miércoles, 24 de agosto de 2016

PRISCILIANO Y EL PRISCILIANISMO


Heresiarca y obispo de Ávila nacido en fecha y lugar desconocidos. Aunque algunas teorías apuntaban a que era originario de Menfis (Egipto), actualmente se tiende a pensar que su origen era galaico; murió en el año 385 en Tréveris, cuatro años después de haber sido elegido obispo de Ávila. Impulsó un movimiento ascético en las iglesias de la Península Ibérica a finales del siglo IV, conocido como priscilianismo. Sus ataques contra la corrupción del clero le valieron la condena por parte de la Iglesia católica, que aprovechó su manifiesta simpatía hacia el ocultismo para condenar sus ideas y condenarle por brujería. Por orden del usurpador imperial Clemente Máximo, fue decapitado en Tréveris en el año 385, bajo la acusación de hechicería. Está considerado como el primer hereje de la Antigüedad, oficialmente ejecutado por el brazo secular de la iglesia.
Algunas investigaciones han apuntado la teoría de que la condena de Prisciliano poco tuviese que ver con motivos religiosos y fuese motivada por motivos políticos. Al parecer, Prisciliano provenía de una familia terrateniente del noroeste peninsular y estaba al mando de una gran comitiva armada de clientes, que fueron sus primeros seguidores y también configuraban un nutrido ejército a su mando. La difícil situación de la Península y del Imperio romano en general, sumido en la anarquía; unido a las fuertes críticas lanzadas por Prisciliano contra el poder imperial establecido, las cuales tuvieron eco en la nobleza local, han hecho pensar a algunos historiadores que Prisciliano pudo tomar partido en las luchas intestinas del Imperio usando como fuerza armada a sus seguidores, y que una vez derrotada su facción, Prisciliano fuese ejecutado por orden del usurpador Clemente Máximo como venganza a su oposición.
Según Clemente de Roma, las primeras comunidades cristianas en la Península Ibérica fueron fundadas por San Pablo, estas comunidades primitivas estarían localizadas en algunas de las principales ciudades ibéricas, tales como Mérida, León, Astorga, Zaragoza o Tarragona. En el siglo IV el cristianismo se había extendido ampliamente por la Península y ante la avalancha de conversiones la iglesia empezó a transigir en algunas de sus prácticas: la idolatría no fue especialmente perseguida; la castidad no era respetada entre el clero; muchos sacerdotes paganos adoptaron el cristianismo al tiempo que mantuvieron sus ritos ancestrales; se generalizó el bautismo entre los paganos sin necesidad de recibir instrucción previa; los terratenientes cristianos se negaron a perseguir el politeísmo por miedo a posibles represalias, lo cual fue aceptado por la Iglesia; en el seno de la comunidad cristiana la magia estaba muy extendida; ciertos movimientos heréticos, de los cuales no se han conservado sus peculiaridades, se extendían por el territorio; por último, la penetración del cristianismo en la clase alta provocó problemas, pues empezaron a aparecer voces que criticaban la riqueza de estos nuevos cristianos, máxime cuando algunos de ellos fueron consagrados como obispos.



Esta situación se agravó a partir del 357, cuando Potamio de Olisipo, Valente de Mursa y Ursacio de Singidunum lograron que el anciano Osio de Córdoba aceptase el credo arriano. En el concilio de Rimini del año 359 los obispos de occidente se declararon en bloque arrianos, lo que provocó el primer cisma importante de la Iglesia.
En esta complicada y caótica situación fue cuando surgió la figura de Prisciliano, un seglar de rango senatorial poseedor de una buena educación y, al parecer, plenamente convencido de la doctrina cristiana primitiva. Prisciliano, imbuido de un fuerte espíritu rigorista, llamó la atención de la Iglesia hispana con sus predicaciones en contra de los desvíos de la Iglesia de su época; de la corrupción y el vicio imperante entre el clero, en concreto en contra de la riqueza y en favor de la vida espiritual; protestó contra la escasa preocupación de la Iglesia ante los problemas de las clases más desfavorecidas, así como por la complicidad de la Iglesia con los poderes establecidos para mantener dicha situación. Instó a los individuos consagrados a Dios a renunciar a sus riquezas materiales y a estudiar la Biblia como única medio posible para recuperar los valores del cristianismo primitivo. Prisciliano defendió el celibato como medio de espiritualidad, para él no eran compatibles el matrimonio y la espiritualidad; el hombre ideal de Prisciliano es célibe, consagrado a la pobreza y a la práctica del vegetarianismo para de ese modo encontrarse más en sintonía con Cristo. Prisciliano invitaba a sus seguidores a aislarse del mundo para que éste no interfiriese en su comunicación directa con Dios. En definitiva, Prisciliano abogó por la vida ascética, alejada del camino que estaba tomando la Iglesia de su tiempo; es posible que este ascetismo de Prisciliano estuviese influido por la ideología de Filón de Alejandría, el gran filósofo judío del siglo I que vivió en Egipto, tierra con la que a Prisciliano se le ha relacionado en repetidas ocasiones.
Un factor que debe tenerse en cuenta para comprender el éxito de Prisciliano es la existencia de una creencia según la cual en el siglo IV llegaría el fin del mundo, por lo que se hacía urgentemente necesario recuperar la pureza religiosa. Dicha creencia se basaba en la teoría, muy extendida entre los cristianos, de que el Anticristo sería un hombre histórico, al igual que lo fue Cristo, y éste fue identificado con el emperador Juliano el Apóstata, el cual había recuperado el paganismo y abjurado del cristianismo. Por si esto fuera poco, Juliano trató en vano de reconstruir el Templo de Jerusalén, lo cual según la tradición sería realizado por el Anticristo. La muerte de Juliano en el 363 no hizo sino alimentar dicha creencia, ya que tras el Anticristo, llegaría el verdadero Cristo y con él acabaría el mundo. En éste ambiente apocalíptico, Prisciliano predicaba la vida ascética, el retiro de los lugares mundanos donde el Demonio ejercía su poder, recuperar los ideales de pobreza y la humildad cristiana, por lo que no es de extrañar que su doctrina se extendiera rápidamente.

