viernes, 24 de mayo de 2019

ARQUETA DE SAN DEMETRIO



La iglesia parroquial de la localidad de Loarre, dedicada a San Esteban, es heredera del templo románico que aquí hubo y del cual da fe buena parte de su muro norte, obra original románica cuyos sillares conservan marcas de cantería. También piezas aisladas decorativas de la portada reutilizadas en el exterior del porche moderno.
Sobre el original románico se alzó un templo gótico a finales del XV, de cuya fábrica apenas queda la esbelta torre campanario. También este fue sustituido por otro, el actual, en el siglo XVII.
La base de la torre acoge a la capilla de San Demetrio en la cual se guardan las dos arquetas románicas, las tallas de la misma época de la Virgen de Loarre y de San Pedro así como las reliquias de San Demetrio en un arqueta moderna acristalada, con la misma forma que el arqueta original

La arqueta de San Demetrio es una magnífica pieza de orfebrería que cronológicamente corresponde al último tercio del siglo XI. Sus dimensiones son de 30 x 61 cm en los frontales; 30 x 32,5 en los laterales y 43 cm de altura total. La estructura es de madera y se halla revestida de un chapado metálico claveteado, aparentemente de latón sobredorado.
Las piezas metálicas en los cuatro lados de la arqueta fueron elaboradas a base de seis piezas, dos en cada cara frontal y una en cada cara corta. En ellas se represento un apostolario, figurando dos apóstoles en cada una de las seis piezas.
Los apóstoles aparecen bajo un arco de medio punto apeado por medio de columnas decoradas con entorchado sobre un fondo trabajado con motivos en apretado zig zag que le aporta un tono oscuro. Por encima del arco de medio punto hay un muro con despiece figurado en el que cada sillar está dividido en dos mitades triangulares, una lisa y la otra con rayado paralelo, oscureciéndolo

A ambos lados de cada apóstol bajo su arquillo, corre una cenefa vertical de alrededor de un tercio de la anchura del espacio dedicado al mismo y decorada con roleos vegetales.
En el espacio de la tapa del arqueta realizado a modo de tejadillo a cuatro aguas, las caras alargadas están compuestas a base de tres elementos, tienen forma de trapecio y en la zona central en un espacio rectangular aparece respectivamente una escena del Apocalipsis con Cristo en Majestad rodeado de los Tetramorfos, mientras que en el lado opuesto se muestra una escena de la Ascensión de Cristo portando cruz dentro de una mandorla llevada por cuatro ángeles. En los espacios triangulares laterales a estas escenas hay decoración de roleos vegetales.
A destacar que las piezas centrales con la imagen de Cristo en Mandorla son independientes, solapadas bajo las laterales y claveteadas.
Sobre los espacios laterales de la tapa, de forma triangular, se representan sendos serafines turiferarios. Seres angélicos provistos de tres pares de alas que surgen de un platillo de fuego bajo sus pies. Los serafines son "seres de fuego" y con esta simbología se recuerda su origen.
El arqueta se decora con cabujones de piedras semi preciosas engastadas en metal que en algunos de ellos luce delicado cordoncillo en su base.
La pieza fue restaurada en 1983 por Liberto Anglada. El forro interior corresponde a esta restauración en la que se eliminó el anterior, moderno y en mal estado.
Aun cuando el arqueta contuvo las reliquias de San Demetrio que llegaron de modo desconocido hasta el castillo de Loarre donde estuvieron depositadas en la cripta de la iglesia de San Pedro dedicada a Santa Quiteria; no fue esta su función inicial, dado que la iconografía de la pieza no remite en absoluto al santo, sino que el apostolario, los motivos cristológicos y los serafines, más apuntan hacia arqueta-sagrario.



En sus cuatro lados, se representa un apostolario completo: cuatro en cada uno de los lados grandes y dos en los pequeños; habiendo sido realizados todos ellos en grupos de dos Apóstoles, y posteriormente claveteados con pequeños clavitos de cabeza en forma de cruz de Malta.

Motivos vegetales separan a los personajes, que se ubican bajo arcos de medio punto apeados en columnas. .

La figura de San Pedro, fácilmente reconocible por las llaves, se halla en el lado posterior del cofre. en actitud pensativa, mesándose la barba.
La tapa de la arqueta, esta diseñada a cuatro aguas.
 frontal
lado opuesto

En el frontal, figura de Cristo en pié, con cruz en su diestra rodeado de cuatro Ángeles. Los dos inferiores, además de sustentar la mandorla de Cristo, soportan con una mano a los situados sobre ellos.
En ambas piezas, las mandorlas con la escena central son elementos independientes con respecto a orlas de tetramorfos y ángeles, que se hallan claveteadas.

En los laterales, sendos Ángeles turiferarios en piezas triangulares . Tienen una característica muy especial, que no había visto hasta ahora en representaciones de este estilo; y es que poseen tres pares de alas: dos cruzadas sobre el pecho, dos a ambos lados del cuello y otras dos detrás de la cabeza.

 http://www.romanicoaragones.com/colaboraciones/colaboraciones043807sandemetrio.htm

https://sepulcrode.wordpress.com/sepulcros/sepulcros-medievales/sepulcros-medievales-en-espana/arqueta-con-los-restos-de-san-demetrio-castillo-de-loarre-loarre-huesca/




jueves, 23 de mayo de 2019

EL TÍTERE



Probablemente, este término sea de origen onomatopéyico y proceda del sonido “ti” emitido por la voz aguda del titiritero para dar la impresión de que sus muñecos hablan; en cualquier caso, con esta voz se designan las figurillas elaboradas de muy diversos materiales, tales como madera, pasta o cartón, que se mueven en un pequeño escenario manipuladas por el titiritero metiendo la mano dentro de ellas o valiéndose de cuerdas. Pese a que existe gran variedad de títeres, cuatro son los modelos más utilizados desde la Edad Media: el títere de cuerdas o hilos, el títere de guante, el títere de varilla y el títere de cachiporra, también conocido como cristobita.
Durante siglos, el titiritero ha sido, por regla general, un cómico de la legua que ha vivido en constante movimiento, sometido a las preferencias de muy diversos públicos. Salvando aquellos casos en que la sofisticación de la puesta en escena permitía otras aspiraciones, el profesional de las marionetas ha debido ceñirse a tradiciones folklóricas y, principalmente, al favor de audiencias infantiles, sobre todo cuando los adultos han ido dejando de lado el títere como forma de entretenimiento. Sin embargo, la protección estatal de diversos gobiernos, que han considerado el teatro clásico de títeres un bien de interés cultural, ha favorecido la aparición de compañías estables, subvencionadas, que conservan, principalmente en Europa, el legado de los viejos maestros de este arte escénico.



