domingo, 15 de noviembre de 2015

ALEJANDRO MAGNO...LA LEGENDARIA BATALLA DE HIDASPES

  

Cuando ya tenia firmemente sujeta a Persia, Alejandro cruzo en el 327 el paso de Khyber camino de la India. Sus campañas en la India y su retorno a Babilonia están cuajados de puntos de interés para los historiadores militares, pero sin lugar a dudas el punto culmine de la campaña a la India fue la batalla que hoy trataremos, la gran batalla de Hidaspes, en el Penjab, que junto con las de Iso y Gaugamela es una de las mayores que dio.



Su oponente en el río Hidaspes, afluente del Indo, era el rey Poro, un “gigante” de unos 2,10 metros de altura, al que Alejandro había de admirar después de la batalla. Poro mandaba un ejército de, por lo menos, 30.000 hombres de infantería, 4.000 de caballería, 300 carros y 200 elefantes. Aunque la fuerza total de Alejandro en la India pudo haber sido de unos 75.000 combatientes, aquel día de mayo del 326 en que se enfrento con el ejército de Poro solo tenía bajo su mando inmediato unos 5.000 de caballería y tal vez 15.000 de infantería.



La posición de Poro en el Hidaspes, bloqueando el avance de Alejandro, era formidable. El propio río era profundo y turbulento, debido al deshielo de las nieves del Himalaya. Los elefantes de guerra constituían un peligro especial para Alejandro. Además de su efecto psicológico (las inmensas bestias atemorizaban, sin duda, a los hombres de Alejandro) podían ser particularmente útiles contra la caballería macedonia. Los caballos, por naturaleza, temen a los elefantes y hay que acostumbrarlos a ellos.


Si Alejandro intentaba un asalto frontal cruzando el río, acción difícil en aquellas circunstancias, los elefantes indios atemorizarían a los caballos que se cruzaran en las balsas y provocarían su huida. Arriano resumió la situación bellamente: “Era claro [para Alejandro] que no podía cruzar por el punto en cuya orilla opuesta estaba Poro, porque al intentar poner pie en ella sus tropas serian atacadas por un ejercito potente y eficaz, bien equipado y apoyado por un gran numero de elefantes; además, pensó en la probabilidad de que sus caballos, frente al inmediato ataque de aquellas bestias, se asustaran e intentaran huir tan pronto como las vieran aparecer lanzando sus berridos desconocidos para ellos… desde luego se negarían a seguir en las balsas, y a la simple vista de los elefantes a lo lejos enloquecerían de terror y se arrojarían al agua mucho antes de llegar a la orilla opuesta”.



Por ello Alejandro decidió recurrir a la astucia. Empezó a mover su caballería todas las noches, durante varias seguidas, yendo hacia arriba y hacia abajo a lo largo de la orilla del río en que se encontraba. Ordeno a los jinetes macedonios que, al ejecutar esas maniobras, hicieran el mayor ruido posible para forzar a Poro a que los siquiera con sus elefantes desde el otro lado hasta que una noche, cansado este de tan inútil persecución, la abandono y se quedo en su campamento.


Dejo entonces Alejandro a su general Cratero en la base inicial a retaguardia con mas de 5.000 soldados de a pie y algunos escuadrones de caballería, mientras él ascendía con el resto de su ejercito treinta kilómetros hacia el norte amparándose en la oscuridad y en el fuerte temporal reinante. Sus actividades de contrainteligencia en esta campaña son impresionantes.

Previamente había hecho circular el rumor de que pensaba esperar a que descendiesen las aguas del río para cruzarlo. Llego, incluso, a enviar a alguien al campamento principal `para que, apropiadamente vestido, se hiciese pasar por el, todo ello con el propósito de aquietar a Poro y mantenerlo inactivo, en lo que parece que tuvo éxito.


El punto del río elegido por Alejandro para cruzarlo era un codo aguas arriba donde una isleta dividía las aguas en dos brazos. Ordeno a Cratero que cruzase y atacase la retaguardia de Poro si este se volvía para hacer frente a la fuerza atacante principal macedonia, pero solo en caso de que Poro sacara todos los elefantes de su campamento, porque si los dejaba detrás para prohibir el cruce (como, de hecho sucedió), Cratero debería esperar hasta que la fuerza al mando de Alejandro hiciera retroceder a los indios.




A la mañana siguiente Alejandro cruzo el río al norte (con grandes dificultades, porque el agua casi le llegaba al cuello) y avanzo con su caballería seguida, a unos cuatro kilómetros, de la infantería. Cuando Poro fue informado por sus exploradores de que Alejandro estaba intentando cruzar el río, envió a su hijo al norte con 2.000 hombres de caballería y 120 carros para defender la orilla, pero la maniobra fue demasiado tardía. En cuanto los avisto, Alejandro lanzo contra ellos varias cargas sucesivas, escuadrón tras escuadrón, y los hizo retirarse presos del pánico. En el encuentro murió el hijo de Poro y los macedonios lograron capturar todos los carros.

Entonces Poro decidió emplear toda su fuerza contra Alejandro dejando detrás una pequeña guardia con algunos elefantes para impedir cruzar a Cratero. Con sus 30.000 infantes, 4.000 jinetes, 300 carros y 200 elefantes, la fuerza de Poro era numéricamente superior a la de Alejandro, que solo se componía de 6.000 infantes, aunque los 5.000 jinetes que tenía le daban una ventaja decisiva en caballería. Eligiendo un terreno no demasiado fangoso a causa de las recientes lluvias, Poro formo una línea de algo más de tres kilómetros de longitud, mientras que las de Alejandro, con la infantería formada en ocho filas de profundidad, no llegaban a la mitad.

Pero había colocado en cada ala 2.000 jinetes y dos escuadrones de 150 carros cada uno. Delante de la infantería india a unos quince metros, se alineaban los 200 elefantes. Alejandro agrupo a la caballería a su derecha, dispuesta a arrojarse contra la del ala izquierda india, a cuyo mando estaba Poro. Destaco una pequeña fuerza de caballería (unos 1.000 jinetes) a las ordenes de Coenus para que se desplazase a la izquierda y fuese contra la caballería del ala derecha india, pero como suponía que Poro movería su caballería de la derecha contra el ala izquierda para defenderse del ataque en masa de Alejandro, dio ordenes a Coenus de que atacara por detrás a los indios cuando sucediese así.



Alejandro empezó por lanzar los arqueros montados de su derecha que eliminaron los carros indios y desorganizaron la caballería de la izquierda con sus armas de largo alcance. Entonces se destaco él con los compañeros en línea de columna atacando con un movimiento envolvente y de flanco a la izquierda india con el propósito de atraer a la caballería y de que, separándola de su infantería, dejase de apoyar a esta. Poro movió la caballería del ala derecha al frente de su línea, y Coenus cruzo transversalmente el campo que separaba las dos infanterías contendientes para atacar por retaguardia. El resultado fue que poro no pudo integrar las caballerías de sus dos alas antes de que Alejandro se precipitase violentamente contra él.


La infantería macedonia empezó a intervenir al mismo tiempo que tenia lugar el masivo asalto final para impedir a Poro el despliegue de sus elefantes contra la caballería de Alejandro. Sus escaramuzadores fueron especialmente útiles contra los elefantes “derribando a los que los montaban”, según Arriano.


Y arrojando una granizada de proyectiles desde todos lados contra los mismos elefantes. Hubo una enorme confusión, y aquello fue muy distinto a cualquier batalla anterior; los monstruosos elefantes se precipitaban hacia una y otra parte metiéndose entre las líneas de la infantería y provocando la destrucción en la sólida masa de la falange macedonia, mientras que los jinetes indios, viendo las infanterías tan mutuamente empeñadas, giraban para asaltar la caballería macedonia.

Pero los hombres de Alejandro hicieron retroceder a la caballería enemiga sobre los elefantes.

En cuyo momento los elefantes quedaron encerrados, sin espacio para maniobrar, por las tropas que les rodeaban por todos lados, y tropezando unos con otros, dando vueltas y abriéndose paso a toda dirección, pisoteaban y mataban a tantos de los suyos como del enemigo.

Finalmente los indios cedieron y se dieron a la fuga. Aprovechando ese momento, Cratero cruzo el río y empleo sus tropas de refresco en la persecución, haciendo una gran matanza. Poro fue herido y capturado; cuando lo llevaron ante Alejandro, el macedonio le pregunto como quería que se le tratara. “Como un rey”, contesto Poro, y tanto impresiono a Alejandro la respuesta que devolvió al indio su reinado. Acabaron haciéndose excelentes amigos.


