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domingo, 20 de octubre de 2019

VIRGINIA WOLF..."LAS OLAS"

Escritora, ensayista, cuentista, editora... Woolf es una de las más destacadas firmas del modernismo literario del siglo XX, sin ella no se entiende la novela contemporánea europea. Pero no es sólo su obra la que llama la atención a día de hoy. Es su vida, su atormentada vida, la que despierta gran curiosidad entre seguidores y lectores.
Virginia Woolf fue hija de una eminencia, Sir Leslie Stephen, quien fuera editor, novelista, biógrafo, filósofo, historiador, crítico literario y hasta alpinista; y de Julia Prinsep Jackson quien provenía de una familia famosa por sus bellezas que dejaron su impronta en la sociedad como modelos para los artistas prerrafaelistas y los primeros fotógrafos. Julia Prinsep Stephen posó como modelo de la princesa Sabra, retratada por Edward Burne-Jones, en 1866.
Su niñez fue bastante difícil, su primera crisis depresiva fue cuando repentinamente pierde a su madre. Dos años después sufre otro duro golpe emocional con la muerte de su medio hermana Stella, quien se había hecho cargo de la familia tras la muerte de la madre; y durante todos esos años, además, sufrió junto a Vanessa, abusos por parte de sus hermanastros. Cuando murió su padre de cáncer, en 1905, antes de que Virginia cumpliera los 23 años, la joven escritora ya había tenido su primer intento de suicidio.
Los recuerdos más vívidos de Virginia Wolf sobre su infancia fueron los de St. Ives en Cornualles, donde la familia pasó las vacaciones de verano de 1882 y 1894. Talland House, era la casa de veraneo de la familia, los Stephen, tenían una hermosa vista a la playa y al faro de Godrevy. La fraternal casa fue un recurrente para Virginia, una casa que contiene los fantasmas de su infancia y que recordaría con mucho afecto por siempre y plasmaría en su novela “Al Faro”, publicada en 1927.
En 1912 contrajo matrimonio con el escritor Leonard Woolf, economista y miembro también del grupo de Bloomsbury. Cinco años después crearían la editorial Hogarth, donde se editó la obra de la propia Virginia y la de otros importantes escritores.
Virginia Woolf sufrió, a lo largo de su vida, padecía una enfermedad mental hoy conocida como trastorno bipolar. En una de esas profundas depresiones, Virginia Woolf fue hasta un río cercano a su casa, puso piedras en sus bolsillos y decidió terminar con su vida ahogándose.
Se despidió de su querido esposo a través de una conmovedora carta donde no sólo se percibe su padecimiento, tristeza y profundo dolor, si no también la gratitud y el gran amor que sentía hacia él.

Las olas es una de las obras más importantes de Virginia Woolf.En ella se centra en la vida de seis personajes, tres mujeres y tres hombres, que son amigos desde la infancia. Mediante el monólogo interior de cada uno de ellos se va tejiendo la historia de unas existencias frágiles y ásperas, repletas de secretos, dudas, sueños y temores. Al compás de unos interludios de carácter descriptivo que asocian el desarrollo del texto con el devenir de la naturaleza , la autora va mostrando distintos momentos de esas vidas, desde la temprana adolescencia hasta una madurez agotada y marchita.
Si hay un elemento excepcional en Las olas es, sin duda, el tratamiento estilístico. Virginia Woolf es considerada una adalid del modernismo más rompedor, una experimentadora constante y un puntal de la introspección psicológica de los personajes. Todas estas características se subliman en esta novela de forma magistral. Cada uno de los monólogos de los diferentes protagonistas es único y soberbio; no tanto por el estilo o el tono, que pueden ser fácilmente intercambiables, sino por el matiz onírico y a ratos surrealista que la narradora introduce. La prosa de Woolf no ahonda en la mente de los personajes con el objetivo de revelar sus más íntimos pensamientos, sino que busca la poesía del discurso interior, la fragmentación más lírica de nuestras ideas. Los parlamentos de Bernard, Susan, Louis, Jinny, Neville o Rhoda están cargados de irrealidad, de ensueño; no se busca la prospección mental, sino teñir de color esos monólogos interiores.
De ahí que Las olas sea una novela de una poeticidad bellísima. La narración se aleja del habitual desorden de la voz interna de un personaje para centrarse en tejer una historia que atiende a aspectos mucho más líricos: existe la subjetividad, pero pasada por el tamiz del tratamiento poético, de la literatura más apegada al estilismo. El texto se desarrolla con una fluidez que apela al sentimiento, en lugar de poner el foco en la psicología de los protagonistas, que de esta manera se va mostrando poco a poco, con una sutileza tan genial como hermosa.
Aunque el comienzo de la novela es confuso,la maestría de Woolf se va poniendo de manifiesto al avanzar las páginas: los discursos van cobrando profundidad; las voces, en principio indistinguibles a causa del tono lírico, van siendo muy características y definen a cada personaje con precisión: Bernard se convierte así en el narrador más fiable a causa de su visión perspicaz de lo que le rodea; Jinny se desvela como una mujer preocupada por su aspecto exterior y la impresión que causa; Rhoda aparece como el miembro más sensible del grupo, lo que la conduce a través de sufrimientos íntimos y devastadores… Las subjetividades se revelan sutilmente, con un brillante manejo de la información y de los recursos.
Es indudable que Las olas es un libro hermosísimo y desolador; la autora no escatima esfuerzos para conseguir que los personajes cobren vida y se muestren tan sólidos como pudiéramos desear, aunque no recurra a las fórmulas habituales. Tal y como Bernard afirma, las acciones son precisas y proporcionan mucha información, pero nada dicen acerca de las personas que las ejecutan. Woolf no se centra en los datos, sino en la poesía de las ideas y de la memoria, y por ese motivo sus retratos tienen una verosimilitud casi dolorosa, por veraz.

