miércoles, 31 de agosto de 2016

LA RENDICION DE BREDA...COMO SPINOLA LA RELATÓ,VELAZQUEZ LA PINTÓ Y CALDERON LA RIMÓ.......



                                                               Ambrosio Spinola...

Militar español de origen genovés. Miembro de una rica familia de banqueros genoveses muy ligada a la monarquía española, en 1601 entró al servicio de Felipe III y financió un poderoso ejército, a cuyo frente se puso él mismo, para apoyar al archiduque Alberto, gobernador español de los Países Bajos, en su lucha contra los holandeses.
Pronto demostró su valía como general, y en 1604 derrotó a Mauricio I de Nassau-Orange en Ostende. A pesar de las numerosas victorias que cosechó en los campos de batalla, los gastos de sus tropas y las dificultades económicas de la Corona lo llevaron a la ruina y le convencieron de la necesidad de buscar la paz, por lo que tomó parte en las negociaciones que condujeron a la tregua de los Doce Años en 1609.
Tras el inicio de la guerra de los Treinta Años (1618), invadió el Palatinado y derrotó a los partidarios del elector Federico. Las operaciones en Alemania se vieron interrumpidas por la conclusión de la tregua de los Doce Años, lo que supuso reanudar las hostilidades en los Países Bajos. Spínola realizó una ofensiva que culminó con la toma de Breda en agosto de 1625, inmortalizada por Velázquez en su cuadro La rendición de Breda (o Las lanzas)



 Para 1625, cuando termina el Asedio de Breda, Velázquez llevaba un par de años en la corte de la mano del Conde-Duque de Olivares. Centrado como estaba en sus pinceles es posible que estuviera un tanto ajeno a lo que estaba pasando en Breda. Seguro que le llegaría informacion sobre el asedio, dado que se movía en círculos donde fluía ese tipo de informacion, pero es difícil que tuviera detalles sobre el desarrollo de la campaña. Y claro, todavía no sabía que iba a pintar un cuadro que sacaría del anonimato para siempre a esa ciudad valona, dando lustre al gran Spínola y a los Tercios de Flandes.

Velázquez no estuvo en la contienda. Ni siquiera cerca. Pero supo captar y transmitir la esencia y el ambiente de lo que allí sucedió aquel 5 de junio de 1625: Spínola y Justino-Nassau uno frente al otro, ambos con pie en tierra de igual a igual. Evitando, Spínola, la superioridad de recibir las llaves desde el caballo. Gestos nobles y hasta cierta concordia. Entereza resignada del vencido y generosidad serena del vencedor.
La Rendición de Breda
La realidad del momento tiene aún más mérito sabiendo, como sabemos, de la dureza del asedio. Tanto para los sitiados, sin posibilidad de ayuda externa y ya muy cerca de desatarse el hambre, como para los sitiadores por las inclemencias del tiempo, los intentos externos para forzar el sitio y también la periódica falta de alimento derivada de la complicada logística.
Pero ¿De dónde sacó Velázquez la información de ese momento?¿Cómo supo que se dieron esas circunstancias y que el acto de entrega de llaves de la ciudad fue tal cual él lo pintó?

Ciertamente no estuvo, pero sí se documentó. Una de sus fuente principales fue "El sitio de Breda" la comedia escrita por otro de los grandes de España: Pedro Calderón de la Barca. Pero la fuente principal fue el propio Ambrosio Spínola con quien coincidió, en 1629, en el que era el primer viaje a Italia del pintor.

Diego Velázquez, pintor de la corte, partió del puerto de Barcelona en la nave del mismo Spínola rumbo a Roma para sentir de cerca la influencia del arte italiano. Spínola volvía a su ciudad natal, Génova, orgulloso de las victorias en el campo de batalla y asqueado de tanto puñal trapero en la Corte (Aunque por poco tiempo, porque una nueva guerra en Mantua, le esperaba).
Sea como fuere, durante ese largo viaje, Diego Velazquez, se hizo una idea precisa del carácter del magnífico estratega y una imagen fiel de su fisonomía y su porte. Quizá (vamos, seguro) también  oyese personalmente comentar el famoso hecho de armas del que se hizo eco el mundo entero. Transcurrieron cinco años para que quisieran inmortalizar la campaña de Breda. Cuando el encargo llegó a Diego Velázquez él supo qué es lo que tenía que transmitir. Y asi si lo hizo.
En la rendición, ocurrida el 5 de junio de 1625, se impuso la buena lógica para que las guerras lleguen en algún momento a un fin: Se alcanzó un pacto generoso y magnánimo con los vencidos que todas las partes cumplieron. Así quedó reflejado en el magnífico cuadro de Velázquez, la Rendición de Breda.
No os penseis que fue fácil. Muchos soldados ... valones, alemanes, italianos, ingleses, también españoles... no estaban de acuerdo con ese cierre para el asedio porque se escapaba la posibilidad de un jugoso saco. Otros pensaban que era necesario dar un escarmiento después de tanto tiempo de resistencia. Gracias a dios, no llueve a gusto de todos... ni siquiera en Flandes.
El sitio de Breda 
Calderon de la Barca
El Sitio de Breda

Estos son españoles, ahora puedo 

hablar encareciendo estos soldados 
y sin temor, pues sufren a pie quedo 
con un semblante, bien o mal pagados.


Nunca la sombra vil vieron del miedo 

y aunque soberbios son, son reportados. 
Todo lo sufren en cualquier asalto. 
Sólo no sufren que les hablen alto.


Estos son españoles, ahora puedo 

hablar encareciendo estos soldados 
y sin temor, pues sufren pie quedo 
con un semblante, bien o mal pagados.


Nunca la sombra vil vieron del miedo 

y aunque soberbios son, son reportados. 
Todo lo sufren en cualquier asalto; 
sólo no sufren que les hablen alto.


No se ha visto en todo el mundo 

tanta nobleza compuesta, 
convocada tanta gente, 
unida tanta nobleza, 
pues puedo decir no hay 
un soldado que no sea 
por la sangre de las armas 
noble. ¿Qué más excelencia?





https://www.poeticous.com/poets/calderon-de-la-barca/poems/el-sitio-de-breda?locale=es&page=2

http://www.elcaminoespañol.com/index.php/es/descubrelo/la-epoca/233-el-asedio-de-breda 

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/spinola.htm



EL ALMENDRO Y SU LENGUAJE

El almendro es un árbol de la familia de las rosáceas y tribu de las amigdaloideas o prunoideas, su tronco suele alcanzar de 7 a 8 metros de altura, su madera es dura y sus hojas lanceoladas y aserradas, de flores blancas o rosadas, su fruto es la almendra. Los expertos están de acuerdo en que el almendro, al igual que el olivo y el ciruelo, procede de Asía Menor, con frecuencia citan Persia como su lugar de origen; otros menciona también el norte de África como posible procedencia; lo cierto es que es un árbol esencialmente meridional y demasiado al norte muere por las heladas primaverales y demasiado al sur se manteniéndose vivo pero no fructifica; necesita tierras arenosas, calientes y ligeras, para crecer en ellas sobre todo en los montecillos expuestos al oriente y al mediodía.

