sábado, 16 de junio de 2018

LOS LIBROS PLUMBEOS


La abadía del Sacromonte de Granada fue fundada en 1609, sobre una de las mayores falsificaciones religiosas de la historia, aprovechando el fervor popular del descubrimiento de los libros plúmbeos y de las supuestas reliquias de algunos santos descritos en ellos. El mismísimo papa Inocencio XI dictaminó, ya en 1682, que los libros plúmbeos eran un fraude, pero la jerarquía católica granadina durante cuatro siglos ha tratado de ocultar la falsificación y se ha resistido a admitir que las reliquias de los santos sean falsas, incluso falsificando otros libros plúmbeos siglo y medio después. A uno de los santos, San Cecilio, a partir de entonces se le nombró patrón de Granada y sus falsos restos todavía se veneran en el altar de la iglesia de la abadía del Sacromonte. Algo similar a lo que ha ocurrido con el santo sudario de Turín, que los científicos han demostrado que es falso, pero se continúa venerando.
Los Plomos del Sacromonte o Libros Plúmbeos son una de las más famosas falsificaciones históricas. Materialmente consisten en 22 planchas circulares de plomo de unos 10 cm grabadas con dibujos indescifrables y textos en latín y en extraños caracteres árabes, que se dieron en llamar salomónicos. 


La crítica filológica e histórica parecen determinar que la impostura pudo ser obra de moriscos de alta posición social que intentaban conciliar el cristianismo con el islam, en el periodo posterior a la sublevación de las Alpujarras.
Los Libros plúmbeos del Sacromonte fueron unos “descubrimientos” hechos por unos obreros moriscos al derribar en Granada el antiguo minarete de la mezquita mayor nazarí. Éste, llamado la “Torre Vieja” y no muy lejos de las tumbas de los Reyes Católicos, obstaculizaba la construcción de la tercera nave de la Catedral de Granada.


El 18 de marzo de 1588, día de San Gabriel, los peones hallaron en los escombros una caja de plomo, que abrieron al día siguiente, día de San José. Las fechas no son casuales, pues San Gabriel es el ángel más importante para el Islam, cuya aparición ocurre frecuentemente en los Libros plúmbeos, y San José es el marido de María, la que, según estos libros, los ha dictado. Al abrirse la caja aparecieron varios objetos: una tablita con la imagen de Nuestra Señora en traje “egipciano” (gitano), indumentaria prohibida a los moriscos, y otros objetos curiosos. Hubo un medio paño de la Virgen María y un pergamino escrito en árabe, castellano y en un latín muy castellanizado, con las primeras noticias concretas acerca del santo y mártir San Cecilio, hoy en día patrón de Granada.


En seguida el entonces arzobispo de Granada, don Juan Méndez de Salvaterra, pidió permiso a Felipe II, ávido coleccionista de reliquias, y al papa Sixto V, para investigar la autenticidad del contenido de esta caja de plomo, y convocó una Junta Mayor.
Tres traductores(el licenciado Luis Fajardo, catedrático de árabe en la Universidad de Salamanca, un arabista notable, Miguel de Luna, y Francisco López Tamarid, racionero mayor de la catedral)fueron comisionados para llevar a cabo una traducción del pergamino, además de la interpretación de Alonso del Castillo, médico morisco e intérprete de Felipe II.


En 1595, empezaron a descubrirse en el Monte Valparaíso (hoy llamado Sacromonte por estos hallazgos) ciertas planchas de plomo con inscripciones en árabe, y el nuevo arzobispo de Granada Pedro de Castro ordenó excavaciones de las muchas cuevas del monte.



Con el tiempo, veintidós libros en hojas redondas de plomo fueron excavados. El 30 de abril de 1600 el arzobispo Castro leyó la calificación de las juntas, que proclamaron como auténticas las reliquias. Se trataba ahora de una situación muy emocionante y divisiva, ya que la nueva corte de Felipe III emprendía la campaña para desterrar a los moriscos, precisamente el grupo favorecido por los documentos.



Las varias escrituras pretenden ser un evangelio del apóstol Santiago el Zebedeo, traducido al árabe por su discípulo Tesifón (Ibn ‘Attar). En ellos abundan invocaciones a Dios y los preceptos que la Virgen María le dio a Santiago. La Virgen le declara a San Pedro en el “Libro de la historia de la verdad del evangelio”: 
"Y dígoos que los árabes son una de las más excelentes gentes, y su lengua una de las más excelentes lenguas. Eligiólos Dios para ayudar su ley en el último tiempo después de haberle sido grandísimos enemigos. Y darles Dios para aquel efecto poder y juicio y sabiduría, porque Dios elige con su misericordia al que quiere de sus siervos. Como me dijo Jesús que ya habrá precedido sobre los hijos de Israel los que de ellos fueren infieles la palabra del tormento y destruición de su reino que no se les levantará cetro jamás. Mas los árabes y su lengua volverán por Dios y por su ley derecha, y por su Evangelio glorioso, y por su Iglesia santa en el tiempo venidero."


Los falsificadores de estos libros, dos de los cuales parecen ser Alonso del Castillo, intérprete de Felipe II, y Miguel de Luna, hicieron sembrarlos en la demolición de la antigua mezquita y en las cuevas del Sacromonte con unas reliquias falsas de mártires cristianos del primer siglo para que se descubriesen fácilmente allí (y que por consiguiente fuesen la causa de varios “milagros” y “curas”). Según su historia, la Virgen María mandó a Jacobo (Santiago) a Hispania, guiado por el Arcángel Gabriel, para esconder estos libros en varios sitios en Granada. “Ve con este libro a la extremidad de la tierra que se llama España, en el lugar donde resucita un muerto. Guárdalo en él. Y no temas de él porque Dios le guardará a ti y a los que fueron contigo con ojo de solicitud en el mar como guardó a Noé en el arca, y en la tierra como se guardó a Jonás en el vientre de la ballena hasta que lo dejó en ella” (208). “Y enterrólos en la tierra para el tiempo decretado” (242). 


Los textos revelan cierta sensibilidad hacia los moriscos y sus creencias, y hasta el tono de sus mensajes recuerda el estilo del Qur’an (Corán). No cabe duda que los Libros plúmbeos se escribieron en un fanático intento de evitar la expulsión de los moriscos. Aunque los Reyes Católicos en la conquista de Granada en 1.4982 habían garantizado muchos de sus derechos y privilegios, el deseo de los vencedores (con la dirección del Cardenal Cisneros, ) de convertir cuanto antes a los moriscos al cristianismo causó mucha tensión y resultó en su sublevación en 1500–01 y un reverso en la tolerancia prometida.
Recordemos que, fue el Cardenal Císneros quien mando asaltar la Madraza, la universidad granadina para quemar todos los libros de su biblioteca, entre los que había de astronomía, matemáticas, ciencias y poesía para que el olvido triunfase sobre la memoria, desarraigar a un pueblo y borrar así cualquiera de las contribuciones de la civilización musulmana a España. Después de 1501, la situación de los moriscos de Granada empeoró sensiblemente. La pragmática promulgada en 1567 por Felipe II, quien nunca quiso su destierro, básicamente quitó a los moriscos su estilo de vida, prohibiéndoles, entre otras cosas, hablar, leer y escribir en árabe, vestir y celebrar fiestas a lo árabe, usar nombres árabes, e inclusive bañarse en los hamman. En definitiva se quiso y así se consiguió borrar cualquier símbolo o manifestación propia del Islam. Las prácticas de higiene eran cosa de "moros", prohibamos los hamman. La indumentaria propia de los moriscos (que también usaban muchas cristianas), era una manifestación de sus costumbres, prohibamos sus vestimentas. Él árabe es una manifestación del Islam, prohibamos su uso y conocimiento. Ante todas estas serie de prohibiciones e inminente expulsión, los moriscos planearon este intento fallido de vincular y reconciliar el Islam con el Cristianismo, inventando un pasado arabo-islámico que hermanara a musulmanes y cristianos y pudiendo así salvarlos del destierro.

https://www.geocaching.com/geocache/GC1R03Z_hsp-libros-plumbeos-del-sacromonte
https://www.youtube.com/watch?v=9RZlOSWlTzg
http://nuestropasadoandalusi.blogspot.com/2010/06/los-libros-plumbeos-del-sacromonte-un.html
https://www.webislam.com/articulos/62666-los_libros_plumbeos_del_sacromonte_un_intento_de_salvacion_fallido.html
http://citaconlahistoriajm.blogspot.com/2016/11/la-falsificacion-de-los-llamados-libros.html
https://www.geocaching.com/geocache/GC1R03Z_hsp-libros-plumbeos-del-sacromonte
http://wzar.unizar.es/perso/emolina/pdf/Molina2012ElEsceptico.pdf
http://tetuan.cervantes.es/FichasCultura/Ficha70328_37_1.htm
http://bambinoides.com/abril-28-en-la-historia/

