jueves, 3 de octubre de 2019

LA TORRE DE LA CAUTIVA Y SU LEYENDA


La Torre de la Cautiva,construida en 1340 bajo el reinado de Yusuf I, innova en las torres andalusíes al incorporar dentro de una torre, aparentemente defensiva, un palacio de mínimas proporciones. Exteriormente, la Torre de la Cautiva (que debe su nombre a una leyenda del siglo XVIII, por creerse que en ella se encerró a Isabel de Solís (favorita de Muley Hacén) apenas se diferencia del resto, sin embargo guarda en su interior uno de los espacios decorativos más destacados del arte nazarí. Junto con el Salón de Comares, la Torre de la Cautiva atesora el más complejo programa decorativos alhambreños.
A diferencia de las torres de uso estrictamente militar, como la del Candil, la Torre de la Cautiva, como la vecina Torre de las Infantas, estaban separadas del recinto urbano por la calle de ronda, de manera que el adarve discurría por encima de la muralla sin que existiera comunicación posible con la ciudad. Por el contrario, la Torre de la Cautiva salvaba la calle del Foso que pasaba por debajo mediante un puente con bóveda de cañón (reconstruido en los primeros años del siglo XX), al igual que el adarve que pasa por un túnel inferior al nivel del piso principal de la torre. De esta manera la guardia podía circular por el adarve sin importunar a los habitantes de la torre, mientras que en las torres castrenses, el adarve tenía paso obligado por la habitación interior desde el que se controlaba el paso de la guardia. Este lugar es uno de los mejores para comprender el funcionamiento de la estructura defensiva de la fortaleza.
Se trata de una torre-palacio, o Qalahurra (como ya la dominaría Ibn al-Jatib en el siglo XIV y como es llamada en el poema epigráfico que figura en su interior), cuya distribución y estructura es la misma que la de las casas y palacios de La Alhambra, llevado a la mínima expresión. Se accede por una entrada en recodo o basura, con bóveda de arista, para llegar a un patio de apenas dos metros cuadrados, porticado en tres de sus lados con arcos sobre pilares. Las paredes del patio está decorado con una banda de yesería muy restaurada donde se alternan, como en el Partal, cuadrados con un círculo central y lazo de ocho y rectángulos con epigrafía.



En primer lugar, desde la entrada, se llega a un patio de
pequeñas dimensiones


Uno de los pilares del patio interior de la Torre de la Cautiva

Sobre el acceso al patio de la Torre de la Cautiva, hay un
campo de lazo de ocho que recorre las cuatro paredes del patio;
bajo el mismo la inscripción: La gloria permanente y la soberanía
eterna pertenecen a Dios
Rodeando la puerta que accede al pasillo en recodo
aparece la siguiente inscripción: No hay dios sino Alá,
Mahoma es el Enviado de Dios
Alacena a la derecha de la entrada al patio de la torre con
arcos de 
medio punto peraltados y agallonados y repisas de mocárabes
INSCRIPCIONES EN LAS ALACENAS
A: "La dicha continua" imitación en yeso y pintado con 
ocre, cada palabra esta separada por un perfil mixtilíneo
B: "No hay dios sino Alá, Mahoma es el Enviado de Dios
C: "Su palabra es la Verdad y Suyo es el dominio" 
(Corán 6, 73) una frase coránica poco usual en la Alhambra
D: "La permanencia es de Dios", "La gloria es de Dios", 
"La bendición" y "ventura" en cúfico y desdoblada en espejo
E: poema anónimo decorado de ataurique
"¡Oh, mi certidumbre y mi esperanza!
Tú eres la confianza, Tú eres el amparo.
¡Por el Profeta enviado,
pon buen sello a lo que hago!"
Decoración de mocárabes del interior de las alacenas, con
columnillas que fingen sostenerlos y que dividen la inscripción:
"La dicha continua", cada palabra separada creando su propio
arquillo lobulado con el interior relleno de ataurique.


Vista de los pilares que sostienen los arcos del patio interior
La estancia principal es de planta cuadrada, de casi 5 metros de lado, con ventanas geminadas al exterior que a su vez forman pequeñas alcobas abiertas al paisaje. Encierra todos los elementos necesarios y habituales de los palacios de los alcázares granadinos, salvo la letrina, de la que no ha quedado rastro. Pero a la vez, es una verdadera fortaleza por fuera, de volúmenes limpios y rectos que apenas se diferencian de las restantes torres del recinto, haciendo difícil adivinar lo que guardan en su interior.
Arco de acceso a la sala principal de doble arco apuntado y
con angrelados con la inscripción: "Loor a Dios por sus
perfectos beneficios". En los lóbulos del arco, por ambas
fachadas, la jaculatoria popular (Corán 18, 39): "No hay
poderío ni fuerza sino en Dios"

Vista del salón y del mirador norte desde el patio


En la esquinas SE y SO (a ambos lados de la puerta), aparece
la azora "El alba", Corán 113): "En el nombre de Dios, el compasivo,
el Misericordioso. Dios bendiga y salve a nuestro señor Mohammed
y a su Familia / Di: Me refugio en el Señor del alba del mal que hacen
Sus escrituras, del mal de la oscuridad cuando se extiende, del mal de
las que soplan en los nudos, del mal del envidioso cuando envidia."

En las esquinas NE y NO de la azora de "La fe pura", Corán 112
aparece: "En el nombre de Dios, el compasivo, el Misericordioso.
Dios bendiga y salve a nuestro señor Mohammed y a su Familia
y Compañeros / Di: Él es Dios, Uno, Dios, el Eterno. No ha
engendrado, ni ha sido engendrado. Nadie es su igual"

En la ventana oriental, en el muro derecho, aparece inscrito:
"Alabar a Dios es delicioso alimento, / aplícate pues en repetirlo"
mientras que en el izquierdo: "Luego, benditos sean el Profeta
elegido, sus nobles Compañeros y su Familia.


