miércoles, 30 de noviembre de 2016

WENCESLAO FERNANDEZ FLÓREZ EN EL PURGATORIO.



La primera vez que me topé con la firma de Wenceslao Fernández Flórez en prensa fue hojeando una recopilacion de  La Codorniz, la revista fundada por Miguel Mihura en 1941. Mihura lo mimaba con una página completa en el semanario, pero Wenceslao era un satírico y no encajaba con el humorismo lírico y absurdista de raíz ramoniana que se exhibía en La Codorniz. Inmediatamente consulté historias literarias y me di cuenta de que apenas había sitio para él.
¿Qué ocurría? Quise indagar más. Advertí que el nombre de Wenceslao y su literatura, en cierto modo, habían sido falsificados. Amarga ironía. El franquismo no quería saber nada de aquel narrador agnóstico y antimilitarista, ácido con los valores tradicionales, que aparece en sus novelas y relatos de antes de la guerra. Prefería, claro está, las sátiras antirrepublicanas, sus invectivas contra Azaña y, sobre todo, Una isla en el mar rojo (1939), relato autobiográfico de una dolorosa vivencia que el propio autor, con el tiempo, marginó de sus obras completas. Era mejor identificar a Wenceslao con el cronista deportivo burlón y con el crítico taurino excéntrico que leer y contextualizar novelas como Las siete columnas (1926) o Relato inmoral (1927).
 






Estaba claro que la crítica oficial de posguerra había manipulado el sentido de esas novelas. Pero no sólo la crítica. También el autor cantó su palinodia tratando de volcar su sentido hacia posiciones más ortodoxas. Mucho peor fue su suerte con el paso de los años. Su novelística y su inmensa labor en prensa fueron postergadas casi en su totalidad. ¿Cómo podía plantearse el rescate del autor de Una isla en el mar rojo? Era más sencillo identificarlo con la dictadura. Y se hizo el silencio. La historia literaria española ha sido muy dada a este tipo de operaciones de inclusión y exclusión según sus intereses ideológicos, impregnada de ciertos usos judiciales. Surgieron los fiscales y mandaron al escritor al purgatorio..."allí donde sólo es audible la afonía de los muertos"... Aparecieron después unos pocos promotores del incienso. A la condena le sucedió la hagiografía, el relato de un hombre sin contradicciones, los beneficios de la elipsis. También se equivocaban.


Dentro de Wenceslao hay muchos Wenceslaos. Individualista, rebelde, dandi, tímido, escéptico, antirrepublicano. ¿Conservador? Sí, pero no siempre ni en la misma medida. Imposible agotar el retrato, porque el modelo es cambiante. Wenceslao vivió la Restauración, la dictadura de Primo, la República y el franquismo. Su pensamiento y su literatura se encuentran inscritos en una evolución que no puede reducirse a un corte sincrónico, a un adjetivo totalizador.


Wenceslao es sobre todo un maestro de las formas breves, del cuento y del artículo. Su talento brilla hasta la excelencia en los espacios cortos



Novelista mediano, Wenceslao es sobre todo un maestro de las formas breves, del cuento y del artículo. Su talento brilla hasta la excelencia en los espacios cortos. Las Acotaciones de un oyente, que se extienden a lo largo de veinte años, representan una historia de España pasada por el tamiz del sarcasmo. Su lectura es como aventurarse en el tren del miedo: un trayecto marcado por el asombro, la carcajada y la amargura. El humorista es siempre el hombre que sabe demasiado; por eso se le teme o se le desprecia. Nadie como Fernández Flórez vapuleó a una clase política egoísta y ágrafa. Mientras Valle-Inclán perfilaba su esperpento a través de la figura de un poeta ciego con la voz templada por el aguardiente, él asistía cada mañana, desde su tribuna de prensa en el Parlamento, a una sesión interminable y grotesca con personajes reales que graznaban delante de sus ojos. Fue un regeneracionista mesiánico: a su juicio, sólo Antonio Maura poseía el carisma político para emprender una purificación nacional que pasaba por la derrota del endémico caciquismo. La estación final de ese viaje por los baldíos del desengaño, una crónica titulada “El redactor de sucesos” que Wenceslao publica en ABC en abril del 36, aprieta todavía hoy en la garganta del lector como un torniquete: ante la inminencia de la tragedia, las palabras ya no sirven, se pudren en el papel o en la boca. ..Moribundo país. 







Sobresaliente en la crónica política, Fernández Flórez también es un notable costumbrista, aunque se reserva un poco más el acero y no pretende hacer sangre. Fue un crítico teatral ágil en la nota reporteril y justamente despreciativo con géneros como el astracán. Cerrado el grifo de la crónica política, se interna en la crónica deportiva y taurina armado de una distancia benévola, sin el ardor satírico y caricaturesco de otros tiempos. ¿Fue entonces un satírico que se quedó sin tema? ¿Se autocensuró, como señala Díaz-Plaja? Nos faltan datos para sostener una afirmación así. Más bien, parece que se adaptó a su público y exprimió su ironía (ya no ácida, sino melancólica) donde otros cayeron en la soflama política o murieron de inanición literaria.




Tres frases ...

 "Para la muerte y para el amor, para las miserias que creemos grandezas, la Naturaleza tiene el mismo gesto dulce, la misma mirada candorosa de Volvoreta, la misma misteriosa tranquilidad"...


 "Los pájaros volvieron. Ningún árbol tornó a pensar en convertirse en sillas y en trincheros. La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir". 


