miércoles, 30 de noviembre de 2016

WENCESLAO FERNANDEZ FLÓREZ EN EL PURGATORIO.



La primera vez que me topé con la firma de Wenceslao Fernández Flórez en prensa fue hojeando una recopilacion de  La Codorniz, la revista fundada por Miguel Mihura en 1941. Mihura lo mimaba con una página completa en el semanario, pero Wenceslao era un satírico y no encajaba con el humorismo lírico y absurdista de raíz ramoniana que se exhibía en La Codorniz. Inmediatamente consulté historias literarias y me di cuenta de que apenas había sitio para él.
¿Qué ocurría? Quise indagar más. Advertí que el nombre de Wenceslao y su literatura, en cierto modo, habían sido falsificados. Amarga ironía. El franquismo no quería saber nada de aquel narrador agnóstico y antimilitarista, ácido con los valores tradicionales, que aparece en sus novelas y relatos de antes de la guerra. Prefería, claro está, las sátiras antirrepublicanas, sus invectivas contra Azaña y, sobre todo, Una isla en el mar rojo (1939), relato autobiográfico de una dolorosa vivencia que el propio autor, con el tiempo, marginó de sus obras completas. Era mejor identificar a Wenceslao con el cronista deportivo burlón y con el crítico taurino excéntrico que leer y contextualizar novelas como Las siete columnas (1926) o Relato inmoral (1927).
 






Estaba claro que la crítica oficial de posguerra había manipulado el sentido de esas novelas. Pero no sólo la crítica. También el autor cantó su palinodia tratando de volcar su sentido hacia posiciones más ortodoxas. Mucho peor fue su suerte con el paso de los años. Su novelística y su inmensa labor en prensa fueron postergadas casi en su totalidad. ¿Cómo podía plantearse el rescate del autor de Una isla en el mar rojo? Era más sencillo identificarlo con la dictadura. Y se hizo el silencio. La historia literaria española ha sido muy dada a este tipo de operaciones de inclusión y exclusión según sus intereses ideológicos, impregnada de ciertos usos judiciales. Surgieron los fiscales y mandaron al escritor al purgatorio..."allí donde sólo es audible la afonía de los muertos"... Aparecieron después unos pocos promotores del incienso. A la condena le sucedió la hagiografía, el relato de un hombre sin contradicciones, los beneficios de la elipsis. También se equivocaban.


Dentro de Wenceslao hay muchos Wenceslaos. Individualista, rebelde, dandi, tímido, escéptico, antirrepublicano. ¿Conservador? Sí, pero no siempre ni en la misma medida. Imposible agotar el retrato, porque el modelo es cambiante. Wenceslao vivió la Restauración, la dictadura de Primo, la República y el franquismo. Su pensamiento y su literatura se encuentran inscritos en una evolución que no puede reducirse a un corte sincrónico, a un adjetivo totalizador.


Wenceslao es sobre todo un maestro de las formas breves, del cuento y del artículo. Su talento brilla hasta la excelencia en los espacios cortos



Novelista mediano, Wenceslao es sobre todo un maestro de las formas breves, del cuento y del artículo. Su talento brilla hasta la excelencia en los espacios cortos. Las Acotaciones de un oyente, que se extienden a lo largo de veinte años, representan una historia de España pasada por el tamiz del sarcasmo. Su lectura es como aventurarse en el tren del miedo: un trayecto marcado por el asombro, la carcajada y la amargura. El humorista es siempre el hombre que sabe demasiado; por eso se le teme o se le desprecia. Nadie como Fernández Flórez vapuleó a una clase política egoísta y ágrafa. Mientras Valle-Inclán perfilaba su esperpento a través de la figura de un poeta ciego con la voz templada por el aguardiente, él asistía cada mañana, desde su tribuna de prensa en el Parlamento, a una sesión interminable y grotesca con personajes reales que graznaban delante de sus ojos. Fue un regeneracionista mesiánico: a su juicio, sólo Antonio Maura poseía el carisma político para emprender una purificación nacional que pasaba por la derrota del endémico caciquismo. La estación final de ese viaje por los baldíos del desengaño, una crónica titulada “El redactor de sucesos” que Wenceslao publica en ABC en abril del 36, aprieta todavía hoy en la garganta del lector como un torniquete: ante la inminencia de la tragedia, las palabras ya no sirven, se pudren en el papel o en la boca. ..Moribundo país. 







Sobresaliente en la crónica política, Fernández Flórez también es un notable costumbrista, aunque se reserva un poco más el acero y no pretende hacer sangre. Fue un crítico teatral ágil en la nota reporteril y justamente despreciativo con géneros como el astracán. Cerrado el grifo de la crónica política, se interna en la crónica deportiva y taurina armado de una distancia benévola, sin el ardor satírico y caricaturesco de otros tiempos. ¿Fue entonces un satírico que se quedó sin tema? ¿Se autocensuró, como señala Díaz-Plaja? Nos faltan datos para sostener una afirmación así. Más bien, parece que se adaptó a su público y exprimió su ironía (ya no ácida, sino melancólica) donde otros cayeron en la soflama política o murieron de inanición literaria.