En la alcoba occidental, de autoría anónima aparece inscrito:
"Alabo a Dios por todo su favor, según su gloria y majestad
merecen. Luego, benditos sean el Profeta elegido, sus
nobles Compañeros y su Familia."
En las alcobas que rodean en tres de los lados de la sala principal de la Torre de la Cautiva, en concreto en la alcoba que se encuentra justo en frente de la entrada a la sala principal desde el patio, aparecen unas inscripciones en elegante cursiva que llega hasta la concha central del arco y que luego se repite. En ella se recuerda al padre de Yusuf I, Mohammed IV, como mártir ya que fue asesinado por su primo, señor de Algeciras en 1324. Aunque el calificativo muqaddas, es decir, venerado o santificado, es visto hoy por muchos musulmanes como inapropiado, lo cierto es que en algunas inscripciones, como en la Puerta de la Justicia, se aplica a los soberanos ya fallecidos. En las inscripciones identificadas en la foto más abajo con la letra C, indican: "Gloria a nuestro señor el sultán preservado, el príncipe de los musulmanes Abu l-Hayyay Yusuf, hijo de nuestro señor el sultán y venerado mártir, el difunto Abu l-Walid Ismail, Dios le favorezca con su ayuda".
Alcoba y ventana frontal, donde aparece A "Salud Perpetua"
y en la B "Dios es mi Señor", así como en un lateral del muro
derecho "Loor a Dios por los favores que, uno tras otro, concede
mañana y tarde" así como en el izquierdo "Espero que al igual
que en el pasado favores dio, en el porvenir generoso sea también"

Sus zócalos están recorridos por bellos alicatados, rematados por cenefas con inscripciones coránicas de compleja factura y una perfecta curvatura de las piezas que se adaptan a las medias columnas de las alcobas. Van en cerámica azul sobre fondo blanco, en cursiva, con entrelazamientos y encabalgamientos de letras y palabras, vocalización casi completa y algunos elementos vegetales en los vacíos. Las letras de cerámica azul fueron recortadas y combinadas con otras piezas en blanco, apreciándose los cortes para formar el conjunto.




Sobre los zócalos, se combinan adornos de yesería con unos epígrafes que recogen poemas creados por Ibn al-Yayyab para Yusuf I:

Torre entre las torres grandiosa,
corona de la que la Alhambra esta orgulllosa.

Calahorra nos aparece y dentro encierra

un luminoso palacio de ardiente fulgor.

Tiene excelentes labores en simétricas

proporciones de pares e impares.

La fábrica de azulejos de sus muros y el suelo

son como maravillosos brocados.

Bastante gloria para la religión es que se forzara

a trabajar en ella a infieles esclavos.
Viste bordados (tiraz) de honor, pues en ella
se muestra el nombre de Abu l-Hayyay, nuestro señor,
rey majestuoso, valeroso y generoso,
socorro de quien lo pide, lluvia de quien espera.
Es de la faamilia de Sa´d, de los Banu Nasr,
y de quienes ayudaron y asilaron "al Señor de la Escala"
-Dios le bendiga y salve-
(Poema 1, en los muros sur y este de la esquina derecha según se entra en la sala principal de la Torre de la Cautiva)
Nunca tan excelso edificio como éste se erigió,

de él en todas partes ya se habló.

¡Por Dios! Torre, que le viene de león, altiva y defensiva:

¡cuidado con su acometida!

Tal adorno es para la Alhambra que ésta,

con la belleza de sus alajas, embriagada se ufana.

Calahorra que entre las estrellas en su órbita se mete

y qye vecina es de Piscis y de Pléyades.

En su construcción, de alta piedra,

el arte se afanó cuando quiso.
Ella nos muestra la faz de Yusuf
cual sol al que no oculta el ocaso.
Conél se nos regala todo bien que nos contente,
y se nos evita cualquier mal que nos consterne.
Es de la familia de Nasr: ¡que feliz y triunfantes permanezca
y que construta lo que quiera y como quiera!
(Poema 2, en los muros norte y este de la esquina frontal derecha desde la entrada principal)
Esta obra que a la Alhambra engalana

del pacífico y del guerrero es morada.

Calahorra que un palacio tiene en custodia:

fortaleza, di, o también alegre lugar de reunión.

Es un palacio cuyo esplendor se reparten

cubierta, suelo y cuatro partes.

Maravillosos son sus yesos y azulejos,

pero la carpintería del techo más prodigiosa es aún;

tras ser ensamblada se levantó, con precisión,

a su elevadísima posición.
Al igual que en la poética, allí hay paranomasias,
antítesis, rameados y taraceas.
El rostro de Yusuf nos muestra
cual signos en el que todas las beldades se completan.
Es de los gloriosos Jazray, cuyas obras a favor de la religión
                           luminosas como el rayo son.
(Poema 3, en la esquina izquierda frontal, en los muros norte y oeste)
Enaltece a la Alhambra torre que en el cielo se alza

y que el más alto imán proyectara.

Calahorra que un palacio tiene en su interior:

fortaleza, di, o también gozoso lugar de solaz.

Los recamados de sus paredes,

por su inefable belleza, al más elocuente callan.

Cada forma, sola o emparejada,

se corresponde con otra en simétrica proporción

Adonde mires verás variados trazados,

todos ellos coloreados, dorados y ornados.
Maravilloso edificio surgido de una sabiduría
que sólo el califa Yusuf alcanzó.
Rey que, si los reyes de gloria se jactan,
su gloria, al invocar, nos la recita el propio Corán.
Es de lo mejor de los Ansares: ¡que en su reino perdure un triunfo
que camino preferente tiene en la religión!

(Poema 4 de la esquina izquierda desde la entrada, en los muros sur y oeste)

Por el resto de las estancias inferiores, en arcos, tacas, jambas, etc se recogen epígrafes de contenido religioso con continuas alusiones a Dios y los beneficios recibidos por su especial protección, así como mencionan al rey Yusuf I como su constructor.

