lunes, 18 de abril de 2016

LA HEMOFILIA... enfermedad genética debida a una alteración cromosómica


Ayer dia 17 de abril fue el dia internacional de la HEMOFILIA...aunque tarde,no quiero dejar pasar esta enfermedad tan importante sin hacer un pequeño comentario sobre ella...
Espero que disculpeis mi retraso...



La Hemofilia,es una enfermedad hereditaria que sólo afecta, prácticamente, a los varones. Se caracteriza por un trastorno de la coagulación de la sangre, lo que provoca hemorragias con facilidad.
Cerca de 1 niño de cada 5.000 nace hemofílico. Si se realiza un tratamiento correcto, estos niños pueden llevar una vida prácticamente normal.


Su transmisión

La hemofilia es una enfermedad hereditaria. Se presenta bajo dos formas: hemofilia A, relacionada con una deficiencia del factor VIII de la coagulación, y hemofilia B, relacionada con una deficiencia del factor IX de la coagulación. Los factores son las proteínas indispensables para la coagulación de la sangre. Hay trece, en total.
La primera, hemofilia A, es diez veces más frecuente que la hemofilia B. El gen que causa esta deficiencia se encuentra situado en uno de los dos cromosomas X de la madre. En teoría, una mujer portadora del gen de la hemofilia tiene la mitad de sus hijos hemofílicos y la mitad de sus hijas portadoras de la enfermedad.
Los otros hijos están sanos. Un hombre afectado transmite el gen a sus hijas, pero a ninguno de sus hijos. En el 25-30 % de los casos, la enfermedad aparece sin que existan antecedentes familiares.



Síntomas

La gravedad de la enfermedad varía según la importancia de la deficiencia de los factores. Así, la hemofilia puede ser menor, moderada o grave. En las formas menores, hay que temer hemorragias sólo durante las intervenciones quirúrgicas o las extracciones dentales. En las formas moderadas, aparecen después de caídas y traumatismos. En las formas graves, aparecen de forma espontánea y provocan hematomas en los músculos, bajo la piel y en las articulaciones.




Tratamiento

Hace cincuenta años, los pacientes jóvenes no solían alcanzar la edad adulta. En la actualidad, las hemorragias se controlan gracias a la administración repetida de los factores que faltan en la sangre.
En caso de una hemorragia grave e inhabitual, es indispensable hospitalizar al paciente.
Hasta hace poco, los factores de sustitución se elaboraban a partir del plasma de numerosos donantes de sangre. Se necesitaban las donaciones de varias decenas de personas para preparar cada dosis. Ello suponía, además, un riesgo importante de transmisión de infecciones víricas. Este peligro se ha limitado, actualmente, mediante la ingeniería genética, que permite obtener estos factores en el laboratorio.



Vida diaria

Los centros especializados permiten a los jóvenes hemofílicos llevar una vida bastante normal. Ofrecen información sobre los riesgos, el tratamiento y la prevención de la enfermedad. Una enfermera está a su disposición para enseñarles a administrarse ellos mismos los productos de sustitución. El aprendizaje empieza muy pronto, entre los 8 y los 10 años. Hay que tomar precauciones en la vida diaria: por ejemplo, deben evitarse los golpes y las caídas que pueden provocar heridas y hemorragias.


Enfermedades hereditarias

Existe un gran número de enfermedades que se deben a alteraciones de los genes situados en los cromosomas.
En la división celular a partir de las células germinales (espermatozoide y óvulo) fusionadas (huevo fecundado), se transmiten los cromosomas de ambos progenitores. Según la localización de la alteración genética, existen diversos tipos de herencia: ligada al sexo (los genes alterados se encuentran en los cromosomas sexuales X e Y), autosómica (los genes alterados se encuentran en los otros cromosomas), dominante (basta que uno de los padres sea portador del trastorno para que sus hijos lo sufran) y recesiva (la alteración debe encontrarse en los cromosomas de ambos padres).
La hemofilia es un ejemplo clásico de herencia recesiva ligada al cromosoma X.



Detección

La hemofilia es una enfermedad provocada por la deficiencia de una proteína de la coagulación de la sangre. Sólo los hombres están afectados, mientras que las mujeres transmiten la enfermedad. La enfermedad se diagnostica cuando aparecen hemorragias importantes durante el aprendizaje de la marcha o lesiones cutáneas características (equimosis, hematomas). También puede detectarse durante un análisis de sangre preoperatorio, durante una encuesta genética para estudiar el ADN o al tomar una muestra de sangre del feto, a nivel del cordón umbilical. Esta detección no es obligatoria. Las pruebas permiten determinar el tipo y la gravedad previsible de la enfermedad.


Hemofilia y deporte

Esta enfermedad supone un riesgo de hemorragia por pequeños traumatismos. La inyección repetida del factor deficitario (cada 2 o 3 días) permite mantener una concentración sanguínea suficiente para evitar las hemorragias. De esta forma, la calidad de vida de los hemofílicos ha mejorado notablemente en los últimos años y pueden practicar actividades cotidianas y deportivas normales. No obstante, es preferible evitar los deportes violentos o con riesgos traumáticos, como el judo, el fútbol o la equitación. Se aconsejan, preferentemente, deportes como la natación o la marcha.