Los orígenes del teatro de títeres se remontan a las culturas de la Edad Antigua, con figurillas estilizadas que remitían a diversos dioses en las ceremonias religiosas. Concretamente, en Egipto aparece el famoso retablillo de Antinoe. Se trata de un pequeño barco de madera, con figuras articuladas, encontrado en la tumba de la bailarina Gelmis en Antinoe, una ciudad fundada por Adriano a orillas del Nilo en el siglo II d.C. de cuyos tripulantes de marfil uno es articulado y con hilos y sirve para representar a la diosa Isis saliendo del árbol sagrado; además, en medio del barco se sitúa una casa que contiene toda una escena de un teatro de fantoches.


Grecia y Roma comparten con Egipto el uso de títeres en los ritos religiosos. Los muñecos articulados griegos se conocen como “amalgamata neuropasta”, figurillas hieráticas movidas por medio de cuerdas, que, si bien ya han perdido su carácter sagrado, proceden de la estatuaria religiosa; su apariencia se irá transformando hasta acomodarse a los exagerados rasgos de los personajes de la tragedia griega. Los títeres griegos gozan de gran reputación, como lo demuestra su presencia en los desfiles de las Bacantes en Atenas a modo de grandes muñecos articulados que representan dioses y seres mitológicos. El teatro de títeres griego evolucionó paralelamente al de actores, lo que no deja de ser una constante a lo largo de la historia de los espectáculos.
De esta época han llegado hasta nosotros algun tipo de testimonio. En el año 422 a.C. Xenofonte nos narra la visita de un titiritero a la casa del rico y poderoso ateniense Callias, en Siracusa, por lo que podemos deducir que los títeres en Grecia eran una cuestión de público reducido en medio de un ambiente más bien distendido y festivo y que el titiritero llevaba una vida poco grata y errante, buscando la casa donde mejor pudiera estar pagado.


Con la expansión colonial griega, el títere griego se extiende por todo el Mediterráneo. Con el dominio romano, el títere desempeña un papel semejante al de Grecia. Aparecen los llamados puppi colectivos propios de Sicilia, directos descendientes del títere griego, además de otros personajes que ya habían sido caracterizados de manera individual en las farsas atelanas. De todos estos, el más famoso es, sin lugar a duda, Maccus, “el rústico bobalicón”, antecedente probable de Polichinela y los muñecos actuales. También hay que destacar la figura de Bucco, “el loco”, Dosennus y Manducus, “el glotón”, todos ellos liberados ya de influencias religiosas.


Durante la Edad Media los títeres se extendieron por toda Europa, compartiendo los titiriteros ferias y mercados con diversas modalidades de juglares. En este momento, el títere, que permanece mudo en el escenario aunque por poco tiempo, funciona en los teatros como mero sustituto del actor, por lo que la Iglesia acusa tanto a los titiriteros como a los constructores de autómatas de practicar una especie de magia o arte prohibida y los persigue con frecuencia. A partir del Renacimiento el teatro de títeres europeo cobra mayor prestigio, cuando logra equipararse al teatro convencional gracias al esfuerzo realizado por los titiriteros para ofrecer representaciones comparables al teatro de actores y organizar sus compañías con idéntica estructura.
Esta labor suponía un buen repertorio, elaborado por autores de calidad, y titiriteros expertos, capaces de manejar los muñecos y la maquinaria apropiada. Si en las culturas orientales, como ocurre en Japón o Indonesia, los títeres han sido reconocidos como parte del teatro desde siglos atrás y el teatro de títeres es tenido en una estima superior o representa casi la única forma de teatro, en la Europa barroca el títere comienza a ofrecer a las compañías de teatro una seria alternativa con respecto al actor.



Pulchinela, el más famoso de los títeres, surge en Italia alrededor del siglo XVII, desde donde, tras cobrar gran popularidad, se extiende a toda Europa. Al final, este títere, tomado de un personaje de la Comedia del Arte pronto se convierte en el Polichinelle francés, en el Kasper austríaco, el turco Karagoz o el persa Pendj; con el nombre de Punch salta a Inglaterra en 1662, y en Alemania se le conoce como Hunswurst.


En su teatro de la Rue Norie, inaugurado en 1795, Laurent Mouguet presenta por primera vez a Guignol, un títere inspirado en un vecino suyo que se dedicaba al negocio de la seda y que exclamaba “c’est guignolant” cuando alguna escena le hacía gracia. El éxito obtenido por Guignol a comienzos del siglo XIX es tal que eclipsa rápidamente a Polichinelle y su nombre pasa a designar el teatro de marionetas. La amplia descendencia de Mouguet se dedica igualmente al arte del títere y a extender la fama de Guignol; por ello, en 1908 el director del Teatro Guiñol de Lyón pertenecía a la familia de Mouguet.
Durante el siglo XX el teatro de títeres ve cómo su auditorio está constituido principalmente por un público infantil, pese a que en las últimas décadas se ha hecho el esfuerzo de rescatar los títeres para adultos. Si en otros tiempos la edad del público que asistía a las representaciones era muy amplia, ya que no existía ningún tipo de arte orientado a la infancia, a partir del siglo XVIII se realizan representaciones destinadas específicamente a los niños, sobre todo después de que los titiriteros franceses montaran funciones para entretener al delfín.

Excluidos los restos arqueológicos relacionados con este arte, como el muñeco articulado que apareció en el enterramiento románico de una niña en Alfaro (Logroño), las primeras noticias que existen indican que los títeres llegan a España en el siglo XII, traídos desde Francia por juglares. En el siglo siguiente encontramos ya referencias literarias de las representaciones con títeres, concretamente en Raimon Llull, quien escribe sobre ellas en su Liber contemplationum. Parece ser que Llull alude a un espectáculo de bavastels o títeres danzantes, que representaban todo tipo de escenas guerreras y torneos entre caballeros. El público medieval gustaba de esas representaciones bélicas, que con el tiempo darán en el moderno teatro de fantoches y de cachiporra.