viernes, 15 de junio de 2018

LA VULGATA Y SAN JERÓNIMO DE ESTRIDON


La Biblia latina utilizada antes de la Vulgata, la Vetus Latina, no fue traducida por una única persona o institución y ni siquiera se editó de forma uniforme. La calidad y el estilo de los libros individuales variaba. Las traducciones del Antiguo Testamento provenían casi todas de la Septuaginta griega.
"Vulgata" (en latín vulgata editio, ‘edición popular’), edición de la Biblia latina calificada de "auténtica" por el Concilio de Trento. En su acepción original, el nombre se atribuyó a la ‘edición común’ de la Septuaginta griega utilizada por los primeros padres de la Iglesia. Más tarde se trasladó a la antigua versión latina (la Ítala) del Antiguo y del Nuevo Testamento utilizada con gran frecuencia durante los primeros siglos de la Iglesia occidental. La actual composición de la Vulgata es en esencia obra de san Jerónimo, doctor de la Iglesia.En principio, san Jerónimo recurrió a la Septuaginta griega para realizar su traducción del Antiguo Testamento, incluyendo partes de los deuterocanónicos; más tarde consultó los textos hebreos originales. Elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos. El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata. A petición del papa Dámaso I, en 382, Jerónimo se había encargado con anterioridad de una revisión del Nuevo Testamento. Corrigió de forma exhaustiva los Evangelios; pero los especialistas no se ponen de acuerdo acerca de si las ligeras verificaciones realizadas en el Nuevo Testamento son o no obra suya.Probablemente fue en el año 382 que el Papa Dámaso I le pidió a Eusebio Hierónimo, conocido ahora como San Jerónimo, hacer una revisión de las versiones latinas de la Biblia comúnmente usadas. El año siguiente este erudito entregó al papa su primer trabajo, la revisión de los Cuatro Evangelios, indicando que había comparado el viejo latín y el griego. En el Antiguo Testamento empleó la Septuaginta pero después decidió que debía traducir del hebreo original.
Así nació la Vulgata, realizada por San Jerónimo de Estridón por encargo de San Dámaso I. Jerónimo, quien nació aproximadamente en el 345 d.C.: en Strido (Dalmacia), al Noroeste de Grecia. Siendo adulto, se consagró a la vida cristiana asceta.
En el 382 d.C.: el obispo de Roma le solicita organizar las varias versiones del latín. En compañía de sus amigos, Jerónimo viajó a la tierra Santa y se estableció su residencia en Belén, donde pudo completar el Antiguo Testamento. En el 384, Jerónimo, terminó su revisión de los cuatro evangelios. Para poder hacer la traducción, consiguió la ayuda de unos rabinos judíos. Los muchos cambios que hizo en el latín viejo motivaron varios ataques por parte de críticos enojados. ¡Aun Agustín temía que al emplear el texto hebreo del Antiguo Testamento, Jerónimo había puesto en tela de duda la inspiración divina de la versión LXX! Pero al fin la superioridad de la nueva versión conquistó el reconocimiento que merecía, de manera que llegó a llamarse la Vulgata, o sea la versión “común.” Durante los doce siglos siguientes, el texto de la Vulgata fue transmitido cada vez con menor precisión. El Concilio de Trento reconoció la necesidad de un texto latino auténtico, y autorizó el examen de las versiones corruptas que habían perdurado. En 1546, se decretó que la Vulgata sería el único texto latino autorizado para la Biblia. Esta revisión es el texto en latín básico que todavía utilizan los especialistas. Una moderna reelaboración del mismo, a instancias del papa Pablo VI como resultado del Concilio Vaticano II, fue completada en su mayor parte en 1977. Se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.»  Para poder hacer la traducción, consiguió la ayuda de unos rabinos judíos. Los muchos cambios que hizo en el latín viejo motivaron varios ataques por parte de críticos enojados. ¡Aun S.Agustín temía que al emplear el texto hebreo del Antiguo Testamento,S. Jerónimo había puesto en tela de duda la inspiración divina de la versión LXX! Pero al fin la superioridad de la nueva versión conquistó el reconocimiento que merecía, de manera que llegó a llamarse la Vulgata, o sea la versión “común.” Vulgata, significa “común” o “comúnmente aceptada”. En el tiempo de S.Jerónimo, Vulgata se aplicaba o a la Antigua Versión Latina o a la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento); las dos eran comúnmente aceptadas. En el 1546, en el Concilio de Trento, esta versión recibió el titulo oficial de Vulgata, pero había sido recibida generalmente mucho antes de esto. Según la enciclopedia wikipedia” La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición para el pueblo) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que S. Jerónimo dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.
S.Jerónimo elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos. El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata.
El Doctor Gonzalo Báez-Camargo comenta que "La autoridad otorgada por la Iglesia a la Vulgata, en sus ediciones sucesivas, hizo que los escrituristas occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego". Casi hasta nuestros días se seguían haciendo versiones sólo del latín de la Vulgata. No obstante, se siguieron sacando copias del texto griego siglo tras siglo hasta la invención de la imprenta, y aun después, como se ve por algunos códices en minúscula que datan nada menos que del propio siglo XVI. A diferencia de las autoridades religiosas judías, las cristianas no instituyeron un "textus receptus" griego. Fue el texto latino de la Vulgata el que se consideró oficial. Con el resurgimiento de las humanidades clásicas y del estudio del griego antiguo que el Renacimiento trajo consigo, vino también un gran florecimiento escriturístico. Bajo la influencia de eminentes humanistas como Lorenzo Valla y Erasmo (que era a la vez el primer helenista y escriturista de su tiempo), y de otros, se hizo destacar la anormalidad (porque eso era) de que se estuvieran haciendo retraducciones del latín de la Vulgata, en vez de traducciones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia a las lenguas modernas. Dramáticamente, Santos Pagnini llevó la cuestión al punto de producir una versión del Antiguo Testamento directa del hebreo al latín contemporáneo. 
En el siglo XIII en París surgió la necesidad de una Biblia para ser usada más fácilmente. Stepehn Laugton, un teólogo destacado de la Universidad de Paris, arregló la Vulgata en la moderna división de capítulos. La Vulgata suma ahora 10.000 manuscritos o más. Ha sido copiada mas que cualquier otro libro en al era cristiana. Después de la septuaginta es la traducción más importante que se ha hecho. La Vulgata predominó como la Biblia de Europa occidental durante 1.000 años cuando al final de la Edad Media la demanda de conocimiento de la Escritura aumentó drásticamente, fue la Vulgata la que primero fue traducida a los idiomas del pueblo. La Vulgata fue el primer libro importante en ser impreso.
Se comenta que "San Jerónimo tradujo por primera vez directamente del hebreo al latín todo el Antiguo Testamento. En cuanto a los Salmos, hay tres versiones de S.Jerónimo, el salterio Romanum de 384, que revisó la Vetus latina ajustándola a la Septuaginta; el Gallicanum de 391, que usa como fuente la Hexapla de Orígenes; y el Hebraicum traducido completamente del hebreo en 405. Jerónimo usó manuscritos arameos en la traducción del libro de Tobit y Judith, en tanto se limitó a recoger las versiones existentes de los otros deuterocanónicos o apócrifos, que colocó en una sección aparte. No se sabe con seguridad si tradujo todo el Nuevo Testamento o simplemente revisó las antiguas traducciones latinas, cotejándolas con los manuscritos griegos."
S.Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que la tradujo Jerónimo. Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.
Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por Jerónimo, este generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.
S.Jerónimo,pasó a la historia por su traducción de la Biblia al latín, versión que fue conocida por el nombre de Vulgata y que la Iglesia católica, tras ser reconocida como auténtica en el Concilio de Trento,se usó durante muchos siglos.  

"Un número de manuscritos tempranos que atestiguan la Vulgata sobreviven hoy. Fechando al siglo VIII, el códice Amiatinus es el manuscrito completo más antiguo. El códice Fuldensis, que data aproximadamente del 545, es anterior aunque los evangelios son una versión corregida del Diatessaron. En la Edad Media la Vulgata sucumbió a los cambios inevitables forjados por el error humano, en el copiado incontable del texto en los monasterios a través de Europa.
Desde sus días más tempranos, las lecturas del Vetus Latina fueron introducidas. Las notas marginales fueron interpoladas erróneamente en el texto. Ninguna copia era igual a la otra. Cerca del año 550, Casiodoro hizo la primera tentativa de restauración de la Vulgata a su pureza original. Alcuino de York supervisó esfuerzos para copiar una Vulgata restaurada, que él presentó a Carlomagno en 801. Tentativas similares fueron repetidas por Teodulfo Obispo de Orleans ; Lanfranc, Arzobispo de Canterbury ; Esteban Harding, el abad de Cîteaux ; y del diácono Nicolás Maniacoria (sobre el principio del siglo XIII). Aunque el advenimiento de la imprenta redujo mucho el potencial del error humano y aumentó la consistencia y la uniformidad del texto, las ediciones más tempranas de la Vulgata reprodujeron simplemente los manuscritos que estaban disponibles fácilmente para los editores. De los centenares de ediciones, la más notable es la de Mazarin, publicada por Johann Guttenberg en 1455, famosa por su belleza y antigüedad. En 1504 la primera Vulgata con variantes de lectura fue publicada en París. Uno de los textos de la Biblia Políglota Complutense fue una edición de la Vulgata, hecha con los manuscritos antiguos y corregida para convenir con el griego. Erasmo publicó una edición corregida y cotejada con el griego y el hebreo. 


"La Vulgata Clementina (Biblia Sacra Vulgatae Editionis Sixti Quinti Pontificis Maximi iussu recognita atque edita), fue la edición más familiar a los católicos que antes de las reformas del Concilio Vaticano II. Después de la reforma protestante, cuando la iglesia de Roma se esforzaba contradecir los ataques y refutar las doctrinas del Protestantismo, la Vulgata fue reafirmada en el Concilio de Trento, como el texto latino autorizado de la Biblia. Para reforzar esta declaración, el Concilio comisionó al Papa editar un texto estándar de la Vulgata. La primera edición de este texto autorizado apareció hasta 1590. Fue patrocinada por papa Sixto V (1585-90), se basó en la edición de Stephanus y fue conocida como la Vulgata Sixtina. Pronto fue substituida por una nueva edición tras advenimiento del papa siguiente, Clemente
VIII (1592-1605). Esta nueva versión revisada se basó más en la edición de Hentenius. Se le llamó la Vulgata Sixto-Clementina y hoy se le conoce simplemente la Vulgata Clementina. la edición de 1592 se convirtió en la oficial para la Iglesia Católica hasta 1979 "



"La Nova Vulgata o Neovulgata es actualmente la versión latina oficial publicada y aprobada por la Iglesia Católica. En 1965, hacia el final del Concilio vaticano II, el papa Pablo VI designó una comisión para revisar la Vulgata de acuerdo con estudios textuales y lingüísticos, mientras que a la vez se preservaba o refinaba su estilo latino cristiano. Publicaron el Salterio en 1969 y la Biblia entera en 1979. El texto base de la mayoría de la Nova Vulgata es la edición crítica hecha por los monjes de la abadía benedictina de St. Jerome en la época de San Pío X. Para el libro de Tobit y Judith sigue los manuscritos de la Vetus Latina. Todos estos textos fueron revisados y cotejados con las ediciones críticas modernas en griego, hebreo, y arameo. Hay cambios en pasajes en que los eruditos modernos consideraron que Jerónimo no logró captar bien el significado de los idiomas originales. La Nova Vulgata no contiene los libros encontrados en la Clementina y algunas otras ediciones, que la Iglesia Católica considera fuera del canon, a saber la Oración de Manasés y 3 y 4 Esdras.
La Vulgata se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio."
"El Papa Juan Pablo II la aprobó y promulgó como edición típica en 1979. El Papa lo hizo así para que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos. Esta es la versión oficial de la Iglesia católica hoy en día."



Una mención final se debe hacer a la edición de la Vulgata publicada por la Sociedad Bíblica Alemana (Deutsche Bibelgesellschaft), en Stuttgart (ISBN 3-438-05303-9).
Intenta reconstruir el texto original que publicó S.Jerónimo hace 1.600 años mediante la comparación crítica de los manuscritos importantes. Una característica importante en la edición de Stuttgart para los estudiosos de la Vulgata es la inclusión de todos los prólogos de Jerónimo a diferentes libros. Contiene en el apéndice de apócrifos, el salmo 151, la epístola a los Laodicenses, además de los libros 3 y 4 de Esdras y la Oración de Manasés. Además, sus prefacios contemporáneos son una fuente de la información valiosa sobre la historia de la Vulgata.


Concluyendo... "En el siglo II d.C., cuando el latín sustituyó al griego como lengua internacional, comenzaron a aparecer traducciones latinas. Con el pasar de un siglo o dos, y conforme se extendió el empleo del latín, las versiones latinas crecieron en cantidad pero llegaron a ser tan variadas y difíciles que Dámaso, obispo de Roma, encargó a un gran erudito de los siglos IV y V la producción de un texto latino estable. Éste fue traducido del hebreo, del latín antiguo y del griego. Es muy significativo que haya usado el texto hebreo, lo que no era costumbre. Este hombre se llamó Jerónimo. Su versión se llamó la Vulgata. Su nombre significa: “común” (de vulgar) e incluye tanto el AT como el Nuevo. Sigue siendo la Biblia oficial de la Iglesia Católica Romana, aunque no se le otorgó reconocimiento oficial hasta el Concilio de Trento en 1546."
"San Jerónimo tradujo por primera vez directamente del hebreo al latín todo el Antiguo Testamento. En cuanto al libro de los Salmos, hay tres versiones de S. Jerónimo, el salterio Romanum de 384, que revisó la Vetus latina ajustándola a la Septuaginta; el Gallicanum de 391, que usa como fuente la Hexapla de Orígenes; y el Hebraicum traducido completamente del hebreo en 405.Jerónimo usó manuscritos arameos en la traducción del libro de Tobit y Judith, en tanto se limitó a recoger las versiones existentes de los otros deuterocanónicos o apócrifos, que colocó en una sección aparte. No se sabe con seguridad si tradujo todo el Nuevo Testamento o simplemente revisó las antiguas traducciones latinas, cotejándolas con los manusritos griegos."


DANIEL ALEJANDRO FLORES, resume asi este tema:
"La Vulgata fue preparada por S.Jerónimo por indicación del papa Dámaso, quien le solicitó que corrigiera la antigua versión latina de la Biblia.
Pasaron varios años, aproximadamente desde el 389 al 405 d. C., haciendo una nueva traducción del AT directamente del hebreo. Su traducción, que llegó a conocerse como la Vulgata, palabra que significa “popular”, es la versión católica oficial latina de la Biblia.
S.Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que tradujo Jerónimo.
Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.
Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por S.Jerónimo, éste generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.