 "Un día llegan unos hombres al bosque y plantan un poste de telégrafos. Los árboles acogen con sorpresa la llegada del nuevo invitado, pues lo consideran uno más entre ellos. Se sienten deslumbrados por su aspecto: consideran que los hilos telegráficos son sus ramas interminables; frutos los aisladores de cristal, tronco esbelto y liso, el poste fruto de carpintería. Estos árboles son seres bondadosos e inocentes, a los que les gusta abrigar nidos de pájaros entre sus ramas, cantar melodías que imitan el fragor del mar contra las rocas, la marcha de un tren de vapor o el murmullo del viento, e invitan al poste telegráfico a realizar este tipo de cosas para que se sienta como uno más de ellos"... 



Un libro...

No encuentro mejor manera de presentarlo en esta página que con una novela que trata sobre Galicia.
¿Quieren saber lo que es Galicia? ¿Quieren de verdad penetrar en el alma gallega? Entonces dejenme que les muestre la  obra de mi paisano Wescenlao , una de las precursoras del realismo mágico. El bosque animado es una descripción por la que no pasan los años, aunque la Galicia rural y sometida ya no exista como tal. ¿O sí?




El bosque animado narra la vida de un pequeño lugar cercano a la capital, Cecebre, donde actualmente está situado el pantano que abastece de agua a toda la comarca. Pero en tiempos de nuestro buen Wescenlao , era una fraga, atravesada por caminos humedos y sombrios por donde huían las criaturas que lo habitaban, al más mínimo rumor de nuestra presencia. Porque el bosque es animado por la animación de la vida que lo envuelve, pero principalmente es animado por las ánimas de los seres que en ella viven, sean estos los árboles que no dejan ver el bosque, sean los animales que se desenvuelven entre ellos, sean las de los vivos y muertos que a su alrededor o de él viven.





Primero tendré que comentarles lo que es una fraga... "Una fraga es un bosque compuesto de diversas especies de árboles, sin que exista una especie mayoritaria. Los árboles, los matorrales, los insectos, las aves, los pequeños mamíferos, cantan todos juntos una canción que mece interiormente sus vidas". Vidas suaves y plácidas, solo interrumpidas por el paso del hombre, al que acompaña la tragedia, empujado por la explotación del bosque y por su codicia . También es la historia de estos hombres y mujeres, de Marica da Fame, del bandido Fendetestas, del alma en pena de Fiz de Cotobelo, de los señores D'abondo, caciques del lugar. Pero principalmente es la historia del bosque, de sus árboles y de sus criaturas, que se deslizan silenciosamente por sus veredas, intentando siempre pasar desapercibidos a la especie humana y que le dejen vivir sus pequeñas vidas, inmersas en la canción de los árboles. No se dejen engañar por la película que se hizo, basada en la novela, pero alejada de su contenido. Es la historia de un mundo que ya no es, pero que seguro se conserva en el alma común de la naturaleza, además de en estas páginas. En ellas Fernández Flórez consigue el milagro de traspasarnos con la poesía que envuelve las raíces de eso tan difícil de explicar que es Galicia.




EL Bosque animado esconde en su interior una de las metáforas políticas más potentes de la época y, sin duda, toda una declaración de intenciones de su autor.

El panteísmo de Fernández Flórez es más que conocido: todo el universo representa la obra de Dios, en la que el ser humano es una insignificante mota de polvo, en absoluto tan importante como para que la divinidad pierda el tiempo trazando un destino particular para cada uno, pero sí una obra suficientemente perfecta y coherente como para que todos ocupemos un lugar por insignificante que éste sea. Un lugar concreto y de posibilidades estrechas, con escaso margen de maniobra, donde cada uno tenemos la misma elección de partida: deprimirnos por el lugar que nos ha tocado (en cuanto intrascendente o indeseable o injusto que nos pueda parecer) o aceptarlo y vivir nuestra vida de la mejor forma que cada uno sea capaz y bien entienda.
Este punto de partida es del que salen las interpretaciones de Fernández Flórez como un autor reaccionario, pues se define el orden natural de las cosas como esencialmente inmutable y a cualquier intento de cambio o transformación como una perversión inútil. Sin embargo, nada hay en el fondo de esta idea más allá de la defensa del orden tradicional de las cosas, de la vida tal como era, y de la futilidad de derribar lo natural por otro orden artificial, de substituir lo sublime por lo mundano.
En cada una de las dieciséis escenas que componen El bosque animado se esconde algo de esta filosofía universalista y estática. El bosque de Cecebre (realmente existente y encuadrado en el municipio coruñés de Cambre, dónde nuestro autor tenía una casa de veraneo) resulta un espacio cerrado, un universo narrativo, un lugar simbólico de ámbito universal que encierra en su interior historias, situaciones y personajes representativos de esa metáfora global. Sus formas de relación, sus comportamientos, sus circunstancias y los hechos que les rodean, reproducen una imagen de lo que el universo es, de lo que nosotros somos en él, y de cuáles son los factores que condicionan la relación universal-personal, sin por eso revertir órdenes y jerarquías. No en vano la ordenación episódica deja paso a la más evidente “estancia”, lugar independiente pero también parte de otro más grande al que pertenece y de cuya construcción toma su sentido.
Y el principal factor de relación, en una lectura general, es la del azar fatalista, de un contexto donde lo que consideramos estable o constante se encuentra, en realidad, condicionado por el drama o el dolor o la muerte. Cuando sobreviene la fatalidad, la estabilidad se rompe y se quiebra, efectivamente de forma rotunda y definitiva, de una forma contundente y fuerte como ninguna otra teoría de cambio social ha sido capaz de conseguir hasta ahora (presente, otra vez aquí, el perenne escepticismo de Fernández Flórez).



