Ambrosio Spinola...
Militar español de origen genovés. Miembro de una rica
familia de banqueros genoveses muy ligada a la monarquía española, en
1601 entró al servicio de Felipe III y financió un poderoso ejército, a
cuyo frente se puso él mismo, para apoyar al archiduque Alberto,
gobernador español de los Países Bajos, en su lucha contra los
holandeses.
Pronto demostró su valía como general, y
en 1604 derrotó a Mauricio I de Nassau-Orange en Ostende. A pesar de
las numerosas victorias que cosechó en los campos de batalla, los gastos
de sus tropas y las dificultades económicas de la Corona lo llevaron a
la ruina y le convencieron de la necesidad de buscar la paz, por lo que
tomó parte en las negociaciones que condujeron a la tregua de los Doce
Años en 1609.
Tras el inicio de la guerra de los
Treinta Años (1618), invadió el Palatinado y derrotó a los partidarios
del elector Federico. Las operaciones en Alemania se vieron
interrumpidas por la conclusión de la tregua de los Doce Años, lo que
supuso reanudar las hostilidades en los Países Bajos. Spínola realizó
una ofensiva que culminó con la toma de Breda en agosto de 1625,
inmortalizada por Velázquez en su cuadro La rendición de Breda (o Las lanzas)
Para
1625, cuando termina el Asedio de Breda, Velázquez llevaba un par de
años en la corte de la mano del Conde-Duque de Olivares. Centrado como
estaba en sus pinceles es posible que estuviera un tanto ajeno a lo que
estaba pasando en Breda. Seguro que le llegaría informacion sobre el
asedio, dado que se movía en círculos donde fluía ese tipo de
informacion, pero es difícil que tuviera detalles sobre el desarrollo de
la campaña. Y claro, todavía no sabía que iba a pintar un cuadro que
sacaría del anonimato para siempre a esa ciudad valona, dando lustre al
gran Spínola y a los Tercios de Flandes.
Velázquez
no estuvo en la contienda. Ni siquiera cerca. Pero supo captar y
transmitir la esencia y el ambiente de lo que allí sucedió aquel 5 de
junio de 1625: Spínola y Justino-Nassau uno frente al otro, ambos con
pie en tierra de igual a igual. Evitando, Spínola, la superioridad de
recibir las llaves desde el caballo. Gestos nobles y hasta cierta
concordia. Entereza resignada del vencido y generosidad serena del
vencedor.
La
realidad del momento tiene aún más mérito sabiendo, como sabemos, de la
dureza del asedio. Tanto para los sitiados, sin posibilidad de ayuda
externa y ya muy cerca de desatarse el hambre, como para los sitiadores
por las inclemencias del tiempo, los intentos externos para forzar el
sitio y también la periódica falta de alimento derivada de la complicada
logística.
Pero
¿De dónde sacó Velázquez la información de ese momento?¿Cómo supo que
se dieron esas circunstancias y que el acto de entrega de llaves de la
ciudad fue tal cual él lo pintó?
Ciertamente
no estuvo, pero sí se documentó. Una de sus fuente principales fue "El
sitio de Breda" la comedia escrita por otro de los grandes de España:
Pedro Calderón de la Barca. Pero la fuente principal fue el propio
Ambrosio Spínola con quien coincidió, en 1629, en el que era el primer
viaje a Italia del pintor.
Diego
Velázquez, pintor de la corte, partió del puerto de Barcelona en la
nave del mismo Spínola rumbo a Roma para sentir de cerca la influencia
del arte italiano. Spínola volvía a su ciudad natal, Génova, orgulloso
de las victorias en el campo de batalla y asqueado de tanto puñal
trapero en la Corte (Aunque por poco tiempo, porque una nueva guerra en
Mantua, le esperaba).
Sea
como fuere, durante ese largo viaje, Diego Velazquez, se hizo una idea precisa
del carácter del magnífico estratega y una imagen fiel de su fisonomía y
su porte. Quizá (vamos, seguro) también oyese personalmente comentar
el famoso hecho de armas del que se hizo eco el mundo entero.
Transcurrieron cinco años para que quisieran inmortalizar la campaña de
Breda. Cuando el encargo llegó a Diego Velázquez él supo qué es lo que
tenía que transmitir. Y asi si lo hizo.
En
la rendición, ocurrida el 5 de junio de 1625, se impuso la buena lógica
para que las guerras lleguen en algún momento a un fin: Se alcanzó un
pacto generoso y magnánimo con los vencidos que todas las partes
cumplieron. Así quedó reflejado en el magnífico cuadro de Velázquez, la
Rendición de Breda.
No
os penseis que fue fácil. Muchos soldados ... valones, alemanes,
italianos, ingleses, también españoles... no estaban de acuerdo con ese
cierre para el asedio porque se escapaba la posibilidad de un jugoso
saco. Otros pensaban que era necesario dar un escarmiento después de
tanto tiempo de resistencia. Gracias a dios, no llueve a gusto de
todos... ni siquiera en Flandes.
El sitio de Breda
Calderon de la Barca
El Sitio de Breda
Estos son españoles, ahora puedo
hablar encareciendo estos soldados
y sin temor, pues sufren a pie quedo
con un semblante, bien o mal pagados.
Nunca la sombra vil vieron del miedo
y aunque soberbios son, son reportados.
Todo lo sufren en cualquier asalto.
Sólo no sufren que les hablen alto.
Estos son españoles, ahora puedo
hablar encareciendo estos soldados
y sin temor, pues sufren pie quedo
con un semblante, bien o mal pagados.
Nunca la sombra vil vieron del miedo
y aunque soberbios son, son reportados.
Todo lo sufren en cualquier asalto;
sólo no sufren que les hablen alto.
No se ha visto en todo el mundo
tanta nobleza compuesta,
convocada tanta gente,
unida tanta nobleza,
pues puedo decir no hay
un soldado que no sea
por la sangre de las armas
noble. ¿Qué más excelencia?
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