Prisciliano no trató de crear una orden monástica organizada en comunidades que viviesen bajo un regla y llevasen un hábito distintivo; sus seguidores llevaban a cabo una vida ascética, pero sin formar comunidades; no se apartaron de la Iglesia, más bien trataron de integrar su movimiento en el seno de ésta, se trató de reforma la organización ya existente no de crear una nueva. No obstante, las enseñanzas de Prisciliano levantaron pronto los recelos de los obispos allá donde sus tesis se habían instalado, la Península Ibérica y parte de la Galia.
Las críticas lanzadas por Prisciliano contra el poder establecido, le valieron el apoyo de las clases menos favorecidas de la sociedad y garantizaron buena parte de su éxito, así como un amplia repercusión como movimiento social de protesta y resistencia ante las injusticias sociales. Prisciliano, con su idea de igualdad entre hombres y mujeres, se ganó el apoyo del colectivo femenino, pero esto fue aprovechado por sus enemigos para comenzar a acusarle de hereje, al mezclar sus enseñanzas con el maniqueísmo y gnosticismo. Actualmente está demostrado que Prisciliano carecía de este tipo de influencias y que incluso rechazaba profundamente tanto el maniqueísmo como el gnosticismo.
Según Sulpicio Severo, la fuente de inspiración para la ideología de Prisciliano fue una dama aristocrática llamada Agape y un tal Elpidio, ambos relacionados con el maestro gnóstico Marco de Menfis. Pronto Prisciliano logró la adhesión de los obispos Instancio y Salviano, ambos de Lusitania, lo que motivó las preocupaciones de Higinio de Córdoba e Hidacio de Emérita (Mérida). Posteriormente, a estos dos se unió Itacio, posiblemente obispo de Ossonuba (actual Estoi, Portugal). Ellos se convirtieron en los mayores detractores de Prisciliano y su grupo; en concreto, Itacio actuó como acusador de Prisciliano en su juicio, y pese a que a última hora (cuando se dio cuenta de que la condena iba a ser a muerte), trató de retractarse, pasó a la Historia como una figura polémica que acabó por provocar la división de los obispos ibéricos y galos. Estudios recientes han demostrado que Sulpicio Severo usó para escribir su historia de Prisciliano, un libro anterior escrito por Itacio, por lo que la veracidad de su relación con Marco de Menfis ha sido puesta en duda, máxime cuando lecturas posteriores de la obra de Prisciliano han demostrado que éste no compartía los principios del gnosticismo. De igual modo, en la actualidad no se da certeza a la afirmación de Itacio de que Marco de Menfis fuese originario de tal ciudad, más bien parece que Itacio, atendiendo a la fama que dicha ciudad tenía como enclave en el que se practicaba la magia, hizo a Marco oriundo de Menfis para dar mayor credibilidad a su retrato de Prisciliano como versado en hechicería.
En respuesta a las predicaciones de Prisciliano, el 4 de octubre del año 380 se reunió en Caesaragusta (actual Zaragoza) un concilio instigado por Hidacio de Emérita e Higinio de Córdoba, aunque éste último finalmente no asistió a la reunión. Parece ser que a última hora Higinio de Córdoba se dio cuenta que dada la repercusión que había logrado Prisciliano, una condena conciliar fragmentaría la iglesia hispana de forma irremediable, por lo que sin llegar a apoyar a éste, optó por permanecer neutral, lo que a la larga ocasionaría graves consecuencias. Al concilio acudieron un total de doce obispos, entre los que se encontraban Febadio de Agen y Delfino de Burdeos, ambos procedentes de Aquitania, Itacio de Ossonuba, Audencio de Córdoba, Simposio de Astúrica y Valerio de Zaragoza. El concilio de Zaragoza censuró casi todos los puntos defendidos por Prisciliano, fundamentalmente los referente al ascetismo. Pero su condena no fue especialmente grave, por lo que es de suponer que Hidacio de Emérita, Higinio de Córdoba e Itacio de Ossonuba aún no habían fraguado su plan para acabar con Prisciliano; dicho plan consistía en acusarle de maniqueísmo, brujería y lascivia. La acusación de maniqueísmo era especialmente grave, ya que este grupo era muy odiado por la ortodoxia católica debido a su aceptación de los Evangelios Apócrifos y la doctrina de ellos desprendida. El concilio no llegó a condenar a Prisciliano debido, en parte, a la oposición del papa Dámaso I de que se condenase a personas ausentes al mismo sin el debido proceso.

Finalizado el concilio de Caesaragusta las relaciones entre Hidacio de Emérita y Prisciliano se enturbiaron aún más, ya que un seguidor de Prisciliano denunció a Hidacio ante la Santa Sede debido a que éste convivía con su esposa y había engendrado descendencia. La denuncia provocó un cisma en la diócesis de Emérita instrumentado por Instancio y Salviano, los obispos lusitanos seguidores de Prisciliano. Detrás de esta denuncia parece que estuvo la idea de Prisciliano de eliminar a uno de sus más poderosos enemigos y a la vez colocar en la poderosa diócesis de Emérita a alguno de sus colaboradores. La denuncia provocó que Hidacio se decidiera a atacar formalmente a Prisciliano y sus seguidores, para lo que aprovechó la consagración de éste como obispo de Ávila.
Efectivamente, en el 381, meses después de que finalizase el concilio de Caesaraugusta, la sede de Ávila (Abula) quedó vacante. Instancio y Salviano se trasladaron allí y con el apoyo popular consagraron a Prisciliano como obispo. Esta consagración era ilegal según lo estipulado en el Concilio de Nicea, pero parece ser que en la Península la doctrina del Concilio aún no se consideraban plenamente válida, como lo demuestra el hecho de que ni siquiera los opositores de Prisciliano elevasen queja alguna a este respecto sobre su consagración. No obstante, los antipriscilianistas trataron de invalidar el nombramiento basándose en que Prisciliano había sido acusado de maniqueísmo, lo que automáticamente le convertía en un falso obispo. Esta respuesta de los opositores a Prisciliano pone en evidencia que en el concilio de Caesaraugusta realmente se condenó a Prisciliano, pese a la oposición papal.
Con motivo de la consagración de Prisciliano, Hidacio le acusó de denegar la salvación a los cristianos casados, de sostener doctrinas patripasianas sobre Dios, de mantener principios docetistas sobre la naturaleza humana de Cristo, de estudiar los textos apócrifos heréticos, de maniqueísmo y práctica de la magia, y por último, de realizar enseñanzas indecentes. Por su parte, Prisciliano amenazó a Hidacio con convocar un concilio que investigase la denuncia de realizada por Instancio y Salviano. Ante la amenaza de una investigación, Hidacio tomó la iniciativa y envió una carta al emperador Flavio Graciano, en la que denunciaba la existencia de elementos maniqueos en la Península, pero sin especificar los nombres para evitar posibles represalias. El emperador contestó a la carta de Hidacio ordenando la inmediata expulsión de los maniqueos, tanto de sus cargos eclesiásticos como del territorio imperial.



