lunes, 5 de agosto de 2019

GENERALIDADES DEL IMPERIO BIZANTINO Y SU ARQUITECTURA



Parte oriental del Imperio romano desarrollado con autonomía a partir de la división que hizo Teodosio en el año 395 entre sus hijos Arcadio (357-408) y Honorio. Tal división dio lugar al nacimiento de una dualidad, el Imperio Romano de Occidente (con capital en Roma) y el Imperio Romano de Oriente (con capital en Constantinopla) el cual perduró hasta el año 476 en el que Odoacro depuso al último emperador occidental, Rómulo Augústulo, y envió las insignias imperiales a Zenón de Bizancio, que quedó como único emperador y sucesor de la dignidad romana.
Mientras este proceso tenía lugar, la tradición romana y latina del Imperio de Oriente se fue diluyendo entre los caracteres griegos y helenísticos, más próximos, y la incesante llegada de elementos orientales. Por todo ello, el fundamento cultural de Bizancio es, por una parte, el derecho y la administración romanos, y por otra, el idioma y la civilización griega, mientras que las creencias y costumbres son cristianas. Con el tiempo, el carácter bizantino se convirtió en oriental.
Durante la primera mitad del siglo V se dejó sentir la presión conquistadora de los germanos, que influyeron en la corte. El emperador León I (457-474) consiguió acabar con ella gracias a la ayuda de los isaurios del Asia Menor. De todos los emperadores de la primera época destaca Justiniano, que rigió el imperio entre los años 527 y 565. Con él, Bizancio adquirió un gran desarrollo en el exterior gracias a los generales Belisario y Narsés, y en el interior fue dotada de un gran esplendor cultural y artístico. A los pocos años de ser coronado, año 532, concluyó una paz con el rey de los persas, Cosroes; pudo así emplear todas sus fuerzas en la reconquista de la parte occidental del Imperio. Ocupó el reino de los vándalos del África del Norte y, en el Mediterráneo, las islas de Córcega, Cerdeña y Baleares. Al poco tiempo, año 535, Justiniano intervino en Italia, donde Amalusunta, hija del rey ostrogodo Teodorico el Grande, había sido asesinada.
El general Belisario en primer lugar, y, más tarde, Narsés, anexionaron al imperio de Justiniano Italia y Sicilia. Mientras tanto, el noble visigodo Atanagildo se había sublevado contra el rey visigodo Agila solicitando la ayuda del emperador bizantino para derrotarlo.

Efigie del rey Agila.
Atanagildo subió al trono hispano pero tuvo que permitir, en pago a la ayuda militar recibida, que los bizantinos se reservaran para su dominio los territorios del sur de España y la plaza de Ceuta. Con estas conquistas de los generales Belisario y Narsés, se restablecía su dominio efectivo sobre casi todo el perímetro del Mediterráneo.
En el interior, Justiniano emprendió la reforma de la administración y la codificación del derecho romano, de la que se encargó una comisión encabezada por el jurisconsulto Triboniano. Durante siete años (528-535) se elaboró el Corpus iuris civilis, que abarcó todo el derecho y jurisprudencia anteriores y fue la base del renacimiento del derecho en el siglo XIII. Este código consta de cuatro textos: Institutiones (es un tratado para el estudio de los escolares), Digesto o Pandectas ( es una recopilación de las obras jurídicas clásicas de origen romano), Codex Justinianus y Novellae (compilación de las constituciones imperiales y de las promulgadas por el propio Justiniano). También tuvo que reprimir duramente algunos levantamientos populares, como el del año 532 protagonizado por Niká, permitiéndose así desarrollar una política autocrática y absolutista el resto de su reinado.
Los últimos años de su gobierno fueron de decadencia: las luchas contra los persas se reemprendieron y el exceso del gasto público llevó al Estado a un endeudamiento ruinoso. En los aspectos artísticos, fue el promotor legendario de numerosas obras arquitectónicas religiosas que constituyen lo mejor del arte bizantino.