En el alicatado de la alcoba este se encuentra esta pieza
maestra y excepcional ya que es la única de color púrpura.
El vidrio de color rojo era bien conocido en la Antigüedad,
pero no así la cerámica magenta-púrpura que se tostaba
en el horno con las más altas temperaturas derivando al
marrón o al amarillo

La cartela epigráfica alicatada que bordea la parte superior de los zócalos, parientes directos de las existentes en los umbrales del mirador de la Lindaraja, constituyen obras maestras en su tipología. Desgraciadamente el pavimento original se ha perdido, que se piensa pudo ser de azulejos (como aparece en el poema de Ibn al-Yayyab), así como la armadura original de madera. También se ha perdido la policromía de las yeserías de la sala, que se distribuían a modo de entelado o tapizado por encima de los alicatados, algo muy característico de la decoración arquitectónica nazarí, presente en los espacios más destacados de los palacios de la Alhambra.
En el arco de acceso que comunica el patio con la sala principal
aún se conservan restos de la pintura que lo decoraba


Decoración conservada entre los pequeños mocárabes de
la entrada a la sala principal de la Torre de la Cautiva


Policromía que aún se conserva en los mocárabes del
arco que comunica patio y sala de la torre


Pinturas que aún conservan los mocárabes


Mocárabes que aún conservan policromía original


La Torre de la Cautiva es un espacio cargado de historia, el escenario de una de esas historias de amor en la que nos gustaría ser protagonistas. Hay mucha mitología en torno a los amores de la cristiana Zoraya y el rey Muley Hacén pero también abundan los datos históricos que fijan esta relación en la historia y la responsabilizan de la última crisis dinástica que hundió el Reino de Granada ante los cristianos.
La Leyenda cuenta que en esta Torre de la Cautiva se oyen voces en el lugar donde estuvo presa la sultana Zoraya, siendo aún cristiana y antes de ser llevada a Lecrín, a Mondújar, donde tuvo su propio castillo.
Reinaba Enrique IV, hermano de Isabel la Católica, cuando los moros granadinos apresaron en una escaramuza, en la frontera con Jaén, a la bella Isabel de Solís (Zoraya), la hija del alcalde de Martos, (Sancho Ximénez de Solís). Isabel contaba con unos diecisiete años y era famosa en estas tierras por su hermosura y delicadeza. Por el cargo de su padre, pertenecía a la pequeña nobleza castellana. Huérfana de madre desde que nació, fue criada por nodrizas que la educaron con profundas creencias religiosas y la iniciaron en las labores propias de una noble rural (administración del hogar, cuidado de los hijos, las labores de aguja, observación de le fe…).
En su infancia padeció alguna extraña enfermedad que se atribuyó al mal de ojo, se cuenta que su padre estaba tan preocupado por perder a su única hija que pidió ayuda al poderoso Conde de Cabra, en Córdoba. Este tenía una esclava mora llamada Arlaja, que algunos llamaban bruja, porque conocía las hierbas y sus propiedades, se decía de ella que curaba los males para los que no había remedio. El todopoderoso Conde regaló al padre de Isabel a su esclava. Arlaja curó a la joven Isabel y se convirtió en una segunda madre para ella. La esclava gozó de gran reputación en la pequeña corte de Martos, parece que poseía una lengua bastante suelta que le llevaba a añorar las grandezas de su Granada frente a la pobreza y tosquedad de la vida cristiana.
Se dice que Arlaja predispuso a Isabel en contra del noble cristiano al que su padre la había prometido en matrimonio, Pedro Venegas, hijo de la familia de los Señores de Luque. La esclava relataba a Isabel de las grandezas y curiosidades que el mundo podría ofrecer a una joven tan hermosa como ella más allá de las lindes de aquellas tierras empobrecidas y acosadas por la guerra y sus lastres. Curiosamente fue la guerra la que abrió la puerta a esta joven a una vida muy distinta a la que el destino le deparaba.
Tras su captura, Isabel fue llevada a Granada como un valioso botín. El destino para una joven hermosa e instruida era el harem real. Dicen los que lo vieron que fue un amor a primera vista. Muley Hacén, algo tosco para la reputación de refinado que le venimos concediendo, pensó que el mejor modo para que Isabel cediera a sus requerimientos pasionales, era encerrarla en la torre que hoy conocemos como de la Cautiva. Sea como sea, Isabel de Solís se enamoró de Muley Hacén, y fue suya y esto no fué obstáculo para que aceptase compartir a su marido con otras esposas y concubinas (entre ellas la poderosa sultana Aixa, prima y esposa de Muley y madre de Boabdil) y convertirse al islam adoptando el nombre de Fátima Zoraya, que significa ‘Lucero de la Mañana’.

El sentimiento de Muley Hacen parece bastante fuerte, ya que le dio el rango de sultana, con los beneficios que este le daba a Zoraya y su descendencia en la corte.
La sultana Aixa, rival implacable, fue una mujer fuerte, curtida en las intrigas de palacio y conocedora de la corte alambreña. Por nacimiento pertenecía como su esposo a la familia real y contaba con el apoyo de importantes facciones nobiliarias. Aixa no soportó que una extranjera viniese a desplazarla a ella y su prole del trono al que había dedicado su vida. La situación se tensó cuando Zoraya dio dos hijos varones al sultán, Nasr ben Alí y Saad ben Alí que luego se castellanizaron como Juan de Granada y Fernando de Granada. Algunos consideran que estos amores fatales serían origen de la pérdida definitiva de Granada de manos musulmanas. Quizá haya algo de razón en esta consideración. Es cierto que éste pudo ser un episodio más de los que protagonizó esta dinastía, pero se produjo en un momento de debilidad, en que el enemigo estaba fuerte y bien situado, y en el que muchos de los que debían empuñar la espada para defender la tierra, habían muerto en alguna intriga dinástica sin sentido.
Los corredores de la Alhambra se llenaron de inquietud cuando la rencorosa Aixa inició su venganza para derrocar a su marido. Muley Hacen para proteger a Zoraida y sus hijos los saca de la torre donde vivían en la Alhambra y manda construir un castillo en el centro del valle de Lecrín (a unos 50 kilómetros de Granada) donde los instala. La ciudad se dividió en dos bandos rivales. La poderosa familia de lo Zegries apoyó a Aixa, las posiciones de Muley y Zoraya eran cada vez más débiles.
Lo demás ya es historia… En 1482 Muley es expulsado de la Alhambra y lucha contra su hijo por el trono en una guerra que quemó las últimas esperanzas de sobrevivir de Granada como reino independiente. Isabel acogió en su castillo a su amado, con la tristeza de lo que se acaba en los ojos. Cansado, con todo perdido, Muley Hacem entrega la legitimidad del trono a su hermano el Zagal en 1485, poco antes de morir.
Dicen que este sultán está enterrado en la cumbre del Mulacén, que pidió yacer allí para contemplar su reino y que por eso este monte lleva su nombre.
Isabel huyó y se convirtió al cristianismo buscando quizá el calor de sus raíces, tal vez para conseguir la aceptación social. Vivió marcada por una vida inusual, en un mundo estricto con las mujeres que no daba lugar a los que vivían de modo distinto. Acabó sus días encorsetada entre la búsqueda del perdón y el desprecio por su vivencia. Sufrió la tragedia de los derrotados, ella tuvo que seguir su camino lejos de los palacios donde la miraron como al “lucero de la mañana”. ¿Qué se pasaría por la cabeza de esta señora en las noches tranquilas en que esperó la muerte, después de tanta vida y tanta pérdida?
http://www.adurcal.com/enlaces/cultura/zona/historia/tres/torre_de_la_cautiva.htm
http://legadonazari.blogspot.com/2014/01/espacio-del-mes-torre-de-la-cautiva.html
https://www.alhambra-patronato.es/elemento-del-mes/torre-de-la-cautiva-3
https://www.abc.es/cultura/abci-torre-cautiva-espacios-mas-bellos-alhambra-abierta-publico-este-201705030140_noticia.html
https://www.granadaporelmundo.com/la-torre-de-la-cautiva/

