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miércoles, 1 de abril de 2020

POESIA NEOCLASICA EN EL SIGLO XVIII ESPAÑOL



La segunda mitad del siglo XVIII señala la desaparición de las ultimas derivaciones de la literatura barroca y el triunfo definitivo del arte neoclasico.Luzan ha ganado al fin la partida, y tanto en el teatro como en la poesia termina el reinado de la inspiración libre,para dar comienzo al de la Razón.
Los nuevos poetas,atentos solo a no conculcar las normas que imponen la razón y el "buen gusto" ,consagraran todos sus esfuerzos a lograr una forma correcta y equilibrada que evite por igual los excesos de una fantasía desbordada y las estridencias de una confesión sentimental.Velada la franca exposición de lo íntimo y el libre despliegue de la imaginación,se llegará a una poesia sin misterio y sin brillo,regida solamente por el frio cálculo y un seco afán didactico.
Seria dificil discernir, si fue la formula neoclásica,con su rigurosos afán normativo,lo que privó de toda expontaneidad a nuestros poetas,o si fue la ausencia en éstos de un sentido de intuición lírica lo que les indujo a aceptar un sistema que prescindía de la emoción poética como de algo superfluo y ponia todo su empeño en conseguir una finalidad educativa,valiendose de una expresión sencilla,clara y atildada:pero lo cierto es que toda la cuidadosa reflexión y paciente trabajo que requeria la empresa solo sirvieron para crear una poesia opaca y anémica cuya pureza de estilo y prudente comedimiento no la salvan de un lamentable prosaismo o de una tediosa monotonia.


Plagada de los tópicos que imponia la imitación de unos modelos consagrados,descentrada de su propio fin por la obsesión pedagógica del siglo, y cohibida por innumerables trabas que en la mayoría de los casos no eran mas que prejuicios,la producción neoclasica adolece de una falta de sinceridad,de brio, y de arranque lírico que la privan del verdadero interés estético.
Ha de advertirse que si en el teatro de la época la influencia francesa ejerce un papel decisivo,en la poesía se observa la mucho mas importante de los españoles del Siglo de Oro no contaminados de barroquismo (Garcilaso,Villegas...) o la de clásicos grecolatinos (Anacreonte,Horacio etc...) El influjo de Francia existe tambien,pero mas en el terreno de la teoría y de la preceptiva (Boileau) que en el de la imitación directa de determinados autores.
Señalemos por último,que aunque la moda neoclásica, en pleno auge desde el reinado de Carlos III,se prolonga a traves del primer tercio del siglo XIX las últimas decadas del XVIII (reinado de Carlos IV ) presencian el advenimiento de nuevas corrientes de sabor prerromantico, que al fundirse con aquella dan a la producción literaria del momento, un matiz radicalmente distinto.
Si la "Academia del buen Gusto " ,marca en el reinado de Fernando VI,los primeros avances de la reforma neoclasica, la "Tertulia de la Fonda de San Sebastian" representa su plena aceptación en tiempos de Carlos III :SE reunian sus asistentes en la fonda madrileña de San Sebastian y tenian "como único estatuto" no hablar sino "de teatro,de toros,de amores o de versos" .El tono de aquella reunion literaria era mas italiano que frances,en lo cual seguia en parte el camino iniciado por Luzan .Nicolas F.de Moratin,Cadalso,e Iriarte,figuraban entre los primeros contertulios,encarnando respectivamente los tres aspectos mas importantes de la poesia de la época :la imitacion de los clásicos españoles,los comienzos del género anacreóntico y el cultivo de la fábula.


