sábado, 8 de junio de 2019

EL TESORO DE TUTANKAMON




Nunca hubiéramos soñado algo así: una habitación (parecía un museo) repleta de objetos, algunos de ellos familiares, pero otros como jamás habíamos visto, amontonados unos sobre otros en una profusión aparentemente interminable.



 El egiptólogo británico Howard Carter resumía de este modo la impresión que tuvo al pasear la mirada por primera vez por las atestadas cámaras de la tumba del faraón Tutankhamón, en noviembre de 1922.


Era la primera vez que alguien contemplaba un ajuar funerario completo del Egipto faraónico, que no había sido víctima de los saqueadores y ladrones de la Antigüedad. Por ello, el hallazgo no sólo ponía al descubierto un «tesoro» artístico único, sino que también constituía una oportunidad incomparable de estudiar y comprender el significado que el enterramiento y la vida en el Más Allá tenían para los antiguos egipcios.


Ya desde la Prehistoria, los egipcios enterraban el cuerpo del difunto junto a objetos que se consideraban necesarios para la supervivencia en la otra vida: cuencos de cerámica (probablemente con restos de comida), algún elemento ornamental y utensilios como cuchillos o paletas. Pronto las tumbas de personajes de alto rango se distinguieron por la calidad de sus ajuares y por poseer una estructura más compleja.



Al mismo tiempo, a medida que se desarrollaba el pensamiento religioso, empezaron a aparecer objetos relacionados con las divinidades y con la protección en la otra vida, como amuletos y estatuillas de dioses. Su finalidad era proteger al difunto de los peligros a los que debía enfrentarse en el Más Allá y permitir, así, que pudiera sobrevivir eternamente. «Que viva tu ka, y puedas pasar millones de años, tú, amante de Tebas, sentado con la cara mirando al viento del Norte y con los ojos mirando la felicidad», se lee en la inscripción de una copa de alabastro hallada en la tumba de Tutankhamón.


Para los antiguos egipcios el cuerpo se componía de diversos elementos, entre ellos el ka, una suerte de doble del difunto que le acompañaba en la vida terrena y que debía ser alimentado en la otra vida. Su desaparición provocaría la aniquilación del difunto, por lo que las ofrendas alimentarias y parte del ajuar funerario estaban destinados a la conservación del ka. Todo ello se reflejaba fielmente en la tumba de Tutankhamón. Así, al entrar en la Antecámara Carter halló dos estatuas que le llamaron desde el primer momento la atención: «Dos figuras negras de tamaño natural de un rey, una frente a la otra como centinelas, con faldellín y sandalias de oro, armados con un mazo y un báculo y llevando sobre la frente la cobra sagrada como protección». Una de estas estatuas representaba, precisamente, el ka de Tutankhamón.

Otras piezas, por su parte, evocaban la condición divina del faraón. Considerado en vida como la encarnación del dios Horus, a su muerte se convertía en Osiris, el dios del mundo de los muertos, un tema que aparece evocado en las pinturas murales de la tumba de Tutankhamón. 
 También se localizaron numerosas representaciones de divinidades en forma de estatuas y como complementos decorativos en algunos muebles, como las camas destinadas a la regeneración de la momia del faraón. Otras piezas del ajuar, particularmente abundantes, consistían en amuletos que el faraón lucía como joyas. Su función consistía en proteger al rey de los peligros que lo acechaban durante el viaje nocturno que realizaba cada noche en la barca de Re, el dios del sol, del que el faraón se consideraba hijo.

Otro elemento que no podía faltar en el ajuar funerario eran los ushebtis, figurillas que representaban a los criados mágicos que seguían sirviendo al faraón tras su fallecimiento para hacer sus tareas cotidianas. Cumplían la misma función que otros utensilios que los faraones consideraban necesarios para poder vivir de manera relajada en los Campos de Iaru, el paraíso para los egipcios, pues, según su concepciones religiosas, el faraón, tras su muerte, debía seguir atendiendo a sus necesidades básicas.