DENIS DIDEROT... LA PRIMERA ENCICLOPEDIA ORIGEN Y AUTORES DE LA CREACION



En 1752 , dos notables pensadores franceses, Diderot y d’Alembert, lanzaban el primer volumen de una obra que señalaría una época: la Enciclopedia. El grupo de intelectuales que trabajó en ella, inclusive Voltaire, sería más tarde conocido como los enciclopedistas. La obra era tremendamente ambiciosa. Intentaba sintetizar en una serie de artículos todo el conocimiento humano, tal como la ciencia de ese entonces y los pensadores más avanzados de la época lo podían transmitir.
Colaboraban en los diversos temas empiristas y librepensadores. Los cinco primeros volúmenes de la Enciclopedia fueron sistemáticamente confiscados a pedido de la Iglesia y se convirtieron en rarezas bibliográficas desde los primeros días de su aparición. A pesar de ello, fueron muy leídos. Desde Ferney, Voltaire contribuyó asiduamente con una serie de artículos. También escribió individualmente un Diccionario filosófico (1764) completo.
Interesado por todas las ciencias y las artes, Diderot concibió con D’Alembert la idea de publicar la Enciclopedia, el primer gran diccionario hecho hasta ese momento. Los principios de la Ilustración se recogieron en la Enciclopedia, que se considera el exponente más claro de la nueva filosofía. Este gran diccionario, iniciado en 1751 por D’Alembert y Diderot, resume en sus artículos los temas esenciales de la filosofía de las Luces y abraza todos los ámbitos del conocimiento.
La lectura y la discusión de estos artículos actuó como un verdadero revulsivo cultural y social, que hizo entender las nuevas ideas a sectores sociales hasta entonces marginados de la vida intelectual.
Los enciclopedistas creían que un hombre bien informado ya era un hombre nuevo, y que el mal no era nada más que una consecuencia de la ignorancia. Por eso lucharon por la máxima difusión de estas ideas, y los artículos de la Enciclopedia también se difundieron en periódicos y gacetas, y fueron muy discutidos en las tertulias y en los salones.



Diderot  se fijó en Francis Bacon como inspirador de la filosofía que necesitaba su época. Por ello, el mismo año que aparecía el III volumen de la Enciclopedia, Diderot editaba su importante ensayo De la interpretación de lo naturaleza, verdadero Discurso del método del siglo XVIII, dirigido contra Descartes y también, relativamente, contra D`Alembert. Pues allí se comenzaba diciendo que el mundo de las matemáticas podía ser muy riguroso, muy exacto, muy preciso, pero que dejaba de valer con toda su precisión y exactitud cuando se refería a las cosas que pasan en nuestra tierra. Las matemáticas son como una especie de metafísica general. Nos hablan de un mundo de abstracciones que no tiene nada que ver con el nuestro.
Era una especie de juego que exigía no tener en cuenta lo que verdaderamente era el elemento de nuestro mundo: los individuos reales. Estos solo se podían conocer por la experiencia que tenemos de ellos. Por eso Diderot se aventuraba a presumir que en menos de cien años no quedarían geómetras en Europa. El futuro era de los filósofos experimentales, de los filosofos racionalistas, que pretendían deducirlo t de sus propios axiomas abstractos. Esta era la gran revolución que deseaba impulsar Diderot en ciencia.
Naturalmente, la filosofía experimental era el verdadero campo de progreso inacabado -que reclamaba el afán infinito del conocimiento humano. No solo porque, al recoger la experiencia directa de individuos, era un campo infinito en sí mismo. También era el más útil, dado que solo lo concretpuede ser útil. Por último, porque a naturaleza aspira siempre a agotarse en la producción de todas las variaciones posibles de un prototipo o un modelo antes de abandonarlo, conocer estas variaciones era la única manera de conocer el modelo. Lo concreto así era anterior siempre a lo abstracto.
Excelencia de la Filosofía Experimental (Por Didertot Tesis XX)
Hemos distinguido dos tipo de filosofías: la experimental y la racional. La una tiene los ojos vendados, avanza siempre a tientas, coge toda lo que le cae en las manos y encuentra al final cosas preciosas. La otra recoge estas materias preciosas e intenta hacer con ellas una antorcha. Pero esta pretendida antorcha te ha servido hasta el presente menos que el tantear de su rival, como no podía ser de otra manera. La experiencia multiplica sus movimientos al infinito; ella está en acciòn sin cesar, busca fenómenos todo el tiempo que la razón emplea en buscar analogías. La filosofía experimental no sabe lo que le ocurrirá ni lo que resultará de su trabajo, pero se ocupa sin descanso. Al contrario, la filosofía racional sopesa las -posibilidades, juzga y sedetiene inmediatamente. Dice con descaro: no puede descomponer la materia. La filosofía experimental la escucha y se calla ante ella durante siglos enteros. Despues de  repente, muestra elprisma dice: la luz se descompone