Tres frases ...

 "Para la muerte y para el amor, para las miserias que creemos grandezas, la Naturaleza tiene el mismo gesto dulce, la misma mirada candorosa de Volvoreta, la misma misteriosa tranquilidad"...


 "Los pájaros volvieron. Ningún árbol tornó a pensar en convertirse en sillas y en trincheros. La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir". 


 "Un día llegan unos hombres al bosque y plantan un poste de telégrafos. Los árboles acogen con sorpresa la llegada del nuevo invitado, pues lo consideran uno más entre ellos. Se sienten deslumbrados por su aspecto: consideran que los hilos telegráficos son sus ramas interminables; frutos los aisladores de cristal, tronco esbelto y liso, el poste fruto de carpintería. Estos árboles son seres bondadosos e inocentes, a los que les gusta abrigar nidos de pájaros entre sus ramas, cantar melodías que imitan el fragor del mar contra las rocas, la marcha de un tren de vapor o el murmullo del viento, e invitan al poste telegráfico a realizar este tipo de cosas para que se sienta como uno más de ellos"... 



Un libro...

No encuentro mejor manera de presentarlo en esta página que con una novela que trata sobre Galicia.
¿Quieren saber lo que es Galicia? ¿Quieren de verdad penetrar en el alma gallega? Entonces dejenme que les muestre la  obra de mi paisano Wescenlao , una de las precursoras del realismo mágico. El bosque animado es una descripción por la que no pasan los años, aunque la Galicia rural y sometida ya no exista como tal. ¿O sí?




El bosque animado narra la vida de un pequeño lugar cercano a la capital, Cecebre, donde actualmente está situado el pantano que abastece de agua a toda la comarca. Pero en tiempos de nuestro buen Wescenlao , era una fraga, atravesada por caminos humedos y sombrios por donde huían las criaturas que lo habitaban, al más mínimo rumor de nuestra presencia. Porque el bosque es animado por la animación de la vida que lo envuelve, pero principalmente es animado por las ánimas de los seres que en ella viven, sean estos los árboles que no dejan ver el bosque, sean los animales que se desenvuelven entre ellos, sean las de los vivos y muertos que a su alrededor o de él viven.





Primero tendré que comentarles lo que es una fraga... "Una fraga es un bosque compuesto de diversas especies de árboles, sin que exista una especie mayoritaria. Los árboles, los matorrales, los insectos, las aves, los pequeños mamíferos, cantan todos juntos una canción que mece interiormente sus vidas". Vidas suaves y plácidas, solo interrumpidas por el paso del hombre, al que acompaña la tragedia, empujado por la explotación del bosque y por su codicia . También es la historia de estos hombres y mujeres, de Marica da Fame, del bandido Fendetestas, del alma en pena de Fiz de Cotobelo, de los señores D'abondo, caciques del lugar. Pero principalmente es la historia del bosque, de sus árboles y de sus criaturas, que se deslizan silenciosamente por sus veredas, intentando siempre pasar desapercibidos a la especie humana y que le dejen vivir sus pequeñas vidas, inmersas en la canción de los árboles. No se dejen engañar por la película que se hizo, basada en la novela, pero alejada de su contenido. Es la historia de un mundo que ya no es, pero que seguro se conserva en el alma común de la naturaleza, además de en estas páginas. En ellas Fernández Flórez consigue el milagro de traspasarnos con la poesía que envuelve las raíces de eso tan difícil de explicar que es Galicia.




EL Bosque animado esconde en su interior una de las metáforas políticas más potentes de la época y, sin duda, toda una declaración de intenciones de su autor.

El panteísmo de Fernández Flórez es más que conocido: todo el universo representa la obra de Dios, en la que el ser humano es una insignificante mota de polvo, en absoluto tan importante como para que la divinidad pierda el tiempo trazando un destino particular para cada uno, pero sí una obra suficientemente perfecta y coherente como para que todos ocupemos un lugar por insignificante que éste sea. Un lugar concreto y de posibilidades estrechas, con escaso margen de maniobra, donde cada uno tenemos la misma elección de partida: deprimirnos por el lugar que nos ha tocado (en cuanto intrascendente o indeseable o injusto que nos pueda parecer) o aceptarlo y vivir nuestra vida de la mejor forma que cada uno sea capaz y bien entienda.
Este punto de partida es del que salen las interpretaciones de Fernández Flórez como un autor reaccionario, pues se define el orden natural de las cosas como esencialmente inmutable y a cualquier intento de cambio o transformación como una perversión inútil. Sin embargo, nada hay en el fondo de esta idea más allá de la defensa del orden tradicional de las cosas, de la vida tal como era, y de la futilidad de derribar lo natural por otro orden artificial, de substituir lo sublime por lo mundano.
En cada una de las dieciséis escenas que componen El bosque animado se esconde algo de esta filosofía universalista y estática. El bosque de Cecebre (realmente existente y encuadrado en el municipio coruñés de Cambre, dónde nuestro autor tenía una casa de veraneo) resulta un espacio cerrado, un universo narrativo, un lugar simbólico de ámbito universal que encierra en su interior historias, situaciones y personajes representativos de esa metáfora global. Sus formas de relación, sus comportamientos, sus circunstancias y los hechos que les rodean, reproducen una imagen de lo que el universo es, de lo que nosotros somos en él, y de cuáles son los factores que condicionan la relación universal-personal, sin por eso revertir órdenes y jerarquías. No en vano la ordenación episódica deja paso a la más evidente “estancia”, lugar independiente pero también parte de otro más grande al que pertenece y de cuya construcción toma su sentido.
Y el principal factor de relación, en una lectura general, es la del azar fatalista, de un contexto donde lo que consideramos estable o constante se encuentra, en realidad, condicionado por el drama o el dolor o la muerte. Cuando sobreviene la fatalidad, la estabilidad se rompe y se quiebra, efectivamente de forma rotunda y definitiva, de una forma contundente y fuerte como ninguna otra teoría de cambio social ha sido capaz de conseguir hasta ahora (presente, otra vez aquí, el perenne escepticismo de Fernández Flórez).