Estos títeres de procedencia francesa conviven durante el Medievo con los autómatas y las sombras de las representaciones realizadas por los árabes en España. Los autómatas de la tradición árabe, estrechamente emparentados con los títeres, se extienden por toda Europa y cobran gran auge y complejidad en el transcurso del siglo XVI. Son utilizados como diversión popular en los festejos públicos y con fines educativos en las celebraciones religiosas, principalmente en el transcurso de la procesión del Corpus, generalizada a comienzos del siglo XIV, en la que se recrean pasajes bíblicos.


Los títeres medievales se integran en otros espectáculos asociados con juglares, en la calle, en la sala palaciega, consistentes en declamaciones, juegos de manos y diversas formas musicales; junto a ellos, no faltaron los autómatas o la exhibición de animales amaestrados, monos sobre todo. También se ha señalado la presencia de representaciones de títeres en el espacio de las iglesias y con un fin moral del que los titiriteros se alejarían paulatinamente hasta convertirlas en dramatizaciones grotescas, finalmente censuradas por las autoridades eclesiásticas; con todo, en esta propuesta hay mucho de hipotético, pues nada claro se dice en las fuentes de época, particularmente en esa mina de datos que es el Libro de las confesiones de Martín Pérez (1312).


El siglo XVI no solo constituye para el títere un momento de expansión territorial gracias al descubrimiento de América; de hecho, cabe decir que el teatro de títeres alcanza en esta centuria su máxima popularidad, que logró mantener hasta el XVIII, en que comienza su declive. Muchos teatrillos de títeres de guantes y de hilos se apoderan de plazas, ventas y corrales de comedias; en estos últimos espacios se establecen favorecidos por la prohibición en tiempos de Felipe II de representar comedias durante cuaresma. Un número considerable de estos retablillos procede de Italia, desde donde los titiriteros difunden técnicas, como el uso de la lengüeta y la cachiporra, y nuevos personajes, como Pulcinella o Pantaleone. Este dato lo certifican primero Covarrubias en su Tesoro y más tarde Cristóbal Suárez de Figueroa.


Los títeres se van haciendo más complejos y de mayor tamaño según transcurre el siglo XVII, y las técnicas introducidas por los italianos están completamente extendidas por España y otros países. Se sirven de ellas los títeres de guante, como Cristobita en España, Don Roberto en Portugal o Punch en Inglaterra. Los títeres no hablan todavía, sino que un truchimán, habitualmente un muchacho, explica la trama a medida que acontecen las escenas. Al teatro de títeres representado en corrales de comedias y casas particulares asiste un público selecto; con todo, las escenificaciones preferidas del pueblo consisten en formidables combates entre moros y cristianos. Cervantes alude a estos teatros de títeres en el Quijote, donde introduce a Maese Pedro, que no es otro que Ginés de Pasamonte, del que dice que en el arte del títire y el jugar de manos era muy habilidoso. Así, con retablo y mono amaestrado, representa en una venta la historia de la cautiva Melisenda y Don Gaiferos: "se metió maese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras del artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir de intérprete y declarador de los misterios del tal retablo: tenía una varilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían" (II, cap. XXV).



Sin embargo, en esta época los titiriteros adquieren bastante mala fama, como queda reflejado en las Novelas ejemplares de Cervantes. En el Coloquio de los perros afirma que "toda esta gente es vagamunda, inútil y sin provecho; esponjas del vino y gorgojos del pan"; por otra parte, en El licenciado Vidriera concluye: "de los titereros decía mil males: decía que era gente vagamunda y que trataba con indecencia de las cosas divinas, porque con las figuras que mostraban en sus retratos volvían la devoción en risa, y que les acontecía envasar en un costal todas o las más figuras del Testamento Viejo y Nuevo y sentarse sobre él a comer y beber en los bodegones y tabernas. En resolución, decía que se maravillaba de cómo quien podía no les ponía perpetuo silencio en sus retablos, o los desterraba del reino".


Gaspar Melchor de Jovellanos, ya en pleno siglo XVIII, está completamente de acuerdo con esta última declaración de Cervantes, pues en su Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos y diversiones públicas (1790) afirma que sería muy provechoso para el pueblo desterrar enteramente de la escena española un género que corrompe la moral de los ciudadanos, quienes escuchan boquiabiertos las indecentes groserías que don Cristóbal de Polichinela pronuncia en medio de una plaza. Jovellanos reconoce dos tipos de diversiones, las del pueblo y las de las clases acomodadas; de igual manera, el teatro de títeres distingue entre un auditorio ilustrado, cuyas representaciones se realizan en palacios, y otro popular, que asiste a las funciones de retablos ambulantes instalados en cualquier lugar, desde teatros hasta calles o mesones.


A comienzos del siglo XIX los títeres ya habían llegado a su cenit en cuanto a técnica y perfección. Es entonces cuando se produce la caída en desgracia del teatro de títeres, provocada en parte por la carencia de mensaje y espontaneidad; a mediados de siglo, casi ha desaparecido, aunque vive gracias a titiriteros ambulantes que recorren pueblos y aldeas, de feria en feria, con sus teatrillos. Inventos recientes, como la linterna mágica y posteriormente el cine, superan con creces la aparente perfección de títeres y autómatas y acaban por desterrarlos completamente al ámbito rural. Sin embargo, a finales de siglo y comienzos del siguiente, el títere parece resurgir encarnado en una serie de nuevos personajes que invaden las calles y teatros de toda España durante las fiestas, entre los que destacan los títeres de la Tía Norica de Cádiz, el gallego Barriga Verde o el Tirisiti de Alicante. Barcelona cobra especial relevancia en el florecimiento del títere durante el siglo XX, ya que se destinan lugares públicos para espectáculos con títeres y se abren diversos locales que funcionan al mismo tiempo a manera de teatro, como la famosa cervecería Els IV gats.