En esta campaña Alejandro dio pruebas de su extraordinaria visión. Actuó con rapidez y decisión sin descuidar la planificación ni la atención a la logística. Tal vez lo más notable de todo fue que cruzara el Indo, diera una gran batalla y continuara manteniendo una línea de comunicaciones continua hasta la misma Macedonia. Ciertamente se extendió demasiado y habría de padecer las consecuencias en su viaje de regreso a Babilonia, pero en el Penjab no se vio totalmente aislado en un mundo desconocido, ni separado irremisiblemente de sus bases en Persia y mas lejos. De haber decidido volver por el mismo camino que había seguido, habría encontrado pocas dificultades. El concepto geográfico y estratégico del mundo griego se había ampliado mucho mas de lo que hubieran podido concebir los mas fantásticos sueños de Pericles y Epaminondas.


 http://grandesdelahistoria.blogspot.com.es/2008/11/la-batalla-de-hidaspes-alejandro.html

sábado, 14 de noviembre de 2015

LA ROMA IMPERIAL....UN PASEO POR LA ETERNA CIUDAD







Hacia el año 300 d.C., aunque ya mostraba signos de decadencia, Roma seguía siendo la ciudad más poblada del Mediterráneo, con unos 700.000 habitantes, y concentraba en el interior de sus murallas los principales núcleos administrativos y comerciales del Imperio. Ciudadanos de todo el mundo acudían a la metrópoli para resolver asuntos judiciales, para establecer contactos comerciales o, simplemente, para admirar sus sofisticadas infraestructuras y los magníficos monumentos de un pasado glorioso.
Los viajeros accedían a la ciudad a través de diecisiete puertas abiertas en la muralla que Aureliano había mandado construir en el año 271 d.C. para proteger la capital de las incursiones bárbaras. Una de las más frecuentadas era la Porta Ostiensis. Quienes viajaban por mar desembarcaban en Ostia (Roma tenía un puerto fluvial, pero allí sólo se transportaban mercancías), donde tomaban un carro de pasajeros tirado por mulas, la cisia, que los acercaba a la capital por la vía Ostiense en menos de dos horas. En el trayecto en carro se alcanzaban a ver las salinas del Tíber y los cientos de esclavos y bueyes que servían para arrastrar río arriba las pequeñas naves cargadas con los productos necesarios para abastecer las necesidades de una ciudad densamente poblada.
Conforme el viajero se acercaba a la ciudad podía ver las numerosas tumbas situadas a ambos lados de la vía y tal vez tropezaba con algún cortejo fúnebre, precedido por flautistas y plañideras, que guiaba al difunto y a sus familiares y amigos hasta el sepulcro. Sin duda, no dejaría de fijarse en una tumba en forma de pirámide erigida por un liberto adinerado del siglo I a.C., justo al lado de la puerta. Allí mismo dejaría el carro en la estación de cambio (mutatio) cercana a la puerta de la muralla, en la que se podía dar de beber y de comer a los animales antes de emprender el camino de regres

 La Forma Urbis era un gran mapa de Roma en mármol que fue colocado en el templo de la Paz en el siglo III. Medía 234 m2, pero hoy día sólo quedan fragmentos, como éste conservado en el Museo de la Civilización Romana, Roma.

Antes de empezar a callejear, si lo requería, el viajero podía aliviarse en los retretes públicos, letrinas situadas junto a la puerta de la muralla y comer algo en alguna de las numerosas posadas (llamadas cauponae o tabernae) que ofrecían raciones de jamón, queso, aceitunas y vino. Desde la puerta tenía la opción de tomar un camino por la izquierda que lo llevaba al puerto fluvial de Roma, el llamado Emporium, donde se alzaban los inmensos graneros de la Marmorata. El ambiente allí era de ajetreo incesante. Elio Arístides, un retórico griego del siglo II d.C., afirmaba en su Elogio de Roma que en el puerto del Tíber «confluye de cada tierra y de cada mar lo que generan las estaciones y producen las diversas regiones, ríos, lagos y las artes de los griegos y de los bárbaros. Si uno quiere observar todas estas cosas, tiene que ir a verlas viajando por todo el mundo conocido o venir a esta ciudad, pues cuanto nace y se produce en cada pueblo es imposible que no se encuentre siempre aquí y en abundancia».

En efecto, al puerto fluvial de Roma llegaban cargamentos de la India y de Arabia, tejidos babilonios, adornos de las regiones bárbaras, mármoles griegos y africanos, aceite hispano y, principalmente, toneladas de trigo de Sicilia y de Egipto, que se depositaban en los almacenes del puerto, los horrea. La mayor parte de ese trigo se distribuía después gratuitamente por las panaderías industriales diseminadas por la ciudad para asegurar el pan a los más pobres. Cerca del puerto había numerosos hornos de pan (Forum Pistorium) así como dos grandes mercados: uno de frutas y verduras (Forum Holitorium) y otro de carne (Forum Boarium). Las ánforas en las que llegaban envasados el aceite y el vino, una vez vaciadas se rompían y se tiraban a un depósito al sur del puerto fluvial, que terminó convirtiéndose en una colina artificial de treinta metros de altura y de un kilómetro de circunferencia, conocida hoy como el monte Testaccio.
Si el viajero deseaba evitar el jaleo del puerto, podía, desde la puerta Ostiense, emprender la subida al monte Aventino siguiendo el camino denominado vicus portae Radusculanae. El Aventino era una de las zonas más venerables  de Roma. Allí se había alzado la acrópolis desde la que la plebe romana se había enfrentado a los patricios y que había albergado numerosos templos. Hacia 300 d.C. éstos se hallaban ya deteriorados, como el templo de Diana –copia del Artemision de Éfeso– y los santuarios de Ceres, Libero y Libera. Cercanos a éstos, en los últimos tiempos habían surgido templos dedicados a dioses orientales, como Júpiter Doliqueno, Mitra e Isis. Las casas populares que cubrían el monte en tiempos de Augusto habían sido sustituidas paulatinamente por refinadas residencias aristocráticas, que gozaban de una ubicación excelente, cercana al centro neurálgico de la ciudad y con vistas incomparables sobre Roma. No era de extrañar que en un lugar tan privilegiado hubieran tenido su residencia personajes como Trajano y Adriano antes de ser nombrados emperadores.





Entre 212 y 217, Caracalla hizo construir en Roma un complejo termal que se convirtió en el más grande y fastuoso de la ciudad. En la imagen, vista de las ruinas.
 

En la ruta hacia el circo Máximo, el camino pasaba por los aledaños de dos termas privadas de lujo, las Suranae y las Decianae, y de las termas públicas construidas por el emperador Caracalla, que podían acoger a 1.600 bañistas por turno y en torno a 8.000 personas al día. Las termas de Caracalla no eran tan grandes como las establecidas por el emperador Diocleciano al norte de la ciudad, entre los barrios del Quirinal, el Viminal y el Esquilino, pero ofrecían igualmente magníficas piscinas de agua caliente y fría y pórticos y jardines en los que se podían contemplar bellas esculturas y asistir a conciertos y recitales poéticos.

Continuando el paseo hacia el norte se llegaba al circo Máximo, el mayor edificio de espectáculos con el que contó Roma. Fundado en el siglo VI a.C., fue objeto de continuas restauraciones y ampliaciones hasta dar acogida a nada menos que 385.000 espectadores. En él se desarrollaban principalmente carreras de caballos al menos una vez a la semana. Asistir a uno de los ludi circenses resultaba una experiencia inolvidable. Según recordaba el obispo cristiano Juan Crisóstomo: «El edificio se llena hasta las últimas gradas. Las caras son tan numerosas que el corredor superior y el techo mismo quedan escondidos por la masa de espectadores y no se ven ni ladrillos ni piedras, sino que todo es rostros y cuerpos humanos». Eran frecuentes, además, las representaciones teatrales en el teatro de Marcelo y, sólo diez días al año, los cuestores de la ciudad pagaban juegos gladiatorios y cacerías (venationes), que tenían lugar en el anfiteatro Flavio, el Coliseo. Hay que tener presente que en el siglo IV había 177 días festivos en el calendario romano, aunque el pueblo sólo abandonaba sus ocupaciones para ir a los espectáculos durante algunas horas.



El Foro de Roma era el núcleo de la ciudad. Los patricios iban allí cada día, en litera y con su séquito, para ocuparse en los asuntos de los tribunales o del Senado. En la imagen, el templo de Saturno en el Foro.

Desde el Coliseo, el viajero se vería sin duda arrastrado hacia la zona de los foros, tanto el de época republicana como los adyacentes construidos por Julio César, Augusto, Vespasiano, Nerva y Trajano. Ésta era sin duda la zona más concurrida y bulliciosa de la ciudad. En el Foro romano, en particular, se podía encontrar todo tipo de personas dedicadas a los oficios más diversos, no siempre respetables. El comediógrafo Plauto había descrito así el ambiente del foro: «Los maridos ricos y los derrochones se pueden buscar en los alrededores de la basílica; allí también están las mujeres de mala vida y los negociantes sin escrúpulos […] En la parte más baja del Foro pasean las personas honestas y los ricos, y en el centro, los fanfarrones. Bajo los viejos talleres, están los usureros. En el vicus Tuscus se encuentran los hombres que comercian con su cuerpo; en el Velabro, el panadero, el carnicero, el arúspice [adivino], los embrollones…». Por encima de las voces de todos ellos se podía oír al pregonero anunciando los espectáculos patrocinados por los ricos o a algún orador que pronunciaba sobre la nueva tribuna el elogio fúnebre de un difunto, acompañado por el clamor de tubas y cuernos; e incluso podían aparecer los senadores reunidos sobre las escalinatas de alguno de los templos de la plaza. Como apuntaba Plauto, por la noche, después de que las tiendas, los talleres y las oficinas de la administración pública hubieran cerrado, el Foro se convertía en lugar de encuentro para la prostitución, tanto masculina como femenina, aunque existían también prostíbulos (lupanares) repartidos por toda la ciudad.