Sin embargo, El bosque animado posee también una dimensión moral humana y humanista a la que pocas veces se le presta la atención que merece. Quizás porque, hijo de una época convulsa, otros aspectos de interpretación y crítica más apetitosos han asumido un protagonismo desmedido del libro. Conservador no significa inhumano, y este libro deja una ventana abierta a la bondad, a la generosidad o a la entrega hacia los demás. Con todo, estas características no dejan de ser excepcionales en un mundo humano criticado desde la fábula de los animales, víctimas constantes de la especie que acabó con el dodo en Madagascar sin venir a cuento y sin motivo, por simple capricho o voluntad asesina.
Al final de este recorrido moral es, precisamente, donde comienzan las interpretaciones (quizas) erróneas de El bosque animado. ¿Cómo es posible que quien así piensa de la especie humana parezca apostar, sin embargo, por el estatismo social o por la jerarquía natural de las cosas o ( como los críticos más furibundos han afirmado) por el irremediable mecanismo darwiniano de la victoria del más poderoso frente al más débil? Aquí es donde la literatura de Fernández Flórez se tiñe de esa moral cristiana para la que el fatalismo y la negrura de los pesimistas no es sino una fase, un exceso voluntario de un ser humano incompleto en cuanto se le desposee de una dimensión positiva a la que se le suele prestar escasa o ninguna atención. Una moral que para sus máximos detractores es optimismo o falta de realismo pero que, en sentido estricto, dota al ser humano de Fernández Flórez de una personalidad más vital de lo que los encorsetados personajes de buenos o malos suelen hacer en la literatura mainstream.
En cierta forma, esta personalidad viva y estos retratos complejos de escenas humanas perfectamente creíbles y reconocibles sean lo que, a pesar del tiempo y las muchas críticas vertidas, hace de El bosque animado un libro inolvidable de la literatura española (quizás uno de los pocos clásicos modernos de la década de 1940). Las versiones cinematográficas o las reediciones pueden ser un síntoma, pero no hay mejor prueba que su lectura pues, para cada lector que ha abierto sus páginas y se ha sumergido en ellas, aquella experiencia es para siempre un hermoso recuerdo grabado a fuego...

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http://unlibroaldia.blogspot.com/2010/11/wenceslao-fernandez-florez-el-bosque.html 
http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4304
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domingo, 27 de noviembre de 2016

PATIO DE LOS LEONES


Cuando Mohamed V sucedió a su padre Yusuf I (1377), no se limitó a terminar las reformas que éste había comenzado, sino que comenzó a construir lo que sería su gran obra, el magnífico legado que nos dejó en la Alhambra: el Palacio de los Leones. Este palacio constituía las estancias privadas de la familia real, y se construyó en el ángulo que forman los Baños y el Patio de los Arrayanes.
El palacio está compuesto por un patio central rodeado de galerías de columnas a modo de claustro cristiano, que permite el acceso a distintas salas: al oeste la de los Mocárabes, al este la de los Reyes, al norte la de Dos Hermanas, Ajimeces y Mirador de Daraxa y al sur la de los Abencerrajes y el Harén. No hay ventanas que miren al exterior, pero sí hay un jardín interior como corresponde a la idea musulmana del paraíso. Lo que hoy es tierra en el patio, fue jardín. De cada sala fluyen 4 arroyos que van al centro: los 4 ríos del paraíso. Las columnas se unen con paños calados que dejan pasar la luz. Fustes cilíndricos muy delgados, anillos en la parte superior, capiteles cúbicos sobre los que corren inscripciones. Las planchas grises de plomo son amortiguadores para los terremotos. Los dos templetes que avanzan a los dos lados opuestos del patio son como un recuerdo de la tienda de campaña de los beduinos. Son de planta cuadrada, decorados con cúpulas de madera que se apoyan en pechinas de mocárabes. El alero es obra del siglo XIX. Toda la galería está techada con artesonado de lacería.
Se sabe que del Patio de los Leones o Sahan-al Osud actual no había nada más que la Sala de Dos Hermanas el 30 de diciembre de 1362, reinando Mohammed V, y que a partir de esa fecha se construyeron el resto de edificaciones que lo encierran. Este espacio abierto del Palacio de Los Leones se configura como un patio de crucero que suponía una ruptura con sus precedentes en la propia Alhambra, lo que ha llevado a los historiadores y estudiosos a analizarlo minuciosamente. Algunos ven influencia de los patios claustrales de los monasterios de la propia Península Ibérica, o de los palatinos como el normando de la Siza en Palermo, mientras que otros consideran que proviene de una tradición norteafricana cuyo antecedente sería el palacio Zirí de Asir en Argelia.