Por otro lado, durante las primeras décadas de siglo escritores de la talla de Valle-Inclán y García Lorca favorecen con sus obras el florecimiento de este arte popular en el siglo XX, y llevan el títere de nuevo a la escena. Valle-Inclán concibe sus obras esperpénticas con una estética grotesca y popular basada en el modo español de enfrentarse a los personajes, mirándolos desde arriba como si de títeres se tratara. Escribe con esta nueva técnica las trilogías Tablado de marionetas, cuyo subtítulo “Para educación de príncipes” recuerda las funciones dedicadas al delfín, y Martes de Carnaval, y el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, donde subtitula las obras que lo componen “Autos para siluetas” o “Melodramas para marionetas".


Por su parte García Lorca escribe para el teatro de marionetas dos farsas, el Retablillo de don Cristóbal y la Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita (ambas de 1931), con las que se acerca a este modo de hacer teatro. De gran importancia para la historia del títere español es el viaje que Lorca realiza a Argentina, donde es recibido con gran entusiasmo por la comunidad de titiriteros, pues logra reavivar este arte que se encontraba estancado. Muchos titiriteros latinoamericanos se trasladan a España.
No obstante, estalla la Guerra Civil y toda actividad relacionada con los títeres desaparece prácticamente hasta mediada la década de los 70. La posguerra y la utilización maniquea por parte del poder de los títeres se encargan de hacer desaparecer de España esta forma de espectáculo, aunque durante la Dictadura algunos intentos de teatro de títeres surgen por parte de titiriteros, como Ezequiel Vigués Dido, Maese Villarejo o Tozer. En 1976, con la llegada de la democracia, resucita el arte de los títeres, que se encuentra en estos momentos sin referentes y tradición, si bien recibe la ayuda de los grupos de titiriteros latinoamericanos llegados a España, que se traduce en una recuperación de ciertas formas perdidas.


El títere ha desempeñado un papel importante dentro de sociedades muy diversas y no solo como medio de diversión para todas las clases sociales; de hecho, ha llegado a ser un valioso instrumento educativo, utilizado por el clero para representar historias sagradas o empleado para fundamentar el conocimiento de diferentes idiomas. 

https://www.enciclonet.com/articulo/titere/#
https://www.universolorca.com/obra-literaria/los-titeres-de-cachiporra-_x000d_tragicomedia-de-don-cristobal-y-la-sena-rosita-_x000d_farsa-guinolesca-en-seis-cuadros-y-una-advertencia/
https://www.google.com/search?q=Sin+embargo%2C+en+esta+%C3%A9poca+los+titiriteros+adquieren+bastante+mala+fama%2C+como+queda+reflejado+en+las+Novelas+ejemplares+de+Cervantes.&sourceid=chrome&ie=UTF-8


lunes, 20 de mayo de 2019

BOTE DE ALMOGUIRA Ó PYXIS DE AL-MUGHIRA


La obra de marfil, tallada en colmillo de elefante, lleva el nombre del príncipe omeya para el que fue creada, al-Mughira, el último hijo varón del califa de Córdoba,  Abd al-Rahman ibn Muhammad (se trata de Abderramán III, primer califa Omeya de Córdoba desde el año 929 al 961 D.C).
La inscripción cúfica que figura en la parte baja de esta tapa indica que la píxide fue elaborada para el príncipe al-Mughira en el año 357 H., es decir en el año 968 D.C.


Pieza de eboraria creada para producir un bote de marfil de cuerpo cilíndrico, con tapa en forma cupulada, siendo conocida esta tipología de recipiente de pequeño tamaño con el nombre de píxide.
Tanto el cuerpo como la tapa del bote se encuentran completamente ornamentados mediante un programa iconográfico realizado a través del trépano y la talla creando así unos relieves que cubren toda su superficie.
Los motivos principales de la decoración del bote están formados en el cuerpo por cuatro medallones de ocho lóbulos enlazados entre sí, y en la tapa otros cuatro medallones de menor tamaño.
Además, en el resto de la superficie se representan hasta un total de 69 figuras zoomorfas y antropomorfas, así como decoración vegetal.
Uno de los cuatro medallones citados contiene una escena de trono, con tres personajes sobre un estrado sostenido por dos leones cuyas colas se enlazan.
Crea este diseño una escena cortesana en el que el personaje en pie se encuentra tocando un laúd y cantando, mientras que los otros dos se encuentran sentados a la oriental, con las piernas cruzadas sobre estrado, uno sujetando en su mano derecha unaredoma o frasco, y con la mano izquierda mostrando un símbolo soberano, la de un cetro trenzado omeya, mientras que el otro personaje figura teniendo en su mano un Flabelo  o abanico con largo mango.
Rodean estas imágenes los ocho lóbulos entrelados entre sí, creados a base de una decoración perlada.



En este medallón se representa a dos leones de espaldas, con las colas enlazadas que a su vez quedan enredadas en un motivo vegetal, durante su ataque a dos toros.
Esta representación enormemente divulgada muestra el tema del combate de animales, en el que un cuadrúpedo fuerte (carnívoro), en este caso un león, agrede a otro más débil (herbívoro), queriendo simbolizar la lucha entre el bien y el mal.
En este lado del bote aparece en su parte inferior, en el cuerpo, una representación de dos caballeros halconeros afrontados pero separados por el "hom" o Árbol de la vida, que en este caso es una palmera, mientras que están recogiendo su fruto en los racimos de dátiles.
Aparecen sobre la grupa de los caballos dos osos pardos, uno en cada caballo, mordisqueando la cola de dos halcones dispuestos sobre las cabezas de los jinetes, evocando así la práctica cortesana de la cetrería.

Este cuarto y último medallón muestra nuevamente la representación de la halconería, en la que dos personajes dándose la espalda, se encuentran capturando unos polluelos en sus nidos, mientras que los personajes son mordisqueados en los pies por dos animales.
Entre los cuatro medallones aparece también otra variada representación vegetal, antropomorfa y zoomorfa.Tambien figura fuera de un medallón esta representación.En la parte superior dos animales atacando conjuntamente a otro, y en la inferior los dos cérvidos enfrentados.
En esta imagen se observa la representación existente fuera de los medallones en otro de los lados del bote y bajo la representación de un águila con alas abiertas, lucha libre entre dos personajes.
Parte superior de la tapa, que cuenta con otros cuatro medallones, unidos en su parte superior por un círculo con decoración incisa, faltándole el pomo de sujección para la apertura del bote.

