domingo, 30 de julio de 2017

LA BASTILLA DE PARIS

En la Edad Media, bastilla era el nombre genérico que se daba a las fortalezas que tenían torreones y también a las construcciones que se levantaban en las afueras de las ciudades para su protección. Ese es el origen de la bastilla más famosa de todas, la de París.
La guerra de los Cien Años fue una época de enfrentamientos entre Francia e Inglaterra, en que se sucedieron alternativamente períodos de guerra con otros de tregua, desde el 1337 al 1453. En ese momento París estaba defendida sólo por dos torres, una a la entrada de la ciudad, y la otra en la margen derecha del Sena. El 22 de abril de 1370, durante el reinado de Carlos V, el preboste Hugues Aubriot comienza la construcción de dos torres en la puerta de San Antonio, al este de la ciudad, que se unían a las antiguas por medio de murallas. Para 1383, reinado de Carlos VI, ya había 6 torres.
La obra se completó en 1553, durante el reinado de Enrique II, aunque hasta 1634 sufrió sucesivas reformas y ampliaciones. Constaba de 8 torres enlazadas por murallas de 24 metros de alto por 3 de ancho. La construcción completa medía alrededor de 66 metros de largo por 34 de ancho. Las murallas estaban rodeadas por un foso de 8 metros de profundidad. Los nombres de las torres eran Tesoro, Capilla, Bertaudiere, Libertad, Pozo, Baziniere, Rincón y Condado. Cada una tenía cinco pisos y estaba armada con cañones.



Para el momento del reinado de Francisco I (1515-1547) ya no se utilizaba como fuerte por resultar insuficiente, y se transformó en el sitio donde el rey realizaba sus recepciones.
Fue el Cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII de 1624 a 1642, quién la convirtió en prisión para detenidos de las clases altas, principalmente aquellos a quienes se acusaba de alta traición u ofensas al rey. Por supuesto que esto llevó a las más absolutas arbitrariedades, ya que bastaba la llamada lettre de cachet para que una persona fuera encarcelada sin juicio previo. La lettre de cachet podía provenir del rey mismo o de un particular que solicitaba la detención de alguna persona.
Al principio, por su misma categoría de prisión VIP, los detenidos podían recibir vistas, tenían sus propios muebles, ropa, libros y hasta sirvientes. Con el paso del tiempo fue alojando cada vez más criminales comunes e incluso personas perturbadas mentalmente (en esa época no había una clara diferenciación entre “manicomio” y “prisión”), muchas veces sin que ni siquiera sus propias familias tuvieran noticia de la detención. No se debe olvidar que el director de la Bastilla recibía sumas de dinero para el mantenimiento de los prisioneros, que variaban según la “categoría” del detenido. Un porcentaje de este dinero iba a sus propios bolsillos y se repartía entre distintos funcionarios, lo que hacía que a nadie le importara demasiado si las personas allí encerradas merecían o no ese estado de cosas.
Al llegar el reinado de Luis XVI (1774-1792) la Bastilla había dejado de ser la prisión tenebrosa que fuera con Richelieu, pero los testimonios de aquellos que habían estado encerrados en ella mantenían vivo el odio de los habitantes de París por la antigua fortaleza. Algunos de esos relatos fueron el de Latude, un soldado liberado en 1777 luego de permanecer encerrado 28 años, que escribió Memorias de la venganza, y el de Linguet, abogado y escritor, cuya obra se tituló Memorias de la Bastilla.



Algunas famosas personalidades de la época pasaron por la Bastilla en calidad de prisioneros. Uno de ellos fue su propio constructor, Hugues Aubriot, arrestado en 1380 por solicitar clemencia para los judíos de París. Nicolás Fouquet, estadista francés, y siendo Superintendente de Finanzas de Luis XIV, fue acusado de malversación de fondos, destituído y arrestado en 1661. Mientras duró su juicio, y hasta 1663, permaneció en la Bastilla, para ser finalmente confinado en Pignerol en 1664 hasta su muerte en 1680.