 La situación actual ha cambiado en lo que respecta a la Vulgata y a las versiones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia, comenta un artículo en el portal web  de Sociedades Biblicas Unidas, articulo que data del año 2008:
"Por influencia en buena parte del prominente escriturista español fray Serafín de Ausejo, ejercida discretamente por conducto de algunos prelados compatriotas, el Concilio Vaticano II declaró que la Iglesia, si bien "mira con honor" las versiones bíblicas antiguas, "señaladamente la llamada Vulgata…, como la palabra de Dios ha de estar a mano para todos los tiempos…, procura con maternal solicitud que se compongan versiones adecuadas y bien hechas a las varias lenguas, señaladamente de los textos primigenios de los libros sagrados". En el primer borrador se proponía para dichas versiones la Vulgata como base y los textos hebreo y griego en segundo término. Ahora éstos quedan "señaladamente" en el primero...
 "La autoridad otorgada por la Iglesia a la Vulgata, en sus ediciones sucesivas, hizo que los escrituristas occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego. Casi hasta nuestros días se seguían haciendo versiones sólo del latín de la Vulgata. No obstante, se siguieron sacando copias del texto griego siglo tras siglo hasta la invención de la imprenta, y aun después, como se ve por algunos códices en minúscula que datan nada menos que del propio siglo XVI. A diferencia de las autoridades religiosas judías, las cristianas no instituyeron un textus receptus griego. Fue el texto latino de la Vulgata el que se consideró oficial.
Con el resurgimiento de las humanidades clásicas y del estudio del griego antiguo que el Renacimiento trajo consigo, vino también un gran florecimiento escriturístico. Bajo la influencia de eminentes humanistas como Lorenzo Valla y Erasmo -que era a la vez el primer helenista y escriturista de su tiempo-, y de otros, se hizo destacar la anormalidad, porque eso era, de que se estuvieran haciendo retraducciones del latín de la Vulgata, en vez de traducciones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia a las lenguas modernas. Dramáticamente, Santos Pagnini llevó la cuestión al punto de pro ducir una versión del Antiguo Testamento directa del hebreo al latín contemporáneo, la cual Reina utilizó mucho en su versión."
"…durante más de un milenio existieron en el Imperio Romano diversas versiones de la Escritura, principalmente escritas en latín, que era la lengua común. Y como había diferencias entre dichas versiones, surgía el problema de elegir la que fuera más fiel a la Revelación divina".
En aquellos tiempos la cultura del pueblo cristiano era muy pobre, por lo que éste ni siquiera se planteaba explícitamente tal problema. Muchos ni siquiera sabían leer, y se contentaban con lo que se les leía. Y así, la autoridad cultural de San Jerónimo dio lugar a que se le diera preferencia a la versión de la Biblia que él elaboró, llamada Vulgata por estar escrita en el latín de uso común o latín vulgar. 


 El uso de la Vulgata acabó por imponerse en el mundo cristiano y fue avalado por el Concilio de Trento (siglo XVI) en gran parte con motivo del surgimiento del protestantismo. El hecho fue que el Magisterio de la Iglesia decidió aceptar y declarar como auténtica una determinada versión de la Escritura, y eligió la versión de la Vulgata. En Trento la Vulgata fue declarada por el Magisterio como versión oficial de la Sagrada Escritura:
“Además, el mismo Concilio, considerando que podía tener no poca utilidad a la Iglesia de Dios, si de todas las ediciones latinas que corren de los sagrados libros, diera a conocer cuál haya de ser tenida por auténtica; establece y declara que esta misma antigua y vulgata edición que está aprobada por el largo uso de tantos siglos en la Iglesia misma, sea tenida por auténtica en las públicas lecciones, disputaciones, predicaciones y exposiciones, y que nadie, por cualquier pretexto, sea osado o presuma rechazarla. que en adelante la Sagrada Escritura, y principalmente esta antigua y vulgata edición, se imprima de la manera más correcta posible” (Denz., n. 785-786; Denz.-Sch., n. 1506-1508).
Lo dicho en Trento tenía el peligro de que se interpretara como si la Vulgata hubiera de considerarse la versión auténtica de la Sagrada Escritura al margen de los textos originales, o de los más antiguos que se conservan...Ante este dicho Pio XII en su encíclica Divino afflante Spiritulo hizo algunas aclaraciones y comentarios sobre la Vulgata y lo que de ella había dicho el Concilio de Trento, introduciendo una distinción entre autenticidad crítica y autenticidad jurídica y finalmente, en 1979 el Papa Juan Pablo II promulgó para toda la Iglesia, en la constitución apostólica Scripturarum thesaurus, la Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum Editio, como nueva edición latina oficial de la Biblia. Al comparar esta última edición de la Vulgata con la edición anterior se hace notoria la pequeñez de las diferencias... 

 Lo que dijo Pío XII 

En 1943, en su encíclica Divino afflante Spiritu Pío XII hizo algunas aclaraciones y comentarios sobre la Vulgata y lo que de ella había dicho el Concilio de Trento, introduciendo una distinción entre autenticidad crítica y autenticidad jurídica, e impulsando el estudio de la Sagrada Escritura a partir de los textos primitivos:
“En cuanto al hecho de que el Concilio de Trento quiso que la Vulgata fuera la versión latina, «que todos usasen como auténtica», ello a la verdad, como todos saben, sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. Porque no se trataba en aquella ocasión de textos originales, sino de las versiones latinas que en aquella época corrían, entre las cuales el mismo Concilio decretó con razón que debía ser preferida aquella que «ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos". 
“Así, pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata, no fue establecida por el Concilio por razones principalmente críticas, sino más bien por su uso legítimo en las Iglesias, durante el decurso de tantos siglos; uso a la verdad, que demuestra que la Vulgata, tal como la entendió y entiende la Iglesia, está totalmente inmune de todo error en materias de fe y costumbres; de suerte que, por testimonio y confirmación de la misma Iglesia, se puede citar con seguridad y sin peligro de errar en las disputas, lecciones y predicaciones; y, por tanto, este género de autenticidad no se llama con nombre primario crítica, sino más bien jurídica. 
“Por lo cual, esta autoridad de la Vulgata en materias de doctrina no veda en modo alguno ―antes, por lo contrario, hoy más bien exige― que esta misma doctrina se compruebe y confirme también por los textos primitivos; ni tampoco que corrientemente se invoque el auxilio de esos mismos textos, con los que dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. Y ni siquiera prohíbe el decreto del Concilio de Trento que, para uso y provecho de los fieles y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales, como sabemos haberse hecho laudablemente en muchas partes, con aprobación de la autoridad de la Iglesia” (Denz., n. 2292; Denz.-Sch., n. 3825).
Pío XII sale al paso de posibles malas interpretaciones de lo dicho en el Concilio de Trento respecto a la Vulgata, aclarando que la preferencia o autenticidad que ahí se le dio sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. La Vulgata no pretende dejar atrás los textos originales, sino que es tan sólo la traducción preferida y considerada como auténtica en la lengua oficial de la Iglesia, que es el latín. 
Y esto es así porque "ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos", como se dijo en Trento. Pío XII aclara que ésta es una autenticidad jurídica, y la distingue de una autenticidad crítica; así evita que lo dicho en Trento se pueda interpretar en el sentido de que la Vulgata es la versión auténtica ―sin calificativos o absoluta― de la Sagrada Escritura, como si con ello se pretendiera dejar atrás los textos originales. Parece que Pío XII no quiso descalificar el calificativo de auténtica, usado en Trento, sino que prefirió distinguir entre una autenticidad jurídica y una autenticidad crítica. 
La autenticidad absoluta sería la de los textos originales que se perdieron. La autenticidad jurídica en el fondo es un decreto del siguiente tenor: En la Iglesia latina úsese la Vulgata como versión auténtica de la Sagrada Escritura. Tal decreto obedece a que la Vulgata ha sido aprobada por el uso de siglos, dada la imperiosa necesidad de usar alguna versión latina de la Escritura; y por eso se aclara que sus virtudes dependen de que sea entendida como la entiende la Iglesia. 
La autenticidad crítica es la que garantiza que una determinada versión de la Escritura es una traducción fiel a los manuscritos existentes, objetivamente; lo cual sólo puede lograrse con los mejores métodos críticos de que se va disponiendo en cada época. Las aclaraciones hechas por Pío XII dejan abierta la posibilidad e incluso la necesidad de que se estudien los textos primitivos a fin de que dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. 
Todo lo anterior obedece, finalmente, al hecho de que las traducciones son correctas o incorrectas objetivamente, y no por autoridad; y a que las traducciones de la Escritura no son una excepción a esta regla, incluida la de la Vulgata. Lo que depende de la autoridad del Magisterio es el auténtico sentido de lo dicho en la Escritura, tanto en las traducciones como en los textos originales. Si la corrección de las traducciones dependiera de la autoridad del Magisterio, éste podría escribir su propia “sagrada escritura” en latín y en todas las otras lenguas. Desglosémoslo:
Las traducciones de los manuscritos antiguos a las versiones modernas de la Sagrada Escritura, incluida la de la Vulgata, son correctas o incorrectas objetivamente, y no porque alguien así lo diga, aunque sea el Magisterio o seamos nosotros.


 Dificultad de definir infaliblemente toda la Sagrada Escritura 

Un hecho relacionado con lo anterior, y que pudo ser uno de los motivos por los que Pío XII hizo las aclaraciones mencionadas, es que el Magisterio no puede declarar un definición infalible de la autenticidad global de toda la Vulgata ―de todo lo dicho en ella― ni de ninguna otra versión actual de la Sagrada Escritura. 
La razón de ello es que la Escritura no está hecha sólo de proposiciones u oraciones enunciativas, sino también de oraciones interrogativas, imperativas, vocativas, exclamativas y quizá muchas otras que no son aptas para expresar verdades, y que, por lo mismo, no pueden ser definidas infaliblemente por el Magisterio. 
El Magisterio ciertamente podría tomar todas esas oraciones no enunciativas y elaborar una proposición acerca de cada una, pero eso ya no sería la Escritura misma. El Magisterio también puede declarar que determinada versión de la Escritura es fiel a los textos originales, es decir, que la labor crítica y las traducciones están bien hechas; lo cual sería una declaración de la autenticidad crítica de la Escritura; pero eso tampoco puede ser definido infaliblemente, porque ha tenido lugar después del cierre de la Revelación pública debido a la muerte del último Apóstol. 
De hecho, el Magisterio no ha querido declarar la autenticidad crítica ni siquiera de la Vulgata; y por eso Pío XII aclara que en el Concilio de Trento se declaró sólo su autenticidad jurídica. Desglosémoslo en forma de tesis:
La autenticidad global de toda la Sagrada Escritura ―de todo lo dicho en ella― es algo que no puede ser definido infaliblemente respecto a ninguna de sus versiones actuales.