Inscripción cúfica en la parte inferior de la tapa cuyo texto es el siguiente:
" Baraka min Allah wa na `ama wa-surur wa-gibta li-l-Mugira ibn Amir Al-Mu `minin. Rahmatu Allah. Mima `umilu sanat sab `a wa-jamsin wa-talata maia"
El significado es : " La bendición de Dios. Favor, alegría y prosperidad para Almugira, hijo del Emir de los Creyentes. Que dios tenga piedad de él. De lo que se hizo en el año siete y cincuenta y trescientos "  ( 357 H.).
Este bote se expone en el Museo de Louvre en Paris.
https://www.elarteencuenca.es/blog/artes-suntuarias/bote-de-almoguira#:~:text=La%20obra%20de%20marfil%2C%20tallada,a%C3%B1o%20929%20al%20961%20D.C).
http://kokita-eri-historiadelarte.blogspot.com/2019/08/pixide-de-al-mughira.html#:~:text=La%20P%C3%ADxide%20de%20Al%2DMughira,en%20concreto%20al%20arte%20isl%C3%A1mico.&text=Se%20encuentra%20englobada%20dentro%20del,al%20arte%20emiral%20y%20califal.

sábado, 4 de mayo de 2019

SAMUEL COLT Y EL REVOLVER


El primer revolver del que se tiene noticia,es el patentado en Inglaterra por Elisha Collier el 21 de Noviembre de 1818.Esta arma marca la transición entre la pistola de chispa y lo que en un futuro serían los actuales revólveres.La ignición se efectua por chispa de silex,golpeando un yunque que vuelve por resorte a su posición de disparo al montar a mano el martillo;pero tapando una pequeña cantidad de pólvora de cebo,que se mide con dicho movimiento del martillo. Simultaneamente con estos movimientos,un diente de escape permite que el tambor o cilindro del arma gire un punto para alinear la nueva carga con el cañón.
El movimiento del tambor se consigue por medio de un muelle espiral,perecido al de un reloj,al que hay que dar cuerda de vez en cuando.Sus principales incinvenientes fueron, el sistema de recarga ya que no poseía baqueta y se tardaba mucho mas que los nuevos modelos, poca precisión de tiro, por lo que el disparo para que fuera efectivo tenia que realizarse a quemarropa, esto para la época fue determinante.



Detalle sistema ignición del Collier

Este revólver de transición marco una época dentro de la historia del arma de fuego, amen de que su vida fue corta, fue el punta pie inicial de lo que hoy conocemos como revolver, y considerado como una rareza dentro de cualquier colección.Se sabe solo de dos unidades en el Smithsonian Institute de Nueva York


Samuel Colt (1814 - 1862)
Hombre histórico a la hora de hablar de armas, y en especial de revólveres.
Este habilidoso e ingenioso Americano, nacido en Hartford – Connecticut, fue el creador de modelos de revólveres que hizo que su apellido trascienda la frontera de su país.
Hay que hacer notar,que en contra de lo que pudiera parecer,Samuel Colt,no fué el inventor del revolver,si no del mecanismo que cordinaba el amartillamiento del percutor con el giro del cilindro o tambor.
Dentro de su abanico de invenciones, se destacaron con gran éxito la creación de los siguientes modelos de revólveres: (entre otros)



Colt Paterson (1836) denominado así por la localidad donde fueron fabricados, en Nueva Jersey



Colt Walker (1841) que recibió esta denominación debido a la colaboración del Capitán Walker en su diseño.

El Colt Army (1848) resultado de la evolución de los dos anteriores

Todos estos modelos producidos en la nueva fabrica de Hartford (a excepción del Paterson) tenían incorporada la palanca articulada para la inserción del proyectil en el cilindro.
Fueron los revólveres protegidos por las patentes del tambor que alinea diferentes recámaras ante un único cañón y sobre todo la patente del avance y fijación automática del tambor a cilindro que contiene la carga y fue así que tuvo, hasta que algunas de sus patentes pasaron al dominio publico, la exclusividad de la fabricación de los revólveres mas eficientes. También tenemos que tener presente, que este visionario hombre de armas, al relacionarse con figuras de alto nivel, supo ver que se avecinaba la ya conocida Guerra Civil, que padeció EE.UU, esto le dio una oportunidad grandiosa de llevar su fabrica a lo mas alto en la producción, y asi el éxito en venta


Harenos referencia,por último, al quizás más famoso de todos,su Legendario "COLT NAVY", modelo 1851.






Dispone este revolver de un Mecanismo de acción simple al igual que sus antecesores ( cuando se habla de "acción simple" se hace referencia al hecho de que era necesario amartillar el arma a cada disparo,a diferencia de "doble acción",que vendría posteriormente y con la que se añadiría rapidez a la hora de disparar al no necesitar de amartillamiento previo) Dispara munición del calibre .36. Posee cañón octogonal con puntería de bronce en forma de boluta; Tambor perforado encima de cada una de las seis recámaras, para facilitar la introducción del fulminante; La carga se realiza con pólvora.
Una palanca debajo del cañón sirve de baqueta y facilita la tarea de carga; Cachas de nogal enterizas.

Despiece del Colt Navy

"El Colt Navy, modelo 1851 debido a su sistema de palanca fue uno de los revólveres mas practico y popular en el mercado, a su vez sus dimensiones hicieron que el mismo fuera estéticamente el mas agradable de todos los Colt".
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/samuel-colt-hombre-que-revoluciono-revolver_16365

viernes, 3 de mayo de 2019

LA FOTOGRAFIA Y LA GUERRA




La idea de documentar gráficamente una guerra no nace con la fotografía, sino que es mucho más antigua. En los días anteriores a la misma, los hombres ya deseaban llevar a la posteridad las hazañas bélicas de las que formaban parte. Los artistas inmortalizaban escenas en pinturas, jarrones, tapices y cualquier otro medio artístico al alcance. Sin embargo, las motivaciones de estos primeros ilustradores fueron románticas y grandilocuentes. La idea no era enseñar la guerra tal y como se desarrollaba en el campo de batalla, sino dar lustre y fama a personajes y jefes relevantes de la época. Gran parte de los que plasmaron en un lienzo una batalla o escena bélica, jamás estuvieron en el lugar de los acontecimientos, sino que se basaron en relatos más o menos parciales de lo ocurrido, por lo que generalmente carecen de valor documental. 