                                           MARQUES DE SADE
El Marqués de Sade, después de haber sido varias veces encarcelado en distintas prisiones, fue finalmente enviado a Vincennes alrededor de 1178. Al clausurarse esta Torre, es enviado a la Bastilla, de donde salió el 2 de julio de 1789 rumbo al manicomio de Charenton. Todo el tiempo que permaneció en prisión continuó escribiendo y sus condiciones de encierro no eran extremas, ya que contaba con sus propios muebles y hasta una biblioteca de más de 100 volúmenes.
En 1717 la Bastilla alojó a otro escritor,François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, que pasó allí un año a causa de una sátira escrita contra el Duque de Orleans. En 1726 volvió a ser encarcelado a raíz de una disputa con un noble.
Pero sin dudas, el más extraordinario de todos los prisioneros fue el hombre de la máscara de hierro. Aunque su existencia está corroborada, nunca ha podido confirmarse su verdadera identidad. Solo se sabe con certeza que estuvo detenido durante décadas, hasta su muerte.



Para la fecha de la Revolución Francesa, en 1789, la Bastilla alojaba sólo a siete prisioneros: 4 falsificadores, el Conde de Solages, encerrado allí a pedido de su familia por su estilo de vida “disoluto”, y dos personas con desequilibrios mentales. Sin embargo, en la mente del pueblo parisino, seguía siendo el símbolo del despotismo y la arbitrariedad.
La Bastilla se empezó a demoler a partir del 16 de julio y muchas de sus piedras se utilizaron en la construcción del Puente de la Concordia.
Hubo varios proyectos de construcción para el terreno que ocupaba la fortaleza, hasta que finalmente, en 1840, se inauguró la Columna Juillet, la misma que hoy vemos en lo que fue el antiguo emplazamiento de la prisión más famosa de Francia.

http://www.liberation.fr/libe-3-metro/1995/07/14/a-la-recherche-de-feu-la-bastille-ce-qu-il-reste-de-la-forteresse-royale-prise-le-14-juillet-1789_137714
 http://www.mundocuriososencillo.com/paginastxt/Bastilla.html
https://www.viveparis.es/plaza-bastilla

viernes, 28 de julio de 2017

TOMAS MORO Y LA "UTOPIA"



Tomás Moro, nació en la zona de Cheepside de la ciudad de Londres, Inglaterra, el día 7 de febrero de 1478, concretamente en la casa familiar ubicada en la calle de Milk Street.
Fue el hijo mayor de Sir John More y de Agnes Graunger. Su padre entonces era el Mayordomo del Lincoln"s Inn, uno de los cuatro colegios de abogados de Londres. John More era jurista y posteriormente fue nombrado Caballero y Juez de la Curia Real.
En 1486 Tomás Moro, a los 8 años de edad y después de haber estudiado la enseñanza primaria durante tres años en la Saint Anthony School, considerada la mejor escuela de gramática de Londres, y siguiendo la costumbre de las mejores familias, fue conducido al Palacio de Lambeth donde sirvió como paje del Cardenal John Morton, quien entonces era Arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra.
El Cardenal Morton era un ferviente defensor del nuevo humanismo renacentista, el movimiento cultural de recuperación de la cultura clásica en el Renacentismo, y tuvo en gran estima al joven Tomás Moro. Confiando en desarrollar su potencial intelectual, el Cardenal decidió en 1492 sugerir el ingreso de Tomás, quien por entonces contaba con 14 años, en el Canterbury College de la Universidad de Oxford, donde pasó dos años estudiando la doctrina escolástica, con su método de enseñanza de la religión. Asimismo el joven Tomás perfeccionó su retórica gracias a sus profesores, los humanistas ingleses Thomas Linacre y William Grocyn.
En su juventud Tomás Moro enfrentó el dilema de si podía servir mejor a Dios siendo monje o seglar. En 1501 ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, viviendo como laico en el Monasterio cartujo de Greenwich hasta 1504.
Durante estos tres años se dedicó dentro del Monasterio al estudio religioso y a traducir epigramas griegos al latín y a formular comentarios sobre el libro de San Agustín de Hipona "De civitate Dei" (La Ciudad de Dios).
Tras realizar la traducción de una biografía del humanista y pensador italiano Giovanni Picco della Mirandola, escrito por su sobrino Gianfrancesco, Tomás quedó tan impresionado por el sentimiento de la obra que la adoptó para sí mismo, lo cual marcaría definitivamente el curso de su vida.
Tomás Moro abandonó su vida monacal y ascética ya que prefirió, en las palabras del teólogo y humanista holandés Erasmo de Rotterdam, ser una marido casto y no un sacerdote tibio.
Sin embargo nunca abandonó ciertos hábitos penitenciales propios de la vida monacal, por lo que llevó durante toda su vida un cilicio en una pierna y practicó   ocasionalmente la auto-flagelación. Además asistía diariamente a oír la Santa Misa.




