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viernes, 13 de diciembre de 2019

ANTONIO BUERO VALLEJO Y LA TEJEDORA DE SUEÑOS

Buero Vallejo,nació el 29 de septiembre de 1916 en Guadalajara.Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Madrid.En enero de 1937, durante la Guerra Civil española, se enroló en el Ejército republicano después de que su padre fuera detenido y fusilado el otoño anterior. Su progenitor era capitán de Ingenieros que se sumó al Alzamiento de Franco y fue fusilado por la República en los primeros meses de la contienda. Fue destinado al frente del Jarama de donde será trasladado al frente de Aragón. Por entonces estaba afiliado al Partido Comunista, adscripción que no abandonará en ningún momento.Al terminar la guerra es detenido y conducido al campo de concentración de Soneja, en la provincia de Castellón. Es condenado a muerte aunque se le conmutó por la de cadena perpetua y pasó en la cárcel casi siete años, donde coincidió con el poeta Miguel Hernández.La experiencia de la guerra y de la cárcel del joven Buero Vallejo marcó después su trayectoria personal, así como su obra teatral, influida por el compromiso político, los anhelos de libertad y de justicia y la lucha por la vida.


Cuando uno se enfrenta a la Odisea de Homero, descubre una imagen de Penélope que dista ciertamente de la que presenta Buero Vallejo en su obra “La Tejedora de Sueños”. En la obra del poeta griego, la esposa de Ulises es un personaje ceñido al hogar que ha dejado vacío el héroe; se muestra prudente y con un corazón entristecido por la ausencia de su amado. Se niega a perder toda esperanza sobre el regreso de su amado, ella espera firme y es una esposa fidelísima que no cae en la destemplanza de sus pretendientes. Es una mujer ejemplar que lleva esperando veinte años el regreso de su marido y que la rueca con la que hila es metáfora del tiempo transcurrido. 


La “Penélope” de Buero se convierte desde las primeras líneas en protagonista de la obra, esa mujer que vive en soledad pasa a un primer plano. La esposa fiel, ahora lidera un argumento, pero sigue sumida en la tristeza y en la indecisión. Llega a conocerse por dentro y el sentimiento que predomina en ella es el de una mujer frustrada a la que el paso del tiempo la ha deteriorado y que emite un reproche en voz alta contra la guerra de Troya, pues ésta dejó sin marido a un gran número de mujeres. Entonces siente odio por Helena y por Ulises, por los veinte años pasados en soledad y por las horas infinitas que ha pasado delante del telar, tejiendo y destejiendo un estúpido sudario que, por sorprendente que parezca, carece de simbología, aunque sea aludido con él, el propio Laertes. Homero había puesto en boca de Penélope palabras que implicaban una fidelidad eterna, propia de una mujer abnegada; ahora Buero quiebra esa orientación convirtiéndola en presa del tiempo, de la frustración y de la falta de esperanza, pues todo ha sido fruto de un sueño y será éste la que le dé el descanso eterno


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El dramaturgo español parte de unos presupuestos muy legítimos a la hora de idear su obra: Helena, la guerra de Troya, la ausencia del esposo, la pérdida de esperanza, la soledad. Pero da una vuelta de tuerca más a la obra homérica, Penélope odia cuanto Helena motivó. Ulises en su regreso, quiere volver a vivir desde el mismo punto en el que él abandonó Ítaca, y esto sencillamente ya no es posible. Buero lo deja muy claro. Ahora Penélope, esa mujer que fue fiel y devota, paciente y abnegada, que se encontraba instalada en la esperanza, quiere e intenta crear un nuevo orden en su cosmos y ese nuevo mundo está protagonizado por uno de los pretendientes, el leal Anfino. Esto, como es de suponer resulta difícil de imaginar en el texto homérico. La llegada de Ulises, rompería dos perspectivas fundamentales en la vida de nuestra protagonista. Por un lado, se rompería el sueño en el que se encontraba la ausencia de Ulises, por otro, el futuro con uno de sus pretendientes, Anfino




Esa ausencia mencionada, es el centro de una idea vertebradota de la obra de Buero pues es en ella donde sitúa Penélope a Ulises y a Helena, que representan una simbología humillante. Ulises se marchó a Troya concitado por Menelao para rescatar a Helena y fue ésta la auténtica culpable de la pérdida de los maridos de muchas mujeres. Penélope se ve avocada al deterioro físico que el tirano tiempo provoca en todos nosotros, es ahí donde Buero consigue una imagen muy humana de ella. Helena sigue bella por boca de Ulises y es ese sentimiento de venganza el que provoca en la mujer abnegada una reacción que será crucial para la obra teatral que plantea Buero Vallejo. Penélope se muestra desde su interior hacia fuera, sorprendiendo a propios y a extraños y poniendo al héroe en una tesitura poco habitual. 



