jueves, 5 de enero de 2017

LAS JOYAS ACROSTICAS


Los acrósticos son composiciones poéticas elaboradas a partir de las letras o sílabas iniciales de un grupo de palabras o versos de cada línea, las cuales al leerse en sentido vertical forman una palabra, un nombre propio o una frase, reforzando el significado del mensaje. Fueron cultivados por varias civilizaciones antiguas, como las hebrea,  griega y latina, y siguen siendo desarrollados por diversos autores. Probablemente todas hemos escrito un acróstico alguna vez en nuestras vidas, a nuestra mamá o a alguien especial, o como ejercicio literario en la escuela. Hay acrósticos cuya forma de lectura es más simple y otros más complejos, como éste dedicado al rey Carlos II de Austria (siglo XVII), donde puede leerse su nombre, el cual forma un sol.
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Esta forma de hacer poesía no solo se hizo por escrito. Se hizo también por medio de joyas con incrustaciones de piedras preciosas. A diferencia de otras joyas, en la orfebrería bautizada como “acróstica” las piedras no eran solamente decorativas: portaban un mensaje de amor, de amistad o de devoción divina a través de las piedras preciosas.
Se dice que fueron creadas por el orfebre francés Jean-Baptiste Mellerio a principios del siglo XVIII, quien trabajó ni más ni menos para la emperatriz Josefina de Beauharnais y para la reina María Antonieta, y desde entonces este tipo de joyas arrasaron en Francia durante ese siglo y en las épocas Georgiana y Victoriana en Inglaterra (especialmente, la joyería victoriana se caracterizó por ser muy sentimental y proponía un sofisticado lenguaje amoroso).
En estas joyas se podían “escribir” ciertos mensajes. Por ejemplo, si un hombre quería declararle su afecto a una mujer inglesa le regalaba un anillo que contenía piedras preciosas dispuestas en un cierto orden, donde cada piedra representaba la letra inicial de su propio nombre. Para confeccionar la joya se consideraba el idioma de quien iba a recibirla, pues la “lectura” del mensaje dependía de las iniciales de los nombres de cada piedra en su lengua respectiva.
Si deseaba decirle “DEAREST” (‘la más querida’), entonces la palabra estaría formada gracias a esta combinación de piedras: Diamond, Emerald, Amethyst, Ruby, Emerald, Sapphire y Topaz, como vemos en este anillo fabricado hacia 1820. Para leer esa palabra, como si fuera un mensaje escrito en un código secreto (¡lo cual lo hace mucho más romántico!), se debía ir desde la gran piedra del centro del anillo (D), luego bajar diagonalmente hacia la piedra izquierda abajo (E), seguir en línea recta hacia la piedra siguiente del lado derecho (A), subir por la curva del anillo (R-E), cruzar hasta el lado izquierdo hasta la primera piedra de arriba (S) y, por último, bajar en diagonal hacia la piedra del extremo izquierdo (T): D-E-A-R-E-S-T. Toda una sofisticación visual y poética.
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Algunas joyas adquirían formas más complejas, como prendedores con formas de animales, flores o cruces, o colgantes como éste, cuyas incrustaciones de piedras forman la palabra “LOVE”: Lapis lazuli, Opal, Vermeil y Emerald. Este colgante de oro de elaboración inglesa data de 1830 y su mensaje amoroso se intensifica con los pendientes  de corazones. Una preciosura, ¿no?.
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Otra joya mucho más compleja son los relicarios, como éste, confeccionado hacia 1840 en Inglaterra. Es de oro y simula un candado con forma de corazón, con una llave. El enamorado habrá querido decirle a quien se lo regaló algo así como “tú tienes la llave de mi corazón”. El mensaje contenido en las piedras es “REGARD” (‘recuerdo’, ‘saludo’, ‘respeto’, ‘amor’): Ruby, Emerald, Garnet, Amethyst, Ruby y Diamond.
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Definitivamente, este tipo de regalo o prenda amorosa es mucho más bonito, delicado y original que los chocolates, los peluches de gran tamaño o las rosas rojas.

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