Después de su experiencia monacal, en 1504 Tomás Moro fue elegido miembro del Parlamento, juez y subprefecto de la ciudad de Londres durante el reinado de Enrique VII, quien gobernó hasta su fallecimiento en 1509, y con quien Tomás tuvo algunas discrepancias por oponerse a algunas de las medidas del Rey.
En 1507 Tomás Moro es pensionado y Mayordomo en el Lincoln"s Inn, donde además se dedicó a dar conferencias entre 1511 y 1516. En 1510 nuevamente es nombrado miembro del Parlamento y Vice sheriff de Londres, cargo judicial y administrativo. También participó en diversas gestiones relacionadas con el ámbito comercial entre grandes empresas de Londres y de la Europa continental, básicamente en el área de Flandes.
Precisamente en uno de estos viajes Tomás Moro escribió un poema dedicado al nuevo Rey, Enrique VIII, con motivo de la ceremonia de su coronación en 1509. El texto del poema llegó a manos del Rey, quien hizo llamar a Tomás a Palacio, naciendo a partir de entonces una gran amistad entre ambos. Enrique VIII, quien se consideraba protector del humanismo y de las ciencias, se sirvió de la diplomacia y del tacto de Tomás Moro, confiándole varias misiones diplomáticas en varios países europeos. Con ello Tomás entró al servicio de Rey y se convirtió en miembro de su Consejo Privado.
En sus viajes por Europa continental Tomás recibió la influencia de distintas universidades. En 1517 fue enviado a Calais, al norte de Francia, para resolver asuntos mercantiles y fue nombrado Master of Requests, o sea, Relator del Consejo de Estado.
De nuevo en Londres, Tomás Moro en 1520 ayudó al Rey Enrique VIII a escribir la obra Asertio Septem Sacramentorum o Afirmación de los siete Sacramentos, y en 1521 el Rey le nombró Knight (Caballero) y Vicetesorero. Este mismo año su hija Margaret se casó con William Roper, quien después sería el primer biógrafo de Tomás Moro.
En el año 1524 Tomás fue nombrado High Steward o Administrador de la Universidad de Oxford, de la que había sido alumno, y en 1525 ostentó el mismo puesto en la Universidad de Cambridge, además de ser Canciller de Lancaster. Finalmente, en 1529, Tomás Moro fue nombrado Lord Canciller de Inglaterra por el Rey Enrique VIII, siendo el primer laico que ocupaba dicho puesto después de varios siglos.
A pesar de su nombramiento como Canciller de Inglaterra, Tomás no se hizo ilusiones ni se mareó con el poder. Aceptó el puesto porque, textualmente, según él es deber de todo cristiano y un acto crucial de caridad, buscar el bien común participando en la política y lograr así que la paz y la justicia se abracen y se besen.
A pesar de su elevado rango, Tomás Moro siguió practicando la asistencia diaria a la Santa Misa, el ayuno, la oración por medio de la Lectio Divina, la caridad, la educación cristiana y moral de su familia, y también la mortificación personalaún llevando en su atuendo todos los símbolos del poder que ostentaba.
El famoso cuadro del pintor Holbein, el cual está reproducido al final del presente estudio, muestra a un Tomás Moro en la cima del poder con su ajuar de Lord Canciller de Inglaterra, pero calmo e inescrutable a pesar de que bajo su vestimenta llevaba siempre un cilicio, lo cual le recordaba su mortalidad y su fe. Tomás se preparó durante toda su vida para la prueba final, a la cual todos nos enfrentaremos tarde o temprano.
Fue por entonces cuando Tomás trasladó su residencia a Chelsea, y desde allí escribió una carta al teólogo luterano alemán Ioannis Bugenhagen, en el cual defendía la supremacía del Papa. Ya desde 1528 el Obispo de Londres le había permitido consultar libros considerados entonces como heréticos, con el fin de que Tomás pudiera refutarlos, dada su constante defensa por la fe católica.



