lunes, 13 de julio de 2020

LOS CANTOS DE ENHEDUANNA


No siempre resulta fácil conocer la vida de una persona real a partir de los objetos que deja tras de sí. Esto es especialmente cierto cuando esa persona vivió hace 5.000 años. Sin embargo, la vida de una mujer notable de aquella época es sorprendentemente bien conocida gracias a los antiguos textos y los hallazgos arqueológicos.La antigua ciudad sumeria de Ur es aún a día de hoy uno de los más fascinantes de los numerosos yacimientos arqueológicos situados entre los ríos Tigris y Éufrates. En esta ciudad vivía una mujer que compuso al menos 42 himnos dedicados a los dioses y templos de Sippar, Esnunna, Eridu y otras ciudades sumerias. Cuando Mesopotamia era la tierra de los zigurats y los antiguos dioses, una mujer conocida como Enheduanna escribió algunos de los poemas más significativos de la historia: los más antiguos ejemplos conocidos de auténtica poesía.
Es la primera mujer de la historia que se conoce que detentó el título de "Sacerdotisa En", un papel de gran importancia política que a menudo llevaron las hijas de la familia real  que dominaba en Mesopotamia; como Enmenanna, hija de Naram-Sin de Akkad, hasta la hija de Nabonid, rey de Babilonia en el siglo VII a. C.
Su nombre significa: “suma sacerdotisa y ornato del dios/diosa”. Enheduanna vivió aproximadamente desde el 2285 a. C. hasta el 2250 a. C. Era hija del famoso rey acadio Sargón y la reina Tashlultum. Los historiadores creen que Enheduanna era su nombre real, lo que la convertiría en la primera mujer de la historia cuyo nombre sobrevivió al paso de los años, además de la primera escritora y poetisa conocida de la historia.
El nombre de Enheduanna fue descubierto escrito sobre dos sellos que pertenecen al reinado de Sargón. Ambos fueron descubiertos en el Cementerio Real de Ur. Sin embargo, la pieza arqueológica más importante relacionada con ella es un bello disco de alabastro en el cual aparece escrito su nombre junto con otros datos. Fue hallado en el Giparu de Ur, donde probablemente vivió la poetisa. Este disco fue datado entre los años 2000 a. C. y 1800 a. C., y se encontró cerca de la estatua de una sacerdotisa, que muy probablemente fuese la propia Enheduanna. La inscripción grabada sobre el disco dice así: “Enheduanna, sacerdotisa-zirru, esposa del dios Nanna, hija de Sargón, rey del mundo, en el templo de la diosa Inanna.”

Enheduanna creció en la corte de un rey influyente y poderoso, su padre Sargón. El reinado de Sargón estuvo marcado por la guerra y una serie de exitosas campañas militares: lo que significaba que habría necesitado de una gran ayuda por parte de los dioses. Mientras el rey y su ejército se encontraban combatiendo en duras regiones, como por ejemplo desiertos, su hija escribía poesía para ensalzar a los dioses y diosas. Enheduanna esperaba que sus palabras llegaran al corazón de los dioses para que éstos concedieran su ayuda divina a su padre Sargón en la guerra. Sargón ya dominaba la región de Mesopotamia en la época en que su poder empezó a declinar. Había alcanzado tal gloria que aún a día de hoy está considerado uno de los más grandes reyes de la antigua Sumeria.Enheduanna siguió escribiendo sus poemas y continuó ejerciendo su función de Suma Sacerdotisa durante el reinado de su hermano Rimush. El poderío de éste inspiró a Enheduanna para escribir uno de sus poemas más famosos: la ‘Exaltación de Inanna’. Este poema se convirtió en una ‘cápsula del tiempo’ que ha permitido que llegara hasta nuestros días el culto a la diosa para las generaciones futuras.
Resulta difícil comprobar cuáles de las obras atribuidas a Enheduanna fueron creadas realmente por ella. Muchos de estos poemas están datados en cientos de años después de su muerte, pero los investigadores no están seguros de si los textos fueron transcritos a partir de los originales de la antigua y talentosa poetisa o si sencillamente se inspiraron en ella y en su obra.

La versión más popular en inglés de los poemas de Enheduanna es obra de la Dra. Annette Zgoll, investigadora alemana que tradujo las antiguas inscripciones. El famoso poema contiene en total 153 versos. A continuación  los primeros versos de este antiguo texto:
Reina de todos los ME, demasiado numerosos como para contarse,
te elevas como luz resplandeciente
Mujer, la más decidida, ataviada de un terrible fulgor,
amada de Anu y Uras,
Nugig de Anu,
que estás por encima de todas las grandiosas corazas-SUHkese,
Tú, que amas la justa corona de Aga,
digno del sacerdocio de En,
investida del poder de los siete ME, los siete,
¡reina mía! ¡Guardiana del gran ME!
Has elevado el ME,
has tenido el ME en tu mano.
Has reunido el ME,
lo has abrazado contra tu pecho.
Como un dragón has arrojado veneno sobre territorio enemigo.
En las regiones en las que has tronado como Iskur,
Asnan ya no existe gracias a ti.
Las aguas se abaten sobre esta tierra enemiga y la inundan.
¡Tú la más alta en Cielo y Tierra,
Tú eres su Inanna!
Enheduanna quizás utilizara sus poemas asimismo en los rituales que realizaba. Como hija del rey, ostentaba una posición muy fuerte en el ámbito religioso. Sin embargo, lo que hace tan interesante su vida en la historia de la literatura es que no fue simplemente un personaje mítico, sino una escritora de carne y hueso cuya existencia real ha sido confirmada. Se desconoce cuántos años vivió, las vicisitudes de su vida y cómo murió. Su biografía personal es un misterio, pero conocemos sus más profundos pensamientos gracias a sus escritos.

Enheduanna parece haber caído en el olvido en gran medida a día de hoy. Después del disco de alabastro con su nombre no han aparecido demasiados nuevos descubrimientos relacionados con su vida. El disco de hecho fue descubierto por el arqueólogo británico Sir Leonard Wooley en el año 1928.

De cualquier manera, Enheduanna fue la escritora que, junto a la poetisa griega Safo, causó un mayor impacto en la cultura y la poesía del futuro. Después de más de 4.000 años, Enheduanna aún sirve de inspiración a escritores actuales que componen sus poemas imitando el estilo de la antigua poetisa sumeria.
Enheduanna era la sacerdotisa de la diosa luna de Babilonia. Este era un papel sumamente poderoso, ya que la sacerdotiza era la única persona que podía nombrar a cualquier nuevo mandatario de la ciudad.
Sumeria y Babilonia fueron las primeras ciudades en establecer astronomía y matemáticas. Estas disciplinas fueron creadas y controladas por los sacerdotes y sacerdotizas de las ciudades. Por esto, Enhendanna era la principal regente de la astronomía y matemáticas.Ella, junto a otros sacerdotes, creó varios observatorios dentro de templos,religiosos, para poder ver las estrellas y la luna. Se hicieron mapas de los movimientos de cuerpos celestes. Enhendu anna también ayudó a crear uno de los primeros calendarios religiosos, que hasta hoy día son usados por algunas religiones para la celebración de Pascuas cristianas y hebreas, y otros eventos religiosos.
Enhendu fue la primera mujer en formar parte de la historia técnica.
En la confrontación con Lugalzzagesi (que tras apoderarse de gran parte del país, se proclamó “señor de Su’hi”) del templo de Nanna y afrentó y desterró a Enheduanmna, ella deja su testimonio:
“Yo, la que alguna vez se sentó triunfante 
fui arrojada del santuario, 
como una golondrina (Lugalanne) me hizo volar por las ventanas, 
y mi vida se fue consumiendo. 
El me hizo caminar sobre las breñas al borde del desierto 
Me arrancó la corona 
y me dio daga y espada: “esto es para tí” -me dijo.