Roger Fenton en el carromato-laboratorio

Las primeras imágenes bélicas que existen son los daguerrotipos de la guerra mexicano-estadounidense de 1846-47, sin embargo, se puede decir que la primera aproximación a lo que se puede considerar fotografía de combate nació con Roger Fenton, que en el año de 1855 fue enviado por su país, Inglaterra, a cubrir el conflicto de Crimea. Fenton tomó fotos de los lugares donde se desarrollaban las campañas, pero siempre tuvo la precaución de no mostrar ni los horrores ni las autenticas e infernales condiciones en las que sus compatriotas vivían en el frente, por lo que no se puede hablar de autentica fotografía de combate.
En la guerra de secesión estadounidense se produjeron millares de fotos, muchas de ellas realizadas por artistas locales, los cuales hacían una o dos de las zonas de combate de su región, conformándose con eso. Pero Hubo uno que la siguió y tomó la mayoría de las imágenes más famosas que conocemos de dicho conflicto.



  


La cosecha de la muerte de Mathew Brady


Mathew Brady viajó por todos los frentes. Entre las mas conocidas se encuentra la titulada “la cosecha de la muerte”, tomada poco después de la batalla de Gettysburg en la que aparece un brumoso campo sembrado de cadáveres. Aunque su trabajo fue tolerado por el gobierno, no le proporcionó ayuda de ningún tipo. Brady financió a su grupo de su propio bolsillo y terminó en la bancarrota. En esta época los mandos todavía no se daban cuenta de la importancia de documentar gráficamente las guerras en las que combatían.
Varias cosas tuvieron en común los profesionales gráficos del siglo pasado. Las condiciones en las que tuvieron que realizar su labor y los equipos con que contaban . Estos eran grandes y pesados, llevarlos en grandes caminatas hasta el lugar donde se producían los combates era una tarea muy compleja. Otro inconveniente eran los tiempos de exposición; hacía falta tener abierto el obturador durante varios segundos para obtener una fotografía, por lo que era imposible obtener escenas de acción. Muchas eran tomadas con soldados posando o en apariencia de combate simulada.

Había ocasiones en que algún fotógrafo pedía a un grupo de hombres sirviendo cañones que se quedaran quietos durante unos largos segundos para poder realizar una foto de grupo que no apareciera borrosa. El problema continuaba con el revelado. En las condiciones de la mayoría de los conflictos, era muy difícil tener un cuarto oscuro donde revelar las fotos para enviar a la metrópoli.

Algunos tenían carros de mulas cerca del lugar de la batalla. Llevar las placas de cristal, los productos químicos, y revelarlas en medio de fuego francotiradores y artillería, teniendo cuidado de que una mota de polvo o un cambio de humedad no arruinara todo el trabajo era una verdadera aventura. Aun así sorprende ver la calidad de algunas hechas en esa época, que no desmerecen de ningún modo a otras realizadas con mucha mejor tecnología.

Los últimos años del siglo diecinueve iban a dar un giro al concepto de la fotografía de combate. La mentalidad de los militares cambió. Se dieron cuenta de la importancia de la fotografía como apoyo de la sección de inteligencia, una forma de registrar la guerra para la posteridad, como soporte al entrenamiento de futuros soldados y más adelante como medio propagandístico. En Francia, Austria y los Estados Unidos se crearon escuelas de fotógrafos castrenses. 

En la I Guerra Mundial, todas las naciones enviaron fotógrafos militares, aunque también estuvieron presentes, lógicamente, fotógrafos civiles cubriendo el conflicto que desgarró el continente europeo entre 1914 y 1918. Aunque apoyados por el mando, algunos oficiales de las zonas de guerra daban mas prioridad al envío de comida y municiones que a los equipos fotográficos, pero aun así se tomaron cientos de miles de fotografías. Los equipos habían mejorado su calidad, aunque tenían un grave inconveniente: debían enfocar mirando hacia abajo, lo que suponía que exponían peligrosamente la cabeza al fuego del enemigo.

Fue también en esta época en la que se perfeccionó la fotografía para fines estratégicos. Ya Napoleón III había usado globos para tomar imágenes de las posiciones austriacas durante la batalla de Solferino. Los aviones, nueva arma desarrollada con fines militares en esta guerra, jugó un papel en la fotografía de inteligencia. A finales del conflicto, se habían desarrollado sofisticados sistemas que se montaban en los aviones.

Las lentes eran más potentes y podían fotografiar objetivos desde gran altura, fuera del alcance de los antiaéreos. Estos debían llevar aparatos de escolta, ya que el peso del equipo los hacia lentos y los convertía en blancos fáciles para los cazas enemigos. Las primeras fotos aéreas eran bastante borrosas debido al traqueteo de los motores, pero más adelante se desarrollaron métodos ingeniosos sobre la marcha como por ejemplo acoplar pelotas de tenis entre la base de la cámara y el avión para absorber las vibraciones.

En algunas ocasiones, las fotos hechas desde el aire tenían tanta importancia para el desarrollo de planes de batalla o por el descubrimiento de un movimiento enemigo no previsto, que los fotógrafos metían las placas en una bolsa y las lanzaban en pequeños paracaídas pasando en vuelo rasante sobre la base, y a continuación volvían al frente a tomar más. 








La fotografía de combate alcanzó su mayoría de edad en el conficto de la II Guerra mundial, con cuerpos de fotógrafos de guerra que habían perfeccionado la técnica hasta convertirla en un arte. Las unidades de fotógrafos eran tomadas en cuenta, y se les incluía como parte importante de la acción bélica. Se movían junto con los soldados, hacían largas marchas, montaban en sus camiones, comían del mismo rancho, se agazapaban en las trincheras, y sufrían como ellos.






