sábado, 25 de marzo de 2017

LA BODA EN LA BAJA EDAD MEDIA Y EL RENACIMIENTO


La novia llevaba un vestido lujoso: brial o saya y encima otra prenda que dejara ver la de debajo, y por último un manto. El cabello se llevaba con algún tocado de moda pero suelto como signo de virginidad o bien suelto con una tira o una guirnalda. 
El novio tampoco se quedaba atrás a la hora de engalanarse, irían a la moda imperante en su época (cota, jaqueta, sayo, ropón) y encima manto o paletoque (en las representaciones que aquí pongo casi todos son desposorios de la Virgen y San José, por lo que a él aparece o con saya o con cota si es en la primera mitad del siglo XV o con ropón sobre sayo si es después.) Podía ir tocado o destocado.
Entre la clase noble el color más habitual era el rojo, signo de fecundidad y el verde, símbolo de juventud. También se usaba el azul y el amarillo.


Desposorios de la Virgen Pedro Berruguete siglo XV

La boda se dividía en dos partes: 

1. Desposorio: acto solemne, e indispensable, en el que el padre y el novio conciertan el matrimonio y la dote. Se celebraba tiempo antes de la boda propiamente dicha.

2. Boda propiamente dicha: entrega de la novia y velación. Desde el siglo XII se "exigió"  la presencia de un sacerdote. Esta ceremonia constaba de dos partes:

1400. Desposorios de la Virgen, Retablo de San Jorge, Convento de San Francisco,     Villafranca del Penedés (detalle) 
a) en la puerta de la iglesia donde tenía lugar el contrato matrimonial: el que el sacerdote pregunta a los presentes si conocían algún impedimento para celebrar dicha unión y en caso negativo entonces se  entregaba las donaciones mutuas, todo ante la presencia de varios testigos.
b) en el interior de templo (opcional): juramento de fidelidad (no era necesario la presencia de un sacerdote, valía un notario o varios testigos) y el acto religioso propiamente dicho (misa) que otorgaba la bendición nupcial y que ya realizaba un sacerdote (no era necesario pero que la gente de la burguesía y de altos estamentos realizaban). Después del Concilio de Trento se obligó a que hubiera un sacerdote y bendición.
Todo el rito también se podía realizar en las casas particulares.

Los esponsales, principios del siglo S.XVI, Escuela castellana

Podía haber entrega de anillo frente a la misma puerta, el cual tenía lugar con la entrega de arras (sería parte de la donación de bienes o dinero del esposo a la esposa, siendo de origen germánico, aunque luego el Derecho romano lo impone), pero también se podía entregar después, en la casa del padre de la novia.  Era el hombre quien ponía el anillo a la mujer. Ya en la Edad Moderna la entrega de anillos será mutua (y tras popularizarse en Italia frente a la puerta de la iglesia, hacia 1473).
El beso (osculum) era tradición romana y tenía valor jurídico. Tendría lugar el día del desposorio y reforzaba el derecho de la novia a las donaciones: si no había beso y moría el esposo las arras eran para los parientes de él. Con beso y muere el esposo, la novia se quedaba la mitad de los bienes concertados por el futuro esposo. Si era ella la que moría, haya o no beso, el esposo debe dar todo a los herederos de su futura mujer.
La iconografía de la época bajomedieval presenta a los contrayentes tomándose de la mano, la derecha, como símbolo de unión (se piensa que es un rito etrusco, pero que también realizaron romanos, griegos y judíos). Tras unas palabras que manifestaban su intención de contraer matrimonio y promesas las manos se juntaban para sellar el compromiso.

