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sábado, 5 de octubre de 2019

TOMAS MORO Y LA "UTOPIA"



Tomás Moro, nació en la zona de Cheepside de la ciudad de Londres, Inglaterra, el día 7 de febrero de 1478, concretamente en la casa familiar ubicada en la calle de Milk Street.
Fue el hijo mayor de Sir John More y de Agnes Graunger. Su padre entonces era el Mayordomo del Lincoln"s Inn, uno de los cuatro colegios de abogados de Londres. John More era jurista y posteriormente fue nombrado Caballero y Juez de la Curia Real.
En 1486 Tomás Moro, a los 8 años de edad y después de haber estudiado la enseñanza primaria durante tres años en la Saint Anthony School, considerada la mejor escuela de gramática de Londres, y siguiendo la costumbre de las mejores familias, fue conducido al Palacio de Lambeth donde sirvió como paje del Cardenal John Morton, quien entonces era Arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra.
El Cardenal Morton era un ferviente defensor del nuevo humanismo renacentista, el movimiento cultural de recuperación de la cultura clásica en el Renacentismo, y tuvo en gran estima al joven Tomás Moro. Confiando en desarrollar su potencial intelectual, el Cardenal decidió en 1492 sugerir el ingreso de Tomás, quien por entonces contaba con 14 años, en el Canterbury College de la Universidad de Oxford, donde pasó dos años estudiando la doctrina escolástica, con su método de enseñanza de la religión. Asimismo el joven Tomás perfeccionó su retórica gracias a sus profesores, los humanistas ingleses Thomas Linacre y William Grocyn.
En su juventud Tomás Moro enfrentó el dilema de si podía servir mejor a Dios siendo monje o seglar. En 1501 ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, viviendo como laico en el Monasterio cartujo de Greenwich hasta 1504.
Durante estos tres años se dedicó dentro del Monasterio al estudio religioso y a traducir epigramas griegos al latín y a formular comentarios sobre el libro de San Agustín de Hipona "De civitate Dei" (La Ciudad de Dios).
Tras realizar la traducción de una biografía del humanista y pensador italiano Giovanni Picco della Mirandola, escrito por su sobrino Gianfrancesco, Tomás quedó tan impresionado por el sentimiento de la obra que la adoptó para sí mismo, lo cual marcaría definitivamente el curso de su vida.
Tomás Moro abandonó su vida monacal y ascética ya que prefirió, en las palabras del teólogo y humanista holandés Erasmo de Rotterdam, ser una marido casto y no un sacerdote tibio.
Sin embargo nunca abandonó ciertos hábitos penitenciales propios de la vida monacal, por lo que llevó durante toda su vida un cilicio en una pierna y practicó   ocasionalmente la auto-flagelación. Además asistía diariamente a oír la Santa Misa.




Después de su experiencia monacal, en 1504 Tomás Moro fue elegido miembro del Parlamento, juez y subprefecto de la ciudad de Londres durante el reinado de Enrique VII, quien gobernó hasta su fallecimiento en 1509, y con quien Tomás tuvo algunas discrepancias por oponerse a algunas de las medidas del Rey.
En 1507 Tomás Moro es pensionado y Mayordomo en el Lincoln"s Inn, donde además se dedicó a dar conferencias entre 1511 y 1516. En 1510 nuevamente es nombrado miembro del Parlamento y Vice sheriff de Londres, cargo judicial y administrativo. También participó en diversas gestiones relacionadas con el ámbito comercial entre grandes empresas de Londres y de la Europa continental, básicamente en el área de Flandes.
Precisamente en uno de estos viajes Tomás Moro escribió un poema dedicado al nuevo Rey, Enrique VIII, con motivo de la ceremonia de su coronación en 1509. El texto del poema llegó a manos del Rey, quien hizo llamar a Tomás a Palacio, naciendo a partir de entonces una gran amistad entre ambos. Enrique VIII, quien se consideraba protector del humanismo y de las ciencias, se sirvió de la diplomacia y del tacto de Tomás Moro, confiándole varias misiones diplomáticas en varios países europeos. Con ello Tomás entró al servicio de Rey y se convirtió en miembro de su Consejo Privado.
En sus viajes por Europa continental Tomás recibió la influencia de distintas universidades. En 1517 fue enviado a Calais, al norte de Francia, para resolver asuntos mercantiles y fue nombrado Master of Requests, o sea, Relator del Consejo de Estado.
De nuevo en Londres, Tomás Moro en 1520 ayudó al Rey Enrique VIII a escribir la obra Asertio Septem Sacramentorum o Afirmación de los siete Sacramentos, y en 1521 el Rey le nombró Knight (Caballero) y Vicetesorero. Este mismo año su hija Margaret se casó con William Roper, quien después sería el primer biógrafo de Tomás Moro.
En el año 1524 Tomás fue nombrado High Steward o Administrador de la Universidad de Oxford, de la que había sido alumno, y en 1525 ostentó el mismo puesto en la Universidad de Cambridge, además de ser Canciller de Lancaster. Finalmente, en 1529, Tomás Moro fue nombrado Lord Canciller de Inglaterra por el Rey Enrique VIII, siendo el primer laico que ocupaba dicho puesto después de varios siglos.
A pesar de su nombramiento como Canciller de Inglaterra, Tomás no se hizo ilusiones ni se mareó con el poder. Aceptó el puesto porque, textualmente, según él es deber de todo cristiano y un acto crucial de caridad, buscar el bien común participando en la política y lograr así que la paz y la justicia se abracen y se besen.
A pesar de su elevado rango, Tomás Moro siguió practicando la asistencia diaria a la Santa Misa, el ayuno, la oración por medio de la Lectio Divina, la caridad, la educación cristiana y moral de su familia, y también la mortificación personal aún llevando en su atuendo todos los símbolos del poder que ostentaba.
El famoso cuadro del pintor Holbein, el cual está reproducido al final del presente estudio, muestra a un Tomás Moro en la cima del poder con su ajuar de Lord Canciller de Inglaterra, pero calmo e inescrutable a pesar de que bajo su vestimenta llevaba siempre un cilicio, lo cual le recordaba su mortalidad y su fe. Tomás se preparó durante toda su vida para la prueba final, a la cual todos nos enfrentaremos tarde o temprano.
Fue por entonces cuando Tomás trasladó su residencia a Chelsea, y desde allí escribió una carta al teólogo luterano alemán Ioannis Bugenhagen, en el cual defendía la supremacía del Papa. Ya desde 1528 el Obispo de Londres le había permitido consultar libros considerados entonces como heréticos, con el fin de que Tomás pudiera refutarlos, dada su constante defensa por la fe católica.