El Palacio de los Leones no es una casa con jardín sino
un jardín con casa que debería ser contemplado desde
las esquinas y a ras del suelo para responder mejor a la
"forma de mirar" de sus constructores" musulmanes
Sea como fuere, el espíritu de jardín puede apreciarse con intensidad en el planteamiento del Patio de los Leones y sus salas inmediatas, lugares destinados a la vida íntima de los soberanos de la Alhambra. El cielo y la luminosidad, con el mismo criterio del patio privado de la vivienda nazarí, constituye aquí un elemento de singular importancia, con la luz atravesando los calados de las yeserías de los paramentos decorados de sebka. Las columnas soportan unas pilastras sobre las que se apoya una estructura adintelada. Los espacios entre pilastra y pilastra están ocupados por superficies de sebka caladas o "de cortina" que no tienen otra función que la de decorar, que nos recuerdan a la vegetación de  la copa de los árboles, en este caso en yeso y mármol.
Investigaciones actuales apuntan que el patio, de forma rectangular de 28.5 por 17.5 metros y orientado este-oeste, debió de estar pavimentado con losas de mármol y tal vez arriates para árboles de pequeño porte, disponiendo de un jardín al norte del palacio, en la terraza inferior, ante la qubba mayor, donde hoy se encuentra el patio de la Lindaraja.
La última restauración del Patio de los Leones ha puesto
de manifiesto la posibilidad de que estuviera cubierto de
losas de mármol, y no ajardinado como se venía pensando
hasta el momento; aunque sí contaría con arriates como este


Este patio de crucero, simboliza el Paraíso, con una descripción común en la religión cristiana y musulmana, cuya ramificación de los cuatro ríos vendría representada por los cuatro andenes o brazos que parten de los ejes cardinales y que portan unos canalillos con agua que, procedentes de varias fuentes circulares rehundidas en el pavimento, llamadas pilas esquemáticas, confluyen en la fuente central: la Fuente de los Leones.

Una de las cuatro pequeñas fuentes rehundidas en el pavimento,
llamadas pilas esquemáticas y que a través de canalillos llevan
su agua hasta la fuente central de los Leones


Rodeando todo el perímetro del patio, una galería porticada formada por arcos sostenidos por 124 columnas de mármol de Macael -cuyos capiteles cúbicos, policromados en su día, tienen una gran variedad en la riqueza decorativa que no es apreciable a simple vista- que siguen el sistema proporcional trazado a partir de la diagonal de un cuadrado. Observando detenidamente las columnas, pueden verse pequeños trozos de plomo en las juntas, confiriéndoles mayor flexibilidad, para soportar los tan frecuentes terremotos de la zona. 

El alero de madera tallada y ensamblada, con canecillos bellamente
esculpidos, estuvo policromado en época nazarí, protege en
saledizo la decoración de los arcos y columnas, así como la banda
epigráfica con la divisa real nazarí: "Sólo Allah es vencedor"
Con todo, la simetría del patio no está completa; las dos esquinas del lado este se resuelven con tres columnas, mientras que la oeste emplea cuatro. La galería este presenta a cada lado del templete dos grupos de dos columnas y una aislada, mientras que en la oeste la serie es de 1-1-2.



Las columnas que sostienen el pórtico del Patio de los Leones
aparecen tanto aisladas como en grupos de dos, de tres y de cuatro;
su disposición y número ha motivado diversos estudios sobre su
posible simbología e intenciones a través de condicionantes
matemáticos muy complejos
Los lados norte y sur sí son simétricos, compuestos por un arco central de medio punto con archivolta de mocárabes que señalan la entrada a las salas de Abencerrajes al sur y Dos hermanas al Norte. Además ambos pórticos cuentan, de derecha a izquierda, con otros cinco arcos más pequeños y con la misma cimbra y, en los extremos, tres claros de ojiva y colgantes estalactíticos y enjutas adornadas de rosetones y ataurique.
Lado sur del Patio de los Leones, donde destaca el arco central
de medio punto con archivolta de mocárabes que señala la
entrada a la sala de Abencerrajes
En los lados más estrechos del patio sobresalen sendos pabellones  sostenidos por doce arcos de estalactitas apoyados en veinte columnas. Estos templetes carecen de antecedentes claros en la tradición arquitectónica islámica, sustituyendo en todo caso a las características albercas enfrentadas que hubo en otros palacios hispanomusulmanes anteriores, reducidas aquí a sutidores o fuentes esquemáticas que refrescan el ambiente, por las que fluye el agua desde los cuatro lados hasta la Fuente de los Leones. Estos quioscos de planta cuadrada estan cubiertos con techos cupulares semiesféricos de madera con labor de lazo que aún conservan restos de policromía y que se apoyan en un friso y pechina de  mocárabes.