Almendro en flor-Antonio Lopez
Su cultivo es sencillo y no requiere demasiados cuidados para alcanzar un rendimiento pleno, necesitan poco abono y puede trasplantarse con facilidad aunque tenga doce o quince años, si sus ramas son viejas o enfermizas pueden cortarse y en poco tiempo el árbol rejuvenece y se viste con otras nuevas y lozanas; su mayor peligro es el frío y los hielos por lo que deben colocarse en zonas abrigadas de la humedad y los vientos norteños, a finales de diciembre comienza el movimiento de savia siendo el árbol que primero florece por ellos los fríos tardíos pueden helar sus primeras flores.
Almendro en flor -Van Gogh
Existen almendros de frutos dulces y amargos, estos últimos son venenosos para losanimales bípedos y también para los cuadrúpedos, las efemérides de los años 1677 y 1688 hablan de los efectos perniciosos de estos frutos en los animales; sin embargo, antiguamente se daban a los niños almendras amargas como remedio para el mal de lombrices. El aceite de almendras dulces es el mejor remedio para el veneno de las almendras amargas; la goma que destila el almendro se utiliza en medicina para los mismos usos que la goma arábiga, con carácter astringente y contra la acidez de estómago; con la variedad dulce se fabrican excelentes turrones y mazapanes.
Almendros en flor-Francesc Aguilar
Linneo basándose en las diferentes épocas de florescencia de las plantas creó un Calendario de Flora, estableciendo sus diferencias estacionales dividiéndolas en primaverales y estivales, según su floración; después el profesor Lamark ha creado un calendario similar estableciendo un orden mensual de florecimientos de las plantas indicando que en enero lo hace el heléboro negro ó rosado de Navidad, en febrero el avellano y el aliso, en marzo la campanilla blanca y el cornizo, una especie de cerezo silvestre, y en abril lo hacen el almendro, la grosella y el ciruelo, etc.. Su precoz floración hace que se considere el anunciador por excelencia de la primavera lo que también significa el renacimiento anual de la naturaleza tan importante para las comunidades primitivas y agrarias. Esta característica es la que cita el poeta español Antonio Trueba en su poema sobre los meses del año citando que los primeros almendros florecen incluso en ya en febrero en cuanto el buen tiempo se hace hueco y asoma aun en invierno de ahí…
Almendro en flor-Guerrero Medina
Esta circunstancia, sin embargo, lo convierte en vulnerable, pues los fríos tardíos hacen perecer estas tempranas floraciones convirtiéndole en símbolo de fragilidad o inestabilidad.
El almendro se considera también como un emblema del Aturdimiento, es el primero que responde a los ecos de la primavera, sus flores son frescas, y graciosas apareciendo en los primeros días de marzo cubierto de flores en medio de los bosquecillos aún desnudos de verdor; solo algunas heladas tardías pueden destruir las semillas demasiado precoces pero, por un efecto bien singular, lejos de marchitarse el árbol pronto parece tomar nueva vida; pudiendo observarse como un paseo de almendros todo blanco y helado por la noche puede aparecer por la mañana de color de rosa y conservar más de un mes este bello colorido.
Almendro-Miniatura "Tacuinum Sanitatis" Siglo XV
Un poeta español  Melchor de Palau utiliza la flor del almendro para compararla y reflejar la profundidad de sus sentimientos, así podemos leer en uno de sus poemas:
"Al almendro más florido fui a contarle mi dolor; y se cayeron sus flores de la pena que sintió"
Revilla, en su Diccionario Iconográfico, menciona las similitudes de las floraciones de los campos de almendros con la nieve; relatando que el califa Mutamid hizo plantar almendros en la sierra de Córdoba para  que la serranía, al florecer los almendros fuera comparable a un paisaje nevado, permitiendo que su amada, la hermosa Rumaiqiya, rememorara cada primavera la fascinación que había sentido la primera vez que vio nevar.
Almendros-Rosa Wallis (S XIX-XX)
Los poetas árabes se inspiran, con frecuencia, en la naturaleza y dado que en muchas de sus poesías predomina el sensualismo, suelen cantar todo aquello que perciben a través de los sentidos: los sonidos, los olores y las observaciones visuales; por ello los jardines y las plantas son, en muchos casos, motivo de inspiración para sus  poemas; la naturaleza es para ellos un libro en el que leen hace millares de años, lo que les permite plasmar imágenes llenas de lirismo en las que comparten sus impresiones y evocan sus más íntimos sentimientos; Ebn Teinim cantó así a la flor del almendro(alláuz).
  “Antes que las demás flores llegas tú para reinar sobre todas ellas. Y con verdad que eres de venturoso presagio, pues en tu cándida hermosura aparece la primera sonrisa del mundo y de la primavera.”
Cibeles
En la mitología griega se considera el almendro el árbol de Attis quien fue concebido, según el mito, por una virgen mediante una almendra. Cibeles,  al parecer, derivó de una criatura bixesual llamada Agdistis, que se había originado del suelo o de una roca, para gran consternación de todos los dioses; en realidad no se trata más que de uno de los muchos avatares de la diosa-tierra; existiendo unas piedras negras, consideradas sagradas, que evocaban aquella génesis venerándose como asiento de la divinidad. Agdistis fue reducida a hembra mediante amputación de sus partes viriles y de esta castración u operación nacería, por modo mediato y fantástico. De forma que cuando la parte masculina amputada de la gran diosa Cibeles fue convertida en almendro; Nana, la hija del río Sagario, quedando cautivada por la belleza de sus flores, tomo una de ellas colocándosela en su seno; pero la flor desapareció y Nana quedó embarazada, de esta forma nació Attis, que fue abandonado al nacer siendo salvado y cuidado por un macho cabrío. Posteriormente Cibeles se enamoraría del joven, y cegada por esta pasión cuandoAttis se hallaba en aventura erótica con otro personaje mitológico, le hijo enloquecer de forma que se autocastró y murió.
Attis
Plutarco habla de otra tradición según la cual Attis dormía durante el invierno para despertar en verano.
El mito de Attis debió influir, aunque lejanamente, en la iconografía cristiana en su posterior atribución del almendro como flor de la Virgen María. También en la simbología cristiana de raíz bíblica el almendro es símbolo del poder sacerdotal que le confiere la tribu de Leví en la persona de Aarón.
Otra fábula da al almendro un interesante origen. Cuentan que Demophon hijo de Teseo y de Fedra fue arrojado por una tempestad volviendo del sitio de Troya ya en las costas de Tracia, donde reinaba entonces la bella Phylis,  la joven princesa recogió al príncipe enamorándose de él convirtiéndole en su esposo. Llamado, el joven, a Atenas por la muerte de Demophon, su padre, marchó prometiendo aPhylis volver en el término de un mes dejando fijado así el momento de su vuelta. Su fiel y enamorada esposa contó los minutos de la ausencia y cuando el plazo llegó a su término, acudió nueve veces a la orilla del mar en busca de su amado, desesperada al ver que no regresaba, perdió toda esperanza y cayó muerta de dolor siendo trashumada en almendro. Sin embargo, Demophon, regresó tres meses después, y abatido por la muerte de su esposaPhylis, hizo un sacrificio en las orillas del mar para aplacar los males de su amante y ésta pareció sensible a su arrepentimiento y a su vuelta, ya que el almendro que la ocultaba bajo su corteza floreció de repente probando en este último esfuerzo que seguía amándole y que la muerte no había podido cambiar esto.
Almendro en flor-Ismael Ortuño
El Álbum Ibero Americano, revista publicada en México por la escritora Concepción Jimeno de Flaquer, incluyó en uno de sus números un poema escrito por la poetisa española Carolina Valencia dedicado a la flor del almendro, firmado en Palencia en 1891,Veamos unas estrofas...
LA FLOR DEL ALMENDRO
Blanca se llama la niña
y es su rostro un embeleso.
Nació en una blanca aurora
del tibio mes di Febrero,
y fué su venida al mundo,
tras del enlutado invierno,
nuncio de la primavera
como la flor del almendro.
Rama de almendro en vaso-Vincent van Gogh
¿Qué tiene la hermosa niña
de blanca faz y ojos negros?
Sombría está la mirada
de sus pupilas de fuego,
y es el llanto en sus mejillas,
que el suave matiz perdieron,
como el rocío que esmalta
la blanca flor del almendro.
Plato loza vidriada (1745)
Quizá como ángel proscrito
siente nostalgia del cielo,
quizá al recibir ardiente
de la juventud el beso,
se agitó sobrecogida
de vago estremecimiento
su alma delicada y pura
como la flor del almendro…