Cuando comenzó la II Guerra Mundial, Se aceleró el proceso de reclutamiento de personal para las unidades de camarógrafos de combate. Ante al multiplicidad de frentes, pronto se hizo evidente la necesidad de aumentar los efectivos dedicados a documentar las campañas que tenían lugar en casi todas las partes del mundo. Se consideró que para reducir el tiempo de entrenamiento, se emplearían aquellos que en la vida civil hubieran sido fotógrafos o estuviesen relacionados con trabajos de este tipo. A pesar de ello, no fueron suficientes para cubrir todos los frentes, por lo que se establecieron escuelas, muchas veces en colaboración con empresas privadas, como Eastman-Kodak y Life.
El mando estimó que no solo era necesario enseñar a los soldados a manejar una cámara de foto o cine, sino que se requería primero un entrenamiento militar. En este punto existieron grandes tensiones entre los fotógrafos y el ejercito, explicables por la naturaleza misma de los cuerpos de fotografía de combate. A diferencia de un infante, estos hombres eran tres cosas a la vez: soldados, técnicos y artistas. La disciplina castrense les resultaba engorrosa y desesperante. No soportaban el día a día de la vida militar en retaguardia, los saludos, las marchas, etc. Su mentalidad individualista chocaba con las múltiples regulaciones a los que estaban sometidos. Hay que pensar que la mayoría de ellos tenia una media mas alta de preparación que el resto de soldados. 
Muchos tenían estudios superiores o eran universitarios. Los militares de carrera tenían recelo de unos “listillos” que creían saberlo todo y se resistían a someterse a la disciplina. Pensaban que eran un cuerpo más del ejercito, que eran primero soldados y después fotógrafos. Sabían por experiencia que ningún estudio universitario les iba a ser de gran ayuda en el frente, y que solo si sabían comportarse como soldados podrían sobrevivir. Asimismo pensaban que solamente aprendiendo las técnicas del combatiente podrían hacer su trabajo mejor. Solo conociendo el orden de batalla, las tácticas y procedimientos militares, se podrían producir fotos y películas de combate que tuvieran algún valor.
Después del entrenamiento, en la mayoría de los casos más corto que el de los reclutas normales, se impartía un curso básico de fotografía y mecánica de todos los equipos que iban a utilizar. Dependiendo del resultado obtenido en ellos, se asignaba a los alumnos a la división de fotografía fija, cinematografía o laboratorio de revelado. En los dos primeros casos, se enseñaban aspectos más prácticos como aprender a cargar y llevar el equipo en pistas de obstáculos, un curso rápido de revelado o discernir las condiciones de luz sin la ayuda de medidores.
A los camarógrafos se les asignaban trabajos de filmación de entrenamientos de infantería o de carros de combate, para que pudieran reproducir las condiciones en las que iban a trabajar. Aprendían a editar y montar películas para ver la importancia de filmar en diferentes ángulos y con distintas lentes. Se proyectaban películas de combate y se hacían criticas sobre ellas, anotando lo que se debía o no hacer, y se mantenían reuniones con veteranos camarógrafos de permiso. Todo lo anterior se complementaba con un aprendizaje más concreto dependiendo del destino, que podía ser al ejercito, a la fuerza aérea o la marina. Sin embargo, el férreo entrenamiento no impidió que se produjeran muchos errores en las fotos y filmaciones de combate, como excesivo movimiento de cámara, exceso de metraje, sobreexposiciónes, falta de continuidad en las imágenes, etc. Solo disculpable por el valor documental que poseen hoy en día.





La insignificante isla de Iwo Jima se encuentra perdida en el Océano pacifico, entre las Marianas y Japón. Y seguramente hubiera seguido siendo insignificante no ser por un grupo de hombres que se encontraban en una pequeña cima de esa isla el 23 de febrero de 1945. Iwo era el siguiente eslabón en la invasión de pequeñas fortificaciones que acercaría a los estadounidenses hacia el objetivo final: Japón. Con su pequeño aeródromo, iba a servir como base indispensable de los bombarderos americanos. Tierra llana de arena negra e increíblemente fina, como ceniza, de casi nueve kilómetros de longitud y cinco de anchura; en el extremo suroeste se eleva un pequeño volcán de unos doscientos metros de altura, El monte Suribachi. En el centro y este, cocoteros y palmeras y lo más importante, el aeródromo japonés. El subsuelo era un aglomerado de cuevas y troneras armadas de ametralladoras y cañones.

El desembarco se produjo el día 19 de febrero de 1945 en la playa Futatsune, en el sudoeste, cerca del monte Suribachi, cuyo nombre en clave para esta operación fue “Hotrocks” (piedras calientes), aunque pronto los soldados le pusieron un nombre más apropiado: Monte plasma. Se había previsto que seria tomada y asegurada en cinco días, pero el día D las tropas no habían franqueado ni siquiera la cuarta parte de la distancia prevista para aquel día, lo que proporciona una idea clara de la tenacidad de los defensores japoneses.

Esta operación fue probablemente la mas planeada desde el punto de vista fotográfico de toda la guerra, y, sin embargo, la foto más famosa se tomó por casualidad. Varias semanas antes del asalto anfibio el comandante McClain, oficial a cargo de fotografía de la marina, tuvo acceso a los planes del ataque. Esto permitió una cuidada planificación de la actividad de los fotógrafos. Se celebró una reunión en Honolulu para coordinar a los fotógrafos de la U.S. Navy y de los marines. Estuvieron presentes los de la 3ª, 4ª, y 5ª división de marines, y se decidió que con el fin de evitar la duplicidad y cubrir todos los aspectos del desembarco se distribuyera el trabajo de las operaciones en el frente, de los prisioneros y del trabajo del batallón de médicos. A otro equipo se le dio libertad para ir donde consideraran mas apropiado. 

Se estableció un sistema para que todas las fotos y película se enviaran lo mas rápidamente posible a los laboratorios de revelado. También se facilitó todo el equipo fotográfico necesario, sin restricciones, algo que no ocurría en otros frentes. Otra novedad consistió en que los marines utilizaron casi exclusivamente equipo de filmación de 16 mm en color, a diferencia del clásico blanco y negro de 35mm. En total se asignaron a la operación unos 60 camarógrafos, además de los civiles. Uno de estos últimos era Joseph Rosenthal, de Associated Press. Pasó a la posteridad por una imagen que algunos consideran la mejor foto de guerra de la historia. Aunque la aseveración puede ser discutible, lo cierto es que la escena de los marines izando la bandera estadounidense en el monte Suribachi, representa todo lo que debe ser una foto de guerra y ha sido la mas reproducida en periódicos y primeras paginas de revistas. Obtuvo el premio Pulitzer del año 1945.