  
Una necesidad importante era la del vestido; de ahí la presencia en la tumba de Tutankhamón de numerosas prendas de lino, como túnicas, camisas, faldas, taparrabos o guantes. «En algunos casos –escribió Carter– la ropa es tan fuerte que parece recién salida del telar; en otros, la humedad la ha reducido a la consistencia del hollín». Para beber, el faraón disponía de ánforas de vino, cada una con la etiqueta que indicaba la cosecha, la clase, el viñedo e incluso el nombre del cosechero. En cuanto a la comida, Tutankhamón disponía de alimentos básicos –pan, ajos, cebollas y legumbres–, e incluso platos preparados y guardados en recipientes que contenían patos o carnes.
Había otro grupo de piezas del ajuar funerario de Tutankhamón que lo relacionaban con su condición de faraón. Precisamente, el hecho de que su tumba fuera, en tiempos de Carter, la única sepultura real que se había hallado intacta permitió a los arqueólogos localizar algunos ejemplos de insignias reales que hasta ese momento sólo se conocían por representaciones escultóricas o pictóricas.




En la tumba de Tutankhamón se hallaron varios cetros heka (cayado) y nejej (flagelo), símbolos de la autoridad real y asociados al dios Osiris.


En la momia del faraón se recuperó una diadema de oro y restos de «un tejido parecido a la batista», que podría ser un vestigio del khat, tocado de la realeza que recoge el cabello como si fuera una bolsa de tela, y que llevaba cosidos un ureo (cobra) y un buitre.



Un objeto importante que señalaba la función como soberano de Tutankhamón era el trono. Carter lo consideraba «otro de los grandes tesoros artísticos de la tumba, tal vez el mayor que hemos sacado hasta ahora: un trono recubierto de oro de arriba abajo y ricamente adornado con vidrio, fayenza y piedras incrustadas». En el Antiguo Egipto, las sillas eran un símbolo de autoridad y prestigio, y el trono era un ejemplo. Realizado en madera con un revestimiento de oro, el respaldo presentaba una escena íntima, en la que aparecía Tutankhamón sentado en un trono con su mujer, Ankhesenamón, ante él. La escena estaba presidida por el disco solar, el dios Atón, que con sus rayos otorgaba la vida a la familia real. Ankhesenamón aparece aplicando perfumes al cuerpo del faraón, en una escena íntima y cotidiana.
Como una de las obligaciones del faraón era la defensa del país, es normal que entre los objetos de su tumba se encuentre un gran número de armas, tanto defensivas (como escudos o corazas) como ofensivas. «Se veía que habían sido colocadas en la tumba con Tutankhamón para asistir a Su Majestad en el combate con los enemigos que intenten retrasar su avance desde este mundo hasta el venidero», observó el Daily Telegraph. 

Cabe destacar las espadas de bronce curvadas o jepesh, así como los puñales. Uno de ellos constituye una rareza, dado que la hoja estaba realizada con hierro, mineral poco conocido en Egipto. En toda la tumba había gran profusión de arcos, tanto simples como compuestos; las medidas nos indican que algunos de ellos fueron usados por el faraón cuando era aún un niño. 


Un hecho que sorprendió a los arqueólogos fue que algunos de los objetos descubiertos no pertenecieron originariamente a Tutankhamón. De hecho, la mayor parte de las joyas halladas en la tumba se habían fabricado en época de sus padres e incluso de sus abuelos, y Tutankhamón se había limitado a cambiar las inscripciones que indicaban el propietario.



Por ejemplo, un pectoral guardado en un caja lleva un cartucho demasiado largo para el nombre de Tutankhamón, por lo que se deduce que el nombre que llevaba inscrito en un primer momento era el de Akhenatón, su padre. También había objetos de otros miembros de la familia de Tutankhamón que éste reutilizó. Howard Carter los denominó «reliquias»: «Entre los objetos puramente rituales pertenecientes al enterramiento hallamos reliquias familiares simples que deben evocar recuerdos muy humanos».



Dentro de esta categoría se inscriben, por ejemplo, los brazaletes de fayenza localizados en el anexo, que llevaban los nombres de Akhenatón y Nefertiti. También se encontraron unas paletas de marfil con el nombre de sus hermanastras, Meketatón y Meritatón. Pero quizás el más sorprendente, por su sencillez y probablemente por el cariño con el que lo guardó el propio faraón, apareció en el interior de un pequeño ataúd encerrado dentro de otros tres ataúdes: un mechón de cabello de la reina Tiy, abuela de Tutankhamón.


Son las sorprendentes conclusiones a las que ha llegado un equipo de especialistas dirigido por el egiptólogo británico Chris Naunton...
La prematura muerte del faraón Tutankhamón pudo haberse producido por un accidente de carro y, por otro lado, hay razones de peso para creer que su cuerpo sufrió una combustión espontánea en el interior del ataúd poco después de su muerte y tras un proceso de embalsamamiento que resultó una chapuza.