Sin embargo, El bosque animado posee también una dimensión moral humana y humanista a la que pocas veces se le presta la atención que merece. Quizás porque, hijo de una época convulsa, otros aspectos de interpretación y crítica más apetitosos han asumido un protagonismo desmedido del libro. Conservador no significa inhumano, y este libro deja una ventana abierta a la bondad, a la generosidad o a la entrega hacia los demás. Con todo, estas características no dejan de ser excepcionales en un mundo humano criticado desde la fábula de los animales, víctimas constantes de la especie que acabó con el dodo en Madagascar sin venir a cuento y sin motivo, por simple capricho o voluntad asesina.
Al final de este recorrido moral es, precisamente, donde comienzan las interpretaciones (quizas) erróneas de El bosque animado. ¿Cómo es posible que quien así piensa de la especie humana parezca apostar, sin embargo, por el estatismo social o por la jerarquía natural de las cosas o ( como los críticos más furibundos han afirmado) por el irremediable mecanismo darwiniano de la victoria del más poderoso frente al más débil? Aquí es donde la literatura de Fernández Flórez se tiñe de esa moral cristiana para la que el fatalismo y la negrura de los pesimistas no es sino una fase, un exceso voluntario de un ser humano incompleto en cuanto se le desposee de una dimensión positiva a la que se le suele prestar escasa o ninguna atención. Una moral que para sus máximos detractores es optimismo o falta de realismo pero que, en sentido estricto, dota al ser humano de Fernández Flórez de una personalidad más vital de lo que los encorsetados personajes de buenos o malos suelen hacer en la literatura mainstream.
En cierta forma, esta personalidad viva y estos retratos complejos de escenas humanas perfectamente creíbles y reconocibles sean lo que, a pesar del tiempo y las muchas críticas vertidas, hace de El bosque animado un libro inolvidable de la literatura española (quizás uno de los pocos clásicos modernos de la década de 1940). Las versiones cinematográficas o las reediciones pueden ser un síntoma, pero no hay mejor prueba que su lectura pues, para cada lector que ha abierto sus páginas y se ha sumergido en ellas, aquella experiencia es para siempre un hermoso recuerdo grabado a fuego...

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http://unlibroaldia.blogspot.com/2010/11/wenceslao-fernandez-florez-el-bosque.html 
http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4304
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http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr15808/11963805RW.jpg
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sábado, 26 de noviembre de 2016

JOHN NASH...UNA MENTE MARAVILLOSA




Una mente privilegiada,pero golpeada durante años por la esquizofrenia,John Nash pasará a la historia como uno de los matemáticos mas brillantes del siglo XX,pero para el gran público será siempre el atormentado inspirador de la pelicula "Una mente maravillosa".
Premio Nobel de Economia en 1994 por su "Teoria de los Juegos" y responsable de varios progresos fundamentales en la aplicación de herramientas matemáticas a otros ambitos,Nash está considerado como uno de los grandes cerebros matemáticos de las últimas decadas.
Pero Nash es conocido porque el director Ron Howard lo llevó a la gran pantalla en 2001 bajo el título de "Una mente maravillosa" ,con Rusell Crowe en el papel de Nash,otorgandosele cuatro Oscar;entre ellos el de Mejor Pelicula.
Hijo de un ingeniero electrico y una maestra,Nash nació en 1928 en Bluefild,en Virginia Occidental rapidamente se distinguió por su capacidad intelectual,obteniendo Becas para estudiar en el Carnegie Institute of Technology de Pittsburgh y luego en Princeton.
Alli,publicó con solo 21 años,su conocida texis,que lo llevó al prestigioso Massachusetts Institute of Tecnology y a la compañia de tecnologis militar Rand.
En paralelo,las turbulencias comenzaban en su vida personal,con un breve romance del que nació un hijo en 1953 y,segun alguna  biografia,con varias relaciones homosexuales y un arresto por exposición indecente.
En 1957,Nash se casa con Alicia Lardé,investigadora de origen salvadoreño y al poco tiempo sus problemas mentales empiezan a empeorar.
Diagnosticado de esquizofrenia en 1959,pasó largas temporadas hospitalizado,fué tratado con descargas,huyó por un tiempo a Europa y perdió años pululando por Princeton en medio de la paranoia y teoria de conspiración en su contra.
En 1963 se divorció de su mujer que, sin embargo,se mantuvo a su lado y que en 1970 se lo llevó a su casa,donde poco a poco comenzó a superar la enfermedad.
Nash consiguió volver a la docencia y en 1994 recibiendo el Premio Nobel de Economia.
La pelicula contó con el visto bueno de Nash porque segun él "tiene bastante que ver con lo ocurrido",segun dijo su esposa con la que se habia vuelto a casar.
En los últimos años el matrimonio dedicó buena parte del tiempo en llamar la atención sobre las enfermedades mentales.


