Ramón Lull nació, que no Raimundo Lulio, según es más comúnmente conocido, al ser latinizado con mucha posterioridad el monosílabo Lull. Pero es aquel "caballero andante del pensamiento", en feliz expresión de Menéndez y Pelayo, que no se daba punto de reposo ni daba paz a sus pies, "y cuyo inmenso corazón era alado, con las alas acérrimas e incansables de un serafín", según cantó Lorenzo Riber.
Lulio nació en Palma de Mallorca en 1232. Hijo de familia influyente, creció en la corte de Barcelona rodeado de privilegios,fue amigo del futuro rey Jaime II, llevando una vida disoluta hasta cerca de los 30 años, cuando se convirtió. Según su propio relato, estando a solas en su cuarto mientras se hallaba componiendo versos juglarescos para una cortesana a quien buscaba conquistar.
Originada en los sermones que Lulio escuchaba los domingos en misa, una visión le hizo recapacitar drásticamente sobre su vida y tomar la decisión de renunciar totalmente al mundo. Disponiendo para el sustento adecuado de su familia, y a falta de guía idónea para el discipulado (escasa en su época) canalizó las energías de su nueva vida según la usanza de la época, emprendiendo una peregrinación a los santuarios de Rocamador en la actual Francia y el de Santiago de Compostela en España
Disgustado por la superstición que encontró, Lulio se propuso abocarse al estudio de la teología.
Asomarse a la portentosa mentalidad de Ramón Lulio es sentir la sensación del vértigo. Una sensación subyugante y misteriosa, de noche profunda y de clara luz sideral.
El "Doctor Iluminado", que en el siglo XIII abre una serie de grandes místicos es, (dentro de la órbita viva y gigantesca de Santo Tomás de Aquino), con San Alberto el Magno, Escoto y Bacon, uno de esos focos que en plena turbulencia medieval hacen florecer el primer Renacimiento.
No es del caso entrar ahora en la discusión de si la Edad Media debe o no ser considerada como una etapa intermedia y sombría entre las dos grandes culturas: la grecorromana y la moderna, ya que en ese intermedio (noche de mil años) aparecieron y culminaron los colosos del pensamiento cristiano. Digamos que surge el mundano senescal de la corte de Jaime II de Mallorca en esa edad de los caballeros errantes y de los trovadores, de los navegantes y de los predicadores, y llevado de aquel gran aliento suyo (después de la conversión), su inquietud de ave migratoria le hará emprender altos vuelos para llevar al ánimo de reyes y pontífices, doctos y herejes, la inspirada concepción de su Ars Magna, compendio del florecer de la doctrina luliana.
Hay algo en él que recuerda al Cantar de los cantares, que apunta a san Juan de la Cruz. Así, visionario y poeta (insiste Brenan), cortesano en el principio de su vida y anacoreta en sus últimos días, precursor de la actual ecología en su amor a la naturaleza, es difícil retratarlo de un solo trazo sin conocer la época en que le tocó vivir. Fue europeo en un tiempo en el que en nuestro país todos miraban hacia el interior de la Península, y rebelde cuando la mayoría de las letras no lo era, apuntando a un triunfo de la razón que sólo algún privilegiado podía concebir en su siglo.
Esta miniatura representa al mundo de su época como lo veía Lulio.
A la izquierda se yergue la Torre de FALSEDAD, coronada por demonios llamados DISTORSIONAMIENTO, CONFUSIÓN, MALENTENDIDO, DESIDIA, ERROR, MALICIA, etc.
En sus calabozos languidece prisionera la VERDAD. Se lamenta: “Compadeceos de mi,compadeceos de mi, mis amigos. La mano de la IGNORANCIA me ha sepultado y la OPINIÓN es coronada en mi lugar. No estoy habituada a yacer en lugares oscuros, y me hallo afligidísima pues nadie quiere defenderme, cada uno defiende su OPINIÓN …. En vosotros Filósofos coloco mi confianza luego de Dios, pues vosotros sois auténticos amantes de la Sabiduría*. Y vosotros, Príncipes cristianos, ¿hasta cuándo toleraréis verme tan oprimida de JUDÍOS y SARRACENOS, que en vez de coronarme en lo alto, me han arrojado a las profundidades de esta TORRE DE LA FALSEDAD…?”
