jueves, 2 de julio de 2015

CHAOUEN.... LA CIUDAD MEDIEVAL SAGRADA DE MARRUECOS


                                        Chaouen...

 Acurrucada entre las laderas de dos montañas cortadas a pico y rodeada de campos de cultivo que resaltan aún más el blanco de sus casas, uno se trasporta inevitablemente a otros pueblos serranos situados en montañas hermanas pero separadas por el Mediterráneo, a las sierras de Málaga o Cádiz, cuando Chaouen se muestra por primera vez a la vista del viajero viniendo desde el sur . Si se accede a ella desde el norte, permenacerá oculta a nuestra vista hasta que, casi de sopetón, nos encontremos con ella ya en sus mismas puertas, recordándonos así el orígen militar y estratégico de la pequeña ciudad, concebida inicialmente como una fortaleza para impedir la entrada de los portugueses hacia el interior, después de su asentamiento en los enclaves costeros más significativos.- Charles de Foucauld, el primer europeo en siglos que logro acceder en 1.883 -disfrazado de judío errante- a esta población, cerrada secularmente a cal y canto a los extranjeros, nos narra así su llegada: "La ciudad, metida en un recodo de la montaña, se descubre solo en el último momento; se suben los primeros escalones de la cadena, se llega a la muralla rocosa que la domina, se costea penosamente su pié en medio de un dédalo de enormes bloques de granito donde se abren profundas cavernas. De pronto, aquel laberinto cesa, la roca se hace un ángulo, y a cien metros de allí, adosada, por una parte, a montañas cortadas a pico, bordeada, por otra, de huertos siempre verdes, aparece en la ciudad"


 
Los orígenes de Chaouen se remontan al siglo XV, cuando, en 1.471, el jerife Muley Alí Ben Rachid ordenó la construcción de una fortaleza, ideada como base en la lucha contra los portugueses que habían iniciado ya diversas incursiones al interior desde sus enclaves costeros, conquistando Ksar el Kebir.Su extraordinaria situación, abrigada y oculta por las montañas, en un valle fértil y con numerosas fuentes que manaban de la montaña y que aseguraban el abastecimiento de agua en caso de asedio, no fué fruto del azar.-

Al amparo de la kasbah, el pueblo fué creciendo alimentado por las sucesivas oleadas de refugiados andaluces -entre los que también se encontraban familias sefardíes- que fueron expulsados de sus tierras tras la progresiva dismunición territorial y posterior caida del reino Nazarí de Granada, último reducto musulmán de la península. Algunas fuentes atribuyen el orígen de la ciudad a los primeros exiliados andaluces que llegaron a esta tierras a finales del s XIII.- En los siglos XVI y XVII la llegada de los moriscos, huyendo de la represión y la nueva reconversión forzosa tras la sublevación de las Alpujarras y tras su expulsión definitiva, motivó que la ciudad siguiera creciendo en barriadas sucesivas que trepaban por la montaña.-

Famosa por su aislamiento y su fanatismo religioso,princialmente anticristiano, lo que no resulta nada extraño teniendo en cuenta el orígen de la mayoría de su población , Chaouen ha sido blad es siva (territorio insumiso) durante una gran parte de su historia (cuando la visita Foucaould, por ejemplo), aunque también ha habido periodos en los que ha reconocido (a duras penas y a la fuerza en muchas ocasiones) la autoridad del sultán. Su peculiar fanatismo religioso se refleja en una hostilidad manifiesta hacia los extranjeros, conociéndose, antes de la segunda década del s XX, únicamente la presencia efímera en la ciudad de tres de ellos (uno de ellos Foucauld) , a la que accedieron disfrazados de judío o de indígena y guiados por la aureola de inaccesibilidad y leyenda que la rodeaba, en una aventura que sólo dos de ellos pudieron contar.- Hasta la pequeña comunidad judía, de orígen sefardí, que habitaba la ciudad desde sus inicios, vivía en unas condiciones de convivencia con la mayoría musulmana mucho mas hostiles y precarias que en el resto de ciudades marroquíes, viviendo prácticamente confinados en su barrio, exponiéndose a continuas vejaciones y agresiones si osaban salir de la mellah. Foucauld se hace eco de estos hechos ya que, al ir vestido de judio, lo sufrió en sus propias carnes durante su corta estancia en la ciudad.-