Ulises vuelve y esto provoca un caos en el orden cósmico establecido en el interior de su mujer. Lo mismo ocurrió con su partida, que ni el propio Atlas hubiera sujetado tan asolador mundo, un mundo en el que tuvo que vivir a la “viuda”. El héroe una vez más juega con ventaja en las dos obras, tanto en la griega como en la de Buero. Su manejo del arco le conducirá hacia el éxito, pero ignora de todo punto, que ese éxito pronto se tornará en odio y en desazón puesto que Buero así lo quiere. Lo que hace veinte años conquistó a la bella Penélope, esto es, el manejo del arco por parte del héroe ahora Buero lo trastoca y la gallardía demostrada una vez más por Ulises no tendrá recompensa. Ahora la esposa posee otros valores a los que le han conducido la tristeza, la soledad y la desesperación: la maestría con el arco, las implicaturas sexuales y machistas que ello conlleva no le sirven. Lo que ahora a ella le importa, es la valoración sentimental de los seres. Buero hace algo excepcional e impone la victoria emocional e intelectual al propio héroe y guerrero. En cierto modo, aunque vagamente, esto recuerda al discurso de las armas y las letras. Anfino ahora representa la cordura y el intelecto y es destruido por las armas y la fuerza, por el héroe que ahora ya no lo es tanto, como muestra Buero Vallejo.



Digna de mención es la criada Dione, figura fundamental en “La tejedora de sueños” pues encarna la figura del malvado y se encuentra en un plano opuesto al personaje de Penélope, pues ambas están enamoradas de Anfino y ambas sienten amor por Telémaco, una filial y otra sexual. Dione también es tejedora, pero no de sueños sino de planes y estrategias. La suya es unir a la reina con Anfino para que ella se convierta en amante y pueda disfrutar de las riquezas del palacio. Es Dione la que posee la llave que abre el secreto de Penélope, un secreto que la conduciría a la perdición, pues destejer es una tarea innoble que impacientaría aún más a los pretendientes. Penélope no representa al personaje de Homero, ni Ulises ni Telémaco y es precisamente Dione la que nos pone en la pista de esa nueva concepción de personajes, nos abre los ojos sobre la nueva vertiente que plantea Buero, y es por ello que el dramaturgo le de tanto relieve: Dione es el detonante de la acción modificadora con respecto a la obra original



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En el texto original de Homero, Telémaco es un hijo dedicado a su madre y muestra respeto hacia ella sin variaciones. Es una figura noble y fiel al linaje de su padre. Sin embargo, Buero dintela una figura muy diferente. Telémaco es un personaje enamorado de una de las esclavas de su madre, ésa mencionada líneas más arriba y que conducirá a la perdición a todos los personajes. La madre defenderá al hijo sin que él lo sepa y el muchacho caerá en los brazos codiciosos de una esclava. Por ello, Penélope lo aleja de Dione enviándolo en busca de su padre, lo que propiciará un enfriamiento en las relaciones que conducirán al olvido.




En la “Tejedora de Sueños” nos enfrentamos a la historia de Penélope y a su vez intentamos dar sentido a un mito. Buero ha entendido lo que fue la creación homérica y lo hace renacer, dándole vigencia y validez en nuestro tiempo...en nuestra época.