Si el forastero que visitaba Roma quería ir de compras, lo primero que tenía que hacer era cambiar moneda en el puesto de un banquero, que solía encontrarse en el centro de los mercados permanentes (macella). Después podía adquirir productos de mayor calidad en las tiendas cercanas al Foro o en las instaladas dentro de los mercados de Trajano, el mayor centro comercial de Roma, o bien buscarlos a bajo precio en los puestos ambulantes de los mercadillos que se organizaban en los barrios cada nueve días (nundinae).




Separado del foro de Augusto por un alto muro de piedra, que servía también de cortafuegos, se encontraba el barrio de la Subura, famoso como centro de prostitución. La calle que atravesaba el barrio, el clivus suburanus, era una áspera vía siempre interrumpida por el lento paseo de las recuas de mulas, según describe Marcial, con el empedrado sucio y mojado por el agua de la fuente de Orfeo. Más allá de aquella fuente comenzaba un barrio de fastuosas mansiones dotadas de grandes peristilos internos, como la que habitó Plinio el Joven. Con la Subura colindaba por el noreste el Sambucus, un barrio popular de callejones tortuosos e irregulares y de casas rústicas, dotadas de pequeños postigos, corrales y huertos, donde los vecinos se despertaban cada mañana con el canto de los gallos.
Paseando por aquellos barrios, el viajero podía tener la falsa sensación de estar en un pueblo. Pero si dirigía sus pasos hacia la vía Flaminia, que partía desde el Foro hacia el norte de Roma, encontraría un panorama de grandes bloques de apartamentos (insulae), de entre tres y ocho plantas. Las vertiginosas torres de viviendas que «parecían alcanzar las nubes», según describen los poetas romanos, eran grandes moles de ladrillo organizadas en torno a un patio de luz interno, con accesos y escaleras colocados en diversos lados y dotados de amplios balcones. En cada esquina del edificio había una fuente y a lo largo de la calle se levantaba un amplio porticado, sobre el que se abrían diferentes negocios en los que vivían hacinados los esclavos que los gestionaban. Los mejores apartamentos estaban en los pisos bajos, mientras que los más pequeños y peor ventilados ocupaban los pisos más altos.
Pasada la jornada en medio del bullicio de la gente, el ruido de los carros, las continuas y repetitivas cantinelas de los vendedores o los malos olores de las lavanderías y los mercados, llegaba el momento de buscar alojamiento para la noche. Lo más habitual era alojarse en casa de un ciudadano con el que la familia tenía un pacto de hospitalidad, el cual se demostraba mediante una tessera hospitalis, un objeto, normalmente en bronce, compuesto por dos partes que encajaban entre sí. Según las normas de hospitalidad, el anfitrión debía recibir a su huésped, hacer un sacrificio en su nombre, prepararle un baño, servirle una buena cena, darle conversación, ofrecerle una cama cómoda y colmarlo de regalos a su partida. Pero si no era así, había que conformarse con un camastro en el piso superior de una caupona, un bar normalmente mugriento y oscuro, en donde se daban cita borrachos, jugadores y prostitutas. 
http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/10800/asi_era_roma_imperial.html
 

jueves, 12 de noviembre de 2015

TARAS BULBA .... LOS COSACOS UCRANIANOS DEL SIGLO XVI

 
 

En esta ocasión me propongo destacar, una novela de sobrada fama: Taras Bulba, de Nikolái Gógol, renombrado escritor ruso nacido en Ucrania . Muchos identificarán al personaje cuyo nombre da título a la obra con Yul Brinner, su intérprete en la versión fílmica de los años ’60. 

El protagonista de la novela es en realidad el pueblo cosaco, de origen eslavo y asentado después del siglo X en las estepas que hoy conforman gran parte de Ucrania y el sur de Rusia. Pueblo cuya imagen estereotipada es la de unas gentes más bien salvajes, levantiscas y celosas de su libertad, consumados jinetes y juerguistas de campeonato (tan diestros en el danzar como en el beber). Pues bien, acaso sea este uno de los casos en que el estereotipo represente una buena parte de la verdad, al menos considerada con una cierta perspectiva histórica o, dicho de otra manera, con una mirada retrospectiva. Parecen confirmar este supuesto -entre otras fuentes- algunas novelas rusas decimonónicas, cuyo valor testimonial en este sentido acaso exceda el propiamente artístico (sin tratarse en modo alguno de obras deficientes). Me refiero a La hija del capitán, de Alexander Pushkin; Taras Bulba, de Nikolái Gógol; y Los cosacos, de Lev Tolstói.




El caso de Taras Bulba es singular, porque en ella su autor se propuso nada menos que forjar la épica del cosaco, en un empeño que denota el influjo del romanticismo a la sazón en boga –es la primera mitad del siglo XIX-. Ese romanticismo que, llevado del desencanto ante la modernidad y el universalismo de las categorías racionalistas, se volcó al enaltecimiento de la nación como expresión suprema del alma colectiva, y para ello nada más decisivo que hurgar en el pasado legendario de los pueblos (cuanto más legendario y heroico, tanto mejor). En verdad, Gógol no es un escritor rigurosamenteromántico, puesto que en su obra destacan elementos propios del realismoque ya amagaba con desbancar al romanticismo, tales como la sátira y el ánimo de denuncia social. Taras Bulba representa una suerte de paréntesis en el conjunto de su obra, uno intermedio entre dos épocas y dos corrientes culturales. Es la épica romántica del cosaco, pero vertida en prosa y en conformidad con un estilo realista. El impulso romántico de la obra se advierte precisamente en su carácter de epopeya, en que el novelista recrea el pasado glorioso de una etnia notoriamente simbólica, de entre las que conformaron la Gran Rusia (compuesta en esencia por las actuales Rusia, Ucrania y Bielorrusia o Belarús).



Gógol no pinta al pueblo cosaco en color de rosa, sino que exhibe muy crudamente el primitivismo y la brutalidad que con toda certeza se le puede atribuir en la época en que se ambienta el relato, el siglo XVI, habida cuenta de que la suya era y sigue siendo tierra fronteriza entre dos continentes y sus respectivos paradigmas civilizacionales. Los cosacos se hallaban por entonces enfrentados en constantes luchas contra polacos, tártaros y turcos. También se contaban entre sus enemigos calmucos, lituanos y moscovitas. Aunque habían abandonado el nomadismo mucho tiempo atrás, su estilo de vida conservaba más de un toque de las pasadas costumbres trashumantes, evidentes sobre todo en su cultivada estirpe de jinetes y en su forma de organización social. En el modo en que se reúnen y deliberan en torno al destino de la nación cosaca, acudiendo desde los más apartados confines, hay claras reminiscencias de lo que debió ser su primigenia estructuración en clanes, posiblemente rivales pero hermanados al momento de enfrentar a un enemigo común. 


Gógol no escatima honestidad al retratar las cotas de tosquedad y salvajismo que podía alcanzar el varón cosaco en la orgía o en la acción militar. Pero tampoco le mezquina admiración al elevarlo a la condición de “extraordinaria manifestación de la potencia rusa”, homenajeando su papel histórico de contención de invasiones mogolas. En el cosaco cifra Gógol lo que hoy consideraríamos tópicos sobre el ‘ser nacional ruso’: disposición a una amistad ruda y generosa, rectitud de carácter, despreocupación respecto del futuro, desprecio de los bienes materiales y ansia de gloria, etc. Características en cierto modo notables aunque en ellas no hubiera sino un ápice de verdad, pero de las que bien se puede recelar si, como ha ocurrido, llega Rusia a ocupar un sitial internacional de preponderancia.
En un relato cuya extensión varía entre las 150 y las 200 páginas, según sea la edición, asistimos a feroces campañas sostenidas por los cosacos contra el tradicional adversario polaco, cuyo empuje amenazaba la libertad de los jinetes de las estepas, y cuyo refinamiento cortesano ya se hacía sentir en la nobleza moscovita –algo que en muchos cosacos suscitaba todo el recelo posible-. Taras Bulba, coronel y jefe de un regimiento de cosacos, es el verdadero instigador de la primera de estas campañas, ansioso de que sus hijos Ostap y Andréi completen su educación –o mejor, olviden la que han recibido en la academia o seminario de Kiev-. No creo que muchos desconozcan la dramática suerte corrida por ambos jóvenes en esta campaña inicial, que parece una especie de batida preliminar en comparación con lo que vendrá luego. En efecto, tras el frustrado desenlace de aquélla, los cosacos se embarcarán en una expedición en toda regla, calificada por el autor como una de aquellas guerras de religión que han hecho estragos en la historia de Rusia y de sus vecinos.Pero este episodio sólo ocupa unas cuantas páginas fínales del relato, en las que nos enteramos de la muerte del protagonista, tan cruel como despiadada ha sido su cólera vengativa. 