Santa Sofía. Constantinopla. Turquía.
Los sucesores inmediatos de Justiniano perdieron el dominio sobre algunas zonas periféricas del Imperio. En Italia, casi todas las posesiones pasaron a manos de los lombardos en el año 568. El persa Cosroes II recuperó Mesopotamia, Siria y Asia Menor, llegando hasta Constantinopla. Por último, Mauricio (582-602), tras las incursiones de ávaros y eslavos sobre los Balcanes, se vio forzado a establecer dos hexarcados o gobiernos provinciales, uno en Rávena y otro en Cartago, con el fin de reforzar el Imperio. En estas circunstancias, una sublevación militar entregó el poder a Heraclio( 610-641). Se inició así una nueva etapa en la formación del Imperio Bizantino: elImperio Medio.
El nuevo emperador había sido un general experimentado que venció a los ávaros en Europa, derrotó a los persas en Asia y llevó sus ejércitos hasta Ctesifonte, provocando el derrumbamiento del imperio sasánida y obligándolo a devolver sus anteriores conquistas y la reliquia de la Vera Cruz, que habían tomado de Jerusalén en el año 614. Por sus victorias, Heraclio se convirtió en el defensor de la religiosidad de los Santos Lugares. Durante su mandato se construyeron basílicas en Jerusalén y Belén. Pero mientras los dos Imperios se debilitaban mutuamente, un nuevo poder se levantó amenazadoramente: el IslamInspirados por Mahoma, los nómadas del desierto arrebataron en pocos años, bajo los primeros califas, las provincias de Siria y Egipto, forzando a los emperadores de Bizancio a abandonar la península balcánica en manos de los eslavos y a defender Constantinopla en varias ocasiones de los intentos de conquista árabes.
El advenimiento al trono del emperador León III (717), estratega sirio de Anatolia, fundador de la nueva dinastía de los isaurios, señala un paso decisivo en orden a la orientalización del Imperio. En el comienzo de su reinado, 718, consiguió salvar a Constantinopla del asedio que los árabes estaban haciendo a la capital del Imperio, derrotándoles en Acroinon (740) con lo que se pudo emprender la ofensiva en Siria y llegar hasta el Éufrates con su hijo Constantino V (741-775). Las victorias frente a árabes y búlgaros, invasores de los Balcanes, rehabilitaron el prestigio imperial empañado durante el reinado de Heraclio y su hijo.
En política interior, acentuaron la unión del poder civil y militar. Mediante la aplicación de un Código rural, trataron de detener el desarrollo de los latifundios. También promulgaron códigos de carácter militar, naval y un nuevo Código civil, inspirado por una mayor equidad cristiana que los anteriores de Justiniano.
Pese a todo, lo más destacado de su reinado es la llamada guerra de las imágenes o querella iconoclasta, surgida por influjo tanto de sectas religiosas orientales como del judaísmo y del Islam, entre los adversarios (iconoclastas) y partidarios (iconodulos) del culto a las imágenes. El emperador León III prohibió en el año 726 todas las imágenes, salvo la de Cristo, a lo que se opusieron violentamente los veneradores de imágenes, apoyados por el papa Gregorio III, quienes las consideraban como símbolo y mediación con la divinidad. Pocos años después llegó a decretarse la pena de muerte para los iconodulos. A este problema de estricta religiosidad se unen las intrigas palaciegas, los conflictos en los Balcanes, la caída de Rávena en manos de los carolingios, el hundimiento del poder bizantino en Italia y el vertiginoso ascenso de Carlomagno. Todo ello, en su conjunto, provocó el fin de la dinastía isáurica con el reinado de León V el Armenio (820).
Durante breves años (820-867), subió al poder la dinastía armoriana o de Frigia, durante la cual se perdió el control sobre Creta (que cayó en manos de los árabes). También se extendió el protectorado bizantino sobre Bulgaria y se inició una política ofensiva en Asia. En los aspectos religiosos, finalizó la guerra de las imágenes en el año 843 y se inició un período de cierta tranquilidad durante el reinado de Miguel III (842-867).
Bajo el reinado de Basilio I se inauguró la dinastía de Macedonia (867-1056). En ella, Bizancio llegó a uno de sus siglos de oro en el terreno cultural; en el aspecto de las ideas políticas el Imperio alcanzó su máximo esplendor: la legitimidad del poder absoluto del soberano alcanzó su punto culminante al ser considerado el Emperador como un elegido de Dios. En el campo de las ideas religiosas, durante el patriarcado de Focio, año 867, la iglesia bizantina inició un cisma ortodoxo, abandonando la obediencia a Roma, con lo que Bizancio se apartó aún más de Occidente.
El más sobresaliente de los emperadores de esta dinastía fue Basilio II (976-1025) que llevó al Imperio bizantino a uno de sus momentos de auge al obtener grandes triunfos sobre los búlgaros (durante decenios guerreó cruelmente contra el zar búlgaro Samuel). Expandió el cristianismo en Rusia, cuya iglesia quedó subordinada al patriarcado de Constantinopla. También mantuvo relaciones con el Imperio Germánico, casando a una princesa bizantina con el emperador Otón II. En el interior, el acontecimiento más importante durante esta dinastía fue la consumación del Cisma de Oriente, llevado a cabo en el año 1054 por Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla. La causa de esta separación fue, en esencia, la rivalidad existente entre las supremas jerarquías de la iglesia griega y el Pontífice romano, aunque su promotor quiso encubrir las diferencias sólo en los aspectos litúrgicos.
A partir del año 1056 se extinguió la dinastía macedonia y con ella se inició la decadencia del Imperio que, durante dos siglos, y a través de varias dinastías, la de los Ducas (1059-1078), la de los Comneno (1081-1185) y, finalmente, la de los Angel (1185-1204), van debilitando el esplendoroso Imperio que se ve acosado por selyuquíes, normandos, pechenegos, turcos y húngaros. Otras causas son las luchas civiles por el poder imperial, la implantación de un sistema feudal que minó las bases fiscales y militares del Imperio y el resurgir del poder económico veneciano, que eclipsó el tradicional comercio bizantino entre Oriente y el Mediterráneo.
El año 1203, después de haber perdido Anatolia, Tesalónica, Dalmacia, Serbia, Croacia, los cruzados, en lugar de ir a Tierra Santa, atacaron Bizancio y conquistaron Constantinopla, provocando la huida del emperador Alejo con el tesoro imperial. Al año siguiente, 1204, los cruzados formaron en Constantinopla el Imperio Latino (1204-1261). Paralelamente, surgieron muchos otros reinos independientes en territorios antes bizantinos (Épiro, Morea, Trebisonda, Servia, Bulgaria, etc.). Desde Nicea, la capital de exilio de los bizantinos, se reconquistó Asia Menor, Tracia y otros países. En 1261 se volvió a recuperar Constantinopla. Tras un afianzamiento inicial, este Imperio, socavado ya internamente, sucumbió al empuje de los servios y búlgaros, y luego, sobre todo, al de los turcos osmanlíes, que conquistaron Asia Menor y los Balcanes durante la primera mitad del siglo XIV.
En los cincuenta últimos años del siglo, Bizancio se vio obligado a rendir vasallaje a los turcos, y el Imperio bizantino quedó reducido a la capital, hasta que el 23 de mayo del año 1453 se produjo el hundimiento definitivo: la conquista de Constantinopla por los ejércitos del sultán Mehmet II.


Basilica de San Apolinar el Nuevo


El origen del Arte Bizantino se sitúa en el Arte Romano, centrándose en el Oriente del Imperio tras su escisión en el siglo IV. En Orinte su desarrollo llegará hasta el siglo XV, en que se produce la toma de Constantinopla por los musulmanes.
Se desarrolla entre los siglos IV y XV d.C.