Alrededor de 1497 Tomás empezó a escribir poesías cargadas con cierta ironía, lo cual le valió considerable fama y reconocimiento. Fue precisamente en esa época cuando tuvo sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento, especialmente con John Skelton y con Erasmo de Rotterdam, con quien llegaría a entablar una gran amistad.
En 1506 tradujo al latín la obra Luciano, en compañía de Erasmo de Rotterdam. Y en 1513 escribió también Historia del Rey Ricardo III, libro que sirvió de inspiración a William Shakespeare para el personaje de su obra.
También escribió retratos de personajes públicos, como es el caso de Vida de Pico della Mirandola, así como poemas y epigramas en Epigrammata. Mención especial merecen los diálogos y tratados que realizó en defensa de la fe tradicional, atacando duramente a los Reformistas, tanto laicos como religiosos. Entre estas obras se encuentran Respuesta a Lutero, Un diálogo sobre la herejía, Refutación a la respuesta de Tyndale y Respuesta a un libro envenenado.
Además de escritos en defensa de la Iglesia Católica, Tomás Moro también escribió acerca de aspectos más espirituales de la religión, tales como Tratado sobre la Pasión de Cristo, Tratado sobre el Cuerpo Santo y La agonía de Cristo, obra que escribió durante su confinamiento en la Torre de Londres. Esta última obra, salvada de la confiscación decretada por Enrique VIII, por voluntad de Margaret, la hija mayor de Tomás, pasó a manos españolas a través de Fray Pedro de Soto, confesor del Emperador Carlos V, quien entregó el libro al Museo del Real Colegio del Corpus Christi de la ciudad de Valencia, lugar de nacimiento del humanista y filósofo Luis Vives, de quien Tomás Moro era íntimo amigo.