EL EQUILIBRIO DE NASH

A cada conjunto de estrategias denominado con frecuencia combinación de estrategias, que es una por jugador, se le asocia una salida del juego, caracterizada por las ganancias expresadas en forma de números que le toca a cada uno. Entre estas salidas puede haber unas más “interesantes” que otras, por ejemplo las que “reportan más”. Sin embargo, como regla general, la mayoría de las salidas, si no la totalidad, no son comparables entre ellas en el sentido que el paso de una a otra se traduce en un aumento de ganancias para unos y una baja para otros. No se puede pues aplicar el criterio de Pareto y, con mayor razón, no se puede decir que una de ellas es “superior” a todas las otras, según este criterio, salvo un caso muy particular.
Frente a la ausencia de una clasificación de las salidas que logre la unanimidad de los participantes, los teóricos de juegos adoptan un punto de vista mas limitado, que se puede calificar de “local” en el sentido de estudiar separadamente cada una de las salidas y las combinaciones de estrategias de las cuales ellas son el resultado; se le acuerda un estatuto privilegiado a las que son de “equilibrio”, esto es a las que los individuos, tomados uno a uno no tienen interés en desechar -es típico de una situación en la cual “nada se mueve”-. Porque el matemático John Nash estableció un importante resultado en 1950 sobre la existencia de situaciones de este tipo, se habla entonces de la existencia de equilibrios de Nash.
Así, por definición, se dice de una combinación de estrategias (una por jugador) que está en equilibrio de Nash si ningún jugador puede aumentar sus ganancias por un cambio unilateral de estrategia. Con frecuencia se identifica, por abuso del lenguaje y sin que ello tenga consecuencias, un equilibrio de Nash con la salida que le corresponde.
En la definición del equilibrio de Nash el adjetivo “unilateral” ocupa un lugar esencial, en tanto ello traduce el carácter no cooperativo de las elecciones individuales (el “cada cual para sí mismo”). Así es bastante posible que en un equilibrio de Nash la situación se puede mejorar para todos por medio de un cambio simultáneo de estrategia por parte de varios jugadores. Volveremos sobre este importante punto cuando nos referimos a la eficiencia del equilibrio de Nash.



a) Importancia y límites del equilibrio de Nash.
El equilibrio de Nash ocupa un lugar central en la teoría de juegos; constituye de alguna manera una condición mínima de racionalidad individual ya que, si una combinación de estrategias no es un equilibrio de Nash, existe al menos un jugador que puede aumentar sus ganancias cambiando de estrategia, y en consecuencia, ésta se puede considerar difícilmente como una “solución” del modelo en la medida en que el jugador interesado en cambiar descarta su elección, después de conocer la de los otros.
Ahora, el recíproco de esta proposición no es generalmente verdad: si un juego admite un equilibrio de Nash no existe una razón a priori para que éste aparezca como la “solución” evidente, que se impone a los ojos de todos los jugadores. Ello al menos por una razón: con frecuencia los juegos admiten varios equilibrios de Nash, como se constata en el ejemplo de dos que han diseñado normas diferentes de emisión para la televisión. En efecto, la pareja de estrategias: 
(A adopta la norma A, B adopta la norma A) es un equilibrio de Nash del modelo en tanto A evidentemente no tiene interés de cambiar de estrategia habida cuenta la elección de B; este tampoco ya que la coexistencia de dos normas diferentes es el caso más desfavorable para las dos empresas.
Ahora, la pareja de estrategias:
(A adopta la norma B, B adopta la norma B) es de igual manera un equilibrio de Nash, como se puede verificar de manera inmediata. Ninguno de estos dos equilibrios aparece como una solución evidente porque A prefiere la primera ya que impone su norma y B la segunda, por iguala motivo. Se deduce la posibilidad de que cada uno escoja producir según su propia norma, pensando que el otro lo seguirá, con el resultado de una salida que no es de equilibrio, pues es mala para todos. Se encuentra la cuestión central para el microeconomista, la coordinación, propuesta en el marco de juegos, pero igualmente no resuelta por éste mismo marco.




b) Equilibrios de Nash ante condiciones mas restrictivas.
El problema de la multiplicidad de equilibrios de Nash, en un juego dado, es indudablemente la principal fuente de preocupación para los teóricos de los juegos, que han buscado su solución considerando, por ejemplo, que ciertas elecciones no son completamente “razonables” o “creíbles”. De tal manera, si retomamos nuestro ejemplo, pero con un orden preestablecido en los golpes (digamos, A “juega” primero y B después), entonces nos encontramos en presencia de los dos mismos equilibrios, pero ahora uno de ellos es poco “creíble”, el que A y B adopten la norma de B. En efecto, no se ve por que A tomaría tal decisión ya que tomó la delantera; es cierto que B puede esgrimir una amenaza: “pase lo que pase, produciré con mi propia norma” y que, si tal es el caso A tendría interés en producir según la norma B por ello hay un equilibrio. Pero, será que A tomará en serio la amenaza de B?
Se puede dudar porque, si A decide producir según su propia norma sería suicida por parte de B poner en ejecución su amenaza, lo que provocaría la ruina de A, pero también la suya. Sabiendo eso, A actuará de distinta manera. En consecuencia, existen un de los equilibrios de Nash que se impone como solución:
(A produce según la norma A, B según la norma A).
Se dice de tal solución, en donde el orden de los golpes estipulado con antelación juega un papel importante, que es un equilibrio perfecto; esta solución comporta elementos de los equilibrios de Nash, haciendo intervenir elementos suplementarios.
Notemos, además, que la hipótesis de información completa juega un papel esencial; A debe estar “seguro” que B actuará como se previó ya que, si existe el más mínimo riesgo de que no fuera así y que B cumple con su amenaza, entonces la decisión no es tan evidente. Por ello el interés de B de forjarse una reputación del tipo que “no cede jamás”; no obstante, hay que entrever por ello opciones sucesivas y, en consecuencia, juegos repetidos, como lo veremos mas adelante.
En el caso donde se presenten varios equilibrios con decisiones simultáneas, donde ninguna de ellas sea superior a la otra según el criterio de Pareto, ciertos teóricos de los juegos han propuesto la siguiente solución: los participantes se ponen de acuerdo para la selección a la suerte de uno de los equilibrios, lo cual se evita la indeterminación y se elude también la realización de salidas “peores”, como aquella de cada uno producir según su propia norma.
Esta solución, que es todavía un equilibrio de Nash, se denomina un equilibrio correlacionado. Notemos que esta solución supone una cierta forma de colaboración, que es el acuerdo previo sobre el principio de tirar a la suerte los equilibrios y sobre el procedimiento de azar empleado hay que darle la misma probabilidad a todos los equilibrios o hay que atribuirles probabilidades diferentes?.
A pesar de existir un cierto acuerdo sobre el procedimiento a emplear, de todas maneras se está en presencia de una solución no cooperativa, en el sentido en que nadie tiene interés en apartarse unilateralmente, porque la salida retenida es un equilibrio de Nash. 


