos mecanizados, inventado por Le Moyne. La luz del fuego se elevaba a 60 m sobre el nivel de las mareas más altas y era alimentada por aceite de ballena, de colza y de oliva.
En 1823, Augustin Fresnel, entonces director del Servicio Nacional de Faros y Balisas, instaló por primera vez en el faro de Cordouan el sistema de lentes talladas que acababa de inventar. Hoy en día todos los faros del mundo están equipados con este sistema.
Fue declarado monumento histórico en 1862, al mismo tiempo que la catedral Notre-Dame de París. Es el faro en actividad más antiguo de Francia, y está considerado el decano de los faros de Europa. Supongo que por detrás de la Torre de Hércules, que ostenta el título de faro más antiguo del mundo (aunque ya se sabe que estas disputas son tan recurrentes como relativas).
La primera de las construcciones que se empleó como faro albergaba una llama que advertía a los navegantes sobre el peligroso arrecife. En 1948 fue electrificado mediante dos grupos electrógenos conectados a una lampara de 6.000 W. En 1987 se instaló una lampara halógena de 2.000 watios, que es la que hoy en día se aprecia cuando cae la noche en la costa atlántica francesa. 

Tras la retirada en 2012 de los últimos guardias que custodiaban el faro, la Asociación para la Salvaguardia del Faro de Cordouan se hizo cargo de su cuidado, y es la que hoy en día se encarga de mantener a dos vigilantes en el edificio con el objeto de prevenir actos de vandalismo. 
 Trescientos once escalones separan al visitante del balcón donde se encuentra la linterna, el último estadio de la visita. Durante la ascensión, se visitan las seis plantas de las que consta el faro, incluida la capilla, el denominado Apartamento del Rey y la Sala de los Girondenses. La subida se ve recompensada con unas impresionantes vistas de 365 grados.
 Con marea baja, los barcos atracan en el banco de arena que existe al lado de la construcción, y tras una pequeña caminata por una pasarela de piedra se accede a la base del faro.