Alrededor de 1497 Tomás empezó a escribir poesías cargadas con cierta ironía, lo cual le valió considerable fama y reconocimiento. Fue precisamente en esa época cuando tuvo sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento, especialmente con John Skelton y con Erasmo de Rotterdam, con quien llegaría a entablar una gran amistad.
En 1506 tradujo al latín la obra Luciano, en compañía de Erasmo de Rotterdam. Y en 1513 escribió también Historia del Rey Ricardo III, libro que sirvió de inspiración a William Shakespeare para el personaje de su obra.
También escribió retratos de personajes públicos, como es el caso de Vida de Pico della Mirandola, así como poemas y epigramas en Epigrammata. Mención especial merecen los diálogos y tratados que realizó en defensa de la fe tradicional, atacando duramente a los Reformistas, tanto laicos como religiosos. Entre estas obras se encuentran Respuesta a Lutero, Un diálogo sobre la herejía, Refutación a la respuesta de Tyndale y Respuesta a un libro envenenado.
Además de escritos en defensa de la Iglesia Católica, Tomás Moro también escribió acerca de aspectos más espirituales de la religión, tales como Tratado sobre la Pasión de Cristo, Tratado sobre el Cuerpo Santo y La agonía de Cristo, obra que escribió durante su confinamiento en la Torre de Londres. Esta última obra, salvada de la confiscación decretada por Enrique VIII, por voluntad de Margaret, la hija mayor de Tomás, pasó a manos españolas a través de Fray Pedro de Soto, confesor del Emperador Carlos V, quien entregó el libro al Museo del Real Colegio del Corpus Christi de la ciudad de Valencia, lugar de nacimiento del humanista y filósofo Luis Vives, de quien Tomás Moro era íntimo amigo.