160-170. Sarcófago romano, Museo del Palacio Ducal de Mantua Ducal 

Finales del S. XIII. Desposorios de la Virgen, San Pedro el Viejo, Huesca 

Desposorio de la Virgen. Principios del XVI. Escuela castellana

La bendición nupcial se conoce como velación: los contrayentes eran cubiertos con un yugo o banda (tela estrecha blanca). A ella se le colocaba sobre la cabeza y a él sobre los hombros (no fue obligatorio hasta el Concilio de Trento). Simboliza la protección de Dios sobre la vida en común de la futura pareja, siendo además ley divina. 
En otro se puede ver como el sacerdote coloca una ¿estola o manípulo? sobre ambas manos (algo que ya se observa en la iconografía italiana del siglo XV) 

 1524. Los esponsales de la Virgen, atribuido a Juan de Vallejo, Capilla de la Presentación de Nuestra Señora, Catedral de Burgos (detalle)



finales del siglo XVI. Boda de hidalgo en Santurce, Francisco Vázquez de Medieta, Diputación de Guipúzcoa (detalle) 


Las bodas en la Baja Edad Media y durante el Renacimiento, en cualquier estamento social, fueron motivo para comer, beber y danzar a lo grande. Eran acontecimientos casi multitudinarios, pero de esto ya hablaremos en otro momento.

Bibliografía:

  • Arriba Cantero,  Sandra de: San José.  Universidad de Valladolid  dearriba@arte.uva.es
  • Castrillo Casado, Janire: Mujeres y matrimonio en las tres provincias vascas durante la Baja Edad Media* (Women and marriage in the three basque provinces during the Late Middle Ages)Univ. del País Vasco (UPV-EHU). Fac. de Letras. Dpto. Historia Medieval, Moderna y de América. Pº de la Universidad, 5. 01006 Vitoria-Gasteiz ianirec@yahoo.es
  • Navarro Gavilán, Blanca: LA SOCIEDAD MEDIA E INFERIOR EN CÓRDOBA DURANTE EL SIGLO XV. FAMILIA Y VIDA COTIDIANA. Departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media, FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS.
  • Marcos Casqueros, Manuel-Antonio: PECULIARIDADES NUPCIALES ROMANAS Y SU PROYECCION MEDIEVAL, UNIV. DE LEÓN.
  • Ceremonía y rubrica 
  • http://liturgia.mforos.com/1699076-matrimonio/
  • http://opusincertumhispanicus.blogspot.com.es/2015/10/las-bodas-en-la-baja-edad-media-y-en-el.html
  • https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d9/Beaune,_Coll%C3%A9giale_Notre-Dame,_Tapisseries_de_la_Vierge_007.JPG
  • http://www.palencia.com/becerril/images/300-desposoriosvirgen.jpg

jueves, 23 de marzo de 2017

LUIS XV SU ESTILO Y REPERCUSIÓN


Luis XV "Le Bien-Aimé", fue rey de Francia y de Navarra entre los años 1715 y 1774. Casi 60 años, que nos han dejado en herencia, además de un estilo que se resiste a morir, usos y costumbres que conforman la casa tal y como hoy la conocemos.

Luis XV por Maurice Quentin de La Tour.
Esta época de la historia, tan exquisitamente reflejada en “Las amistades peligrosas”, fue un tiempo feliz (para muchos), donde el espíritu del confort y la cultura de salón florecieron con inusitado vigor. El salón, centro neurálgico de la casa, se convirtió también, en el centro del siglo. En él, se tomó la Ilustración con té y macarrons, igual que la revolución con petit choux. Así, en el film de Stephen Frears, basado en la novela de Chordelos de Laclos, este espacio es el epicentro de la argucia, la maldad y el cinismo sublimados, representados en los personajes de la marquesa de Mertueil y el vizconde de Valmont. Sin duda, el tema de la novela se aleja de los salones intelectuales del siglo, aunque no por eso le vamos a quitar mérito a los alambicados subterfugios de la trama.

Rousseau, Voltaire, Diderot, D'Alambert le dan color a la fiesta.

La marquesa de Merteuil en plena estrategia.
No quiero comparar el personaje de Glenn Close con las míticas “salonnières”. Julie de LespinasseMadame Du Deffand o Madame Geoffrin, sólo por citar algunas, le dieron brillo a la cultura, hasta deslumbrar, codeándose con los escritores, políticos e intelectuales de más altura. Hicieron del salón un entorno de libertad absoluta, donde las ideas y el lenguaje refinado volaban sobre la cabeza de los asistentes.