La narración es vívida y vigorosa, dotada por momentos de una cálida pátina de pintorequismo; cualidades que, a poco andar la lectura, le granjean el entusiasmo del lector –cuando menos, éste ha sido mi caso.-. Aparte la colorida descripción de proezas guerreras, disfrutamos de una emotiva historia de amor y traición, y celebramos la entereza con que los personajes arrostran la adversidad.No menos interesante es el tratamiento de las costumbres de los cosacos y, como se puede suponer, la contextualización histórica de lo narrado.
Taras Bulba se deja leer como narración épica pero también como novela histórica y como documento etnográfico. Su brevedad es un argumento contra toda reticencia. En suma, entretenida y recomendable lectura para quien no la haya acometido aún. 
http://www.hislibris.com/taras-bulba-nikolai-gogol/ 


miércoles, 11 de noviembre de 2015

CONCILIO DE CONSTANZA...EL FIN DEL CISMA DE OCCIDENTE


Octavo concilio ecuménico (universal), celebrado por la Iglesia de Occidente. La asamblea tuvo lugar entre el día 1 de noviembre del año 1414 y el 22 de abril del año 1418, en la ciudad de Constanza, a instancias del emperador alemán Segismundo. La asistencia al concilio fue en un principio escasa, pero las delegaciones fueron llegando en días sucesivos: el emperador y su séquito, la delegación danesa y polaca, el arzobispo de Maguncia, y así sucesivamente las demás delegaciones, menos numerosas. Finalmente, se estimó el número de participantes en unos 16.000, contando los prelados y el séquito de las numerosas delegaciones, todos ellos reunidos en una ciudad de 10.000 almas. Los motivos de la convocatoria del concilio fueron múltiples y variados, destacando entre ellos: la intención de poner fin a la escisión dentro de la iglesia por la elección de tres papas; la condena de la herejía que había surgido en Bohemia de la mano de Juan Hus; y, por último; ratificar la doctrina conciliar por la que el concilio se situaba por encima de la autoridad papal, y no al revés, como hasta el presente había venido sucediendo. El concilio se articuló en torno a 45 sesiones.
La división de la Iglesia comenzó el año 1378, a raíz de la elección del sucesor de Gregorio XI, papa que el año anterior acabó con el período avignonense al regresar a Roma. El Colegio Cardenalicio, de mayoría francesa, eligió al arzobispo de Bari, el italiano Bartolomé Prignano, entronizado con el nombre de Urbano VI. En un primer momento, la elección pontificia fue aceptada por todos, pero no tardaron en surgir nuevas tensiones. El pueblo de Roma quería un papa italiano para frenar cualquier intento papal de regresar a Avignón, pero los poderosos cardenales franceses no acataron la decisión. Éstos últimos declararon nula la elección por supuesta coacción contra sus personas, abandonando Roma. En septiembre de ese mismo año, los cardenales franceses se reunieron en la villa de Fondi, y eligieron a un nuevo papa en la persona del cardenal Roberto de Ginebra, quien tomó el nombre de Clemente VII, fijando su residencia en la antigua ciudad papal de Avignón. Los dos papas elegidos no tardaron mucho en excomulgarse mutuamente, con lo que se inauguró oficialmente un nuevo Cisma en la Iglesia occidental, que duró 40 años.


Con el Cisma instalado, la Cristiandad se escindió en dos obediencias muy definidas, en las que se agruparon las naciones que reconocían al papa de Roma o al de Avignón. La razón de que el Cisma se prolongase tanto hay que buscarla en las propias circunstancias que rodearon su nacimiento. Ciertamente, no era la primera vez que se daba una situación análoga en el seno de la Iglesia Latina, existiendo bastantes precedentes. La diferencia estribó en que las otras veces la Iglesia de occidente nunca tuvo dudas serias acerca de quién detentaba la verdad, o en su caso la legitimidad. Esta vez, en cambio, la situación era distinta, pues la legitimidad, tan difíciles de comprobar, de uno u otro papa dependía de la validez o invalidez que se diera a la discutida elección de Urbano VI, ya que éste no era cardenal. Tampoco faltaron motivos de corte terreno o políticos a la hora de apoyar a uno u otro candidato, como por ejemplo el rey francés, deseoso de restaurar el Papado avignonés, y que contribuyó sobremanera a fomentar y consolidar el Cisma. Pero la realidad era que la Cristiandad se encontró con un gran dilema frente a la realidad de las dos sedes pontificias, cada una de las cuales reivindicaba su legitimidad: uno desde Roma, la Ciudad Eterna, y el segundo desde Avignón, esa otra ciudad que, desde hacia setenta años las gentes se habían acostumbrado a considerar como residencia pontificia. Estas razones ayudan a comprender que, a parte de las motivaciones materiales de muchos príncipes, muchos espíritus profundamente religiosos se decantaran por un papa u otro. Santos tan importantes como Santa Catalina de Siena, o San Vicente Ferrer militaron en obediencias opuestas. Este simple hecho da una visión clara de hasta qué punto el Cisma sembró la confusión en las conciencias de los fieles.
En la conciencia de todos estaba presente el anhelo de acabar con el Cisma y congregar a la Iglesia bajo el mando de un solo pastor. Pero, tanto Roma como Avignón, siguieron manteniendo las mismas posturas intransigentes. Hubo intentos infructuosos para poner término a tan ignominioso Cisma, pero las dos partes se mostraron irreductibles, acusando al contrario de ser ellos los promotores de la división, y pese a sus constantes declaraciones en pro de la unidad. Con el problema enquistado, a medida que pasaron los años se abrió camino la idea de un concilio como única solución al problema. Dos teólogos que enseñaban en la Universidad de parís, Enrique de Langenstein y Conrado de Geluhausen, fueron los difusores de tal solución. En vista de que ambos papas se negaban a abdicar, el concilio se veía como necesario para dirimir como árbitro entre los dos. La propia Universidad de París redactó, en el año 1393, un memorial donde se adoptaba la solución conciliar, con poder de arbitraje y capacidad de decisión competente sobre los cardenales y los dos papas. Tuvieron que pasar dos decenios para que se adoptase finalmente la propuesta.



En el año 1408, Gregorio XII era el nuevo papa en roma y Benedicto XIII (el aragonés Pedro de Luna) en Avignón. Sólo cuando fracasaron las innumerables negociaciones entre ambos pontífices para llegar a un compromiso y se produjo la renuncia de Francia a su papa avignonés, trece cardenales del Colegio Cardenalicio se desentendieron de la obediencia a los dos papas y convocaron un concilio general en la ciudad de Pisa, previsto para el 25 de marzo del año 1409, y cuyo objetivo era el de acabar con tan denigrante espectáculo. La asamblea tuvo el éxito esperado, pese a los esfuerzos del entonces emperador alemán, Ruperto del Palatinado, para detenerlo. Los dos papas disputantes fueron llamados a comparecer, acusados de cismáticos pertinaces. En vista de la incomparecencia de éstos, el concilio los declaró depuestos. Los cardenales asistentes eligieron papa al arzobispo de Milán, Pedro Filarghi, quien se hizo llamar Alejandro V. En la práctica nada se consiguió, pues ni uno ni otro de los depuestos pontífices aceptó la solución, agravando más la situación. Ahora la Iglesia no tenía dos papas, sino tres, lo que equivalía a tres obediencias. La Iglesia era ahora tricéfala. Como muy bien reflejó un tratado de la época, ”del perverso dualismo se había pasado a una malhada tríada”.
Por fin, la idea de un concilio auténticamente ecuménico contó con un gran defensor en la figura del nuevo emperador alemán. Segismundo. Gracias a este monarca, la Iglesia Latina pudo salir del callejón sin salida en el que se había metido. El nuevo “papa de Pisa”, Juan XXIII, sucesor de Alejandro V, no tuvo más remedio que confiarse a Segismundo para conseguir la celebración del concilio. Él solo no podía congregar a la Cristiandad. El emperador anunció su celebración, con cartas para toda la Cristiandad, el 30 de octubre del año 1413. Más tarde, el 9 de diciembre del mismo año, lo convocó el papa Juan XXIII. Mediante negociaciones con los otros papas y con casi todos los estados europeos, Segismundo consiguió el placet para la reunión ecuménica. Incluso se invitó al emperador bizantino Manuel II Paleólogo.
El Concilio de Constanza fue inaugurado oficialmente el día 1 de noviembre del año 1414 por el “papa de Pisa”, Juan XXIII. A medida que iban llegando las delegaciones de los diversos reinos, la actividad conciliar fue cobrando un ritmo más vivo. Juan XXIII, que había convocado el concilio, esperaba que en Constanza se confirmaría su legitimidad, reconociéndole toda la Cristiandad su calidad de único pontífice. Juan XXIII, como italiano que era, tenía la esperanza de que los prelados asistentes, en su mayoría italianos, le apoyarían en su objetivo de reafirmarse. Esta última circunstancia se quebró por la presión de las delegaciones alemana, francesa e inglesa, las cuales pidieron que el voto se realizase por el sistema de naciones en vez de por el sistema de voto individual, como había sido habitual hasta entonces. Cada “nación” habría de deliberar por separado y acordar así el sentido del voto único que correspondía dar a la nación. Cada nación disponía de un voto, al que se sumaba el de cada cardenal del Colegio Cardenalicio. La votación por nacionalidades fue característica del Concilio de Constanza, No se trataba, como a primera vista podría creerse, de la aparición del principio de las nacionalidades. Las naciones eran concebidas dentro del concilio como las naciones de las universidades medievales, es decir, conjuntos condicionados por la política, agrupaciones de tipo consultivo y de voto, que podían reunir a varias nacionalidades. En el concilio, la “nación” alemana, por ejemplo, reunía, además de a los propios alemanes, a los escandinavos, polacos, checos, húngaros, croatas y dálmatas; la inglesa, a los escoceses e irlandeses; y así las restantes. En un principio las naciones eran cuatro: la francesa, la inglesa, la alemana y la italiana. Más tarde se agregó al concilio una quinta nación, la española, cuando llegaron a la asamblea los representantes de los reinos hispánicos, que hasta entonces habían permanecido bajo la obediencia de Benedicto XIII.
El emperador Segismundo, asumiendo el papel principal desde un principio, expresó la idea de que la abdicación de los tres papas existentes era la única condición indispensable para la efectiva solución del Cisma que dividía a la Cristiandad. Las naciones no italianas acogieron la idea del emperador de buen grado, lo que vino a deshacer las esperanzas de Juan XXIII. Viendo el clima adverso contra su persona, éste concibió un proyecto arriesgado: en vez de abdicar huyó de Constanza, en marzo del año 1415, refugiándose en la localidad de Schaffhausen, en los dominios de su protector, el duque Federico de Austria. Juan XXIII justificó su conducta alegando que en Constanza carecía de la seguridad mínima. Invitando a sus partidarios a abandonar el concilio y reunirse con él.
La huida de Juan XXIII produjo un enorme desconcierto, puesto que fue él quien había convocado el concilio. Ante tal circunstancia se dudó en seguir o disolver la asamblea. Un buen número de cardenales y prelados abandonaron Constanza y marcharon a reunirse con el pontífice prófugo. Estaba en el aire la propia supervivencia del concilio. En aquella hora crítica, la prosecución del concilio prosiguió gracias a dos circunstancias principales: por la resuelta decisión del emperador Segismundo, que desplegó una incansable actividad para superar la crisis; y por la postura de un grupo de cardenales y teólogos que acometieron el paso trascendental de apoyar las teorías conciliaristas.