Por otro lado la flor del almendro sirvió también como referencia en la moda de las señoras de finales del siglo XIX y principios del XX y así podemos ver cómo la revista gaditana especialmente dedicada al público femenino "La Moda Elegante"; en sus descripciones sobre la moda de temporada y los sombreros que llevaban las señoras, describía éstos como de "flor de almendro"… añadiendo, para mayor abundamiento, la imagen  en la que las señoras de la época podían contemplarlos.
http://www.vangoghgallery.com/catalog/image/0393/Rama-de-almendro-en-flor-en-un-vaso-con-un-libro.jpg
hhttp://images.artelista.com/artelista/obras/big/7/2/9/2336762812728736.jpg
ttp://www.vangoghgallery.com/catalog/image/0671/Almendro-en-flor.jpg
https://viseco.wordpress.com/2014/04/01/el-lenguaje-de-las-flores-el-almendro-por-virginia-segui/
https://viseco.files.wordpress.com/2014/04/almendrosguerreromedina.jpg
https://viseco.files.wordpress.com/2014/04/almendrosrosawallis_s-xix_xx.jpg
http://portalmitologia.com/sites/default/files/styles/node-right/public/mitologiaimgs/imgcibeles02.jpg?itok=NxzfWnJp
https://viseco.files.wordpress.com/2014/04/almendosenflor_s-xix_modernismo.jpg
http://www.extremadura.com/uploads/pg_models/media/photo/derivative/image/10090/almendro-en-flor-leo-s-tablero_md.jpg

MUHAMMAD IBM AL-ARABI...POLIFACÉTICO ANDALUSÍ.......



El más universal de los andalusíes, Muhammad ibn ‘Alí ibn Muhammad Ibn al-‘Arabí, a quien se conoce como Ibn ‘Arabí, o bien por su sobrenombre Muhyiddín (Vivificador de la Fe), pertenecía al linaje árabe del ilustre al-Hâtim al-Tâ’î, epónimo de la generosidad entre los árabes. De ascendencia beréber por parte de madre, nació como único hijo varón de una distinguida familia en la fortificada capital de Tudmir, la Murcia islámica gobernada por Ibn Mardanísh, último bastión de la resistencia a los almohades, en el mes de Ramadán del año 560 de la hégira, es decir, del 1165 del calendario cristiano.
De su infancia, vivida en esta Murcia independiente y fértil, casi nada sabemos. Fallecido Ibn Mardanísh, la familia de Ibn ‘Arabí se traslada en el 568 de la hégira a Sevilla, entonces la ciudad más importante de al-Andalus, donde su padre entra al servicio del refinado soberano almohade Abû Ya‘qûb Yûsuf.
En ese momento, este cultivado sultán que se rodea de sabios como Ibn Tufayl, Averroes o Avenzoar, ha ordenado emprender la construcción del puente sobre el Guadalquivir que uniría Sevilla con Triana, puerta del Aljarafe, la de los palacetes de la Buhayra, rodeados de vergeles, la de la mezquita mayor (con su célebre alminar conocido hoy como La Giralda) que habría de sustituir a la mezquita de Ibn ‘Addabâs, sobre cuyos cimientos se alza ahora la iglesia de El Salvador, así como la renovación de las perdurables canalizaciones de agua potable que abastecían a toda la ciudad. Asiste así Ibn ‘Arabí a una prosperidad sin precedentes.
Muhyiddín comenzó a recibir una esmerada educación en las ciencias tradicionales del Islam por parte de maestros de diversas latitudes. Él mismo nos ha dejado en uno de sus escritos una lista en que menciona a 70 maestros a lo largo de su vida.
El propio Ibn ‘Arabí describe una fase juvenil de vida despreocupada, de baile y amaneceres, anterior a su iniciación en el sufismo, que él llama su “entrada en la Vía”, el año 580 (=1184).
Renuncia Muhyiddín a seguir los pasos de su padre en la administración almohade, abandona sus bienes y desde entonces se consagra por entero, como habían hecho también algunos de sus familiares antes que él, al camino del conocimiento y la realización espirituales.
Según el autor murciano, su “conversión” tuvo lugar por mediación de la presencia espiritual de Jesús (profeta mayor entre los musulmanes) a quien llama su “primer maestro”.
El mismo Ibn ‘Arabí relata su encuentro con el célebre filósofo Averroes, en aquel tiempo médico particular del sultán y cadí o juez de Córdoba, quien quiso conocerlo tras oír hablar de la iluminación que el joven aún imberbe había recibido en un retiro espiritual.


A partir de entonces, las visiones extáticas se hacen frecuentes. En el 586 tiene en Córdoba una visión en la cual, según refiere en su obra Rûh al-quds (que trata los espirituales andalusíes de su tiempo), Dios le mostró a todos los Enviados y profetas desde Adán hasta Muhammad (Mahoma).
Por primera vez Ibn ‘Arabî es investido del manto iniciático llamado jirqa de manos del sufí Taqiddîn al-Tawzarî.
Tras el fallecimiento de su padre, emprende  una serie de viajes por territorio andalusí y una primera visita a Túnez para conocer a los maestros Ibn Jamîs al-Yarrâh y ‘Abd al-‘Azîz al-Mahdawî, quienes habían sido discípulos del célebre sufí sevillano Abû Madyan que trasmitía en Bujía su enseñanza y a quien Muhyiddín se considera particularmente vinculado en espíritu, aunque nunca se encontrara con él en el plano físico. Al mencionado Mahdawî dedicaría más adelante Ibn ‘Arabî, entre otras, su obra magna, suma esotérica de las ciencias espirituales del Islam, titulada al-Futûhât al-makkiyya (Las Iluminaciones de La Meca).
Su estancia de un año en Túnez inspiró una de sus primeras obras visionarias Las contemplaciones de los misterios, compuesta a su regreso a Sevilla cuando contaba con treinta años, que revela la temprana maestría del autor.
En sucesivas visitas a Fez desde el 591 tienen lugar importantes acontecimientos espirituales: alcanza la llamada Estación de la Luz, realiza la ascensión espiritual hasta la presencia divina que le lleva a escribir su Kitâb al-Isrâ’ (Libro del viaje nocturno) y toma conciencia,  de su condición excepcional de Sello de la Santidad Muhammadí.