Madame Du Deffand, Madame Geoffrin y Julie de Lespinasse.
El origen de estos salones tiene lugar en el siglo XVI, pero es en el siglo XVIII cuando adquieren toda su relevancia. Se convierten en el espacio de libertad femenina, donde todas las convenciones sociales quedan fueran y preparan el camino para la liberación de la mujer. El salón tiene como norma la libertad de expresión, la usual intervención de un “estrella del momento”, los asiduos y una moderadora femenina. La conversación es refinada y la agitación intelectual es el plato principal. Su práctica ocupa todo el siglo y todos ellos actúan como pequeñas reservas del matriarcado donde se discuten las ideas de la ilustración, la literatura y las ciencias. Cualquier norma moral o religiosa queda fuera de los salones, de ahí que en países muy creyentes o de moral estricta, los salones no existieran.

Recreación decimonónica del típico salón Luis XV.
Volviendo al film propiamente dicho, la presencia de mueble rococó es muy abundante y variada. Y nada parece hecho al azar. El diseño de producción pensó en todos los detalles y podemos observar como la casa de campo de la tía de Valmont, Madame de Rosemonde, representa un estilo más anticuado, supuestamente más ad hoc para la anciana dama que la habita. Veremos muebles de estilo Luis XIV en la parte del salón y otros, Luis XV en la galería.

El cuerpo narrativo de la película tiene una clara estructura teatral, no es vano es una adaptación de la obra de teatro del mismo autor del guión, Christopher Hampton, que resume en dos horas de metraje un cuerpo epistolar hierático, dándole vigor y ritmo a la historia. Los actos o el planteamiento nudo y desenlace fluyen en un inevitable camino hacia el drama final y a la vez se reflejan en los espacios de la casa. De esta forma, el salón es siempre el punto para plantear la argucia, el despacho funciona como base de la estrategia y el dormitorio nos sirve el resultado final. Aunque a veces este último se mezcla con el primero y ya no sabemos distinguir entre lecho y escritorio.

El hecho de que la novela sea epistolar, provoca una continua sucesión de escenas donde las misivas vuelan de plano en plano. Este hecho nos evocaba una avanzada red social, que de haber existido tal y como hoy la conocemos hubiera supuesto muchas más maniobras y tretas para su protagonistas. No nos cuesta imaginar un whatsApp llegando al iPhone de Cecile con un gran OMG, cada vez que Valmont le pasa un mensaje, ni la cara de la marquesa de Merteuil leyendo en su portátil los mails del susodicho, ni tampoco los tweets de la sociedad parisina con el trending topic del momento #duelovalmont. Vaya una pequeña broma para reforzar la idea de lo antigua que es la red.
Al margen de su valor cultural o social, el salón es también la comodidad (la vida relajada). Y en este siglo es cuando se culminan todos los elementos que hacen nuestra vida más agradable en este sentido. La silla, el sillón, la chaise longe o el sofá, toman cuerpo en el XVIII y es el momento en que se fija la distribución de los apartamentos, distinguiendo, por ejemplo, entre la alcoba, el salón, la antecámara y un sinfín de pequeñas habitaciones como el boudoir, el cabinet de travail o despacho, el comedor con sus muebles específicos e incluso, en algunas viviendas, hasta el cuarto de baño.

Para dejar clara la referencia del momento rococó les  dejo un cuadro de evolución de los estilos franceses, representados en la patas de los muebles y el elemento favorito de ebanistas y clientes: el rocaille.

El galbo (perfil) se hace más estilizado durante el rococó y las patas se rematan con un "cabochon" o adorno.

La rocaille o rocalla son estas formas sinuosas y orgánicas que se usan en la decoración de los muebles. Se inspiran en piedras de la naturaleza y ciertas formas de conchas. Su nombre dio origen a la palabra rococó (mitad rocaille, mitad coquille -concha marina-) y fue el término peyorativo usado por los neoclásicos para denostar el en que su tiempo fue llamado "del gusto moderno. La moda es así, efímera.
El mobiliario de asiento evoluciona hacia estructuras más confortables y cómodas durante el reinado de Luis XV. A diferencia del estilo anterior -Luis XIV-, en el siglo XVIII, la tapicería es más rica, la línea se hace más ligera y voluptuosa, la profusión de relieves, bronces y detalles se acentúa. No olvidemos que es el momento del lujo, la fiesta y el placer como protagonistas, por eso la nueva moda es cómplice de los gustos sociales.
De Luis XIV a Luis XV.
La variedad de modelos para descargar el peso del cuerpo, no deja de asombrarnos, por la cantidad de asientos diferentes, pero se observan dos categorías principales: la siège meublant à la reine y la siège en courant o en cabrioletLa siège en cabriolet o en courant, se diferencia de la siége à la reine por su respaldo y utitilidad. Mientras que las primeras tiene un respaldo plano y se sitúan contra las paredes de la sala, haciendo juego incluso con los motivos de la pared y boiseries, las en courant tiene el respaldo curvo, lo cual las hace más confortables. Se colocan en el centro de la habitación o donde manden las exigencias.