Tras la condena imperial, Prisciliano y sus seguidores tuvieron que ocultarse y disgregarse. Ante esta grave situación, Prisciliano, acompañada por Instancio y Salviano, marchó hacia Roma y Milán para defender su causa. A su paso por Aquitania, se unió a la comitiva una serie de mujeres, entre las que se encontraban la viuda del potentado Acio Tiro Delfidio, Eucrocia, y su hija, Prócula. Los detractores de Prisciliano acusaron a éste de dejar embarazada a la joven Prócula y de convencerla de que se librara del hijo por medio de un aborto, ya que a los priscilianistas se les acusaba de justificar estos medios. Pese a que esta historia muestra poca fiabilidad, es evidente que Prisciliano y sus seguidores mostraron muy poca prudencia, dada su complicada situación, al aceptar la compañía femenina, que por otro lado, era inevitable, ya que Prisciliano había predicado en favor de la igualdad entre ambos sexos.
Una vez llegados a Roma se les negó la audiencia personal con el papa, no obstante presentaron un documento cuidadosamente elaborado, en el que mostraban la defensa de su ortodoxia y la mala fe de Hidacio de Emérita en sus acusaciones. En Roma falleció Salviano, con lo que Prisciliano perdió a uno de sus defensores más leales. Tras el fracaso de su misión en Roma, Prisciliano e Instancio se dirigieron a Milán con la idea de ser oídos en la corte imperial. Allí tuvieron más éxito y lograron una carta del emperador por la cual se anulaba la orden anterior y se permitía a Prisciliano y sus seguidores a recuperar sus cargos y sede episcopales.
De regreso en la Península y gracias a la autoridad que le había conferido la carta imperial, Prisciliano acusó a sus anteriores detractores. El primero de los acusados fue Itacio, el cual huyó a Tréveris ante el riesgo de ser detenido por calumnias, un grave delito en la época. En estos momentos, en los que Prisciliano parecía triunfar sobre sus enemigos, la escena política sufrió un vuelco trágico para el obispo abulense; en el 383 el comandante militar de las islas británicas, Magno Máximo, se sublevó contra el emperador Flavio Graciano al que asesinó el 25 de agosto de ese mismo año. El cambio de emperador supuso la caída de los amigos que Prisciliano tenía en la anterior corte, que fueron sustituidos por otros que dada su inestabilidad política buscaron el apoyo de la ortodoxia para afianzar su poder, por lo que se dispusieron a atacar a todas las herejías y disidencias, entre las que evidentemente se encontraba Prisciliano.
El nuevo magister officiorum, Máximo, influenciado por Itacio de Ossonuba, convocó un concilio en Burdeos para tratar sobre Prisciliano y sus seguidores. En el nuevo concilio Instancio fue desposeído de su sede, y Prisciliano, ante lo adverso de la reunión, decidió tratar de apelar al emperador y alcanzar Tréveris, e intentar allí, con ayuda del dinero de Eucrocia, comprar los apoyos necesarios para salvar su causa. El traslado de Prisciliano suponía evitar la sentencia eclesiástica para ponerse en manos de la justicia imperial, lo que no era infrecuente en la época.



El juicio contra Prisciliano fue dirigido por el prefecto del pretorio, Evodio; mientras Itacio ejerció de acusador. Para la fecha exacta del mismo existe cierta controversia, ya que según la crónica de Próspero de Aquitania , éste tuvo lugar en el año 385 y en la ciudad de Tréveris, donde también fue ejecutado ese mismo año; no obstante, según los escritos de Hydacio , el juicio tuvo lugar en el año 385, pero la muerte de Prisciliano ocurrió dos años más tarde. Por último, Gregorio de Tours nos da la fecha del año 384, tanto para el juicio como para la muerte.
En el transcurso del juicio, y tras ser torturado, Prisciliano reconoció su interés por los estudios mágicos, las reuniones nocturnas con licenciosas mujeres y practicar la oración desnudo. Todo ello, interpretado capciosamente, por la acusación suponía una demostración del maniqueísmo del que se acusaba a Prisciliano. Por tanto, la primera acusación de la que Evodio declaró culpable a Prisciliano fue la de practicar magia, lo que en la época era asimilado a la profesión del maniqueísmo. A la acusación de maniqueísmo, Itacio unió la de conducta indecorosa, impropia de un obispo, para lo que utilizó la predicada igualdad entre sexos por la que luchó Prisciliano. A ello se unió la acusación de desorden moral por sus supuestas relaciones con Prócula y por la historia del aborto de ésta. Todos los cargos juntos confirmaron la acusación por brujería, delito que estaba castigado con la pena de muerte.
Una vez dictada sentencia Prisciliano fue encarcelado a espera de la decisión imperial, mientras que Itacio, consciente ahora de que sus acusaciones habían provocado la condena a muerte de otro obispo, se retiró del proceso, dejando su puesto a un abogado imperial. En éste momento debemos mencionar el interés que Clemente Máximo tenía en la condena de Prisciliano y por extensión de todos sus seguidores, ya que esto le valdría para expropiar las tierras y posesiones de los condenados y con ellas financiar su causa en la guerra civil en la que estaba sumido el Imperio desde su insurrección en Bretaña.
Poco más tarde del juicio, según la mayoría de los estudios, Prisciliano, junto con algunos de sus seguidores más importantes, fue ejecutado y sus seguidores perseguidos por todo el Imperio de Occidente, pese a lo cual el priscilianismo se mantuvo durante siglos.