Fragmento del poema de Enheduanna dedicado a Inanna...
"Reina de todos los poderes concedidos
Desvelada cual clara luz
Mujer infalible vestida de brillo
Cielo y tierra son tu abrigo
Eres la elegida y sacrificada, Oh tú
Grandiosa por tus galas
Te coronas con tu bondad amada
Suma sacerdotisa, eres justa
Tus manos se aferran a los siete poderes fijos
Mi reina, la de las fuerzas fundamentales
Guardiana de los orígenes cósmicos y esenciales
Tú exaltas los elementos
Átalos a tus manos
Reúne en ti los poderes
Aprisionándolos en tu pecho
Esculpes cual depravado dragón
Con tu veneno llenas la tierra
Aúllas como el dios de la tormenta
Cual semilla languideces en el suelo
Eres río henchido que se precipita bajo la montaña
Eres Inanna
Suprema en el cielo y la tierra".

https://www.ancient-origins.es/noticias-general-historia-personajes-famosos/los-cantos-los-dioses-la-poetisa-sumeria-enheduanna-la-primera-escritora-la-historia-003609?fbclid=IwAR2Hgyj9kWhwP20l57DIFZXmzNDERvWS5aZg93CtbYF9OkrmQr5fhiqBxcQ



EL POEMA DE GILGAMESH


El Poema de Gilgamesh es quizá el más típico ejemplo literario de la mentalidad sumero-acadia, persuadida de la validez de su propia civilización, conseguida a fuerza de duro trabajo y en agudo contraste con la primitiva existencia de las gentes que poblaron Mesopotamia. Uno de los temas capitales que nos va a ocupar, se centra en describir la gravitación mutua de sus dos personajes más relevantes, Gilgamesh y Enkidu, en un proceso de recíproco acercamiento entre civilización y barbarie (venían a ser sus prototipos) y que para tales personajes iba a significar una amistad indestructible. El citado proceso de acercamiento entre ambos héroes, perfectamente delineados en sus caracteres, rebasó lo ficticio para situarse en el centro mismo de un fenómeno de típica solera mesopotámica: el contraste entre “estepa” (edin en sumerio; serum en acadio) y “tierra de regadío” (gan en sumerio; eqlum en acadio) y cuya realidad evidente se manifestaba en la codicia de los pueblos nómadas circunvecinos que periódicamente se sentían impulsados a invadir las ciudades de la llanura aluvial mesopotámica. Este proceso de recíproca gravitación entre “estepa” y “tierra de regadío” está magistralmente descrito por el anónimo autor del Poema de Gilgamesh, quien supo diseñar a los dos principales personajes, tipificando los polos extremos del contraste socio-cultural que vivía Mesopotamia en sus dos primeros milenios de historia. Por un lado, Gilgamesh, rey de la gran metrópoli sumeria de Uruk (hoy Warka), al sur de Iraq, exponente de una ya espléndida civilización urbana. Por otro, Enkidu, ser de la más ruda barbarie, en cuya semblanza apenas algún que otro rasgo vagamente humano lograba aflorar entre sus componentes animalescos.


Los historiadores han significado que la luz de la civilización comenzó a brillar hará aproximadamente unos seis milenios, tras una larga noche de salvajismo paleolítico y de una plomiza claridad de sucesivos alcances neolíticos. Y esos mismos historiadores han convenido, basándose en pruebas arqueológicas, que aquella luz civilizadora se vio por primera vez en el Próximo Oriente, en Palestina, Anatolia y la llanura mesopotámica, regada esta por los ríos Éufrates y Tigris, en cuya llanura se levantaba la ciudad de Uruk, cuna de Gilgamesh, de la cual era rey. Personaje que muy pronto, a causa de su fama, sería sujeto de un ciclo de poemas sumerios que cristalizarían por escrito en el magno Poema (saga o epopeya para otros) de su nombre. La figura de aquel rey llegó a ser conocida en todo el ámbito próximo-oriental durante casi tres milenios, y su eco pudo incluso seguirse en algunos autores griegos y latinos y en no pocos episodios folklóricos medievales de diferentes países europeos. Como no podía ser menos, si el Poema de Gilgamesh fue fruto de la primera civilización de la Humanidad, si hundía sus raíces en el periodo que V. Gordon Childe llamó de la “revolución urbana”, en buena lógica esta temática,el nacimiento y auge del esplendor de Uruk, la ciudad más grande del mundo en el tercer milenio precristiano hubo de estar ampliamente contenida en él. Uruk es para el anónimo autor del Poema un centro bullicioso y cotidiano, muy diferente del resto del mundo entonces conocido. Aquella ciudad era una realidad concreta, fuera de la cual la imaginación podía volcarse sin límites, pues debía adentrarse en un universo desconocido. Por eso el poeta nos guía a través de las anchas calzadas y grandes plazas” de Uruk, por sus palacios y templos,por sus huertos. Y nos invita, tanto al principio como al final de su texto, a ascender a lo más alto de sus murallas y de su torre escalonada o ziqqurratu. Desde allí, podemos presenciar el panorama del mundo urbano encerrado entre sus murallas, hasta sus límites, los campos labrados y el río,el Éufrates, que se desliza perezosamente hacia el mar. El itinerario urbano a recorrer se puebla y anima con la presencia y las voces de los artesanos, de las mujeres, de los jóvenes guerreros, de los ancianos consejeros, de los sumisos esclavos. Fuera de las murallas, tras la frontera campesina, con sus pastores y agricultores, se abre el ancho mundo ajeno, hostil, bárbaro e ignorado, en una sucesión caótica de desiertos y montañas, en donde viven monstruos y semidioses, la tierra irredenta donde sólo las divinidades pueden imperar. Más allá, todavía, en una lejanía lindera con la Ultratumba está el Océano, esto es, las “Aguas de la Muerte”, anticipo del Gran Abismo (Abzu) sobre el que flota -.según la concepción sumeria del cosmos- el Universo. 



El vocablo civilización es un concepto, como se sabe, de muy complejo contenido semántico, del que se han efectuado hasta un total de 161 definiciones, de acuerdo con lo que sociólogos, antropólogos y etnógrafos entienden. También se sabe que la civilización no surgió de modo súbito desde la vida salvaje y la barbarie, sino que evolucionó gradualmente, partiendo de la vida misma, de los conocimientos prácticos de las primitivas comunidades estables. Esa evolución surgió en el Próximo Oriente antiguo, amplia área geográfica en la cual la economía agropecuaria, combinada con otros factores humanos de índole espiritual y social, posibilitó la más antigua civilización que conocemos, y que queda reflejada en muchos pasajes del Poema de Gilgamesh, texto de muy variadas interpretaciones. También en Mesopotamia surgió el más tétrico subproducto de la civilización (o, si se quiere, una de sus manifestaciones negativas) la guerra, actividad que en sus más variadas formas de acción quedó recogida en numerosos textos religiosos, líricos y épicos. Por supuesto, en el Poema hay claras alusiones a este particular. Dada la imposibilidad ahora de analizar todo cuanto a civilización y barbarie aparece en el Poema que nos va a ocupar, es oportuno dedicar nuestra atención a analizar la serie de viajes que realizó Gilgamesh y que quedan recogidos a lo largo de sus doce Tablillas, que es el marco de su extensión literaria. Como presentación del texto queda decir que todo él gira en torno a la figura del indicado Gilgamesh, personaje sumerio, que vivió hacia el 2650 antes de Cristo, siendo el quinto rey de la ciudad de Uruk, según puntualiza la Lista real sumeria . Tal ciudad fue un importante centro religioso, dedicado al padre de los dioses, An, y a su hija la diosa Inanna, convertida siglos después por los semitas en Ishtar, divinidades ambas que tienen que ver con el desarrollo del Poema, cuyo texto fue ampliamente conocido en tiempos antiguos, siendo en palabras de G. S. Kirk, el más familiar y el más escrupulosamente conservado de todas las obras literarias mesopotámicas, ajenas a la tradición ritual. De igual modo, otro importante estudioso, B. Landsberger señaló que con el Poema de Gilgamesh los mesopotámicos crearon mucho antes que los griegos, con su epopeya nacional la Ilíada, una composición poética como ningún otro pueblo antiguo. Tampoco los egipcios ni los hititas pueden exhibir una epopeya parangonable a la de Gilgamesh. 