Principios del tratamiento

El tratamiento se basa en la administración de fracciones concentradas de los factores de coagulación deficitarios. Se fabrican a partir de plasma sanguíneo y se administran bajo control médico. El tratamiento varía según la gravedad de la enfermedad: puede aplicarse de forma sistemática y preventiva o a demanda, en caso de manifestación patológica o de traumatismo.
 http://salud.doctissimo.es/enciclopedia-medica/enfermedades-geneticas/hemofilia.html

sábado, 16 de abril de 2016

CHARLES CHAPLIN, "CHARLOT"...LA SONRISA DE UNA GENERACIÓN

Charles Spencer Chaplin nació en Londres en 1889. Su padre, Charles Chaplin, era un actor de origen judío, un virtuoso del violonchelo, alcohólico, abandonó a sus hijos y murió muy joven. Su madre, Hannah cantante y bailarina, era una actriz de poca monta, alcohólica, se hizo cargo de los dos hijos, Sydney y Chaplin. Charles sustituyó a su madre en el teatro un día en que esta se puso afónica. Con la misma canción que cantaba su madre, a los cinco años, Charles tuvo un éxito memorable. Desde ese día actuó Charles y dejó de actuar su madre (Taylor, 1993. Esto le permitió en pocos años hacerse con una gran capacidad interpretativa para la comedia y la mímica.



 Cuando la madre se volvió loca y fue el propio Chaplin quien condujo a su madre a un manicomio. Los hermanos Chaplin pasaron temporadas entre orfelinatos y otras instituciones de caridad. Al morir su madre, Sydney, su hermano mayor y él vivieron de la caridad pública y de trabajos ocasionales en las calles y en el teatro. Su vida fue de extrema pobreza. El niño se ganaba la vida cantando y haciendo mímica por las calles de Londres A partir de los 12 años Charles trabajó en varias compañías teatrales.




A los Estados Unidos llegó enrolado en la troupe cómica londinense de Fred Karno. Lo vio actuar el productor Mack Sennett, jefe de la Keystone, que percibió inmediatamente su talento y lo llevó con él a Chicago y a California. Rodó decenas de películas para Sennett hasta que comenzó a rodar sus propias películas.



Casi desde sus comienzos creó el famoso personaje del vagabundo, conocido por ‘Charlot’, que le hizo mundialmente famoso. ‘En esa figura se funden otras muchas: (Fernández-Santos 1997) la del judío errante, la del pícaro enamoradizo, la del bandido generoso, la del apátrida 'sentimental, la del golfo enamorado, la del mendigo dandy, la del artista de la supervivencia, la del exiliado perpetuo y otras cristalizaciones de la metáfora bíblica de la sal de la tierra, es decir: la revulsiva, irresistible y confortadora gracia de esa casta de individuos que, expulsados de la colectividad porque no saben ceder a ésta un milímetro del territorio de su independencia, convierten su soledad en su pueblo’.


El mismo Chaplin dio a su personaje del vagabundo, que le acompaño desde sus primeros tiempos hasta la película Tiempos Modernos (Modern Times, 1940), el vestuario y maquillaje que lo identifica. Estaba formado de prendas de vestir prestadas o apropiadas de otros actores.


 Las botas de Sterling, tan grandes que para llevarlas se las tenía que colocar en el pie que no correspondía, los grandes pantalones del gordísimo Fatty Arbuckle, el sombrero hongo del suegro de Arbuckle, que tenía la cabeza muy pequeña, una estrecha chaqueta de Charles Avery, y el bastón que hacía tiempo el mismo Chaplin manejaba con soltura. Acompañados del bigotito cortado bajo la nariz, el personaje se hizo característico y fue desarrollado y perfeccionado a lo largo de los 22 años siguientes.



                                    
Entre 1914 y 1923 Chaplin interpretó, escribió, musicalizó, supervisó la fotografía, dirigió y produjo nada menos que 69 filmes. Rodó 35 películas en la Keystone, muchas de las cuales dirigió. Allí perfeccionó su oficio y pasó por otras compañías hasta tener estudio propio, en 1917. En esa época realizó cortos memorables. En 1919 rodó su primer largometraje El Chico (The Kid, 1921), obra social en la que incluye elementos autobiográficos y su preocupación por los niños abandonados.

                                    
En 1925 dirigió La quimera del oro (The Gold Rush) y  en 1928 El circo, consideradas ambas de lo mejor de su filmografía. En esos tiempos, el cine sonoro preocupó a Chaplin, que había visto caer a directores y astros del cine mudo. Sus siguientes películas, a pesar de incluir sonidos, música o trabalenguas, siguieron siendo eminentemente de mímica y pantomima muda a pesar de que el cine entraba de lleno en el sonoro.

Las críticas del puritanismo norteamericano, producidas por los contenidos o trasfondos sociales de las películas de Chaplin, se vieron incrementadas notablemente con la película El gran dictador(The Great Dictator, 1940), una sátira contra las dictaduras, en la que personifica caricaturescamente a Hitler. El mismo Chaplin comentó posteriormente que si hubiera sabido en aquello momentos la verdad sobre los campos de concentración y el exterminio nazi, nunca hubiera osado realizar la película.

 Las campañas de descrédito contra Chaplin se agudizaron a partir de la película Monsieur Verdoux, en 1947, sobre un cínico personaje que emulando a Barba azul se dedicaba a enamorar mujeres para quedarse con su dinero después de asesinarlas y mantener así a su familia. El trasfondo comparativo entre los crímenes de Verdoux y los que hacían los aliados en la guerra fría no gustó demasiado a las autoridades y a los patriotas americanos, y Charles Chaplin se exilió de los Estados Unidos en 1953.