Pero su obra cumbre fue Utopía, escrita en 1516 y publicada en Lovaina, Bélgica, en la que Tomás abordaba problemas sociales de la humanidad, y con la cual se ganó el reconocimiento de todos los eruditos de Europa. Uno de sus inspiradores para esta obra fue indudablemente su amigo íntimo Erasmo de Rotterdam, humanista y teólogo holandés.
El libro Utopía es escrito por Tomas Moro después de escuchar atentamente la historia de Rafael Hytlodeo, quien deseando conocer el mundo se unió a Américo Vespucio, y fue su acompañante en tres de los cuatro viajes, pero en su ultimo viaje no regreso con el, y junto a cinco compañeros del castillo recorrió muchas regiones; Rafael era un magnifico filosofo, pero nunca le sirvió a ningún rey, ya que sabia que sus consejos nunca serian tomados en cuenta y estaría perdiendo el tiempo y así mismo arriesgándose a convertirse en un corrupto antes de llegar a corregir a sus compañeros, el pensaba que un filosofo nunca tendría lugar en los negocios públicos , criticaba las formas de castigo utilizadas en Inglaterra, ya que consideraba que un ladrón no merecía morir solo por haber hurtado una pequeña suma de dinero, ya que la vida nunca tendría precio, tampoco estaba de acuerdo con la injusticia y desequilibrio en la sociedad, no podía razonar porque los banqueros, ricos holgazanes, ociosos que no hacían mas que jactarse de su poder vivieran en la opulencia y lujos mientras que los siervos y los que trabajan como burros la tierra y cada día cosechan las frutas y verduras que nos dan vida y que sin ellas moriríamos están en la miseria y enfermos.
El empezó a contar la historia de utopía a Tomas Moro que muy ansioso escucho atentamente…
La isla de utopía es el lugar perfecto, poseen una organización excepcional jamás vista en ningún otro lugar, en ella nadie es dueño de nada y no existe la propiedad privada todos sus habitantes viven de lo que ellos mismos cosechan, ya que absolutamente nadie se excluye de trabajar, todos trabajan ya que repugnan la ociosidad y la holgazanería, si a una familia le sobra alimento reparten lo sobrante entre los vecinos.
La ciudad mas importante de utopía es Amaurota, ya que esta en el centro y en ella se ubica la asamblea, la asamblea esta constituida de sifograntes ( un miembro de cada familia ) y estos en voto secreto se encargan de escoger a un príncipe, pero el príncipe puede ser cambiado cuando el pueble empiece a ver tiranía de parte de el, los sifograntes evitan que nadie se entregue al ocio, todos trabajan pero sin exagerar, ya que poseen tiempos de descanso en los que se dedican a ejercitar la música o simplemente a hablar. En utopía no se conocen los dados, y peligrosos juegos de azar, en cuanto a su vestimenta utilizan el lino y la seda, pero solo por su blancura no le conceden ningún valor a la finura de la tela, y todos se contentan con uno solo, que les dura dos años, Relaciones Mutuas : En utopía se respeta mucho a los ancianos, las mujeres atienden a los esposos y los hijos a sus padres, los utópicos no matan las reses, ese trabajo lo hacen los siervos, ya que esta prohibido que los conciudadanos se habitúen a matar seres vivos ya que esa acción va eliminando el sentimiento de piedad, a los enfermos los cuidan mucho, los hospitales están dotados de todo lo necesario y gastan lo que sea por la curación del ciudadano.
En utopía no existe ningún motivo de ociosidad, ninguna taberna, ni cervecería, ni burdeles. El oro no tiene ningún valor, al igual que la plata así que no tienen ningún tipo de moneda, pero con ese oro compran mercenarios para la guerra cuando es necesario, también lo utilizan para las cadenas y grillos de los esclavos, de esta forma logran que el oro y plata sean despreciados.
Los utópicos se maravillan de que haya hombres a quienes les atraiga el resplandor de cualquier piedra, y le den tanto valor a un material tan inútil como es el oro, creen en Dios y en el alma y para ellos la virtud es: vivir conforme a la naturaleza a la cual estamos guiados por Dios
Para ellos el más grande placer es la salud, y los placeres del alma son la inteligencia y el que nace al contemplar la verdad.
Los utópicos detestan la guerra como cosa de animales, ellos solo la utilizan cuando es estrictamente necesario y tratan de no derramar sangre inocente, generalmente ponen recompensa a la cabeza de los jefes enemigos, esa técnica hace que se traicionen los unos con los otros y solo castigan a los que se lo merecen.

CONCLUSIONES
  • La única forma de crear un país perfecto, es logrando que el hombre deje de pensar en si mismo, y aprenda a ser justo, y trabajador.
  • Los vicios y ociosidades deben ser cambiadas por las virtudes.
  • Utopía es algo bueno y fantástico que jamás se hará realidad.
  • El pensamiento humano desde la época de Tomas Moro no ha evolucionado lo suficiente para comprender que el bien común esta sobre el personal y que solo trabajando en equipo se logra la felicidad.
  • Los verdaderos placeres son la salud, la inteligencia y el conocimiento de la verdad.
OPINIÓN PERSONAL
La Utopía de Tomás Moro es la denuncia de unos comportamientos deplorados por el autor, escrito con un fino toque burlón, no exento de un dramatismo especialmente notable en la composición de los diálogos. Su invención de una república ideal, gobernada por medio de la razón y bajo la más profunda tolerancia religiosa, obtuvo una importante e inmediata, es una sátira de carácter político social.
Esta obra ha hecho que mi pensamiento y mi forma de interactuar con las demás personas cambie, me ha abierto los ojos de las consecuencias que trae consigo entregarse al orgullo, holgazanería, y ociosidad.
Aprendí que sobre el bien personal están las demás personas y que como comunidad debemos estar unidos los unos con los otros.
Creo que utopía es una obra que todos deben leer sobre todo los que están en los puestos públicos , para que tomen conciencia de las estupideces que comete mos los humanos.