Se divide en tres etapas:

-Edad de Oro (s. IV-IX): No surge de manera espontánea, se inicia como continuación del arte Romano y se la denominará "Nea-Roma", ya que quiere imitar en todo las formas romanas. En el siglo V se verá influenciada por las aportaciones del arte Cristiano Oriental, que pondrá las bases para su época de esplendor.
Destaca el siglo VI como el más importante, coincidiendo con el reinado del Emperador Justiniano, que personalmente se encargo de impulsar la construcción de grandes obras a lo largo del Imperio de Oriente. Al tiempo se dedicó a ampliar las fronteras del Imperio llegando hasta el sur de la Península Iberica.
Coincidió bajo su reinado una época de gran riqueza económica y esplendor en las artes. Con su muerte se iniciará la decadencia.

Época Iconoclasta (s. IX-XI): Coincide con una etapa de crisis en Bizancio que ya se había iniciado en el siglo VIII, y que tendrá su principal manifestación en una explosión de radicalismo religioso. Se comienzan a considerar heréticas las representaciones humanas en pintura y escultura religiosa. Así las escenas figuradas que se realizan son profanas.
Una de las consecuencias más negativas de la revolución iconoclasta fue la destrucción de imágenes de épocas anteriores.

II Edad de Oro (s. XI-XV): Coincidiendo con el llamado "Renacimiento Macedónico" y posteriormente con la Dinastía de los Comenos.
Ya se marcan las características propias del Arte Bizantino que se desliga de su pasado romano.
Los lugares en los que se desarrolla se diversifican: Rusia, Italia, Armenia, Grecia, Constantinopla,... Éste último será el centro principal del desarrollo de éste arte, al igual que lo había sido en la I Edad de Oro junto con Rávena. Pero ahora en lugar de Rávena destacará en Italia la ciudad de Venecia. Grecia será otro de los focos importantes junto con Rusia, que bajo el mando del Príncipe Vladimir de Kiev, casado con una princesa Bizantina, extiende hacia esta zona el arte Bizantino.
Hay autores que dan otra datación a estas edades debido a que la etapa Iconoclasta se prolongó más en unas zonas que en otras.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA ARQUITECTURA BIZANTINA


Los MATERIALES más utilizados son:

- Piedra
- Ladrillo.
Las construcciones siguen diferentes modelos de PLANTA:



- Centralizada: octogonal, circular.




- De cruz griega.



- Basilical



La CUBIERTA puede ser:




- Cúpula: gallonada o lisa, sobre pechinas, muy abierta por vanos y de piedra porosa.

Gallonana




- Bóvedas: de cañón 



-De crucería o aristas.

El tipo de SOSTÉN también es variado:




- Pilar
- Columna de fuste liso y CAPITEL bizantino.

El CAPITEL Bizantino tiene forma de pirámide truncada invertida decorada con motivos florales o figurados. Aparece el CIMACIO, que es una moldura que se sitúa sobre el capitel dando paso al arco.


También aparecen ARCOS de diferente tipo:





- Medio punto. 



- Rebajado o deprimido.


- Arco peraltado


Se abren numerosos vanos o ventanas en los muros, que en el exterior van reforzados con numerosos CONTRAFUERTES.


El edificio más común es la BASÍLICA, herencia de la etapa Paleocristiana, que tanto en Occidente como en Oriente seguirá siendo el modelo más común. 
La Basílica Bizantina consta de:
- Atrio con fial para agua bendita.
- Nartex: el vestíbulo para los feligreses, donde se colocan los Iconos en la llamada ICONOSTASIS, aunque en ocasiones se sitúan también separando la zona del altar.
- Tribuna: planta superior sobre las naves laterales; cuando aparece es la zona en la que se sitúan las mujeres y los niños, y que tiene la misma amplitud que dichas naves.

http://www.enciclonet.com/articulo/imperio-bizantino/
https://masdearte.com/especiales/arquitectura-bizantina-la-apoteosis-de-la-cupula/
    https://www.arteguias.com/bizantino.htm
    https://www.culturagenial.com/es/arte-bizantino/
    http://algargosarte.blogspot.com/2014/10/arquitectura-bizantina-caracteristicas.html