Antes de abandonar los Estados Unidos rodó su última gran película, Candilejas (Limelight 1952), llena de referencias autobiográficas, sobre actores y el teatro. ‘Es Candilejas su gran película final, (Fernández-Santos 1997) la que logró la entera fusión en un solo gesto de la carcajada, y la lágrima y la contiene, en la terrible imagen del camerino donde Chales Chaplin y Buster Keaton, lo príncipes de la comedia fundacional de Hollywood, se van despojando de los acicalamientos de sus caretas de cómicos geniales y quedan reducidos a máscaras trágicas’.

Ya en Londres dirigió e interpretó Un rey en Nueva York (A King in New York, 1957), una crítica despiada contra la sociedad norteamericana, las persecuciones de la era de la caza de brujas del senador maccarthista que él mismo había sufrido y el dominio de la publicidad. Su última película, en la que no actuó fue La condesa de Hong Kong, (A countess From Hong Kong, 1967), a los 77 años, interpretada por Sofía Loren y Marlos Brando.
Charles Chaplin falleció, rodeado por sus hijos, nietos y su última esposa, Oona, hija del gran dramaturgo estadounidense Eugene O'Neil, en su casona suiza de Vevey, en la Navidad de 1977. 


FRASES...

 La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

 “El tiempo es un gran autor, siempre da con el final perfecto.” 

“Hay que tener fe en uno mismo. Ahí reside el secreto. Aun cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando qué comer para vivir, incluso entonces, me consideraba el actor más grande del mundo. Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso.”

Lo único que yo necesito para hacer reír a la gente es un parque, un policia y una chica guapa.” 

 “Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana.” 

“Luchad para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.”  

“Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos.”
 http://www.mundifrases.com/frases-de/charles-chaplin/
http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/figuraschaplin.htm