Continuando con la biografia de Tomas Moro...ante el deseo de Enrique VIII de anular su matrimonio canónico con Catalina de Aragón para poder casarse nuevamente con Ana Bolena, Tomás Moro actuó con prudencia, sin buscar ni desear una innecesaria confrontación. Prudencia que es siempre una virtud indispensable para poder ver la realidad objetivamente, y no conforme a nuestros deseos y ambiciones.
Esta negativa de Tomás Moro a no apoyar el deseo del Rey motivó la enemistad entre ambos. Enrique VIII había solicitado al Papa Julio II la concesión de la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, y la negativa del Papa supuso finalmente la ruptura de relaciones entre Inglaterra y la Iglesia Romana, lo cual dio lugar a la formación de la Iglesia Anglicana, de quien el Rey era cabeza principal. La razón aducida por Enrique VIII para dicha anulación matrimonial era para casarse con Ana Bolena y así tener un hijo varón que pudiera sucederle en el trono de Inglaterra, puesto que Catalina de Aragón no podía dárselo.
Las reiteradas negativas de Tomás Moro a apoyar el deseo del Rey acabaron por provocar el rencor de Enrique VIII hacia Tomás, quien en 1530 se negó a firmar la carta en la que nobles y prelados solicitaban al Papa la anulación del matrimonio real. En 1534 también se negó a firmar el Acta de Supremacía, que representaba el repudio a la supremacía papal. Dicha Acta establecía condena a quienes no la aceptasen, y por ello el 17 de abril de 1534 Tomás Moro fue encarcelado en la Torre de Londres.
Tomás Moro no tuvo duda alguna de que al no secundar el deseo del Rey comenzaría un largo calvario que terminaría con su muerte. El poderoso Rey no podía tolerar que alguien de tanto prestigio como Tomás Moro no se plegara a sus deseos y le destituyó de sus cargos, aún cuando Tomás ya había renunciado a ellos anteriormente al ver el camino por el que transcurriría el resto de su vida.
En el momento de su renuncia al poder Tomás Moro se retiró de la vida pública, aceptando sufrir con su familia la pobreza y el abandono de muchos que en aquel período de prueba se mostraron como falsos amigos. Hubieron algunas personas que igualmente se negaron a secundar a Enrique VIII, quienes también fueron encarcelados y posteriormente muertos, como fue el caso de San John Fisher, quien corrió la misma suerte que Tomás Moro.


Demostrada la firmeza de Tomás Moro en rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia, el Rey Enrique VIII le hizo encarcelar a cadena perpetua en la Torre de Londres en 1534, donde fue sometido a diversas formas de presión psicológica. Pero él nunca se dejó vencer y rechazó de nuevo prestar el juramento que se le pedía hacia el Rey, ya que ello hubiera representado la aceptación de una situación política y eclesiástica que hubiera preparado el terreno para el despotismo real sin control alguno.
Finalmente el Rey, enojado, mandó juzgar a Tomás, y durante el proceso a que fue sometido ante unos jueces corruptos, Tomás Moro pronunció una apasionada apología de sus propias convicciones sobre la indisolubilidad del matrimonio, el respeto al patrimonio jurídico inspirado en los valores cristianos, y la libertad de la Iglesia ante el Estado.
Pero Tomás Moro fue acusado de alta traición y condenado a muerte, aboliéndose su anterior condena a cadena perpetua. Varios dirigentes, entre ellos el Papa Julio II y el Emperador Carlos V, presionaron a Enrique VIII para que perdonara la vida a Tomás y se la conmutara por cadena perpetua o por el destierro de Inglaterra, pero tal súplica no sirvió de nada.
Finalmente, el 6 de julio de 1535, a los 57 años de edad, Tomás Moro fue decapitado. Su cuerpo está enterrado en una bóveda subterránea anexa a la Capilla Católica de San Pedro ad Vincula, que se encuentra anexa a la Torre de Londres.
Tomás Moro mantuvo hasta el final de su vida su dignidad, su sentido del humor y su confianza plena en que Dios le recibiría al cruzar el umbral de la muerte. Mientras Tomás subía al cadalso, se dirigió al verdugo en estos términos: "¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar ya sabré valérmelas por mí mismo". Luego, al arrodillarse dijo: "Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel;   es decir, ella no ha sido desobediente al Rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte".

Finalmente, dejando la ironía aparte, se dirigió a los presentes con estas palabras: "I die being the King"s good servant, but God"s first" ("Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios").

https://www.monografias.com/trabajos94/santo-tomas-moro-lord-canciller-y-martir/santo-tomas-moro-lord-canciller-y-martir.shtml
https://www.masartemasaccion.org/sobre-la-utopia-de-tomas-moro/
https://www.biblioteca.org.ar/libros/300883.pdf
file:///F:/37630-Texto%20del%20art%C3%ADculo-41826-2-10-20120119%20(1).pdf