Históricamente, las narraciones sobre Gilgamesh circularon por vía oral muy poco después de su muerte, aún cuando hubieron de pasar varios siglos antes de ser fijadas por escrito. Se ha podido aislar hasta la fecha cinco narraciones sumerias o poemas menores sobre tal personaje, narraciones que luego, en la época paleobabilónica darían paso a un texto unitario, muy bien articulado. Siglos después, ya en época cassita, esto es, entre los siglos XVI y XII antes de Cristo, se darían los retoques casi definitivos (recogidos en la versión del poeta Sin-leqi-uninni), hasta que los escribas asirios del tiempo del rey Assurbanipal, en el siglo VII también antes de Cristo, fijarían de modo canónico el texto ya, de hecho, difundido por escrito por todo el ámbito del Cercano Oriente.
El Poema fue enriquecido por parte de Sin-leqe-unini, con una importante narración del ciclo sumerio, en la que el papel central lo ocupaba el héroe Ziusudra, conocido también como Utanapishtim, claro prototipo del Noé bíblico, y que constituía el nudo narrativo de un Diluvio universal, que arrasó ciudades y personas, temática conocida ya con anterioridad gracias al Poema de Atram-khasis. El escriba Sin-leqe-unini, tras adaptar la narración y conectar a Gilgamesh con aquel personaje fabuloso, lo incluyó en el desarrollo argumental. El relato del Diluvio, provocado por los dioses, finaliza con la decisión, que habían solicitado los dioses Enki y Enlil de elevar al salvado de las aguas y a su esposa al rango de dioses. Otro problema largamente debatido, es el de la historicidad de Gilgamesh. Es evidente que en el Poema, y a lo largo de sus doce tablillas de extensión, se perfila a tal personaje como un héroe mítico, de extraordinaria altura física -5´60 metros de altura (el doble del bíblico Goliat, para hacernos una idea), compuesto en sus dos terceras partes de esencia divina, y hablando y moviéndose entre los dioses, como uno más de ellos. De hecho, para un historiador hipercrítico, no existen bases científicas para sostener la historicidad de Gilgamesh. Sin embargo, no pocos especialistas, entre ellos Wilfred Lambert y Paolo Xella, aceptan la existencia humana de aquel personaje, dada la cantidad de datos que se tienen sobre él, pudiéndose citar la Lista real sumeria, aludida antes, que lo hace padre del también rey Urlugal, la Inscripción del rey Anam de Uruk, en donde se le atribuye la construcción de las murallas de Uruk y la llamada Historia del Tummal, en la que le hacen reconstructor del santuario de Ninlil, ubicado en el área sagrada de Nippur. En muchos otros textos, Gilgamesh aparece con la cualidad de dios, caso de la Lista divina de Fara, de los textos de algunos reyes de Uruk (Utukhegal) o de la Dinastía III de Ur (Ur-Namma, Shulgi) o del texto sapiencial conocido como La batalla de los héroes de antaño, sin olvidar textos neoasirios , oráculos y la famosa Carta de Gilgamesh, sin duda un texto apócrifo, hallado en Sultantepe (Turquía) y en la que el rey de Uruk solicita a otro monarca desconocido enormes riquezas como dones funerarios por la muerte de Enkidu. Su historicidad puede sostenerse por el hecho de que otros reyes coetáneos suyos también habían sido considerados míticos (entre ellos, Mebaragessi, señor de Kish, y su hijo Agga, también rey de Kish), pero que gracias a hallazgos arqueológicos, han sido confirmados como personas que realmente existieron.


En cualquier caso, la discusión historicidad/no historicidad es puramente académica: el protagonista del Poema es, en efecto, un personaje mítico, pues ha sufrido el tradicional proceso deformador producido por la acumulación de leyendas durante un largo periodo de tiempo. De haber existido real y verdaderamente el rey de Uruk, la relación entre el Gilgamesh histórico y el del Poema que conocemos sería más lejana y remota que, por ejemplo, la de Rodrigo Díaz de Vivar con el tardío Cid del Romancero. El Poema de Gilgamesh constituye, tanto por su cronología como por su contenido argumental, la primera de las grandes epopeyas de la Historia de la Literatura universal, epopeya que fue fijada a lo largo de tres grandes periodos históricos: el paleobabilónico (en el que todavía no hubo de alcanzar las doce tablillas o cantos), el cassita (que conoció la soberbia redacción de Sin-leqe-unini) y el asirio (copias más o menos retocadas de la biblioteca de Assurbanipal). De todo ese proceso, que abarcó más de un milenio han llegado 79 fuentes. Un magnífico libro de J. H. Tigay (The Evolution of the Gilgamsh Epic), publicado en Fildalefia en 1982, describe a fondo, la evolución del Poema, cuyo texto también fue vertido al idioma hitita, si bien en prosa. Su importancia también ha tenido reflejo en la Arqueología, pues sus tablillas han ido apareciendo en varias de las excavaciones efectuadas en el Próximo Oriente a partir de 1853 (H. Rassam). Muy pronto, en 1872, las primeras tablillas localizadas en la precitada biblioteca de Assurbanipal, en Nínive, fueron traducidas y dadas a conocer en Londres (G. Smith), las cuales causaron un verdadero impacto mundial por aludir las mismas a un diluvio, que curiosamente era idéntico al diluvio bíblico y que de alguna manera venían a refrendar (se argumentó entonces) la veracidad de la Biblia. Desde aquella fecha y hasta 1983, en que también aparecieron fragmentos del Poema en las ruinas de Ebla (Tell Mardikh, en Siria), no han faltado hallazgos de tal obra literaria en sus variadas versiones cuneiformes. Incluso no es de extrañar que haya aparecido en las últimas campañas de 1986 y 1987 efectuadas en Sippar por el iraquí Walid al-Jadir, como uno más de los textos atesorados en la riquísima biblioteca de la ciudad de Shamash.

 

Para proceder a comentar el ansia de inmortalidad que invadió el espíritu de Gilgamesh es preciso efectuar un breve resumen del Poema, a fin de que quien no haya tenido ocasión de leer el resumen de  tal obra tenga una idea general de su argumento. El Poema destaca ante todo por la extraordinaria emoción humana que su argumento refleja. En artificiosa yuxtaposición de motivos dispersos, los valores y finezas de la amistad, el inquieto espíritu aventurero estimulado por el deseo de gloria, los aspectos pasionales más groseros del ser humano y, como remate de todo ello, la desgarradora angustia inherente a nuestra condición de mortales, van desfilando ante el lector, ofreciéndole un muestrario de las acciones y reacciones genuinamente humanas. 

-En la primera tablilla, tras la descripción de la ciudad de Uruk, se nos presenta a Gilgamesh, figurado como un ser divino en dos de sus tercios y humano en el restante. Su actuación como rey dejaba mucho que desear, pues se comportaba en ocasiones como un verdadero déspota, por lo cual sus súbditos se quejan ante Anu, el padre de los dioses. Estos lamentos son recibidos por dicho dios, quien se dirige a la diosa Aruru, la creadora de Gilgamesh, instándola a formar un doble del rey para que le hiciera frente, metiéndole en cintura, y así alejarle de su gobierno tiránico. Haciéndole caso, Aruru, a partir de la arcilla, que amasa y moldea en la estepa, crea un ser salvaje, Enkidu, igual en fuerza a Gilgamesh, y único capaz de poner coto a las provocaciones del rey de Uruk. Este hombre salvaje, bueno por naturaleza (y estaríamos ante un prototipo del Emile de Rousseau) protegía a los animales de todo tipo de cazadores. Un incidente con uno de los cazadores será el que motive que Gilgamesh tenga noticia de aquel ser extraordinario. A fin de hacerle venir a Uruk para conocerle, a Enkidu se le enviará una hermosa hieródula, Shamkhat, de la cual se prendaría Enkidu. Tal hieródula le habló a Enkidu de Gilgamesh, y también de la existencia de ciudades, de gentes, en suma, de lo que significaba la civilización. Enkidu, tomando conciencia de su natural humano tras haber convivido con la hierdódula, y sintiéndose desplazado del ambiente animalesco en el que hasta entonces había vivido, marcha con ella a conocer a Gilgamesh. 