En 1751 vio la luz la primera edición del primer volumen de la Enciclopedia, el primer gran diccionario. Asì se expresaba con claridad la seguridad de la época de que la humanidad había producido el suficiente saber como para ordenarlo, distribuirlo masivamente y promover su uso por todos los rincones de Europa. Con esta iniciativa, la vieja república de los hombres de letras, los estrechos círculos de intelectuales, aspiraban a convertirse en guía de la renovación y del progreso social. Se recogía así una cosecha que se venía produciendo desde el Renacimiento.
Los editores de la obra, los filósofos Diderot y D’Alembert, eran muy conscientes de la continuidad histórica que se acumulaba ya a lo largo de dos siglos y que ahora pasaba a ser su patrimonio. Pero no se propusieron únicamente transmitir en libros el saber de otros libros. Al contrario: en las páginas de esta obra, además de todas las palabras importantes para la cultura, las ciencias, as artes, además de todos los saberes y ciencias, debían publicarse todas las máquinas realizadas por el hombre, todos los inventos, las técnicas, los artefactos.
Solo los siete primeros volúmenes conformaban un diccionario normal, en el que colaboraban los más importantes hombres de letras y ciencias, ofreciendo cada uno el estado actual de una disciplina o de una temática. El resto de volúmenes se dedicaban a grabados y dibujos de todos los útiles para promover actividades económicas y productivas. Finalmente, la Enciclopedia no era un libro resumen de otros libros, sino un legado de experiencias de todo tipo. El título completo era Diccionario razonado de los ciencias, de los artes y de los oficios.






Diderot pensaba que la filosofía experimental, siempre pendiente de la observación y de la experimentación con las cosas concretas, era el verdadero campo para una ciencia democrática. Primero, porque no necesitaba el largo aprendizaje matemático de la filosofía racionalista ni el dominio de sistemas conceptuales complejos, por o que estaba al alcance de todos. Segundo, porque en todo hombre existía esta curiosidad por trabajar lo concreto, por no perder de vista lo que sucede en su campo de acción, sin abandonarse a  especulaciones. De este trato permanente entre el hombre y las cosas concretas podía emerger lo desconocido.
Diderot creía sobre todo en el azar como fuente de conocimiento, no en la previsión racional y ordenada.Mientras que la filosofía tradicionalista se esforzaba por evitar el error, Diderot no lo temía, pues si era un error concreto, siempre llevaría consigo alguna consecuencia valiosa. Y pensaba que el azar surgía más en este encuentro entre dos realidades individuales, el hombre y la cosa, que en el encuentro con la realidad a través de una teoría.
No se trataba de ceder ante formas de ser perezosas y conservadoras, como las que podía encarnar alguna pamela del pueblo llano. En este ensayo de democratizar la filosofía no se trataba de hacer popular la filosofía, sino de fortalecer esa forma de actuar que hace al pueblo próximo a la filosofía. Era preciso desarrollar el espíritu abierto, curioso, inquieto, (aliente, que es capaz de aceptar el desorden relativo, que no se refugia en la tradición por cobardía para hacer frente a lo nuevo. Si el desorden que había producido la eexperiencia  nueva era limitado, se podían alterar las circunstancias, combinar entre sí algunas le ellas, aumentar o disminuir algunos elementos aislados para reducirlo o controlarlo, con que siempre sería un desorden productivo de nuevos conocimientos. En cierto modo, investigador debía imitar la naturaleza: producir cambios y alteraciones experimentales ara conocer la forma de proceder de la naturaleza en sus propios cambios y metamorfosis.
En suma se debía investigar la naturaleza sin negarle su libertad de operación. Lo que en el fondo reclamaba Diderot era un «mundo fluido», donde no se gastaran energías en mantener lo que ya se veía gastado. Este principio, que Diderot aplicaba mundo físico y material, tenía también una clarísima aplicación al mundo político y social. Supo predecir, como nadie, que Francia, y Europa entera, vivía la víspera de una tremenda agitación cuyo resultado era muy incierto.


A fínales del mes de octubre de 1750 se publicó en París, con una tirada  de 8.000 ejemplares, un Prospecto de Denis Diderot, en el que brindaba a sus lectores algo bastante nuevo en la época, una suscripción en ayuda de un sindicato de libreros, es decir, de editores, para que pudiesen publicar una «Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios, compilación de los mejores autores y, especialmente, de los diccionarios ingleses de Chambers, Harris, Dyche, etcétera». Según Diderot, los libreros pretendían formar un cuadro general de los esfuerzos del espíritu humano en todos los géneros y en todos los siglos; presentar esos objetos con claridad; dar a cada uno de ellos la extensión conveniente. Plan ambicioso que no ocultaba su propósito de superar anteriores intentos análogos: si la Cyclopaedia de Efraín Chambers constaba de dos tomos, Diderot prometía una de ocho volúmenes de texto y dos de láminas, a un precio de 280 libras, cifra importante, pues, como se verá, equivalía a dos meses de sueldo del director.

Pese a lo cual, cuando el 28 de junio de 1751 salió el primer tomo de la imprenta, con una tirada de 2.050 ejemplares, ya se contaba con un millar de suscriptores. Aventura intelectual de primer rango y operación  comercial arriesgada, varios años de preparación precedían a esta empresa, que se prolongaría durante veinte años, tras peripecias y altibajos folletinescos....






ALGUNAS ENTRADAS DE LA ENCICLOPEDIA:

Democracia...
 Es una de las formas simples de gobierno, en la cual el pueblo, como un cuerpo único, posee la soberanía. Toda república en la que la soberanía reside en las manos del pueblo es una democracia. Me parece que no está fuera de razón que las democracias se vanaglorien de ser nodrizas de los grandes hombres;  todos los individuos se aplican en el deseo del bien común, puesto que no pueden originarse cambios que no sean útiles o perjudiciales para todos; además, las democracias elevan los espíritus, porque muestran el camino de los honores y de la gloria, más abierto a todos los ciudadanos, más accesible y menos limitado que el gobierno de unos pocos o de uno solo, donde mil obstáculos impiden darse a conocer. Son estas honrosas prerrogativas de las democracias las que forman a los hombres en las grandes acciones y virtudes heroicas.

Soberanos...
 Son aquellos a los que la voluntad de los pueblos ha conferido el poder necesario para gobernar la sociedad.  Tal es el origen de los soberanos. Se contrasta que su poder y sus derechos no se fundamentan más que en el consentimiento de los pueblos; los que se establecen por la violencia son sólo usurpadores; no se convierten en legítimos más que cuando el consentimiento de los pueblos ha confirmado a los soberanos los derechos que habían usurpado.