Lo que dijo Juan Pablo II 
Finalmente, en 1979 el Papa Juan Pablo II promulgó para toda la Iglesia, en la constitución apostólica Scripturarum thesaurus, la Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum Editio, como nueva edición latina oficial de la Biblia. Al comparar esta última edición de la Vulgata con la edición anterior se hace notoria la pequeñez de las diferencias. 
Los miles de manuscritos que se conservan, junto con las modernas técnicas de la crítica de textos antiguos, han logrado versiones de la Escritura que son muy fieles a la Revelación original, con una verificabilidad histórico-crítica muy superior a cualquier obra literaria antigua. 
Además de eso, el Magisterio ha tenido sumo cuidado en que lo mejor de los estudios bíblicos sea vertido a la versión oficial de la Biblia en la lengua oficial de la Iglesia, que es el latín; versión que ha venido siendo, en cada tiempo, la última edición de la Vulgata. 
El hecho es claro, a medida que nos alejamos del tiempo de composición de los manuscritos las diferencias entre las distintas versiones de la Escritura se hacen más y más pequeñas, en vez de hacerse más grandes. Por tanto, hoy, además de la autoridad que le da el Magisterio de la Iglesia, el texto de la Nova Vulgata es de una gran confiabilidad crítica.»
El profesor Edson de Farias Francisco, de la Universidad Metodista de São Paulo, habló sobre  «“La Vulgata como testimonio del masorético”. Estableció una relación con el trabajo de los masoretas, escribas judíos encargados de velar por la integridad y exactitud de los textos sagrados. “La Vulgata demuestra ser una traducción que resulta fiel y digna de estima, además debe tomarse en cuenta la falta de recursos en la época en que vivió Jerónimo”, manifestó el conferencista.»
El portal de Sociedades Biblicas Unidas,publicó en noviembre del año 2007,  una catequesis de Benedicto XVI, el obispo de la iglesia católico- romano,a la figura de San Jerónimo del que destacó su traducción al latín de la Biblia, la llamada “Vulgata”, que se convirtió en la versión oficial de las Escrituras para la Iglesia católica, en audiencia general celebrada en la Plaza se San Pedro.

http://www.artmuseum.cz/reprodukce2_pohled2.php?dilo_id=2343
https://es./Archivo:Domenico_Ghirlandaio_-_St_Jerome_in_his_study.jpg
http://forum.indire.it/repository_cms/working/export/4551/content.html
http://seafoodnet.info/?k=vulgate++Wiktionary
http://klerida.blogspot.com/2016/08/a-formacao-da-biblia-transmissao-e_14.html
http://www.ourladyisgod.com/i-EsdrasApocalypse.php
http://losdivulgadores.com/blog/2011/10/20/historia-de-la-biblia-vii-la-vulgata-latina/
https://adelantelafe.com/la-vulgata-biblia-de-la-iglesia-catolica/
http://arlitto.forumprod.com/la-bible-le-livre-t3330-12.html
https://www.youtube.com/channel/UCGVAVpPWMwBlIICjj0imkTQ
https://www.elsalvador.com/noticias/nacional/149696/sangre-de-san-juan-pablo-ii-en-el-salvador/


GAYO VALERIO FLACO Y LAS ARGONAUTICAS


Las Argonáuticas son unas de las sagas más antiguas de toda Grecia.La estructura del tema se encuentra bien definida, con un viaje de ida, la consecución con el logro del objetivo de la travesía y el regreso. El poema posee un orden que puede alterarse y pero el esquema del mismo no, gracias a la buena definición hecha por el autor. 
Su autor Gayo Valerio Flaco Poeta romano del siglo I de la era cristiana. Se desconoce la fecha y el lugar de su nacimiento y muerte, aunque se cree que era natural de Padua.
Valerio Flaco es contemporáneo de Silio Itálico (26-101 d.C) y de Estacio (45-96 d.C.). Los tres son considerados como los poetas épicos por excelencia de la época flavia, período literario perteneciente a la Edad de Plata de las letras latinas. Esta última etapa se caracterizó en la poesía por un virtuosismo técnico falto de sinceridad y frescura, una vehemente emulación de Virgilio, un tratamiento puramente convencional de la epopeya y la explotación de la mitología como elemento decorativo, ya sin aliento religioso. Además, poetas como Lucano (39-65 d.C) y Silio Itálico versificaron temas nacionales, tales como la guerra contra Cartago o la guerra civil protagonizada por César y Pompeyo, con la parafernalia épica, con lo que humanizaron la atmósfera mítica propia del género.
Las Argonáuticas de Valerio Flaco es una obra inconclusa. Consta de ocho libros con aproximadamente 700 versos cada uno, excepto el último que termina in medias res en el verso 467, cuando los protagonistas, Jasón y Medea, acaban de casarse. Estos datos dan a entender que Valerio Flaco pretendía culminar su epopeya en doce libros, quizá como emulación del número de libros de la Eneida de Virgilio.

El libro primero de las Argonáuticas de Valerio Flaco refiere la dura prueba impuesta por Pelias a su sobrino, los pormenores de la construcción del barco, la pléyade de héroes que acompañan a Jasón en su aventura, la botadura de Argo y las primeras jornadas marítimas de los argonautas. El libro termina con el suicidio de Esón y su esposa, quienes prefieren poner fin a su vida con sus propias manos que ser asesinados por orden de Pelias.


El segundo libro recrea una noche en el mar para relatar, a renglón seguido, la llegada de los héroes a Lemnos (isla griega cercana al estrecho de los Dardanelos). Allí son agasajados por las mujeres de Lemmos, quienes, tras haber masacrado a sus maridos por no haber querido yacer con ellas, acogen con alegría a la varonil expedición. El poeta rememora minuciosamente el general conyugicidio. Después, los argonautas ponen rumbo hacia Sigeo (ciudad portuaria en la costa del estrecho de los Dardanelos), donde Hércules y Telamón, dos de los héroes expedicionarios, liberan a Hesíone (hija del rey troyano Laomedonte) de la roca en la que estaba encadenada; iba a ser la primera víctima sacrificial para una serpiente gigante enviada por Poseídon en venganza de un agravio cometido por su padre. Poco después, los héroes penetran en el Helesponto (Mar Negro), donde encuentran a Helle, la hermana de Frixo.

El libro tercero da noticia de los sucesos acaecidos en el país de los doliones (una pequeña península del mar de Mármara), cuyo rey era Cícico (homónimo de la ciudad). Tras ser agasajados en el reino dolión, los héroes parten, pero un viento adverso los arroja de nuevo a las costas de Cícico. Este desaguisado hace creer a los doliones que son piratas y los Argonautas, desorientados, no reconocen a sus antiguos anfitriones. Luchan entre sí y el propio rey, Cícico, muere a manos de Jasón. Los contendientes, entonces, comprenden su error y preparan juegos funerales en honor del rey dolión. Otra vez los argonautas despliegan las velas y su nuevo destino es Misia (región frente a la isla de Lesbos). Hércules aprovecha el arribo para tallarse un nuevo remo, pues el viejo estaba ya gastado. Entretanto, Hilas, concubino de Hércules, al buscar agua para la comida, gustó tanto a las ninfas del manantial que murió al ser atraído por ellas. Hércules abandona la expedición para poder seguir buscando a Hilas.



El libro cuarto se abre con las pesquisas de Hércules por encontrar a Hilas. Sin embargo, los dioses le ordenan ir a los montes caucásicos para liberar a Prometeo. Los argonautas, mientras tanto, corren toda suerte de aventuras: Orfeo canta para ellos la historia de Io con el propósito de explicarles la toponimia del Estrecho del Bósforo; Pólux lucha contra el rey Amico; llegan a Tracia, al reino de Fineo (actual Bulgaria), y la nave pasa a través de las Simplégades (dos rocas que colisionaban entre sí e impedían a los marinos penetrar en el Helesponto) para llegar a Mariandinis (una comarca de la costa del Mar Muerto).


El libro quinto cuenta el deseado desembarco en la Cólquide, donde el rey Eetes posee el anhelado toisón de oro. Una vez que Jasón le explica al rey el propósito de su visita, éste le impone duras condiciones para entregarle el vellón: que los argonautas se unieran a su ejército para luchar contra su hermano Perses, uncir dos toros regalados por Hefesto con pezuñas de bronce que arrojaban fuego por los hocicos, arar con ellos un campo y sembrar los dientes del dragón de Ares, regalo de Atenea.


Los tres últimos libros (VI-VIII) se centran en los amores de la maga Medea, hija de Eetes, y Jasón. Su amor era el fruto de un ardid divino entre Juno y Venus. Los trabajos exigidos por Eetes eran muy duros y el héroe no sabía cómo llevar a cabo tal tarea; Medea se había enamorado del héroe y, sabedora de las peligrosas pruebas, promete ayudarle con sus poderes mágicos si se casa con ella y le lleva a Grecia. Así pues, Medea proporciona un ungüento que le protegerá del fuego de los toros y le desvela cuál era el peligro y la solución para los dientes del dragón: surgirían soldados armados dispuestos a matarlo, pero él debía arrojarles una piedra desde lejos para que combatiesen entre sí, al culparse unos a otros de tirar la piedra. Jasón, gracias a las instrucciones y las artes de Medea, supera todos los requisitos. El rey, no obstante, no cumple su promesa y planea incendiar la nave Argo. Por fortuna, Medea de nuevo ayuda a Jasón y, por fin, puede coger la preciada piel dorada. Los argonautas huyen por mar hasta llegar a la desembocadura del Danubio. La obra se interrumpe apenas celebrada la boda de Medea y Jasón.


El tema de los argonautas durante el siglo I d.C. fue especialmente afín a la sociedad romana, empeñada, por entonces, en descubrir nuevas tierras. De hecho, el propio Valerio, en el prólogo de sus Argonáuticas, invoca al emperador Vespasiano y rememora su viaje por el mar del Norte al mando de la legión de Bretaña. Por otro lado, Hibernia y Britannia (Irlanda y Bretaña) estaban siendo mejor exploradas. Jasón, el héroe de la expedición, encarna a la perfección este afán aventurero y así dice en Argonáuticas I 1, 68:

“Cuánta tierra, cuánto cielo no es permitido conocer...”

La historia de Jasón había sido recreada a menudo por autores griegos. Píndaro, por ejemplo, en su Pítica 4, había elaborado algunas escenas sobre los argonautas. Con todo, la fuente principal de Valerio es, sin duda, las Argonáuticas de Apolonio de Rodas (200 a.C.). Dicha obra ocupa cuatro libros y, en torno al siglo I a.C., fue vertida en hexámetros latinos por P. Terencio Varro Atacino. Apenas unos fragmentos han sobrevivido de su traducción. Valerio siguió a su predecesor helenístico, pero de manera muy libre. Las diferencias estriban en el desarrollo de la obra y en la caracterización de los personajes. Así, el catálogo de los héroes resulta más corto y menos tedioso que el de su modelo griego. El poeta latino añade motivos nuevos (el rescate de Hesíone o la lucha de los argonautas y los escitas), pero también suprime pasajes de Apolonio (la visita a Circe para expiar el asesinato de Absirto, hermano de Medea, o a Feacia, donde según Apolonio se celebran las bodas de Medea y Jasón). Además, la nave Argo recorre el mar del Norte en clara intención glorificadora de los logros marítimos de los romanos. En cuanto a la descripción psicológica de los protagonistas, la Medea de Flaco está menos pulida que la de Apolonio: es más infantil, más romántica que trágica y no siente un amor arrebatado por Jasón a primera vista. Pero, en general, se admite que el poeta describe mejor a Jasón, quien en el relato griego adolece del temperamento heroico que Valerio consigue imprimir en el héroe. De otra parte, la travesía dramatizada por Valerio muestra mayor precisión geográfica que la de Apolonio de Rodas.