De vuelta en al-Andalus por última vez, antes de su definitiva partida al Magreb y luego a Oriente, visitó diversas ciudades, entre ellas Ronda, Córdoba, Granada, Murcia (donde se encontró con el sufí Abû Ahmad ibn Sîd Bûnuh) y Almería, donde compuso su crucial obra Nawâqi‘ al-nuyûm (Los descensos de los astros), la última al parecer de su etapa andalusí.
Vemos, pues, que durante la primera parte de su vida Ibn ‘Arabî viajó intensamente por el territorio andalusí y el Magreb (Fez, Marrakech, Bujía o Túnez, donde accede a un modo de percepción que llama la inmensa Tierra de la Realidad), hasta su partida definitiva hacia Oriente Medio, donde transcurrió la segunda mitad de su vida.
Tras sucesivas estancias en La Meca, Medina, Jerusalén, Konia, Malatia, Bagdad o Alepo, el reconocido maestro espiritual se instaló finalmente en Damasco, donde falleció el 638/1240. Su sepultura, en el mausoleo que hizo edificar en su honor el sultán otomano Selim II al pie del monte Qasión, puede visitarse en la mezquita que, como el barrio damasceno que la alberga, lleva su nombre.
Vida, escritura, viaje y contemplación son dimensiones indisociables en la vida de este prolífico y originalísimo andalusí en cuyo pensamiento se concilian tradición, razón y develación.
Ibn Al Arabî, llamado por la tradición ulterior ‘Maestro Máximo’ (al-Shayj al-Akbar) y considerado entre los sufíes heredero e intérprete por excelencia de la espiritualidad muhammadí, compuso más de 250 obras, entre las que cabe destacar, además de las mencionadas, la obra titulada Los engarces de la sabiduría (que ha sido objeto de más de cien comentarios -en árabe, persa, turco, urdu y otras lenguas- por parte de muchos de los más destacados autores de la tradición sufí), su libro El secreto de los Nombres de Dios o su diván de poesía lírica, El intérprete de los deseos.
Su obra ha ejercido un influjo determinante en el pensamiento islámico de los últimos ocho siglos en todo el mundo islámico y no sólo en el mundo árabe. Este inspirado autor universal fue el eje fundamental del pensamiento del mundo otomano y es también, hasta nuestros días, constante referencia del pensamiento del ámbito de lengua persa.
Su pensamiento goza actualmente, en todo el mundo, de una enérgica vitalidad que pone de manifiesto el creciente interés suscitado por su obra entre creadores, intelectuales y espirituales de las más diversas procedencias y condiciones. Buen ejemplo de ello es la ingente actividad desarrollada por la internacional Muhyiddin Ibn Arabi Society, con sede en Oxford, en cuyo website (www.ibnarabisociety.org) puede consultarse una amplia información bibliográfica. Los estudios y traducciones de sus obras en lenguas occidentales se han multiplicado en las últimas décadas y, hoy en día, es posible leer en profundidad a Ibn cArabî en español, francés, inglés, turco y otras lenguas europeas.
El pensamiento de Ibn cArabî se inserta plenamente en la tradición abrahámica y el mundo de la profecía. Heredero del saber antiguo, del pensamiento griego, del mundo iranio y de la tradición judeo-cristiana, el pensamiento de Ibn cArabî es, no obstante, genuinamente árabe, ya que está profundamente enraizado en la cultura y la lengua árabes, y plenamente islámico, pues sus referencias permanentes son los fundamentos escriturarios del Islam, el Corán y la Sunna. En virtud de ese mismo fundamento islámico, su obra ofrece un pensamiento universal que reconoce a todos los profetas del ciclo histórico, las diversas tradiciones reveladas -consideradas en tanto que caminos perdurables, providenciales y eficaces para la realización espiritual-, e incluso toda forma inspirada de conocimiento de la Verdad, de adoración del Uno-Múltiple, a la par trascendente e inmanente, incomparable y semejante, manifiesto y oculto, aun en el caso de que tal adoración revista la apariencia del culto a los ídolos. He aquí una puerta abierta al diálogo y al verdadero respeto -el auténtico reconocimiento de la dignidad del otro- entre las diversas tradiciones y culturas.
La existencia, entendida y vivida como teofanía, revelación del Uno en la multiplicidad de Sus manifestaciones y de Sus Nombres, es en última instancia pura Belleza, Compasión sin límites. Dios, la Realidad, está presente en todas las cosas.
La finalidad del hombre es el conocimiento del Creador. El ser humano progresa por las estaciones espirituales, guiado por la gracia, hasta que restituye el teomorfismo original del hombre primordial. Alcanza así, en la llamada Tierra de la Realidad, la morada de la perfecta servidumbre. Su corazón es entonces perfectamente receptivo a las teofanías, incesantemente renovadas. Dotado de la facultad de la develación, el místico vive así en presencia de Dios y en conformidad con Su voluntad.
Ibn cArabî es, por su trayectoria vital, por el alcance de su obra y por su repercusión en la posteridad, modelo de andadura interior hacia la Unidad que reúne los opuestos, los mundos y grados de la existencia, los dos horizontes de Oriente y Occidente.
Puede afirmarse que, integrando en su pensamiento razón y develación, unidad y diversidad, Ibn cArabî ha sido el primero entre los autores de tradición abrahámica, ya en los siglos XII-XIII, en exponer de modo tan sólido y explícito los fundamentos que permiten y requieren establecer un diálogo creativo y conciliador entre las distintas creencias y culturas.
Tanto su obra como su ejemplo vital manifiestan, en efecto, un profundo respeto hacia la totalidad de las confesiones, un reconocimiento universal de la veracidad intrínseca de cada fe personal y de la experiencia íntima y única que cada realidad individual representa. Como ilustración de ello, escuchemos estas palabras del autor, tomadas del capítulo sobre la Palabra de Muhammad de su obra Fusas al-hikam (Los engarces de la sabiduría):
“Quien llegue a conocer el sentido del dicho de Yunayd de Bagdad según el cual “el color del agua es el color de su recipiente”, admitirá la validez de todas las creencias con respecto a quien las profesa y reconocerá a Dios en toda forma y en todo objeto de adoración. En realidad, el que condena otras creencias sigue sólo una opinión y no tiene verdadero conocimiento. En ese sentido ha dicho Dios, según el hadiz: “Yo soy con él según la concepción que Mi servidor tiene de Mí”, lo cual quiere decir que no se manifiesta al hombre sino en la forma de su propia creencia: si éste así lo quiere, la hace ilimitada, absoluta; mas si así lo quiere, la hace restringida y limitada”.
Para concluir, como ejemplo de su escritura poética, veamos a continuación algunos versos de Ibn ‘Arabí.




El rayo oriental (De El Intérprete de los deseos)

En el levante el rayo ha contemplado
y así quedó prendado del oriente,
mas si hubiera brillado en el poniente,
a occidente se habría encaminado.
De tierras no depende o paradores:
mi amor se debe al rayo y sus fulgores.
La profesión de todas las creencias (De Las iluminaciones de La Meca)
Las creencias más diversas
tienen de Dios las personas
y yo las profeso todas:
creo en todas las creencias.
(Futûhât, ed. Bûlâq, III, p. 131)
Del amor procedemos (De Las iluminaciones de La Meca)
Del amor procedemos,
con él fuimos creados;
así al amor tendemos
y estamos consagrados.