-La segunda tablilla narra la adaptación de Enkidu a la civilización gracias a Shamkhat; el encuentro de ambos héroes y la subsiguiente lucha entre ambos -¿Enkidu aspiraría, quizá, a sustituir a Gilgamesh como rey?-, lucha descrita con las dimensiones casi de un cataclismo y que al parecer finaliza con la victoria de Enkidu. El feroz combate dará paso a una inquebrantable amistad (con ribetes de homosexualidad), amistad capaz de superar cualquier contingencia. Incluso Gilgamesh ruega a su madre divina, Ninsun, a que acoja a Enkidu como hijo. 

-La tercera tablilla recoge los pesares de Enkidu quien, aun cuando era ya una persona civilizada, añoraba el anterior estado primitivo en el que había sido tan feliz. Sin embargo, Gilgamesh le habla de importantes proyectos, entre ellos, ir a combatir al gigante Humbaba, terrible ser (ya conocido por Enkidu cuando éste andaba errante por la estepa con los animales), ser que vomitaba fuego y que vigilaba el frondoso Bosque de los Cedros, morada exclusiva de los dioses. 

-La siguiente tablilla, la cuarta, narra la serie de sueños que, previamente a las hazañas realizadas en el fantástico Bosque, tuvo Enkidu, sueños que le fueron interpretados de modo favorable por Gilgamesh. Tras invocar al dios Shamash, pidiéndole protección, ambos amigos se disponen a ir al encuentro del terrible gigante, recubierto siempre de flamígeras capas.

-La quinta tablilla cuenta las peripecias del viaje y la lucha feroz contra Humbaba, su guardián (lucha descrita de modo dantesco), a quien da muerte Enkidu. El propio Bosque, personificado y enterado de la desaparición de su guardián, comienza a exhalar lúgubres lamentos al tiempo que la muerte como espesa niebla caía sobre ellos. Los dos amigos comienzan a talar los cedros. Uno de los árboles, el más alto, será destinado por parte de Enkidu para confeccionar una puerta para el templo de Enlil en Nippur. Gilgamesh por su parte, coge la cabeza del decapitado Humbaba.

-En la tablilla siguiente, la sexta, Gilgamesh procede a bañarse y a vestirse con sus atavíos reales. Esta acción es observada por la diosa Ishtar, la cual queda atraída por la prestancia del rey de Uruk, a quien le propone su amor, señalándole las ventajas que de su unión recibiría Gilgamesh. Sin embargo, éste, sin dejarse impresionar por las seductoras promesas, puesto que conocía la trayectoria amatoria de la diosa del amor, la rehúsa, enumerando la serie de amantes que había tenido con anterioridad -se reseñan un dios, tres animales y dos hombres- a los cuales les había causado males sin cuento, convirtiéndolos en todo lo contrario a lo que habían sido. Encolerizada por esta insolencia y desprecio, Ishtar acude ante Anu, su padre, y le pide venganza. Exige para ello la creación de un Toro Celeste que diera muerte a Gilgamesh y a su amigo Enkidu. Enviado el Toro Celeste a la tierra, la terrible fiera da muerte a centenares de hombres de Uruk. Sin embargo, entre Enkidu y Gilgamesh, despachan a la fiera, dándole muerte. Ishtar, que ha visto este hecho, maldice a Gilgamesh, pero Enkidu, en un alarde más de terrible osadía, lanza incluso una porción de la carne del Toro, ya descuartizado, al rostro de la diosa, al tiempo que la insulta. 

-La séptima tablilla comienza con el terrible sueño que, ya en la misma noche de los hechos, tuvo Enkidu, sueño que mostraba la realidad sacrílega de lo sucedido. Anu, conocedor de aquella acción, había decretado la muerte de ambos héroes, pero dado que Gilgamesh tenía un alto componente de divinidad en su persona (dos tercios), sólo Enkidu, un simple humano, debía morir. En consecuencia, a Enkidu se le envía una enfermedad que debe sobrellevar penosamente durante doce días, lamentándose de haber conocido a la mujer que lo había llevado junto a Gilgamesh y que le había puesto en contacto con la civilización. La tablilla finaliza con otro sueño de Enkidu, que se encuentra entrando ya en los Infiernos, en la mansión de Irkalla, a donde de había sido llevado por un gran pájaro. 

-La octava tablilla se dedica al lamento de Gilgamesh, que ha presenciado, impotente, la muerte de su amigo Enkidu. Ante sus cortesanos explica qué había significado para él tal amigo. En su memoria construye una estatua funeraria y ofrece libaciones a los dioses.
Hay que reseñar que la versión hitita no esconde para nada las relaciones homosexuales de Gilgamesh con Enkidu. En la tablilla III hitita, tras la muerte de Enkidu, se dice que Gilgamesh, fuertemente dolorido, anduvo errante y que se dirigió a la montaña, mientras gritaba continuamente: 


“Cuando se mata a un hombre, la mujer se precipita fuera de la casa”.

Gilgamesh, en efecto, hacía lo mismo, al tiempo que iba matando distintos tipos de fieras. 

-La novena tablilla, continuación directa de la anterior, prosigue con el lamento de Gilgamesh ante el cadáver de Enkidu, preguntándose qué significado tenía la muerte, experiencia hasta entonces nunca conocida por él. Lleno de temor, y por instinto de conservación, intenta averiguar cómo podría esquivarla y conseguir así la inmortalidad, la Vida eterna, en suma, la Vida de los dioses. Para ello emprende un largo peregrinaje, abandonando su ciudad y trasladándose al mundo de la naturaleza, rechazando así la cultura y la civilización. Yerra por la estepa vestido de pieles, intentando conectar con un antepasado suyo, Utanapishtim, pues sabía (y así se infiere del relato) que vivía en un remotísimo país inaccesible, lugar en donde lo habían situado los dioses, al concederle la Vida eterna, después de salvarle de un devastador Diluvio. Era preciso arrancarle el secreto de cómo había logrado disfrutar de aquel tipo de Vida, sin dejarse amilanar por las penalidades de un largo viaje, en medio de un ambiente totalmente desconocido. Sus pasos le llevan a la mítica montaña Mashu o Doble Montaña, lugar por donde salía y se ponía el sol. Sus guardianes, los hombres-escorpiones (aqrabu-amelu, también conocidos como girtablilu) le advierten que ningún mortal había atravesado aquellos parajes, pero reconocido divino en sus dos tercios, los misteriosos seres le permiten atravesar la montaña y recorrer el largo y tenebroso subterráneo por el que se escondía el Sol, y cuyo camino final desembocaba en un Paraíso, repleto de árboles con frutos de brillantes piedras preciosas (era el jardín de Shamash) y cuya descripción no se conce en su totalidad por estar rota la tablilla en este punto. 