    viernes, 2 de agosto de 2019

    ALBERT EINSTEIN,DIOS NO JUEGA A LOS DADOS CON EL HOMBRE


    Hablar de este tema de Einstein resulta desafiante para una persona que no ha profundizado en una ciencia como es la teologia. La teologia y la fisica son dos practicas totalmente antagónicas en apariencia. No se trata de que una sea ciencia y la otra no. ¡Todo lo contrario! Son dos ciencias que se juntan para decir que el mundo necesita de una filosofía, es decir, un modo de mirar y de plantearse frente al mundo. En el libro “Mi visión de Mundo” de Einstein deja entrever esta relación. Pensar el mundo, es decir, la realidad circundante, lo que me acontece y lo que deviene, significa tener una filosofía, una base racional, de manera de poder decir que todo tiene un orden y que la realidad tiene que ser analizada no como un simple objeto, sino como una instancia en donde el hombre y su entorno puedan vivir armoniosamente.
    Einstein parte diciendo que existen dos conceptos que marcan el inicio de toda experiencia religiosa. Estas son el “sentir” y el “ansiar”. Esto es lo que explica los movimientos espirituales y todo el desarrollo de cada uno de ellos.
    Einstein plantea tres tipos de religiones, es decir, tres formas que fueron constituyentes del existir humano desde los orígenes.
    La primera de ellas es la que denomina religión del miedo. Este miedo que se expresa en lo cotidiano como por ejemplo el miedo a los animales, a las cosas desconocidas, a la muerte, al hambre. La explicación que da es que a este nivel de la existencia no existía una comprensión de las cosas que tenemos nosotros hoy. Pertenece a un estadio más primitivo. “Debido a que a ese nivel de la existencia la comprensión de las conexiones causales suele ser mínima, el ingenio humano en entes más o menos análogos, de cuyas acciones o deseos dependen las acciones temidas. Entonces, se da el deseo de captar la simpatía de dichos entes celebrando ceremonias y haciendo sacrificios que, según creencias transmitidas de generación en generación, han de aplacarlos” . En estas palabras, nos está mostrando que la religión del miedo es aquella que a partir de representaciones va configurando su experiencia religiosa. Es una manera de dar respuesta a aquello que aparece como desconocido. El hombre en este estadio de la existencia no tiene una comprensión de las cosas como hoy por hoy se entienden, de ahí tales representaciones y atribuciones a este ente que denomina Einstein o Dios para este nivel de comprensión. Por eso, era necesario que intervinieran personas o sacerdotes para dar sentido a tales interrogantes sin respuesta lógica.
    La segunda religión que denomina es la llamada religión moral o social. Aquí la comunidad en general necesita de modelos que vayan orientando el devenir de la existencia ya que el mismo hombre se da cuenta de que él es susceptible de cometer errores, no es perfecto. Así nace el concepto de Dios en medio de una religión moral que es un estadio más avanzado que el anterior. Este Dios es el “de la Providencia, que ampara, dispone, recompensa y castiga. Es el Dios que según el horizonte de los hombres impulsa la vida de la familia, de la humanidad, que consuela en momentos de desgracia y de nostalgia, que custodia las almas de los muertos. Estas son las nociones morales y sociales de Dios” . En estos estadios de experiencia religiosa, hay que notar que se van entrecruzando las dos. No son estadios puros e independientes unos de otros. Esto hace notar Einstein cuando habla de la experiencia del pueblo judío, que conocía muy bien. En ellos se ve este paso de una religión del miedo a la religión moral y social. La culminación de este traspaso se dio en el Nuevo Testamento. Ahora, lo que iguala a todas estas religiones es el carácter “antropomórfico”. Se trata de un Dios que se manifiesta cercano a los pueblos, al hombre en general. Es un Dios que habla de igual a igual con el pueblo, que tiene destinatarios, mensajeros, y que incluso llega a insertarse en la historia de los hombres. Es a partir de esta conclusión en donde Einstein menciona a la tercera forma de hacer religión. Es la llamada religiosidad cósmica. En ésta no existe una expresión antropomórfica de Dios. Es una forma más avanzada y con la cual él se identifica. Es un estadio en donde pocos se insertan ya que es difícil de comprender. Los hombres que se han insertado en esta línea han tenido que enfrentar no menos dificultades por su experiencia. En esta experiencia el individuo se encuentra con un mundo complejo y hermoso al mismo tiempo, en medio de un profundo orden tanto en la Naturalñeza como en el mundo de las ideas. El ser se expresa como un todo unitario y razonante. “La religiosidad cósmica se puede encontrar incluso en las primeras etapas del desarrollo religioso, por ejemplo en algunos salmos de David y en algunos profetas. El componente de Religiosidad Cósmica está mucho más acentuado en el Budismo, como nos lo ha demostrado los magníficos escritos de Schopenhauer. Los genios religiosos de todos los tiempos eran admirables gracias a esta religiosidad que no conocía dogmas ni Dios alguno concebido a la manera del hombre. Y es por esto que no puede haber ninguna iglesia cuya enseñanaza fundamental se base en la religiosidad cósmica, y también por eso encontraremos entre los herejes de todos los tiempos a hombres colmados de ella, considerados muy a menudo idealistas o hasta santos por sus contemporáneos. Hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza están muy cerca unos de otros” . Teniendo todos estos presupuestos, Einstein se pregunta de qué manera los hombres pueden comunicar esta experiencia religiosa sin llegar a formar una teología concreta. Responderá que es necesario tener siempre presenta al arte y a la ciencia para poder mantener vivo este sentimiento tan profundo . Para el hombre que esté impregnado de la regularidad causal de todos los hechos no podrá encontrar en la creencias como las religiones del miedo y socio-moral, respuestas a sus interrogantes. Más bien les parecerá representaciones infantiles. Esta relación es la que tuvieron que asumir aquellos que fueron pioneros como los que nombraba el mismo Einstein. Se miraba la religión y la ciencia como dos realidades separadas (antagónicas) ya que en una sociedad profundamente teocéntrica se hacía imposible postular una teoría de la regularidad causal de los hechos y de las ideas. Esto plantea, según Einstein, que no es posible pensar que exista un ente que intervenga en la realidad de las cosas y en los sucesos del Universo. Por eso, la religiosidad cósmica es el impulso para todo científico a hacer ciencia. “Sólo el que pueda imaginar los esfuerzos extraordinarios que hacen falta para abrir nuevos caminos a la ciencia, es capaz de apreciar la fuerza del sentimiento que surge de un trabajo ajeno a la vida práctica. ¡Qué fe más profunda en la racionalidad del universo construido, y qué anhelo por comprender, aún cuando fuera sólo una pequeña parte de la razón que revela este mundo, tenían que animar a Kepler y a Newton para que fueran capaces de desentrañar el mecanismo de la mecánica celeste con el trabajo solitario de tantos años!” . Einstein explicita aun más esta relación diciendo que no se puede tener una imagen falsa de los científicos. No se puede mantener una mirada de una ciencia meramente práctica. Esto terminar por falsear la realidad y los esfuerzos de innumerables personas que han dado toda su vida para este trabajo. La única manera de mantenerse fiel en medio de incluso fracasos es tener como fuente o inspiración de trabajo la religiosidad cósmica. Esta es la que da la fuerza. “Un contemporáneo ha dicho y no sin razón que en esta época tan fundamentalmente materialista son los investigadores científicos serios los únicos hombres profundamente religiosos” . Esta frase concluyente del tema en Einstein manifiesta de modo claro por dónde pasa el trabajo científico y, al mismo tiempo, la relación actual entre la religión y la ciencia. No se trata de excluir, sino de incluirse mutuamante en un diálogo serio, profundo y respetuoso. El aporte y la valoración de la religiosidad cósmica abre puertas para este diálogo de manera que hoy podamos mirar el pasado y mirar las heridas no con resentimiento sino con esperanza.