c) Equilibrio de Nash y optimalidad.
Otro de los límites esenciales del equilibrio de Nash en tanto “solución” de un juego, reside en el hecho que tal equilibrio es con frecuencia subóptimo, en el sentido de Pareto. Ya hemos constatado con el equilibrio de Cournot -denominado de Cournot-Nash por los microeconomistas-, donde la filosofía del “cada uno para sí mismo” conduce a una salida en la cual los beneficios son menores que si hubiera acuerdo entre los duopolistas. Sin embargo, tal acuerdo no es de equilibrio en la medida en que cada cual tiene interés de no respetarlo si el otro lo respeta. Este tipo de situación es muy corriente: pensemos en el agricultor que enfrenta cuotas de producción que le son impuestas a él y a todos los agricultores con el fin de evitar el desplome de precios y que, además, busca sobrepasarlas para beneficiarse de los precios favorables originados en la existencia misma de estas cuotas; pensemos también en los bienes colectivos infraestructuras, ambiente y condiciones de vida que todo el mundo desea aprovechar, pero escapando a su financiación, en el caso de existir una cotización voluntaria. Es el mismo caso de las barreras proteccionistas con las cuales cada país desea rodearse, pero buscando exportar el máximo. Existen tantos ejemplos de este tipo, que se podría decir que ocultarían la mayoría de las relaciones sociales si estas se redujeran a la filosofía de “cada uno para sí mismo”.
Se ha tomado la costumbre por parte de los teóricos de juegos, lo mismo que por parte de sociólogos, economistas etc. de ilustrar este tipo de situación empleando una “pequeña historia” propuesta por A.W. Tucker y que llamó el dilema del prisionero que se puede resumir de la siguiente manera.
Dos individuos sospechosos de haber cometido un robo son detenidos por al policía que los lleva ante el juez, el cual los interroga separadamente. Cada uno puede callar o denunciar a su cómplice; los dos se encuentran ante las Siguientes posibilidades:
  • ·Callar y salir libre si el otro hace lo mismo;
  • ·Callar y ser condenado si el otro escoge denunciarlo;
  • ·Denunciar al otro y salir libre, ganándose una recompensa si el otro se calla;
  • ·Denunciar al otro y quedarse en prisión por un tiempo si el otro decide de la misma manera la delación.
Se constata fácilmente que el único equilibrio de Nash consiste en una denuncia mutua, lo que evidentemente es subóptimo ya que los dos sufren una condena, en tanto que si se hubieran callado habrían sido liberados. No obstante este equilibrio es “robusto” en el sentido en que la estrategia de acusar al otro es dominante cualquiera que sea la elección del otro, la denuncia le procura una ganancia superior.
Notemos que acá hay un dilema porque cada cual toma su decisión sólo considerando sus propios intereses y sabiendo que el otro actúa de la misma manera. Incluso, aceptando que los dos individuos se puedan comunicar previamente, no cambia nada la cosa, ya que al momento de escoger la estrategia dominante, “denunciar al otro” se impone. El problema no está pues en la posibilidad de comunicarse o no antes de tomar una decisión, sino más bien en la existencia de acuerdos obligatorios cuyo incumplimiento implica sanciones y de instituciones que velen por su aplicación, las cuales son difíciles de introducir en el ejemplo que nos ocupa.
El dilema del prisionero, o más exactamente las situaciones que representa, crean un problema fundamental al microeconomista, porque queda claro el hecho de las decisiones racionales por parte de individuos puede conducir a una “solución” -equilibrio- poco satisfactoria, es decir, subóptima por tanto “colectivamente irracional”. De ahí las numerosas tentativas de los teóricos de los juegos para salir de este “dilema”, pero siempre preservando el principio según el cual cada cual sólo busca su propio beneficio, es decir, maximizar sus ganancias. Entre estas tentativas, el recurso a los juegos repetidos, ocupa un lugar importante. 
Bibliografia:
El Progreso
 http://www.eumed.net/cursecon/libreria/bg-micro/5b