A la derecha, varios paladines acuden para rescatar a la VERDAD.
En primer lugar marcha ARISTOTELES montado sobre su caballo RAZÓN, desplegando SILOGISMOS o razonamientos lógicos sobre su lanza (arrastra un carro con los cinco predicables y los diez predicados de su MÉTODO ANALÍTICO)
Detrás de ARISTÓTELES marcha el carro de la IGLESIA CRISTIANA, con el Papa alzando un crucifijo.
Delante va el filósofo árabe AVERROES, con cuyas ideas Lulio polemizaba. Pero puesto que la iglesia de su época aceptaba a este filósofo de moda, Lulio también lo enlista en su cruzada (aunque coloca las riendas de su caballo en manos de la Iglesia).
El caballo de Averroes se llama IMAGINACIONES y su lanza despliega ESPECULACIONES
Lulio veía a la sociedad medieval sumida en la ignorancia, esclava de apasionamientos ideológicos subjetivos (llamados ‘opinión’ por los filósofos griegos) que impedían discernir con objetividad la verdad. En su campaña educativa Lulio ansiaba aunar tanto los resultados del pensamiento griego – e incluso árabe – a las enseñanzas de la Palabra de Dios, complementando revelación con investigación racional.
En la segunda miniatura otro paladín acude con refuerzos para rescatar la Verdad.
Se trata de Maese Ramón en su caballo RECTA INTENCIÓN enarbolando el pendón de AMAR A DIOS y OBRAR BIEN (arrastra un carro con los dieciocho principios del ARTE MAYOR)
Lo preceden tres Heraldos llamados INTELECTO, MEMORIA y VOLUNTAD (según Lulio las herramientas para “conocer, recordar y amar a Dios”).
Colocándo su MÉTODO detrás del carro de la iglesia (precedido a su vez del carro del razonamiento griego e incluso árabe) Lulio no solo demuestra una gran amplitud mental, sino su sumisión al principio de autoridad espiritual. Sólo un Cuerpo sujeto a la cabeza puede tener victoria sobre el Error.
Texto al pie:
“Maese Raimundo cabalga sobre Recta Intención alineado detrás del Crucifijo y la Iglesia, y envía delante suyo a tres Heraldos, a saber las tres potencias del alma racional [intelecto, memoria y voluntad] que anuncian al Dios Único y su Santa y Excelsa Trinidad, Creador de todas las cosas con excepcion de Si Mismo, Jesucristo Hijo de Dios crucificado, a quien ellas mucho ansían conocer, amar, recordar, honrar y agradecer porque Él es digno de ser grandemente comprendido, amado, recordado, honrado y agradecido..”
http://www.filosofia.org/mon/tem/es0090.htmfile:///F:/Dialnet-UnaIntroduccionALaVidaObraYPensamientoDeRaimundoLu-3208284%20(1).pdfhttp://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10130557
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jueves, 12 de marzo de 2020
viernes, 3 de enero de 2020
AMBROGIO LORENZETI Y LA ALEGORIA DEL BUEN GOBIERNO
Ejecutada en la Sala de la Paz del Palacio Comunal de Siena, alrededor del año 1340. Se enmarca en la pintura gótica italiana del Trescento. También podríamos calificarla como una pintura prerrenacentista.
La obra debió ser muy novedosa en su época porque trataba un tema civil, no religioso, algo no muy usual, teniendo en cuenta que entonces la presencia de la iglesia y su poder económico eran incalculables, y por lo tanto, casi todos los encargos artísticos provenían de ella.