En los lados menores del patio (este y oeste) se levantan dos
 templetes -uno de ellos en esta imagen- a modo de quiosco
oriental, cobijando una fuentecilla en cada uno de ellos,
perteneciendo también a la imagen del jardín paradisíaco,
ya que el Corán habla del Paraíso como altos baldaquinos
(rafraf) o tiendas, toldos que flotan sobre delicadas columnas



Estos canalillos en el suelo representan los cuatro ríos del Paraíso

La Fuente de los Leones es el mejor exponente de uno de los aportes más significativos de los nazaríes al desarrollo: la ingeniería del agua llevada al refinamiento. Conocían los sistemas de regadío dependientes de inundaciones periódicas y los anticuados acueductos romanos que ignoraban la ley de los vasos comunicantes, pero la red de canalización granadina basada en el discurrir natural del agua supuso una verdadera revolución agrícola y social que maravillaba a cuantos viajeros visitaban el reino nazarí de Granada.

Simplificación del sistema hidráulico de la Fuente de los Leones

Los palacios, como toda la Alhambra, recibían el agua de la Acequia Real, que en la parte más alta de la medina palatina se remansaba en una alberca cuya altura le proporcionaba a presión necesaria. Incluso se ha especulado con el hecho de que los palacios reales no se encuentren en el punto más elevado de la colina de la Alhambra por disponer de presión suficiente para hacer funcionar fuentes y canalillos, elementos cruciales en la arquitectura nazarí.
Heredera de la tradición islámica en Oriente de utilizar como surtidores figuras o cabezas de animales, que fue difundida en Al-Ándalus a partir del siglo X. Según algunos investigadores, el origen de esta tradición se encuentra en el "Mar de Bronce" del templo de Jerusalén descrito en la Biblia, sustituyéndose aquí los doce toros por leones.


Según la tradición, los doce leones de mármol, podrían provenir
de un antiguo palacio zirí que construyó en el siglo XI el visir
judío Ibn Nagrela en la zona de la actual Alcazaba de la Alhambra

Aunque similares, las figuras son diferentes entre sí, mostrando un minucioso detalle de ejecución. El bloque de mármol debió de ser escogido por el tallista, que usó las vetas naturales de la piedra para acrecentar el modelado de cada figura y sus formas redondeadas, marcando los pelajes de la melena, también diferentes en cada uno de los leones, y las fauces entreabiertas con sus pliegues, detalles tan delicados como el vello de las extremidades y la singularidad de cada dedo, en consonancia con la decoración naturalista del palacio.
Dispuestas a espaldas de la fuente, con una actitud simbólica intencionada, todos ellos se encuentran en postura de alerta, colas replegadas, orejas levantadas, dientes apretados, actitud tensa, expectantes a la orden de su señor, el rey de Granada. Por otro lado, la asociación con el agua, fuente de vida y purificadora, con la imagen del león, guardián del poder, integrado simbólicamente en las tradiciones de las grandes religiones monoteístas.
La pila de la fuente o taza de la fuente (llamada en árabe manhuta min lú'lú o escultura de perlas) esta tallada in situ en un bloque de mármol blanco con forma dodecagonal, que sería escogido por los maestros artesanos, como ocurriera con los doce leones que la soportan sobre sus espaldas. Probablemente fue tallada por medio de un ingenioso sistema hidráulico le permitía mantener un nivel constante de agua, como se describe y exalta mediante sugerentes metáforas en los doce versos de una qasida o poema árabe, compuesto por el visir y poeta Ibn Zamrak -la qasida madre original fue descubierta por Dernburg en el códice 1377 de la Biblioteca Real de París- alabando al rey que la mandó construir, tallado en bella caligrafía árabe, el borde exterior de la taza. Toda la fuente recibió, además una sutil policromía que resaltaba los elementos decorativos, desgraciadamente perdida tras siglos de agresivas limpiezas mecánicas.

El agua llegaba con la presión natural bastante alta debido al
desnivel, pero al subir por las anchas tuberías perdía fuerza para
acceder a la taza mansamente. Este sumidero que toma el agua
para las bocas de los leones, y a poca distancia por debajo de las
entradas de agua, calculados de forma que el nivel del agua fuera
constante y el equilibrio de presiones y fluido uniforme. Hoy en día
el ingenio hidráulico original esta desmontado y puede admirarse
en el Museo Arqueológico del Palacio de Carlos V de La Alhambra


Cada verso ocupa uno de los doce lados de la taza de la fuente, esculpidos en caligrafía cursiva en el interior de una cartela rectangular con los lados menores lobulados. En las esquinas, estas cartelas se entrelazan con un círculo polilobulado que rodea el escudo real nazarí. El poema comienza en el lado norte de  la fuente, frente a la Sala de Dos Hermanas y al Mirador de Lindaraja, continuando por la izquierda siguiendo el sentido de las agujas del reloj.