Los hombres han entrado en sociedad para ser más felices; la sociedad se ha otorgado soberanos para atender más eficazmente su felicidad y su conservación. El bienestar de una sociedad depende de su seguridad, de su libertad y de su poder para procurarse estas ventajas. Ha sido necesario que el soberano tuviera un poder suficiente para establecer el buen orden y la tranquilidad entre los ciudadanos, para asegurar sus posesiones, para proteger a los débiles de los ataques de los fuertes, para reprimir las pasiones mediante las penas y estimular las virtudes con recompensas.

Los pueblos no han concedido siempre la misma cantidad de poder a los ciudadanos que han elegido. La experiencia de todos los tiempos enseña que mientras mayor es el poder de los hombres, más les empujan sus pasiones a abusar de él: esta consideración ha impulsado a algunas naciones a fijar límites al poder de aquellos a quienes encargan de gobernarles.

https://historiaybiografias.com/ilustracion2/#:~:text=En%201752%20%2C%20dos%20notables%20pensadores,tarde%20conocido%20como%20los%20enciclopedistas.
http://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/ObrasReferencia/Enciclopedias/EvolHistorica/EncicloFrancesa/
https://www.ecured.cu/Enciclopedia_de_Diderot_y_D%27Alembert
http://enciclopedia.us.es/index.php/Denis_Diderot

miércoles, 2 de octubre de 2019

ARISTIDE BOUCICAUT Y LOS ALMACENES COMERCIALES


Aristide Boucicaut fue un parisino llamado a renovar el concepto de compra dentro de la sociedad contemporánea. Con tan sólo 28 años ponía en práctica una experiencia piloto de almacén capaz de suministrar todos los artículos imaginables que demandara la sociedad parisina del momento, naciendo en ese 1838 una pequeña tienda que 12 años después terminaba bajo el bautizo de su sugerente nombre, siendo la referencia de las clases medias del París de mediados del siglo XIX. Acababa de nacer Le Bon marché (EL BARATO), o la primera tienda del Mundo por departamentos, origen de los actuales grandes almacenes que marcas de reputada trayectoria han venido a poner de moda y que en España, estarán asociados a las firmas de “Galerías Preciados” y “El Corte Inglés”. 

Inauguración de los primeros grandes almacenes del Mundo: Le Bon Marchè

En la calle de Sévres de París, Boucicaut tenía el privilegio de inaugurar un 1852, hace la friolera de 160 años, la primera gran superficie comercial del Mundo. Pronto, pensó que las compras eran cosa de dominio femenino y tras jugosas experiencias y mil proyectos, llegó a la conclusión que hacía falta un concepto revolucionario y novedoso para llegar con más facilidad al cliente. Acababa de nacer el actual sistema de ventas que 160 años después y gracias a la aportación de Aristide Boucicaut sigue estando en boga. Un gran espacio, capacidad para acercarse al producto, estrategia de precios fijos, carteles promocionales llamativos, la (hasta entonces nunca vista) práctica de colocar una etiqueta al producto con su precio, la posibilidad de rebajar dependiendo de las fechas el artículo y el mostrador como aliado del comprador, patentarían su invento que hoy conocemos como Grandes Almacenes. 

Boucicaut revolucionó el concepto de compra.

En 1852 diseña una tienda con grandes espacios, vendedores que asesoran al cliente e incitan con medidas y estudiadas técnicas, a que compre lo que más le seduzca, pero especialmente, todo ha de ir destinado al cliente más potencial y seguro: la mujer. Para ello, y a diferencia de aquel comercio elitista que hasta ese momento estaba de moda, Aristide Boucicaut  procura un acceso gratuito al consumidor sin ninguna obligación de compra por su parte, elimina la necesidad de regatear, ofrecer el más amplio surtido para que al cliente le cueste decidirse por un solo artículo y organiza espacialmente su almacén de forma que la mujer que lo visita tenga la oportunidad de pasear y perderse en busca de los mejores precios y las más suculentas relaciones entre calidad y precio. 

Productos a la mano del comprador y mostradores para llamar la atención en 1867

Para conseguir que su idea prospere, lo primero que hace es una política de precios que si bien supondría una reducción de los márgenes de beneficio, lo que estaba más que asegurado es que iba a proporcionarle una rotación rápida de las mercancías, a lo que uniría la posibilidad de devolución del producto, sin coste ni recarga para el cliente, en el caso de que éste no hubiera quedado satisfecho. Pero será en las estrategias de mercado donde el pionero y revolucionario Aristide Boucicaut  triunfe y acierte plenamente; basándose en los proyectos e inventos que observa a lo largo de la Exposición Internacional de 1855, incluye en su tienda ascensores que faciliten la subida y bajada del cliente desde una a otra planta; patenta la entrega a domicilio de lo adquirido con la finalidad de facilitar el trasporte y capacitar al comprador para que pueda comprar más cosas. Además, la cuota por llevar a casa los artículos, era prácticamente mínima, tan sólo 25 francos.

Le Bon Marchè se convertiría en el primer establecimiento comercial en publicitarse de toda forma posible.

No contento con todo esto pensó que el marido o el hijo, en definitiva el hombre que se dejaba seducir con mayor dificultad por los encantos de las ofertas y expositores, habría de sentirse lo más cómodo posible en el interior de su negocio, por lo que introduce el buffet y los periódicos gratuitos y estimula a la mujer a acudir a su tienda siempre que quiera mediante pequeños regalos que fomenten el interés de los hijos, a veces un estorbo para las compras. Así, comienza a regalar globos a los niños. Y continuará innovando y sentando las bases del comercio actual con la ingeniosa venta por catálogo que distribuiría en las principales ciudades de Francia y con el empleo de publicidad en los medios de comunicación, mediante carteles, por catálogos, realizando exposiciones temáticas, patrocinando espectáculos o anunciándose en los coches de tiro que recorrían el París del momento. 

Insuperable diseño para Le Bon Marchè de Eiffel

Arrasó. Hasta el punto que en 1867 decide inaugurar su sede, su templo del comercio encargando al arquitecto Louis Charles Boileau y a Gustave Eiffel su nueva tienda también en la Rue de Sévres de París. El resultado es el empleo de hierro, cristal y una estética renovada y única admirable, tal y como muestra la imagen de arriba. 

