domingo, 6 de diciembre de 2015

LA GRIPE PANDÉMICA DE 1918...EL BESO MORTAL DE LA DAMA ESPAÑOLA

 

 Un estudio sugiere que los tipos de virus de la gripe al que ha sido expuesta una persona durante su infancia pueden predecir su susceptibilidad a futuras cepas del virus.

Un trabajo, dirigido por Michael Worobey, de la Universidad de Arizona en Tucson (EE.UU.), ofrece respuestas a dos de los misterios biomédicos más importantes del siglo pasado: el origen del virus de la gripe pandémica de1918 y su inusual -causó la muerte a más de 50 millones de personas.

                             The Spanish flu spread worldwide

El artículo, que se publica en «PNAS», no sólo arroja luz sobre la devastadora pandemia de 1918, también llamada «la española», sino que también sugiere que los tipos de virus de la gripe al que ha sido expuesta una persona durante su infancia pueden predecir su susceptibilidad a futuras cepas del virus, una información que desde luego podría ser extremadamente útil para diseñar futuras estrategias de vacunación y prevención de una posible pandemia.
«La pandemia de gripe de 1918 dejaba algunas dudas: ¿de dónde venía el virus? y ¿por qué fue tal letal, matando a personas jóvenes y teóricamente sanas;?», señala Worobey. Las respuestas a estas cuestiones nos ayudarán para determinar si debemos esperar que ocurra una situación similar en el futuro o si había algo especial en esta epidemia que la hizo tan devastadora».




Reloj molecular


Los investigadores han empleado un enfoque innovador en esta ocasión. Worobey y sus colegas desarrollaron un preciso reloj molecular para reconstruir los orígenes de la pandemia de gripe H1N1 de 1918, los de la del virus H1N1 de la gripe porcina clásica y la del linaje H1N1 estacional post-pandémica, que circuló desde 1918 hasta 1957. Sorprendentemente los investigadores no encontraron ninguna evidencia sobre las hipótesis vigentes sobre el origen del virus de 1918 –la que sugiere que saltó directamente de las aves o la relacionada con el intercambio de genes entre cepas humanas y de la gripe porcina ya existentes-. En lugar de ello, creen que el virus de la pandemia surgió poco antes de 1918 a partir de la adquisición de material genético de un virus de la gripe aviar por el virus H1 humano circulante, que probablemente había entrado en contacto con la población humana 10-15 años antes de 1918.
«Puede ser la pieza que faltaba en este rompecabezas», sostiene Worobey. Según este experto, el hecho de que todas estas personas hubieran estado expuestas previamente a un virus H1 podría explicar por qué experimentaron tasas mucho más bajas de mortalidad en 1918 que aquellos que fallecieron en masa en 1918 –personas de unos 29 años de edad.
En situaciones normales el virus de la gripe A es más letal en los lactantes y en las personas mayores, aquellos cuyo sistema inmune es más débil. Sin embargo, el virus de 1918 se cebó en personas entre los 20 y los 40 años de edad, principalmente debido a infecciones bacterianas secundarias, en especial la neumonía. Los autores sugieren que es probable que esto sea debido a que muchos jóvenes nacidos entre 1880 y 1900 estuvieron expuestos durante su infancia a un virus H3N8 que circulaba entre la población, que contó con proteínas de superficie distintas a las principales proteínas antigénicas del virus H1N1.
Los autores compararon la historia genética del virus con los tipos de anticuerpos presentes en personas de distintas generaciones que vivían en 1918 y con los patrones de la muerte por año de nacimiento, aunque no sólo los de 1918, sino también lo de años posteriores. A partir de esta información, los investigadores creen que esta pequeña franja de la población podría haber sido especialmente susceptible a la enfermedad en 1918, mientras que la mayoría de los individuos nacidos antes o después de entre 1880 y 1900 habría tenido una mejor protección contra el virus H1N1 de 1918 debido a la exposición durante su infancia a antígenos H1N1 y/o H1 