-La décima tablilla presenta a Gilgamesh en un punto inconcreto, a orillas de las Aguas de la Muerte, entendidas como un vasto e impenetrable Océano. El héroe se halla junto a la mansión de una camarera divina, de nombre Siduri, la cual recela de Gilgamesh a la vista de cómo iba vestido. Tras contarle Gilgamesh sus peripecias y el motivo de su viaje, así como pedirle información sobre cómo hallar el camino que conducía al País de la Inmortaliadd, la camarera le aconseja que desista de aquel empeño y que aprovechase los días de vida terrena y apurase los placeres que ésta le ofrecía, dejando a un lado sus preocupaciones. He aquí lo que dice el Fragmento Meisnner acerca de este asunto:  


“Gilgamesh, ¿por qué vagas de un lado para otro? 
La Vida que persigues no la encontrarás jamás. 
Cuando los dioses crearon la Humanidad,
asignaron la muerte para esa Humanidad, 
pero ellos retuvieron entre sus manos la Vida. 
En cuanto a ti, Gilgamesh, 
llena tu vientre, 
vive alegre día y noche, 
que tus vestidos sean inmaculados, 
lávate la cabeza, báñate, 
atiende al niño que te tome de la mano, 
deleita a tu mujer, abrazada contra ti. 
¡Tal es el destino de la Humanidad!” 

Estamos, pues, ante el famoso "carpe diem", cantado muchísimos siglos después por Horacio en una de sus famosas Odas. Sin embargo, ante la insistencia de Gilgamesh, Siduri le indica que se entrevistase con un tal Urshanabi, el barquero de Utanapishtim, la única persona capaz de guiarle a través de las Aguas de la Muerte. Hay que remarcar que este Utanapishtim era una de las pocas personas a la que los dioses le habían concedido la Inmortalidad al salvarle de un pavoroso Diluvio, con el que los Grandes dioses habían castigado tiempo atrás a la Humanidad. 



A esta temática (el Diluvio Universal), se dedica la totalidad de la tablilla undécima, así como a una una serie de pruebas a que le somete Utanapishtim a Gilgamesh para demostrarle que no podía alcanzar la Vida Eterna. No obstante, a instancias de la esposa de Utanapishtim (que también se había salvado del Diluvio) el Noé mesopotámico revela a Gilgamesh la existencia de una planta milagrosa, que proporcionaba la eterna juventud (no la inmortalidad) y que se hallaba en el fondo del mar. Gilgamesh, deseoso de hacerse con aquel gran regalo, (la planta era conocida como shibu issakhir amelu, “El anciano se rejuvenece”), logra obtenerla, pero en un rasgo de generosidad en vez de comérsela él sólo, la guarda para hacer partícipe de las virtudes de la misma, tiempo después, a los ancianos de Uruk. Sin embargo, durante el regreso a su ciudad, y mientras hace un alto en el camino para bañarse y refrescarse, una Serpiente (no una cualquiera, sino la serpiente primordial de un mito etiológico, según J. Silva Castillo) se apodera de la planta, dejando su piel tras de sí. Gilgamesh se pone a llorar y ahora es cuando comprende el significado de su realidad: la inmortalidad o la segunda juventud no era para él, no era para ningún humano. 
Entristecido, prosigue su viaje con Urshanabi y el Poema finaliza cuando Gilgamesh le enseña orgulloso a Urshanabi las murallas de Uruk, su ciudad. Al Poema le fue añadida por parte de Sin-leqe-unini, una narración sumeria que nada tenía que ver con todo lo anterior, según demostraron Gressmann y S. N. Kramer . Se trata del episodio de Gilgamesh, Enkidu y el Mundo Inferior, episodio aquí totalmente anacrónico, puesto que vuelve a aparecer en escena Enkidu, personaje que ya había muerto con anterioridad. Debe advertirse que no aparece resucitado, sino en forma de fantasma. Gracias a tal visión necromántica Gilgamesh va a conocer algunos aspectos del Más Allá, silencioso mundo que le espera y del cual llegaría (según otros textos) a ser Juez. La adición de tal narración sumeria, sin embargo, tiene sentido, estructuralmente hablando, ya que tal episodio habría venido a sustituir al posible canto final original, menos propio, según apuntó L. Matoush, para clausurar todo el recitado y que habría consistido, lógicamente, en glorificar la virtud y muerte de Gilgamesh. 



Todos los personajes que aparecen en el Poema se mueven en tres planos ambientales distintos: el divino, el heroico-mítico y el humano, con el común denominador de que la acción general (y esto era usual en los textos mesopotámicos) se desarrolla en la tierra, en un espacio geográfico concreto. En este caso, en la rica llanura de Uruk y en la estepa que la rodeaba. Esto de por sí ya habla de una civilización, es decir, de un clima, de una vegetación, de distintas especies de animales, de unos hombres, de una mentalidad concreta. Y también habla de una barbarie, simbolizada por la estepa, lugar donde para sus habitantes su única compañía era el arma (es decir, allí reinaba la ley del más fuerte, se carecía de una sociedad organizada); lugar donde el hombre no sabe doblar la rodilla (esto es, no se reconocía la autoridad o se era refractario al trabajo agrícola); lugar donde se comía la carne cruda y se desconocía el pan y la cerveza (lo que quiere decir que se carecía de los refinamientos de la vida urbana) y lugar donde después de muerto no se enterraba a ningún hombre, indicación de que tras la muerte no se recibirían cuidados funerarios ni recuerdo de nadie.

  

De aquí arranca en el Poema una verdadera reacción en cadena de fenómenos humanos que finalizan con la incorporación de Enkidu a la vida civilizada de Uruk y en la amistad con Gilgamesh. A la larga, sin embargo, se producirá una inversión de papeles: Gilgamesh, ante la muerte de Enkidu, se trasladará al mundo de la naturaleza, a la estepa, rechazando por entero, y en principio, la civilización. Gracias a los encantos de la hieródula, Enkidu olvidó dónde había nacido; asimismo, experimentó cambios físicos, pues su cuerpo se fue entumeciendo y sus rodillas se agarrotaron. En suma, ya no era como antes, según dice el texto. Su pasado animalesco va desapareciendo y nacen en él otras potencias, entre ellas, el despertar de su inteligencia. Una de las frases más importantes de todo el pasaje es la que le dirige la hieródula a Enkidu tras mantener trato sexual con él: 
“Tú, Enkidu, eres sabio, eres como un dios”
¿Qué quiere decir esto? ¿De qué ciencia se habla? ¿Por qué esa divinización a causa de unas relaciones fisicas? Sin lugar a dudas, esa ciencia, esa sabiduría de Enkidu era prolongación y secuela de las relaciones de ambos personajes, que en lenguaje figurado, presente en otros muchos textos orientales, equivalían a “conocimiento”. Para la psicología oriental antigua la experiencia sexual era reputada como un verdadero saber. Respecto a su divinización, a ese “eres como un dios”, debe entenderse como resultado de unas relaciones peculiares, que los mesopotámicos conectaron con la idea de fertilidad y con la diosa Ishtar. 



El texto del Poema nos sitúa en un mundo en donde las actividades relacionadas con el sexo, por el hecho de ser posibles creadoras de vida, eran valoradas como factores de estricta categoría divina. En aquel mundo mesopotámico, tan alejado del nuestro en el tiempo y en la mentalidad, era natural, según señaló W. Von Soden, que se honrase y venerase el incomprensible misterio que hacía derivar una nueva vida de la unión de dos seres. Un modo práctico de honrarlo por parte de la mujer sería sacrificar su propia pureza como obsequio de carácter cultual a ese principio divino que gobierna la naturaleza. Esa prostitución, inspirada en motivos religiosos, se veía invadida por influencias de índole utilitaria, preocupadas por asegurar la fertilidad de todos los seres vivientes, y se encargaba a mujeres profesionales, que pasaban así al servicio de los templos. La virtualidad que tenían las relaciones sexuales de estimular la fertilidad hicieron que se las valorara como fuerzas divinas. En consecuencia, el ser humano que lograse utilizarlas, al aproximarse a la fuente divina, de donde dimanaban, se elevaba a la categoría de un dios. Este sería el nexo existente entre el trato sexual de Enkidu con la hieródula Shamkhat y su divinización. Ese era también el nexo de la hierogamia, en cuyo transcurso se deificaba al rey.