Dos fauteuil à la reine. En la tapicería, las fabulas de la Fontaine, trending topic de la época. Fuente Kollenburg Antiquairs.

Valmont en un fauteuil à la reine, llama la atención de la marquesa para que se ponga "cómoda".
La siège en cabriolet o courant. 
A partir de esta gran división se inventan infinidad de tipos adaptados a la misma mínima necesidad. Los sillones grandes o bergères se convierten en de commodité para enfermos, en tete-á-tete para acoger a dos personas. La chauffeuse es una silla baja para calentarse junto a la chimenea y la chaise-longue o duchesse permite estirar las piernas. Se extienden los modelos de canapés o divanes y hasta se crea la voyeuse, con la parte alta del respaldo aplanado y acolchado especialmente pensado para que se apoyen los espectadores del juego cómodamente sentados sin incordiar durante la partida.
Dentro del universo lit de repos,la variantes son muchas y los expertos no se ponen de acuerdo en muchas ocasiones. Sin ir más lejos, las diferencias entre chaise longue, duchesse y lit de repos no están demasiado claras. Mientras algunos sugieren que la duchesse es el nombre antiguo para la chaise longue, otros se desmarcan con lo contrario y citan la duchesse como un estilo de chaise longue nacido en el reinado de Luis XV. En cuanto a la categoría lit de repos, podríamos incluir todas las variantes (chaise longe, duchesse, duchesse brisée etc) en ella sin equivocarnos. Los largos varían entre unas y otras, y mientras que en la duchesse el respaldo es curvo, en la chaise longue es plano.

Chaise longue en bateau de rejilla en los aposentos de Madame de Volangues.

La chaise longue. Fuente French Accent.

La duchesse. Fuente Paulina Ballesty.

La duchesse brisée. Brisée quiere decir partida. En algunos casos está formada por dos piezas, y en otros por tres (la bergère, le tabouret y le bout de pied). Fuente Antiques.com

La bèrgere. Fuente Proantic.

Bergère Marquise. La moda de la ampulosa crinolina o miriñaque, obliga a los ebanistas a inventar sillones apropiados a la tendencia. Fuente Moissonier.

El Ottomane. Un sillón bajo con el respaldo curvo para evitar las insidiosas corrientes de las grandes casas. Fuente Confort Decor.
Dentro del salón y también fuera de él, se usan muebles comodín que lo mismo valen para un té con pastas que para poner un jarrón. Existen también muchas pequeñas mesas para diversos usos: el bonheur du jour -mesita para escribir con un segundo cuerpo-, para tomar café, de juego, de chevet -mesilla de noche-, en chiffonniére -pequeño escritorio. A veces algunas son à la Tronchin, con tapa abatible para escribir.

La table à écrire. A la izquierda, mesa de Jean-François Œben, fuente Paris. fr. A la derecha mesa de Léonard Boudin fuente Paris.fr.

Table à jeux. Fuente Proantic.
La consola es mueble decorativo profusamente decorado con rocaille, patas de bronce y tapa de mármol. Evoluciona de formas más pesadas de la época de Luis XIV a una representación más ligera y elaborada en el estilo rococó.

Consola Luis XIV. Fuente Museo de Artes Decorativas de París.