La religión del amor (De El Intérprete de los deseos)

¡Qué asombroso es el prodigio
de una gacela velada
que señala un azufaifo
y hace señas con sus ojos,
y cuyos pastos se encuentran
entre costillas y entrañas!
¡Qué maravilla un jardín
en medio de tanto fuego!
Capaz de acoger cualquiera
de entre las diversas formas
mi corazón se ha tornado:
Es prado para gacelas
y convento para el monje,
para los ídolos templo,
Kaaba para el peregrino;
es las Tablas de la Tora
y es el libro del Corán.
La religión del amor
sigo adonde se encamine
su caravana, que amor
es mi doctrina y mi fe.
http://www.canal-literatura.com/7certamen/premiodamasco/?page_id=584 

domingo, 28 de agosto de 2016

VIRGEN DEL CANCILLER ROLIN


Se conoce esta obra por dos nombres: la Virgen de Autun, porque estaba en la catedral de Autun, y la Virgen del Canciller Rolin, porque éste es el personaje que aparece rezando ante María. Rolin era natural de Autun y se piensa que encargó la obra para donarla a la catedral de su ciudad, igual que hizo cuando fundó el hospital de Beaune y pidió a Rogier van der Weyden el políptico del Juicio Final. El canciller Rolin fue el personaje más importante, sin duda, de la Corte de Borgoña. Diplomático, político, intrigante, era de cuna baja; ascendió durante su vida hasta ser nombrado canciller, que en aquel momento era un cargo difuso, casi de servidor de cámara, y lo convirtió en una especie de primer ministro, de hombre fuerte que sustituyó en sus funciones al propio Duque. Su poder fue tremendo así como su riqueza, aunque su fama era pésima y se le atribuían todo tipo de iniquidades e inmoralidad. El fruto de esta fama personal es esta Virgen, que todavía hoy no se sabe si era un monumento más a su orgullo o un intento de borrar su mala fama con una obra piadosa. Rolin está retratado por Van Eyck nada menos que de igual a igual con la propia Virgen María. Ni siquiera están en una iglesia, sino en una loggia de un castillo, abierto a un maravilloso paisaje. Decimos que el canciller está rezando ante María, pero nada indica su fervor religioso, excepto que se encuentra arrodillado. Su mirada es la de una profunda satisfacción de sí mismo, y fija los ojos en el Niño, casi desafiante. Esta igualdad, esta cercanía promiscua con las figuras divinas, eran escandalosas para la época, y resulta obvio que el canciller se está haciendo un monumento a sí mismo, más que rindiendo homenaje a la Virgen. Por otro lado, el tipo de la Virgen es propio de Van Eyck, con un ángel coronándola, mostrando al Niño en la actitud de María = trono de Dios. En los capiteles de las columnas podemos reconocer diversas escenas del Antiguo Testamento: Adán y Eva expulsados del Paraíso, Caín y Abel, la Borrachera de Noé. Respecto al hermoso paisaje del fondo, algunos han reconocido ciertos edificios, creyendo que se trataba de la ciudad de Brujas, Lieja, Utrecht, Lyon, Maastricht, Génova... No es ninguna de ellas y son todas a la vez. Van Eyck visitó todos estos lugares en misiones secretas para el duque Felipe el Bueno y realiza la ciudad ideal a partir de sus recuerdos de todas ellas.
La pintura fue encargada por Nicolás Rolin, canciller de Felipe el Bueno, un importante funcionario de la corte de Borgoña. Según los especialistas Van Eyck no sólo plasmó su apariencia física, sino también su temperamento. Hasta entonces, los cuadros con donante se caracterizaban por ser el comitente de menor tamaño que las figuras sagradas de la Virgen o Jesús y, en segundo lugar, por la presencia de un santo, generalmente el del nombre del donante, que hiciera de intermediario ante la Virgen.
A ello se une la ostentación de lujo que describe la posición social del donante. El óleo presenta claras ventajas sobre la pintura al temple que era la técnica usada hasta entonces: es más transparente y luminoso, por ello permite un mejor tratamiento de la perspectiva, del aire y de la luz; al ser más consistente, los objetos se pueden representar con mayor exactitud; y seca más despacio por lo que se puede trabajar con mucho sosiego.
Esta obra se concibió para verla de cerca ya que debía colgarse en una capilla privada del canciller en la catedral de Autun, por eso, los detalles se plasman con una exactitud microscópica, sólo posible gracias al empleo del óleo y de plumillas especiales. En la sacristía de esa catedral estuvo hasta 1800.

La escena se desarrolla dentro del interior de una lujosa habitación cuyos muros descansan sobre arcos de medio punto peraltados con columnas de mármoles polícromos rematados por capiteles corintios e historiados con narraciones del Antiguo Testamento. La luz penetra desde el fondo a través de la balconada con triple arco peraltado así como a través de las vidrieras que filtran la luz. En primer término aparece el donante, el canciller, arrodillado sobre un reclinatorio cubierto con rico terciopelo azul, sobre el que descansa un libro de oraciones, y las manos en posición de oración. Frente a él aparece, representada en el mismo tamaño que el donante, la Virgen con un amplio manto rojo que sostiene al Niño que con la mano derecha bendice al canciller mientras con la izquierda sostiene un globo terráqueo coronado por una cruz enjoyada que anuncia el sacrificio de Cristo. Tras la Virgen un ángel sostiene una corona que anuncia el reinado de la Virgen sobre los cielos. 
Como hemos dicho tras esta escena se abre una balconada en la que observamos un jardín y dos personajes que contempla el amplio paisaje que se abre delante de ellos y en el que podemos observar un río atravesado por un puente que une dos ciudades, que han sido identificadas como posible representación de la Ciudad de Dios y la Ciudad terrenal de San Agustín.

Existe en toda la Obra un predominio del dibujo minucioso y detallista. Los colores utilizados se mueven por toda la paleta cromática llendo desde el cálido rojo intenso del manto de la Virgen hasta el azul del ángel y los violáceos del horizonte. Como hemos comentado cabe destacar la calidades obtenidas tanto en la riqueza de los ropajes, que caen en amplios y angulosos pliegues que parecen acartonados, como en todos los objetos que forman la escena. Así mismo, el enlosado del suelo y los elementos arquitectónicos contribuyen a acentuar la perspectiva lineal que compone en el cuadro y que contribuye a dotar a éste de profundidad espacial.

La escuela de los conocidos como "primitivos flamencos", de la que Jan Van Eyck es uno de sus mejores representantes, alcanza una de las más altas cimas de la Historia de la pintura tanto por su extraordinaria ejecución en el detalle como por la luminosidad de sus colores y la esquisitez de su temática, en ocasiones plagadas de alegoría y símbolos, bajo una apariencia de cotidianeidad.