viernes, 25 de noviembre de 2016

KARL POPPER.....EL FALSACIONISMO




En ciencias naturales pensamos que no inventamos las reglas de la Naturaleza sino que las descubrimos. Para la gente de ciencia el mundo está “allá afuera”, no en nuestra mente, siendo percibido a través de sentidos y analizado usando la razón. ¿Hay dudas respecto a esto? Sí. Al menos tan antigua como Hume  es la objeción de que no podemos tener certeza de que el mundo realmente existe “allá afuera”, pues podría ser una ilusión. Cuando escribo este artículo, ¿cómo descartar que mi cerebro esté conectado a cables alimentándole información equivalente a la que tendría si pudiera percibir el mundo, pero habiendo “allá afuera” algo completamente distinto? ¿Qué tal si mis recuerdos, la gente que conozco, lo que he leído, las noticias de la prensa, en fin, todo no es más que un elaborado espejismo, pero no hay en el mundo nada más que mi mente? Cuando Hume plantea esto, lo hace en términos de su mente. Yo podría decir que mi propia existencia (mi noción de mí mismo) es evidencia contra su planteamiento, pero Hume también puede ser alguien que yo imagino y que no estuvo “allá afuera” hace tres siglos. Ustedes, al leer esto, pueden plantearse lo mismo. Yo podría ser no más que un fantasma dentro de vuestra cabeza, no una entidad intelectual distinta de ustedes reflexionando sobre filosofía y ciencia. O también, como Descartes temía podría ser que yo esté soñando. O ustedes lo estén.
No hay respuesta al dilema, pero es posible complicar aún más las cosas: Con el post-modernismo ha ganado popularidad un análisis filosófico de tipo social. Según éste, habría base para pensar que mucho del mundo (en una variante más radical, todo en el mundo) sólo existe en el contexto de una sociedad determinada, no habiendo una naturaleza común “allá afuera” sino un enorme muestrario de “aquí entre nosotros”.
En este artículo acepto la concepción científica del mundo. ¿Es un acto de fe? Lo veo más como una hipótesis de trabajo. Aún si el mundo es una ilusión, parece que la ciencia ayuda a encontrar un cierto orden en esta ilusión. Quizás si pudiéramos salirnos de la ilusión veríamos que la ciencia sería tan ficticia como los deportes, el esoterismo o la comida, pero estamos admitiendo que no podemos salir de la ilusión. Ante esto sólo queda optar, sin tener certidumbres y sin olvidar la humildad que esta opción implica.
Diremos, entonces, que descubrimos las reglas de la Naturaleza mediante un proceso que combina el uso de la razón con la experimentación. A este proceso lo llamamos ciencia o hacer ciencia. El resultado neto de tal proceso es la producción de teorías científicas, las que resumen afirmaciones científicas acerca del mundo. Decir “si no te vas ahora llegarás tarde a la reunión” es una afirmación; “hoy es seguro que llega mi cheque” es otra; “si aceleramos las partículas lo suficiente, detectaremos nuevas subpartículas” también lo es. En nuestra experiencia cotidiana nos enfrentamos a muchísimas afirmaciones, pero no todas son producidas científicamente ni sirven para hacer ciencia. En los ejemplos de este párrafo las dos primeras afirmaciones son científicas; la tercera no. ¿Cómo reconocerlas? ¿Tiene alguna consecuencia para nosotros no diferenciar claramente las afirmaciones científicas de las no científicas?

Verificacionismo
Hasta el siglo XIX se pensaba que la ciencia debía basarse en afirmaciones verificables. Esto quiere decir que entrarían a formar parte del conocimiento científico aquellas afirmaciones que, por medio de un experimento, pudiéramos probar que eran verdaderas. Por ejemplo se podría formular la teoría “si lanzo esta piedra hacia arriba, tras unos instantes caerá”. Es claramente posible llevar a cabo el experimento y confirmar que la teoría es cierta. En ciencias, sin embargo, importa poco saber qué pasará con una piedra específica en un determinado momento; mucho más importante es tratar de hallar una generalización que nos diga qué pasará con cualquier piedra en cualquier momento. ¿Es posible verificar una afirmación de tal calibre? Hace su entrada el induccionismo. Si lanzo una piedra hacia arriba, después de unos instantes cae; si repito este experimento cien veces, la piedra cae las cien veces. Inducir significa que acepto como cierta, para el futuro, la generalización de una gran cantidad de experiencias pasadas. No me molesto en lanzar la piedra la vez cientouno para decir que en esa ocasión volverá a caer.
Aunque hasta cierto punto funciona, la alianza entre verificacionismo e induccionismo tiene sus límites. Para empezar no hay una buena justificación del induccionismo más que el induccionismo mismo (sabemos que el induccionismo ha funcionado hasta ahora y entonces suponemos, por inducción, que seguirá funcionando), lo cual no es ninguna justificación. Pero además penan otras dudas; por ejemplo, ¿cuánto es una “gran cantidad” de observaciones? ¿10? ¿100? ¿1000? ¿Cómo saber si todas las observaciones juntas de la historia de la ciencia no son representativas más que de una pequeñísima parte de la escala temporal de los problemas en estudio? ¿En qué momento, entonces, podemos trazar la línea y comenzar a usar la ciencia para hacer predicciones pues habremos observado suficiente?
Además subsiste la duda sobre lo que constituye prueba de una afirmación. Para casos triviales, como la piedra que sube y baja, la prueba es obvia, pero ¿qué pasa en el caso de afirmaciones hechas respecto a asuntos como la historia de los seres humanos?,por ejemplo en el Manifiesto Comunista (Karl Marx, 1818-1883)  ¿Se pueden verificar las afirmaciones expuestas en él sobre la lucha de clases? Ciertamente. Basta definir claramente lo que entendemos por lucha de clases, y hacer una investigación histórica de cada una de las sociedades humanas que han poblado el planeta (suponiendo que esto sea posible). No sé si alguien ha intentado esta tarea ni si, de haberlo hecho, ha logrado ponerse de acuerdo con otros historiadores en sus conclusiones. Pero del marxismo surgieron también otras afirmaciones, esta vez no hacia el pasado sino hacia el futuro, que resultaron claramente incorrectas a pocas décadas plazo. Los marxistas de la época, en lugar de reconocer el error de las predicciones, matizaron o interpretaron algunos aspectos de ellas una vez que el evento ya había tenido lugar, en un intento por mostrar que, bajo alguna luz, el pronóstico había sido correcto, y por tanto el marxismo no se había equivocado. ¿Por qué este empeño? Política, claro, pero además por una noción que apela a nuestro sentido común: si la teoría explica más, es más valiosa. Una teoría que explique el 90% de los casos es buena, pero una teoría que explique el 99% de los casos es mejor todavía. ¿Cierto? No tanto. Según Popper, ambas son material para el papelero.