Consola Luis XV. Fuente Kollenburg.
Hacemos una parada en este punto y los invito a descansar antes de que llegue Robespierre y nos desmonte la casa. À bientôt...
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https://tallerymedio.com/tag/el-mueble-frances-del-siglo-xviii/
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miércoles, 22 de marzo de 2017

LA TABLILLA PLIPTON Y LAS MATEMATICAS




De los cientos de miles de tablillas de arcilla babilonios encontradas desde principios del siglo XIX varios miles traban sobre temas matemáticos. Uno de los más famosos ejemplos de matemática babilónica es la tablilla llamada Plimpton 322 que lleva el nombre de la colección de George a. Plimpton, ahora conservada en la Universidad de Columbia....
Esta tabla muestra lo que ahora se llaman ternas pitagóricas, es decir, números enteros a, b, c que satisfacen a^2+b^2=c^2 
Plimpton 322 es una tablilla de barro de Babilonia, que destaca por contener un ejemplo de las matemáticas babilónicas. Esta tableta, se cree que fue escrita cerca de 1800 a. C., tiene una tabla de cuatro columnas y 15 filas de números en escritura cuneiforme de la época.
Esta tabla muestra lo que ahora se llaman ternas pitagóricas. Las tripletas son demasiadas como para haber sido construidas por la fuerza bruta (es decir, hechas a mano probando valores). Desde una perspectiva moderna, un método para construir tales tripletas es un primer logro significativo, conocido antes sólo entre los griegos . Al mismo tiempo, hay que recordar que el autor de la tableta era un escriba, más que un matemático profesional, se ha sugerido que uno de sus objetivos pueden haber sido producir ejemplos para problemas escolares.
Aunque la tableta se interpretó en el pasado como una tabla trigonométrica, más recientemente se han publicado trabajos que ven esto como un anacronismo, y le dan una función diferente.
La tablilla está parcialmente rota. El editor neoyorquino George Arthur Plimpton compró la tablilla a un distribuidor arqueológico, Edgar James Banks, alrededor de 1922, y legó el resto de su colección a la Universidad de Columbia a mediados de 1930. Según los E. Banks, la tableta vino de Senkereh, un sitio en el sur de Irak, que corresponde a la antigua ciudad de La fue escrita alrededor de 1800 a. C., basandose en parte en el estilo de escritura a mano utilizado para su escritura cuneiforme: Robson (2002) escribe que esta escritura a mano "es típica de los documentos del sur de Irak de hace 4000 a 3500 años." Robson señala que Plimpton 322 fue escrita en el mismo formato que otros documentos administrativos de la época, en lugar de un escrito de matemáticas.
El contenido principal de Plimpton 322 es una tabla de números, con cuatro columnas y quince filas, en notación sexagesimal babilónica. La cuarta columna es sólo un número de fila, ordenada del 1 al 15. Las segunda y tercera columnas son completamente visible en la tableta sobreviviente. Sin embargo, el borde de la primera columna se ha roto, y existen dos extrapolaciones consistentes que dan los dígitos faltantes que podrían haber sido; estas interpretaciones difieren sólo en si cada número comienza con un dígito adicional igual a 1 o no...
Robson sostiene por motivos lingüísticos que esta teoría pitagórica es "conceptualmente anacrónica" y depende de muchas otras ideas que no están presentes en el registro de la matemática babilónica de aquella época.
Esta tablilla pertenece a la Primera Dinastía Babilónica. XVIII-XVI (1763-1595 A. C.)