¡Bendito sea Aquel que dio al imán Mohammed  
ideas que embellecen sus mansiones! 
¿No hay en este jardín maravillas 
que Dios no quiso que semejantes hallara la hermosura? 
Tallada de perlas, de diáfana luz 
engalanada toda ella está por el aljófar derramado. 
Líquida plata entre joyas fluyente, 
con la belleza de éstas, blanca y transparente. 
Tan semejante lo que fluye es a lo inerte 
que no sabemos cuál de ambos discurre. 
¿No ves que el agua por su taza corre 
pero ésta le cierra su cause,  
igual que un amante cuyas lágrimas van a desbordarse 
y que por temor al delator las retiene? 
Y es que en verdad no es sino una nube 
de la que manan canales hacia los leones, 
lo mismo que la mano del califa 
dones hacia los leones de la guerra mana.  
¡Oh tú que los Ansar por línea directa heredaste 
un sublime legado que a las firmes montañas menosprecia! 
La paz de Dios sea contigo, vive por siempre, 
repítanse tus celebraciones y tus enemigos abátanse.


Ibn Zamrak para Mohammed V

Sin duda, el patio de los Leones es un ejemplo de integración de la arquitectura con el agua, donde la Fuente de los Leones reparte desde el centro del patio el agua por todo el palacio, significando un claro elemento visual de unión con sus costados.

http://www.alhambra-patronato.es/index.php/Patio-de-los-Leones-Fuente-Surtidor/164/0/
http://www.juntadeandalucia.es/cultura/blog/wp-content/uploads/2014/01/Patio-der-los-Leones.jpg
http://legadonazari.blogspot.com.es/2014/09/patio-del-palacio-de-los-leones.html
http://www.alhambra.org/esp/index.asp?secc=/alhambra/guia_de_la_alhambra/palacio_de_los_leones

sábado, 26 de noviembre de 2016

JOHN NASH...UNA MENTE MARAVILLOSA




Una mente privilegiada,pero golpeada durante años por la esquizofrenia,John Nash pasará a la historia como uno de los matemáticos mas brillantes del siglo XX,pero para el gran público será siempre el atormentado inspirador de la pelicula "Una mente maravillosa".
Premio Nobel de Economia en 1994 por su "Teoria de los Juegos" y responsable de varios progresos fundamentales en la aplicación de herramientas matemáticas a otros ambitos,Nash está considerado como uno de los grandes cerebros matemáticos de las últimas decadas.
Pero Nash es conocido porque el director Ron Howard lo llevó a la gran pantalla en 2001 bajo el título de "Una mente maravillosa" ,con Rusell Crowe en el papel de Nash,otorgandosele cuatro Oscar;entre ellos el de Mejor Pelicula.
Hijo de un ingeniero electrico y una maestra,Nash nació en 1928 en Bluefild,en Virginia Occidental rapidamente se distinguió por su capacidad intelectual,obteniendo Becas para estudiar en el Carnegie Institute of Technology de Pittsburgh y luego en Princeton.
Alli,publicó con solo 21 años,su conocida texis,que lo llevó al prestigioso Massachusetts Institute of Tecnology y a la compañia de tecnologis militar Rand.
En paralelo,las turbulencias comenzaban en su vida personal,con un breve romance del que nació un hijo en 1953 y,segun alguna  biografia,con varias relaciones homosexuales y un arresto por exposición indecente.
En 1957,Nash se casa con Alicia Lardé,investigadora de origen salvadoreño y al poco tiempo sus problemas mentales empiezan a empeorar.
Diagnosticado de esquizofrenia en 1959,pasó largas temporadas hospitalizado,fué tratado con descargas,huyó por un tiempo a Europa y perdió años pululando por Princeton en medio de la paranoia y teoria de conspiración en su contra.
En 1963 se divorció de su mujer que, sin embargo,se mantuvo a su lado y que en 1970 se lo llevó a su casa,donde poco a poco comenzó a superar la enfermedad.
Nash consiguió volver a la docencia y en 1994 recibiendo el Premio Nobel de Economia.
La pelicula contó con el visto bueno de Nash porque segun él "tiene bastante que ver con lo ocurrido",segun dijo su esposa con la que se habia vuelto a casar.
En los últimos años el matrimonio dedicó buena parte del tiempo en llamar la atención sobre las enfermedades mentales.