Organizar esta novela de más de trescientas páginas a manera de monólogos interiores, y que además de eso se extienda a lo largo de la vida de los personajes, no es una tarea sencilla. Para un escritor poco creativo esta labor superaría sus fuerzas, o terminaría entregándonos un libro inaguantable. El genio de Virginia Woolf radica en presentarnos una obra que no defrauda en ninguno de sus niveles (estético, formal y de contenido), en tener esa contundencia que caracteriza las piezas capitales, frente a las cuales las mentes parecen retroceder visiblemente perturbadas. Con relación a la estructura de Las Olas es importante considerar  dos aspectos; el primero de ellos tiene que ver con los “entreactos” que hay en la novela y toda la poesía que en ellos se condensa; por su parte, el segundo aspecto se refiere a la manera como se entrelazan los monólogos.
Virginia Woolf ha decidido que llenar todo su libro con la corriente de pensamiento de sus personajes sería algo demasiado denso. Debido a esto, ha intercalado entre los grandes monólogos,una serie de escritos muy poéticos que poseen entre ellos una progresión, y desarrollan la metáfora de un día en la playa desde que el sol empieza a alzarse hasta que finalmente declina en el ocaso, todo ello mientras se escucha el batir de las olas que simboliza tal vez el trasegar de nuestras vidas. Es obvio que no se trata de una fórmula para rellenar espacios libres, ni siquiera para complementar el contenido de los monólogos; antes bien, son escritos que se enlazan vitalmente con la historia en la medida en que sugieren representaciones poéticas para las experiencias que van teniendo los personajes.
Son en total nueve escritos que dejan ver ese perfil sutil y poético de Virginia Woolf y, en sí mismos, tienen un alto valor estético pero, como se dijo, en tanto hacen parte de la obra no debe perderse su conexión y sobretodo la profundidad simbólica de la que la dotan.
¡Qué sugestiva es la metáfora que propone en los entreactos de la novela! Un día entero que simboliza toda una vida; un día con su mañana calurosa en la que todo parece posible, un día que va transcurriendo lento mientras el sol se alza hasta ganar luminosidad en todo lo que antes parecía misterio, un día cuyo destino es llegar a cierta cumbre de la que ya sólo cabe esperar el inicio de un declive. Todo mientras en el fondo que ruge, en el mar, se balancean desordenadamente las cosas (los miedos, los resentimientos, el deseo), toda la experiencia acumulada vertida en las olas, unas olas tan altas que su choque con tierra firme es estruendoso y visible. Un día más bien corto con las olas rompiendo siempre en la playa. 
Pero, además de un lenguaje unificado, también Virginia Wolf apela a que los cambios de óptica, es decir, los pasos de un monólogo a otro vayan reduciéndose paulatinamente; así, aunque durante la niñez y juventud todos los personajes discurren casi con la misma regularidad, a mediados de la novela el peso de unos pocos se va haciendo más fuerte hasta que, al final, la voz de Bernard termina totalizando la de sus compañeros. En otras palabras, la velocidad narrativa es vertiginosa al inicio de la novela, porque las conciencias están interactuando más constantemente (a veces se encuentran hasta tres monólogos en una misma página), mientras que al final, el único discurrir es el de Bernard. Me atrevo a ver en esto también un aspecto simbólico porque, tal como sucede con el ritmo de la novela, la vida va de una época agitada en la juventud, a una de intercambios, y desemboca en una última más sosegada y contemplativa.