Pero su obra cumbre fue Utopía, escrita en 1516 y publicada en Lovaina, Bélgica, en la que Tomás abordaba problemas sociales de la humanidad, y con la cual se ganó el reconocimiento de todos los eruditos de Europa. Uno de sus inspiradores para esta obra fue indudablemente su amigo íntimo Erasmo de Rotterdam, humanista y teólogo holandés.
El libro Utopía es escrito por Tomas Moro después de escuchar atentamente la historia de Rafael Hytlodeo, quien deseando conocer el mundo se unió a Américo Vespucio, y fue su acompañante en tres de los cuatro viajes, pero en su ultimo viaje no regreso con el, y junto a cinco compañeros del castillo recorrió muchas regiones; Rafael era un magnifico filosofo, pero nunca le sirvió a ningún rey, ya que sabia que sus consejos nunca serian tomados en cuenta y estaría perdiendo el tiempo y así mismo arriesgándose a convertirse en un corrupto antes de llegar a corregir a sus compañeros, el pensaba que un filosofo nunca tendría lugar en los negocios públicos , criticaba las formas de castigo utilizadas en Inglaterra, ya que consideraba que un ladrón no merecía morir solo por haber hurtado una pequeña suma de dinero, ya que la vida nunca tendría precio, tampoco estaba de acuerdo con la injusticia y desequilibrio en la sociedad, no podía razonar porque los banqueros, ricos holgazanes, ociosos que no hacían mas que jactarse de su poder vivieran en la opulencia y lujos mientras que los siervos y los que trabajan como burros la tierra y cada día cosechan las frutas y verduras que nos dan vida y que sin ellas moriríamos están en la miseria y enfermos.
El empezó a contar la historia de utopía a Tomas Moro que muy ansioso escucho atentamente…
La isla de utopía es el lugar perfecto, poseen una organización excepcional jamás vista en ningún otro lugar, en ella nadie es dueño de nada y no existe la propiedad privada todos sus habitantes viven de lo que ellos mismos cosechan, ya que absolutamente nadie se excluye de trabajar, todos trabajan ya que repugnan la ociosidad y la holgazanería, si a una familia le sobra alimento reparten lo sobrante entre los vecinos.
La ciudad mas importante de utopía es Amaurota, ya que esta en el centro y en ella se ubica la asamblea, la asamblea esta constituida de sifograntes ( un miembro de cada familia ) y estos en voto secreto se encargan de escoger a un príncipe, pero el príncipe puede ser cambiado cuando el pueble empiece a ver tiranía de parte de el, los sifograntes evitan que nadie se entregue al ocio, todos trabajan pero sin exagerar, ya que poseen tiempos de descanso en los que se dedican a ejercitar la música o simplemente a hablar. En utopía no se conocen los dados, y peligrosos juegos de azar, en cuanto a su vestimenta utilizan el lino y la seda, pero solo por su blancura no le conceden ningún valor a la finura de la tela, y todos se contentan con uno solo, que les dura dos años, Relaciones Mutuas : En utopía se respeta mucho a los ancianos, las mujeres atienden a los esposos y los hijos a sus padres, los utópicos no matan las reses, ese trabajo lo hacen los siervos, ya que esta prohibido que los conciudadanos se habitúen a matar seres vivos ya que esa acción va eliminando el sentimiento de piedad, a los enfermos los cuidan mucho, los hospitales están dotados de todo lo necesario y gastan lo que sea por la curación del ciudadano.
En utopía no existe ningún motivo de ociosidad, ninguna taberna, ni cervecería, ni burdeles. El oro no tiene ningún valor, al igual que la plata así que no tienen ningún tipo de moneda, pero con ese oro compran mercenarios para la guerra cuando es necesario, también lo utilizan para las cadenas y grillos de los esclavos, de esta forma logran que el oro y plata sean despreciados.
Los utópicos se maravillan de que haya hombres a quienes les atraiga el resplandor de cualquier piedra, y le den tanto valor a un material tan inútil como es el oro, creen en Dios y en el alma y para ellos la virtud es: vivir conforme a la naturaleza a la cual estamos guiados por Dios
Para ellos el más grande placer es la salud, y los placeres del alma son la inteligencia y el que nace al contemplar la verdad.
Los utópicos detestan la guerra como cosa de animales, ellos solo la utilizan cuando es estrictamente necesario y tratan de no derramar sangre inocente, generalmente ponen recompensa a la cabeza de los jefes enemigos, esa técnica hace que se traicionen los unos con los otros y solo castigan a los que se lo merecen.

CONCLUSIONES
  • La única forma de crear un país perfecto, es logrando que el hombre deje de pensar en si mismo, y aprenda a ser justo, y trabajador.
  • Los vicios y ociosidades deben ser cambiadas por las virtudes.
  • Utopía es algo bueno y fantástico que jamás se hará realidad.
  • El pensamiento humano desde la época de Tomas Moro no ha evolucionado lo suficiente para comprender que el bien común esta sobre el personal y que solo trabajando en equipo se logra la felicidad.
  • Los verdaderos placeres son la salud, la inteligencia y el conocimiento de la verdad.
OPINIÓN PERSONAL
La Utopía de Tomás Moro es la denuncia de unos comportamientos deplorados por el autor, escrito con un fino toque burlón, no exento de un dramatismo especialmente notable en la composición de los diálogos. Su invención de una república ideal, gobernada por medio de la razón y bajo la más profunda tolerancia religiosa, obtuvo una importante e inmediata, es una sátira de carácter político social.
Esta obra ha hecho que mi pensamiento y mi forma de interactuar con las demás personas cambie, me ha abierto los ojos de las consecuencias que trae consigo entregarse al orgullo, holgazanería, y ociosidad.
Aprendí que sobre el bien personal están las demás personas y que como comunidad debemos estar unidos los unos con los otros.
Creo que utopía es una obra que todos deben leer sobre todo los que están en los puestos públicos , para que tomen conciencia de las estupideces que comete mos los humanos.