Su estilo es un tanto desigual: a veces muy rico, pero otras en exceso obscuro. Su elocuencia no es tan florida como la de Lucano, ni su pluma tan fluida como la de Estacio. Entre sus recursos favoritos está el hipérbaton, el zeugma y el paréntesis explicativo. Su lírica abunda en descripciones pintorescas y naturalistas que denotan, en cierta medida, el gusto decorativo de la época.En la Antigüedad clásica la única mención a Valerio Flaco se debe a Quintiliano. No obstante, Estacio, Terenciano Mauro o Claudiano leyeron y usaron su obra. Durante la Edad Media, este poeta latino fue recogido en los florilegios, por lo que tuvo una difusión parcial. Durante los siglos XIII y XIV fue leído, entre otros, por Lovati, Mussato y, tal vez, Chaucer. Asimismo, el erudito francés Julio César Escalígero estimaba mucho el talento artístico de Valerio Flaco.
http://www.fotoseimagenes.net/argonauticas-valerio-flaco
http://grupolipo.blogspot.com.es/2015/05/ocho-anos-por-ese-inmenso-mar-de-la-red.html
https://www.buscalibre.com.ar/libro-las-argonauticas/9788446004493/p/3071330
https://elhilorojodelmarketing.wordpress.com/2013/10/07/jason-y-los-argonautas-el-analisis-foda-dafo-o-swot/
https://pantip.com/topic/13117562
http://slideplayer.com/slide/4121717/
http://epicagriegalasargonauticasdeapolonio.blogspot.com.es/2014/04/estructura-y-sintesis-argumental-de-la.html
http://www.enciclonet.com/articulo/valerio-flaco-gayo/#
http://www.wikiwand.com/es/Argonautas
http://cinartargos.blogspot.com.es/2014/08/jason-i.html
https://www.pinterest.es/pin/830843831227618138/

miércoles, 13 de junio de 2018

EL MAPA BABILONIO


El "mapa del mundo" de Babilonia, que se encuentra en el Museo Británico de Londres, fue considerado durante mucho tiempo el mapa más antiguo que se conserva. Es el único mapa babilónico a escala internacional. Se trata de una copia neo-babilónica (alrededor de 500 a.C.) de un original que data del período sargónida (s. VIII-VII a.C). La tableta de arcilla contiene un dibujo y una descripción textual del cosmos babilónico y está orientada hacia el noroeste. No está claro si el texto cuneiforme que lo acompaña fue realizado al mismo tiempo que el mapa. Es el único mapa conocido del mundo que data del período neo-babilónico (los demás mapas tienen un enfoque estrictamente local). Representa un plano del mundo a "vista de pájaro" y muestra un mundo redondo con la ciudad de Babilonia en el centro. El mapa muestra al mundo como dos círculos concéntricos, con zonas triangulares que irradian desde el círculo exterior. El área dentro del círculo interno representa el centro del continente donde se encuentran Babilonia y Asiria. El área entre los dos círculos es el terreno (¿cósmico?) del océano. Las áreas triangulares son las regiones desconocidas. El continente contiene varias formas geométricas que representan los lugares y las características topográficas. El texto (a ambos lados de la tableta) muestra los intentos de describir el mundo entero. El énfasis que se pone en lugares lejanos indica que el objetivo probable del mapa era localizar y describir regiones distantes entre sí. El texto que aparece en el reverso de la tableta describe "siete islas" en detalle. Por la escasa información que contiene, es evidente que los babilonios conocían poco acerca de estas "islas". Sobre todo, las descripciónes hablan principalmente de sus diversos grados de brillo. El mapa tiene una orientación definida.


 La orientación es tal que que el noroeste se encuentra en la parte superior. Así, el sistema babilónico de la orientación no siguió el plano perpendicular de nuestros puntos cardinales. Los babilonios se basaban en los vientos predominantes.
http://paseandohistoria.blogspot.com.es/2010/03/el-mapa-babilonico.html


martes, 12 de junio de 2018

LA PESTE NEGRA SU HISTORIA Y REPERCUSIONES SOCIO-ECONÓMICAS.

 

En el año 1346 llegaron a Europa rumores de una terrible epidemia, supuestamente surgida en China, que a través del Asia Central se había extendido a la India, Persia, Mesopotamia, Siria, Egipto y Asia Menor. Se habla de regiones enteras que habían quedado despobladas, de forma que hasta el Papa Clemente VI en Avignon se muestra interesado por el tema, y reuniendo los informes que van llegando, calcula que el número de victimas de be ascender a casi veinticuatro millones de personas. Sin embargo, como en aquel entonces se desconocía el concepto de contagio, no hubo ninguna alarma en Europa hasta que la peste fue introducida en Italia por los barcos genoveses y venecianos que venían del mar Negro; La peste aparece en Italia en octubre de 1347, Y para enero del año siguiente ya ha penetrado en Francia, vía Marsella, y ha llegado hasta el Norte de Africa. La rata negra, buena pasajera de los barcos, la va extendiendo a lo largo de las costas y ríos navegables. Al mismo tiempo que penetra en España, en Italia alcanza Roma y Florencia, y llega a Paris en junio de 1348, pasando poco más tarde a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. Ese mismo verano llega a Suiza y por el Este se extiende hasta Hungría.
En 1349 la peste reaparece en Paris, se extiende por Picardia, Flandes y los Países Bajos; de Inglaterra pisa a Escocia e Irlanda, asi como Noruega donde, procedente de Inglaterra, llega un barco fantasma con un cargamento de lana y toda la tripulación muerta, que embarranca cerca de Bergen. Desde Noruega se extiende la epidemia a Suecia, Dinamarca, Prusia  e Islandia, llegando incluso hasta Groenlandia. Deja una extraña bolsa de inmunidad en Bohemia y alcanza Rusia en 1351, aunque el primer brote ya había remitido en casi toda Europa a mediados de 1350.

Aunque el número de víctimas varió desde un quinto de la población en algunos lugares hasta la casi total exterminación en otros, los investigadores modernos han llegado a aceptar como estimación más aproximada la cifra que nos da Froissart en su crónica, es decir, un tercio de la población, aproximadamente, desde la India hasta Islandia. En realidad Froissart tomó esta cifra del Apocalipsis de San Juan, la lectura preferida en aquellos duros tiempos.
Un tercio de la población de Europa en aquella época equivaldría a unos veinte millones de personas. En realidad es imposible saber el número de víctimas con exactitud, porque en este tema los cronistas de la época no son de fiar y hay que recurrir a otras fuentes, como recaudaciones de impuestos, censos o los escasos documentos que se conservan de las iglesias en los que se recogen nacimientos y defunciones. Tomemos como ejemplo Avignon, sede de la corte papal; se calcula que morían diariamente unas cuatrocientas personas y que unas síete mil casas quedaron deshabitadas. Los cronistas, impresionados sin duda por la acumulación de cadáveres, dan cifras exorbitantes al elevar el número total de muertos a sesenta y dos mil o incluso a ciento veinte mil, cuando la población total de la ciudad no pasaba seguramente de cincuenta mil habitantes.
Conviene recordar que las mayores ciudades de Europa, con una población de unos cien mil habitantes, eran París, Florencia, Venecia y Génova. Después venían Gante, Brujas, Milán, Palermo, Bolonia, Roma. Nápoles y Colonia, con más de cincuenta mil. Londres se acercaba a esta cifra junto con Burdeos, Tolousse, Montpellier, Lyon, Barcelona, Sevilla, Toledo, Siena y Pisa. Por todas estas ciudades la peste pasó matando de un tercio a dos tercios de los habitantes.
Italia, con una población de diez u once millones de personas, fue la que padeció más duramente sus efectos. En Florencia podemos decir que «llovía sobre mojado»; como consecuencia del inicio de lo que sería la Guerra de los Cien Años, las principales casas bancarias florentinas, los Bardi y Peruzzi, fueron a la bancarrota cuando Eduardo III de Inglaterra no pudo devolver los empréstitos que le habían concedido para la primera campaña (años 1343-44). Siguieron años de malas cosechas y con ellos apareció el hambre y se produjeron revueltas de campesinos y trabajadores; después la peste mató de tres a cuatro quintos de la población de esta ciudad, una de las más importantes de Italia. Venecia perdió dos tercios de sus habitantes y en Pisa morían quinientas personas al día.
Además, la primera aparición de la peste coincidió con un terrible terremoto que asoló Italia desde Nápoles a Venecia, dejando un rastro de destrucción que colaboró a aumentar la psicosis de fin del mundo.
En general la mortandad fue enorme en toda Europa; las ciudades estaban más expuestas a la epidemia, por ser centros de comunicación y dado el hacinamiento en que se vivía, sobre todo en los barrios pobres. París, por ejemplo, perdió a la mitad de sus habitantes. De todas maneras, se ha comprobado que el índice de mortandad en las aldeas, una vez que aparecía en ellas la peste, era igualmente alto.
En los sitios cerrados, tales como los monasterios o las prisiones, la infección de una persona normalmente significaba la de todos, como ocurrió en los conventos franciscanos de Carcasona y Marsella, en los cuales toda la comunidad murió. De los 140 frailes dominicos que había en Montpellier sólo sobrevivieron siete. El hermano de Petrarca, Gerardo, miembro de un monasterio de cartujos, enterró a su prior y a treinta y cuatro compañeros, uno por uno, hasta que se quedó solo con su perro y huyó a buscar refugio en otra parte. En Kilkenny, Irlanda, el hermano John Clyn de los frailes Menores también se encontró solo, rodeado de compañeros muertos, pero escribió una crónica de lo que había sucedido para que no ocurriera que «...las cosas que deben ser recordadas parezcan con el tiempo y sean borradas del recuerdo de quienes vendrán tras nosotros». Creía que el  mundo entero estaba en poder del demonio y, esperando morir a su vez, escribió: «Dejo pergamino para continuar este trabajo, por si alguien sobrevive y cualquiera de la raza de Adán escapa a la peste y continúa la labor que yo he comenzado». El hermano John, tal como escribió otra mano, murió de la peste, pero escapó al olvido. 
En todas partes se observó que la peste afectaba más a los pobres que a los ricos. El cronista escocés John de Fordun afirma llanamente que la peste «atacaba especialmente a las clases humildes y raramente a  los magnates». La misma observación hace Simón de Covino en Montpellier. Este aumento de la mortandad se debia, además de la penuria de medios de subsistencia, al hacinamiento y a la completa ausencia de medidas sanitarias en las viviendas de las clases más humildes.
Aunque la tasa de mortandad fuese mayor entre los pobres, los grandes también sufrieron el azote de la peste. El rey Alfonso XI de Castilla, el vencedor de Salado, fue el único monarca reinante que murió de la peste, pero su vecino Pedro de Aragón perdió a su mujer Leonora, a su hija y a una sobrina, en el espacio de seis meses. El emperador de Bizancio, Juan Cantacuzeno, perdió a su hijo. En Francia murieron la reina coja Juana y su nuera, la esposa del Delfin, ambas en 1349.
También murió la reina de Navarra. La segunda hija de Eduardo III de Inglaterra, que iba a casarse con el heredero de Castilla -el futuro Pedro el Cruel-, murió en Burdeos cuando se dirigía hacia su boda. Las mujeres parecen haber sido más vulnerables que los hombres, quizá porque al estar más recluidas en el hogar estaban más expuestas a las pulgas. Así murió la amante de Boccaccio, hija ilegítima del rey de Nápoles; y también Laura, la amada real o imaginaria de Petrarca.
Entre los médicos la mortaridad fue naturalmente más alta: de veinticuatro médicos que había en Venecia, veinte fueron víctImas de la epidemia, aunque las malas lenguas murmuraron que algunos de estos supuestos mártires de su deber habían huido de la ciudad o se habían escondido en sus casas. En Montpellier, sede de la principal escuela médica de la época, Simón de Cavino testifica que a pesar del gran número de médicos y estudiantes que allí había, muy pocos sobrevivieron al azote de la peste.
En cuanto al clero, la mortandad varió según el rango. La única excepción a esta regla fue la muerte de un tercio de los cardenales, pero ello se debió más bien a que se encontraban concentrados en la corte papal en Avignon. Entre los obispos se calcula que murió uno de cada veinte; en cambio los sacerdotes sufrieron igual que el pueblo llano, aunque en muchos lugares abandonaron sus deberes y huyeron por miedo al contagio. Por una extraña y siniestra coincidencia, en Inglaterra murieron sucesivamente el arzobispo de Canterbury, en  agosto de 1348, su sucesor en mayo de 1349, y el siguiente candidato tres meses más tarde. Suponemos que pocos estarían dispuestos a ocupar el más alto cargo eclesiástico de Inglaterra después de esta cadena de muertes.
Los campesinos caían muertos en los campos, en los caminos o en sus casas, y los que sobrevivían se hallaban presos de una apatía total, dejando el trigo maduro sin segar y el ganado desatendido. Esto ponía en peligro la economia del siglo, que dependía de la cosecha de cada año para comer y para hacer la siembra del año siguiente. La disminución alarmante de la mano de obra bien pronto se hizo patente y acarrearía graves problemas que examinaremos más adelante. «Quedaron tan pocos siervos y trabajadores que nadie sabía a quien pedir ayuda» escribió Knigbton. La idea de . un futuro sin futuro -valga la redundancia- creó un sentimiento de demencia y desesperación. Un cronista bávaro cuenta que «los hombres y las mujeres deambulaban como si estuviesen locos y dejaban que su ganado se perdiese porque ya nadie quería preocuparse por el futuro».
En cierto modo la respuesta emocional de la gente se vio embotada ante tanto horror y, tal como escribió otro testigo de la catástrofe: «En aquellos días había entierros sin pena y matrimonios sin amor».
Se desconoce qué fue lo que causó esta epidemia, la más terrible de la historia, pero ahora se cree que su origen geográfico no estuvo en China, sino en algún lugar de Asia Central y que desde allí se extendió por la ruta de las caravanas hasta llegar al mar Negro y luego a Europa. El origen chino fue  una noción equivocada del siglo XIV, basada en informes verdaderos pero retrasados que se referían a las grandes calamidades ocurridas en China -peste, hambre e inundaciones- a principios de la década de 1330, demasiado pronto por tanto para estar relacionadas con la peste que aparece en la India en 1346. El enemigo fantasma no tenía nombre y sólo empezó a conocérsele como la peste negra en citas posteriores. Durante la primera eclosión de la epidemia se le nombra como la gran mortandad o la peste a secas. Para empeorar las cosas llegaban a los oídos de los atemorizados europeos relatos desde Oriente en los que se hablaba de furiosas tempestades de fuego que arrasaban todo lo que encontraban a su paso, y se decía que los vientos provocados por estas lluvias de fuego eran los que habían traído la peste a Europa. También se culpó al terremoto antes mencionado de liberar gases pestilentes y sulfurosos del interior de la tierra; o bien se decía que la epidemia era la evidencia de una lucha titánica entre los planetas y los océanos, cuyo resultado había sido la evaporación de grandes masas de agua, lo que había hecho morir millones de peces que con su olor putrefacto habían corrompido el aire. Como se ve, todas estas explicaciones tenían en común el factor del aire envenenado, de las espesas nieblas y de las malignas influencias de los planetas.
El misterio del contagio era el más temible de los terrores. La gente se dio cuenta rápidamente de que la enfermedad se propagaba por el contacto con los enfermos, con sus ropas o sus cadáveres y también con sus casas. ¿Cómo? y ¿por qué? eran las preguntas claves que nadie acertaba a responder.
Gentile da Foligno, doctor en Medicina por la Universidades de Bolonia y Padua, se aproximó al concepto de infección respiratoria cuando afirmó que mediante la respiración se introducía materia venenosa en la persona. Pero al desconocer la existencia de los microbios, dedujo que el aire estaba envenenado por influencias planetarias. La desesperada búsqueda de explicaciones dio lugar a teorías tan peregrinas como la del contagio por la vista; pero tampoco debemos reír demasiado si pensamos solamente en los intentos que recientemente se han llevado a cabo para explicar el envenamiento del aceite de colza. Los médicos medievales, luchando con la evidencia, no podían desdeñar los términos y límites de la astrología, a la que creían estaba sujeto todo ser humano. La medicina era quizás el único aspecto de la vida medieval que escapaba al dominio de la doctrina cristiana, en parte debido a la gran influencia a que sobre ella tenía el mundo árabe. Guy de Chauliac, que fue médico de tres papas, practicaba de acuerdo con el Zodíaco. 
En octubre de 1348, Felipe VI pidió a la Facultad de Medicina de París que se definiese sobre las causas que habían provocado la temible epidemia de la peste, que parecía amenazar con el exterminio de la Humanidad. Con cuidadosas tesis, antítesis y pruebas, los doctores dictaminaron que su origen se debía a una triple conjunción de Saturno, Júpiter y Marte en el grado cuarenta de Acuario, ocurrida el veinte de marzo de 1345. Este veredicto se convirtió en la versión oficial y fue reproducido y traducido a diversos idiomas, llegando a ser aceptado incluso por los médicos árabes de Córdoba y Granada.
Naturalmente se intentaron llevar a cabo algunas medidas destinadas a la curación de los enfermos, pero casi todas ellas iban muy mal encaminadas. Los médicos efectuaban tratamientos destinados a sacar veneno e infección del cuerpo, sangrando, purgando con lavativas, cortando o cauterizando los bubones o aplicando compresas calientes. Se recetaban también pócimas que contenían especias raras y polvo de esmeraldas o perlas, siguiendo la teoría, no desconocida en la medicina moderna, de que la sensación de curación de un paciente es directamente proporcional al coste del tratamiento. El único caso de  medicina preventiva lo tenemos en la manera en que Guy de Chauliac, médico de Clemente VI, aisló al supremo pontifice en sus apartamentos del palacio papal de Avignon, prohibiéndole terminantemente que recibiera visitas y haciéndole sentar en medio de dos grandes fuegos durante' todo el caluroso verano provenzal. El aislamiento y el calor infernal que reinaba en las habitaciones papales contribuyeron sin duda a. espantar las pulgas.
Para la gente en general sólo podía haber una explicación para la peste: la ira de Dios. Los planetas podían satisfacer a los doctores cultos, pero Dios estaba más cerca de la mente del hombre normal. Marco Villani comparó la peste con el Diluvio, y en realidad estaba  convencido de que se trataba del fin del mundo. El mismo Papa contribuyó a fomentar esta creencia del castigo divino cuando en una bula de septiembre habló de la «Pestilencia con la que Dios está castigando a sus gentes». Era lógico que la ausencia aparente de una causa material diese a la epidemia una cualidad siniestra y sobrenatural, de modo que por toda Europa surgieron leyendas que simbolizaban a  la peste en la forma de una doncella que entraba en las casas para llevarse a sus habitantes.
Por otro lado, la aceptación general de que se trataba de un castigo divino creó un extenso sentido de culpabilidad, porque para recibir tamaño castigo se tenía que haber cometido un crimen horrible. ¿Qué pecados habia en la conciencia del hombre del siglo XIV? En realidad, todos -codicia, avaricia, usura, materialismo, adulterio, blasfemia, falsedad, lujuria, etc.- porque cuando más se acercaba el final de la Edad Media, anunciándose el hombre moderno, más se alejaban las personas de las doctrinas cristianas.
Los esfuerzos para apaciguar la ira divina tomaron muchas formas, como cuando la ciudad de Ruan decidió prohibir todo aquello que pudiese ofender al Señor, como el juego, la bebida y las blasfemias. En todas partes se organizaron procesiones de penitencia, algunas de las cuales reunían a miles de personas y duraban hasta tres días. Estas procesiones acompañaron el avance de la peste, al tiempo que servían para aumentar el contagio. Cuando se hizo evidente esto último, fueron prohibidas por el Papa.
Algunos cronistas de la época se vieron desilusionados, pues creían que con el castigo divino de la peste mejoraría el comportamiento moral de las gentes. En general ocurrió todo lo contrario. Tal y como había ocurrido en la epidemia que asoló Atenas en el 430 a. C., según la narración de Tucídides, la gente se volvió más amoral como consecuencia del sufrimiento, y el comportamiento más licencioso. La anécdota de los fabricantes de dados para el juego, que a raíz de la peste se dedicaron a fabricar cuentas para rosarios, fue sólo eso, una anécdota. 