El 23 de marzo de 1415, el canciller de la Universidad de París, Gerson, pronunció un gran discurso en el que sacó a relucir la teoría conciliarista, resumiéndose en los siguientes términos: Todos los miembros de la iglesia, incluso el papa, debían obediencia al concilio general; el concilio no podía suprimir la plena potestad del papa, pero sí restringirla, si así lo exigía el bien común de la propia Iglesia. De resultas de esta idea, el 6 de abril, el concilio aprobó el famoso decreto Sacrosancta, en el que se declaraba que el concilio general reunido en Constanza representaba a la Iglesia católica, y que había recibido su autoridad directamente de Cristo, y por tanto a su autoridad estaban todos los poderes sometidos, incluyendo al propio Papado, en lo referente a la fe, a la abolición del Cisma y a la reforma de la Iglesia. De esto modo, el Concilio de Constanza hacía suya la doctrina de la superioridad del concilio universal sobre el papa. No hay que olvidar que este decreto nació a raíz de la fuga del papa y que fue dictado como consecuencia de la necesidad del momento. El decreto Sacrosancta encontró, como era lógico de suponer, cierta oposición entre un nutrido grupo de cardenales, pero finalmente fue aprobado por el concilio. Con esta medida, se logró superar la crisis más grave. El 17 de mayo, Juan XXIII fue llevado prisionero a la ciudad de Randolfzell, donde fue depuesto de su cargo, el 29 de mayo.
Todavía seguían en funciones los otros dos papas. Gregorio XII, deseoso de contribuir a la solución del Cisma, llevó a cabo dos actos trascendentales para el inicio de la solución del problema: promulgó una bula de convocación del Concilio de Constanza, con lo que éste quedaba legalmente constituido; y la más importante, abdicó por propia voluntad, reingresando en el Colegio Cardenalicio con su antiguo cargo de cardenal de Porto, Ángel Correr. Desaparecidos de la escena dos de los tres pontífices rivales, tan sólo quedaba la renuncia del tercero en discordia, el aragonés Benedicto XIII. El propio emperador Segismundo llevó las negociaciones con el papa aragonés, recluido en la ciudad de Perpignan. Pero éste, hombre de indomable carácter y profundamente persuadido de su legitimidad, no se dejó persuadir. Poco a poco, fue abandonado por todas las naciones que le habían apoyado, refugiándose finalmente en la fortaleza de Peñíscola, a orillas del Mediterráneo. En vista del fracaso del emperador en las negociaciones, el concilio resolvió condenarle y deponerle, en julio del año 1417. Benedicto XIII resistió obstinadamente, sólo y abandonado por todos, hasta su muerte, acaecida el año 1423.
Con la deposición del último protagonista del Cisma, quedaba la vía libre para la elección del nuevo pontífice. Se votó por el sistema establecido de naciones. Pero el concilio volvió a encontrarse dividido por la cuestión de decidir cómo se debía proceder en adelante. Todos estaban de acuerdo en que las dos grandes cuestiones que todavía estaban pendientes eran la elección papal y la reforma de la Iglesia. El emperador Segismundo, apoyado por los alemanes e ingleses abogaban por acometer primero la reforma eclesiástica para que fuera el concilio quien, en su calidad de suprema autoridad eclesiástica, la llevase a término y obligase al futuro papa a plegarse ante una Iglesia renovada. El resto propuso poner rápido término a la orfandad de la Iglesia, con la elección de un nuevo papa y confiar en éste, en unión con el concilio, la misión de dirigir la reforma eclesiástica.



Finalmente se llegó a un compromiso plasmado en el decreto Frequens, del 9 de octubre del año 1417, por el que se dispuso una reunión periódica del concilio ecuménico. Este decreto instauró la obligación de celebrar un nuevo concilio a los cinco años, el siguiente a los siete y los sucesivos, de diez en diez años. En caso de que surgiera un nuevo cisma, el concilio ecuménico se reuniría sin necesidad de convocatoria. La transformación del concilio ecuménico en asamblea periódica constituyó toda una novedad sin precedentes en la tradición eclesiástica de la Iglesia de Occidente.
También fue novedosa la composición del provisional Colegio electoral. Éste fue formado por los 23 cardenales asistentes en Constanza, a los que se sumaron treinta electores, seis por cada nación, reunido en cónclave, el 8 de noviembre del año 1417. Tres días más tarde fue elegido papa el cardenal Otón Colonna, que tomó el nombre de Martín V. La alegría fue general y no era para menos: la Iglesia volvía a tener un papa legítimo, una cabeza rectora visible. En los siguientes meses el concilio aprobó varias medidas parciales de reforma de la Iglesia, y se concluyeron los llamados Concordatos de Constanza; acuerdos sobre cuestiones eclesiásticas entre el papa y las diversas naciones conciliares. En abril del año 1418, el concilio fue clausurado por Martín V, prometiendo éste una nueva reunión que se celebraría cinco años más tarde.
Durante la pausa de las negociaciones que siguieron a la deposición de Juan XXIII, el concilio se ocupó de la persona y doctrina herética lanzada por el profesor de Praga, Juan Hus. Su modelo religioso se basó en el ideado por el inglés Juan Wyclif, cuyas 45 tesis fueron condenadas el 4 de mayo de 1414 por el concilio. Al igual que él, Hus, viendo las numerosas lacras que padecía la Iglesia presente, se refugió en la Iglesia espiritual de los predestinados por Dios, en la que ni el sacerdocio, en cuanto ministerio, ni la administración objetiva de los sacramentos, garantizaban la redención del hombre, sino que era la Gracia divina. Precisamente, por su conducta irreprochable y por sus desconsideradas críticas contra el clero, se fabricó multitud de poderosos enemigos, incluyendo a su antiguo protector, el arzobispo de Praga. Pero al mismo tiempo, como posteriormente le ocurrió a Martín Lutero, contó con la adhesión de gran parte de la nobleza y pueblo checo, imbuidos de grandes dosis nacionalistas.
Con la intención de atraerle al concilio, el emperador Segismundo consiguió que se levantase la excomunión que pesaba sobre su persona, además de proporcionarle un salvoconducto. Lo que no se le levantó fue la pena de suspensión, lo que le inhabilitaba para dar la misa. Hus transgredió esta prohibición, por lo que fue arrestado. En el juicio que se celebró contra él, Juan Hus se negó a retractarse. El 6 de julio del año 1415 fue condenado, como hereje pertinaz y conforme al derecho vigente, al brazo secular, es decir, a la hoguera. Un año después le siguió a la hoguera su amigo Jerónimo de Praga, que en un primer momento se había retractado.