sábado, 13 de julio de 2019

TOMAS MÜNTZER Y EL ANABAPTISMO


Tomás Müntzer, una figura tan trágica como brillante, fue una extraña mezcla de Juan de Patmos y don Quixote de la Mancha. Como Juan de Patmos, Müntzer pensaba apocalípticamente y soñaba con el Reino de Dios sobre la tierra. Como don Quixote de la Mancha, tenía la cabeza llena de visiones pero le faltaba el pragmatismo y los cálculos realistas de un Sancho Panza. Con todo, fue uno de los líderes más brillantes de su tiempo y quizá el más osadamente consecuente con sus convicciones cristianas.
Müntzer fué un carismático, pero no hizo del carismatismo una evasión de la realidad sino (al estilo de los profetas hebreos) una lucha por la justicia. Fue un apocalíptico, pero no relegó la profecía a un futuro extra-histórico sino halló en ella las exigencias de un compromiso dentro de su propio tiempo, confiando en el Dios soberano y eterno. En puntos importantes Müntzer fue precursor de la actual teología latinoamericana: la teología contextualizada, la opción por los pobres y la praxis revolucionaria, para nombrar algunos aspectos. En otros puntos, sin duda, constituye un ejemplo negativo de cuyas equivocaciones debemos también aprender.
Tomás Müntzer nació en Stolberg, Alemania, ca. 1490. Fue ordenado sacerdote y recibió una sólida formación teológica. Aprendió hebreo y griego y leía ampliamente en Biblia, patrística, escolástica, los ascéticos y los místicos, especialmente Joaquín de Fiore. Conoció a Martín Lutero cuando éste debatió con Eck en Leipzig . Müntzer se unió al movimiento de Reforma y Lutero le envió de pastor a Zwickau, ciudad textil donde vivió un doble descubrimiento: descubrió al mundo de los oprimidos y conoció a los “profetas de Zwickau”. En Zwickau nació tanto su opción por los pobres como su fe carismática. Fue expulsado de la ciudad el 15 de abril de 1521.
En junio de 1521 llegó a Praga, donde escandalizó a los luteranos con su prédica fogosa y publicó su “Manifiesto de Praga” . Salió de Checoslovakia en 1522 y eventualmente asumió labores pastorales en Allstedt, Identificándose con los campesinos de la zona, publicó su “Protestación…sobre la verdadera fe cristi-ana” “Sobre la Fe Simulada” y “Sermón ante los Príncipes” . Fue expulsado de Allstedt y huyó a Mühlhausen, de donde también fue expulsado . En este período publicó su “Denunciación de la fe errada” “Manifiesto a los Mineros” . Dirigió a los campesinos en su abortiva insurrección de mayo 1525; fue capturado y ejecutado en Frankenhausen (Turingia), el día 15 de mayo de 1525.
Todas estas características hacen de Müntzer un teólogo de extraordinario interés para los cristianos latinoamericanos. En esta charla señalaremos algunos aspectos pertinentes de la vida, teología y lucha de este “teólogo de la revolución” (Bloch).
La misma biografía de Müntzer indica claramente que su creciente compromiso con los oprimidos nació de su labor pastoral entre ellos. Aunque algunos aspectos de su formación católica, pueden haberle preparado para su encuentro pastoral con los pobres. El mismo Lutero se alarmó muy pronto por la radicalización de su colega, y debe de haberse arrepentido mil veces de haberlo nombrado pastor entre los pañeros y mineros de Zwickau.
Tomás Müntzer fue a Zwickau en mayo de 1520 para reemplazar temporalmente al pastor erasmiano, Juan Egranus, en la próspera parroquia de Santa María. Pronto su versión del pensamiento reformado, con drásticas denuncias sociales, atrajo a multitudes de oyentes  y a vehementes denuncias contra él por las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad. Al volver Egranus en octubre, Müntzer fue trasladado a la pequeña y pobre iglesia de Santa Catalina, donde se congregaban los obreros más paupérrimos de Zwickau. Con esta nueva experiencia pastoral, se radicalizaron todavía más la teología y la predicación de Müntzer . Después de un intervalo de reflexión en Praga, su labor pastoral con los campesinos de Allstedt galvanizó sus convicciones políticas y lo llevó a unirse al movimiento revolucionario de la guerra campesina.
A partir de su acción pastoral,Müntzer descubrió a los pobres "como pueblo de Dios y sujeto de la historia". En las palabras elocuentes de Hugo Echegaray,
Dejando de lado libros y tormentos mentales, así como su pretensión a convertirse en director de conciencia de los príncipes de Sajonia, Müntzer descubrió a los pobres y analfabetos como los agentes del futuro reino. En Müntzer se delineará una visión ennoblecida de la humanidad de los pobres, ellos que la han pasado mal, que han sufrido, que no viven de la avaricia, ni para la lujuria y porque desprecian los bienes de este mundo, son los que preparan un nuevo mundo.
A Müntzer le disgustaba mucho la costumbre de Lutero de dedicar sus escritos, con elogios obsequiosos, a los príncipes alemanes. En un claro rechazo de los príncipes y los poderosos, Müntzer dedicó su “Apología” “al serenísimo príncipe y todopoderoso Señor Jesucristo, bondadoso rey de todos los reyes, valeroso duque de todos los creyentes, misericordioso Señor y fiel protector mío, así como de su afligida esposa única, la iglesia de los pobres”