https://andreitahuete.wixsite.com/literature-blog/single-post/2016/05/12/Antonio-Buero-Vallejo
http://elcriticonlector.blogspot.com/2014/12/la-tejedora-de-suenos-antonio-buero.html
https://www.researchgate.net/publication/298806617_Anfino_el_elogio_del_humilde_Alrededor_de_la_tejedora_de_suenos_de_Buero_Vallejo


martes, 16 de julio de 2019

ANTONIO LAURENT DE LAVOISIER...DEL LABORATORIO A LA GUILLOTINA



Hoy nos toca quitarnos el sombrero e inclinarnos ante semejante personaje.Un individuo dotado de un saber extraordinario, cuya historia se desarrolla en una época particularmente convulsionada: la era de la Revolución Francesa. Estamos hablando de Antoine-Laurent de Lavoisier (Antoine Lavoisier, tras la Revolución Francesa), quien fue un prominente noble francés, de invaluables aportes al desarrollo de la química y la biología, siendo clave en la modernización de ambas.
En esta breve reseña biográfica en honor a Lavoisier, mencionaré algunos de sus aportes en materia científica, al tiempo que sobrevolaremos algunos aspectos de su vida personal. Les invito a acompañarme.

Antoine Lavoisier nació el 26 de agosto del año 1743, en el seno de una familia parisina bien posicionada, la cual le dejó una jugosa herencia como legado. En el Colège Mazarin realizó sus estudios en química, botánica, astronomía y matemáticas para, años más tarde, convertirse en miembro de la Academia de Ciencias de Francia.
En cuanto a los descubrimientos científicos realizados por él, cronológicamente, se destacan sus trabajos en relación con los gases, el agua y la combustión. Pero fueron sus experimentos con el oxígeno los que le proporcionaron una credibilidad irrefutable a su desempeño como químico, subrayando su nombre en la historia de las ciencias.
Por aquel entonces, en la década de 1770, la teoría del flogisto reinaba la comunidad científica, la cual fue publicada a comienzos del siglo XVI y cuyos postulados señalaban que, al ser quemados, los cuerpos combustibles liberan una sustancia llamada flogisto y pretendía explicar no sólo la combustión de los cuerpos, sino también la combustión de los metales.
Por su parte, Lavoisier descreía de la misma y demostró que el oxígeno era el verdadero responsable de la oxidación de los metales, además, explicó el importante rol del oxígeno en la respiración de las plantas y los animales. Junto a Pierre-Simon Laplace, Lavoisier demostró experimentalmente que la respiración era básicamente una lenta combustión de material orgánico a través del oxígeno.

 Seguramente ya habran leido mutitud de veces sobre la Ley de conservación de la materia o como algunos aún le llaman: la Ley de Lavoisier. Obviamente, esta ley no lleva el nombre del prestigioso químico del siglo XVI por simple casualidad, pues a pesar de que la ley fue expresada preliminarmente por Mikhail Lomonosov en el mismo siglo, décadas más tarde, Lavoisier fue quien reformuló la ley. Básicamente, la ley de Lavoisier se enuncia de la siguiente manera:

“En una reacción química ordinaria la masa permanece constante, es decir, la masa consumida de los reactivos es igual a la masa obtenida de los productos.”
Los experimentos químicos de Lavoisier se caracterizaban por la especial atención que le prestaba a la precisión de cada uno de ellos. Siempre se encargaba de pesar cuidadosamente los reactivos y productos involucrados en una reacción química y fue precisamente esta costumbre lo que lo encaminó a la formulación de la ley.
Antoine Lavoisier también observó que a pesar de que la materia puede cambiar su estado en una reacción química (lo cual ya vimos cuando hablamos acerca de los llamados fenómenos químicos), la masa total de materia es la misma, tanto antes como después de la reacción química.
Esta observación sienta la base de la Ley de conservación de la materia, crucial para comprender la dinámica de la química, presente en numerosas expresiones propias de la disciplina. Por otra parte, es fundamental en todo lo relativo a ciencias naturales y por ello es que el reconocimiento al trabajo de Lavoisier es tal.



Además de todo lo mencionado, Lavoisier se destacó por investigar la composición del aire y del agua. Él fue quien determinó que el hidrógeno y el oxígeno estaban presentes en el agua y que el aire era una mezcla de gases, principalmente de hidrógeno y oxígeno. Su aporte al desarrollo epistemológico de la química se traduce en sus publicaciones, que constan de cuerpo teórico y de ejemplos claros.
Esto permitió una solidez mucho mayor en la constitución de la química y fue un ejemplo imitado por otros investigadores posteriores. En términos más concretos, el legado de Lavoisier fue más que notable. Instauró el uso de la balanza en los experimentos, derribó la teoría del flogisto y desarrolló un nuevo sistema de nomenclatura química en el que el oxígeno era parte fundamental de los ácidos, hipótesis que vale la pena mencionar a pesar de que haya sido refutada tiempo más tarde.