viernes, 3 de marzo de 2017

LA COSMÉTICA VICTORIANA


Durante el Romanticismo, las mejillas sonrosadas naturales o fruto del maquillaje dieron paso a una moda donde una enfermiza palidez se convirtió en un extaño sinónimo de belleza juvenil.
Si una joven no era lo suficientemente afortunada para mostrar en su cara los síntomas de haber sufrido por amor, lo cual se consideraba un aspecto glamuroso, estaba dispuesta a hacer cual cosa para conseguirlo, desde beber vinagre para procurarse una palidez sepulcral, a pasar las noches en vela sollozando con poemas de amor. Además podía conseguir una mirada ligeramente ausente poniendo unas gotas de belladona en sus ojos. Esta planta recibía su nombre por su capacidad de proporcionar una imagen bella de la mujer, dilatando sus pupilas, limpiando la mirada y dotándola de un aire poético y romántico.
Los efectos secundarios de la belladona eran devastadores, causando ceguera y parálisis. Otras sustancias utilizadas para la piel y los labios , como el óxido de zinc, el mercurio, el antimonio y el sulfuro de plomo eran utilizadas en productos de belleza , provocando graves problemas de salud a largo plazo.
Desgraciadamente, el aire ausente y supuestamente romántico que les proporcionaba a las jóvenes llegó a estar tan de moda, que cualquier riesgo era pequeño comparado con el glamour de un aspecto enfermizo y de deliberada tristeza.
Jane Austen, siempre adelantada a su tiempo, marcó un antes y un después en la nueva imagen de la mujer con la descripción admirativa que Mr Darcy hacía de Lizzie Bennet, donde destacaba su naturalidad, su frescura y su aspecto saludable después de su caminata de casi tres millas en Orgullo y Prejuicio, sugiriendo que no había nada mejor para el aspecto de una mujer que el aire libre y el ejercicio.
Esta mujer tenía una tez sonrosada, un aspecto natural y una expresión risueña, incluso un poco infantil. Una belleza saludable muy alejada de la palidez enfermiza.  Según los nuevos manuales de belleza, una mujer bonita debía mostrarse tal y como era, ya que las pinturas y ungüentos sólo servían para estropear sus rasgos naturales; una mujer bella no necesitaba en absoluto del maquillaje para agradar.
Pronto, como en todas las modas, apareció un icono de belleza que era un compendio de todas esas virtudes: Miss Maria Foote, una actriz más reconocida por su aspecto y su apariencia que por sus méritos artísticos.
Miss Maria Foote, actriz
La rígida moral victoriana comenzó a asociar el maquillaje como un signo de vulgaridad propio de cortesanas y prostitutas, y por ese motivo, ninguna mujer que se considerase elegante y decente debía utilizarlos.
Para tratar de disimular sus imperfecciones y mostrar un rostro fresco, de piel de porcelana y mejillas rosadas, las mujeres comenzaron a acudir a los remedios y productos naturales. Los kitchen gardens, o huertas caseras, proporcionaban todo lo que una joven necesitaba: lavandas, rosas y lirios para obtener agua de perfume, almendras para extraer su aceite, cera para amalgamar los preparados y conseguir nutritivas cremas, limones mezclados con clara de huevo o crema de leche y azúcar como exfoliantes y purés de pepino para obtener mascarillas.
Lola Montez, más tarde Condesa de Lansfeld, c.1836
Y de nuevo, esta nueva corriente de belleza natural estaba representada por un nuevo modelo al que imitar, Eliza Rosanna Gilbert, actriz y bailarina irlandesa, famosa por sus actuaciones como bailarina española con el nombre artístico de Lola Montez. La artista, más conocida por sus escándalos en las cortes europeas que por su calidad interpretativa, poseía 26 de las 27 características consideradas esenciales por los manuales de belleza de la época, para tener una belleza perfecta, las llamadas three times nine.
Pero la misma sociedad victoriana que animaba a las mujeres a dejar su cara limpia de maquillaje, convirtió la fabricación y venta de cosméticos en un floreciente negocio que proporcionaba un sinfín de beneficios a empresas y particulares, que se anunciaban en prestigiosos periódicos y revistas.
Ninguna mujer decente reconocería su uso, pero el ansia por estar atractivas las llevó a usar pociones y pomadas que les proporcionaban discretamente sus médicos o boticarios, con formulaciones propias, o bien adquirían a compañías británicas o extranjeras cuyos productos eran enviados por correo.