Las olas ha sido considerada una de las cumbres de la literatura del siglo XX, y su influencia sigue repercutiendo en la novela de nuestros días, es sin duda la obra por excelencia de Virginia Woolf, y si ella ha quedado como una de las creadoras más vigentes de su tiempo, esta novela sigue siendo su obra más emblemática.
https://www.canarias7.es/hemeroteca/en_busca_de_una_feliz_e_improbable_virginia_woolf-CXCSN285412
http://billardeletras.com/recursos-lectores/las-olas-de-virginia-woolf
https://es.wikipedia.org/wiki/Las_olas
https://www.otroangulo.info/libros/las-olas-de-virginia-woolf/#:~:text=Las%20olas%20(Tusquets)%20es%20un,asombroso%20ejercicio%20de%20estilo%20literario.

martes, 9 de febrero de 2016

VIRGINIA WOLF..."UNA HABITACION PROPIA" Y "ORLANDO"


Decía el escritor británico Nigel Nicolson que Virginia Woolf era una «mejoradora de vidas», hasta el punto de que pasar con ella un rato era «como tomar champán». Esa misma sensación la hemos experimentado, alguna vez, todos aquellos que nos hemos acercado a su vida y obra, excepcionales en tiempo y forma. También la argentina Irene Chikiar Bauer, quien, atraída por sus lecturas de juventud, se propuso escribir la biografía definitiva de la autora de «Orlando».
Y lo consiguió: «Virginia Woolf. La vida por escrito»  es una monumental obra que describe, al detalle, el devenir de la que fuera una de las escritoras más importantes del siglo XX. El libro, estructurado en dos partes (la primera abarca su infancia y adolescencia, y la segunda su madurez, año por año, desde 1904 hasta su suicidio, en 1941) incluye, además, un curioso índice onomástico y un enriquecedor álbum de fotografías.
Y todo porque, tras acercarse a la biografía de Quentin Bell , Chikiar Bauer empieza a "sospechar" de esa "versión autorizada". "Me parece valiosa, por ser un testimonio de primera mano, pero es tendenciosa en un punto. Comienzo a leer sus escritos autobiográficos, y después sus cartas y diarios personales. Ahí surge la idea de escribir la biografía que a mí me hubiera gustado leer", explica la autora argentina a su paso por Madrid.
Una obra "polifónica", que tardó siete años en elaborar y donde la voz de la escritora británica se mezcla con las de quienes formaron parte de su vida, para bien y para mal: sus padres, Leslie y Julia; su hermana, Vanessa; su marido, Leonard; su amiga, Violet Dickinson; su amante, Vita Sackville-West; sus colegas del Círculo de Bloomsbury... «Es inacabable, porque Virginia Woolf es de esas personas que hay tan especiales en la literatura que son geniales. La vuelves a leer y te vuelves a maravillar», asegura Chikiar Bauer.
De la relación con su madre, fallecida cuando Virginia cuenta sólo con trece años, la argentina destaca ese "arquetipo de lo materno, que puede ser dador, fecundo y creativo, pero también terrible". De hecho, la autora de "Las olas" habla de cómo tuvo que matar a ese "ángel de la casa" porque "se interponía entre la hoja de papel y yo". De su padre admira lo intelectual, pero se queja del "efecto Cambridge’", de ese escritor que se sube arriba de una torre y va a dar la palabra exacta. De ahí surge, de hecho, "La torre inclinada", uno de los mejores ensayos de Virginia Woolf, en el que habla de cómo la escritura saldrá ganando cuando estemos ante escritores sin torres y sin clases. Un pensamiento que, en parte, compartía con su marido, Leonard Woolf, hasta establecerse entre ambos "una comunidad de intelectos", en palabras de Irene Chikiar Bauer.