El Priscilianismo es una desviación heterodoxa del cristianismo con una profunda raíz rigorista, uno de los primeros movimientos de protesta contra la corrupción y el vicio del clero católico ortodoxo y, también, contra el escaso celo mostrado por éstos ante la penosa situación de las capas más desfavorecidas de la primitiva sociedad latina. Debe su nombre al sacerdote Prisciliano, un laico de familia nobiliaria de origen galaico, que fue elegido obispo de Ávila en el año 381. Al parecer, Prisciliano poseía grandes territorios en el noroeste peninsular y estaba al mando de una gran comitiva (posiblemente armada) de clientes y colonos, que fueron los primeros en convertirse al cristianismo gracias a la existencia de estos vínculos. Lejos de circunscribirse al ámbito hispano, el priscilianismo fue un movimiento con una honda repercusión tanto en el centro de la península como en Lusitania y el nordeste, además de tener un importante foco de adeptos en Aquitania y otras zonas del sur de Francia. Precisamente sería en Tréveris donde Prisciliano sería ejecutado (385) por orden del usurpador imperial Clemente Máximo, acusado de "maleficio y hechicería".


La cuestión referente a la doctrina de Prisciliano continúa siendo bastante enigmática, pues, siguiendo la opinión de Emilio Mitre: "hay dificultades para distinguir entre lo que fueron sus objetivos religiosos y lo que sus discípulos trataron de poner en práctica" . En cualquier caso, sus principales escritos conservados revelan una total disconformidad con las conductas del clero de su época, tanto en lo referente a sus mundanas costumbres como a la gran predisposición que, en general, tenían todas las autoridades eclesiásticas a favor del orden social establecido. Precisamente este último aspecto ha sido estudiado por algunos historiadores, entre los que destaca Abilio Barbero, relacionando el amplio apoyo que las masas populares prestaron al priscilianismo con un movimiento social de protesta y resistencia, característico de casi todas las corrientes heterodoxas medievales.
Así pues, la predicación de Prisciliano estuvo basada en la persecución de los clérigos que no se ajustaban al rigor moral del cristianismo y en la solicitud de una vida ascética para todos aquellos practicantes que lo desearan, lo que le valió la enemistad de otros personajes importantes en el orden episcopal, como fue el obispo Hidacio de Mérida. El éxito del priscilianismo fue enorme, especialmente entre las masas populares, que veían en Prisciliano un santo varón y que hallaban en sus palabras de igualdad y caridad un pequeño consuelo a su pobre existencia. Debido a este apoyo y, especialmente, al éxito que obtuvo la predicación priscilianista de la igualdad entre el colectivo femenino, sus enemigos comenzaron a acusarle de hereje, haciendo creer a las autoridades que Prisciliano estaba impregnado de la Peste maniquea y gnóstica. A pesar de que, como ya se ha indicado anteriormente, las acusaciones llevaron a la muerte a su principal predicador, el priscilianismo continuó siendo una de las principales acusaciones de los concilios eclesiásticos, pues su extensión en gran parte del ámbito geográfico citado continuó con más fuerza, si cabe, después de la ejecución de Prisciliano, especialmente en la zona de Galicia, donde nació un movimiento eremítico con la raíz ascética que predicaba el obispo de Ávila y que, posteriormente, daría origen al primer monacato peninsular.
Hoy día, gracias al descubrimiento de varios documentos y obras del propio Prisciliano, podemos valorar con mayor rigor que sus coetáneos su pensamiento. Por ello, se ha descartado casi totalmente la influencia maniquea y gnosticista en el pensamiento rigorista del obispo de Ávila, pues muestra un profundo rechazo de esas ideas; este descubrimiento, unido a la participación en régimen de igualdad de las mujeres, ha dado pie a pensar, para algunos historiadores, que el priscilianismo muestra un entronque claro con prácticas religiosas mucho más antiguas que el cristianismo, especialmente ritos matriarcales y la idea religiosa céltica (recogidas ambas por la tradición galaica). Otro punto importante es aquel que deriva de la extracción social de sus practicantes, pues la mayoría de ellos se encontraron siempre encuadrados en zonas rurales que habían sido levemente romanizadas y, por ende, cristianizadas. La canalización del malestar social a través de la religión no fue algo ajeno a las desviaciones heterodoxas de la Alta Edad Media, con lo que se aseguró así el éxito de una idea, la priscilianista, que aún era firmemente condenada en las disposiciones del I Concilio de Braga (561), casi doscientos años después de la muerte de Prisciliano. Por otra parte, la idea de una resistencia de la nobleza hispana contra el Imperio romano también ha puesto en relación a Prisciliano con la jefatura de uno de los ejércitos nobiliarios más numerosos de la península en el siglo IV, donde tuvo que sufrir una usurpación imperial que, a la postre, acabaría condenándole más por razones políticas que religiosas.

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LA RIBEIRA SACRA...UN PASEO POR LAS ENTRAÑAS DE GALICIA

Mi país es verde y nuboso. Es melancólico y antiguo, es una tierra y un suelo. Mi país, labrador y marinero, es un rincón sin tiempo… 
En la Ribeira Sacra, compartida por las provincias de Ourense y Lugo, se unen naturaleza en estado puro y el misticismo que otorga la mayor concentración de monasterios medievales de toda Galicia. Historia y leyenda impregnan cada uno de los rincones de esta región especial.
Por si esto fuera poco, aquí se elaboran, en viñedos ubicados en paisajes espectaculares, algunos de los mejores vinos de todo nuestro territorio. ¿Cómo es posible el cultivo de la vid en esta zona húmeda y fría de la Galicia interior? Ya los romanos se percataron de que los impresionantes cañones del Sil y el Miño poseían una suerte de clima especial, casi mediterráneo, adecuado para elaborar lo que ya en aquellos tiempos llamaban el Oro líquido del Sil. Este fenómeno climático ocurre gracias a la espectacular forma de los cañones del Sil y el Miño, que unen sus aguas aquí.