Agnolo di Tura, un cronista  de Siena, recoge magistralmente este miedo que se apoderó de todos anulando cualquier otro instinto; "El padre abandona al hijo" (nos cuenta), "la mujer al marido, un hermano a otro, porque esta plaga parecía comunicarse con el aliento y  la vista. Y asi morían. Y no se podía encontrar a nadie que enterrase a los muertos ni por amistad ni por dinero ... Y yo, Agnolo di Tura, llamado el Gordo, enterré a mis cinco hijos con mis propias manos, como tuvieron que hacer muchos otros al igual que yo".

"E non sonavano campane, e non si piangeva persona, fusse che danno si volesse, che quasi ogni persona aspettava la morte; e per sì fatto modo andava la cosa, che la gente non credeva, che nissuno ne rimanesse, e molti huomini credevano, e dicevano: questo è fine Mondo". (Agnolo di Tura)
Citemos también el testimonio de un monje franciscano en Sicilia quien dice:  "Los magistrados y notarios se niegan a venir a hacer el testamento de los agonizantes, y ni siquiera los sacerdotes quieren acudir a escuchar confesión", También encontramos parecidos testimonios en Inglaterra, donde para aliviar las perspectivas de una muerte sin los últimos ritos (no sólo por causa de negligencia del sacerdote, sino porque muchas muertes eran repentinas) un obispo dio permiso a los laicos para que se confesasen entre si, "como hacían los apóstoles", y si ningún  hombre estaba presente, incluso podía efectuar la confesión una mujer, y si no encontraba a ningún sacerdote para administrar la Extremaunción, "entonces la fe debe bastar", El mismo Papa Clemente VI se vio obligado a garantizar el perdón de los pecados a los que morían de peste, dado que tantos fueron desatendidos por los sacerdotes, "Y no doblaban las campanas" cuenta un cronista de Siena, "y nadie lloraba, no importa cuán grande su perdida, pues todos esperaban la muerte". Guy de Chauliac, observador serio y meticuloso, nos confirma la misma opinión: "El padre no visitaba al hijo, ni el hijo al padre. La caridad había muerto".
Pero también hubo excepciones. En Paris, según Jean de Venette, las monjas del Hotel Dieu, "no teniendo miedo a la muerte, atendían a los enfermos con toda dulzura y humildad". Las que  morían eran sustituidas por otras, hasta que la mayoría "descansaron en paz ".
Las manifestaciones de insolidaridad se produjeron no solamente entre las personas sino entre regiones y países. Así cuando la plaga entró en el norte de Francia, asentándose en Normandía, y, frenada por el invierno, concedió una falsa tregua a Picardía. Un monje de la abadía de Fourcament cuenta que "entonces la  mortandad era tan grande entre las gentes de Normandía que los de Picardía se burlaban de ellos". Fue por poco tiempo, desde luego. La misma reacción la encontramos en los escoceses, que también gracias al invierno gozaban de una tregua frente a la peste que provenía de Inglaterra. Encantados de saber que una enfermedad misteriosa estaba diezmando a las gentes del sur, reunieron un ejército para invadirles. Pero antes de que se pusiesen en movimiento la peste cayó sobre ellos, matando a la mayoría mientras que los supervivientes huían del pánico, diseminando la enfermedad por toda Escocia.
En muchas ciudades se ordenaron estrictas. medidas de cuarentena para evitar el contagio. Tan pronto como Pisa y Lucca fueron infectadas, la vecina ciudad de Pistoia prohibió que ninguno de sus ciudadanos que estuviese de viaje en las ciudades afectadas volviese a casa, y asimismo prohibió la importación de lino y de lana. El Dux y el consejo de Venecia ordenaron que se enterrase a los muertos en las islas y a una profundidad mínima de cinco pies, y organizaron un servicio de barcazas para transportar los cadáveres. Polonia estableció la cuarentena en sus fronteras, lo que proporcionó una relativa inmunidad. En Milán el arzobispo Giovanni Visconti tomó medidas draconianas de acuerdo con el estilo de su familia; ordenó que las tres primeras casas en las que apareció la peste fueran tapiadas con sus ocupantes  dentro, quedando sanos, enfermos y muertos encerrados en una misma tumba común. No se sabe si por la prontitud de sus medidas o por fortuna, Milán escapó con pocas muertes a la plaga.
Por otra parte se tuvieron que tomar medidas para paliar en lo posible la desmoralización de la gente, de manera que muchas ciudades prohibieron que tocasen las campanas en señal de duelo o que se pregonasen los fallecimientos como era costumbre. La ciudad de Siena impuso multas a todo aquel que llevase luto, con la única excepción de las viudas.
Es una gran verdad en la Historia que las desgracias nunca vienen solas. Bien pronto la hostilidad del hombre presionado por la peste se volvió contra los judíos.
Los primeros linchamientos comenzaron en la prima vera de 1348, justo después de las primeras muertes producidas por la peste. El cargo contra ellos era que estaban envenenando los pozos. Estos ataques tuvieron lugar en Narbona y Carcasona, donde los judíos fueron sacados de sus hogares y arrojados a enormes hogueras. El judío como eterno extranjero era el blanco más obvio. Era el fuera de la ley que se había separado voluntariamente del mundo cristiano, y a quien durante siglos se había hecho objeto de odio. . En cuanto a la acusación de envenenamiento de los pozos, también era antigua; aparece en la plaga de Atenas, mencionada más arriba, . cuando se dijo que el envenenamiento era obra de los espartanos. También se contaba con el ejemplo más reciente de la plaga de 1320-21, en la que se culpó a los leprosos, creyéndose que actuaban instigados por los judíos y el Rey de Granada en una gran conspiración para destruir a los cristianos. Cientos de leprosos fueron atrapados y quemados en Francia durante 1322, y los judíos fueron también duramente multados.
De manera que con la Peste Negra, los judíos fueron de nuevo la cabeza de turco.  En 1348 el Papa, viendo el sesgo que tomaba la situación, publicó una bula prohibiendo la matanza, el saqueo o la conversión forzosa de los judíos sin juicio previo, lo cual frenó los ataques en Avignon y en los estados papales, pero no en el norte. Las autoridades, en la mayoría de los casos, intentaron proteger a los judíos al principio, pero acabaron sucumbiendo a la presión popular.
En Saboya, donde se celebraron los primeros juicios formales en septiembre de 1348, se confiscó la propiedad de los judíos mientras estos permanecían en prisión esperando que se probasen las acusaciones que contra ellos se levantaron. Naturalmente las acusaciones fueron comprobadas mediante el método medieval a base de confesiones obtenidas mediante tortura. Existía una conspiración judía internacional con base en Toledo, de donde partían emisarios que llevaban el veneno escondido en pequeñas bolsas, así como instrucciones rabínicas sobre la forma de envenenar pozos y manantiales. Los judíos fueron encontrados culpables; once de ellos fueron quemados vivos y el resto de la comunidad judía tuvo que pagar un impuesto de ciento sesenta florines al mes durante seis años para seguir residiendo en la ciudad.  
Las confesiones obtenidas en Saboya, distribuidas por carta de ciudad en ciudad, formaron la base para una serie de ataques a lo largo y ancho de Suiza, Alsacia y Alemania. De nuevo el Papa intentó frenar la histeria con otra bula en la que decía que aquellos cristianos que inculpaban a los judíos de la peste habían sido seducidos y engañados por el diablo. Señalaba que la peste afectaba por igual a todo el mundo, incluidos los judíos, y que lugares donde no vivía ninguna comunidad judía la plaga era tan terrible como en el resto del mundo. Animó además al clero a acoger a los judíos bajo su protección, pero desgraciadamente su voz no fue oída. En Balisea, el nueve de enero de 1349, toda la comunidad judía, de varios cientos de personas, fue quemada en una casa de madera construida especialmente al efecto en una isla del Rin, y se emitió un decreto por el cual ningún judío podía volver a la ciudad en doscientos años. En Estrasburgo, el consejo municipal, que se oponía a la persecución, fue depuesto por el voto de los gremios y se eligió otro dispuesto a cumplir la voluntad popular. En febrero de 1349, antes de, que la peste alcanzase la ciudad, los judíos de Estrasburgo, en número de dos mil, fueron conducidos a un camposanto donde todos aquellos que no aceptaron la conversión fueron quemados en hogueras. 