Éstas son las sorprendentes conclusiones a las que ha llegado el egiptólogo Chris Naunton, director de la Egypt Exploration Society, y un equipo formado por diferentes científicos y especialistas. La investigación sobre la vida y muerte del joven faraón se anunció a través de un documental (Tutankhamón: el misterio de la momia quemada) que se emitió  en una cadena británica.
La muerte de Tutankhamón ha estado envuelta en el misterio desde el descubrimiento de su tumba por parte del egiptólogo británico Howard Carter, en 1922. Chris Naunton, con la esperanza de arrojar algo de luz, examinó con detalle miles de notas pertenecientes a los archivos de excavación de Howard Carter, quien visitó Egipto por primera vez en 1891, en calidad de artista de la EES. Naunton se ha servido de este valioso material y ha viajado a Egipto para filmar el documental en el Museo Egipcio de El Cairo, en la tumba de Tutankhamón en el Valle de los Reyes y en otros lugares del país de las pirámides. Howard Carter probablemente sigue sin ser debidamente valorado como arqueólogo, sus logros han sido ensombrecidos por el esplendor del tesoro de Tutankhamón. Sus registros de la excavación y del material, realizados bajo presión, fueron increíblemente buenos y sus notas están llenas de observaciones y sugerencias intrigantes, muchas de las cuales no han sido tenidas en cuenta, explica Naunton. 
El cuerpo momificado del faraón presenta importantes lesiones en la parte inferior izquierda, además de costillas rotas y la pelvis destrozada. Los investigadores, tras realizar una autopsia virtual del cadáver, consideran que el faraón pudo haber sido arrollado por un carro de combate, pues las lesiones son similares a las que puede sufrir una persona en un accidente de circulación. Un proceso de embalsamamiento chapucero -como lo han calificado los investigadores- pudo dañar el corazón del difunto, de ahí que no se haya conservado este órgano, un hecho inusual en la momificación del Antiguo Egipto. Los análisis químicos han demostrado que la momia sufrió una combustión espontánea mientras yacía en el interior del ataúd, provocada por una reacción química de los aceites de embalsamamiento.
 
https://www.channel4.com/programmes/tutankhamun-the-mystery-of-the-burnt-mummy
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/tesoro-tutankamon-vida-rey-mas-alla_7627
https://www.ees.ac.uk/

PATIO DE LOS LEONES



Cuando Mohamed V sucedió a su padre Yusuf I (1377), no se limitó a terminar las reformas que éste había comenzado, sino que comenzó a construir lo que sería su gran obra, el magnífico legado que nos dejó en la Alhambra: el Palacio de los Leones. Este palacio constituía las estancias privadas de la familia real, y se construyó en el ángulo que forman los Baños y el Patio de los Arrayanes.
El palacio está compuesto por un patio central rodeado de galerías de columnas a modo de claustro cristiano, que permite el acceso a distintas salas: al oeste la de los Mocárabes, al este la de los Reyes, al norte la de Dos Hermanas, Ajimeces y Mirador de Daraxa y al sur la de los Abencerrajes y el Harén. No hay ventanas que miren al exterior, pero sí hay un jardín interior como corresponde a la idea musulmana del paraíso. Lo que hoy es tierra en el patio, fue jardín. De cada sala fluyen 4 arroyos que van al centro: los 4 ríos del paraíso. Las columnas se unen con paños calados que dejan pasar la luz. Fustes cilíndricos muy delgados, anillos en la parte superior, capiteles cúbicos sobre los que corren inscripciones. Las planchas grises de plomo son amortiguadores para los terremotos. Los dos templetes que avanzan a los dos lados opuestos del patio son como un recuerdo de la tienda de campaña de los beduinos. Son de planta cuadrada, decorados con cúpulas de madera que se apoyan en pechinas de mocárabes. El alero es obra del siglo XIX. Toda la galería está techada con artesonado de lacería.

Se sabe que del Patio de los Leones o Sahan-al Osud actual no había nada más que la Sala de Dos Hermanas el 30 de diciembre de 1362, reinando Mohammed V, y que a partir de esa fecha se construyeron el resto de edificaciones que lo encierran. Este espacio abierto del Palacio de Los Leones se configura como un patio de crucero que suponía una ruptura con sus precedentes en la propia Alhambra, lo que ha llevado a los historiadores y estudiosos a analizarlo minuciosamente. Algunos ven influencia de los patios claustrales de los monasterios de la propia Península Ibérica, o de los palatinos como el normando de la Siza en Palermo, mientras que otros consideran que proviene de una tradición norteafricana cuyo antecedente sería el palacio Zirí de Asir en Argelia.