En el año 1794, tras numerosas revueltas, Lavoisier fue decapitado por los revolucionarios,quienes le acusaron de traidor. No obstante, su nombre no se vio empañado por ello y su historia es absolutamente fascinante.
Junto a otros 27 intelectuales Lavoisier sería acusado directamente por Jean-Paul Marat, quien, con cargos realmente ridículos, como el de “adulterar tabaco,” ordenaría la ejecución del gran químico en un juicio sumario. Irónicamente, una decisión nacida del rencor, ya que años antes Lavoisier había rechazado una invención de Marat tildándola, aunque de manera cortés, de ridícula. Si bien se armaría un gran revuelo entre los detenidos, Lavoisier intentaría jugar una última carta desesperada:
A pesar del veredicto, el químico intentaría apelar, citando la importancia de sus investigaciones y la necesidad de finalizarlas, a lo que, en una de las frases más increíblemente tristes e ignorantes de la historia, el juez revolucionario le respondería:

“La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido”
Nota curiosa: La vida de Lavoisier  parece estar marcada por el poco interés de su pueblo. La única estatua metálica que se erigió en su honor representaba la cabeza de otra persona, ya que el escultor dijo “no tener tiempo” de crear una copia de la cabeza de Lavoisier, y la misma sería fundida durante la Segunda Guerra Mundial para hacer balas.

https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/4377/caracteristicas-del-oxigeno
https://scienceworld.wolfram.com/biography/Lavoisier.html
http://archive.org/search.php?query=creator%3A%22Lavoisier%2C%20Antoine%20Laurent%2C%201743-1794%22

jueves, 4 de julio de 2019

ANTONIO DE NEBRIJA Y LA PRIMERA GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA


Humanista y polígrafo español, de nombre real Antonio Martínez de Cala y Jarava, nacido en Lebrija (Sevilla) en 1444 y muerto el 2 de julio de 1522 en Alcalá de Henares (Madrid). Fue autor, entre otras muchas obras, de la primera gramática de la lengua castellana.
Son muchos los datos que sobre su propia vida nos legó Nebrija, recogidos en los prólogos y en las cartas preliminares de algunas de sus obras. Así, en la carta dedicatoria con que se abre el Vocabulario español-latino (1495), que dirige a Juan de Zúñiga (maestre de la orden de Alcántara, al mismo tiempo que protector y amigo), el humanista traza una breve semblanza de su persona. En ella evoca su niñez, transcurrida en tierras de Lebrija, a la vez que recuerda su adolescencia, que dedicó por completo al estudio: primero, en Salamanca; después, en Italia. De este modo, nos consta que nació en el año 1444, aunque quepan ciertas dudas a este respecto, pues existen documentos que llevan la fecha de su nacimiento a 1441. Sin embargo, de atender a su testimonio, no cabe duda sobre la primera datación:



"Mas aunque se me allega ya el año cincuenta y uno de mi edad porque nací un año antes que en el tiempo del rey Don Juan el Segundo fue la próspera batalla de Olmedo (que tuvo logar en 1445)". Vocabulario español-latino.



Su niñez se dibuja con trazos más emotivos y delicados en las poesías que compuso en honor de su tierra y de sus padres a su regreso de Italia. Son su Antonii Nebrissensis salutatio ad patriam multis ante annis non visa et memorata infantia sua, y la intitulada De patria antiquitate fertilitateque eius et parentibus auctoris, donde recuerda su casa, sus primeros pasos e incluso las canciones de su madre. Gracias a estas composiciones panegíricas de notable brevedad, conocemos algo acerca de sus hermanos y hermanas (muertos muy jóvenes) y de sus padres, de quienes dice eran de mediana condición.


De ese modo, se sabe que Antonio Martínez de Cala y Jarava aprendió los primeros rudimentos de las letras latinas en su pueblo natal. Este recuerdo permanece en la carta que escribió al Rey Católico con motivo de su nombramiento como historiador regio en 1509:



"Aunque no he aprendido latín en el Lacio ni siquiera en Sarmacia, sino en la Bética, la que, como dice Estrabón, fue la primera de entre todos los pueblos hispanos que se convirtió a las costumbres y a la lengua romanas".