Continuando con la biografia de Tomas Moro...ante el deseo de Enrique VIII de anular su matrimonio canónico con Catalina de Aragón para poder casarse nuevamente con Ana Bolena, Tomás Moro actuó con prudencia, sin buscar ni desear una innecesaria confrontación. Prudencia que es siempre una virtud indispensable para poder ver la realidad objetivamente, y no conforme a nuestros deseos y ambiciones.
Esta negativa de Tomás Moro a no apoyar el deseo del Rey motivó la enemistad entre ambos. Enrique VIII había solicitado al Papa Julio II la concesión de la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, y la negativa del Papa supuso finalmente la ruptura de relaciones entre Inglaterra y la Iglesia Romana, lo cual dio lugar a la formación de la Iglesia Anglicana, de quien el Rey era cabeza principal. La razón aducida por Enrique VIII para dicha anulación matrimonial era para casarse con Ana Bolena y así tener un hijo varón que pudiera sucederle en el trono de Inglaterra, puesto que Catalina de Aragón no podía dárselo.
Las reiteradas negativas de Tomás Moro a apoyar el deseo del Rey acabaron por provocar el rencor de Enrique VIII hacia Tomás, quien en 1530 se negó a firmar la carta en la que nobles y prelados solicitaban al Papa la anulación del matrimonio real. En 1534 también se negó a firmar el Acta de Supremacía, que representaba el repudio a la supremacía papal. Dicha Acta establecía condena a quienes no la aceptasen, y por ello el 17 de abril de 1534 Tomás Moro fue encarcelado en la Torre de Londres.




Tomás Moro no tuvo duda alguna de que al no secundar el deseo del Rey comenzaría un largo calvario que terminaría con su muerte. El poderoso Rey no podía tolerar que alguien de tanto prestigio como Tomás Moro no se plegara a sus deseos y le destituyó de sus cargos, aún cuando Tomás ya había renunciado a ellos anteriormente al ver el camino por el que transcurriría el resto de su vida.
En el momento de su renuncia al poder Tomás Moro se retiró de la vida pública, aceptando sufrir con su familia la pobreza y el abandono de muchos que en aquel período de prueba se mostraron como falsos amigos. Hubieron algunas personas que igualmente se negaron a secundar a Enrique VIII, quienes también fueron encarcelados y posteriormente muertos, como fue el caso de San John Fisher, quien corrió la misma suerte que Tomás Moro.


Demostrada la firmeza de Tomás Moro en rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia, el Rey Enrique VIII le hizo encarcelar a cadena perpetua en la Torre de Londres en 1534, donde fue sometido a diversas formas de presión psicológica. Pero él nunca se dejó vencer y rechazó de nuevo prestar el juramento que se le pedía hacia el Rey, ya que ello hubiera representado la aceptación de una situación política y eclesiástica que hubiera preparado el terreno para el despotismo real sin control alguno.
Finalmente el Rey, enojado, mandó juzgar a Tomás, y durante el proceso a que fue sometido ante unos jueces corruptos, Tomás Moro pronunció una apasionada apología de sus propias convicciones sobre la indisolubilidad del matrimonio, el respeto al patrimonio jurídico inspirado en los valores cristianos, y la libertad de la Iglesia ante el Estado.



Pero Tomás Moro fue acusado de alta traición y condenado a muerte, aboliéndose su anterior condena a cadena perpetua. Varios dirigentes, entre ellos el Papa Julio II y el Emperador Carlos V, presionaron a Enrique VIII para que perdonara la vida a Tomás y se la conmutara por cadena perpetua o por el destierro de Inglaterra, pero tal súplica no sirvió de nada.
Finalmente, el 6 de julio de 1535, a los 57 años de edad, Tomás Moro fue decapitado. Su cuerpo está enterrado en una bóveda subterránea anexa a la Capilla Católica de San Pedro ad Vincula, que se encuentra anexa a la Torre de Londres.
Tomás Moro mantuvo hasta el final de su vida su dignidad, su sentido del humor y su confianza plena en que Dios le recibiría al cruzar el umbral de la muerte. Mientras Tomás subía al cadalso, se dirigió al verdugo en estos términos: "¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar ya sabré valérmelas por mí mismo". Luego, al arrodillarse dijo: "Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel;   es decir, ella no ha sido desobediente al Rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte".