Los diferentes actores religiosos del siglo XVI respondieron de diversas maneras a las transformaciones socio-económicas y políticas de su época. En orden ideológico de “conservador” hasta “radical”, podemos clasificarlos como sigue:  la Iglesia Católica se aferró básicamente al pasado medieval y al Santo Imperio Romano; Lutero se alió con el emergente nacionalismo europeo y así con los príncipes alemanes;  Calvino, más avanzado, se identificó esencialmente con las crecientes ciudades comerciales y pre-industriales y así con la incipiente burguesía; la Reforma Radical, adelantándose a su tiempo, tendía a rechazar de raíz el statu quo religioso y social y unirse a los más pobres . Müntzer realizó este compromiso de forma violenta, Menno Simons de forma no-violenta. Pero en principio ambos se unieron a la creciente marea de protestas obreras y reclamos populares.
Mucho más explícitamente que Lutero o Calvino, Müntzer reconocía que su interpretación bíblica y sus enfoques teológicos correspondían a sus presupuestos ideológicos, o sea, su opción por los pobres. En contraste con el estilo genérico y abstracto de la Reforma clásica, Müntzer teologizaba dentro de una concreción histórica y no encubría sus propias posturas socio-políticas. En contraste, cuestionaba fuertemente “la fe simulada” de Lutero, intentando desenmascararla y exponer sus presupuestos ideológicos. En ese aspecto, Müntzer puede considerarse un precursor de la Sociología del Conocimiento.
Cuando Müntzer interpreta un pasaje bíblico, lo relaciona directa y osadamente con la realidad alemana de su tiempo. Utiliza el método de la relectura contextual, muy comentado hoy en la hermenéutica latinoamericana. Por ejemplo, en su famoso sermón ante los príncipes , Müntzer sitúa la realidad alemana del siglo XVI dentro del marco de referencia bíblico del libro de Daniel. Este texto le provee una interpretación de la historia universal con la cual invoca a los príncipes (el infante Juan y su sobrino, el duque Juan) a ejecutar justicia y ejercer su poder en defensa de los pobres.
Los príncipes, sin embargo, no escuchaban las exhortaciones de Müntzer . Por eso, en su “Denunciación”, Müntzer hace de las promesas y esperanzas del Magnificat un poderoso instrumento de concientización popular contra ellos. La “Denunciación”, según Ernst Bloch, “mezcla lo político con lo meta político, ocupando el milenarismo el centro de interés de manera inamovible.”
No hay duda de que exageró frecuentemente los contenidos revolucionarios de los pasajes bíblicos, y algunas contadas veces los tergiversa para introducir significados ajenos al texto sagrado. Sin embargo, su exégesis una y otra vez ilumina el mensaje bíblico con perspectivas que los bloqueos ideológicos de Lutero y Calvino se les ocultaban, además de que ellos también de cuando en cuando distorsionaban las Escrituras.
Lo importante en la hermenéutica de Müntzer fue su determinación implacable de leer la Biblia desde la realidad de los pobres y en medio de la lucha a favor de los oprimidos. Como suele decir Fernando Cardenal, ex ministro de educación nicaragüense, “la iglesia se ha equivocado también en el pasado, casi siempre a favor de los privilegiados y los poderosos; si vamos a equivocarnos ahora, ¡qué sea a favor de los pobres!”
Por ese mismo compromiso, la hermenéutica de Müntzer fue consecuentemente praxeológica. Reflexionaba sobre la acción de Dios en el pasado, para percibir la acción de Dios hoy y orientar la nuestra como colaboradores con Dios. “La fe no consiste sino en que el Verbo se hace carne en nosotros y Cristo nace en nosotros”. Ernst Bloch no exagera mucho cuando opina que en todos los escritos de Müntzer “no figura ni un solo pasaje en el que se hubiera hecho uso de las Escrituras para cosa que no fuera subsanar los males más inmediatamente acuciantes”




Dentro del movimiento reformador del siglo XVI hubo mucha controversia sobre la relación entre la Palabra y el Espíritu. La Reforma Clásica de Lutero y Calvino acentuaba la primacía de la Palabra escrita e insistía que toda enseñanza tenía que medirse estrictamente por las Escrituras.
Lutero dijo que “aparte de la Biblia, yo no creería a Müntzer aunque se hubiera tragado al Espíritu Santo con todo y plumas”. A eso respondió Müntzer que no le creería a Lutero aunque se tragara cien mil Biblias enteras.
Müntzer adoptó una teología que hoy llamaríamos carismática, con énfasis en la profecía y los milagros. Quizá en parte por sus lecturas de Joaquín de Fiore, creyó que había llegado la “Era del Espíritu” Estaba convencido de que “Dios habla hoy” con palabra viva, que él contrastaba con la letra muerta del texto escrito.
Müntzer creía ver en los luteranos una “fe escribal”, una “fe fatua” que negaba la presencia viva del Espíritu. Según la promesa del Magnificat , el Espíritu estaba comenzando a formar “un pueblo sutil” sensible a la palabra viva y la realidad histórica . Esa visión impartida por el Espíritu animaría al pueblo creyente en su lucha histórica por la justicia:
En muchos pasajes Müntzer se inspira con la esperanza de un pueblo concientizado por el Espíritu mediante las enseñanzas evangélicas. En su carta al conde de Mansfeld  se expresa en un lenguaje que suena a Paulo Friere y al cántico latinoamericano, “Dame un corazón, grande para amar; dame un corazón, fuerte para luchar”:
En su “teología carismática de la esperanza”, su visión apocalíptica jugaba un papel decisivo. Esta dimensión, tan destacada en su exposición de Daniel capítulo dos ante los príncipes, subyace toda la estructura teológica del pensamiento de Müntzer . Como se nota claramente en dicho capítulo de Daniel, Dios es el Soberano de toda la historia, la cual se desenvuelve según períodos divinamente predeterminados. En la originalísima interpretación que hace Müntzer de Daniel 2, los pies de hierro mezclado con barro representan un quinto imperio, el feudalismo medieval. Dicho sistema injusto será aniquilado en una espantosa batalla final:

"¡Ay, dilectos señores, será de ver como el Señor hará añicos las viejas vasijas con una vara de hierro…"

Después Dios entregará el reino “al pueblo de los santos del Altísimo”. Entonces seguirá un reino de gloriosa libertad, sin príncipe ni papa, en donde no habrá ricos ni pobres sino una completa comunidad de bienes. “El pueblo será libre, y sólo Dios será señor sobre ellos” .
A diferencia de casi todo el apocalipticismo de hoy, el de Müntzer no fue evasivo ni anti-histórico, como los que ofrecen una esperanza más allá del tiempo en sustitución de toda esperanza intra-histórica. Fue más bien un llamado radical a la lucha por la justicia y la liberación de los más pobres u oprimidos. Ernst Bloch lo llama “apocalíptica en la modalidad activa”
Müntzer fue fiel a la línea histórica de los profetas antiguos y los grupos “proto-pentecostales” del “espiritualismo apocalíptico” de vivir la realidad del Espíritu no como evasión del mundo sino como confrontación radical con la realidad. En ese sentido, Müntzer era “más carismático que los carismáticos” de hoy y más consecuente con el Espíritu de los profetas, fundadores de todo movimiento auténticamente “carismático”. Por otra parte, la radical separación que introdujo Müntzer entre el Espíritu y la Palabra le dejó sin los controles necesarios para su fe, y terminó hundiéndolo en un radical subjetivismo que le separó también de una visión objetiva de su realidad histórica. Sus sueños ilusorios, casi delirantes, al fin llevaron a los campesinos a una horrenda masacre.




Lo más dinámico en el pensamiento de Müntzer fue la tensión dialéctica entre la denuncia y la esperanza, desde las mismas Escrituras. A partir de sus propias luchas y labores pastorales, Müntzer forjó toda una teología política revolucionaria. Entendía la Biblia en la más drástica relación con las injustas realidades de su tiempo, y creía que profecías y señales sobrenaturales corroboraban su mensaje profético. Confiaba absolutamente en Dios para derrocar a los tiranos y establecer un reino de justicia e igualdad, y creía que para tal fin Dios nos llamaba a colaborar activamente con su proyecto histórico.
Es muy revelador en la teología política de Müntzer , como también de su sorprendente creatividad exegética, la forma impresionante en que interpreta el capítulo trece de Romanos..
La interpretación conservadora de Romanos 13, y específicamente la de Lutero, parte de las primeras palabras del pasaje (”Sométanse todos a las autoridades constituidas”). Müntzer mira detrás de esa exhortación a la razón que da Pablo para la existencia de las autoridades y nuestra obediencia a ellas: son servidores de Dios para proteger a los justos y castigar a los injustos . Precisamente esta infraestructura ética del gobierno se declara la razón “de conciencia” para someternos a las legítimas autoridades . Este argumento de San Pablo no sólo afirma explícitamente el deber de todo gobierno de servir a la justicia, sino también implica la ilegitimidad de todo gobierno injusto.
Müntzer señala además que según San Pablo los gobernantes no son señores sino siervos , con autoridad delegada por cuyo uso obediente tienen que dar cuenta a Dios. Los magistrados, afirma Müntzer , no son dueños del poder y de la espada, sino sus servidores. Por lo mismo, cuando son infieles, desobedientes e injustos, Dios les quitará su poder y lo dará al pueblo de los escogidos
Contra posturas pacifistas, Müntzer subraya que Dios ha dado la espada a los gobernantes para mantener la justicia. En su sermón ante los príncipes, Müntzer les anuncia que Dios los está llamando a usar su poder militar (espada) contra los inicuos, a favor de los oprimidos. “Nada de esa vieja broma de que Dios lo hará sin nuestro esfuerzo”, les dijo; Dios quiere traer justicia con “el concurso de vuestra espada”. Si se niegan a luchar al lado de los pobres, Dios les quitará la espada para darla a los oprimidos que ellos no defendieron.
En resumen, muchas de las convicciones de Müntzer nacieron de su profunda fe y se fundamentaban en exégesis seria de las Escrituras, frente a sus propias vivencias pastorales. En otros aspectos, se equivocó muy seriamente.
Una visión muy realista del señorío de Jesucristo inspiraba la fe de Tomás Müntzer . “Quiere asumir el mando”, dijo ante los príncipes, “Aquel a quien es dado todo el poder así en el Cielo como en la tierra” Al concluir su ardiente arenga antes de la batalla de Frankenhausen, Müntzer exhortó a sus tropas, “Seaís vosotros hombres, y Dios será Dios”. A esas convicciones Müntzer fue fiel hasta las últimas consecuencias, hasta la misma muerte.