Este secular aislamiento tuvo un pequeño paréntesis, que no auguraba más que su inminente y definitivo final, con la ocupación de la ciudad por parte de las tropas coloniales españolas, que se establecieron en ella en 1920 al tratar de concretar y hacer efectivo el control de las regiones norteñas que quedaron bajo protectorado español tras el reparto de las potencias coloniales. La región de Chaouen era,en aquella época, el campo de operaciones y el ámbito de influencia y control de un curioso personaje de la época, escapado quizás de las páginas de la historia medieval, a medio camino entre señor feudal y jefe tribal, que mantuvo en jaque a las potencias coloniales con un curioso juego de alianzas y contraalianzas: El Raisuni. Cuatro años después, la inminente llegada de las tropas rifeñas de Abdelkrim, aconsejaron una salida de la ciudad, con consecuencias desastrosas. En 1927, tras la caida definitiva del líder rifeño, las tropas españolas ocupan definitivamente la ciudad. Chaouen empieza a aparecer (a la fuerza, eso sí) en los mapas a los que hasta ese momento había logrado evitar.


 En 1982, Chaouen todavía era una pequeña ciudad de corte rural, cuando los cafetines eran cafetines de verdad, donde los parroquianos se reunían para dejar pasar las horas en compañía de un vaso de té y de un tablero de parchís, y cuando la única infraestructura de cara a los escasos visitantes -mochileros y amantes del hachish casi en exclusividad- se reducía a un puñado de pensiones y al hotel Parador, herencia de la presencia española.



 La imagen netamente andaluza que desprendía la población en los primeros golpes de vista, se corroboraba en el interior de sus callejuelas, pero transportándonos al pasado, a la vieja Al Andalus, y mostrándonos una idea aproximada de cómo debía de haber sido el aspecto y la vida cotidiana de cualquier pueblo de la Axarquía malagueña o las Alpujarras, por poner un ejemplo. Era día de zoco y los borriquillos no dejaban de pasar por las calles cargados de verduras y otras mercancías, seguidos por sus arrieros que a base de continuos avisos se abrían paso entre la gente.- Numerosas fuentes brindaban la oportunidad de saciar la sed en medio de las empinadas calles (foto dcha).- Entre las casas encaladas hasta una determinada altura -el resto de piedra rojiza o argamasa vista- , con zócalos de tonalidades azulonas, se encontraban también muchos solares abandonados, muchas viviendas decrépitas, y la sensación de que algunos barrios y rincones habían conocido tiempos mejores.
Despues de veinte , dejamos de ir por la zona cansados de sustos y malos ratos causados por los pertinaces e incansables vendedores de hachish de la época, que copaban gran parte de la ruta entre Bab Taza y Ketama, y que pensaban que cualquier guiri que pasara por allí no tenía más objetivo que comprarlo.
Chaouen en 2005, lo primero que llama la atención es la uniformidad estética de la medina: las callejuelas seguian siendo las mismas, con el mismo empedrado, tortuosas y estrechas y con sus interminables tramos de escalera para salvar los desniveles más complicados; las casas seguian siendo las mismas, sus tradicionales tejas rojizas en tejados a dos aguas, sus fachadas encaladas, sus zócalos azulones, sus tejadillos sobre las puertas, sus balcones... . Pero algo había cambiado sustancialmente: parecía como si se hubiera tratado de acicalar para la típica foto de estudio para enviar a la familia. Había una sensación como de decorado de película, de artificiosidad , de imagen más que de realidad. Por otro lado, los cafetines se habían reconvertido en "restaurantes", muchos de los comercios tradicionales habían mutado en bazares para turistas y los pequeños hoteles y riads se habían multiplicado.- La razón saltaba a la vista: Chaouen había entrado definitivamente en los mapas, a través de los folletos turísticos.




A pesar de todo, la ciudad sigue emanando un aroma especial (a pasado y tradición). Aún sigue en pié una antigua funduk, y la mayoría de los barrios siguen contando con su propia mezquita, su hamán y su horno público al que las mujeres continúan dirigiéndose con sus piezas de harina recién amasada para que el propietario del horno las cueza, a cambio de quedarse con una pieza por cliente, a modo de pago. En cualquier vericueto de las calles del barrio de Suika (que ocupa la zona baja de la medina), las montañesas siguen ofreciendo los huevos y hortalizas que producen y las plantas aromáticas que recolectan -algunas de ellas muy codiciadas por la población local-, embutidas en vestimentas tradicionales y coronadas con el característico sombrero de paja de ala ancha, con o sin adornos de lana.- Los pequeños comercios de los callejones que bajan de la plaza Outa el Hammán -centro neurálgico de la medina- hacia Bab el Ain, orientados en su mayoría al comercio autóctono, siguen estando atestados y ebulliendo de actividad durante todo el día.