"No podemos decir que Leonard era un tirano doméstico, tampoco se puede decir que sin él no hubiera existido Virginia Woolf. Está la complejidad de cada etapa y cada situación que tuvo ese matrimonio". No obstante, sin mencionar la declaración de amor que encierra su nota de suicidio (No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo), Virginia siempre dijo que eran "el matrimonio más feliz de Inglaterra".

La autora de la biografía sostiene que "no tenía una inclinación hacia la sexualidad fuerte, sino otro tipo de vivencias que tenían más que ver con lo sensual". Chikiar Bauer reconoce, eso sí, que "siempre tuvo un gran gusto por estar con mujeres, las veía mucho más interesantes". Con unas y con otros experimentó "la felicidad de estar en la vida", pese a su enfermedad.
El martirio de esos "episodios" no le impide tomar "las experiencias de su enfermedad mental para transmutarla en palabras y convertirla en literatura. No en una cuestión de relato autobiográfico, que no tiene vuelo literario, sino directamente en herramienta creativa. Está todo el tiempo con esta porosidad, esta sensibilidad", matiza la biógrafa.
En este sentido, Irene Chikiar Bauer se atreve a decir que su suicidio se podría haber evitado. "Dependía mucho del cuidado de su sobrino y de la contención de su hermana, que estaba devastada tras la muerte de su hijo en la Guerra Civil. Leonard estaba ya totalmente metido en política, en el Partido Laborista. Si los demás hubieran estado más atentos, tal vez hubieran detectado que estaba entrando en una crisis muy grave", sentencia.


Virginia Woolf en su libro Una habitación propia hace un resumen a lo largo de la historia del papel de la mujer en la literatura, no de las mujeres y lo que parecen, ni de las mujeres y de lo que escriben, ni de lo escrito sobre ellas, sino una combinación sobre las tres cosas a través de sus vivencias personales y estudios.
En el primer capitulo señala las diferencias (en aquella época) sustanciales que existe a la hora de la educación entre los hombres y las mujeres como por ejemplo que ella no puede entrar a la biblioteca de la universidad si no esta acompañada con un profesor del colegio o provistas de una carta de presentación. Otro ejemplo son los comedores universitarios; ellos cenaban con vino, lenguados, perdices con salsas y ensaladas y  patatas, mientras que ellas sopa sencilla y carne de un mercado borroso, bizcochos y queso y para beber agua. Las diferencias en las dietas son causa de conversaciones más o menos animada según la autora, pero el principal problema es la pobreza de las mujeres, ya que todo el dinero era obtenido y dado a los hombres, por lo que los hombres invertían dinero en hombres y no en mujeres.
En el capitulo segundo la conclusión a la que llega es que en todas partes hay hombres opinando sobre mujeres y opinando cosas distintas ya que durante su visita al Museo Británico, se fija en la gran cantidad de libros escritos por hombres sobre las mujeres (piensa que de leerlos todos tardaría 200 años), algunos frívolos y burlones , serios y proféticos o morales y amonestadores.
En el tercer capitulo se basa en las condiciones que vivían las mujeres, no a través de los siglos, sino en Inglaterra en el tiempo de Elizabeth ya que es un problema que ninguna mujer escribiera una palabra de esa extraordinaria literatura. La verdad se debe a que aunque en la literatura es tratada como una diosa la realidad es bien distinta ya que como señalaba el profesor Trevelyan a la mujer la encerraban con llave, la castigaban y la tiraban por el suelo. Si Shakespeare hubiese tenido una hermana tan extraordinaria como fue él opina que jamás hubiese tenido fama, ya que antes de los veinte hubiese sido comprometida, los hombres se reirían de ella y al quedarse embarazada abandonaría. Opina que muchos de los poemas anónimos escritos en la época bien podrían haber sido escritos por una mujer.