Mujeres de todas las edades no dudaban en probar todo tipo de cremas, sin garantía médica y que los avariciosos fabricantes comercializaban sin ningún tipo de prueba previa. Sustancias como el arsénico, el mercurio o el bismuto pasaron a ser ingredientes destacados de todo tipo de lociones de belleza, y, a pesar de que muchos médicos avisaban de los peligros de parálisis facial, amarilleo y acartonamiento de la piel, pocas eran las que abandonaban su uso. Cualquier riesgo era mínimo ante el objetivo de estar atractivas en todo momento.
A mediados del siglo XIX,  la cruzada pública – que no privada – contra el maquillaje era más intensa que nunca. Se defendía una imagen femenina sin rastro de crema o pintura y un aspecto saludable, casi rollizo. La imagen fresca y aniñada fue sustituída por una más modesta y fácil de ser copiada: la de una dama no tan joven, que irradiaba salud y la felicidad que le proporcionaba el cumplimiento de sus deberes conyugales y familiares.
Al más puro estilo de la Reina Victoria, paradigma de la auténtica dama y modelo a seguir por los victorianos, las mujeres como Madame Montessier representaban perfectamente esta idea.
Madame Montessier, pintada por Ingres
Esta prohibición moral del uso de la cosmética y el deseo de obtener la belleza que la genética no había proporcionado fuera cual fuera el precio a pagar, hizo que embacaudores y charlatanes se aprovecharan de las damas cuyo máximo deseo en la vida era estar radiante para lograr un matimonio ventajoso, o en todo caso, un marido.
Una de las consejeras de belleza más famosas de la época fue Madame Sarah Rachel Leverson, más conocida como Madame Rachel. Su salón estaba en el número 47 de New Bond Street y por ella pasaban las damas más destacadas de la sociedad londinense. Su método de venta directa, sin intermediarios, proporcionaba a las damas productos supuestamente milagrosos, elaborados según formulaciones propias, además de consultas personalizadas para aconsejar a las damas sobre cuáles eran los tratamientos más adecuados para cada necesidad.
A su salón llegaban acaudaladas damas, en lujosos carruajes y cubietas con tupidos velos para no ser reconocidas – no olvidemos que una dama bella por naturaleza no necesitaba artificios para brillar y que además la cosmética era cosa de mujeres mundanas.
Se decía que entre sus más destacadas clientas de estaban la Reina Victoria y la Empreratriz Eugenia de Francia. Fuera cierto o no, Madame Rachel alentaba los rumores para dar más popularidad a su negocio y poder cobrar precios desorbitados por productos con nombres exóticos, que no pasaban de ser agua perfumada o cremas inocuas, en el mejor de los casos, o productos altamente tóxicos en otros.
Pero el verdadero negocio de esta mujer no estaba en la venta de cosmética: sibilinamente se aprovechaba de la ingenuidad de sus preocupadas clientas para que les contara secretos íntimos, chismes de la sociedad y cualquier hecho del que ella pudiera sacar provecho mediante un posterior chantaje.
Ninguna de las damas acudía a la policía por miedo a que su secreto fuera revelado y a ser víctima de la burla pública por acudir a una consejera de belleza. Todas cedían al chantaje de la mujer que les había prometido que con su ayuda serían Beautiful For Ever, como rezaba el eslogan de su negocio.
Fue finalmente la viuda de un oficial del ejército indio, a quien Madame Rachel había enredado para que se carteara con un aristócrata inglés, presuntamente enamorado de ella, quien la denunció, al descubrir el engaño, verse expuesta al escarnio público y  privada de la herencia que le correspondía.
El reinado del fraude de los productos de belleza supuestamente exóticos y carísimos, que prometían milagros de belleza en pocas semanas, terminaba con un escándalo de chantajes y mentiras, cuya cabeza visible fue Madame Rachel y su negocio.
O quizás nunca terminó, sino que se fue reinventando a lo largo de los siglos hasta nuestros días y otras Madame Rachel siguen ganando dinero a costa de crear inseguridades femeninas.
La época Victoriana no está tan lejana…
La fuente de gran parte de esta entrada en un interesante librito sobre el uso de la cosmética desde el siglo XVI hasta los años 50, escrito por Sarah Jane Downing y editado por Shire Library. Ameno, fácil de leer y profusamente ilustrado con iconos de belleza de todas las épocas.
http://www.mycelebrityskin.net/2014/10/la-belleza-durante-la-epoca-victoriana.html
https://smoda.elpais.com/belleza/10-cosas-sorprendentes-que-no-conocias-de-la-belleza-victoriana/
https://lacasavictoriana.com/category/damas-y-caballeros-victorianos/
http://galakia.com/cosmetica-victoriana-verte-guapa-podia-mortal/
http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120824/54340841579/siglos-de-coqueteria.html
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