Finalmente, dejando la ironía aparte, se dirigió a los presentes con estas palabras: "I die being the King"s good servant, but God"s first" ("Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios").


 https://www.youtube.com/watch?v=xksQy1KpPtI
 http://www.devocionario.com/textos/p_moro_1.html//www.monografias.com/trabajos94/santo-tomas-moro-lord-canciller-y-martir/santo-tomas-moro-lord-canciller-y-martir.shtml
http://m1.paperblog.com/i/142/1425569/tomas-moro-peter-ackroyd-L-WmcWxW.jpeg
https://www.google.es/search?q=tomas+moro&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=2dYrVYLLFOaxygPdyYGwAw&ved=0CAcQ_AUoAQ
http://www.devocionario.com/textos/p_moro_1.html
http://html.rincondelvago.com/utopia_tomas-moro_22.html


domingo, 2 de julio de 2017

ISABEL LA CATÓLICA Y EL ARMARIO EN SU TIEMPO


La conquista de Granada, la llegada a América y la política matrimonial para casar a sus hijos con los vástagos de otros monarcas europeos hicieron que desde 1492 a 1497 el reino de Castilla de Isabel la Católica y Fernando viviera una época de esplendor. 
La riqueza del reino se aprecia en los numerosos retratos de la reina Isabel. Entre todos destacan los realizados por los pintores Michael Sittow en 1492 y por Juan de Flandes en 1496, que fueron llamados para trabajar en la corte castellana. 

 
Suele representarse a la Isabel la Católica con el rostro serio, templado y con cierto aire masculino, detalle que se usa para remarcar su fuerte carácter y su poder. Una personalidad que no dejó indiferente a nadie.
El vestuario era un arma importante para comunicar, ya fuera el estatus social, el rango, el linaje o el estado civil. El tipo de tejido, el color y la cantidad de tela usada, así como las joyas y la temática de los bordados, eran signos que la nobleza sabía descifrar. 

Cuentan los cronistas de la época que cuando la reina Isabel recibió a los embajadores de Enrique VII de Inglaterra, que se desplazaron a Castilla para preparar la boda de Catalina de Aragón con el príncipe de Gales, estos emisarios quedaron impresionados por el lujo de la corte.
 La Virgen de los Reyes Católicos
A su vuelta informaron al monarca inglés con todo detalle, destacando el vestido y el brial bordado en oro, el manto de terciopelo negro con bordes de armiño con aberturas en los lados para dejar ver el vestido. Muy en la línea del estilo que lleva en el cuadro 'La Virgen de los Reyes Católicos' que está en el Museo del Prado.  

  

Llamaron la atención las joyas de oro macizo y las piedras preciosas, y el cinturón blanco (hecho a la moda masculina) del que colgaba una escarcela decorada con un enorme rubí.  

Pero lo que más impactó a Enrique VII fue el collar de oro con rosas de esmalte que llevaban joyas incrustadas. Tanto que soñaba con que esta pieza terminara en el castillo de Windsor. Un sueño incumplido porque Isabel no regaló esa pieza a su hija porque era un regalo del rey Fernando el día de su boda. 

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Camisa, brial, manto... las mujeres llevaban varias prendas pero, por lo general, se podían ver todas.         
Es precisamente durante el siglo XV cuando se produce el auge del comercio y llegan nuevas formas de consumo y un afán de poseer objetos, algunos de lujo, que son una señal de riqueza y estatus mayor. 
Se extiende también una moda por imitar a los nobles, por copiar sus gustos, maneras y costumbres. Se generalizan las compras y, de paso, se favorece a los comerciantes que, a su vez, se convierten en clientes pudientes, especialmente los sastres que adquieren una gran variedad de artículos.

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Brial de seda de la serie 'Isabel' expuesto en el Museo del Traje.

También el clero, escribanos, corregidores y las personas de confianza de los nobles acaudalados. Todos tenían cosas bonitas en sus casas y todos vestían bien, porque llevar una buena capa o una buena camisa era, para todos, símbolo de poder. O de estar cerca de él. 
Las mujeres, salvo en las clases pobres, ya no hacen la ropa en casa, ni se recurre a los ropavejeros, vendedores de ropa usada. Ahora, quien puede, compra paños, lienzos y sedas. 

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Manga de vestido italiano de gran riqueza .   