miércoles, 13 de abril de 2016

CONCILIO DE VIENNE...LA SUPRESIÓN DE LA ORDEN DEL TEMPLE

Séptimo concilio ecuménico (universal), celebrado por la Iglesia Occidental. La asamblea tuvo lugar entre el 16 de octubre del año 1311 y el 6 de mayo del año 1312, en la catedral de la ciudad francesa de Vienne, a instancias del papa Clemente V y del rey francés, Felipe IV el Hermoso. La cifra total de los prelados presentes y de los diferentes procuradores y representantes no es fácil de precisar, se sitúan en torno a los 150-200. Los motivos aparentes de la convocatoria conciliar fueron dos: la reforma de la iglesia y la recuperación de Tierra Santa. Estos dos temas de debate sirvieron de señuelo para dirimir otros dos temas de especial interés para el rey francés: el intento de condenar póstumamente al anterior papa, Bonifacio VIII, y la definitiva supresión de la Orden del Temple.
En el año 1294, el cardenal Benedetto Caetani fue proclamado Papa, con el nombre de Bonifacio VIII. Había sustituido en el cargo al papa dimisionario Celestino V, único pontífice en la historia que renunció a su cargo en vida y sin presión alguna. Bonifacio VIII pertenecía a la clase de papas postgregorianos: buen jurista, duro de carácter y plenamente imbuido de la idea de la supremacía de la autoridad papal por encima de los poderes temporales. Por su parte, Felipe IV de Francia, nieto de San Luis, era un político hábil y sin escrúpulos, considerado como el primer rey “moderno” de Francia. Éste se rodeó de un grupo de consejeros, adictos a su persona, expertos en leyes y que profesaban una ideología fundada sobre la omnipotencia del poder monárquico, representado por Felipe IV. Según los nuevos conceptos monárquicos, ninguna autoridad podía rivalizar con la autoridad regia, concepción que se resumía por completo en el principio político de Rex Imperator In Suo Regno Est (el rey es el único emperador en su reino), y que definía por sí sola la concepción absolutista del Estado monárquico. A causa de las concepciones tan contrapuestas que ambos personajes tenían sobre quién debía ostentar el Dominium Mundi, el enfrentamiento fue una consecuencia lógica entre ambos: orgullosos y con el claro convencimiento de estar en posesión de la verdad.
Bonifacio VIII, bien es cierto, no se dio cuenta de lo mucho que habían cambiado los tiempos desde principios de siglo, ya que pretendió ser y comportarse como lo hiciera Inocencio III, en una época muy distinta a la suya. Bonifacio VIII tuvo la desgracia de coincidir y encontrarse de frente con un rey, Felipe IV, que resultó ser para el pontificado un adversario mucho más peligroso de cuanto pudo haber sido Federico II, con todos sus ataques directos contra el Papado. Felipe IV poseía la osadía del que sabe que está en posesión de los resortes necesarios para llevar a buen puerto sus deseos de gobierno; rodeado de un grupo de expertos jurisconsultos que legalizaban todos sus actos de erosión contra el Papado, no se detuvo ante ningún obstáculo, aunque éste fuera el propio Papa.
El primer conflicto serio entre ambos surgió cuando Felipe IV, no observando la exención fiscal de los clérigos, pretendió obligarles a contribuir a un subsidio extraordinario para recaudar fondos en su lucha contra Inglaterra. Bonifacio VIII reaccionó con celeridad, promulgando, el 20 de septiembre del año 1296, la famosa bula Clericis Laicos, por la que amenazó con la excomunión a todo laico, rey, príncipe, duque, etc, que sin la autorización de la Santa Sede exigiese al clero cualquier tasa o tributo. Felipe IV devolvió el golpe prohibiendo cualquier envío de moneda a Roma. Bonifacio VIII volvió a responderle con la promulgación de una nueva bula, la Ineffabilis Amoris, en la que amenazó, nuevamente, al rey con la Ira de Dios, exponiendo la doctrina de la supremacía de la autoridad pontificia. Sucedió entonces un período de calma entre ambos durante el que, en el año 1300, se celebró en Roma el primer año santo o jubilar que se conoce en la historia de la Iglesia. Fue el acontecimiento que marcó la cumbre más alta y luminosa del papa Bonifacio VIII, que congregó en Roma una muchedumbre de peregrinos.
Poco duró la paz entre ambos, puesto que, en noviembre del año 1301, Bernardo de Saisset, obispo de Pamiers y nuncio del Papa en París, fue denunciado ante el rey, acusado de multitud de infracciones, tales como: crimen de lesa majestad, traición al rey, simonía, herejía y blasfemia, etc. De resultas de tales acusaciones, todos sus bienes, castillos y tesoros fueron confiscados por la corona. Bonifacio VIII, mediante la bula Ausculta Filii, protestó enérgicamente contra semejante atropello, conminado al rey a que enviase al prelado inmediatamente a Roma. En esta bula también le lanzó ataques durísimos contra su pretensión de ostentar la absoluta independencia y soberanía del poder real sobre el espiritual. Felipe IV y sus consejeros entresacaron un extracto de la bula y la tergiversaron astutamente, de forma que perdiese su intención inicial y presentase al pontífice como un personaje lleno de soberbia. Felipe IV se encargó de que dicho extracto se hiciera público en todo el orbe cristiano. Bonifacio VIII, harto de tanta osadía, redactó, el 18 de noviembre del año 1302, la bula Unam Sanctam. En esta bula, posiblemente la más famosa de todas las expedidas por la cancillería pontificia, Bonifacio VIII redactó la más completa expresión de la doctrina pontificia medieval sobre la autoridad que correspondía al Papa en el mundo, tanto en el orden espiritual como en el temporal. Bonifacio VIII exigió al rey francés, bajo la pena de excomunión fulminante, la total aceptación de esta doctrina. Felipe IV, sin retroceder un ápice, lanzó una acusación formal contra el Papa, tachándolo de perjuro y hereje y anunciando la reunión de un sínodo francés para deponerlo del Pontificado. Guillermo de Nogaret, consejero del rey, marchó a Italia y asaltó la ciudad de Agnani, donde se encontraba el Papa, al que hizo prisionero. Liberado por el pueblo, Bonifacio VIII apenas tuvo aliento para publicar otra nueva bula, la Super Petri Solio, excomulgando definitivamente al monarca francés y liberando a sus súbditos del deber de fidelidad. Un mes más tarde moría el Papa en Roma, el 12 de octubre del año 1303. Así terminó el último gran conflicto medieval entre el poder espiritual y el temporal, donde el Pontificado salió por primera vez derrotado. Benedicto XI, sucesor de Bonifacio VIII, apenas estuvo unos meses como Papa, pero se apresuró a anular todas las penas canónicas lanzadas contra el monarca francés. En el año 1305 fue elegido papaClemente V, de origen francés y manejado por Felipe IV. Este Papa trasladó la sede pontificia a la ciudad francesa de Avignon, en el año 1309, inaugurando así un largo proceso en el que el Papado estuvo bajo el predominio francés, hasta el año 1377. Esta época fue conocida, no sin exageración, como la “Cautividad de Babilonia”. No obstante, la sombra de Bonifacio VIII se extendió sobre el reinado de Felipe IV. Éste, para demostrar públicamente que su actuación fue la correcta, se reunió con el papa Clemente V en la ciudad de Poitiers, el 12 de agosto del año 1308, para acordar la celebración de un concilio general donde se aclarase el “ominoso pontificado” de Bonifacio VIII. Clemente V no tuvo más remedio que ceder.
La segunda cuestión de fondo que causó la celebración del concilio fue el deseo de Felipe IV de abrir un proceso contra la Orden del Temple. Esta Orden fue fundada en el año 1119 por el caballero francés Hugo de Payens, que junto con otros siete caballeros formó una fraternidad en la ciudad de Jerusalén que se sometió a los tres votos religiosos de castidad, pobreza y obediencia al Papa, este último destacaba como el más importante. La Orden tuvo un florecimiento espectacular gracias, en buena parte, al apoyo prestado por San Bernardo, que contribuyó a la redacción de la Regla y le dedicó un encendido elogio titulado De Laude Novae Militiae. El Temple recibió grandes privilegios de los papas y demostró un gran valor en la defensa de Tierra Santa, finalidad para la que fueron creados. El prestigio y la riqueza que acumuló fue enorme en toda la Cristiandad occidental, éxito debido a su eficaz organización interna y a la excelente administración de sus bienes. Pero fue sobre todo en el reino francés donde acumuló las mayores donaciones de tierra y dinero, gracias a las sucesivas mercedes de que fueron objeto por parte de los monarcas franceses. La pérdida de San Juan de Acre, en el año 1291, como último baluarte cristiano en Tierra Santa puso fin al objetivo primordial de la fundación templaria, por lo que sus miembros se replegaron a Europa. Sin Tierra Santa que defender, los templarios utilizaron su fortuna en actividades bancarias y de préstamo. Es un hecho sintomático que en vísperas de la supresión de la Orden, ésta fuera la principal acreedora del rey francés. Felipe IV, movido por sus grandes riquezas y bajo el pretexto de prácticas inmorales de muchos de sus miembros, mandó arrestar, el 13 de octubre del año 1307, a todos los miembros de la Orden en su país, confiscó sus bienes y realizó una transgresión flagrante del Derecho Canónico. Clemente V inmediatamente se reservó el caso, nombrando una comisión de investigación pontífica para resolver el asunto bajo los auspicios pontificios. Pero el rey francés no toleró dicho procedimiento, por lo que obligó al Papa a convocar un concilio en el que se juzgase a la Orden, a la par que se condenase a su más mortal enemigo, Bonifacio VIII, que aún después de muerto no dejaba vivir en paz al monarca francés.