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miércoles, 24 de agosto de 2016

PRISCILIANO Y EL PRISCILIANISMO


Heresiarca y obispo de Ávila nacido en fecha y lugar desconocidos. Aunque algunas teorías apuntaban a que era originario de Menfis (Egipto), actualmente se tiende a pensar que su origen era galaico; murió en el año 385 en Tréveris, cuatro años después de haber sido elegido obispo de Ávila. Impulsó un movimiento ascético en las iglesias de la Península Ibérica a finales del siglo IV, conocido como priscilianismo. Sus ataques contra la corrupción del clero le valieron la condena por parte de la Iglesia católica, que aprovechó su manifiesta simpatía hacia el ocultismo para condenar sus ideas y condenarle por brujería. Por orden del usurpador imperial Clemente Máximo, fue decapitado en Tréveris en el año 385, bajo la acusación de hechicería. Está considerado como el primer hereje de la Antigüedad, oficialmente ejecutado por el brazo secular de la iglesia.
Algunas investigaciones han apuntado la teoría de que la condena de Prisciliano poco tuviese que ver con motivos religiosos y fuese motivada por motivos políticos. Al parecer, Prisciliano provenía de una familia terrateniente del noroeste peninsular y estaba al mando de una gran comitiva armada de clientes, que fueron sus primeros seguidores y también configuraban un nutrido ejército a su mando. La difícil situación de la Península y del Imperio romano en general, sumido en la anarquía; unido a las fuertes críticas lanzadas por Prisciliano contra el poder imperial establecido, las cuales tuvieron eco en la nobleza local, han hecho pensar a algunos historiadores que Prisciliano pudo tomar partido en las luchas intestinas del Imperio usando como fuerza armada a sus seguidores, y que una vez derrotada su facción, Prisciliano fuese ejecutado por orden del usurpador Clemente Máximo como venganza a su oposición.
Según Clemente de Roma, las primeras comunidades cristianas en la Península Ibérica fueron fundadas por San Pablo, estas comunidades primitivas estarían localizadas en algunas de las principales ciudades ibéricas, tales como Mérida, León, Astorga, Zaragoza o Tarragona. En el siglo IV el cristianismo se había extendido ampliamente por la Península y ante la avalancha de conversiones la iglesia empezó a transigir en algunas de sus prácticas: la idolatría no fue especialmente perseguida; la castidad no era respetada entre el clero; muchos sacerdotes paganos adoptaron el cristianismo al tiempo que mantuvieron sus ritos ancestrales; se generalizó el bautismo entre los paganos sin necesidad de recibir instrucción previa; los terratenientes cristianos se negaron a perseguir el politeísmo por miedo a posibles represalias, lo cual fue aceptado por la Iglesia; en el seno de la comunidad cristiana la magia estaba muy extendida; ciertos movimientos heréticos, de los cuales no se han conservado sus peculiaridades, se extendían por el territorio; por último, la penetración del cristianismo en la clase alta provocó problemas, pues empezaron a aparecer voces que criticaban la riqueza de estos nuevos cristianos, máxime cuando algunos de ellos fueron consagrados como obispos.



Esta situación se agravó a partir del 357, cuando Potamio de Olisipo, Valente de Mursa y Ursacio de Singidunum lograron que el anciano Osio de Córdoba aceptase el credo arriano. En el concilio de Rimini del año 359 los obispos de occidente se declararon en bloque arrianos, lo que provocó el primer cisma importante de la Iglesia.
En esta complicada y caótica situación fue cuando surgió la figura de Prisciliano, un seglar de rango senatorial poseedor de una buena educación y, al parecer, plenamente convencido de la doctrina cristiana primitiva. Prisciliano, imbuido de un fuerte espíritu rigorista, llamó la atención de la Iglesia hispana con sus predicaciones en contra de los desvíos de la Iglesia de su época; de la corrupción y el vicio imperante entre el clero, en concreto en contra de la riqueza y en favor de la vida espiritual; protestó contra la escasa preocupación de la Iglesia ante los problemas de las clases más desfavorecidas, así como por la complicidad de la Iglesia con los poderes establecidos para mantener dicha situación. Instó a los individuos consagrados a Dios a renunciar a sus riquezas materiales y a estudiar la Biblia como única medio posible para recuperar los valores del cristianismo primitivo. Prisciliano defendió el celibato como medio de espiritualidad, para él no eran compatibles el matrimonio y la espiritualidad; el hombre ideal de Prisciliano es célibe, consagrado a la pobreza y a la práctica del vegetarianismo para de ese modo encontrarse más en sintonía con Cristo. Prisciliano invitaba a sus seguidores a aislarse del mundo para que éste no interfiriese en su comunicación directa con Dios. En definitiva, Prisciliano abogó por la vida ascética, alejada del camino que estaba tomando la Iglesia de su tiempo; es posible que este ascetismo de Prisciliano estuviese influido por la ideología de Filón de Alejandría, el gran filósofo judío del siglo I que vivió en Egipto, tierra con la que a Prisciliano se le ha relacionado en repetidas ocasiones.
Un factor que debe tenerse en cuenta para comprender el éxito de Prisciliano es la existencia de una creencia según la cual en el siglo IV llegaría el fin del mundo, por lo que se hacía urgentemente necesario recuperar la pureza religiosa. Dicha creencia se basaba en la teoría, muy extendida entre los cristianos, de que el Anticristo sería un hombre histórico, al igual que lo fue Cristo, y éste fue identificado con el emperador Juliano el Apóstata, el cual había recuperado el paganismo y abjurado del cristianismo. Por si esto fuera poco, Juliano trató en vano de reconstruir el Templo de Jerusalén, lo cual según la tradición sería realizado por el Anticristo. La muerte de Juliano en el 363 no hizo sino alimentar dicha creencia, ya que tras el Anticristo, llegaría el verdadero Cristo y con él acabaría el mundo. En éste ambiente apocalíptico, Prisciliano predicaba la vida ascética, el retiro de los lugares mundanos donde el Demonio ejercía su poder, recuperar los ideales de pobreza y la humildad cristiana, por lo que no es de extrañar que su doctrina se extendiera rápidamente.

Prisciliano no trató de crear una orden monástica organizada en comunidades que viviesen bajo un regla y llevasen un hábito distintivo; sus seguidores llevaban a cabo una vida ascética, pero sin formar comunidades; no se apartaron de la Iglesia, más bien trataron de integrar su movimiento en el seno de ésta, se trató de reforma la organización ya existente no de crear una nueva. No obstante, las enseñanzas de Prisciliano levantaron pronto los recelos de los obispos allá donde sus tesis se habían instalado, la Península Ibérica y parte de la Galia.
Las críticas lanzadas por Prisciliano contra el poder establecido, le valieron el apoyo de las clases menos favorecidas de la sociedad y garantizaron buena parte de su éxito, así como un amplia repercusión como movimiento social de protesta y resistencia ante las injusticias sociales. Prisciliano, con su idea de igualdad entre hombres y mujeres, se ganó el apoyo del colectivo femenino, pero esto fue aprovechado por sus enemigos para comenzar a acusarle de hereje, al mezclar sus enseñanzas con el maniqueísmo y gnosticismo. Actualmente está demostrado que Prisciliano carecía de este tipo de influencias y que incluso rechazaba profundamente tanto el maniqueísmo como el gnosticismo.
Según Sulpicio Severo, la fuente de inspiración para la ideología de Prisciliano fue una dama aristocrática llamada Agape y un tal Elpidio, ambos relacionados con el maestro gnóstico Marco de Menfis. Pronto Prisciliano logró la adhesión de los obispos Instancio y Salviano, ambos de Lusitania, lo que motivó las preocupaciones de Higinio de Córdoba e Hidacio de Emérita (Mérida). Posteriormente, a estos dos se unió Itacio, posiblemente obispo de Ossonuba (actual Estoi, Portugal). Ellos se convirtieron en los mayores detractores de Prisciliano y su grupo; en concreto, Itacio actuó como acusador de Prisciliano en su juicio, y pese a que a última hora (cuando se dio cuenta de que la condena iba a ser a muerte), trató de retractarse, pasó a la Historia como una figura polémica que acabó por provocar la división de los obispos ibéricos y galos. Estudios recientes han demostrado que Sulpicio Severo usó para escribir su historia de Prisciliano, un libro anterior escrito por Itacio, por lo que la veracidad de su relación con Marco de Menfis ha sido puesta en duda, máxime cuando lecturas posteriores de la obra de Prisciliano han demostrado que éste no compartía los principios del gnosticismo. De igual modo, en la actualidad no se da certeza a la afirmación de Itacio de que Marco de Menfis fuese originario de tal ciudad, más bien parece que Itacio, atendiendo a la fama que dicha ciudad tenía como enclave en el que se practicaba la magia, hizo a Marco oriundo de Menfis para dar mayor credibilidad a su retrato de Prisciliano como versado en hechicería.
En respuesta a las predicaciones de Prisciliano, el 4 de octubre del año 380 se reunió en Caesaragusta (actual Zaragoza) un concilio instigado por Hidacio de Emérita e Higinio de Córdoba, aunque éste último finalmente no asistió a la reunión. Parece ser que a última hora Higinio de Córdoba se dio cuenta que dada la repercusión que había logrado Prisciliano, una condena conciliar fragmentaría la iglesia hispana de forma irremediable, por lo que sin llegar a apoyar a éste, optó por permanecer neutral, lo que a la larga ocasionaría graves consecuencias. Al concilio acudieron un total de doce obispos, entre los que se encontraban Febadio de Agen y Delfino de Burdeos, ambos procedentes de Aquitania, Itacio de Ossonuba, Audencio de Córdoba, Simposio de Astúrica y Valerio de Zaragoza. El concilio de Zaragoza censuró casi todos los puntos defendidos por Prisciliano, fundamentalmente los referente al ascetismo. Pero su condena no fue especialmente grave, por lo que es de suponer que Hidacio de Emérita, Higinio de Córdoba e Itacio de Ossonuba aún no habían fraguado su plan para acabar con Prisciliano; dicho plan consistía en acusarle de maniqueísmo, brujería y lascivia. La acusación de maniqueísmo era especialmente grave, ya que este grupo era muy odiado por la ortodoxia católica debido a su aceptación de los Evangelios Apócrifos y la doctrina de ellos desprendida. El concilio no llegó a condenar a Prisciliano debido, en parte, a la oposición del papa Dámaso I de que se condenase a personas ausentes al mismo sin el debido proceso.