En el cuarto capitulo hace un recorrido a lo largo de las mujeres escritoras como Lady Winchelsea, Margaret of Newcastle o Apra Behn. Resalta la gran actividad intelectual que las mujeres revelaron hacia finales del siglo XVIII, ya que podían hacer dinero escribiendo. La mujer de clase media empezó a escribir y la literatura femenina no se concentró en la simple aristocracia encerrada en su casa de campo entre adulterios. Ya en el siglo XIX hay estantes dedicados a obras escritas por mujeres, principalmente novelas porque las mujeres nunca tienen el tiempo necesario para concentrarse sin ser interrumpidas, por lo que componer poesía era mas complejo que escribir novela. Critica la literatura radical femenina ya que considera que no saca lo mejor de la autora, sino que toda su frustración.
En el capitulo quinto  observa que en el estante de autores vivos se encuentra todo tipo de libros escritos por mujeres, ya que aunque predominan las novelas , existen libros sobre arqueología griega , de estética , sobre Persia, poemas, dramas , biografías , libros de viajes, de erudición, de investigación etc..Ya la mujer es mucho más compleja y diversa. Mary Carmichel la considera pieza fundamental en este cambio ya que los hombres ya no eran para ella “el partido contrario”, no necesitaba perder su tiempo injuriándolos, no tenía que subir a su azotea para anhelar viajes, experiencias y un conocimiento del mundo y de los caracteres que le habían sido negados. El temor y el odio habían casi desaparecidos.
En el sexto y ultimo capitulo se llega a las conclusiones de la autora, en ella considera que “el estado normal y placentero es cuando están en armonía los dos (hombres y mujeres), colaborando espiritualmente. Hasta en un hombre, la parte femenina del cerebro debe ejercer influencia; y tampoco la mujer debe rehuir contacto con el hombre que hay en ella. Quizá una mente del todo masculina no puede crear, como tampoco una mente femenina. Quizá la inteligencia andrógena propende menos a esas distinciones que la inteligencia de un solo sexo”. 


El concepto de androginia de Virginia Wolf provocó un fuerte rechazo en feministas tan destacadas como Elaine Showalter quien en A Literature of Their Own en 1977 afirma que la androginia era en realidad un mito que le ayudaba a Woolf  a evitar un enfrentamiento con su propia feminidad desgraciada y que le impelía a aparcar su ira o ambición.
Kristeva llega a recuperar el concepto de androginia, rechazando tanto el feminismo de la igualdad como el de la diferencia y propugnando una superación de la dicotomía masculino/ femenino, sin embargo sus teorías tuvieron en seguida un eco negativo en el ámbito feminista. Carolyn Heilburn se niega admitir que las mujeres deseen la androginia mientras que Michéle Barret, desde una perspectiva marxista, separa lo estético (la androginia) de lo político.



Orlando es una biografía ficticia (¡y tan ficticia!) de un caballero, el que da el título a la obra, que nace en el siglo XVI, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, y vive al menos hasta el primer tercio del siglo XX (la acción de la novela termina en el momento presente, en 1928, su fecha de redacción). 
El estilo con el que está escrita esta novela es bastante distinto al lirismo intrincado y sinuoso de sus otras obras, lo que no quiere decir que sea descuidado ni mucho menos: es mucho más directo, y está lleno de pequeñas ironías e ingeniosidades sutiles. Es indudable que Virginia Woolf se lo tuvo que pasar muy bien escribiendo esta novela. Por otra parte, son relativamente abundantes las menciones al propio proceso de escritura y redacción de la novela, lo que aumenta la sensación de distancia estética e irónica con respecto a la historia