En el siglo IV, la sociedad occidental contemplaba con impotencia el caos, la pobreza y la interminable violencia que dejaba atrás el colapso del Imperio Romano en su lenta agonía. En ese momento, algunos de los primeros cristianos decidieron abandonar las ciudades y los placeres del mundo y convertirse en eremitas (del griego «hombres del desierto») en lugares remotos e inhóspitos donde buscar el contacto con la divinidad. Y la Ribeira Sacra fue uno de esos lugares. En el siglo IV arraigó aquí, con gran fuerza, la herejía del priscilianismo. Prisciliano (llamado «el de las bellas manos»), obispo de Ávila y noble de origen gallego, debió ser un personaje de lo más curioso y probablemente muy carismático. Su movimiento (el Priscilianismo) fue un culto de influencia gnóstica que predicaba algunas cosas que llegaron a irritar bastante a la Iglesia oficial.
Además de condenar la riqueza y el lujo de la Iglesia oficial, llamando al retiro espiritual y a la pobreza, el priscilianismo concedía una gran importancia a la mujer, que se igualaba al hombre y podía ejercer como sacerdotisa (como el caso de la monja galaica Egeria). Toda forma de esclavitud era rechazada. Prisciliano no ingería carne ni alcohol y el matrimionio no estaba prohibido para los sacerdotes o monjes… Esto ya era mucho más de lo que la Iglesia podía soportar viendo como cientos de sus obispos se unían en masa a este movimiento cuya influencia llegaba hasta Aquitania, y eso por no hablar de otros “detalles sin importancia” como el uso de danzas rituales en la liturgia, oraciones en completa desnudez, o la aceptación y uso de evangelios prohibidos o apócrifos. Esto no podía terminar bien y en el 385 Prisciliano, junto a sus discípulos, fue torturado y decapitado en Tréveris en un hecho que traumatizaría una Iglesia que, hasta entonces, jamás había derramado su propia sangre.
Monasterio de san Pedro de Rocas. A la derecha, talismán gnóstico relacionado con Prisciliano. Según el historiador Menéndez Pelayo, la Cruz de los Ángeles de Oviedo (s. IX) tiene en su interior dos de estos amuletos.
Se dice que Prisciliano está enterrado en uno de los lugares más enigmáticos de Galicia: el templo subterráneo de Santa Eulalia de Bóveda, al norte de aquí, en Lugo. Se trata de un lugar muy especial,digno de ser visto aparte.
En todo caso, la invasión árabe puso fin al priscilianismo o a cualquier otra forma de organización cristiana en la zona, pero el momento de esplendor de la Ribeira Sacra llegaría entre los siglos X y XIII, cuando estos paisajes se llenaron de monasterios, con el relevo de la orden Benedictina. Oraciones y cánticos inundarían estos valles profundos y escarpados, y sus ecos quedarían grabados en los muros, torres y antiguas bóvedas de los monasterios olvidados.

Las Pasarelas del rio Mao, es una de las rutas más originales y variadas que podemos encontrar en toda Galicia, ya que buena parte del recorrido inicial se realiza a través de pasarelas suspendidas sobre el  cañón del rio Mao. Podremos disfrutar de los paisajes espectaculares del cañón del rio (cubierto de fauna autóctona milenaria), los meandros del Sil, extensos viñedos en bancales o socalzos escalonados (muchos de los cuales datan de época romana), aldeas perdidas en los bosques e incluso una curiosísima necrópolis medieval en la cima de una montaña, con una vista espectacular.

La necrópolis de San Victor de Barbaoxa es un  enclave arqueológico,aqui nos encontramos ante  una de las mayores necrópolis rupestres de toda Galicia.
A principios de 2010 este lugar silencioso y agreste estaba oculto por una espesa vegetación, pero pronto se encontrarían restos de un gran número de sepulturas (alrededor de cuarenta) e incluso de una capilla situada en lo alto de la roca. El origen del asentamiento data de entre los siglos IX-XI, y se ha encontrado una enorme profusión de elementos y pistas: restos de cerámica cotidiana de época medieval, tejas, un fragmento de una piedra de molino, etc. Todos ellos sugieren la idea de que en las cercanías había un asentamiento rural medieval. De hecho en el cercano pueblo de Barxacova se han encontrado sillares almohadillados (típicos de era romana) y ladrillos con relieves góticos en la iglesia. Y por si esto fuera poco, durante la excavación se descubren más restos de materiales romanos, y monedas del siglo XV… Un periodo de tiempo de uso muy amplio para un simple cementerio rural.
¿Dónde se encontraba el asentamiento primitivo? ¿por qué cayo en desuso? ¿por qué se derribó la capilla que coronaba el promontorio de rocas en el XIX? estas son algunas de las interrogantes que el lugar nos plantea. Lo que está claro es que hubo un asentamiento, y que en su día no estaba tan aislado como aparenta en la actualidad.
Sobre las tumbas cabe destacar que están alineadas correctamente, hacia el este, postura simbólica para que los difuntos (en el día de la resurrección bíblica), se incorporasen mirando directamente al nacimiento del Sol, a la Jerusalén Celeste.
Una de las tumbas tiene un aspecto especial y ha planteado algunas interrogantes a los arqueólogos. Tiene dos espacios o apéndices inexplicables a los lados, en ambos extremos. Tal vez eran espacios donde acomodar los brazos, lo cual nos recuerda a la imagen del Orante medieval/paleocristiano, y podría indicar que en este punto estuviera enterrado un monje, un ermitaño, o en cualquier caso una persona importante en la vida mística del lugar. Además tiene una alineación y una tipología distinta a todas las demás, ¿será la tumba originaria del lugar, de algún personaje particularmente especial? Para colmo del misterio, no se encontraron restos humanos en su interior… En cualquier caso este y otros indicios nos sugieren la realidad de que este fuera un lugar de culto, quizá aún muy ligado a una evolución del primer cristianismo del mundo tardo antiguo.
Además se sabe de la existencia de una capilla en lo alto del promontorio rocoso. Este era un buen lugar para vigilar el tránsito del río, y podría haber sido anteriormente una atalaya romana. Está claro que este era un lugar destacado pero, ¿para quién o quiénes? Se nos escapa el significado que pudo tener para aquellas gentes este lugar tan impresionante.

Dentro de la Rovoyra Sacrata, San Paio de Abeleda sigue siendo una joya con mucho que contar. El abandono de algunos monumentos y la falta de promoción de muchos otros enclaves ha favorecido el aura romántica y mágica que posee la Ribeira Sacra. No siempre es fácil encontrar el punto exacto entre la terrible masificación de algunos enclaves turísticos, antaño llenos de encanto, y el desgraciado expolio y abandono que (en el otro extremo) acaban por destruir enclaves tan insólitos como San Paio en Abeleda, que si aún se encuentra en pie es gracias al apoyo de los vecinos y de asociaciones locales sin ánimo de lucro. Y es precisamente a ellos a quienes debemos acudir para que nos descubran los lugares más curiosos de este monasterio abandonado...