Falsacionismo.
Para el filósofo vienés Karl Popper , la clave no estaba en lo que una teoría es capaz de explicar sino en aquello que no puede explicar. Una teoría diseñada de tal modo que rechace la posibilidad de no explicar es una teoría defectuosa. Antes de seguir adelante, digamos, en favor de Karl Marx, que la posición de Popper no fue que las ideas originales de Marx tenían este defecto, sino que el tipo de defensa usada por los marxistas que heredaron las ideas de Marx introdujo este defecto en la versión más popular del marxismo.
Por ejemplo, en la siguiente afirmación se incluye el tipo de tara señalada por Popper: “Es seguro que hoy llueve o no llueve”. ¿Hay algún evento (relacionado con la lluvia) que esta afirmación no contemple? Si llueve, la afirmación es cierta; si no llueve, también lo es. Para Popper, sin embargo, esta clase de certidumbre vale muy poco pues no enfrenta desafíos. Da igual que afuera caiga o no caiga agua; la afirmación seguirá en pie, pero sólo como un montón de palabras que no afinará mi conocimiento del mundo.
Popper resumió su modo de pensar en el concepto falsacionismo. La idea es así: "Una afirmación es falsable si es que es posible (aunque sea sólo en teoría) diseñar un experimento tal que uno de los potenciales resultados de ese experimento es que la afirmación sea falsa".

Respira hondo y lee la frase anterior de nuevo. ¿Una vez más? O.K., ya está, sigamos. La idea no es compleja, pero se presta a confusión, quizás por el parecido entre las palabras, con la idea de falsedad. ¿Una idea falsable es falsa? No necesariamente. El punto clave es que puede serlo. Una idea no-falsable nunca es falsa, pero tampoco nos dice nada respecto al mundo y entonces es una pobre aseveración decir que es cierta.
De acuerdo a las ideas de Popper ¿qué podemos decir que sabemos sobre el mundo? 
"A diferencia del verificacionismo, que planteaba que la ciencia era una acumulación de verdades, el falsacionismo plantea que la ciencia es una acumulación de afirmaciones falsables que, hasta la fecha, no han sido probadas falsas".
El falsacionismo advierte que una teoría tan buena como la Teoría de la Relatividad, que es falsable, puede ser demolida en cualquier momento si hacemos un experimento que la pruebe falsa. Mientras ello no ocurra ¿decimos que la Teoría de la Relatividad es verdadera? No, sólo podemos decir que hasta hoy no se ha mostrado que sea falsa. Mientras más intentos hacemos por probar que una idea (falsable) es falsa, y no lo logramos, más valiosa es esa idea para la ciencia, pero esto no equivale a saber que esa idea es verdadera. Las mejores teorías científicas son aquellas que han resistido más intentos por probar que son falsas.





Resumiendo...el falsacionismo nos permite separar las ideas que sirven para hacer ciencia de las que no. Cuando digo “hacer ciencia” no pienso sólo en temas donde aparecen palabras como átomos, ondas o radiación, sino en cualquier actividad humana donde nuestras afirmaciones tengan algo que ver con el mundo físico, lo que incluye áreas tan diversas como la economía, la filatelia o el volleyball. Esto no quiere decir que nuestra única aproximación a un problema deba ser científica. La ciencia es un instrumento para conocer la dimensión física del mundo, pero en nuestra sociedad suele ocurrir que lo físico es apenas el marco del drama humano en que actuamos. La ciencia, apoyada en el falsacionismo, nos aporta un caudal de datos sobre cualquier situación, pero no nos dice qué es lo que debemos hacer en un caso dado. Ese rol lo tiene, persona a persona, la filosofía o alguna forma de espiritualidad, de modo que nuestras opciones personales siguen siendo, tanto como siempre, las verdaderas protagonistas de nuestra historia.

http://tauzero.org/2003/12/karl-popper-y-el-falsacionismo/

domingo, 20 de noviembre de 2016

CHARLES SCHULZ...PADRE DE CARLITOS Y SNOOPY

 
Todas las mañanas, al abrir el periódico, solíamos reírnos y emocionarnos con “Peanuts”, la historieta que protagonizaban el perro Snoopy y su amigo Charlie Brown. Pero…. ¿conoce la historia de su creador? 
Ya desde muy chico, Charles Schulz, se perfilaba como un gran dibujante. Según cuenta la historia, un profesor de su escuela, al observar un dibujo que el pequeño Schultz hacía en la nieve, quedó totalmente asombrado, y lo instó a que ponga todo su empeño en desarrollar sus innatas condiciones de artist 
Sin embargo, tal vez, éste profesor tampoco habría llegado al extremo de pensar que ese niño crearía, con el correr del tiempo,una de las historietas  más popular de la historia del mundo entero 
                                


Schultz no concurrió a ninguna sofisticada y costosa escuela de dibujo, sino que tomó sus lecciones con un curso de correspondencia.