                        Toda la verdad sobre «la española», la gripe pandémica de 1918

Inmunidad previa


«Lo que parece ser el factor decisivo es la inmunidad previa -subraya Worobey-. Nuestro estudio ofrece una serie de observaciones que hasta ahora han sido difíciles de explicar y presenta una cadena lógica capaz de aclarar muchos patrones de mortalidad de la gripe en los últimos 200 años. Lo que tenemos que hacer ahora es tratar de validar estas hipótesis y determinar los mecanismos involucrados y, a continuación, aplicar ese conocimiento directamente en mejorar la prevención de las personas ante una gripe estacional y ante futuras cepas pandémicas».
Por eso sugieren que las estrategias de vacunación que imiten la protección proporcionada por la exposición al virus de la gripe durante la infancia podría reducir drásticamente la mortalidad por ambas cepas, estacionales y pandémicas.
Worobey afirma que la nueva perspectiva no sólo se aplica a la pandemia de 1918, sino también podría explicar los patrones de mortalidad de la gripe estacional y los patrones misteriosos de la mortalidad por la gripe H5N1, altamente patógena, de origen aviar, y la cepa H7N9, que causa una mayor mortalidad en ancianos. 



Hagamos un poco de historia....

En febrero de 1918, último año de la Primera Guerra Mundial, una terrible gripe de rápida propagación comenzó a afectar a la gente en la ciudad turística de San Sebastián, España. Hubo otros brotes en la misma época, quizás anteriores, pero el nombre "gripe española" se hizo popular. La enfermedad se extendió velozmente en toda Europa durante abril y mayo e infectó a muchos soldados jóvenes y sanos en los campos de batalla, en los campamentos y a miembros de las familias devastadas por la guerra. La mayoría de las personas se enfermaban durante una semana y luego se recuperaban.
Durante el último año de la Primera Guerra Mundial, la gripe española se propagó por todo el mundo. El hospital de campaña n.º 45 del Ejército de los Estados Unidos, ubicado en Aix-les-Bains, Francia, tuvo llenas las salas con enfermos de influenza durante esa época. Los trabajadores sanitarios contaban con pocas armas para combatir la gripe española de 1918. Para tratar de limitar la propagación de la mucosidad infectada, usaban mascarillas quirúrgicas y colgaban sábanas entre las camas de los pacientes en las salas abiertas.
La epidemia desapareció gradualmente durante junio, julio y agosto. Pero en septiembre, el virus regresó en una forma mutada mucho más mortal. Se desencadenó una pandemia que mató a más personas y con más rapidez que cualquier otra enfermedad en la historia registrada, incluida la epidemia de peste negra de la Edad Media. La pandemia se extendió por Europa, India, Asia, América e incluso la región ártica, donde poblaciones remotas de inuits fueron totalmente aniquiladas.
En poco más de un año, aproximadamente 500 millones de personas (¡quizás entre un cuarto y un quinto de la población mundial!) se enfermaron, y casi todos estuvieron expuestos al virus. Los médicos no podían realizar pruebas directas para detectar el virus, y hubo demasiadas muertes en un plazo demasiado corto, lo que impidió llevar un recuento preciso. Sin embargo, las estimaciones de la cantidad de muertos oscilan entre 20 y 100 millones de personas, aunque más probablemente fueran entre 40 y 50 millones. Si bien la gripe en sí mató a algunas víctimas, la mayoría murió a causa de una grave pulmonía que seguía rápidamente a la aparición de la gripe.
Para considerar la cantidad de muertes desde una perspectiva contemporánea, podemos mencionar que 15 millones de personas, soldados y civiles, murieron durante los cuatro sangrientos años de la Primera Guerra Mundial