El concilio se inauguró el 16 de octubre del año 1311, en la catedral de Vienne. No todos los obispos fueron invitados a la asamblea, como hasta entonces había sido lo normal. El rey francés condicionó con su presión la lista de convocados, lo que da una idea bastante clara del sometimiento en el que se hallaba el Papado. Tan sólo se invitó a dos o tres obispos por metrópoli, con un saldo final de cuatro patriarcas, veintinueve arzobispos, setenta y nueve obispos y treinta y seis abades, además de un número indeterminado de procuradores y religiosos. Los más numerosos fueron los franceses e italianos, no obstante, hubo representación de casi todos los puntos de la Cristiandad occidental: York, Armagh, Dublín, Tarragona, Santiago de Compostela, Colonia, Magdeburgo y Brem. La sesión inaugural fue abierta con una solemnidad nunca vista hasta entonces. Clemente V, vestido de pontificial, tomó asiento en el presbiterio de la catedral. Los patriarcas latinos de Alejandría y Antioquía tenían puestos reservados en medio de la catedral. Los demás prelados, tocados con la capa pluvial y mitras blancas de lino, ocuparon tres filas consecutivas en la nave central. Clemente V entonó varias antífonas mientras el resto se postraba en el suelo. Después de pronunciar la oración al Espíritu Santo y de rezar varias letanías de santos, pasó el cardenal diácono, Napoleón Orsini, a cantar el evangelio. Clemente V, entonó el himno del Veni, Creator Spiritus, con el que se dio por acabado el solemnísimo ceremonial de apertura. A continuación, Clemente V comenzó su alocución inaugural dando a conocer el programa del concilio que abarcaría tres puntos fundamentales: la cuestión de los templarios, el rescate de Tierra Santa y la reforma de las costumbres de la Iglesia. Para terminar, notificó a la asamblea la formación de una delegación conciliar para investigar el asunto de los templarios, pero sin fijar plazo alguno para la próxima sesión, como se solía hacer de ordinario. De ahí que el concilio se dilatase tanto tiempo.
Durante todo el proceso de investigación llevado contra los templarios, Felipe IV manejó el asunto con astucia, presionando al Papa para que éste decretase la supresión y posterior condena de la Orden. Los jueces designados por el Papa sostuvieron que la sentencia en el proceso de los templarios no podía basarse exclusivamente en actos inquisitoriales, sino que se debía dar a la Orden la oportunidad de defenderse. El resultado de las largas negociaciones, que duraron todo el invierno, se resolvió el 22 de marzo del año 1312, dos días después de que llegase, fuertemente escoltado, Felipe IV. Clemente V decretó la disolución de la Orden. Sus bienes, sin embargo, no pasaron a la corona francesa como era el propósito del rey, sino que fueron transferidos a la Orden de Malta, nuevo nombre por el que se conocía a los antiguos Caballeros Hospitalarios de San Juan. La disolución de la Orden se hizo pública en la segunda sesión, del 3 de abril del año 1312,. El proceso contra Bonifacio VIII, deseado fervientemente por el monarca francés, volvió a quedar en suspenso con el consiguiente disgusto del monarca francés.
En la tercera y última sesión, del 6 de mayo, se publicaron dos constituciones sobre la observancia de la pobreza en la orden de los franciscanos y sobre la doctrina del franciscano Juan Pedro de Olivi. Este franciscano comandaba la facción minoritaria franciscana de los Espirituales, los cuales recriminaban a la mayoría de la orden el haber abandonado el ideal primitivo de pobreza que predicó el fundador de la orden, San Francisco de Asís. Tras una encuesta encargada a una comisión de cardenales y obispos del concilio, se dio como resultado la absolución de la mayoría, imponiéndose ciertas normas sobre el ideal de la práctica del ideal de pobreza. También se trató en esta sesión sobre la necesaria reforma de costumbres y moral en la Iglesia. Clemente V había ordenado a los obispos del concilio que reunieran en memorias los abusos más generalizados en sus respectivas diócesis. Del abundante material aportado se destacaron dos cuestiones generalizadas: las constantes quejas acerca de la intromisión de los poderes seculares en los asuntos eclesiásticos, y las protestas de los cabildos catedralicios y colegiatas por la exención de impuestos a los obispos, con el consiguiente gravamen fiscal sobre los primeros. Se otorgó un diezmo a favor de Tierra Santa, tomándose una serie de medidas, más de corte misionero que cruzadista, fomentadas por la iniciativa del filósofo y religioso mallorquín Raimundo Lulio. Estas medidas se resumieron en la creación en las universidades de cátedras de griego, hebreo y árabe, por ser imprescindibles para el conocimiento de los lugares que debían evangelizarse. La eficacia del canon fue casi nula por la escasez de tales profesores en las universidades.
El concilio de Vienne cerró la serie de concilios ecuménicos de la Edad Media. Tendrían que pasar casi cien años antes de que se celebrase otro concilio general, en la ciudad de Constanza. En el intermedio, entre uno y otro concilio, la Iglesia sufrió un nuevo y grave ataque contra su unidad interna, como consecuencia se produjo un Cisma mucho más penoso que el del año 1054, con la elección de tres papas a la vez, que debilitó todo el poder teocrático que la Iglesia había construido desde el siglo XI. También la concepción conciliar sufrió un vuelco sustancial. En los anteriores concilios fue el Papa, de manera absoluta, quien dominó las asambleas. Este control quedó en parte atenuado en el siglo XV, con nuevas fórmulas, nuevas bases y nuevos protagonistas.
Sobre los referente a los temas debatidos sobre la reforma eclesiástica y los acuerdo obtenidos tras los debates se conoce poco ya que los cánones conciliares que las recogen fueron redactados de nuevo por Juan XXII (1316-1334), sucesor de Clemente V, e integradas en la colección canónica de lasClementinas, que formarían parte del Corpus luris Canonici. La pobre información llegada hasta nuestros días indican que se legisló sobre cuestiones relacionadas con la exención de los religiosos y las facultades de los obispos sobre ellos, dejando también a salvo los derechos de los párrocos. También se condenaron algunos errores de los begardos y beguinas, que tenían una fuerte implantación en territorios holandeses y alemanes. Además se reiteraron medidas anteriores sobre la usura.
Por otro lado se conoce que el papa había pedido a los obispos presentes la denuncia de los abusos dominantes en sus diócesis. Así, por ejemplo,Guillermo Durando, obispo de Mende, había presentado al concilio una voluminosa obra, titulada Tratado sobre el concilio general, que recogía amplias ideas de reforma de la organización eclesiástica. Las denuncias presentadas podían clasificarse en dos grupos principales: las quejas sobre intromisiones de los poderes seculares en el campo eclesiástico y las que provenían del creciente centralismo de la curia romana.
El asunto de las Cruzadas se trató de nuevo, pero de un modo superficial. Los obispos acordaron conceder una contribución de un diezmo durante seis años con este fin, pero esta concesión no se realizó hasta que se tuvo la aprobación del rey de Francia.
Durante esta etapa se fue gestando la idea de que era mejor misionar a los infieles que gastar dinero en duraderas guerras en su contra, en este sentido tuvo una buena actuación Raimundo Lulio , ya que por iniciativa suya el concilio promulgó el llamado «canon de lenguas», que ordenaba la creación de cátedras de hebreo, árabe y caldeo en la curia romana y en las universidades de París, OxfordBolonia y Salamanca.
http://www.enciclonet.com/articulo/concilio-de-vienne/#
http://www.ecured.cu/Concilio_de_Vienne
http://www.newadvent.org/cathen/15423a.htm