Como muchos otros casos, este monasterio de origen románico comienza su decadencia en época de la temida desamortización de Mendizábal. No obstante, en el interior de la iglesia aún se pueden ver, a pesar de la destrucción, el expolio y la ruina, capiteles con gárgolas y arcos policromados, tal y como debía ser habitual en la época. Esto es algo que no se suele conservar ni siquiera en monasterios o iglesias en mucho mejor estado.
Son muy llamativas estas gárgolas, que tenían por funcion principal recordar a los fieles cuál era el terrible final que aguardaba al que seguía la senda del pecado… Aunque por otra parte cabe pensar que por estas tierras, y aún en el siglo X, todavía debían resonar con fuerza los ecos de una mitología celta y pagana. Desde ese punto de vista, los seres mitológicos o los monstruos (tan odiados por San Bernardo de Clairvaux), tendrían una función protectora y apotropaica, es decir, que tenían la función de ahuyentar el mal y los malos espíritus, muchos de los cuales eran abundantes en Galicia (íncubos, súcubos, duendes, trasgos, etc), ese uso de las máscaras y de la monstruosidad es exactamente el origen de fiestas paganas como el carnaval o el moderno Halloween.

Todos los monasterios de la Ribeira Sacra se encuentran en lugares especiales, en paisajes que invitan a la meditación y a la unión con la naturaleza, pero uno de los más espectaculares (y menos conocidos) sin duda es el de Santa Cristina de Ribas de Sil, rodeado de un bosque de castaños centenarios (alguno de ellos lleno de exvotos y ofrendas, con su propia leyenda y poderes sagrados).

La torre de vigilancia almenada del monasterio nos transmite el recuerdo traumático de la invasión árabe e incluso de las incursiones vikingas, que con sus temibles drakars llegaron hasta lugares tan lejanos como Galicia. Frente a las invasiones, el aspecto orográfico de la Ribeira Sacra era una gran ventaja, y algunos monasterios como este servían como refugio y a la vez atalaya desde donde además se podía observar el paso de barcos por el cañón del Sil.
Esta torre alberga algunos detalles muy interesantes, como son la almena defensiva (poco habitual en un lugar de oración y meditación) y la forma piramidal con una superficie escalonada, algo  inusual, y menos en estas latitudes. Por la época a la que pertenece (siglos XII o XIII, época de cruzadas), hay quien afirma que podría ser una influencia de una corriente arquitectónica traída por los cruzados o peregrinos procedentes de Tierra Santa. Los intercambios culturales entre entornos tan lejanos no eran raros en estos siglos. De hecho en la Iglesia de San Francisco de Betanzos (cerca de A Coruña) podemos encontrar un sepulcro medieval de una persona de ojos rasgados y barba trenzada a lo “egipcio”, con una vestimenta al más puro “estilo oriental”.

El Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil es uno de los “lugares con duende” de la Ribeira Sacra, y desde una perspectiva artística-arquitectónica es de máximo interés. Existen referencias que señalan su existencia ya en el siglo IX, pero sin duda su origen primordial es el de ser un refugio de eremitas como muchos otros monasterios de la zona. Así fue hasta que en siglo XII pasara a manos de la orden benedictina. No obstante, lo que el vemos hoy es un conjunto de edificios de estilo románico y renacentista principalmente, en el que se conservan rasgos insólitos como  la curiosa puerta de entrada al claustro (del que sólo se conservan dos naves).

Testimonio de unos posibles orígenes más remotos del siglo IX (o incluso anteriores) son algunas de las laudas sepulcrales que se conservan en el recinto monástico, adosadas y reutilizadas en los viejos muros de manera ornamental, y gracias a cuyas inscripciones, sabemos el nombre de uno de sus primeros abades: Gundesindo. Se encuentran esparcidas por el claustro y por el interior del monasterio, y en ocasiones forman parte de la propia estructura de los muros.
Nada de todo este legado medieval impidió que en 1835 tanto el monasterio de Santo Estevo como el de Santa Cristina se sumieran en el abandono total, llegando a ser utilizados como cuadras y almacenes (cosa perceptible en el piso inferior). No obstante, gracias a una labor de recuperación y restauración del conjunto podemos disfrutar aún de este paraje tan mágico y singular de esta tierra verde y lluviosa.

Junto al monasterio, un lugar curioso. Se trata de un castaño centenario que se llena de exvotos u ofrendas procedentes de peregrinos y de los habitantes de los pueblos cercanos. Da la sensación de ser una reminiscencia del “culto al árbol” celta. El “Bosque Sagrado” (o “Nemeton”) era un concepto común a muchas culturas bárbaras o incluso la propia Roma.A menudo en el árbol sagrado se colocaban ofrendas y exvotos. El cristianismo intentó, al principio, erradicar esta práctica paganal: San Barbate mandó talar un árbol sagrado del que los lombardos colgaban pieles de animales... O incluso Carlomagno mandó talar el árbol Jrminsul, sagrado para los sajones. Pero la costumbre sobrevive en lugares como este o incluso en San Andrés de Teixido “Vai de morto quen non foi de vivo”...(Va de muerto quien no va de vivo)
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http://www.asturnatura.com/Imagenes/lugares/2979/1.jpg
http://www.patrimoniooculto.com/rutas-escapadas/la-ribera-sagrada/
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martes, 23 de agosto de 2016