El concilio ecuménico más largo y numeroso de la Iglesia de occidente tuvo éxitos indiscutibles: puso fin a cuarenta años de Cisma; devolvió la unidad espiritual a la Cristiandad latina; y proporcionó un papa indiscutido y aceptado por todos. Como contrapartida, es necesario señalar que los decretos promulgados por el concilio no fueron confirmados formalmente por el nuevo papa Martín V, ya que estos estaban dirigidos a limitar los poderes del papa y a dar una constitución conciliarista a la Iglesia. Estos decretos, en sí mismos, contenían gérmenes de futuros conflictos que volverían a culminar en un abierto enfrentamiento entre el Papado y el posterior Concilio de Basilea, reunido en el año 1423. Esto demuestra que Martín V cumplió lo pactado en el decreto Frequens, aunque no compartiera su doctrina.
 http://www.enciclonet.com/articulo/concilio-de-constanza/

lunes, 2 de noviembre de 2015

LA PRESA DE ASUAN.....EGIPTO




Al norte de la frontera entre Egipto y Sudán se encuentra la presa Alta de Asuán , un enorme muro que retiene al río más largo del mundo, el río Nilo,y al tercer mayor embalse del mundo, el Lago Nasser en honor al presidente Nasser. La presa, conocida como Saad El Aali en árabe, se completó en 1970 después de diez años de trabajo.
Presa de Asuán 2

Egipto siempre ha dependido de las aguas del río Nilo. Los dos principales afluentes del río Nilo son el Nilo Blanco y el Nilo Azul. La fuente del Nilo Blanco son el río Sobat Bahr al-Jabal (La "Montaña del Nilo") y el Nilo Azul comienza en las tierras altas de Etiopía. Los dos afluentes convergen en Jartum, la capital de Sudán donde se forma el río Nilo. El río Nilo tiene una longitud total de 4160 millas (6695 kilómetros) desde la fuente al mar.
Antes de la construcción de una presa en Asuán, Egipto experimentaba inundaciones anuales del río Nilo que depositaban 4 millones de toneladas de nutrientes ricos en sedimentos que permitían la producción agrícola. Este proceso se inició millones de años antes de que la civilización egipcia comenzara en el valle del río Nilo y continuó hasta la primera presa en Asuán construida en 1889. Este dique fue insuficiente para detener el agua del Nilo y posteriormente fue planteado uno nuevo en 1912 y 1933. En 1946, el verdadero peligro se puso de manifiesto cuando el agua en el embalse llegó a su máximo en la parte superior de la presa.

En 1952, el Consejo provisional Revolucionario del Gobierno de Egipto decidió construir una presa en el Alto Asuán, alrededor de 6 km río arriba de la antigua presa. En 1954, Egipto pidió préstamos del Banco Mundial para ayudar a pagar el coste de la presa. Inicialmente, los Estados Unidos convinieron en prestar el dinero, pero luego retiró su oferta por razones desconocidas. Algunos especulan que pudo ser debido al conflicto que tenían por entonces Egipto e Israel. El Reino Unido, Francia, Israel y Egipto se habían enfrentado en 1956 por el canal, poco después Egipto nacionalizó el Canal de Suez para ayudar a pagar por la presa.
La Unión Soviética se ofreció a ayudar a Egipto y éste aceptó. Los soviéticos no fueron un apoyo incondicional. Enviaron asesores militares y otros trabajadores con el fin de aumentar vínculos y relaciones egipcio-soviéticos.
Presa de Asuán 4

Con el fin de construir la presa se planteó el traslado de personas, poblaciones y yacimientos arqueológicos. Más de 90.000 nubios tuvieron que ser resituados. Anteriormente ya habían sufrido un primer traslado debido a la construcción de la Presa Baja de Asuán construida por los ingleses. Muchos de éllos se trasladaron a los márgenes del lago pero ahora el aumento del nivel de las aguas iba a ser superior a los 70 metros. Los que habían estado viviendo cerca de Egipto se trasladaron a unos 45 km de distancia, pero los sudaneses nubios fueron reubicados a 600 km de sus hogares.Todo un pueblo se quedó sin sus tierras ancestrales, sin sus posesiones y por suerte, sin los restos de su tradicional comercio de esclavos (una fuente importante de ingresos de los nubios). A cambio el gobierno les dió casas y poblaciones nuevas en Asuán, Kom ombo, Edfu, Esna, etc. Nada tienen que ver las casas que les dio el gobierno egipcio en los 70 respecto a las que tienen ahora con agua, luz, etc. El museo nubio que hay en Asuán explica en parte la historia de este pueblo africano que tiene una conexión con el Nilo muy especial.
El gobierno egipcio pidió ayuda a la UNESCO para salvar lo más importante del patrimonio cultural que iba a ser sepultado por las aguas del Nasser. En algunos casos se tuvo que inventar tecnología nueva como fue en el caso del traslado de los templos de Abu Simbel.
Presa de Asuán 5

Después de 10 años de la construcción (el material en la presa es el equivalente a 17 veces el de la gran pirámide de Giza), el embalse resultante fue bautizado con el nombre de el ex presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, que murió en 1970. El lago tiene 169 millones de metros cúbicos de capacidad. Cerca del 17 por ciento del lago se encuentra en Sudán y los dos países tienen un acuerdo para la distribución del agua.
La presa controla las inundaciones anuales en el río Nilo y evita los daños que solía ocurrir a lo largo de la planicie por la inundación. La presa de Asuán avastece a cerca de la mitad de Egipto como fuente de alimentación y ha mejorado la navegación a lo largo del río, manteniendo el flujo de agua constante.
La presa tiene una producción hidroeléctrica de 2,1 gigavatios y alberga 12 generadores de 175 megavatios cada uno. El suministro eléctrico comenzó en 1967, cuando la presa alcanzó su cenit de producción, generando aproximadamente la mitad de la electricidad necesaria para el consumo de todo Egipto. Por primera vez se consiguió suministrar electricidad a gran número de pueblos que nunca habían tenido
Aún así hay varios problemas relacionados con la presa. La filtración y evaporación representa una pérdida de alrededor de 12-14% de la aportación anual en el depósito. Los sedimentos del río Nilo, al igual que con todos los ríos y los sistemas de presa, han llenado el embalse y, por tanto, disminuyendo su capacidad de almacenamiento. Esto también ha dado lugar a problemas aguas abajo.
Los agricultores se han visto obligados a utilizar casi un millón de toneladas de fertilizantes artificiales como un sustituto de los nutrientes que ya no aporta la inundación y los sedimentos que arrastraba. Así como pesticidas químicos que están contaminando el río. Más abajo, el delta del Nilo está teniendo problemas debido a la falta de sedimentos y puesto que no hay más aglomeración de sedimentos para mantener la erosión del Delta a raya, por lo que lentamente se encoge. Incluso la captura del camarón en el Mar Mediterráneo ha disminuido debido al cambio en el flujo de agua. Ha aumentado la salinización del Delta y algunas especies migratorias han desaparecido.
Presa de Asuán 6

El pobre drenaje de las tierras de regadío recientemente ha dado lugar a la saturación y el aumento de la salinidad. Más de la mitad de las tierras agrícolas de Egipto en la actualidad se consideran suelos poco fértiles.
La esquistosomiasis, enfermedad parasitaria se ha asociado con el agua estancada de los campos. Algunos estudios indican que el número de personas afectadas se ha incrementado desde la apertura de la presa de Asuán.
El Río Nilo y en la actualidad la presa de Asuán son la salvación para Egipto. Cerca del 95% de la población de Egipto vive dentro de las 16 kilómetros de franja del río.
Si no fuera por el río y sus sedimentos, la gran civilización del antiguo Egipto, probablemente nunca habría existido.
El 15 de enero de 1971, Egipto celebró la compleción de la Alta Represa Aswan; el financiamiento para la represa fue el centro de una disputa durante la Guerra Fría que llevó a la Crisis de Suez en 1956.



Localizada en el Nilo Superior, a 600 millas del Cairo, la Alta Represa Aswan fue completada en julio de 1970 luego de 10 años de construcción. Casi cinco veces el tamaño de la Represa Hoover, fue construida para proveer electricidad y controlar el cauce anual.
Durante la opulenta ceremonia de dedicación, el Presidente egipcio Anwar el-Sadat cortó la cinta ceremonial mientras una banda tocaba y se soltaba una bandada de palomas. Nikolai Podgorny, líder de la legislatura soviética, estaba presente, ya que la URSS había donado 554 millones de dólares hacia el costo total de construcción de la represa de 800 millones.
“Pero de no ser por una decisión rápida de los Estados Unidos,” escribió Time. “Richard Nixon podría haber estado en la plataforma en vez de Podgorny.”
Los Estados Unidos, junto con Gran Bretaña y el World Bank, originalmente habían ofrecido 286 millones de dólares para financiar la construcción de la represa. Pero cuando el Presidente Gamal Abdel Nasser buscó ayuda de la Unión Soviética, Washington rápidamente retiró su oferta y Gran Bretaña y el Banco Mundial le siguieron.
En un discurso durante la ceremonia de apertura, Sadat agradeció a la Unión Soviética por su apoyo y atacó a los Estados Unidos. “Su promesa rota acerca de la Alta Represa es un enlace en una continua cadena que nos deja sin duda alguna de que lo que vemos es una línea política norteamericana no amigable con las aspiraciones de los árabes, y amenazando las ambiciones legitimas que constituyen un desarrollo pacifico para la construcción de la vida sin gastarse en la guerra,” dijo.