El anabaptismo se puede resumir como un grupo violento extremadamente radical de reformistas eclesiástico-civiles que apareció por primera vez en 1521 en Zwickau, en el actual reino de Sajonia y que todavía existe aunque en formas más moderadas.
El nombre anabaptistas, aplicable etimológicamente y, algunas veces, aplicado a denominaciones cristianas que practican el re-bautizo está, en el uso histórico general, restringido a aquellos que, negando la validez del bautizo infantil, adquirieron prominencia durante el gran movimiento reformista del siglo dieciséis. Este nombre fue generalmente repudiado por parte de aquéllos a quienes se les aplicaba, ya que la discusión no se centraba alrededor de la pregunta de si el bautizo podía repetirse, sino sobre la validez del primer bautizo. Los principios sobre los cuales los anabaptistas estaban, generalmente, de acuerdo eran los siguientes:
Pretendían restaurar lo que ellos argumentaban que eran las bases del cristianismo primitivo. Esta restauración incluía el rechazo de juramentos y la pena capital y abstenerse del ejercicio del magisterio. De una forma más consistente que la mayoría de los reformistas protestantes, los anabaptistas sostenían la supremacía absoluta y la competencia única de las Escrituras canónicas como una norma de fé. Sin embargo, la inspiración individual y sentimientos religiosos jugaban un papel importante entre ellos. El bautizo de infantes y la doctrina luterana de la justificación sólo por la fe eran rechazados por carecer de fundamento en las Escrituras. El nuevo Reino de Dios, que ellos pretendían haber encontrado, consistía en la reconstrucción, sobre una base totalmente diferente, de tanto la sociedad civil como eclesiástica. El comunismo, incluido para alguno de ellos la comunidad de mujeres, era el principio fundamental del nuevo estado.
Aparte de compartir las principales doctrinas de la Reforma, como la definición de la Biblia como única regla infalible de fe, inspirada indudablemente por el Espíritu Santo; la aceptación de Jesucristo como único mediador; el sacerdocio de todos los creyentes y la presencia del Espíritu Santo y sus dones en cada cristiano; y el rechazo de la creencia en la transubstanciación durante la misa y de ésta como sacrificio; defienden la idea de que los cristianos convencidos, bautizados, deben vivir libres de la esclavitud del mundo, amar a los enemigos, abstenerse de toda violencia, y solidarizarse materialmente con los pobres, sin apelar a las relaciones con el estado para conseguir prebendas.

El anabaptismo puede definirse en tres puntos principales:

Un concepto de la esencia del cristianismo como discipulado.
La Iglesia como fraternidad.
Una ética y moralidad basada en el Sermón del monte.
Por eso, insisten en la importancia de la comunidad de fe para la oración, la mutua corrección fraterna, mutua ayuda material y ser una comunidad establecida voluntariamente,

Rechazan enérgicamente las persecuciones y guerras religiosas y consideran un crimen la ejecución de cualquier persona por sus creencias. Su norma fue y sigue siendo “Libertad religiosa para todos los hombres para vivir la fe de su elección o ninguna”.
El trasfondo cultural y social del anabaptismo  se produce en un caldo de cultivo en el cual Europa se hallaba a caballo entre la Edad Media y el mundo moderno. Tocaba su fin un milenio largo de sociedad unificada en torno a la religión cristiana. La palabra "cristiandad" describe la unidad absoluta entre sociedad, iglesia, y un marco geográfico que abarcaba a toda Europa, que se pretendía como valor indiscutible. Sin embargo al arrancar el Siglo XVI la sociedad europea había empezado ya el camino hacia el nacionalismo, por un lado, y los intereses comerciales e industriales, por otro lado, en sustitución de la religión cristiana como fuerza impulsora de la sociedad. En ese preciso instante surge como un estallido, en boca de los anabaptistas, el concepto de iglesia libre, de libertad de conciencia religiosa personal. A pesar de hallar una resistencia sin concesiones, ese concepto tan revolucionario pudo salir victorioso porque en los siglos siguientes la religión ya no sería indispensable como fuerza impulsora de la sociedad, salvo en algunos movimientos extremadamente retrógradas.
Por otra parte, a principios del Siglo XVI, el mundo se halla en un período de grandes contrastes socioeconómicos. En la época en que surgieron los anabaptistas, los campesinos de Europa central protagonizaron alzamientos revolucionarios contra la sociedad feudal. Estos alzamientos fueron aplastados con el aliento de las autoridades eclesiásticas, tanto las católicas como las protestantes. Los ideales de solidaridad fraternal que inspiraron a los anabaptistas a compartir lo que tenían, ideales que en algún caso llegaron a generar comunidades de bienes, supusieron un reto no violento al sistema social y económico imperante, basándose sencillamente en el evangelio como ya antes lo había hecho Francisco de Asís, los anabaptistas montaron un reto a la opresión y la injusticia.

https://www.ecured.cu/Thomas_M%C3%BCntzer
https://www.elsaltodiario.com/la-utopia-en-actos/reforma-o-revolucion-muntzer-contra-lutero
https://www.thomasmuentzer.de/es/es-thomas-muentzer/
https://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_muntzer