Le Bon Marchè en la actualidad

Pronto, sería copiado, emulado e imitado hasta por sus antiguos empleados que vieron cómo funcionaba la fórmula inventada por Aristide Boucicaut  por lo que no se lo pensaron a la hora de repetir los conceptos e inaugurar nuevos espacios para un París que cada vez más, demandaba de lugares como este con ofertas como las de “El barato”. Y nacieron “El Bazar del Louvre” en 1855, “El Bazar del Ayuntamiento” en 1856, como ese mismo año lo hizo “La Bella Jardinera”; su empleado Jules Jaluzot fundaba en 1864 “Primavera” y en 1869, el actualmente prestigioso como pocos “La Samaritana”, del matrimonio también trabajadores de Le bon marché, Ernest Congnacq y Marie-Louise Jay. Una cosa estaba clara... acababa de nacer el supermercado, el centro comercial, los grandes almacenes, el futuro de las ventas y compras. Y sería así como, 42 años después del invento de este nuevo concepto mediante Le Bon Marchè, en 1894, nacerían las GALERÍAS LAFAYETTE.

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20191202/471946623175/grandes-almacenes.html
https://chrismielost.blogspot.com/2018/04/aristide-boucicaut-y-el-nacimiento-de.html
https://vestuarioescenico.wordpress.com/2014/03/02/los-grandes-almacenes-le-bon-marche/

JUAN DE LA CIERVA,EL HOMBRE OBSESIONADO CON SER PÁJARO


En 1928, el inventor español sobrevoló el Canal de la Mancha por primera vez con su autogiro, el aparato que fue una «obsesión constante» para él desde los 16 años 

 Un modelo del autogiro de Juan de la Cierva sobrevolando Valencia a finales de la década de los 20

Un modelo del autogiro de Juan de la Cierva sobrevolando Valencia a finales de la década de los 20

Es probable que el inventor e ingeniero aeronáutico español no hubiera analizado en profundidad los riesgos que para su vida representaba aquella aventura. Estaba tan obsesionado con aquel autogiro, que el mismo había inventado siendo apenas un adolescente, que puede que aquello le nublara el juicio. «Durante años no he hecho otra cosa que trabajar en él para convertir en algo práctico aquel aparato en que comencé mis experimentos en 1920», comentaba a su regreso a España después de que, el 18 de septiembre de 1928, consiguiera atravesar el Canal de la Mancha por primera vez con su ingenio.

Uno de sus primeros prototipos de autogiro (1922)
No pareció importarle que algunos otros pilotos mucho más experimentados (o más valientes, o más locos) hubieran sufrido importantes accidentes probando sus modelos. Y es que su primer vuelo había sido el 2 de agosto de ese mismo año. La proeza del Canal de la Mancha era tan solo su segundo intento.
Tuvo que ser emocionante para De la Cierva pensar que sólo 19 años antes el Canal había sido cruzado por Louis Bleirot y que, en 1903, cuando él tenía ocho años, el hombre había volado por primera vez en la historia. Aquellas hazañas imprimieron en la mente del pequeño Juan un deseo incombustible de conocer todo lo relacionado con el mundo de la aviación, hasta el punto de que con tan sólo 16 años, en 1912, con la ayuda de dos amigos, consiguió construir su primer avión y lo hizo volar. Lo llamaron «El cangrejo»
.
La idea del autogiro le surgió después de que algunos de sus pilotos sufrieran heridas con sus primeros modelos de avión. De la Cierva pensó que debía investigar un tipo de aparato que se mantuviese en el aire, incluso cuando llevase poca velocidad, ya que la mayoría de los accidentes se producían en la toma de contacto con el suelo, de unos aparatos que requerían ir demasiado deprisa para sostenerse.


Juan de la Cierva sobrevolando Madrid (1934)

Era tal su deseo enfermizo de hacer volar su autogiro, que probó más de 20 modelos antes. Hizo astillas unos cuantos de ellos, pero aquello no le desalentó. Su sueño se hizo realidad el 17 de enero de 1923, con el prototipo C-4. El vuelo, llevado a cabo por un piloto militar, consistió en un «salto» vertical de 183 metros.
Sus siguientes modelos alternaron éxitos y fracasos hasta que se lanzó sobre el Canal de la Mancha. Él nunca quiso darle demasiada importancia a aquella proeza, pero fue ampliamente exaltada por la prensa internacional, haciendo crecer el prestigio del inventor en todo el planeta. «Este viaje, más que por el halago personal que puede representar para mí, por el entusiasmo insuperable, me llena de contento porque veo compensados con éxito los desvelos y los trabajos de una parte de mi vida», aseguró.


Descenso en vertical

«A las dieciséis y dieciséis apareció en el horizonte el aparato . Se veía girar su hélice con precisión. El autogiro dio una gran vuelta por encima del aeródromo, pasando a gran velocidad. Después subió un poco y, a 150 metros de altura, paró el motor. Entonces el aparato comenzó a descender verticalmente, deteniéndose unos momentos en el descenso para reemprenderlo instantes después. Y suavemente, sin ningún incidente, el autogiro se posó en tierra».
Un prototipo de autogiro sobrevolando Nueva York (1930)


De la Cierva había salido por la mañana de Southampton, hasta el aeródromo londinense de Croydon, volando con el director de «LŽAeronautique», Henri Bouché. Y como el autogiro no llevaba radio, fue escoltado además por un aparato del servicio regular París-Londres. Su idea era precisamente realizar el vuelo con su «helicóptero» de la misma forma que lo realizaban estos aviones comerciales.
Aterrizó, tras cruzar el Canal, y con algunas paradas en territorio francés, en el aeropuerto de Le Bourget, en París, donde le esperaban multitud de periodistas y fotógrafos. El aviador Cobos, que había escoltado al autogiro, declaró que «estaba maravillado de la velocidad insospechada del aparato, que había atravesado el Canal en 20 minutos».
De la Cierva añadió: «El piloto del avión comercial me preguntó cuánto tiempo me daba de ventaja. Le dije que saliera sin esperar nada, y así lo hizo. Le dejé salir y, cuando volaba yo, di la máxima velocidad que puede alcanzar, 170 kilómetros. Y no solo alcancé al “Goliath”, sino que lo adelanté, y aún tuve que acortar la marcha para esperarle».