Se copia, como digo, a la nobleza y esta, a la vez, adopta las modas que vienen de fuera, sobre todo de los países cercanos y de aquellos con los que se tienen vínculos políticos. Los emisarios llevan misivas pero también trasladan estilos, modas y vestimentas.
Las relaciones exteriores traen un intercambio comercial y a Castilla empezaron a llegar sedas de Italia, paños flamencos, lienzos (para sábanas y lencería) de Holanda y enaguas de Alemania.

Moda-italiana
Figurines inspirados en la moda italiana del siglo XV.  

Especial relación tuvieron los Reyes Católicos con la corte de Borgoña (casaron a sus hijos Juan y Juana con Margarita de Austria con Felipe, el Hermoso-) que fue, durante, el siglo XV, un referente en moda, sobre todo de estilo francés y flamenco. El otro fue Italia. 
El estilo gótico comienza a inspirar a los modistos y se tiende a una silueta alargada, más estilizada. Pero España, cómo cuenta Amalia Descalzo Lorenzo en sus Apuntes de Moda, “despunta por la creación de prendas que han sido decisivas en la evolución de modas posteriores”.


La reina Isabel se recogía las puntas de la toca de la cofia con una cruz de Santiago.  

Entre ellas hace referencia a las camisas margomadas, los chapines y el verdugado, que fue “el origen de todos los armazones que se sucedieron a lo largo de la historia para ahuecar las faldas”, y añade que algunos cronistas atribuyen su invención a Doña Juana, esposa de Enrique IV, hermano de Isabel la Católica. 
“No estaba diseñada para ocultar un embarazo pero, independientemente de quien partiera la idea, lo cierto es que el primer can-can de la historia surgido en España”.

Isabel-la-Católica-con-cofia-y-toca
Las jóvenes llevaban la cofia sola y las mujeres más mayores se ponían encima una toca.    

En esos años el foco de atención se centra en la cabeza y proliferan lo que ahora llamamos tocados. Isabel la Católica puso de moda las cofias de lienzo blanco que permitían mostrar el cabello.
Pero, según la tradición, a medida que fue haciéndose mayor comenzó a llevar cofias plisadas que tapaban también la frente y a colocarse encima una toca, casi transparente, que dejaba entrever el pelo. La reina cambió el blanco por el negro, debido al luto que llevó hasta su muerte.

Maravedíes
Anverso y reverse de un maravedí de los Reyes Católicos, moneda usada en mercado y ferias.   

¿Pero cómo fue ese auge del comercio, y las compras, que se vivió en el siglo XV? ¿Cómo se compraba? ¿Qué se compraba? 
En su estudio sobre las costumbres de la época, Casado Alonso, cuenta que las mujeres adquirían los productos que necesitaban en mercados, vendedores ambulantes y ferias locales. Algunas tan importantes como la de Medina del Campo que estuvo regulada por los Reyes Católicos para evitar fraudes. 


Un vestuario especial para un día especial, la conquista de Granada.

Había telas caras y baratas. Desde las lanas a las sargas. Según la clase social, se compra un tipo de prenda o complemento pero sobre todo varía la calidad de los tejidos. 


Importante era el color (el teñido aumentaba el coste), por eso, los vestidos rojos, verdes o púrpura, eran exclusivos de los adinerados y la realeza. Casado Alonso dice que los pobres se vestían con prendas de color pardo, el amarillo se utilizaba para los forros y el negro solo lo llevaban los pudientes.  
“Es símbolo de distinción e indica que la sociedad castellana seguía las pautas de la moda más refinada de Europa, la borgoñona. El gusto por las cosas ‘al uso de Flandes’ fue una constante en Castilla”.


Grabado de Blas Atmeler 

Se extendió pues la moda por lo "flamenco" y por eso Castilla fue, en los siglos XV y XVI, un estupendo cliente en los mercados de Amberes y Brujas. Repasando documentos de la época, como ajuares, herencias o inventarios, se puede descubrir un catálogo extenso de artículos:  Casullas, jubones, briales, mantos, camisas, sayuelas, albanadegas, corridezuelos, monjiles, tabardos, randas, cabricheles, papahigos, capazos, grebes, camisones, zamarros… La mayoría, están  en deshuso,se conserban en Museos ó ya no existen...

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