EL EQUILIBRIO DE NASH

A cada conjunto de estrategias denominado con frecuencia combinación de estrategias, que es una por jugador, se le asocia una salida del juego, caracterizada por las ganancias expresadas en forma de números que le toca a cada uno. Entre estas salidas puede haber unas más “interesantes” que otras, por ejemplo las que “reportan más”. Sin embargo, como regla general, la mayoría de las salidas, si no la totalidad, no son comparables entre ellas en el sentido que el paso de una a otra se traduce en un aumento de ganancias para unos y una baja para otros. No se puede pues aplicar el criterio de Pareto y, con mayor razón, no se puede decir que una de ellas es “superior” a todas las otras, según este criterio, salvo un caso muy particular.
Frente a la ausencia de una clasificación de las salidas que logre la unanimidad de los participantes, los teóricos de juegos adoptan un punto de vista mas limitado, que se puede calificar de “local” en el sentido de estudiar separadamente cada una de las salidas y las combinaciones de estrategias de las cuales ellas son el resultado; se le acuerda un estatuto privilegiado a las que son de “equilibrio”, esto es a las que los individuos, tomados uno a uno no tienen interés en desechar -es típico de una situación en la cual “nada se mueve”-. Porque el matemático John Nash estableció un importante resultado en 1950 sobre la existencia de situaciones de este tipo, se habla entonces de la existencia de equilibrios de Nash.
Así, por definición, se dice de una combinación de estrategias (una por jugador) que está en equilibrio de Nash si ningún jugador puede aumentar sus ganancias por un cambio unilateral de estrategia. Con frecuencia se identifica, por abuso del lenguaje y sin que ello tenga consecuencias, un equilibrio de Nash con la salida que le corresponde.
En la definición del equilibrio de Nash el adjetivo “unilateral” ocupa un lugar esencial, en tanto ello traduce el carácter no cooperativo de las elecciones individuales (el “cada cual para sí mismo”). Así es bastante posible que en un equilibrio de Nash la situación se puede mejorar para todos por medio de un cambio simultáneo de estrategia por parte de varios jugadores. Volveremos sobre este importante punto cuando nos referimos a la eficiencia del equilibrio de Nash.



a) Importancia y límites del equilibrio de Nash.
El equilibrio de Nash ocupa un lugar central en la teoría de juegos; constituye de alguna manera una condición mínima de racionalidad individual ya que, si una combinación de estrategias no es un equilibrio de Nash, existe al menos un jugador que puede aumentar sus ganancias cambiando de estrategia, y en consecuencia, ésta se puede considerar difícilmente como una “solución” del modelo en la medida en que el jugador interesado en cambiar descarta su elección, después de conocer la de los otros.
Ahora, el recíproco de esta proposición no es generalmente verdad: si un juego admite un equilibrio de Nash no existe una razón a priori para que éste aparezca como la “solución” evidente, que se impone a los ojos de todos los jugadores. Ello al menos por una razón: con frecuencia los juegos admiten varios equilibrios de Nash, como se constata en el ejemplo de dos que han diseñado normas diferentes de emisión para la televisión. En efecto, la pareja de estrategias: 
(A adopta la norma A, B adopta la norma A) es un equilibrio de Nash del modelo en tanto A evidentemente no tiene interés de cambiar de estrategia habida cuenta la elección de B; este tampoco ya que la coexistencia de dos normas diferentes es el caso más desfavorable para las dos empresas.
Ahora, la pareja de estrategias:
(A adopta la norma B, B adopta la norma B) es de igual manera un equilibrio de Nash, como se puede verificar de manera inmediata. Ninguno de estos dos equilibrios aparece como una solución evidente porque A prefiere la primera ya que impone su norma y B la segunda, por iguala motivo. Se deduce la posibilidad de que cada uno escoja producir según su propia norma, pensando que el otro lo seguirá, con el resultado de una salida que no es de equilibrio, pues es mala para todos. Se encuentra la cuestión central para el microeconomista, la coordinación, propuesta en el marco de juegos, pero igualmente no resuelta por éste mismo marco.




b) Equilibrios de Nash ante condiciones mas restrictivas.
El problema de la multiplicidad de equilibrios de Nash, en un juego dado, es indudablemente la principal fuente de preocupación para los teóricos de los juegos, que han buscado su solución considerando, por ejemplo, que ciertas elecciones no son completamente “razonables” o “creíbles”. De tal manera, si retomamos nuestro ejemplo, pero con un orden preestablecido en los golpes (digamos, A “juega” primero y B después), entonces nos encontramos en presencia de los dos mismos equilibrios, pero ahora uno de ellos es poco “creíble”, el que A y B adopten la norma de B. En efecto, no se ve por que A tomaría tal decisión ya que tomó la delantera; es cierto que B puede esgrimir una amenaza: “pase lo que pase, produciré con mi propia norma” y que, si tal es el caso A tendría interés en producir según la norma B por ello hay un equilibrio. Pero, será que A tomará en serio la amenaza de B?
Se puede dudar porque, si A decide producir según su propia norma sería suicida por parte de B poner en ejecución su amenaza, lo que provocaría la ruina de A, pero también la suya. Sabiendo eso, A actuará de distinta manera. En consecuencia, existen un de los equilibrios de Nash que se impone como solución:
(A produce según la norma A, B según la norma A).
Se dice de tal solución, en donde el orden de los golpes estipulado con antelación juega un papel importante, que es un equilibrio perfecto; esta solución comporta elementos de los equilibrios de Nash, haciendo intervenir elementos suplementarios.
Notemos, además, que la hipótesis de información completa juega un papel esencial; A debe estar “seguro” que B actuará como se previó ya que, si existe el más mínimo riesgo de que no fuera así y que B cumple con su amenaza, entonces la decisión no es tan evidente. Por ello el interés de B de forjarse una reputación del tipo que “no cede jamás”; no obstante, hay que entrever por ello opciones sucesivas y, en consecuencia, juegos repetidos, como lo veremos mas adelante.
En el caso donde se presenten varios equilibrios con decisiones simultáneas, donde ninguna de ellas sea superior a la otra según el criterio de Pareto, ciertos teóricos de los juegos han propuesto la siguiente solución: los participantes se ponen de acuerdo para la selección a la suerte de uno de los equilibrios, lo cual se evita la indeterminación y se elude también la realización de salidas “peores”, como aquella de cada uno producir según su propia norma.
Esta solución, que es todavía un equilibrio de Nash, se denomina un equilibrio correlacionado. Notemos que esta solución supone una cierta forma de colaboración, que es el acuerdo previo sobre el principio de tirar a la suerte los equilibrios y sobre el procedimiento de azar empleado hay que darle la misma probabilidad a todos los equilibrios o hay que atribuirles probabilidades diferentes?.
A pesar de existir un cierto acuerdo sobre el procedimiento a emplear, de todas maneras se está en presencia de una solución no cooperativa, en el sentido en que nadie tiene interés en apartarse unilateralmente, porque la salida retenida es un equilibrio de Nash. 