    Para concluir con este tema de real importancia, creo que el concepto del azar en la persona de Einstein lo encontramos bien expuesto. No se trata de algo fortuito, sino de una construcción racional en donde el hombre desde su condición va tomando los hilos del conocimiento y desde ahí construye un saber que está al “servicio” de la humanidad. Me resulta muy interesante cuando concluye el tema “religión y ciencia”, cuando dice que los verdaderos hombres religiosos son los científicos serios. Ellos son los que intentan dar respuestas a las diferentes interrogantes que van apareciendo en el mundo real y sensible. Interpreto además esta frase desde un punto de vista más natural. El hombre religioso es aquel que intenta “interpretar” a la luz de su propia experiencia lo que acontece a su alrededor. Esta interpretación tiene que ser “dadora de sentido” para aquellos que la buscan. En este punto me quiero detener un momento. Dar sentido a la vida, a las cosas, a lo que acontece creo que es una forma de vivir el “azar” hoy. Esto porque todo tiene una conexión. Nada es porque sí. Según este axioma decimos que todo lo que acontece tiene una explicación y al mismo tiempo un sentido. Desde este punto de vista creo que tenemos que vivir nuestro ser religioso-científico que mencionaba Einstein. Se trata entonces, de saber leer la realidad, sus causas, sus dificultades, y así mediar en la realidad. Es la labor del “arte” que también lo menciona. Considero que el arte intenta mostrar o interpretar lo que el hombre de hoy vive. Desde siempre los artistas se han servido de su hermoso oficio para intentar dar sentido a lo que acontece a su alrededor. Hoy por hoy el arte también continúa con este objetivo. En estos momentos más que nunca se necesitan personas que sean capaces de vivir su vida con estas características pero de un modo serio. El arte no se sirve de nada ni de nadie. Como lo plantea el mismo Einstein en el inicio del libro “Mi visión del mundo”. Se está para servir sin dejar de lado esa condición de individualidad, esa suerte de estar alejado de los otros para continuar con la labor de la investigación, pero siempre con el horizonte del servicio serio hacia la humanidad. Estas son dimensiones que no se pueden pasar por alto si intentamos construir la vida desde la clave del azar. Toda construcción racional necesita de criterios serios para asumir la vida del mismo modo. Con la labor científica ocurre algo análogo. Al menos así lo deja entrever el mismo Einstein. El científico que vive a fondo su vocación lo que pretende es realizar un servicio al hombre, a un pueblo, a una cultura que es la cultura humana. La ciencia la vemos desde dos puntos de vista. Desde el punto de vista particular y desde lo general. Aquí nos referimos fundamentalmente desde el segundo criterio. No se trata de incidir en el orden natural sin ningún propósito. Todo lo contrario. El científico tiene que poner su conocimiento al servicio de la humanidad para así no perder esa capacidad de asombrarse por todo aquello que ocurre a su alrededor. Esto último lo menciona el mismo Einstein cuando recurre a las ideas (arte y ciencia). Lo que pretende en el fondo cada una de estas disciplinas es ayudar al hombre. Se trata de que éstas ayuden a descifrar el “misterio”. “El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no lo conoce, quien no puede asombrarse o no maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido. Esta experiencia de lo misterioso (aunque mezclada de temor) ha generado también la religión. Pero la verdadera religiosidad es saber de esa existencia impenetrable para nosotros, saber que hay manifestaciones de la Razón más profunda y de la Belleza más resplandeciente sólo asequibles en su forma más elemental para el intelecto. En ese sentido, y sólo en éste, se pertenece al hombre profundamente religioso”. Estas palabras manifiestan la seriedad con que el hombre, no tan sólo el científico, sino todo aquel que tome con profundidad su vida, debe mirar la propia historia y la de toda la naturaleza. No se trata de negar todo principio religioso. Lo que Einstein nos deja entrever es que en la religiosidad cósmica encontramos ese principio de la causalidad que nos permite descubrir el deseo racional para poder penetrar el orden natural de las cosas. Descubrir de que Dios no juega con la humanidad, no la castiga ni mucho menos está por encima de ella. Existe en el hombre esa pretensión de poder descubrir todo aquello que la razón le permita comprender y discernir la misma naturaleza para intervenir en ella de un modo coherente. La frase (Dios no juega a los dados con la naturaleza) se profundiza entonces desde esa comprensión religioso-cósmica que tiene como premisa primera la relación armoniosa entre la religión y la ciencia. Mirar la vida desde el punto de vista religioso tiene que hacerse desde esa perspectiva, de lo contrario estaríamos entrando en una incoherencia con todo lo que se ha planteado. La religiosidad cósmica tiene asumida lo que se denomina como “regularidad causal” de todas las cosas o hechos. No podemos considerar que un ente determinado intervenga a su antojo en los hechos naturales (crítica antropomórfica de Dios). Se trata de poder comunicar esta experiencia religiosa que no tiene códigos más que los que muestra la misma naturaleza. No existe una sistematización acabada del tema y quizás por ahí haya una beta interesante de asumir entre lo que se ha llamado desde siempre el diálogo profundo y serio entre la religión y la ciencia. Para ello se debe mantener siempre despierto este sentimiento que se manifiesta en esa expresión religiosa que Einstein llama hermosamente cósmica. El mundo tiene su orden, su lógica y nos compete a los hombres y mujeres poder descifrar lo que éste esconde. No se trata de saber para dominar, sino de comprender para servir. El hombre, el científico, el arte en general se rige bajo este principio. No quisiera terminar este trabajo sin antes referirme a un aspecto muy interesante del pensamiento de Einstein. El menciona reiteradas veces y como convicción el hecho de que todo hombre que se dedique a esta labor de intentar descubrir lo que el orden natural esconde, tiene que tener una suerte de “solitariedad”. Se trata de vivir aparte pero no enajenado del mundo. Para pensar, se necesita tomar distancia y así ejecutar su actividad creativa. Esta actividad creativa es lo que permite que el hombre vaya desarrollandose y evolucionando. Por tanto, la actividad del “intelectual” consiste en tomar en serio su vida y pensar en responsabilidad con respecto a los otros. Esta dimensión de la responsabilidad con los otros es interesante porque estamos insertos en el mundo como en una suerte de “entre-tejido”. Estamos conectados con el mundo y con las personas de muchos modos y formas. Esto nos permite mirar nuestro tema del azar con nuevos ojos. Esta mirada de que el azar significa también asumir nuestra realidad, nuestra historia. Estamos conectados de miles de formas y esto nos hace tomar conciencia de que en este orden natural, del cosmos, formamos parte de una sola humanidad, y en ese sentido y con mayor firmeza que antes, afirmamos que “Dios no juega a los dados con el hombre” y, que al mismo tiempo, Dios no es ese ente que interviene antagónicamente en la historia.