domingo, 10 de abril de 2016

SAMUEL HAHNEMANN....CREADOR DE LA HOMEOPATIA

 

Samuel Hahnemann un hombre que alcanzó el prestigio en vida,el fué quien legó a la humanidad una nueva manera de entender la Medicina. 

             

Controvertido, amado o criticado, su nombre no deja indiferentes a médicos y científicos, sea cual sea su idea respecto a la Homeopatía. Lo cierto es que la vida de Cristiano Federico Samuel Hahnemann (1755-1843) es una historia fascinante de búsqueda, esfuerzo y generosidad.  Tampoco está exenta de misterio, pues poco se sabe de los primeros días de su infancia, aunque existen registros que indican que fue el tercero de los cuatro hijos que tuvieron el pintor Cristiano Federico Godofredo Hahnemann y Juana Cristiana Hahnemann, matrimonio asentado en Meissen, pequeña ciudad de Sajonia, en Alemania.
Samuel Hahnemann tenía 20 años (1775) cuando decidió estudiar Medicina en la Universidad alemana de Leipzig, por lo que tuvo que abandonar su localidad y emprender la aventura con unos cuantos marcos en el bolsillo.
Al poco tiempo tuvo la fortuna de recibir la ayuda de un miembro del Consejo Académico de la escuela, apoyo que se materializó en una beca que le permitiría estudiar gratuitamente. Sin embargo, para cubrir sus gastos de manutención explotó al máximo su capacidad en el conocimiento de diversos idiomas: griego, latín, italiano, francés e inglés, y se dedicó a traducir textos de todo tipo.




Se dice que Hahnemann se desencantó con los métodos empleados por los facultativos de su época, y que esto le orilló a una especie de retiro voluntario donde se dedicó a la traducción de textos y aprovechó al máximo la libertad para elegir los títulos, de modo que seleccionó aquellos que estuvieran relacionados con Medicina y Herbolaria. Lector ávido y disciplinado, se topó con el libro Materia Médica del médico escocés William Cullen, y fue entonces que descubrió que sería muy interesante hacer algo que nadie había hecho hasta el momento: experimentar en hombres sanos.