Finalizado el concilio de Caesaragusta las relaciones entre Hidacio de Emérita y Prisciliano se enturbiaron aún más, ya que un seguidor de Prisciliano denunció a Hidacio ante la Santa Sede debido a que éste convivía con su esposa y había engendrado descendencia. La denuncia provocó un cisma en la diócesis de Emérita instrumentado por Instancio y Salviano, los obispos lusitanos seguidores de Prisciliano. Detrás de esta denuncia parece que estuvo la idea de Prisciliano de eliminar a uno de sus más poderosos enemigos y a la vez colocar en la poderosa diócesis de Emérita a alguno de sus colaboradores. La denuncia provocó que Hidacio se decidiera a atacar formalmente a Prisciliano y sus seguidores, para lo que aprovechó la consagración de éste como obispo de Ávila.
Efectivamente, en el 381, meses después de que finalizase el concilio de Caesaraugusta, la sede de Ávila (Abula) quedó vacante. Instancio y Salviano se trasladaron allí y con el apoyo popular consagraron a Prisciliano como obispo. Esta consagración era ilegal según lo estipulado en el Concilio de Nicea, pero parece ser que en la Península la doctrina del Concilio aún no se consideraban plenamente válida, como lo demuestra el hecho de que ni siquiera los opositores de Prisciliano elevasen queja alguna a este respecto sobre su consagración. No obstante, los antipriscilianistas trataron de invalidar el nombramiento basándose en que Prisciliano había sido acusado de maniqueísmo, lo que automáticamente le convertía en un falso obispo. Esta respuesta de los opositores a Prisciliano pone en evidencia que en el concilio de Caesaraugusta realmente se condenó a Prisciliano, pese a la oposición papal.
Con motivo de la consagración de Prisciliano, Hidacio le acusó de denegar la salvación a los cristianos casados, de sostener doctrinas patripasianas sobre Dios, de mantener principios docetistas sobre la naturaleza humana de Cristo, de estudiar los textos apócrifos heréticos, de maniqueísmo y práctica de la magia, y por último, de realizar enseñanzas indecentes. Por su parte, Prisciliano amenazó a Hidacio con convocar un concilio que investigase la denuncia de realizada por Instancio y Salviano. Ante la amenaza de una investigación, Hidacio tomó la iniciativa y envió una carta al emperador Flavio Graciano, en la que denunciaba la existencia de elementos maniqueos en la Península, pero sin especificar los nombres para evitar posibles represalias. El emperador contestó a la carta de Hidacio ordenando la inmediata expulsión de los maniqueos, tanto de sus cargos eclesiásticos como del territorio imperial.



Tras la condena imperial, Prisciliano y sus seguidores tuvieron que ocultarse y disgregarse. Ante esta grave situación, Prisciliano, acompañada por Instancio y Salviano, marchó hacia Roma y Milán para defender su causa. A su paso por Aquitania, se unió a la comitiva una serie de mujeres, entre las que se encontraban la viuda del potentado Acio Tiro Delfidio, Eucrocia, y su hija, Prócula. Los detractores de Prisciliano acusaron a éste de dejar embarazada a la joven Prócula y de convencerla de que se librara del hijo por medio de un aborto, ya que a los priscilianistas se les acusaba de justificar estos medios. Pese a que esta historia muestra poca fiabilidad, es evidente que Prisciliano y sus seguidores mostraron muy poca prudencia, dada su complicada situación, al aceptar la compañía femenina, que por otro lado, era inevitable, ya que Prisciliano había predicado en favor de la igualdad entre ambos sexos.
Una vez llegados a Roma se les negó la audiencia personal con el papa, no obstante presentaron un documento cuidadosamente elaborado, en el que mostraban la defensa de su ortodoxia y la mala fe de Hidacio de Emérita en sus acusaciones. En Roma falleció Salviano, con lo que Prisciliano perdió a uno de sus defensores más leales. Tras el fracaso de su misión en Roma, Prisciliano e Instancio se dirigieron a Milán con la idea de ser oídos en la corte imperial. Allí tuvieron más éxito y lograron una carta del emperador por la cual se anulaba la orden anterior y se permitía a Prisciliano y sus seguidores a recuperar sus cargos y sede episcopales.
De regreso en la Península y gracias a la autoridad que le había conferido la carta imperial, Prisciliano acusó a sus anteriores detractores. El primero de los acusados fue Itacio, el cual huyó a Tréveris ante el riesgo de ser detenido por calumnias, un grave delito en la época. En estos momentos, en los que Prisciliano parecía triunfar sobre sus enemigos, la escena política sufrió un vuelco trágico para el obispo abulense; en el 383 el comandante militar de las islas británicas, Magno Máximo, se sublevó contra el emperador Flavio Graciano al que asesinó el 25 de agosto de ese mismo año. El cambio de emperador supuso la caída de los amigos que Prisciliano tenía en la anterior corte, que fueron sustituidos por otros que dada su inestabilidad política buscaron el apoyo de la ortodoxia para afianzar su poder, por lo que se dispusieron a atacar a todas las herejías y disidencias, entre las que evidentemente se encontraba Prisciliano.
El nuevo magister officiorum, Máximo, influenciado por Itacio de Ossonuba, convocó un concilio en Burdeos para tratar sobre Prisciliano y sus seguidores. En el nuevo concilio Instancio fue desposeído de su sede, y Prisciliano, ante lo adverso de la reunión, decidió tratar de apelar al emperador y alcanzar Tréveris, e intentar allí, con ayuda del dinero de Eucrocia, comprar los apoyos necesarios para salvar su causa. El traslado de Prisciliano suponía evitar la sentencia eclesiástica para ponerse en manos de la justicia imperial, lo que no era infrecuente en la época.