    https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2016-04-24/dios-no-juega-a-los-dados-y-otras-frases-cientificas-malinterpretadas_1188794/
    https://pastoraluniversitariamadrid.es/cate-veritatis/89-not2-vani
    http://www.xaviergari.com/uploads/5/7/2/7/57278655/rolando_rebolledo_dios_no_juega_a_los_dados_con_el_hombre_albert_einstein._tesina_de_licenciatura_en_teolog%C3%ADa_pontificia_universidad_cat%C3%B3lica_de_chile.pdf



    INDUMENTARIA DE LAS MATRONAS ROMANAS Y LA "LEX OPPIA"


    El cine y últimamente la televisión nos tienen acostumbrados a mostrar a las romanas, salvo excepciones, algo frívolas en su modo de vestir y de adornarse.  Esto ha llevado a la idea equivocada de que las mujeres romanas iban mostrando sus cuerpos, pero nada más lejos de la realidad.
    Generalmente iban muy tapadas y, de hecho, en público y por la calle no debían mostrar su cuerpo ni siquiera casi las manos y muy poco de la cabeza.Evidentemente, como cualquier mujer, a las romanas también les gustaba vestir lo mejor posible y, ante todo, mostrar con ello su status social, pero todo ello sin caer en la obscenidad.
    Buena prueba de que eran coquetas lo tenemos en la reacción a la Lex Oppia cuya promulgación, en el contexto de la II Guerra Púnica, dio lugar a la prohibición a las mujeres de portar, entre otras cosas, cierta cantidad de joyas. Ante esta restricción las matronas no dudaron en movilizarse y concentrarse en Roma para conseguir que se derogase, como finalmente se hizo.
    Sus maridos no parecían entender esa afición, como en el caso de este fragmento del Satiricón de Petronio:
    ‘Ya veis (dice) los perifollos con que cargan las mujeres y nosotros, como estúpidos las dejamos que nos desplumen.Para no ser menos, Centella, echando mano a un estuche de oro que llevaba colgado al cuello y que ella llamaba su ‘buena estrella’, sacó unos pendientes y, a su vez, los ofreció a la consideración de Fortunata: ‘Son (dice) un regalo de mi señor marido; no hay otros mejores’. ‘¿Cómo? – salta Habinas – ¿No me habrás desangrado  para comprarte esas lentejuelas de cristal?.Desde luego, si yo tuviera una hija, le cortaría las orejitas. Si no hubiera mujeres lo tendríamos todo regalado
     Petronio, II, 67, 6-11
    En primer lugar, hemos de entender cuál era el ideal de mujer romana, que era el que representaba la matrona (de la raíz  mater-madre se refiera a la mujer casada) que solían ser las mujeres pertenecientes la alta sociedad patricia de Roma. Éste era un modelo de mujer cuyo comportamiento, en todos los aspectos de la vida, debía ser irreprochable. Era el paralelo femenino del  buen romano, que se resume en la gravitas, parsimonia pudicitias, certamen, pides, pietas y virtus (Gravitas (comportarse de acuerdo al rango social),Parsimonia (austera sobriedad en todo), Pudicitias (pudor, integridad moral),Certamen ( sentido de la competición), Pides(fe en la palabra dada, lealtad),Pietas (comportarse con justicia y respecto hacia las leyes e instituciones), y la virtus (la excelencia militar)). No es un modelo que nos quede muy lejos, pues es el que heredó la tradición cristiana.
    Desde pequeñas, las niñas eran educadas para el matrimonio bajo la potestad de su padre y, con el casamiento, pasaban a estar bajo el poder de su marido. Por tanto, la mujer romana tendrá su espacio en el ámbito doméstico y la función esencial que tenía era la de traer al mundo a nuevos ciudadanos y transmitirles el mos maiorum.
    Si estos valores son exigibles a todas las mujeres, el concepto de matrona iba vinculado además a la laboriosidad, a la austeridad en las costumbres, la fidelidad, la modestia, el amor hacia su marido y sus hijos… Pero ni la educación ni la cultura estaban entre las virtudes deseables para las matronas. Entre los méritos que distinguían a las matronas romanas se encontraba de forma recurrente el del hilado (el trabajo de la lana era esencial, símbolo de la matrona por antonomasia y el huso y la rueca son dos de los objetos que la novia llevará a su nuevo hogar en el día de la boda). Por tanto, la mujer se ocupaba en hilar y tejer, dirigía la educación de los hijos, vigilaba la servidumbre y llevaba una activa vida social acompañando a su marido.