Hahnemann lo relató así en sus memorias: “Tomé, para experimentar, dos veces por día, 4 dracmas (1 dracma equivale a 3 gramos y 24 centigramos) de quina (China callisaya). Mis pies, y extremidades de los dedos se tornaron primeramente fríos; me sentí somnoliento y lánguido, mientras mi corazón palpitaba; temblaba sin que estuviésemos en época invernal y tuve postración en todo el cuerpo, en todos mis miembros. Sentí pulsaciones en la cabeza, enrojecimiento de mis mejillas, sed y, en resumen, síntomas típicos de la fiebre intermitente (malaria) aparecieron uno después de otro, aunque sin el peculiar escalofrío”.
Los síntomas se presentaban “3 ó 4 horas cada vez, y reaparecían si yo tomaba la dosis de la misma manera. Dejé de tomar la quina y los malestares cesaron. He aquí la manera en que me introduje por esta nueva vía: ‘tú debes —pensé— observar la manera de actuar de los medicamentos en el organismo del hombre cuando él se encuentra en la placidez de la salud’”.
Hahnemann recibió la ayuda de muchos amigos, quienes aceptaron convertirse en “conejillos de Indias” para percibir los diferentes síntomas y luego clasificarlos, basados en las reglas del método científico. Las primeras sustancias que se ordenaron fueron azufre, mercurio, belladona e ipecacuana, pero también se aventuraron con plata, oro, licopodio y cloruro de sodio, entre otros productos minerales, vegetales y animales.

Tras 6 años de intensos experimentos y análisis de sus teorías, el padre de la Homeopatía publicó un tratado en el que resumió los fundamentos de este sistema médico terapéutico: Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir las virtudes curativas de las sustancias medicinales, aparecido en 1796.
Lo que se destacó en esa obra, en primer lugar, fue la necesidad de conocer las propiedades y virtudes de las sustancias medicinales por medio de pruebas en hombres sanos. Contrario a lo que pudiera pensarse, el genio alemán reconoció el valioso servicio que la Química le presta a la Medicina, sin dejar de advertir que cada individuo es diferente y por ello necesita que se le apliquen remedios específicos.
La palabra Homeopatía fue ideal para describir la nueva Ciencia, toda vez que utiliza las raíces griegas homeos, que significa “semejante”, y pathos, “enfermedad”, haciendo referencia a que una dolencia puede curarse por medio de aquello que genera síntomas parecido.
Es cierto que este principio fue descubierto por el famoso médico griego Hipócrates, pero fue Hahnemann quien lo puso en práctica de manera científica, comprobando que cuando una sustancia tóxica produce ciertos síntomas en una persona sana, es capaz de aliviarlos en alguien enfermo, siempre y cuando el fármaco se utilice en dosis terapéuticas.
Y en este sentido, no se puede pasar por alto otra aportación de Hahnemann: el principio de las dosis infinitesimales, que se refiere al hecho de adecuar la cantidad de medicamento que se le ofrece al enfermo para que no haya efectos nocivos. Para lograrlo, hay que diluir la sustancia original y dinamizarla (agitarla) para que aparezcan todas sus propiedades curativas.
Por supuesto, es fundamental que el diagnóstico homeopático se base en la ley de la individualización. De ahí que los especialistas en esta terapéutica hagan suyo el viejo aforismo: “no hay enfermedades, sino enfermos”, lo que significa que las manifestaciones de un trastorno son propias de cada persona.
De este modo, los médicos homeópatas saben que no existen cuadros específicos y universales de una enfermedad, sino que los síntomas son únicos en cada enfermo, y por tanto, la aplicación del tratamiento es particular e intransferible.

              
Hahnemann fue blanco de constantes ataques debido a que la Medicina convencional caminaba en sentido opuesto a sus postulados. Sus enemigos principales se encontraban en las trincheras de los farmacéuticos y médicos mediocres; los primeros lo odiaban porque reclamaba para los doctores el derecho de preparar sus propios medicamentos, mientras que los facultativos lo descalificaban por usar métodos “misteriosos” y dar información que, según ellos, no debían conocer los pacientes.
Algo que molestó sobremanera a los enemigos de la nueva medicina fue el éxito que tuvo para controlar y terminar la epidemia de escarlatina (enfermedad que genera fiebre, erupción y dolor de garganta) que se produjo en 1799.
Hahnemann curó a muchas personas de esta afección, y fue entonces que difundió que la belladona era el medicamento que producía en el individuo sano manifestaciones semejantes a dicho mal y, por tanto, era igualmente benéfica para atender a los individuos afectados, lo cual efectivamente sucedió.
Fue tal el resentimiento contra el padre de la Homeopatía que los productores de medicamentos promovieron proceso en su contra acusándolo de ser infractor de las normas existentes, las cuales prohibían a los médicos surtir medicamentos a sus enfermos, aunque éstos fueran gratuitos.
Los farmacéuticos proponían, al mismo tiempo, convertirse en los proveedores de las recetas homeopáticas para acabar con el pleito, pero Hahnemann se rehusó por completo, ya que no podía confiar la cura de los enfermos a sus adversarios.
La bronquitis fue una enfermedad que persiguió a Hahnemann toda su vida. Como es de suponer, el maestro se trataba a sí mismo, pero al paso del tiempo buscó la ayuda del Dr. Chatran, uno de sus más prestigiados discípulos.
A pesar de numerosos cuidados y la mirada atenta y cariñosa de su esposa, dicho padecimiento mermó su vitalidad. El 2 de julio de 1843, a los 88 años de edad, se extinguió la vida de Cristiano Federico Samuel Hahnemann, quien dio su último aliento en presencia de su mujer, su hija Amelia, su nieto Leopoldo Suss y sus queridos seguidores y amigos. El padre de la Homeopatía murió en completa lucidez de sus funciones intelectuales.