Nacido en la Inglaterra del siglo XVI, Orlando pertenece a una familia noble, cuya posición privilegiada le permite codearse con la realeza. Su juventud consigue ganarse los afectos de la anciana reina Isabel, quien lo cubre de honores y privilegios. Tras el fallecimiento de la reina, Orlando conoce a la princesa Sasha en la coronación del nuevo monarca. Emparentada con el embajador ruso, su breve estancia en el país es suficiente para marcar la primera experiencia amorosa en la vida de Orlando. También se convierte en su primera decepción, cuando cree vislumbrar a su princesa en manos de otro hombre. Sasha consigue convencerlo de lo contrario y acuerdan huir juntos dándose cita en cierta taberna a la medianoche, pero Sasha no acude a la cita. 
Orlando se retira a su casa de campo, donde duerme siete días de corrido. Encuentra refugio en la soledad, en los libros y en la escritura de poemas y romances. Admirador de la obra de Nick Greene, un famoso poeta de la época, decide invitarlo a pasar unos días en su residencia. Orlando disfruta la compañía de su invitado, aún cuando éste se queja amargamente de su pobre estado de salud y de asegurar que la poesía ha muerto en Inglaterra. Greene acorta súbitamente su estancia, asegurando que no ha podido dormir a causa del silencio que reina en la casa. Orlando accede otorgarle una pensión -tema que el mismo Greene ha insinuado en sus conversaciones previas- a cambio de su opinión sobre “la muerte de Hércules”, una de sus obras. Greene aprovecha la experiencia para escribir un nuevo poema, satirizando a su anfitrión con pormenores que lo identifican fácilmente, incluyendo algunos pasajes de “la muerte de Hércules”, que encuentra extremadamente mundano y rimbombante. 
Tras leer el poema de Green, Orlando decide quemar su producción poética de 57 obras, conservando sólo “El Roble”. Harriet, una joven archiduquesa, muestra un sofocante interés por el joven mediante frecuentes visitas a su mansión. Orlando no encuentra otra vía de escape que solicitar al rey una comisión como embajador a Constantinopla. Allí, cae nuevamente en un profundo sueño que dura siete días. Los turcos se han levantado en contra del sultán, masacrando y torturando a los extranjeros que encuentran a su paso, pero Orlando escapa a tal suerte, gracias al profundo sopor que lo hace pasar por muerto. Al despertar, descubre que se ha transformado en mujer. Con la ayuda de una gitana, escapa de Constantinopla y empleando una perla de su collar, consigue embarcarse con rumbo a Inglaterra. 
Al llegar, se encuentra inmerso en disputas legales derivadas de la presunción de su muerte y el cambio de sexo, ambas contrarias a la posibilidad de retener sus propiedades. Al encontrarse nuevamente con la archiduquesa Harriet, descubre que en realidad es un hombre quien, enamorado de Orlando, se disfrazó de mujer, procurando así su cercanía. Harriet reinicia sus propuestas amorosas con renovado fervor. Excepto por la inversión de los roles sexuales, el cortejo resulta igualmente fastidioso. Orlando consigue despertar su indignación al hacer trampa en un juego que consiste en apostar sobre cuál terrón de azúcar se posará una mosca y de inmediato parte hacia Londres, donde frecuentará a los poetas y pensadores de la época. Su aspecto se ha estancado alrededor de los 30 años de edad, aunque han transcurrido más de 300 desde su nacimiento. Así, Orlando atestigua la niebla que se posa sobre la isla al inicio del siglo XIX, coronándola permanentemente en un clima de lluvia y humedad. 
Durante una caminata por el campo, tropieza accidentalmente y es asistida por Marmaduke Shelmerdine, un marino que sólo aguarda la llegada del viento sureste para levar anclas. Ambos entablan una relación amorosa y contraen matrimonio abruptamente cuando el viento comienza a soplar. Shelmerdine parte hacia el cabo de hornos y Orlando regresa a casa para finalizar el manuscrito de “El Roble”. Emprendiendo su primer viaje en tren, parte hacia Londres para que sea publicado y en la calle encuentra casualmente a Nick Greene, quien la invita a comer. Greene promete ayudarla y conserva el documento para encargarse de su publicación. Eventualmente, su obra le otorga cierta fama y reconocimiento a principios del siglo XX. Orlando visita el roble que solía frecuentar en sus días de juventud. Ubicado en lo alto de una colina, la vista domina varios condados, el palacio familiar y en días despejados, el estrecho de Gibraltar. Desde allí, percibe el retorno del navío en el que ha partido Shelmerdine. Es el 11 de octubre de 1928.


 Aunque no haga falta saberlo para disfrutarla, Orlando es en realidad una "novela en clave" o roman à clef: Orlando es en realidad un trasunto de Vita Sackville-West (escritora y amante durante unos años de la propia Virginia Woolf); la hermosa Sasha es Violet Trefusis, amante a su vez de Vita Sackville; Marmaduke Bonthorp Shelmerdine es Harold Nicholson, el marido de Vita, quien conocía sus affairs con mujeres, los aceptaba y a su vez tenía sus propios amantes masculinos (a pesar de lo cual eran un matrimonio de lo más unido y feliz), etc. Seguro que los conocidos de Woolf disfrutaron muchísimo intentando poner nombre a todos los personajes de la novela; el lector actual, que no tiene por qué conocerlos, la disfrutará igualmente, como una obra maestra de imaginación y libertad creativa.

http://www.abc.es/cultura/libros/20150224/abci-virginia-woolf-biografia-201502241041.html
http://www.vavel.com/es/libros/272623-una-habitacion-propia-de-virginia-woolf.html
http://unlibroaldia.blogspot.com/2010/08/virginia-woolf-orlando.html
http://litteratum.com/orlando-virginia-woolf.php