    Como en toda sociedad, la indumentaria era un símbolo de la clase y poder social. Viendo a un romano por su vestimenta podríamos saber en cuestión de segundos si era pobre o rico, y además  viendo a dos romanos ricos podríamos saber también inmediatamente cuál tiene un cargo público, cual es un patricio, y así una cantidad de distinciones considerables. La ropa en Roma no solo nos permitía diferenciar al romano del no romano, nos permite diferenciar al romano del romano.
    Las diferencias sociales se acentuaban en la ropa. No solo por una cuestión de materiales y calidad sino también por una cuestión de simbología implícita en las prendas. Era la misma sociedad la que imponía estas reglas de vestimenta que permitían ver el poder o clase del individuo.


    La vestimenta habitual de los romanos, desde los tiempos más antiguos, era la toga. Todos los ciudadanos que nacían libres la llevaban, de hecho, originariamente, la llevaban tanto las mujeres como los hombres. Los extranjeros y esclavos la tenían prohibida.
    “Romanos, rerum dominos, gentemque togatam”
    -Romanos, señores del mundo, los que visten con togas-
    De esta forma tan peculiar definía Virgilio a los propios romanos, y es que la toga terminó por convertirse en el símbolo supremo del desarrollo romano.
    Habitualmente era una tela hecha de lana blanca, que indicaba la ciudadanía romana, si bien habían diferencias de color  según las edades, rangos y funciones: Toga virilis –la que vestían aquellos que llegaban a la madurez ;Toga Praetexta – toga blanca con una tira púrpura que llevaban los niños antes de adquirir la Toga Virilis; Toga Candida- extremadamente blanca y brillante que los candidatos a las magistraturas vestían para presentarse ante las asambleas; Toga Picta- ricamente decorada era utilizaba por los generales victoriosos; Toga Pulla- Era una toga de luto, de color negro; Toga Trabea: toda púrpura o blanca adornada de bandas púrpura, que usaban los cónsules, caballeros,… como vestidura de gala. Las mujeres romanas no vestían toga, que de hecho podía tener otras connotaciones como el adulterio o la prostitución.
    Ellas usaban otras piezas de ropa que las distinguía...

    En Roma, la vestimenta tenía fuertes influencias griegas y etruscas, y la principal característica como hemos visto eran las togas. Si bien, la mujer llegó a un nivel de refinamiento especial en la ropa, las joyas, ornamentos en el calzado y las prendas que evidentemente lograban distinguir a las mujeres patricias de las plebeyas.
    Las matronas romanas iniciaban el día con su aseo y vestido. Lo primero que hacían era peinarse y maquillarse. Después pasaban a vestirse, y el tercer paso consistía en colocarse su ingente cantidad de joyas: diademas, pendientes, brazaletes, collares,etc. Estas tareas no las hacían ellas mismas sino que precisaba de la ayuda de sus sufridoras esclavas, las ornatrices.
    Por supuesto la mujer contaba con prendas exclusivas como la stola, un indicador de su estado civil. Otra prenda de la mujer es la Palla, un velo o manto que la mujer utilizaba para cubrir sus hombros, o formar una capucha cuando se encontraba en la calle.
    Las túnicas, tomadas de los griegos,  eran la ropa básica tanto para hombres como para mujeres y fueron adaptadas a las diferentes necesidades de la sociedad. Hechas de lana sin teñir cosida a los lados, era una prenda que llegaba hasta las rodillas en los hombres y hasta media pierna o los tobillos en las mujeres. Era un pieza tan útil y cómoda que rápidamente se convirtió en la prenda de trabajo, de vestir en la privacidad del hogar y la ropa básica del soldado.
    Las que más aprovecharon las túnicas fueron las mujeres. La stola era una variedad de túnica que la mujer empezaba a vestir inmediatamente después del matrimonio, pero por debajo las romanas también llevaban ropa interior.
    La Stola se ponía sobre túnicas interiores sin mangas llamadas Indusium que eran el equivalente de la masculina Subucula (“bajo la túnica”). Con estas túnicas también se dormía. En cuanto a los materiales se usaban lino, algodón y sobre todo lana.
    Debajo del Indusium, a modo de ropa interior las mujeres solían utilizar losfascia pectoralis, una banda de lino a modo corpiño que ayudaba a darle mayor firmeza al busto. El strophium y la mamillare eran también dos prendas interiores utilizadas por las mujeres. Estas eran más semejantes a los corpiños actuales. Estaban compuestas por tiras de cuero que cubrían el busto sosteniéndolo y afirmándolo.  En cuanto a la parte inferior era similar al subligaculum masculino.