La imitacion de la poesia del Siglo de Oro se lleva a cabo evitando los excesos culteranos y volviendo la vista al siglo XVI.El colorido y el brio de la producción poética de Moratin,inspirada en la tradicion nacional,no deja de ser una excepcion entre las frias composiciones del momento:pero la ausencia en el del influjo gongoriano revela suficientemente el cambio de gusto.
La poesia anacreontica comienza en estos años a ponerse de moda,gracias a la inspiracion de Cadalso,pero no alcanza su apogeo hasta que la escuela salmantina hace de ella uno de sus géneros predilectos.
La fábula,en cambio,encuentra ahora sus máximos representantes,ya que el criterio neoclasico veia en la educación la suprema finalidad del género poético.Los versos correctos e incoloros de los fabulistas son una muestra mas de la incapacidad lírica de la época,asi como un claro exponente de las preocupaciones del siglo.En este sentido,es interesante señalar en los mas importantes (Samaniego e Iriarte) la huella de las ideas enciclopedistas,que dieron lugar a varias intervenciones de la Inquisición.
Los dos elementos esenciales de la fábula (sátira y pedagogia) se dan tambien por separado en una serie de composiciones satíricas y didácticas:Las primeras se utilizan frecuentemente como armas defensivas u ofensivas en las polémicas literarias;las segundas ofrecen por lo general un fondo ideológico que coincide con las tendencias de la Ilustración.
De esta forma tenemos como tipos poéticos del reinado de Carlos III 
1-Poemas de acuerdo con la tradición nacional.
2-Poesias anacreónticas.
3-Fábulas
4-Composiciones satíricas.
5-Didacticas.



 Epístola dedicada a Hortelio (Fragmento)

(J.Cadalso)

Desde el centro de aquestas soledades,                            
gratas al que conoce las verdades,                        
gratas al que conoce los engaños                           
del mundo, y aprovecha desengaños,                 
te envío, amado Hortelio, ¡fino amigo!,                             
mil pruebas del descanso que concibo.

Ovidio en tristes metros se quejaba                     
de que la suerte no le toleraba               
que al Tíber con sus obras se acercase,               
sino que al Ponto cruel le destinase.                    

Mas lo que de poeta me ha faltado                      
para llegar de Ovidio a lo elevado,                         
me sobra de filósofo, y pretendo                          
tomar las cosas como van viniendo.                      

¡Oh, cómo extrañarás cuando esto veas             
y sólo bagatelas aquí leas,                         
que yo, criado en facultades serias,                      
me aplique a tan ridículas materias!                      

Ya arqueas, ya levantas esas cejas,                       
ya el manuscrito de la mano dejas,                       
y dices: "Por juguetes semejantes,                      
¿por qué dejas los puntos importantes?                            

¡No sé por qué capricho tú te olvidas                   
materias tan sublimes y escogidas

¿Por qué no te dedicas, como es justo,               
a materias de más valor que gusto?                      

Del público derecho que estudiastes                   
cuando tan sabias cortes visitastes;                      
de la ciencia de Estado y los arcanos                     
del interés de varios soberanos;

de la ciencia moral, que al hombre enseña                        
lo que en su obsequio la virtud empeña;                           
de las guerreras artes que aprendistes 

cuando a campaña voluntario fuistes;                  
de la ciencia de Euclides demostrable, 
de la física nueva deleitable,                        
¿no fuera más del caso que pensaras    



   

lunes, 12 de diciembre de 2016

DAVID HUME Y LA FILOSOFIA EUROPEA DEL SIGLO XVIII



Filósofo e historiador británico (1711-1776), nacido en Escocia, cuya filosofía (a través de la influencia de Berkeley), desarrolló la doctrina de Locke, y llegó a un total escepticismo. Precisamente esta actitud escéptica sería el aguijón que más tarde despertaría a Kant del "sueño del dogmatismo".


La primera preocupación de Hume, igual que la de Locke, es la investigación en torno a las ideas. Como un empirista más, llega a esta conclusión: todo lo que contiene nuestra mente son percepciones. El grado de intensidad con que éstas se manifiestan en nuestra mente establece una distinción: las percepciones podrán ser impresiones e ideas. Las impresiones, percepciones básicas, son captadas inmediatamente y a ellas pertenecen las sensaciones, las emociones y las pasiones. Las ideas, por su parte, son copias o representaciones desvaídas de las impresiones en la mente y guardan cierta semejanza con las impresiones, pues en realidad vienen a ser imágenes mentales generadas por las mismas.
Por otro lado, las impresiones también pueden ser simples (las que no admiten distinción ni separación) y complejas (aquellas que admiten divisiones). Consecuentemente también habrá ideas simples y complejas. Por ejemplo: la impresión que nos causa la percepción de un chasquido, es una impresión simple, y a ella se seguirá una idea simple. Sin embargo, al escuchar una sinfonía, tendremos una impresión compleja (la variedad de notas musicales), que a su vez, evocará una idea compleja. Es posible, además, distinguir impresiones que son sensación, las que provienen de los sentidos externos, e impresiones que son reflexión, las producidas por el ejercicio interno de la mente.
Con el cúmulo de ideas que es capaz de "crear", asimilar y archivar la mente, elaboramos el conjunto de pensamientos y razonamientos humanos. El sinfín de ideas que la mente humana puede elaborar, cabe agruparlo en tres modalidades: relaciones, modos y sustancias. Por relaciones Hume entiende todas aquellas asociaciones susceptibles de comparación, y que son: la semejanza, la identidad, la relación de lugar y tiempo, la cantidad, los grados de cualidad en común para dos objetos, la oposición y la relación causa-efecto. Sólo cuatro de esas relaciones son capaces de proporcionarnos conocimientos ciertos: las de semejanza, oposición, grados en la cualidad y cantidad o número. Esto supone que solamente la matemática será capaz de proporcionarnos conocimientos ciertos. Los modos y las sustancias son agrupaciones de ideas simples que la imaginación une y a las cuales se les puede asignar un nombre diferenciador.