  http://hispanismo.org/biografias/511-juan-de-la-cierva-precursor-del-helicoptero.html

https://www.abc.es/historia/abci-juan-delacierva-canal-mancha-201209170000_noticia.html

  https://www.esquirelat.com/reportajes/volar-la-eterna-obsesion-del-hombre/

 




martes, 1 de octubre de 2019

JOHN AUGUST SUTTER...LA PEPITA QUE DESATÓ LA FIEBRE DEL ORO



                   
La fiebre del oro posiblemente sea la migración y población de un territorio más impresionante de la historia. Antes de este de que multitud de personas de toda América y parte de Europa llegasen a California en busca de oro, la población de la región se reducía a pequeñas aldeas aisladas, así como algunos poblados de aborígenes norteamericanos. Pero, ¿cómo comenzó todo?
Los primeros registros históricos de oro hallado en California se remontan a 1816, cuando se encontró una pequeña cantidad de este preciado metal en la provincia española de California. Entonces los rumores comenzaron a extenderse, y se mantuvieron vigentes durante mucho tiempo en la región, pero nunca sin dejar de ser algo más que un mero rumor. En las siguientes décadas algunos grupos de hombres aislados intentaron encontrar más oro en la región, sin tener ningún éxito, ni transcender los hechos.



I: John Sutter

El 1 de Julio 1839, John Sutter, un inmigrante suizo,nacido el 15 de febrero de 1803, llegaba a California con intención de encontrar un lugar definitivo donde asentarse. Sutter había abandonado su suiza natal después de la quiebra de un negocio en su Berna natal, y había marchado a América en busca de nuevas oportunidades. Ya había pasado por Nueva York, Canadá, Alaska e incluso Hawái, pero parecía que California sería su lugar.
A su llegada a la región, únicamente estaba habitada por 1.000 europeos y 30.000 aborígenes. Entonces Sutter tuvo la gran idea de levantar una colonia a medio camino entre los Estados Unidos y California, a modo de punto de parada para todo el flujo migratorio que viniera del este del continente, así como por el orgullo de conseguir un lugar en propiedad. Para ello, siguió el curso del Río Americano adentrándose en el desierto tanto como pudo.
Los primeros años fueron complicados. La supervivencia en un territorio tan inhóspito era difícil, pero en tan sólo dos años, ya contaba con un fuerte llevado por los empleados de Sutter. Durante los siguientes años, ganó dinero gracias a los pocos inmigrantes que fueron llegando, gracias a lo cual se pudo permitir construir unas murallas decentes, cañones y edificios orientados al comercio de los bienes necesarios para los nuevos colonos procedentes del este.



II: Sutter Fort

La ambición de Sutter no tenía límites, así que en 1848, decidió ampliar el ya conocido como Sutter Fort con un aserradero para suministrar de madera a los colonos. Para ello eligió un lugar a ocho kilómetros río arriba, adentrándose en un pequeño bosque. Allí mandó a varios hombres, entre los que se encontraba James Marshall, el carpintero jefe de la expedición.
La mañana del 24 de Enero de 1848, Marshall estaba inspeccionando la construcción del aserradero cuando un brillo captó su mirada. Ahí, en la superficie de unas aguas profundas junto al aserradero había un brillo amarillo que parecía ser metálico. De primeras, tras probar su maleabilidad, tuvo esperanzas. Tomó unas cuantas piedras amarillas y se las llevó en su gorro donde estaban el resto de hombres trabajando.
Marshall compartió con todo el grupo su descubrimiento, y durante unos días los trabajos en el aserradero pararon por completo mientras todos intentaban recoger más trozos de este metal. Con los dedos sólo no era posible, pero con un cuchillo bastaba para hacerse con grandes cantidades de metal.



III: El aserradero de Sutter y Marshall

Entonces Marshall decidió volver al fuerte, donde compartió con Sutter su descubrimiento. Inmediatamente Sutter cerró la puerta, y junto a Marshall se dispuso a seguir los pasos descritos en una vieja enciclopedia que poseía en el fuerte para comprobar si ese metal brillante era el que ambos tenían en mente. Los análisis no arrojaron ninguna duda. Las piedras amarillas que traía Marshall eran pepitas de oro en estado puro.
Tanto Sutter como Marshall intentaron mantener la noticia en secreto, pero ninguno de los dos contó con lo que pudieran hacer el resto de trabajadores del aserradero. Los rumores se extendieron rápidamente por la región, y no tardaron en ser una noticia en todos los Estados Unidos, así como en las grandes ciudades de Europa. De este modo, en tan sólo un año, California pasó a tener 90.000 habitantes.
La fiebre del oro se había desatado. Durante la década siguiente, California pasó a tener casi 400.000 habitantes y el fuerte de Sutter pasó a ser conocido como Sacramento (la actual capital de California). Muchos de estos nuevos habitantes habían llegado en busca del gran mito americano, un lugar en el que algunas personas podían llegar a ganar grandes cantidades de dinero en tan solo un día, pasando a formar parte de la riqueza de una región que hasta 10 años atrás únicamente había vivido de la ganadería y la agricultura.

https://senderoyluna.es/18-03-10th/1520632627_el+descubrimiento+de+oro+en+sutter+fort+stLXiOdd.html
https://recuerdosdepandora.com/historia/sutter-marshall-la-pepita-que-desato-la-fiebre-del-oro/
https://chrismielost.blogspot.com/2011/06/la-fiebre-del-oro-de-1848-la-maldicion.html

LUANG PRABANG.....DESTELLOS DE UNA CIUDAD DORADA





Cuando los primeros rayos de sol hacen su aparición, los monjes salen de sus monasterios. En ordenada y muda procesión recorren con cuencos colgados del hombro las calles de Luang Prabang. Aquí y allá, en la ciudad aún medio dormida, pequeños grupos de fieles esperan en las calzadas y aceras. Sentados en actitud reverente y con grandes cazuelas rebosantes de arroz glutinoso y alguna verdura, van depositando los alimentos en los cuencos de los monjes. La larga fila de esos hombres de cabeza rapada y túnicas de color azafrán se irá deshaciendo conforme el sol se levante. Los monjes volverán, con la comida diaria, a sus tareas en los monasterios.