Para entonces otra voz se estaba alzando contra los judíos. Los flagelantes habían hecho acto de aparición. Como súplica desesperada a la piedad de Dios, su movimiento surgió en un espasmo repentino que recorrió Europa con la misma rapidez que la peste.
La autoflagelación pretendía expresar remordimiento y expiar los pecados de la comunidad. Como forma de penitencia era muy anterior a la peste, pero nunca había tenido el auge que consiguió gracias a la plaga.
Organizados en grupos de doscientos o trescientos y a veces más (los cronistas mencionan hasta mil) iban de ciudad en ciudad, desnudos hasta la cintura, azotándose con látigos de cuero que acababan en púas de hierro. Mientras gritaban pidiendo perdón a Dios y piedad a Cristo y a la Virgen, las gentes de la ciudad en cuestión lloraban y se lamentaban con ellos. Estas bandas hacían funciones regulares tres veces al día, dos en público en la plaza de la iglesia y otra en privado. Organizados bajo el mando de un maestro laico durante un período de tiempo prefijado, que normalmente era de 33 días y medio para representar los años de Cristo en la Tierra, a los participantes se les exigía obediencia al maestro y mantenerse a sí mismos mediante el pago de una cantidad de dinero fijada de antemano.
Tenían prohibido bañarse, afeitarse, cambiarse de ropa, dormir en camas y hablar o tener relaciones sexuales con mujeres sin el permiso del maestro. Evidentemente esto último no se cumplía ya que los flagelantes fueron acusados más tarde de celebrar orgías en las que se mezclaban los azotes con el sexo; un buen caldo de cultivo para sadomasoquistas.  Las mujeres acompañaban a los grupos en secciones separadas, a la retaguardia. Si una mujer o un sacerdote entraban en el círculo donde se estaba celebrando la ceremonia de la flagelación, el acto de penitencia se consideraba nulo y debía comenzar de nuevo.
El movimiento era básicamente anticlerical, porque los flagelantes estaban usurpando el papel de los sacerdotes como intermediarios ante la justicia divina. Extendiéndose a través de los estados alemanes, esta nueva plaga avanzó hacia Flandes, los Países Bajos y Picardía, llegando hasta Reims. Centenares de bandas vagaban por estas tierras, entrando en nuevas ciudades cada semana. Los habitantes les recibían con reverencia, doblando las campanas de las iglesias y les ofrecían alojamiento en sus casas. Les llevaban a los niños enfermos para que los curasen y empapaban paños en la sangre de los flagelantes que después se aplicaban en los ojos y que conservaban como reliquias. Muy pronto los flagelantes marcharon tras magníficas enseñas bordadas en terciopelo y oro por mujeres entusiastas.



Creciendo en arrogancia, se mostraron en abierto antagonismo con la Iglesia. Los maestros asumieron el derecho de oír confesión y a conceder la absolución e imponer penitencia, lo cual amenazaba la autoridad eclesiástica. Los sacerdotes que intervenían oponiéndose a ellos eran lapidados y se incitaba al populacho a que tomase parte en estas lapidaciones. Empezaron a ser temidos como una fuente de fermento revolucionario y una amenaza a la clase propietaria, tanto laica como religiosa. El emperador Carlos IV pidió al Papa que suprimiese a los flagelantes y a ello se sumó la petición de la Universidad de París. Sin embargo, incluso en Avignon, varios cardenales se oponían a que se tomasen medidas contra ellos, quizá porque no estaban completamente seguros de si el movimiento recién surgido tenía el respaldo divino o no. Mientras tanto los flagelantes habían encontrado una nueva víctima. En cada ciudad donde entraban se dirigían al barrio judío seguidos por el populacho, aullando venganza contra los "envenenadores de pozos". En Friburgo, Augsburgo, Nüremberg, Munich, Könisberg, en otros centros los judíos fueron masacrados con una meticulosidad que parecía buscar el total exterminio de la raza. En Worms, en marzo de 1349, la comunidad judía, compuesta por unas cuatrocientas personas, volvió a una antigua tradición quemándose dentro de sus hogares, antes que ser muertos por sus enemigos. La comunidad más numerosa de Frankfurt am Maine siguió el mismo ejemplo, propagándose el incendio a gran parte de la ciudad. En Colonia, el consejo de la ciudad repitió el argumento del Papa de que los judíos eran víctimas de la peste como todo el mundo, pero los flagelantes reunieron una muchedumbre "de esos que no tienen nada que perder" y se  entregaron a su labor de matanzas y saqueos. En Maínz, que contaba con la comunidad judía más importante de Europa, sus miembros se decidieron por fin a defenderse. Con armas recogidas de antemano mataron a doscientas personas del populacho, un acto que sólo sirvió para aumentar la matanza por parte de los ciudadanos, enfurecidos por la muerte de cristianos. Los judíos lucharon hasta que se vieron perdidos. Entonces se encerraron en sus casas y les prendieron fuego. Se dijo que seis mil perecieron en Mainz aquel 24 de agosto de 1349. Pero el exterminio total es raro en la Historia. Algunos grupos se salvaron mediante la conversión y el principe Ruperto del Palatinado, junto con otros príncipes, protegió a grupos de refugiados. El duque Alberto II de Austria fue uno de los pocos gobernantes que tomó medidas eficaces para proteger a los judíos en su territorio. Los últimos progroms tuvieron lugar en Antwerp y en Bruselas, donde toda la comunidad judía fue exterminada en diciembre de 1349. Cuando acabó la peste quedaban muy pocos judíos en Alemania y los Países Bajos.
Por esas fechas la Iglesia ya estaba decidida a asumir el riesgo de actuar contra los flagelantes. Los magistrados ordenaron que se les cerrasen las puertas de las ciudades. Clemente VI, en una bula de octubre de 1349, pedía que se les dispersase o detuviese; la Universidad de París negó su pretensión de inspiración divina y Felipe VI rápidamente prohibió la flagelación en público bajo pena de muerte. Las autoridades locales persiguieron a los "maestros del error" atrapándolos, colgándolos y decapitándolos .. Los flagelantes se desbandaron y huyeron "desapareciendo tan rápidamente como habían surgido", escribió Enrique de Hereford, "como fantasmas nocturnos o espíritus burlones". En algunas partes quedaron algunas bandas, no siendo suprimidas totalmente hasta 1357.
Como espíritus sin hogar los judíos fueron regresando lentamente desde el Este de Europa donde se habían refugiado, pero volvieron en peores condiciones y más segregados que antes. El mito del envenenamiento y sus masacres habían convertido la imagen del judío malvado en un estereotipo. El período de florecimiento medieval de los judíos había acabado y las murallas del "ghetto" aunque no físicas, ya se habían levantado.
¿Cuál era la condición humana después de la peste? Simón de Covino creía que la peste había tenido un efecto lamentable sobre la moral, «disminuyendo la virtud en todo el mundo». Gilles li Muisis por el contrario, pensaba que se había mejorado la moral pública porque muchas parejas que antes vivían en concubinato ahora estaban casadas, aunque esto se debió en realidad a las nuevas ordenanzas municipales. La tasa de matrimonios creció indudablemente, aunque no por amor. Muchos aventureros se aprovecharon de las huérfanas para ganar inmensas fortunas en forma de dotes, de tal manera que la oligarquía de Siena prohibió el matrimonio de las huérfanas sin el consentimiento de la familia. En Inglaterra Piers Plowman se lamentaba de la gran cantidad de parejas que se habían casado desde la peste «por ansias de riquezas y contra los sentimientos naturales» uno de cuyos resultados, según él, fue el gran número de matrimonios estériles. Quizá esta conclusión de Plowman es la moraleja de un moralista más que la realidad, puesto que otro cronista, Jean de Venette, afirma exactamente lo contrario, que los matrimonios que siguieron a la plaga tuvieron descendencia muy numerosa. Esto también puede ser un intento de buscar un alivio a la merma de población tras la peste.
La gente no mejoró a consecuencia de la epidemia. tal como hubiese esperado Matteo Villani, quien decía que la ira de Dios debía convertirles en "mejores hombres, humildes, virtuosos y católicos". En lugar de ello "olvidaron el pasado como si nunca hubiese existido y se entregaron a una vida más desvergonzada y desordenada que la que llevaban antes".
Debido a la abundancia de bienes y alimentos y a la escasez de consumidores los precios se hundieron y los supervivientes de la peste se  entregaron a una orgía salvaje de despilfarro. Los pobres se mudaron a casas abandonadas, dormían en camas y comían en servicio de plata; los campesinos se apoderaban de las tierras que nadie reclamaba, así como del ganado, incluso de lagares, forjas o molinos que habían quedado sin dueño y de muchas otras cosas que nunca antes habían poseído. El comercio se había reducido pero había aumentado el nivel de líquido dado que había menos personas para repartirlo.
El comportamiento de las personas se volvió más despiadado y cruel, como ocurre a menudo tras un período de violencia y sufrimiento. Se culpó de ello a los advenedizos y nuevos ricos que presionaban desde abajo. Siena renovó sus leyes suntuarias en 1349 porque muchas personas aparentaban mayor rango del que les correspondía por nacimiento u ocupación. Un estudio de las recaudaciones de impuestos después de la peste nos indica que aunque la población estaba diezmada, las proporciones sociales seguían siendo las mismas.
Debido a los intestatos, las propiedades sin herederos, y las disputas en torno a tierras y edificios, se levantó una furiosa tormenta de litigios, agravada por la escasez de notarios. Los colonos o la Iglesia se apoderaron de los terrenos y propiedades abandonadas. El fraude y la extorsión practicada por los tutores sobre los huérfanos se convirtió en un escándalo generalizado.
El resultado más obvio e inmediato de la peste negra fue naturalmente la disminución de la población, que debido a las guerras, el bandolerismo y nuevos brotes de la plaga, declinó todavía más hacia finales del siglo XIV. La peste en sí fue una maldición para el siglo, que bajo la forma de su bacilo almacenado en los transmisores (ratas y pulgas) surgió seis veces más en los siguientes sesenta años. Después de matar a los más susceptibles de contagio, con un considerable aumento de la mortandad infantil en las últimas fases, remitió por fin, dejando a Europa con una población reducida en casi un cincuenta por ciento para finales del siglo. Baste decir, como ejemplo, que la ciudad de Beziers, en el sur de Francia, contaba con catorce mil habitantes en 1304 mientras que un siglo más tarde sólo tenía cuatro mil. Las florecientes ciudades de Carcasona y Montpellier quedaron reducidas a sombras de su prosperidad pasada, al igual que Ruan, Arrás, Laon y Reims en el norte. Al disminuir el número de personas que podían pagar impuestos, los gobernantes aumentaron su cuantía, lo que provocó el resentimento popular, que iba a estallar repetidas veces en las décadas posteriores a la peste.