    La Stola, que era una pieza exclusiva de las matronas romanas, se confeccionaba con una sólo pieza de tela con abertura central para introducir la cabeza o bien con dos trozos unidos. Se abrochaba por medio de botones en las mangas, con fíbulas en los hombros o simplemente sin abrochar, cosida.   Podían ser de manga larga, de manga corta o sin mangas y sus modelos eran mucho más elegantes, coloridos y elaboradas que las de los hombres y se ataban con cinturones.
    En cuanto al material con el que se confeccionaban solía ser lino, lana, algodón, si bien el más apreciado  era la seda, de brillantes colores y rematada con bordados en la parte de inferior, en el cuello y laterales. Sus colores iban del blanco crema -el color natural de la lana- al gris, el rojo y el purpura. Colores obtenidos con diferentes tinturas naturales. Se distinguía y valoraba a las mujeres con muchos hijos. Cuando estas tenían más de tres hijos podían vestir la stolae matronae que les otorgaba orgullo y prestigio en la sociedad.
    Esta pieza era generalmente complementaba con la palla, que era un manto rectangular que podía ser utilizado como velo o bufanda. Realizada con finos materiales y confección, variaba mucho dependiendo la clase social de la dueña.
    Era normal adornar la stola con un patagium. Este era una especie de cinturón que se ponía debajo del pecho sobre la stola no muy ajustado. Podían ser de diversos colores, bordados a veces con hilo de oro, e incluso estar adornadas con incrustaciones de piedras preciosas. Las mujeres de clase alta solían llevarla doradas o de púrpura, una tintura bastante costosa, que indicaba una mayor dignidad y poder adquisitivo. Las mujeres que se habían casado varias veces (multivirae)  añadían una parte en la zona inferior como distintivo de dignidad por ello.
    El manto o palla ( el de los hombres era el pallium ) era según Tertuliano(De Pallio I) una pieza fundamental para toda romana decente. Era un manto, evolución del himation griego, que las mujeres utilizaban cuando salían en público, habitualmente cubriéndose lo cabeza, si bien en  casa se sujetaba de la manera más cómoda. Estaba formado por una tela rectangular o cuadrada (no semicircular como la toga), de unos 3,50-4 metros de ancho y 1,30 o 2 de largo, era un manto  que se ponía sobre la stola.
    Como tantas otras prendas era un indicador de status instantáneo. Los más vistosos solían ser bordados y de seda pero también eran de algodón, lino u otras materias. Los colores eran variados y se apreciaban los colores brillantes.
    Iba de la cabeza hasta los pies, ya que generalmente se utilizaba enganchado al pelo a modo de velo, y se podía utilizar como bufanda, como chal o como capucha. Se colocaba pasándolo sobre el hombro izquierdo y por debajo del derecho, recogiéndolo de nuevo con el brazo izquierdo.
    En el año 215 a.C. Roma padecía los estragos derivados del desarrollo de la II Guerra Púnica. La crisis económica se había apoderado de la ciudad y la plebe amenazaba con sublevarse. Así, no resulta extraño que el Senado decidiera aprobar una ley que limitase la ostentación pública de riquezas, concretamente de más de media onza de oro y vestidos de colores llamativos, así como el uso del carruaje de dos o cuatro caballos. La excepción la suponían los oficios religiosos.


    La lex Oppia tenía varios objetivos. Por un lado, obligaba a todos los ciudadanos a ceñirse a la misma austeridad a la que se encontraba sometido el Estado romano y la gran mayoría de la población. Por otro lado, permitía confiscar los bienes de aquellos que incumpliesen la norma, llenando así las arcas estatales, vacías por los esfuerzos bélicos. Finalmente, servía para evitar que la masa poblacional de las capas inferiores de la sociedad, la más afectada por la guerra, no se sintiese insultada al ver cómo, mientras el hambre y la pobreza les acuciaban, los poderosos se paseaban por las calles de Roma en lujosos carros y llenos de joyas.
    No existen noticias de que en el momento de su promulgación la ley suscitara quejas por parte de las afectadas, las mujeres  cuya fortuna fuera la suficiente como para poder exhibir la mencionada cantidad de oro lo continuaron haciendo. Además, se tiene constancia de que las romanas más eminentes habían realizado ya donaciones al Estado para poder sufragar los gastos inherentes a la compensación de la sanción.Finalmente, la ley fue derogada, y las mujeres romanas vieron devueltos sus derechos.




    Para el año 195 a.C. la situación había cambiado por completo. Tras derrotar a los cartagineses, los generales victoriosos habían regresado a sus hogares con las manos repletas de riquezas, una bonanza que también llenó las arcas del Estado y que repercutió de forma general en toda la población romana. Así, los tribunos de la plebe Marco Fundanio y Lucio Valerio decidieron solicitar la derogación de la lex Oppia; no tenía sentido prohibir que una población enriquecida exhibiera el botín obtenido en la guerra.

    En el Senado se formaron dos bandos. Uno de ellos, encabezado por los dos tribunos que habían realizado la propuesta, defendía la derogación de la ley; el otro, capitaneado por Catón, defensor de los valores tradicionales de austeridad de la Roma primitiva, pretendía mantenerla. El día de la votación, los tribunos Marco y Publio Bruto pretendían imponer su veto para que la propuesta no llegase a buen puerto. Fue entonces cuando ocurrió lo que nadie esperaba.




    Decenas de mujeres romanas, algunas llegadas desde el entorno rural de Roma, tomaron las calles para exigir a los senadores que la ley fuera derogada. Se agruparon delante de las casas de los dos Bruto e impidieron que éstos salieran hacia el foro para interponer su veto. El asunto escandalizó tanto a los romanos que fue discutido en el Senado. Dos son los discursos que más destacan en este debate, legads hasta nosotros gracias a Tito Livio: el de Marco Porcio Catón y el de Lucio Valerio.

    Catón  se encontraba escandalizado con la situación. Habla de un tumulto mujeril y reprocha al resto de senadores que no sean capaces de contener a sus esposas dentro de los muros de sus casas, ya que, si las mujeres salen a la calle y se inmiscuyen en los asuntos masculinos, los hombres acabarán perdiendo su libertad, señalando que “desde el momento mismo en que comiencen a ser iguales, serán superiores” (Liv. XXXIV). Catón ataca la virtud de las mujeres que piden la derogación de la ley, y señala además que éstas no se manifiestan por recuperar un derecho que creen suyo, sino porque son tan vanidosas que no pueden soportar que las mujeres de las clases inferiores vistan igual que ellas.
    A Catón le responde Lucio Valerio defendiendo el derecho de las mujeres de los generales victoriosos a exhibir las riquezas que éstos habían obtenido, ya que era la única forma que poseían las mujeres de mostrar su estatus. Si no podían obtener beneficio político ni bélico de la victoria en la guerra, se merecían al menos compartir el botín y mostrar en público el orgullo que sentían hacia sus parientes masculinos. Ya que habían sufrido también los horrores de la guerra, que compartieran al menos parte de las alegrías de la victoria.

    Finalmente, la ley fue derogada, y las mujeres romanas vieron devueltos sus derechos. No podemos comparar a las romanas que se movilizaron para conseguir la abolición de la lex Oppiacon con las feministas que en siglos pasados pidieron el acceso al voto y otros derechos para las mujeres, pero sí podemos afirmar, en todo caso, que se trata de féminas que transgredieron la norma establecida y exigieron lo que creían que les correspondía.
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