Volviendo a nuestro relato, la hieródula tras su relación de varios días con Enkidu, consideró que ya era el momento adecuado para inculcarle en su ánimo la nostalgia de otro género de vida más acorde con su nueva conciencia humana. Se imponía el traslado de Enkidu a un medio ambiente habitado por seres humanos, donde los problemas de la vida eran resueltos al modo de los hombres. Ante las palabras de Shmakhat, Enkidu decidió marchar a Uruk, donde habitaba Gilgamesh.
No hay que decir que para una mentalidad mesopotámica no existía una vida más digna de un hombre que la civilizada, y ésta sólo podía surgir sobre una base económica agropecuaria y un contenido social artesano-urbano. En esto consistía, principalmente, el orgullo de aquellos sumerios y acadios. Y su rica vida urbana era una provocación constante para la envidia de sus codiciosos vecinos, los nómadas semisalvajes. Vemos, pues, que Enkidu ha sido promocionado de una vida bárbara a una vida civilizada, que ha ido dejando paulatinamente su irracionalidad animalesca por todo aquello que a los ojos de los mesopotámicos constituía el decoro de la vida humana, en suma, de la civilización: pan, vestidos, bebida fermentada, relaciones sexuales, convivencia con otras personas, cultos religiosos, aceptación de un orden social. Tenemos ya a Enkidu en Uruk. Y es en aquel medio urbano donde la relación Enkidu-Gilgamesh llegará a su identificación más cabal. 
Tras diferentes sueños, en uno de los cuales el dios Enlil le comunica la muerte (¡Gilgamesh, tu destino ha sido reinar, pero no vivir para siempre!), el texto alude a la construcción de una tumba colectiva, erigida en el lecho desecado del río Éufrates, cuyas aguas han sido desviadas, tumba destinada para Gilgamesh, sus esposas, sus concubinas y sus hijos predilectos, aparte de sus sirvientes y sus enseres más queridos. Finalizada la misma, y ya en ella introducidos el rey y su comitiva, se procedió al sellado de la misma, tras lo cual las aguas del río la inundaron. La población de Uruk lloró amargamente aquella muerte. Con aquel suicidio se testimoniaba una de las costumbres del tercer milenio antes de Cristo más crueles de Mesopotamia, cual era la de los asesinatos rituales sufridos por los acompañantes y servidores de los monarcas, cuyo ejemplo puede verse en las tumbas reales de Ur y sus famosos “pozos de la muerte”. 



Hablando desde planteamientos mesopotámicos, el hombre no podía alcanzar la inmortalidad, pero sí podía alcanzar la gloria, si sabía acordar sus posibilidades a hechos lógicos, a obras totalmente perfectas, bien realizadas, tomando la escala humana como módulo orientativo. Aquel fue el único mérito de Gilgamesh, héroe que al final del relato se halla totalmente resignado: el haber sabido construir las soberbias murallas de Uruk, que, orgulloso y en calidad de rey de la ciudad, le había mostrado al barquero Urshanabi a su regreso a su patria, tras haber fracasado en su empeño de convivir eternamente con los dioses. Gilgamesh así, con aquella construcción de perfecto acabado, había alcanzado la “inmortalidad” de un nombre eterno y de sobrevivirse consecuentemente a sí mismo, y no la posibilidad de ser un hombre eterno. La buena fama del nombre era la única inmortalidad, el único resquicio de pervivencia reservado a los hombres. Y ese fue posiblemente el mensaje último del Poema de Gilgamesh.

LIPIT-ISHTAR Y SU CÓDIGO


Li-pi-it-Esh-tar) Quinto rey de la primera dinastía de Isin, hijo y sucesor de Ishme-Dagan, según la Lista real sumeria. De Lipit-Ishtar, el personaje más notable de su dinastía, conocemos algunos hechos por la datación de sus años de reinado, si bien sus actividades políticas nos son desconocidas. Por sus textos, en los que se tituló "Rey de Sumer y Acad", se deduce que controló Nippur, Eridu, Uruk y Ur, si bien esta ciudad le fue arrebatada por Gungunum de Larsa. Lipit-Ishtar ha pasado a la Historia por su importante Código de leyes, en lengua sumeria, cuyo contenido (han llegado 50 artículos, prólogo y epílogo) permite conocer con bastante detalle la estructura social de su época. Asimismo, construyó algunos templos y reformó otros (como un gipar en Ur para residencia de su hija Eninsunzi, sacerdotisa de Ningubalag), y en su memoria y gloria se compusieron algunos himnos. Fue sucedido en el trono por Ur-Ninurta

Código jurídico de origen sumerio, considerado como el segundo más antiguo hasta hoy hallado. Su denominación proviene de su autor y legislador, el rey Lipit-Ishtar (1934-1924 a.C.), quinto soberano de la dinastía de Isin, que fue establecida en la ciudad homónima (hoy Ishan Bahriyah) de la antigua Mesopotamia, cuyo territorio pertenece en nuestros días a Irak. Dicho rey, a pesar de la coyuntura histórica por la que atravesaba su reino a finales del siglo XX a.C. como resultado de la descomposición del Imperio sumerio, no dudó, siguiendo ejemplos del pasado, en legislar para su pueblo con el fin de "establecer la justicia" entre sus súbditos.
Del Código de Lipit-Ishtar, posterior en casi dos siglos al promulgado por Shulgi (2094-2047 a.C.), se pudieron localizar hasta 1948 un total de doce fragmentos (en su mayoría hallados en la ciudad de Nippur), copia del texto original, que hubo de estar inscrito en una estela de piedra, según se señala en el epílogo. Con posterioridad han aparecido nuevos materiales con algunos artículos más, lo que ha permitido establecer una edición parcial pero bastante completa. Con los doce fragmentos originarios, el erudito F. R. Steele pudo publicar en 1948, en el American Journal of Archaeology(Princeton), la editio princeps. Con los nuevos materiales hallados, E. Szlechter publicaría en Roma (Italia) en 1983 una magnífica edición (Les lois sumériennes. II. Le Code de Lipit-Ishtar).



El Código está redactado en lengua sumeria, pero presenta numerosos miembros de frase escritos en acadio, la lengua semita que había sustituido al sumerio. Estructuralmente consta de un prólogo de tipo hímnico, el cuerpo de leyes formado por 43 artículos (y otros siete anexos) y gran parte del epílogo.



El Prólogo. Lo recoge casi en su totalidad una tablilla del Museo del Louvre. Sirve de pretexto a Lipit-Ishtar, que se autoproclama como pastor piadoso de Nippur, para erigirse en persona designada por los dioses An y Enlil con el fin de ejercer la realeza en Isin y establecer la justicia en el país por orden de Nunamnir (uno de los nombres con el que también se conocía a Enlil). A continuación, el propio rey recuerda que había facilitado la libertad a sus súbditos de Sumer y Acad, y restablecido la salvaguarda de los derechos de los más pobres, con lo cual liberó a muchos de la opresión de los poderosos. Propugnó también la solidaridad familiar como base para las relaciones jurídicas en la sociedad, de acuerdo con el tradicional Derecho sumerio.