Con posterioridad, y de acuerdo con otras noticias que el propio Nebrija da de sí mismo, sabemos que completó su curriculum studiorum por medio de viajes dentro y fuera de España, al igual que otros muchos eruditos de la época:

"Así que en edad de diez y nueve años yo fui a Italia, no por causa que otros van, o para ganar rentas de iglesia o para traer fórmulas de Derecho civil y canónico, mas para que, por la ley de la tornada, después de luengo tiempo restituyese en la posesión de su tierra perdida los autores del latín, que estaban ya muchos siglos había desterrados de España". Vocabulario español-latino.

Fue precisamente esa estancia en Bolonia, como becario del colegio español de San Clemente, la que hubo de marcar sus pasos posteriores. De hecho, ese periplo italiano determinó que, en España, Nebrija fuese el principal valedor de muchos de los fundamentos del Humanismo, al que Petrarca había insuflado no pocas energías en el siglo XIV. Nicolás Antonio, en la biografía de Nebrija inserta en su Biblioteca Hispana Nova, arroja luz sobre algunos aspectos más de esta etapa de formación. Nos recuerda que visitó numerosos centros de estudio y que pudo traer consigo "los excelentes frutos de las lenguas latina, griega y helena y los de la erudición de todas las artes liberales". Todo ello fue posible gracias a profesores de la talla del gramático Martino Galeoto. Del mismo modo, Nicolás Antonio recuerda que penetró en los secretos de la Teología, de los dos Derechos (utriusque iuris) y del arte de la Medicina.
El deseo de Nebrija de dedicarse de lleno a sus propias investigaciones, lejos de las aulas, se vio satisfecho gracias a la ayuda de Juan de Zúñiga, quien le brindó el apoyo económico necesario para abandonar la Universidad. Fue una etapa de febril actividad, en la que publicó el Diccionario latino-español , el Vocabulario español-latino o la Gramática de la lengua castellana, defendida también ante la reina por fray Hernando de Talavera, quien reconocía la utilidad de este instrumento para difundir la lengua castellana por las nuevas tierras del Imperio
 Detengámonos unos instantes para calibrar la importancia extrema de esta obra que ya ha cumplido cinco siglos. Es bien sabido que una de las reivindicaciones básicas del humanismo italiano había sido la depuración del latín: ahora bien, tampoco olvidemos que otro frente igualmente importante se abrió en favor de la lengua vernácula: se trataba de dignificar el español como se venía haciendo con el italiano, lengua ésta que Petrarca identificaba con el latín. Antonio de Nebrija fue el primero en recoger el testigo y en elaborar la primera gramática moderna de una lengua vernácula (lejos quedaban los densos apuntes gramaticales de las artes de poesía occitanas y experimentos de parecida índole en otras zonas de la Romania). Faltaban treinta y siete años para que apareciera la primera gramática italiana de Trissino, cincuenta y ocho para que viese la luz la francesa de Louis Miegret y cerca de cincuenta para la portuguesa de Fernando de Oliveira 


A pesar de su extraordinaria importancia, la Gramática no volvió a editarse en vida del autor; de hecho, hubo que esperar hasta el siglo XVIII para ver una segunda edición de manos de Francisco Miguel Goyoneche, conde de Saceda.
Para retomar el hilo de las obras de este período, compuestas junto al maestre de Alcántara, cabe señalar su Muestra de Antigüedades de España (1499), que constituye un claro ejemplo del interés humanístico que despertaban los restos arqueológicos, en los que se buscaba testimonio de un pasado cultural glorioso; en el fondo de esta preocupación por los vestigios de la Antigüedad latía un claro sentimiento nacionalista que Nebrija no había dudado en manifestar en alguna que otra ocasión, como en el prólogo a su Gramática ("Y porque mi pensamiento y gana siempre fue engrandecer las cosas de nuestra nación").
Otras muestras del interés de este humanista por las ruinas son varios poemillas dedicados a determinados monumentos romanos, que compuso por esas mismas fechas: el De Emerita restituta, su De Traiani Caesaris ponte y el De statua Amaltheae, incluidos todos en la edición de su poemario de 1491. Por último, hay que recordar una nueva obra dedicada a Zúñiga: su Isagoge Cosmographiae, que, como han recordado algunos críticos, responde al interés suscitado por la materia geográfica y astronómica en una época marcada por los grandes viajes y descubrimientos.
A esta época pertenece también la tercera edición de las Introductiones, también conocida como Recognitio, en la que el texto gramatical iba acompañado por una extensa glosa; a partir de ese momento, hubo dos formas distintas de imprimir la obra: una extensa, compuesta del texto y el comentario, en tamaño folio, y una más breve, en tamaño de cuarto.