Lo que habitualmente se entiende como relación de causa y efecto, Hume lo explica como la constatación de que un determinado fenómeno sigue a otro. Pero nunca experimentamos ese acontecer en su realidad, simplemente lo vemos. Pretende mostrar así que la causalidad es una "relación de ideas" que nos hace notar la contigüidad en los fenómenos. Esto equivale a decir, en otro sentido, que la ciencia sobre los fenómenos naturales está basada en "creencias" -idea que tendrá gran repercusión- afirmadas en nosotros por la costumbre de observar repetidamente un fenómeno concreto como posterior a otro fenómeno causal. Vienen a ser las verdades de hecho, según la clasificación de Leibniz. Fácil es concluir de aquí que la ciencia experimental tiene que basarse en la observación. De esta manera queda formulado el principio del empirismo: cualquier pensamiento que elabora nuestra mente procede de la experiencia, dado que toda idea verdadera procede de la impresión.




Puesto que la idea de sustancia no proviene de una impresión concreta, tampoco podemos poseer la idea de la misma. La idea tradicional de sustancia queda reducida en Hume a "una colección de ideas simples unidas por la imaginación". Sólo hay cualidades e ideas de esas cualidades, como ya había dicho Berkeley; no se da ese algo más, la sustancia, que las soporte. Pero Hume va más lejos que Berkeley al negar la validez objetiva al yo, al espíritu, el cual no pasa de ser un manojo de percepciones varias. Por eso afirmará -y en esto recogerá la idea de Locke- que se ve obligado a creer en el yo, pero sin saber en realidad qué es.



Hume niega la existencia de una "razón práctica" y la posibilidad de una fundamentación racional de la ética. El objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es susceptible de ese acuerdo o desacuerdo entre las ideas sobre las que se basan lo verdadero y lo falso. Si la razón no puede ser la fuente del juicio de valor, habrá que buscarlo en el sentimiento, que surge espontáneo en nosotros ante acciones susceptibles de lo que consideramos valoración moral. El análisis de este sentimiento revela que es una forma de placer o de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro de austero moralismo o de mortificación del alma o del cuerpo, porque el fin de la moral es la felicidad y el gozo de vivir del mayor número de hombres posible.
Igualmente duro se muestra Hume ante el problema religioso. Menoscaba la pretensión de las pruebas de la existencia de Dios, y niega su existencia apelando al problema del mal en el mundo. La religión tiene su origen en el sentimiento de miedo de la gente y en la ignorancia de las causas de los eventos terribles de la naturaleza. En su libro Historia natural de la religión, defiende una evolución a partir del politeísmo, hasta llegar a la idea abstracta de la divinidad propia de las religiones monoteístas.



Hume ejerció gran influencia en los iluministas franceses y alemanes. Basta recordar la deuda que Kant dice haber contraído con el escepticismo de Hume, en el que identificó el famoso "despertar del sueño dogmático". Su influencia, sin embargo, decayó, al menos en el continente europeo, a causa de las críticas de superficialidad que la filosofía romántica hacía contra el empirismo. Pero siguió muy viva en Inglaterra, y ejerció bastante influjo en Estados Unidos. La verdadera aceptación histórica de Hume, sin embargo, comenzó a finales del siglo XIX, con la revalorización del Tratado, cuyas tesis han influido directamente en el neopositivismo.

http://www.nybooks.com/articles/2016/05/26/who-was-david-hume/
http://www.frasecelebre.net/profesiones/filosofos/david_hume_3.html 
 http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=796