El juicio contra Prisciliano fue dirigido por el prefecto del pretorio, Evodio; mientras Itacio ejerció de acusador. Para la fecha exacta del mismo existe cierta controversia, ya que según la crónica de Próspero de Aquitania , éste tuvo lugar en el año 385 y en la ciudad de Tréveris, donde también fue ejecutado ese mismo año; no obstante, según los escritos de Hydacio , el juicio tuvo lugar en el año 385, pero la muerte de Prisciliano ocurrió dos años más tarde. Por último, Gregorio de Tours nos da la fecha del año 384, tanto para el juicio como para la muerte.
En el transcurso del juicio, y tras ser torturado, Prisciliano reconoció su interés por los estudios mágicos, las reuniones nocturnas con licenciosas mujeres y practicar la oración desnudo. Todo ello, interpretado capciosamente, por la acusación suponía una demostración del maniqueísmo del que se acusaba a Prisciliano. Por tanto, la primera acusación de la que Evodio declaró culpable a Prisciliano fue la de practicar magia, lo que en la época era asimilado a la profesión del maniqueísmo. A la acusación de maniqueísmo, Itacio unió la de conducta indecorosa, impropia de un obispo, para lo que utilizó la predicada igualdad entre sexos por la que luchó Prisciliano. A ello se unió la acusación de desorden moral por sus supuestas relaciones con Prócula y por la historia del aborto de ésta. Todos los cargos juntos confirmaron la acusación por brujería, delito que estaba castigado con la pena de muerte.
Una vez dictada sentencia Prisciliano fue encarcelado a espera de la decisión imperial, mientras que Itacio, consciente ahora de que sus acusaciones habían provocado la condena a muerte de otro obispo, se retiró del proceso, dejando su puesto a un abogado imperial. En éste momento debemos mencionar el interés que Clemente Máximo tenía en la condena de Prisciliano y por extensión de todos sus seguidores, ya que esto le valdría para expropiar las tierras y posesiones de los condenados y con ellas financiar su causa en la guerra civil en la que estaba sumido el Imperio desde su insurrección en Bretaña.
Poco más tarde del juicio, según la mayoría de los estudios, Prisciliano, junto con algunos de sus seguidores más importantes, fue ejecutado y sus seguidores perseguidos por todo el Imperio de Occidente, pese a lo cual el priscilianismo se mantuvo durante siglos.


El Priscilianismo es una desviación heterodoxa del cristianismo con una profunda raíz rigorista, uno de los primeros movimientos de protesta contra la corrupción y el vicio del clero católico ortodoxo y, también, contra el escaso celo mostrado por éstos ante la penosa situación de las capas más desfavorecidas de la primitiva sociedad latina. Debe su nombre al sacerdote Prisciliano, un laico de familia nobiliaria de origen galaico, que fue elegido obispo de Ávila en el año 381. Al parecer, Prisciliano poseía grandes territorios en el noroeste peninsular y estaba al mando de una gran comitiva (posiblemente armada) de clientes y colonos, que fueron los primeros en convertirse al cristianismo gracias a la existencia de estos vínculos. Lejos de circunscribirse al ámbito hispano, el priscilianismo fue un movimiento con una honda repercusión tanto en el centro de la península como en Lusitania y el nordeste, además de tener un importante foco de adeptos en Aquitania y otras zonas del sur de Francia. Precisamente sería en Tréveris donde Prisciliano sería ejecutado (385) por orden del usurpador imperial Clemente Máximo, acusado de "maleficio y hechicería".


La cuestión referente a la doctrina de Prisciliano continúa siendo bastante enigmática, pues, siguiendo la opinión de Emilio Mitre: "hay dificultades para distinguir entre lo que fueron sus objetivos religiosos y lo que sus discípulos trataron de poner en práctica" . En cualquier caso, sus principales escritos conservados revelan una total disconformidad con las conductas del clero de su época, tanto en lo referente a sus mundanas costumbres como a la gran predisposición que, en general, tenían todas las autoridades eclesiásticas a favor del orden social establecido. Precisamente este último aspecto ha sido estudiado por algunos historiadores, entre los que destaca Abilio Barbero, relacionando el amplio apoyo que las masas populares prestaron al priscilianismo con un movimiento social de protesta y resistencia, característico de casi todas las corrientes heterodoxas medievales.
Así pues, la predicación de Prisciliano estuvo basada en la persecución de los clérigos que no se ajustaban al rigor moral del cristianismo y en la solicitud de una vida ascética para todos aquellos practicantes que lo desearan, lo que le valió la enemistad de otros personajes importantes en el orden episcopal, como fue el obispo Hidacio de Mérida. El éxito del priscilianismo fue enorme, especialmente entre las masas populares, que veían en Prisciliano un santo varón y que hallaban en sus palabras de igualdad y caridad un pequeño consuelo a su pobre existencia. Debido a este apoyo y, especialmente, al éxito que obtuvo la predicación priscilianista de la igualdad entre el colectivo femenino, sus enemigos comenzaron a acusarle de hereje, haciendo creer a las autoridades que Prisciliano estaba impregnado de la Peste maniquea y gnóstica. A pesar de que, como ya se ha indicado anteriormente, las acusaciones llevaron a la muerte a su principal predicador, el priscilianismo continuó siendo una de las principales acusaciones de los concilios eclesiásticos, pues su extensión en gran parte del ámbito geográfico citado continuó con más fuerza, si cabe, después de la ejecución de Prisciliano, especialmente en la zona de Galicia, donde nació un movimiento eremítico con la raíz ascética que predicaba el obispo de Ávila y que, posteriormente, daría origen al primer monacato peninsular.
Hoy día, gracias al descubrimiento de varios documentos y obras del propio Prisciliano, podemos valorar con mayor rigor que sus coetáneos su pensamiento. Por ello, se ha descartado casi totalmente la influencia maniquea y gnosticista en el pensamiento rigorista del obispo de Ávila, pues muestra un profundo rechazo de esas ideas; este descubrimiento, unido a la participación en régimen de igualdad de las mujeres, ha dado pie a pensar, para algunos historiadores, que el priscilianismo muestra un entronque claro con prácticas religiosas mucho más antiguas que el cristianismo, especialmente ritos matriarcales y la idea religiosa céltica (recogidas ambas por la tradición galaica). Otro punto importante es aquel que deriva de la extracción social de sus practicantes, pues la mayoría de ellos se encontraron siempre encuadrados en zonas rurales que habían sido levemente romanizadas y, por ende, cristianizadas. La canalización del malestar social a través de la religión no fue algo ajeno a las desviaciones heterodoxas de la Alta Edad Media, con lo que se aseguró así el éxito de una idea, la priscilianista, que aún era firmemente condenada en las disposiciones del I Concilio de Braga (561), casi doscientos años después de la muerte de Prisciliano. Por otra parte, la idea de una resistencia de la nobleza hispana contra el Imperio romano también ha puesto en relación a Prisciliano con la jefatura de uno de los ejércitos nobiliarios más numerosos de la península en el siglo IV, donde tuvo que sufrir una usurpación imperial que, a la postre, acabaría condenándole más por razones políticas que religiosas.

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