Deambular sin rumbo por los callejones estrechos y a menudo empinados, descubriendo rincones, patios, puertas de todos los estilos pero casi siempre azules, tramos de escaleras que se pierden tras un recodo, suelos pintados del mismo color azulón que los zócalos de las casas, olivos centenarios de tronco atormentado que subsisten como islas, sigue siendo un ejercicio sumamente reconfortante (fotos superiores), y sin olvidar que Chaouen es , sin duda, una de las ciudades más fotogénicas de Marruecos.-

La plaza de Outa el Hammán es el centro vital de la medina, de donde parten todos los pasos y donde se encaminan todos los trayectos.- Plagada de restaurantes y tiendas de artesanía y recuerdos y constántemente vigilada por el elegante , y ahora colorido, minarete octogonal de la gran mezquita, y por los muros de la kasbah, la plaza siempre ha sido el punto de reunión de los lugareños, combinando en la actualidad esta faceta con la de lugar de parada y descanso de los visitantes.

En el interior que la kasbah originaria, aún en buenas condiciones de conservación, con su muralla y torreones, encontramos también un palacio mandado edificar en 1672 por el inefable Mulay Ismail, que alberga en la actualidad un pequeño museo etnográfico de la región.- También se pueden visitar las mazmorras, con los grilletes aún incrustados en las paredes.- Las vistas que se ven desde las torres son espléndidas (foto izda.).- Se accede al interior del recinto abonando una entrada de 10 dh.

A partir de la plaza hacia el sur, se desploman las estrechas calles comerciales que, siempre repletas de gente, recorren el barrio de Suika -el más antiguo- hasta desembocar en Bab el Ain., la puerta más importante de acceso a la medina desde la ciudad nueva.- El barrio que trepa hacia el monte al norte de la plaza, es el barrio de los Andaluces, una zona con un menor volúmen de establecimientos comerciales, pero más orientados hacia el visitante, y con ese punto de "ciudad bohemia, cultural y cosmopolita" que desde algunos sectores turísticos e institucionales quieren promocionar: estudios de pintores y fotógrafos, galerías de arte... y los inevitables almacenes de alfombras.- La salida de la medina por el norte, se realiza por Bab el Ansar .- Desde aquí, se accede al Ras el Ma, uno de los lugares preferidos por los chauníes para pasear por la tarde.- Las cascadas a las que alude el nombre (Ras el Ma viene a ser algo así como "punta de agua" o "salto de agua"), hace tiempo que desaparecieron cuando se construyeron y canalizaron las captaciones de agua, pero sigue siendo un lugar muy agradable.- Allí se encuentra también los lavaderos públicos, cada vez menos utilizados.- Si descendemos de Ras el Ma siguiendo el río, encontraremos un par de molinos de agua aún en funcionamiento.


Paradójicamante, si el recinto amurallado que forma la medina es de gran interés, la ciudad nueva es absolutamente prescindible.- Si acaso, por mencionar algo, es curioso visitar la Plaza de Mohamed V, antigua Plaza de España, con ese aura de época colonial que aún se adivina en ella.- Allí se encuentra aún el edificio de la antigua iglesia.- Como curiosidad, mencionaré que el diseño de los jardines y fuente de la plaza, es obra de Joan Miró, pero en la actualidad se encuentra en un estado de abandono y deterioro bastante acusado.

Chaouen aún sigue teniendo una personalidad propia, pero los cambios en los últimos años se están produciendo a una velocidad de vértigo, acrecentada en este caso por las facilidades de acceso a la ciudad, situada a una hora y media o dos horas de Ceuta- Los primeros pasos ya están dados: creciente e imparable actividad inmobiliaria, excesiva dependencia del sector turístico y una presión sobre el viajero que se va pareciendo cada vez más a la de otras ciudades turísticas.- La ciudad corre un riesgo serio de convertirse en un maniquí de escaparate: perfección estética por fuera , pero vacía de contenido.
http://viajarpormarruecos.blogspot.com.es/2009/07/chaouen.html


                                


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