La invasión fue retransmitida por la radio en directo, y tuvo un especial impacto en el pueblo estadounidense. La toma del monte Suribachi el 23 de febrero, aunque no suponía todavía la victoria, elevó la moral de las tropas que luchaban y les empujó a seguir adelante. Iwo Jima no se declaró oficialmente conquistada hasta el 17 de marzo, habiendo sido necesarios 26 días para recorrer menos de 9 kilómetros. Costó a los japoneses 21.000 muertos y a los estadounidenses 4.189, 441 desaparecidos y 15.208 heridos. Se habían utilizado 40.000 toneladas de bombas y granadas para eliminar a los japoneses (casi 2.000 kilos de explosivos por japonés).

Rosenthal cuenta que estando en la falda del monte Suribachi, donde se estaban desarrollando todavía escaramuzas, unos marines bajaron y le informaron a él y a otros fotógrafos y camarógrafos que se acababa de tomar por fin la cima. Se iba a izar una bandera para que todos los marines de la isla vieran que el monte desde donde les habían estado hostigando en las ultimas horas ya no supondría ningún peligro. Decidieron subir. Al empezar la ascensión se cruzaron con cuatro marines y uno de ellos, el Sargento Lou Lowery, les comentó que un equipo ya había izado la bandera y que él había tomado fotos (Habían subido con la compañía E del 2º batallón de la 5ª división, en una patrulla de cuarenta hombres mandada por el teniente Schrier). Lowery, fotógrafo de la revista oficial de los marines llamada Leatherneck, y único en cubrir seis de las mayores batallas del Pacifico, era uno de los que había sido asignado para ir libremente donde le pareciese.



Se han escrito ríos de tinta sobre si fue preparada o no. En la mayoría de los libros se asegura que sí lo fue. Sin embargo, después de estudiar la imagen, la secuencia de Genaust, leer el relato del fotógrafo y la opinión de varios expertos, se puede suponer que no fue preparada. La primera prueba es que solo se tomó una. Todos los fotógrafos saben que si se quiere hacer una escena posada, se deben realizar varias tomas, incluso de distintos ángulos, para estar seguros de que al menos una saldrá bien. Tenía que haber pedido a los marines que izaran la bandera una y otra vez, hasta obtener el resultado deseado. 
Por otra parte, ya en 1945 existía la política de hacer la guerra menos anónima, intentando mientras fuese posible sacar las caras de los soldados en acción. Así, las caras de los marines estarían mirando al fotógrafo, lo que seguramente hubiese estropeado el resultado. Por último, la filmación de Genaust, tomada a la vez, demuestra su autenticidad.
Al comienzo de la II guerra mundial no existía ninguna cámara de foto o cine diseñada específicamente para el combate. Los técnicos buscaron aquellas que fuesen mas apropiadas en el mercado civil.
En los Estados Unidos eligieron la SPEED GRAPHIC, de la firma Graflex, usada durante los años treinta por los reporteros gráficos, siendo el modelo “Anniversary” el más utilizado. Cargaba película en blanco y negro y tamaño estándar para el ejército. Se consideró que era la más conveniente, y sobre todo de la que más cantidades había disponibles. Existían otras, como Rolleiflex y Contax, pero eran mucho mas delicadas en condiciones de combate y complicadas de manejar que las Speed Graphic
Las mejores cámaras segun los entendidos  eran las alemanas, siendo la elegida como cámara oficial de la Propaganda Kompanien, cuerpo de fotógrafos militares de este país, la Leica 3C. Para los aliados su formato de 35 mm era problemático, ya que los negativos eran difíciles de manejar y archivar. Las fotos debían ampliarse varias veces, y esto implicaba que la imagen aparecía demasiado granulada, especialmente poco recomendable para fotografía estratégica. 

No supone que la SPEED GRAPHIC fuese la cámara ideal. El principal problema era su peso (más de 4 kilos con el cartucho de 12 exposiciones), lo que convertía una caminata en un tormento, y su tamaño que,hacía difícil al operador esconderse en un pequeño agujero junto con su cámara. Además,  su brillo delataba fácilmente la posición del operador.
En cuanto a las cámaras de cine, la mas usada fue la Eyemo, de la firma Bell&Howell. Al final de la guerra se estimó que esta había filmado más del 90% de las escenas de combate estadounidenses.En este caso también existían otros modelos, siendo una de las mejores la Arriflex alemana, así como la DeVry y Akeley. 
 

Las empresas comenzaron un programa de fabricación de cámaras, pero construir las maquinas adicionales costó mucho tiempo y dinero y no cubrieron las necesidades del momento, ya que los materiales necesarios para fabricarlas también se requerían para el equipo bélico, como ópticas de cañones y miras, dándose prioridad a estos. En 1942 se desarrolló una cámara específicamente diseñada para combate, la Cunningham Combat Camera.
Era muy ligera, ya que estaba hecha prácticamente en su totalidad de magnesio, excepto las partes mas delicadas que eran de acero. Tenia un resistente sistema de lentes a prueba de moho y agua, y cintas de agarre que permitían manejarla a pulso más fácilmente. Desgraciadamente, no llegó a distribuirse entre las unidades hasta los últimos meses de la guerra.





La dificultad de usar trípodes en el frente, implicaba que debían sujetar la cámara a pulso, lo que producía terribles oscilaciones que todos hemos visto en muchas escenas de combate. Cuando la situación lo permitía, se apoyaban en árboles o rocas para procurarse mayor estabilidad y algunos, usando el ingenio, adaptaron culatas de fusil a las cámaras para sujetarlas mejor. Por último, mencionar que el modelo más común de trípode que utilizaban los camarógrafos era el “Professional Jr.” fabricado por la “Camera Equipment Company” de Nueva York. 


En la segunda mitad de la contienda podemos ver más imágenes en color, tanto aliadas como alemanas, debido a la superación los problemas técnicos, su importancia para la inteligencia militar y el clamor de las agencias de prensa en contar con este material. Del lado aliado fue el cuerpo de marines el que antes se dio cuenta del impacto del color. Ya a finales del conflicto se ordenó a todas las unidades utilizarlo casi exclusivamente, razón por la cual las operaciones en el frente del pacífico cuentan con más documentales registrados en este formato...
https://es.wikipedia.org/wiki/Fotograf%C3%ADa_de_guerra
https://floridaglobal.university/la-guerra-y-la-fotografia/
https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/historia-de-la-fotografia-y-la-guerra-nid2009256/