El Articulado. El cuerpo jurídico, redactado bajo presupuestos condicionales (una prótasis con los supuestos delitos y una apódosis con el correspondiente castigo), contempla numerosas disposiciones relativas a bienes familiares, alquileres de personas, animales y utensilios de trabajo, fracturas de viviendas, arrendamientos de campos, alquileres de casas, esclavitud y manumisión, falsas acusaciones, bienes inmobiliarios, herencias, dotes matrimoniales, divorcios y, finalmente, daños causados a determinados animales. Las leyes del anexo (los fragmentos cuneiformes que las contenían fueron publicados por M. Civil en 1965) contemplan asuntos relacionados con el alquiler de animales, el Derecho sucesorio y las lesiones. Un único artículo en acadio legisla acerca de los bienes recibidos sin contrato ni testigos. He aquí el tenor del artículo 11, relativo al arrendamiento de campos de cultivo: "si (un hombre) ha dado su huerto a un arboricultor para hacer multiplicar los árboles frutales del huerto, el arboricultor para el (provecho del) propietario del huerto (trans)plantará (los brotes) de palmeras datileras. El percibirá una décima (parte) de los dátiles". Como retribución de su trabajo, centrado sólo en "multiplicar los árboles", el arboricultor recibía la décima parte de la cosecha de los nuevos árboles. De hecho, del resto de los árboles que vigilaba y atendía recibía como salario la tercera parte de la producción. El artículo 19 recoge el castigo que le sobrevenía a un esclavo si cuestionaba por dos veces su estado servil: "Si el esclavo de un hombre ha discutido a su señor su estado de esclavo (y si) a su señor su estado de esclavo por segunda vez es confirmado, se le tatuará la parte anterior (de la cabeza)": puesto que el esclavo ha reivindicado su libertad dos veces sin reunir las condiciones legales para disfrutar de la misma, se le castigaba con un tatuaje. Tal signo exterior le imposibilitaría ejercer una nueva libertatis vindicatio. El artículo 30 alude a asuntos matrimoniales y a la repercusión de los mismos en el peculio familiar, en el supuesto de tener hijos extramatrimoniales con una esclava: "si un hombre ha tomado una esposa (y) le ha dado un hijo, (y si) éste está vivo y (si) una esclava ha dado un hijo a su señor, el padre libertará a la esclava y a su hijo: el hijo de la esclava no dividirá la hacienda con el hijo del señor". Indudablemente, la esclava aquí contemplada sería una concubina; el hecho de haberle dado tal esclava un hijo a su señor comportaba la libertad de la esclava y de su hijo o hijos habidos (el hijo seguía la condición social del padre). Sin embargo, aquellos hijos no podrían participar de la herencia en el supuesto de que viviesen hijos legítimos, habidos de la esposa principal. En el supuesto del alquiler de animales de labor, la ley protegía al arrendador de los mismos; dice así el artículo 39 de este Código: "Si un hombre ha alquilado un buey (y) ha desgarrado la carne de (su) espalda, pesará el tercio de su precio". No se especifica la causa del desgarro de la espalda del buey: tal vez el legislador interpretaría que el roce del yugo sería el causante de las lesiones, al hacer trabajar excesivamente al animal. La lesión, al ser imputable al arrendatario del animal, debería ser indemnizada con el tercio del precio del buey.


El Epílogo. Lamentablemente algo mutilado, Lipit-Ishtar vuelve a reiterar su deseo de establecer el Derecho en Sumer y Acad, de acuerdo con las indicaciones del dios Utu (el titular de la justicia); recuerda la erección de la estela de piedra en la que había fijado las leyes a fin de que las mismas tuvieran caracter duradero. Asimismo, bendice a los que respeten sus disposiciones legales y lanza maldiciones contra quienes hagan lo contrario, bien destruyendo la estela, borrando los artículos o escribiendo su nombre encima del de Lipit-Ishtar. Todo ello redactado dentro de un formulismo que sería más tarde copiado por Hammurabi.
El Código de Lipit-Ishtar, que desde su estela de piedra fue trasvasado a una gran tablilla de barro y luego vuelto a copiar fragmentariamente en otras tablillas para uso de escribas, constituyó, según los historiadores del Derecho mesopotámico, el eslabón entre los códigos sumerios y la legislación babilónica, en la cual se reflejó su espíritu, mentalidad, formulismos y tópicos.


SHULGI Y SU CÓDIGO


La III Dinastía de Ur es un periodo de la Historia de la Baja Mesopotamia que ocupa aproximadamente 120 años, entre el 2120 y el 2000 a.C. Hay que destacar que es el último periodo cultural en el que se divide el Bronce Antiguo, siendo un momento de renacimiento del poder sumerio del sur tras el dominio primero de los acadios que vinieron del norte y después de los Guti que vinieron de las montañas. Si atendemos a la extensión en el tiempo, el reinado de Shulgi es el más importante de este periodo, ya que habría gobernado cerca de 50 años.
La expansión y organización del reino neosumerio iniciado por Ur-Nammu se consolida durante el reinado de su hijo Shulgi, el cual en la primera mitad de su reinado sigue presentándose en las fuentes de conocimiento como un rey pacífico, que se dedicaría sobre todo a llevar a cabo programas constructivos y a mejorar la administración. También llama la atención el hecho de que, en sus himnos de autoalabanza, el rey Shulgi insiste en sus grandes dotes para escribir y hablar en varias lenguas, lo que le lleva a poder comunicarse con gobernadores de todos los lugares conocidos. Aunque en menor medida, también encontramos fuentes en las que quiere aparecer como un estratega militar, con una gran astucia utilizada para defender Mesopotamia en su conjunto de los ataques provenientes de los pueblos de las montañas del norte. Por tanto, la conclusión que hay que sacar a partir de esto es que Shulgi se presentaría como un rey que mantiene una pacífica y próspera política interna al tiempo que defiende su país militarmente a nivel de política exterior.
                                                         Tablilla con un himno sumerio del rey Shulgi
A diferencia de su antecesor, Shulgi sí se va a plantear el conquistar militarmente más allá de la Baja Mesopotamia. Para llevar a cabo esto, sabemos que durante su 20º año de reinado lleva a cabo una reorganización del ejército, destinado a realizar una serie de campañas militares en la que será la segunda mitad de su reinado. Primero inicia expediciones hacia el norte, contra las tierras que formarían un arco imaginario entre el río Diyala y el río Khabur, es decir, Karakhar, Simurrum, Kharshi, Kimash, Khumurti y Shashrum. Hay que aclarar que a estas expediciones se les conoce como las “guerras hurritas”, ya que el hurrita era la principal lengua que se hablaba por ahí. Ahora bien, ¿por qué a Shulgi le interesa conquistar estas zonas? Pues porque en ellas hay importantes tierras agrícolas y ciudades, y a este floreciente imperio de Ur les interesaba incorporarlas para beneficiarse económicamente. Sin embargo, estas conquistas hurritas no fueron fáciles de realizar, tal y como demuestra el hecho de que se dirigieran varias expediciones a las mismas zonas, lo que demostraría que con una sola no conseguían sus objetivos.
                                                               Relieve en la roca hallado en la ciudad de Simurrum
El segundo grupo de expediciones militares llevadas a cabo por Shulgi con fines expansionistas se dirige al este de la Baja Mesopotamia, donde hay unos nómadas pastores de las estepas conocidos como los Martu (los amorreos). Junto con los hurritas del norte, estos van a ser los dos grandes grupos étnicos a los que tendrán que hacer frente también los sucesores de Shulgi, su hijo Amar-Sin y su nieto Shu-Sin. Con el objetivo de hacer más eficaz la defensa de Mesopotamia de los ataques de estos grupos extranjeros, éste último va a construir un muro en el norte de Mesopotamia que sirva para contener los ataques de estos martu, una fortificación que durará hasta el reinado de su sucesor, Ibbi-Sin.
                                                           Mapa del Imperio de Ur a finales del III milenio a.C
Estas guerras, tanto las hurritas como las amorreos, cumplen también un objetivo secundario, y es el de cohesionar al propio país para luchar contra un enemigo común, los “bárbaros” de las montañas. Esta es una de las razones por las que se puede explicar el hecho de que, en los cincuenta años que van desde mediados del reinado de Shulgi hasta el de Ibbi-Sin, se consiga una administración homogénea y una relativa escasez de conflictividad interior. Al mismo tiempo, estas décadas de paz ayudan a convencer a las ciudades de que lo mejor es ser dependientes de un poder central, de una única realeza que proteja al conjunto unificado de la Baja Mesopotamia del mundo bárbaro que les rodea y amenaza.
                                                             Mapa político y económico a mediados del siglo XXI a.C.
Como es evidente, todas estas campañas militares costaban mucho, por lo que había que buscar una manera eficiente de financiarlas si querían seguir con ellas. Para ello, Shulgi llevó un paso más allá el proceso de centralización iniciado por su padre Ur-Nammu: después de la unificación política y el relativo fin de la independencia de las ciudades, tocaba centralizar y unificar la economía. Por este motivo, Shulgi llevó a cabo varias grandes reformas: en primer lugar, reorganiza el sistema fiscal, de tal modo que los impuestos que hay que pagar al rey de Ur varían según el territorio al que nos refiramos. Así, no pagaban lo mismo alguien que viviera en la Baja Mesopotamia que alguien que viviera en los Montes Zagros, por poner un ejemplo.
                                                            Figurilla representativa del rey Shulgi
Su segunda reforma económica está estrechamente vinculada a la primera: como el sistema de pesos e intercambios locales era particular para cada territorio, eso hacía que la misma cantidad de un producto valiera más en un lugar que otro. Por este motivo, Shulgi lleva a cabo una especie de reforma unificadora para que todo el “dinero” valga lo mismo en todas partes, y haya el mismo sistema de pesas y medidas de cantidades en todos los sitios del imperio. Como se puede ver en la imagen de abajo, este es un nuevo sistema de medidas y pesas que es homogéneo para todo el reino, para conseguir así la unificación económica.