 La Crisis de Suez...
Luego de que Estados Unidos decidieran retirar su financiamiento de la Alta Represa Aswan en 1956, el Presidente Nasser respondió nacionalizando en Canal de Suez, que une el Mediterráneo con el Mar Rojo y había estado bajo protección británica desde el siglo 19, convirtiéndose en un pasaje vital para el petróleo.
Gran Bretaña creía que no podía perder el control del canal. El Primer Ministro Anthony Eden desarrolló un plan con Israel y Francia – sin alertar a los Estados Unidos – para retomar el control del canal. Bajo el plan, Israel invadiría Egipto y Gran Bretaña y Francia intervendrían para “proteger” el canal.
Israel invadió el 29 de octubre de 1956; al día siguiente, Gran Bretaña y Francia dieron un ultimátum a ambos lados para terminar con la pelea. El plan podría haber sido exitoso si no fuera por la desaprobación del Presidente Norteamericano Dwight Eisenhower. Molesto porque Gran Bretaña y Francia estuvieran interrumpiendo las relaciones con el Medio Oriente, les ordenó evacuar, lo que hicieron en diciembre.
La Crisis de Suez es citada comúnmente como el final de dos poderes imperiales; “significó que ya no podía Gran Bretaña – o Francia – actuar por si sola en el escenario mundial,” escribe la BBC. El sucesor de Eden, Harold Macmillan, determinó que Gran Bretaña debería aliarse cercanamente con los Estados Unidos en todo momento y “desde entonces, Gran Bretaña no ha querido oponerse a ninguna política de los Estados Unidos.” Francia, mientras tanto, se alejó de Gran Bretaña y los Estados Unidos y se acercó en vez a Alemania y Europa continental.
“Los ganadores finales de la guerra,” escribe HistoryNet, “fueron Egipto y la Unión Soviética. Nasser, quien por si solo puede que nunca hubiera ganado el puesto que consiguió, emergió cono héroe del mundo musulmán. La propiedad egipcia del Canal de Suez fue reafirmada. La Unión Soviética, luego de esperar a involucrarse en un área considerada fuera de la esfera de influencia occidental, se vio ahora invitada por la puerta principal como amiga de los árabes.”



Desarrollos posteriores
La represa es aplaudida como una de las mayores hazañas de ingeniería de los tiempos modernos y ha sido beneficiosa para la agricultura y la industria egipcia. Sin embargo, ha habido algunas consecuencias ecológicas.
Antes de que la represa fuera construida, los bancos del Nilo se inundaban una vez al año con barro fértil y sedimentos; estos sedimentos ahora permanecen en la represa al fondo del Lago Nasser. Esto ha causado erosión a lo largo de la costa y aguas costales menos fértiles para peces y otros organismos.


Los Templos de Philae, una de las atracciones turísticas más populares de Egipto, habían estado parcialmente sumergidos bajo el agua por 50 años luego de la construcción de la Represa Baja Aswan. Antes de la construcción de la Represa Alta, que habría sumergido el monumento completamente, los templos fueron desarmados y movidos pieza por pieza a la isla cercana de Agilika.


Presa de Asuán 7

Vista de la construcción de la represa de Asuán en Egipto tomada por D. S. George. En esa época, la fotografía se empleaba también para reflejar el orgullo del Imperio Británico en grandes proyectos civiles.



http://imagenesdelahistoria.blogspot.com/2011/06/construccion-de-la-presa-de-asuan.html
http://profgeo.wordpress.com/2009/05/17/egipto-la-gran-presa-de-asuan/
http://es.wikipedia.org/wiki/Presa_de_Asuán
http://www.kalipedia.com/tecnologia/tema/presa-asuan.html?x1=20090508klpingtcn_1.Kes
http://sobreegipto.com/2009/01/09/gran-presa-de-asuan-un-poco-de-historia/

miércoles, 28 de octubre de 2015

EL SANTO SUDARIO.....CATEDRAL DE OVIEDO


En la Catedral de Oviedo (capital del Principado de Asturias. España) se venera, desde la época medieval un lienzo de lino que, según la tradición, fue colocado sobre el rostro de Jesucristo en el descendimiento de la cruz y hasta su definitivo entierro.

Presenta numerosísimas manchas de diversos tonos, de color fundamentalmente marrón claro. Se le denomina tradicionalmente “Santo Sudario” o “Santo Rostro” a pesar de que en él no se puede apreciar rostro alguno.

Catedral de Oviedo
Catedral de Oviedo

¿QUÉ AFIRMA LA TRADICIÓN SOBRE EL SUDARIO?


En los primeros años del cristianismo, se veneraron en JERUSALÉN una serie de reliquias de Jesús y de Sta. María, que los apóstoles habrían guardado en un arca de cedro.
Ante la invasión de los Persas, mandados por Cosroes II, en el 614, se hizo necesario ponerlas a salvo. El presbítero Filipo fue el encargado de llevar hasta ALEJANDRÍA el arca con las reliquias.

El empuje de los persas en África dio lugar a nuevos traslados, y, a través de ellos, terminó llegando a España. El obispo de Ecija, S. Fulgencio, acogió a los huidos, que llegaron a la península por CARTAGENA, y puso en manos de S. Leandro, obispo de SEVILLA (su superior y hermano) el “Arca Santa”. Es bien conocido que S. Isidoro sucedió en la sede hispalense a Leandro y fue maestro de S. Ildefonso. Cuando este último fue nombrado obispo de TOLEDO llevó consigo a la capital del reino Hispano-Visigodo el arca de las reliquias.




El Diccionario Eclesiástico de España señala la presencia de la misma en los primeros años del S. VII.

En la primera mitad del S. VIII, una nueva arca (de roble) sale de Toledo en dirección al norte, esta vez coincidiendo prácticamente su traslado con la invasión musulmana y llegando a ASTURIAS (según diversos autores) entre el 812 y el 842.
Para albergar tal tesoro, Alfonso II el Casto mandó construir la llamada “Cámara Santa”, que inicialmente sería la capilla de su palacio, y que hoy se halla incorporada a la Catedral gótica que se edificó posteriormente.
Desde ese momento la denominada “Arca Santa” y su contenido han recibido la veneración constante de los asturianos, a pesar de las diversas vicisitudes históricas.

Arca santa de Oviedo

Arca santa de Oviedo

SU PRESENCIA EN OVIEDO

Que el Sudario está en Oviedo desde muy antiguo es algo indiscutible. En 1075, con ocasión de la visita del Rey Alfonso VI se procedió a la apertura del Arca y la realización de un inventario de los distintos objetos guardados en ella.
El monarca ordenó que se la recubriera de plata como homenaje a su precioso contenido. En el recubrimiento del Arca Santa podemos leer la fecha de su realización (el año 1113) y la relación del contenido que atesoraba. Se menciona expresamente “el Santo Sudario de N. S. J. C.”. Desde ese momento son constantes las referencias documentales al Sudario, puesto que se hicieron diversos inventarios.

No hay circunstancia alguna que permita dudar de la permanencia ininterrumpida de la reliquia en Asturias.
Aunque en la actualidad no es excesivo el conocimiento que se tiene de ella entre la población española, esta situación es radicalmente distinta a la de tiempos pasados.

Su fama llegó a ser tal durante la Edad Media que, a pesar de la dificultad que suponía atravesar el macizo montañoso que separa Asturias de Castilla, muchos peregrinos se desviaban del Camino francés a Compostela para acercarse a San Salvador de Oviedo (la Catedral) y venerar el “Arca Santa” de las reliquias
La veneración al Sudario, ha sido continua; basta recordar cómo ha llegado hasta nuestros días el insólito privilegio de dar la Bendición con el “Santo Sudario” a los fieles que llenan la Catedral en días señalados: el Viernes Santo, y en la octava del jubileo de la Santa Cruz. Sólo en estas ocasiones se puede ver el Lienzo.

                  Fotografiando al sudario
                                                        Fotografiando al sudario


¿SE USÓ UN SUDARIO EN EL ENTIERRO DE CRISTO?

En la época de Jesús un sudario era un pañolón (equivalente, aunque algo mayor a uno de nuestros pañuelos actuales) que usado como una pequeña toalla, servía para quitarse el sudor de la cabeza o limpiarse la cara en caso de necesidad.
La Enciclopedia Universal Judía recoge la prescripción según la cual cuando un cadáver tenía desfigurado o mutilado el rostro era imprescindible que este fuera cubierto con un velo para ocultarlo a los ojos de la gente. No es extraño que se empleara para este menester el pañolón -sudario- que se tenía a mano (en ocasiones enrollado en la muñeca) y que se colocara sobre el difunto aun antes del entierro.
Por otra parte sabemos que uno de los “lienzos funerarios” empleados en enterramientos judíos es el sudario, y que cubre exclusivamente el rostro. San Juan en su evangelio menciona en dos ocasiones un sudario sobre la cabeza de un cadáver. En el relato de la resurrección de Lázaro (Jn 11,44) dice que salió el muerto “atado de pies y manos y envuelta la cabeza en un sudario” pero el texto evangélico más importante del Apóstol en este punto es el Cap. XX. En sus versículos 6 y 7 distingue claramente entre los lienzos en los que fue envuelto el cadáver (entre ellos, lógicamente, la Sábana que mencionan los evangelios sinópticos) y “el sudario que había estado sobre su cabeza”.

A pesar de que en francés y en español se denomina -a veces- Santo Sudario a la Síndone, sólo impropiamente se puede llamar sudario a la sábana utilizada para envolver el cuerpo entero en un enterramiento hebreo.