Algunos principios basicos e la Homeopatia

 La homeopatía se basa en principios fundamentales para desarrollar los recursos dirigidos al tratamiento de una variedad de enfermedades. Estos principios hacen que su práctica sea una alternativa de tratamiento. Estos son algunos de sus principios básicos. 

                

Ley de lo semejante
 
La base principal de la homeopatía es que los síntomas similares causados por sustancias asociadas con ciertas enfermedades, pueden ser eficaces para su tratamiento. A través de la ley de los semejantes, los médicos homeópatas son capaces de encontrar un remedio mediante la identificación de los síntomas que presentan enfermedades similares. 

                                        
 
El Poder curativo de la Vida
 
La homeopatía se basa también en la filosofía de la vida por sí misma, tiene el poder o la capacidad de curar. Ese es el principio de esta medicina, liberar el poder curativo de las sustancias que se encuentran en la naturaleza. 
 
La energía como medicina
 
La vida en la filosofía homeopática se considera como una fuerza vital que tiene su propia energía inherente. Todo lo que vive tiene su propia energía y esta existe en equilibrio y armonía en la naturaleza. Sin embargo, determinadas circunstancias dan lugar a ciertos desequilibrios que pueden perturbar esa armonía. Los remedios homeopáticos tienen por objeto restablecer el equilibrio de la fuerza vital que es la vida. 

                 

Menos es más

La medicina homeopática también se rige por el principio de la mínima dosis. Esto se basa en la creencia de que la menor acción puede ser suficiente para provocar un cambio en la naturaleza. A través de este principio, los remedios homeopáticos se elaboran mediante la dilución de las sustancias, de tal manera que sus efectos beneficiosos aún permanezcan, mientras se eliminan otros efectos dañinos asociados con la sustancia. 

                                            
Individualismo
 
La práctica de la homeopatía se basa en el hecho de que cada persona es única, Los tratamientos homeopáticos toman en cuenta de manera integral a cada individuo, su desarrollo físico, emocional, espiritual y mental. Esto conduce al desarrollo de los recursos de forma distinta y única para cada uno.


 
Eliminación de los obstáculos
 
Dado que las enfermedades son causadas por ciertos desequilibrios y falta de armonía en la fuerza vital, la práctica de la homeopatía también se ocupa de tratar de eliminar los obstáculos en el proceso de curación. Estos pueden ser drogas, estrés, la dieta, así como otros factores ambientales, espirituales o emocionales. Corresponde a los médicos homeópatas ayudar a la gente para tratar de determinar e identificar estos obstáculos.


La homeopatía se basa en principios fundamentales para desarrollar los recursos dirigidos al tratamiento de una variedad de enfermedades. Estos principios hacen que su práctica sea una alternativa de tratamiento. Estos son algunos de sus principios básicos. 

Frases de Hahnemann

 ... La Homeopatía reposa únicamente en la experiencia. Imítame, pero imítame bien y verán en cada paso la confirmación de mi afirmación. Samuel Hahnemann

...Cuanto más palpable es una verdad, más tempo pide para ganar el lugar de que tiene derecho. Los obstáculos, que se ponen en su camino, ocurren pues esta verdad inicia en su alrededor un verdadero odio. Pues, ella anuncia una revolución, una perturbación de los intereses existentes y de los lugares ganados.
Samuel Hahnemann

- Nuestra arte con el tiempo va a tornarse el roble sagrado, el roble de Diós. Ampliará sus ramas enormes, inquebrantables en las tormentas. La humanidad que ha sufrido tantos males reposará debajo de su sombra benéfica. Samuel Hahnemann
- La agradable sensación del conocimiento de deber cumplido me ha recompensado por completo y sólo me quedo llorando por la cantidad de espíritus ciegos que impiden cualquier verdad; no alimento todavía ningún sentimiento de cólera contra ellos. Samuel Hahnemann
- Es de hecho posible creer que, en nuestro siglo de Luz, un trabajo basado únicamente en la experiencia, como es mi Organon de la medicina racional, sea dejada de lado por las palabras sin sentido de la escuela vieja, mientras sólo las contra-experiencias y contra-experimentaciones la podrían confirmar o refutar? Samuel Hahnemann
- Los tesoros más inestimables son; la conciencia intachable y la buena salud. El amor por Dios y el estudio de si propio ofrecen una; la homeopatía ofrece la otra.  Samuel Hahnemann
- La única y grande misión del médico es restablecer la salud del enfermo, que es aquello que se llama curar.  Samuel Hahnemann
- Los cambios que ocurren en sustancias materiales, especialmente las medicinales, a través de la trituración con polvo no medicinal, solo cuando disueltas, por medio de la agitación con el fluido no medicinal, son tan increíbles, que se acercan de milagrosas y es la razón de contentamiento que las descubiertas de estos cambios pertenezcan a la Homeopatía. Samuel Hahnemann 

http://homeopatia.bvs.br/php/level.php?lang=es&component=17&item=13

http://www.saludymedicinas.com.mx/centros-de-salud/homeopatia/articulos/samuel-hahnemann-genio-de-la-homeopatia.html

 http://www.salud180.com/salud-z/algunos-principios-basicos-de-la-homeopatia
https://www.google.es/search?q=principios+elementales+de+la+homeopatia&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=J-AnVbXlMdPH7Aak
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