c) Equilibrio de Nash y optimalidad.
Otro de los límites esenciales del equilibrio de Nash en tanto “solución” de un juego, reside en el hecho que tal equilibrio es con frecuencia subóptimo, en el sentido de Pareto. Ya hemos constatado con el equilibrio de Cournot -denominado de Cournot-Nash por los microeconomistas-, donde la filosofía del “cada uno para sí mismo” conduce a una salida en la cual los beneficios son menores que si hubiera acuerdo entre los duopolistas. Sin embargo, tal acuerdo no es de equilibrio en la medida en que cada cual tiene interés de no respetarlo si el otro lo respeta. Este tipo de situación es muy corriente: pensemos en el agricultor que enfrenta cuotas de producción que le son impuestas a él y a todos los agricultores con el fin de evitar el desplome de precios y que, además, busca sobrepasarlas para beneficiarse de los precios favorables originados en la existencia misma de estas cuotas; pensemos también en los bienes colectivos infraestructuras, ambiente y condiciones de vida que todo el mundo desea aprovechar, pero escapando a su financiación, en el caso de existir una cotización voluntaria. Es el mismo caso de las barreras proteccionistas con las cuales cada país desea rodearse, pero buscando exportar el máximo. Existen tantos ejemplos de este tipo, que se podría decir que ocultarían la mayoría de las relaciones sociales si estas se redujeran a la filosofía de “cada uno para sí mismo”.
Se ha tomado la costumbre por parte de los teóricos de juegos, lo mismo que por parte de sociólogos, economistas etc. de ilustrar este tipo de situación empleando una “pequeña historia” propuesta por A.W. Tucker y que llamó el dilema del prisionero que se puede resumir de la siguiente manera.
Dos individuos sospechosos de haber cometido un robo son detenidos por al policía que los lleva ante el juez, el cual los interroga separadamente. Cada uno puede callar o denunciar a su cómplice; los dos se encuentran ante las Siguientes posibilidades:
  • ·Callar y salir libre si el otro hace lo mismo;
  • ·Callar y ser condenado si el otro escoge denunciarlo;
  • ·Denunciar al otro y salir libre, ganándose una recompensa si el otro se calla;
  • ·Denunciar al otro y quedarse en prisión por un tiempo si el otro decide de la misma manera la delación.
Se constata fácilmente que el único equilibrio de Nash consiste en una denuncia mutua, lo que evidentemente es subóptimo ya que los dos sufren una condena, en tanto que si se hubieran callado habrían sido liberados. No obstante este equilibrio es “robusto” en el sentido en que la estrategia de acusar al otro es dominante cualquiera que sea la elección del otro, la denuncia le procura una ganancia superior.
Notemos que acá hay un dilema porque cada cual toma su decisión sólo considerando sus propios intereses y sabiendo que el otro actúa de la misma manera. Incluso, aceptando que los dos individuos se puedan comunicar previamente, no cambia nada la cosa, ya que al momento de escoger la estrategia dominante, “denunciar al otro” se impone. El problema no está pues en la posibilidad de comunicarse o no antes de tomar una decisión, sino más bien en la existencia de acuerdos obligatorios cuyo incumplimiento implica sanciones y de instituciones que velen por su aplicación, las cuales son difíciles de introducir en el ejemplo que nos ocupa.
El dilema del prisionero, o más exactamente las situaciones que representa, crean un problema fundamental al microeconomista, porque queda claro el hecho de las decisiones racionales por parte de individuos puede conducir a una “solución” -equilibrio- poco satisfactoria, es decir, subóptima por tanto “colectivamente irracional”. De ahí las numerosas tentativas de los teóricos de los juegos para salir de este “dilema”, pero siempre preservando el principio según el cual cada cual sólo busca su propio beneficio, es decir, maximizar sus ganancias. Entre estas tentativas, el recurso a los juegos repetidos, ocupa un lugar importante. 
Bibliografia:
El Progreso
 http://www.eumed.net/cursecon/libreria/bg-micro/5b