                   Correspondencia de la cara de Jesús con las manchas de sangre del sudario
                       Correspondencia de la cara de Jesús con las manchas de sangre del sudario

ESTUDIOS CIENTÍFICOS


El iniciador de los estudios científicos sobre el sudario fue Mons. Giulio Ricci (miembro de la curia vaticana y Presidente del “Centro Romano di Sindonología”) quien ya lo menciona en la 2ª edición de su libro “L’UOMO DE LA SÍNDONE È GESÚ” (1969). La quinta edición de este libro amplía considerablemente su estudio. Sus aportaciones se pueden resumir en las siguientes notas:

– Compatibilidad evangélica entre la Síndone y el Santo Sudario. S. Juan habla, en el Cap. 20 de su Evangelio, de “lienzos” por una parte y de “sudario” por otra. Plantea una posibilidad nueva: que tal lienzo se hubiera usado para cubrir el rostro de Jesús desde el Gólgota al sepulcro y, una vez allí fuera colocado en un lugar.

– Estudio geométrico de las manchas que aparecen en el Santo Sudario: Descubre que existen en ambas caras del lienzo (por haberse filtrado) dos de tamaño grande, prácticamente simétricas, y aparentemente producidas al aplicar el lienzo sobre un rostro ensangrentado.
– Compatibilidad entre las manchas del Sudario y el Rostro impreso en la Síndone: Comprueba que se produce una compatibilidad muy buena y numerosos detalles coinciden.
Por su parte -y a instancia de Ricci- el eminente palinólogo suizo Prof. Max Frei realizará un informe pericial tras su visita a Oviedo en 1979. Frei encontró polen de seis especies de plantas coincidentes con las halladas sobre la Síndone -dos de ellas características de Palestina-. Otros restos palinológicos se identificaron como procedentes de plantas del norte de África (que no existen en la Síndone) y observó la ausencia de especies de la zona de Turquía y resto de Europa (muy abundantes en el lienzo de Turín).
En 1985, el Dr. Baima Bollone. Realizó un estudio fotográfico (180 fotografías con luz normal y 144 con película infrarroja), se tomaron nuevas muestras con cintas adhesivas -especialmente de zonas manchadas- y se sacaron 7 cabos de hilo pequeños del interior de las manchas y 12 de los salientes de la tela para realizar un análisis hematológico. Determinó que el grupo sanguíneo era el AB.
Igualmente en el Congreso de Siracusa se dio a conocer el estudio de Franca Pastore Trosello que comparaba la estructura textil de Síndone y Sudario. Afirma que los hilos de ambas reliquias tienen igual composición (idéntico grosor de fibras, hilado a mano y torcedura en “Z”), pero han sido tejidos de diferente manera: sarga en espiga para la Síndone y trama ortogonal (tafetán) para el Sudario.

Manchas del sudario contorneadas
Manchas del sudario contorneadas

CONCLUSIONES DEL ESTUDIO HEMATOLÓGICO FORENSE REALIZADO POR EL E.D.I.C.E.S


Estando las cosas en este punto se constituye en Valencia el CENTRO ESPAÑOL DE SINDONOLOGÍA (C.E.S.) en 1987.

La idea concreta de la realización de un estudio interdisciplinar sobre la reliquia asturiana partió del Ingeniero D. Guillermo Heras, quien, poco tiempo después fue nombrado Jefe de la sección de investigación científica del Centro Español de Sindonología, con lo que este Centro asumía plenamente el proyecto. Comienza entonces a materializarse la idea de constituir el EDICES (Equipo de Investigación del C. E. S.).
1.- El Sudario de Oviedo es una reliquia que se venera en la Catedral de Oviedo desde muy antiguo que muestra una serie de manchas originadas por sangre humana, del grupo AB.
2.- Este lienzo está sucio, arrugado, parcialmente roto y quemado, está manchado y tiene un elevado nivel de contaminación pero no muestra signos de manipulación fraudulenta.
3.- Parece ser un lienzo mortuorio que, con toda probabilidad, estuvo colocado sobre la cabeza del cadáver de un hombre adulto, normalmente constituido.
4.- El Hombre del Sudario tenía barba, bigote y pelo largo, recogido en la nuca en coleta.
5.- En la zona suboccipital, presentaba una serie de heridas punzantes, producidas en vida, que habían sangrado alrededor de una hora antes de colocar el lienzo mortuorio sobre ellas.
6.- Su boca estaba cerrada y la nariz aplastada y desviada hacia la derecha por la presión de lienzo mortuorio.
7.- Dicho sujeto era cadáver. El mecanismo de formación de las manchas es incompatible con cualquier posible movimiento respiratorio.
8.- El Hombre del Sudario padeció un gran edema o encharcamiento pulmonar como consecuencia del proceso terminal. Sobre el lienzo que estuvo en contacto con la cara del cadáver, aparecen numerosas manchas originadas por líquido de edema pulmonar y sangre en la proporción 6:1 producidas en momentos distintos y consecutivos.
9.- Ocurrida la muerte, el cadáver estuvo en posición vertical, en torno a una hora, y tenía, al menos, el brazo derecho levantado y la cabeza flexionada 70 grados hacia adelante y 20 grados a la derecha en relación a la vertical.
10.- Posteriormente, sin alterar la posición de los brazos fue colocado en decúbito prono lateral derecho, manteniendo el giro de la cabeza 20 grados a la derecha y colocando ésta a 115 grados respecto a la vertical, con la frente apoyada sobre una superficie dura, posición en la que se le mantuvo alrededor de 45 minutos.
11.- Posteriormente el cadáver fue movilizado al tiempo que una mano ajena, en diversas posiciones trataba de contener la salida de líquido serohemático por la nariz.
12.- Por último fue colocado en decúbito supino.




HIPÓTESIS SOBRE LA COLOCACIÓN DEL SUDARIO



Teniendo en cuenta todo lo anterior y de acuerdo con los experimentos hechos en la Facultad de Medicina de Madrid, se puede establecer la siguiente hipótesis contrastada:

El Hombre del Sudario de Oviedo murió torturado, tras desarrollar un importante edema de pulmón agudo, como consecuencia de estar colgado (en posición vertical, cabeza inclinada hacia delante), sujeto por los brazos de tal manera que la sujeción permitía el juego de la articulación del codo, y los pies colocados de forma que le resultaba muy difícil apoyarse en ellos para respirar, pero sin embargo podía hacerlo. 
Es decir, no tenía los pies colgando, (hubiera muerto rápidamente y no le hubiera dado tiempo a generar tanto líquido como consecuencia de los esfuerzos para respirar) pero tampoco podía apoyarse en ellos cómodamente porque entonces no le hubiera costado tanto esfuerzo respirar.
El cuerpo pudo quedar colgando de los brazos, con la cabeza inclinada hacia el pecho y hacia la derecha, de manera que el mentón lo toca y la cabeza con su plano medio, paralelo al pecho y espalda, casi horizontal. En esta postura la mejilla derecha queda casi tangente al hombro derecho.
Muy poco tiempo después de morir se le colocó el Lienzo de Oviedo rodeando la cabeza de la siguiente manera:
Se comenzó a colocar por la parte posterior de la cabeza, donde se observan unas heridas puntiformes con sangre que debió manar, aproximadamente, una hora antes (cuando todavía estaba vivo el Hombre del Sudario) enjugando la sangre existente. Se sujetó al pelo largo -siguiendo una especie de coleta- con unos elementos punzantes parecidos a los actuales alfileres, pero de mayor diámetro.
A continuación, el Lienzo envolvió todo el lado izquierdo del Rostro, la barba y llegó hasta el lado derecho. Dada la posición de las manchas que define la posición de la cabeza, al llegar a entroncar con la mejilla derecha se dobló el Lienzo sobre sí mismo y se unió, con los elementos punzantes antes mencionados, a la barba.
El lienzo así vuelto pasa doble por delante de la cara; la parte que sobra se recoge, doblado en tres, sobre la parte izquierda de la cara, completándose la operación con los alfileres o similares cerrándose finalmente sobre la cabeza hacia detrás. Esta postura necesita para ser estable que el brazo derecho esté elevado de manera que casi se pueda apoyar la mejilla derecha en la cara anterior del hombro, ya que si no es así quedaría el Lienzo en una posición inestable y absurda, dado que si no hay brazo que lo impida, la propia postura demanda que el Lienzo hubiera rodeado la cabeza completamente y no sólo la parte izquierda.
A continuación, el cadáver fue colocado en decúbito prono lateral derecho durante unos cuarenta y cinco minutos, y posteriormente levantado boca arriba. Al moverlo y elevar los pies por encima del plano de la nariz y boca, se produjo una efusión de sangre que se intentó detener por alguna persona presente, presionando con fuerza ambos orificios con su mano izquierda por encima del Lienzo. El cadáver fue transportado a algún lugar cercano, (el trayecto duró minutos), y allí el Lienzo permaneció rodeando la cabeza del cadáver.
Por último, éste fue vuelto a mover una vez más y cuando finalizó ésta última operación, el que llamamos “Sudario de Oviedo” le fue retirado del Rostro. Después -muy posiblemente- volvería a ser depositado sobre la cabeza ya amortajada.
http://forosdelavirgen.org/37083/el-santo-sudario-de-oviedo/