WILLIAM HOGART...LA PINTURA SATIRICA


Una de las formas de conocer detalles de las costumbres de una época –y ente ellas, la vestimenta- es gracias a las caricaturas. Pero, a la par que se desarrolló la caricatura, existió otra vía de ‘retratar’ con mirada crítica la sociedad de la época...la pintura satírica.
William Hogarth (Londres, 1697 – id., 1764) fue un artista británico, grabador, ilustrador y pintor satírico. Se le considera pionero de las historietas occidentales. Su obra varía desde el excelente retrato realista a una serie de pinturas al estilo de los cómics llamadas «costumbres morales modernas». Mucha de su obra, que llega a veces a ser despiadada, se burla de las costumbres y la política contemporáneas. Hijo de un maestro de escuela, autor de libros de texto y estudioso de lenguas clásicas, entró como aprendiz en el taller de un orfebre en 1713, interesándose pronto por el arte del grabado, llegando a tener su propio taller cinco años más tarde. En estos primeros grabados empieza ya a manifestar esa acidez crítica que caracteriza buena parte de su obra, tanto gráfica como en lienzo. El joven Hogarth pronto se interesó por la vida de las calles y de las ferias londinenses, y se entretuvo esbozando los personajes que veía.
1745,Casamiento a la moda,William Hogart
Pero será a partir de 1732 cuando inicie las obras que le han dado fama, los ciclos de “temas morales modernos”, series de cuadros narrando una historia -como si de escenas de teatro se tratara- en los que se pretende ilustrar la fragilidad humana. Hogarth creará un arte narrativo totalmente novedoso, inspirado en la literatura satírica de su tiempo -Pope, Defoe, Swift-, con el que critica las injusticias y desigualdades de la sociedad británica del siglo XVIII. ‘La carrera del libertino’, ‘La carrera de una prostituta’ o ‘El matrimonio a la moda’ son algunas de estas series con las que el pintor pretendió conseguir éxito y dinero. La fama sí llegó pero el dinero no alcanzó las expectativas despertadas ya que las obras fueron plagiadas con rapidez al ser las series de gran interés para el público popular. En 1753 publica su libro acompañado de grabados ‘The line of Beauty’ (El análisis de la belleza), en el que defendía la expresividad del trazo curvo frente al sobrio neoclasicismo.
Las series de Hogarth son satíricas y moralistas. Usaba sus pinturas para aleccionar al público en una variedad de diferentes temas. Uno de ellos era el casamiento por conveniencia, que suscitaba grandes debates en aquella época. El artista, con la serie ‘Casamiento à-la-mode’ se propuso ilustrar los peligros de los casamientos arreglados a partir de 6 pinturas. A través de la sátira y la ironía, con una historia bizarramente trágica, Hogarth nos muestra parte de sus creencias y su opinión respecto de los matrimonios por conveniencia. La serie, a pesar del trabajo y éxito del artista, no tuvo el recibimiento esperado y tuvo que ser vendida por pocas monedas.
1740's. William Hogarth. La carrera de una prostituta
                   1740’-La carrera de una prostituta
1745. William Hogarth. Casamiento a la Moda.La inspección.
1745- Casamiento a la Moda.
La inspección.
En otras dos series –‘La calle de la cerveza’ y ‘La calle de la ginebra’ (1751), representa las desagradables consecuencias del alcoholismo, contrastando la feliz normalidad de los que beben cerveza inglesa, frente a los alcohólicos que se dedican a la ginebra.
1740's. William Hogarth. Beer street
1740- Beer street
Se considera que ningún creador ha logrado definir un periodo de la historia británica de un modo tan impactante y perdurable como William Hogarth. La expresión ‘Hogarth age’ (era de Hogarth) se utiliza a menudo en Gran Bretaña para describir la primera mitad del siglo XVIII, al igual que el Londres de Hogarth ha pasado a definir la capital inglesa durante esa época. 
The_Laughing_Audience_(or_A_Pleased_Audience)_by_William_Hogarth
Para todo el que necesite investigar sobre la cultura material de mediados del siglo XVIII, la obra de Hogarth es una fuente inapreciable de información: las calles, los interiores, la vestimenta, son mostrado sin ‘maquillaje’, con el realismo propio de una fotografía… Pero lo más apreciado es, sin duda, las referencias a la vida cotidiana del pueblo. La gran masa del pueblo no usaba pelucas (que eran muy caras), no usaban las casacas de seda bordadas ni se sentaban en sillones Chippendale ni bebían en jarras de plata. Ellos usaban su propio pelo, tal como estaba, bebían en vasos quizás rotos hace tiempo, y se vestían sencillamente. Y todo ello lo muestra Hogarrth.

Los últimos años de Hogarth serán de escasa actividad ya que ocupó diversos cargos honoríficos al ser nombrado en 1757 consejero y miembro honorario de la Academia Imperial Germánica y en junio de ese año es designado pintor superintendente de todas las obras de su majestad, cargos que disfrutó hasta su muerte en Chiswick, el 25 de octubre de 1764.

Estudiantes en una conferencia (1737)


La llegada a Londres-1732

La disputa con el profesor judio


"Antes"-de la serie"Antes y después"


"Después"-de la serie Antes y después
La vida de un libertino

El artista se encuentra enterrado en el cementerio de San Nicolás, en Chiswick Mall, Chiswick, Londres. Su amigo el actor David Garrick escribió la inscripción de su tumba.

https://vestuarioescenico.wordpress.com/2012/07/23/la-pintura-satirica-william-hogarth/
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sábado, 20 de agosto de 2016

LAS FRAGAS DEL EUME...UN PARAISO EN LA TIERRA GALLEGA




Cuenta la leyenda que con el Eume nacieron dos ríos más en la misma sierra, el Sor y el Landro. Dios prometió que al primero que llegase al mar le daría a un hombre todos los años como ofrenda. Los tres pactaron que recorrerían juntos el camino y llegarían al mismo tiempo. En un lugar, cansados de su viaje, decidieron descansar. Uno de ellos despertó primero y traicionándolos emprendió el viaje hacia el Océano. El otro, al abrir sus ojos y comprobar que faltaba uno, abandonó el lugar también dejando sólo al Eume. Así el Eume, al despertar, enfurecido y embravecido, emprendió el viaje saltando todo lo que se le interpuso en el camino, formando valles y saltos hasta llegar antes que los dos traidores. Así, estos, quedaron relegados a simples afluentes. Hasta la construcción de los embalses, el Eume, todos los años se llebava la vida de algún hombre debido a la bravura de sus aguas.


Ocupa parte de los concellos de Cabanas, A Capela, Monfero y Pontedeume. La opción más cómoda para ir es llegar hasta la población costera de Pontedeume, que como su nombre indica el Eume pasa y desemboca en esta villa. Después tan sólo seguir el curso, aguas arriba, del famoso río. Una indicación nos indicará la pequeña carretera a seguir para adentrarnos en el verde valle. Pronto la vegetación se hace más densa y veremos las aguas cristalinas de los afluentes agrandar la viveza del río que cada vez se encajona más. 