Los valores relativos de tierra y trabajo se vieron completamente alterados. Los terratenientes, en un intento desesperado de mantener sus tierras cultivadas, reducían las rentas que debían pagar los campesinos o incluso llegaban a anularlas totalmente. Más valía no tener beneficios que no ceder de nuevo los terrenos a la Naturaleza. Pero a pesar de todo, dada la gran mortandad, las tierras cultivadas disminuyeron forzosamente, y los terratenientes empobrecidos desaparecieron abandonando sus mansiones y castillos para unirse a las bandas de mercenarios que iban a ser la maldición de los años siguientes. 
Cuando debido a la disminución en la población activa, disminuyó también la producción, los bienes y alimentos de todo tipo comenzaron a escasear y los precios se dispararon. En Francia se cuadruplicó el precio del trigo en 1350. Al mismo tiempo, con la escasez de la mano de obra vino el mayor malestar social bajo la forma de demandas concertadas de aumentos salariales. Tanto los campesinos como los obreros, artesanos, escribas y sacerdotes descubrieron el valor de ser pocos. En el curso del año que siguió al primer gran brote de la peste, los trabajadores textiles de St. Omer habían conseguido tres aumentos de sueldo seguidos, y los alfareros de Amiens reclamaban subidas por el estilo. En muchos gremios los artesanos se declararon en huelga pidiendo más dinero y menos horas de trabajo.
En una época en la que el orden social se consideraba inamovible, acciones de ese tipo eran revolucionarias. La respuesta de los gobernantes fue la represión instantánea. En un esfuerzo por mantener los salarios al mismo nivel que antes de la peste, los ingleses promulgaron una ley en 1349 ordenando a todo el mundo trabajar por los mismos salarios que regían en 1347. Un estatuto francés de 1351, más realista, y aplicado a la región de Paris, permitía una subida de los salarios que no excediese en más de un tercio al nivel anterior; se fijaron además los precios y se regularon los beneficios de los intermediarios, y para aumentar la producción se ordenó que los gremios no fuesen tan estrictos en las restricciones acerca del número de aprendices y que se acortase el período de tiempo necesario para llegar a ser maestro artesano. Pero aun así, los conflictos laborales habían comenzado y los viejos lazos de unión medievales entre señor y campesino, noble. y artesano, se empezaban a aflojar y se irían repitiendo las luchas a lo largo de lo que quedaba del malhadado siglo XIV. Por un lado la educación sufrió seriamente debido a las  pérdidas que la peste produjo en el clero, que como se recordará, constituía la casi totalidad de la clase docente en la Edad Media. En Francia, de acuerdo con Jean de Venette, «pocos se encontraban en las casas, villas o castillos que pudiesen enseñar gramática a los niños». Para ocupar los puestos vacantes la Iglesia ordenaba sacerdotes a mansalva; muchos de ellos, hombres que habían perdido a sus familias en la epidemia y que buscaban en los hábitos un refugio y que apenas sabían leer y escribir.

Por un impulso contrario, se estimuló la creación de universidades como medio para conservar los conocimientos y la cultura, gravemente amenazados por la peste. Especialmente el emperador Carlos IV, un intelectual, se preocupó de la posible desaparición .del saber debido a la "loca rabia de la muerte pestilente" (según sus palabras) que había asolado al mundo. Fundó la Universidad de Praga en el año 1348, el mismo de la peste, y en los cinco años siguientes dio el respaldo imperial a las universidades de Orange, Perugia, Siena, Pavía y Lucca. En estos mismos años tres nuevos colegios universitarios fueron creados en Cambridge -Gonville Hall, Trinity Hall y Corpus Christi- aunque la causa de estas fundaciones no siempre fuese el amor a la cultura. El Corpus Christi fue creado en 1352 porque las tarifas de las misas de difuntos habían subido de tal modo después de la peste que dos gremios de Cambridge decidieron establecer un colegio universitario cuyos doctores se encargasen, en su calidad de sacerdotes, de orar por los difuntos de ambas corporaciones.
De todas maneras, las universidades también sufrieron el peso de la epidemia y en Oxford se escuchaban lamentaciones en los sermones por la falta de alumnos, mientras que en Bolonia, veinte años después de la plaga, el gran Petrarca se dolía en una serie de cartas tituladas "Sobre cosas viejas": donde antes no había "nada más alegre en el mundo ni más libre", ahora casi ninguno de los antiguos grandes maestros quedaba con vida, y en lugar de tan grandes genios "una ignorancia universal se había apoderado de la ciudad". Aunque hay que reconocer que de esto no sólo era culpable la peste, sino también la guerra y otros problemas. 
El sentimiento de pecado producido por la peste encontró alivio en la indulgencia plenaria ofrecida en el año del Jubileo de 1350 para todos aquellos que emprendiesen la peregrinación a Roma. El Jubileo, establecido por Bonifacio VIII en 1300, en principio estaba destinado a tener lugar cada cien años, pero el primero constituyó un éxito. tan grande -visitaron, según las crónicas, dos millones de peregrinos la Ciudad Santa- que Roma, empobrecida por la marcha de la corte papal a Avignon, rogó a Clemente VI que acortase el intervalo a cincuenta años. El Papa era de la opinión de que «un pontífice debe hacer feliz a sus súbditos» y les concedió lo que pedían. Así en 1350 los peregrinos se agolparon en los caminos que llevaban a Roma y se dijo que cada día entraron o salieron de la ciudad cinco mil personas. En cuanto a la Iglesia, emergió de la peste más rica y mas impopular que antes. Cuando todos estaban amenazados por la muerte repentina y con la perspectiva de irse al otro mundo en estado de pecado, el resultado fue un flujo de donaciones a instituciones religiosas tal y como no se había conocido hasta entonces. El convento de St. Germain L'Auxerrois, por ejemplo, recibió cuarenta y nueve herencias en seis meses, comparadas con las setenta y ocho de los ocho años anteriores. En Florencia la Compagnia de San Michele recibió trescientos cincuenta mil florines en concepto de limosnas para los pobres, aunque en este caso se acusó a los dirigentes de la compañía de usar el dinero para sus propios fines, a lo que ellos alegaron que los pobres y necesitados ya no necesitaban el dinero porque estaban muertos.
Enriquecidas por los donativos, las órdenes religiosas levantaron más animadversión de la que ya había contra ellas. Cuando Knighton se hace eco del fallecimiento de ciento cincuenta franciscanos, víctimas de la peste, en Marsella, añade "bene quidem" (buena cosa); y de los siete frailes que sobrevivieron de ciento sesenta que había en Maguelonne escribió «y con esos hubo bastante». Las órdenes mendicantes no podían ser perdonadas por abrazar el culto al dinero. Así la peste aceleró el descontento con la Iglesia, en el momento en que la gente necesitaba más apoyo espiritual. Clemente VI, al que no podemos llamar un hombre espiritual, se impresionó lo bastante con el mal comportamiento del clero durante la peste como para estallar furioso contra sus prelados. que le pedían en 1351 que aboliese las órdenes mendicantes. "Si lo hiciese" (replicó el Papa) "¿Qué podríais predicar a la gente? Si es sobre humildad, vosotros sois los más orgullosos del mundo, creídos y pomposos. Si es sobre pobreza, sois tan codiciosos que todos los beneficios os parecen poco. Si es sobre la castidad -pero no hablaremos de esto, porque Dios sabe lo que hace cada hombre y cómo algunos de vosotros satisfacéis vuestros deseos." Con esta triste opinión de sus clérigos falleció el Papa un año después. "Cuando los que tienen el título de pastores hacen el papel de lobos, la herejía crece en el jardín de la Iglesia", escribió Lothar de Sajonia.
Los supervivientes de la peste negra se encontraron con que no habían sido exterminados, pero tampoco habían mejorado, y por ello no podían encontrar un propósito divino en todo lo que habían sufrido. Si un desastre de esa magnitud era un pacto caprichoso de Dios o sencillamente no era obra divina, entonces todos los valores absolutos del hombre medieval se tambaleaban. Las mentes que se atrevían a hacerse estas reflexiones no podían volver atrás. El giro hacia la conciencia individual. Quedaba en el horizonte. En este punto la peste puede haber sido uno de los precipitantes del nacimiento del hombre moderno.
Pero entonces sólo dejó miedo, tensión y tristeza. Aceleró la conmutación de los servicios laborales en las tierras y profundizó el antagonismo entre ricos y pobres. Aumentó la hostilidad humana.
El estado de la Europa medieval después de la peste queda reflejado en el caso particular de Siena, que perdió la mitad de su población y donde se abandonaron las obras de la Gran Catedral (que iba a ser la mayor del mundo) para no reanudarse nunca más debido a la falta de mano de obra, de maestros masones y a la melancolía y pena de los supervivientes....
http://www.artspecialday.com/9art/2017/01/21/grandi-classici-peste-camus/
http://www.quo.es/salud/peste-bubonica http://sobrehistoria.com/la-peste-negra-de-1348/
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-peste-negra-la-epidemia-mas-mortifera_6280 http://www.vallenajerilla.com/berceo/lopezjara/muertenegra.htm
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150224_peste_negra_gerbillos_lp
http://4.bp.blogspot.com/-Mv89h4ZBt3w/VqT8_88nnqI/AAAAAAAABBY/lz7NSndOi-4/s1600/Un444titled.jpg
https://www.haikudeck.com/emeroteca-education-presentation-Ccbq8me9mf
https://historiaetageografia2.wordpress.com/edukiak/iv-blokea/izurrite-beltzaren-irudi-galeria/
https://twitter.com/awter9/status/861873360573157376
https://basilius3.livejournal.com/19508.html
https://es.slideshare.net/neusgr/la-pestene
https://www.timetoast.com/timelines/las-epidemias-atraves-de-la-historia
https://www.factinate.com/things/47-revolting-facts-medieval-times/2/
http://deacademic.com/dic.nsf/dewiki/7323
https://www.muyhistoria.es/edad-media/articulo/asi-se-propago-la-peste-negra-por-europa-971495017652