 Sus primeros trabajos relacionados con las historietas, fueron como instructor en esa misma escuela, así como para escribir los subtítulos de Tímeles Topics, una sección de los comics Católicos. En esas historietas, ya solía dibujar sus mundos conformados sólo por chicos.

 Otros instructores del curso de correspondencia, vieron esas historietas y lo animaron a que dibujara más tiras con niños como protagonistas. Entre 1948 y 1950, vendió 15 historietas al diario Saturday Evening Post, las cuales fueron sus primeras ventas a un mercado importante. Luego, en 1950, vendió la famosa “Peanuts” al United Feature Syndicate. 

 Casi todos los personajes, llevaban nombres que fueron tomados de sus compañeros de la escuela de dibujo en la que enseñaba Schultz. Charlie Brown, por ejemplo, era un muy buen amigo de ese instituto.
  
Para crear sus inolvidables personajes, Schultz dijo alguna vez que a menudo se había inspirado en las cosas que a él mismo le habían sucedido.

 Por ejemplo, jugar al  béisbol y al hockey, era uno de sus pasatiempos favoritos, aunque Cherlie, cuando jugó en el equipo de béisbol de su secundario, que salió campeón, jamás pudo ni siquiera meter un tanto. No era tampoco muy bueno en el bowling y el bridge, y solía sufrir bastante esas derrotas, aunque mucho más el hecho de no poder calificar para un torneo del golf. 




 Muchas veces, esperó en una cola por largas horas, para conseguir las entradas para ver su película favorita, (cierto día, estuvo parado durante más de un día con la esperanza de ser uno de los primeros 500, que podrían conseguir la entrada a la película y ganar una barra de caramelo.

 Él cree que debe de haber sido la persona número 501…, el ser rechazado cuando propuso matrimonio, o el tener un padre peluquero, eran todas facetas experimentadas durante su vida, que era también la vida de cientos de miles de personas alrededor del mundo.

 En efecto… ¿Cuántos de nosotros nos hemos sentido identificados con las mínimas y sencillas cosas que pasaban en la historieta, como cuando Lucy le hacía una travesura a Charlie Brown, sacándole la pelota de fútbol,justo antes de que éste le pueda pegar con el pie, o con las derrotas que el mismo Charlie sufría en sus partidos de béisbol? 




 ¿Cuántos de nuestros sueños no han sido finalmente alcanzados? Todas estas circunstancias, angustias y alegrías, estaban descriptas en la vida de Charlie Brown, de quien Schultz afirmaba que representaba a todos los hombres, por lo cual muchas de sus historias solían terminar mal…

Schultz también tuvo, de chico, un perro de raza “mezcla”, el cual se llamaba Spike, y se comía todo lo que encontraba a su camino… ¿Le suena familiar? Sí, fue quién inspiró a Snoopy. 




 Pero Snoopy, también soñaba con ser piloto en la Segunda Guerra Mundial, e intentaba siempre escribir la Gran Novela Americana. Por su parte, El piano de juguete que le regalo a su hija en un cumpleaños, inspiró a Schultz a crear el personaje de Schroeder, quien deseaba ser el segundo Beethoven.

 Incluso, Schultz se inspiró en la mismísima Biblia. Cierta vez, Linus le dijo a Lucy que no lo cargará demasiado… ya que la Biblia señalaba que era obligación respetar a los mayores. La vuelta de tuerca era cuando Lucy le recordaba que él era, en realidad, más joven que ella, a lo que Linus le respondió que no se trataba de la edad, sino del alma.




Muchas veces, Lucy, Linus y Charlie Brown miraban las nubes. Cuando Linus presumió de su sabiduría, diciendo que las diversas formaciones le hacían recordar a pasajes bíblicos, ciudades del mundo, y artistas, Charlie Brown le respondió: “yo iba a decir que ví un pato y un pony, pero creo que ya cambie de opinión…”.

 Schulz falleció el 12 de febrero de 2000, a los 77 años, de un ataque del corazón. Además, desde hacía tres meses, también luchaba contra un cáncer de colon, que le impidió (sumado a su visión muy dañada) continuar dibujando la historieta que él tanto amó.

                    

Schultz murió justamente un día antes de que la última tira original de “Peanuts” fuese publicada. Para eso entonces, esta historieta había sido publicada en 21 idiomas, dentro de 2.600 periódicos alrededor del mundo. Según dijo el propio dibujante, había ganado cerca de 55 millones de dólares con esa historieta, y ya tenía su propia estrella en la calle de la fama de Hollywood.

 Si bien Schultz afirmó estar orgulloso de poder trabajar durante cincuenta años de algo por lo que él sentía pasión, también señaló que no había planeado retirarse al momento en que lo hizo, sino cuando atravesara sus 80 años.

 Si pensamos que Schultz había dicho que él se parecía a Charlie Brown, por el hecho de que muchas de sus historias no tenían un final feliz, los últimos días de su vida no fueron más que una confirmación de sus historias.


 

 Sin embargo, seguramente también debió reparar en que muchas personas, alrededor de todo el mundo jamás olvidarán a Charlie Brown, Snoopy, Lucy, Linus, Peppermint Patty, y Schroeder, y sus grandiosos momentos que pasaban cada mañana, cuando leían sus historias en los periódicos, antes que cualquier otra noticia…
 http://confirmado.com.ve/tal-dia-como-hoy-muere-charles-schultz-el-padre-de-snoopy-y-charlie-brown/