Por estos años, brilló también con especial fulgor el Nebrija polígrafo, entregado a materias científicas como la astronomía; de hecho, su aportación fue decisiva para la recuperación de la figura y la obra de Ptolomeo, con la indicación exacta de las latitudes y longitudes para cada lugar del orbe. Al respecto, Nebrija ofreció el epítome In Cosmographiae libros introductorium (1499), obra en la que el punto de partida se halla en el signo de aries en la esfera celeste y en la isla de Hierro en la terrestre. En esta obra se alude a los descubrimientos en el Nuevo Mundo, lo que le confiere un valor añadido.
A comienzos del siglo XVI, el cardenal Cisneros acometió la creación de la nueva Universidad de Alcalá de Henares, que nacería con un espíritu totalmente acorde con los nuevos tiempos. En el seno de esta novísima academia, con un selecto plantel de eruditos de las lenguas hebraica, griega y latina, se emprendió la labor de editar la Biblia, para lo que se adoptaron algunos de los métodos de la nueva filología humanística. Como cabía sospechar, Nebrija había seguido muy de cerca la actividad del cardenal. Desde mucho antes, se había sentido atraído por el estudio de las Sagradas Escrituras. De 1501 era suHymnorum recognitio cum aurea illorum expositione, que no era más que una edición de una colección de himnos muy célebres en ese momento. Algunos de sus trabajos sobre filología bíblica le llevaron incluso a enfrentarse con el Inquisidor General, Fray Diego de Deza, con motivo de su primera Quinquagena, un tratadito en el que se explicaban cincuenta lugares de la Sagrada Escritura. Para defenderse, Nebrija compuso su Apologia, donde indica que ha elegido como juez en el proceso al propio Cisneros. Finalmente ese trabajo de Nebrija pudo ver la luz en una tercera versión, la Tertia Quinquagena (1516), una vez que Cisneros fue nombrado Inquisidor General en 1507. Así, es posible comprobar que la amistad entre Nebrija y Cisneros venía de muy atrás.
Cuando Nebrija hubo de abandonar la Universidad de Salamanca , se dirigió hacia Alcalá de Henares para pedir asilo junto al gran cardenal. Éste, según su biógrafo Alvar Gómez de Castro, le acogió de buen grado. De esta manera se iniciaba la última etapa de su vida, en que quedó ligado de una manera muy flexible a la universidad, pues, el propio Cisneros le había dado permiso para que "leyese lo que él quisiese y, si no quisiese leer, que no leyese". De todos modos, frente a los deseos primeros del Cardenal de que Nebrija formase parte del equipo encargado de editar la Biblia, pronto surgieron las disensiones. Cisneros, en realidad, no pretendía preparar una nueva edición de la Biblia sino más bien una buena edición de la Vulgata; por dicho motivo, el Cardenal no tuvo reparos en alterar los textos en griego o en hebreo con el fin de acomodarlos a la tradición latina. Por contra, Nebrija, partidario de cambiar el texto latino conforme a los testimonios más antiguos de las obras lenguas bíblicas (el hebreo, el caldeo o el griego), no se sentía a gusto con el método. Por esta causa abandonó finalmente el proyecto y expuso al cardenal sus motivos en una carta:
"Cuando vine de Salamanca, yo dejé allí publicado que venía a Alcalá para entender en la enmendación del latín, que está comúnmente corrompido en todas las Biblias latinas, cotejándolo con el hebraico, caldaico y griego. Y que ahora, si alguna cosa o falta en ello se hallase, que todos cargarían en mí la culpa y dirían que aquella ignorancia era mía pues que daba tan mala cuenta del cargo que me era mandado. Entonces V. S. me dijo que hiciese aquello mismo que a los otros había mandado, que no hiciese mudanza alguna de lo que comúnmente se halla en los Libros antiguos".