Una gran variedad de especies vegetales caducifolias como pueden ser carballos (robles), abedules, castaños...y así hasta 23 especies más, pueblan las riberas del río.También muchos helechos, como la emblemática y prehistórica woodwardia, adornan el parque natural.


 Sin duda lo mejor es hacer a pie las rutas, aunque podemos llegar en coche hasta el corazón de la fraga, pues así disfrutaremos y nos meteremos más en la magia que emana de este bosque. Zonas de descanso, puentes de madera, puentes colgantes y arroyos formando cascadas al pie de la carretera nos dejaran con la boca abierta del maravilloso espectáculo que la naturaleza nos brinda en este lugar, tal como era hace cientos de años. 


En cuanto a la fauna, mencionar la existencia de 126 especies de vertebrados, 15 de anfibios, 14 de reptiles y hasta 8 especies de peces, como por ejemplo el lobo, la marta, zorro, jabalí, corzo, ciervo, gato montés, víbora de seoane, lechuza, buho, halcón peregrino, mirlo, martín pescador, salmón, trucha, anguila...etc, etc...



Al llegar donde se acaba el asfalto debemos seguir la ruta a pie y cruzando el puente ascenderemos por una pista de pizarra que sube hasta el enigmático monasterio de Caaveiro. No es de extrañar que el hombre haya dejado aquí su huella durante la historia, pues el lugar se presta para ello. Dólmenes, castros, molinos, ermitas, cruceiros, castillos (Castillo de Andrade) o monasterios como el nombrado o el cercano monasterio de Monfero, son una muestra de este legado. Además el parque natural esta lleno de sendas y rutas distribuidas por estos concellos, para hacer olvidar el ajetreo y el estrés de nuestra civilización.
La verdad es un poco triste que este paraje sea de los pocos que nos queden medio intactos en nuestra comunidad, pues Galicia hasta hace poco estaba llena de lugares semejantes. Aún así, se conservan en Galicia, pequeños valles desconocidos, que preservan aún mejor la flora y la fauna de nuestros antepasados. Sí la presión humana no fuera tan arrolladora, estos bosques hubieran llegado hasta nuestros días dispersados por toda la región. En este mismo lugar un gran embalse inundó y sepultó para siempre parte de la fraga. Hoy en día se empieza a notar la presencia industrial humana en zonas cada vez más próximas al parque. Esperemos que pronto le sea otorgado la denominación de Parque Nacional, pues la verdad es que no envidia a ninguno del resto de la península.


Sobre el monte llamado Pena Laboreira a 309 m de altitud se sitúa el Castillo de los Andrade. Un lugar estratégico que servía para dominar buena parte del Valle del Eume y sus fragas y casi toda la comarca de Pontedeume, la ría de Ares y el arenal de Cabanas. También recibe el nombre de Castillo de Campolongo o Castillo de Nogueirosa. 
Según parece fue levantado sobre una antigua fortificación del siglo XII o XIII. El inicio de la construcción de la fortaleza nos lleva al siglo XIV, en el año 1369, y fue llevado a cabo por orden den señor de los Andrade, Fernán Pérez, el Bueno. Los terrenos donde se levantó el castillo pertenecían a los monjes de Sobrado, quienes no permitían aquí su construcción. Tras dos años el conflicto se solventó, a causa de la amistad de este con Juan I y al pago de 10.000 maravedís mensuales a los monjes, con lo que Fernán pudo finalizar su obra en 1377. Es a partir de ahora cuando se le conoce como el Alcazar de los Andrade. Cuenta la leyenda que unos años antes, durante la primera revuelta popular irmandiña, la fortaleza fue atacada por Alonso de Lanzós, quién fue capturado por Nuno Freire. Este mandó cortar una mano a Lanzós y encerrarlo durante cien días en una oscura mazmorra. Después de esto lo enterró vivo en uno de los muros del castillo. La fase original del castillo no duró más de cien años, pues en 1467 y a causa de la siguiente revuelta irmandiña fue destruído completamente.Poco después volvió a ser reconstruído. Tres siglos después pasó a manos del Conde de Lemos y después a la casa de Lerma.


En el siglo XIX un arquitecto llamado Tenreiro lo restauró profundamente, por orden del Duque de Alba, que era el propietario del castillo.
El castillo se alza sobre una gran roca que hace de defensa natural en gran parte de su contorno. Está hecho con grandes bloques de sillería que le dan un aspecto robusto. La parte más allanada estaba separada de las murallas por un foso defensivo del que aún hoy puede apreciarse algo. Este emplazamiento y sus reducido tamaño nos hace constar que el castillo era más bien un baluarte defensivo que una residencia nobiliar. La puerta de entrada, que es apuntada, está flanqueada por dos torreones y conserva dos de los escudos familiares. Detrás de esta se sitúa el patio de armas, también de reducidas dimensiones (140 m2). Existe también una planta subterránea, excavada en plena roca que era utilizada como calabozo. Pero sin duda lo que más destaca es la imponente torre del homenaje. Se levanta ni más ni menos que a 20 m de altura con una anchura de 10 m. En su día albergó tres sótanos y tres pisos. El de más arriba estaba cubierto con una bóveda de cantería de la que se conservan algunos restos. Por encima se situaba la almena desde la que se divisaba un amplísimo territorio.

Según las leyendas, el castillo estaba comunicado con el Palacio de los Andrade en pleno Pontedeume, por un pasadizo secreto de unos tres kilómetros de largo.
Se trata del primer monumento de la provincia de A Coruña que recibió el reconocimiento de Monumento Nacional en el año 1924. En 1949 fue protegido por decreto y en 1985 por el Patrimonio Histórico. En 2009, después de varios años de firmas y otras historias para que el castillo fuera convertido en museo y pudiera ser visitado todo el año, su situación sigue siendo la misma. Por la semana no puede visitarse. A pesar de estar siendo restaurado, sus aledaños se encuentran algo dejados. Deberían tomar buena nota de otros castillos gallegos, como el de Vimianzo o el de Sobroso en Mondariz , que después de un abandono y ruina total hoy se encuentran en un espectacular estado de conservación y de mantenimiento. 
 http://www.galiciamaxica.eu/Sitios/A%20CORUNA/pontedeume/castelodosandrade.html