El mural ocupa una de las salas donde se reunía el gobierno de la ciudad, por lo que todo él es una metáfora política y moral, un ideario donde se explica, más o menos, que se debe trabajar por el bien común que está por encima del privado. Forma parte de un conjunto de frescos que ocupa toda la sala, el resto se refieren a la s consecuencias del buen gobierno, en el campo y en la ciudad y la alegoría del mal gobierno.
La pintura tiene el fondo completamente neutro, de color azul, en su momento debió ser de un tono mucho más vivo, el motivo era llamar la atención del espectador. En ese fondo azul se enmarcan una serie de figuras vestidas a la manera cortesana, por lo que el mural nos enseña cuales eran las vestimentas de la época, así como algunos muebles, tapicerías y objetos diversos.
Dominan dos figuras, de tamaño superior al resto, por su importancia, esto es una especie de escala jerárquica, utilizada desde la antigüedad. A la izquierda la mujer sentada en el trono representa la justicia y arriba de su cabeza un ángel, la sabiduría, aguanta la balanza que la representa, con el bien (de blanco) y el mal (de rojo) en cada uno de los platillos. Debajo mismo de la Justicia, aparece la Concordia, que lleva en la mano una cuerda de la que va cogida una procesión de personajes, que son los consejeros de la ciudad, y que se sabe que los retratos de cada uno de ellos son fidedignos e individualizados.
Esta procesión mira y se dirige hacia los pies de la otra figura dominante, y la de más tamaño de todo el fresco: el Gobernador, que está rodeado de figuras femeninas, alegorías de virtudes como la paciencia o la prudencia, la templanza, la magnanimidad, la seguridad etc… cada una con el objeto, símbolo o actitud que la representa y, por si acaso, su nombre escrito encima de su cabeza. El gobernador también está rodeado de soldados. A la derecha de los pies del gobernador, aparece un grupo de hombres maniatados, son delincuentes, van hacia el gobernador para ser juzgados, seguramente de manera virtuosa e imparcial, que para eso el mandatario está rodeado de tanta virtud.
Observamos la diferencia entre la serenidad y el orden con el que están representadas las figuras de los consejeros, con un fuerte linealismo vertical y una gran variedad cromática en sus vestiduras, así como vistosidad, y el desorden con el que se representan los malhechores, vestidos todos de colores pardos, mirando a diferentes puntos, algunos de espaldas, y sin ningún tipo de linealidad, inclinados y con las cabezas torcidas.
Otro aspecto del fresco es la iluminación, que es totalmente antinatural, no sabemos de que punto proviene, no hay sombras.
Vasari dijo de Ambrogio Lorenzetti que era un hombre con costumbres más propias de un filósofo que de un artista y eso se refleja en el fresco que comentamos, donde aparecen esas virtudes necesarias para el buen gobierno. El artista traslada a la pintura su pensamiento, se podría hacer todo un análisis filosófico de la obra a través de multitud de detalles de la misma, así como de los colores, actitudes o la disposición y tamaño de las figuras en la composición, por ejemplo, vemos que la justicia está por encima de la concordia y tiene mayor tamaño, los malhechores están a la izquierda (siniestra) del Gobernador y los consejeros a la derecha, que van agarrando la cuerda conjuntamente, en una clara alegoría al trabajo común, además, esa uniformidad de los consejeros, todos al mismo nivel y del mismo tamaño, podría representar a la equidad y la igualdad.
Si nos fijamos en los detalles, vemos, a los pies del gobernador, la cabeza de un zorro saliendo de unos edificios, esto podría representar que hay que ir con mucho cuidado con la ciudadanía, la masa, porque en cualquier momento puede volverse incontrolable, recordemos que, a pesar de la delicadeza y la amabilidad del tratamiento de este mural, nos encontramos en una época muy convulsa, con mucha inseguridad, hay hambre, revueltas, guerras, conspiraciones, aparece la peste, el estado de aquella sociedad no se deja entrever en este fresco, ni de lejos.
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