 Misterios sin resolver

¿Qué desencadenó esta pandemia? ¿Por qué fue tan letal? ¿Puede volver a suceder? Los científicos todavía intentan responder a estos interrogantes, pero los recientes avances en el campo de la genética y la virología han revelado algunos datos interesantes.
En la época del brote, los investigadores conocían la existencia de los virus pero nunca habían visto uno. Aprovecharon el tamaño sumamente diminuto del germen para aislarlo. Filtraron todas las células más grandes y más pesadas de una muestra hasta que solamente los virus pasaban por el fino tamiz. Luego, probaron formas de transmitir el líquido infectado a hurones y cerdos sanos, e incluso a seres humanos (principalmente, militares), para ver cómo se propagaba y cómo podrían detenerlo. Los investigadores también estudiaron los anticuerpos, las defensas naturales presentes en la sangre de los sobrevivientes, y los probaron contra otras cepas de gripe para medir la resistencia. Encontraron una conexión con la gripe porcina.
Los científicos que trabajaban en la época del brote de gripe española no tenían conocimiento de las proteínas de aspecto cambiante del virus, H y N, ni de su núcleo genético. Estos avances surgieron en la década de 1940, con la invención del microscopio electrónico, y en la década de 1950, con el descubrimiento de las moléculas de ADN y ARN.
En la década de los noventa, los científicos pudieron descifrar un genoma, es decir, una secuencia de genes. ¿Pero dónde podrían encontrar un virus de 1918 para descifrar? Recordemos que estos trocitos de ARN, dentro de sus membranas de lípidos y proteínas, duran horas, quizás días, fuera de un huésped vivo, según la temperatura y la humedad.
En una extraordinaria pero verdadera historia policíaco-médica, los científicos encontraron y recuperaron tres muestras de virus de las víctimas de la gripe española de 1918. Una de ellas se encontró en los pulmones de una mujer inuit enterrada en una fosa común en el permafrost de Alaska. Los otros cuerpos de la fosa se habían descongelado parcialmente con el paso de las décadas, pero esta mujer había permanecido congelada, por lo que se había preservado el virus.
Las otras dos muestras habían sido recubiertas de cera y estaban archivadas entre los millones de especímenes médicos albergados en el Instituto de Anatomía Patología de las Fuerzas Armadas (AFIP por su sigla en inglés) de los Estados Unidos. Se habían tomado de dos soldados estadounidenses que murieron a causa de la gripe, cuyas muestras pulmonares se recuperaron cuando el virus aún estaba presente.
Las muestras de virus eran trocitos de ARN, no virus vivos, y hubo que reconstruirlos metódicamente. En 1998, Jeffery Taubenberger y Ann Reid del AFIP analizaron el material genético de las muestras y finalmente, en 2005, descifraron el genoma (la secuencia completa de ARN).
Ahora se sabe que el virus es una cepa del subtipo H1N1, el primer subtipo identificado en 1946. La proteína hemaglutinina coincide con los virus de mamíferos y sugiere que el virus surgió en seres humanos o cerdos y que habría estado circulando durante varios años en ambas especies antes de mutar a la forma mortal.
¿Por qué fue tan mortal? El virus desencadenó una respuesta rápida y abrumadora del sistema inmunitario. El exceso de líquido en los pulmones y la gran cantidad de glóbulos blancos hizo que los pacientes desarrollaran pulmonía y se ahogaran. Todavía se está estudiando cuál es el mecanismo que provoca dicha respuesta.
¿Puede volver a suceder? Las pandemias son cíclicas y surgen aproximadamente cada generación, pero los brotes de 1957, 1968 y 2009 fueron mucho más leves. Un virus letal podría surgir, y podría propagarse muy rápidamente en esta época de veloces viajes internacionales. Sin embargo, los expertos en salud actualmente cuentan con muchas más herramientas para detener la propagación del virus y tratar la influenza.


 http://www.planetseed.com/es/relatedarticle/influenza-pandemia-de-gripe-espanola-de-1918

http://www.abc.es/salud/noticias/20140428/abci-gripe-epidemia-1918-201404281750.html

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