EL CÓDIGO DE SHULGI
Código jurídico de origen sumerio, considerado como el más antiguo hasta ahora conocido en la historia. En un principio (1953), el sumerólogo S.N. Kramer adelantó la noticia de la existencia de unas leyes antiquísimas atribuidas al rey sumerio Ur-Nammu(2112-2095 a.C.), publicada en la revista Scientific American, contribución que al año siguiente daría paso a la editio princeps de las mismas, publicada por el propio Kramer en la revista Orientalia de Roma (Italia). Años más tarde, la intuición de F. Yaldiz (1981) y los minuciosos estudios filológicos e históricos de S. N. Kramer harían que la paternidad de las leyes le fuese asignada al rey sumerio Shulgi (2094-2047 a.C.), hijo y sucesor de Ur-Nammu. El Código de Shulgi fue redactado en lengua sumeria y originariamente estuvo inscrito en una estela de piedra que no ha llegado a nuestros días, pero que ha podido conocerse gracias a las copias que se hicieron de la misma en algunas tablillas de barro que han sido recuperadas, cuya relación estableció E. Szlechter en su obra Les lois sumériennes, publicada en Roma en 1983.
De acuerdo con tales tablillas, el Código de Shulgi consta de un breve prólogo que ha llegado muy fragmentado y de 32 artículos, no habiéndose conservado ni el epílogo, que sin duda hubo de tener, ni el resto del articulado. En el prólogo, el rey Shulgi, después de recordar la actuación de su padre (Ur-Nammu) en pro de la equidad y la justicia, y de elogiar su lucha contra "el desorden y la iniquidad", alude a sus propios hechos militares y significa la libertad que había concedido a los habitantes de Umma, Marda, Shubur, Kazallu y Uzarum, ciudades hasta su época oprimidas por los elamitasde Anshan. Asimismo, hace alusión a las medidas tomadas en relación a la paridad de las unidades de pesas y medidas de su extenso Imperio (hoy es imposible traducirlas a equivalencias actuales) y a las disposiciones tomadas para proteger a huérfanos, viudas y pobres.
El cuerpo jurídico está desarrollado de un modo muy claro y al tiempo sintético, redactado bajo fórmulas condicionales en cuyas prótasis se argumenta la comisión de un supuesto delito, estableciéndose en sus apódosis el correspondiente castigo. Las leyes determinan la pena del Talión en caso de asesinato y actos de bandidaje; en los supuestos de rapto de personas, violaciones, divorcios, actos de brujería, mutilaciones y golpes e inundaciones de campos, el castigo consistía en diferentes indemnizaciones, según los casos. En el caso del adulterio de la mujer (no aparece regulado el mismo con relación al hombre), la pena consistía en la muerte de la culpable. He aquí, literalmente, el artículo séptimo del Código: "Si la esposa de un hombre por su (propia) voluntad ha seguido a (otro) hombre, y si él ha tenido relaciones (sexuales) con ella, el hombre matará a esta mujer: a aquel hombre se le concederá la libertad". En el original, el adulterio está indicado con la frase "y si (la mujer) se ha acostado sobre el regazo de otro hombre". El "hombre" al que se alude en segundo lugar no es otro que el propio marido, que por el acto de su esposa ha sido perjudicado en sus intereses privados. De acuerdo con la mentalidad antigua sumeria, el marido podía matar a su esposa sin que le sobrevinera ninguna responsabilidad penal. Curiosamente, el "hombre" citado en tercer lugar, que en el texto original aparece identificado con la palabra nita ("macho"), es el que ha mantenido las relaciones sexuales, al cual la ley deja libre.
En el caso de la acusación, falsa o no, se recurría a la práctica de la ordalía. Así, puede verse en el artículo décimotercero el siguiente supuesto: "Si un hombre acusa a (otro) hombre de brujería (y) al dios-Río lo ha llevado, (y si) el dios-Rió lo declara inocente, el hombre que ha llevado (al otro al dios-Río) pesará tres GIN de plata". El dios-Río no era otro que el Éufrates. El hecho de "declarar inocente el dios-Río al acusado" equivale a indicar que éste no se había ahogado y que, por lo tanto, era inocente. El falso acusador debía, pues, indemnizarle con casi 25 gramos de plata. Este castigo sería mucho más radical en tiempos posteriores: en el caso del Código de Hammurabi, por ejemplo, el falso acusador era castigado con la muerte y sus bienes entregados al acusado.
En otros artículos las penas consistían en la mutilación de alguna parte del cuerpo. En tal sentido, he aquí lo legislado en el artículo vigésimo quinto: "Si la esclava de un hombre se iguala a su señora (y) la maldice, se le refregarán sus dientes con un SILA de sal". No se dan detalles complementarios acerca de la esclava. Al parecer no sería una esclava cualquiera, sino tal vez una esclava concubina que habría proporcionado herederos al señor. Esta circunstancia le llevaría a igualarse a su señora e incluso a maldecirla, al no haber sido capaz de dar descendencia al esposo. La pena era muy dura, pues se la castigaba a ser frotada con casi un kilogramo de sal, con vistas lógicamente a la destrucción de su dentadura.


Contexto histórico

Del conjunto de las leyes del código pueden deducirse determinadas circunstancias socioeconómicas, específicas de finales del tercer milenio a.C., entre las que pueden destacarse la prioridad del hombre sobre la mujer en todos los sentidos, la práctica usual de la brujería, demostrando con ello unos recursos religiosos muy primarios, y la esclavitud, práctica que revelaba la existencia de una economía clasista. Además, todo el contexto legal refleja la existencia de una sociedad fundamentalmente agrícola, aunque ya evolucionada. Si bien hay artículos que pueden ser interpretados como ejemplos de la llamada Ley del Talión, en general se adopta el sistema penal basado en las compensaciones de tipo económico.
El Código de Shulgi hubo de aplicarse, según los expertos, en la totalidad de las ciudades que formaron el imperio de la tercera dinastía de Ur. Al propio tiempo, su articulado influyó notablemente en toda la legislación posterior, hasta el punto de que el propio rey Hammurabi de Babilonia (1792-1750 a.C.) no dudó en recoger literalmente algunos de sus artículos en su famoso texto legal. Otro hecho a remarcar es el de su prolongación en el tiempo: todavía hacia el 1700 a.C. se hacían copias del Código de Shulgi en diferentes lugares mesopotámicos, como en NippurSippar y, por supuesto, la propia Ur, de la que Shulgi fue rey.
Bibliografia
LARA PEINADO, F. y LARA GONZÁLEZ. F.: Los primeros Códigos de la Humanidad. (Madrid: 1994)