De todos modos, Nebrija permaneció en Alcalá de Henares y siguió manteniendo una buena relación con el Cardenal. Juan Huarte de San Juan, al recordar la figura de Nebrija, dice que en los últimos tiempos había perdido la memoria, por lo que precisaba llevar las lecciones por escrito para saber lo que tenía que contar. Valga una última curiosidad. Por lo que respecta al aspecto físico del maestro andaluz, contamos con la descripción que de él nos dejó Nicolás Antonio, que, de acuerdo con numerosos testimonios, apunta que era "de estatura mediana, pero compacta, y con un rostro que reflejaba majestad y dejaba entrever un hombre dedicado al estudio; de voz agradable, piernas delgadas y de ojos pequeños, semejantes a los de Aristóteles (de acuerdo con lo que cuenta Laercio)". Hagamos o no caso a la interpretación que de las características corporales hacían los tratados de fisonomía, esas fueron las trazas de uno de los personajes más importantes en la historia cultural de España: un debelador de la barbarie, como él mismo gustaba llamarse, con el que se inauguró una nueva época en la historia de nuestras letras que culminó con los frutos de nuestro esplendoroso Siglo de Oro.


Algunas de las obras de este último período en la vida de Nebrija son la Tabla de la diversidad de los días y de las horas , donde incluyó unos cuadros por los que se podían averiguar las horas y partes de hora en las ciudades de España y del resto de Europa. Inédita quedaría su De ratione calendarii, obra cuyo punto de partida era una consulta que el papa León X había hecho a la Universidad de Salamanca en ; además, sobre esta materia dio a la luz veintiséis axiomas, que tituló Carmina ex diversis aucthoribus in calendarii rationem collecta. Sobre la cronología trata también la Tabla de la diversidad de los días y horas y partes de hora en las ciudades, villas y lugares de España y otros de Europa, que les responden por sus paralelos , basada en el célebre Almanach o Almanaque de Abraham Zacut. Discípulo suyo fue Juan Ginés de Sepúlveda, cuyo De correctione anni et mensium romanorum, escrito hacia 1535, gozó de un largo éxito editorial.
También en  aparecieron sus Reglas de Orthographía en la lengua castellana, en su último intento por dar una cierta normativa al castellano tras el estrepitoso fracaso de su Gramáticaa este respecto. Ya enfermo, según nos narra el Brocense en el prólogo de su Minerva, había dado ciertos retoques e incorporado algunos materiales a sus Introductiones, aunque se quejaba de que su debilidad no le permitiría dejarlas concluidas. Dicha edición revisada fue ya póstuma: se publicó en Alcalá en , cuando sabemos que Nebrija había muerto el 2 de julio de 1522.
Al lado de estas obras, que podemos llamar de creación, hubo algunas más que fueron inspiradas por su labor docente; nos referimos a su tarea como editor de textos latinos, en especial poéticos. Hemos de citar sus ediciones con comentarios más o menos amplios de Persio, Sedulio, Prudencio; de forma póstuma, apareció su comentario a Virgilio. Junto a estos textos, cuyo talante es claramente escolar, hay otros como su Artis Rhetoricae compendiosa coaptatio ex Aristotele que, escrita por encargo de Cisneros, poseía también un fin propedéutico, y un breve tratado sobre la educación de los hijos, De liberis educandis, compuesto para Miguel de Almazán.



Pero él nunca había olvidado su pueblo; el excesivo trabajo y el buen trato recibido le hicieron desistir en varias ocasiones de sus propósitos de regresar al mismo. El amor a su pueblo natal lo manifiesta en una de sus mejores composiciones poéticas:

"No te enojes conmigo,
pensando que no tengo
amor a mis padres
ni a mi patria,
porque he tardado tanto

en volver al suelo natal.

Mas si la muerte

no me corta antes de tiempo,

el hilo de la vida;

si logro sustraerme
a la ley del año climatérico;
si las musas me conceden
una tranquila vejez
y no se da prisa Laquesis
a sacarme de este mundo,
la tierra que me engendró
y crió con tanto regalo
recibirá en su seno
mis cenizas."
Y como último apunte otro fragmento: 

"Mucho debo a mi patria,
pero más me debe ella a mí.
Ella me dio esta vida;
yo la he hecho a ella
inmortal con mis estudios.

Gracias a mis letras

viviremos los dos

muchos siglos

en la memoria de los hombres."

http://www.enciclonet.com/articulo/humanismo/

https://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A1quesis