El Palacio de los Leones no es una casa con jardín sino
un jardín con casa que debería ser contemplado desde
las esquinas y a ras del suelo para responder mejor a la
"forma de mirar" de sus constructores" musulmanes
Sea como fuere, el espíritu de jardín puede apreciarse con intensidad en el planteamiento del Patio de los Leones y sus salas inmediatas, lugares destinados a la vida íntima de los soberanos de la Alhambra. El cielo y la luminosidad, con el mismo criterio del patio privado de la vivienda nazarí, constituye aquí un elemento de singular importancia, con la luz atravesando los calados de las yeserías de los paramentos decorados de sebka. Las columnas soportan unas pilastras sobre las que se apoya una estructura adintelada. Los espacios entre pilastra y pilastra están ocupados por superficies de sebka caladas o "de cortina" que no tienen otra función que la de decorar, que nos recuerdan a la vegetación de  la copa de los árboles, en este caso en yeso y mármol.
Investigaciones actuales apuntan que el patio, de forma rectangular de 28.5 por 17.5 metros y orientado este-oeste, debió de estar pavimentado con losas de mármol y tal vez arriates para árboles de pequeño porte, disponiendo de un jardín al norte del palacio, en la terraza inferior, ante la qubba mayor, donde hoy se encuentra el patio de la Lindaraja.
La última restauración del Patio de los Leones ha puesto
de manifiesto la posibilidad de que estuviera cubierto de
losas de mármol, y no ajardinado como se venía pensando
hasta el momento; aunque sí contaría con arriates como este


Este patio de crucero, simboliza el Paraíso, con una descripción común en la religión cristiana y musulmana, cuya ramificación de los cuatro ríos vendría representada por los cuatro andenes o brazos que parten de los ejes cardinales y que portan unos canalillos con agua que, procedentes de varias fuentes circulares rehundidas en el pavimento, llamadas pilas esquemáticas, confluyen en la fuente central: la Fuente de los Leones.

Una de las cuatro pequeñas fuentes rehundidas en el pavimento,
llamadas pilas esquemáticas y que a través de canalillos llevan
su agua hasta la fuente central de los Leones


Rodeando todo el perímetro del patio, una galería porticada formada por arcos sostenidos por 124 columnas de mármol de Macael -cuyos capiteles cúbicos, policromados en su día, tienen una gran variedad en la riqueza decorativa que no es apreciable a simple vista- que siguen el sistema proporcional trazado a partir de la diagonal de un cuadrado. Observando detenidamente las columnas, pueden verse pequeños trozos de plomo en las juntas, confiriéndoles mayor flexibilidad, para soportar los tan frecuentes terremotos de la zona. 

El alero de madera tallada y ensamblada, con canecillos bellamente
esculpidos, estuvo policromado en época nazarí, protege en
saledizo la decoración de los arcos y columnas, así como la banda
epigráfica con la divisa real nazarí: "Sólo Allah es vencedor"
Con todo, la simetría del patio no está completa; las dos esquinas del lado este se resuelven con tres columnas, mientras que la oeste emplea cuatro. La galería este presenta a cada lado del templete dos grupos de dos columnas y una aislada, mientras que en la oeste la serie es de 1-1-2.



Las columnas que sostienen el pórtico del Patio de los Leones
aparecen tanto aisladas como en grupos de dos, de tres y de cuatro;
su disposición y número ha motivado diversos estudios sobre su
posible simbología e intenciones a través de condicionantes
matemáticos muy complejos
Los lados norte y sur sí son simétricos, compuestos por un arco central de medio punto con archivolta de mocárabes que señalan la entrada a las salas de Abencerrajes al sur y Dos hermanas al Norte. Además ambos pórticos cuentan, de derecha a izquierda, con otros cinco arcos más pequeños y con la misma cimbra y, en los extremos, tres claros de ojiva y colgantes estalactíticos y enjutas adornadas de rosetones y ataurique.
Lado sur del Patio de los Leones, donde destaca el arco central
de medio punto con archivolta de mocárabes que señala la
entrada a la sala de Abencerrajes
En los lados más estrechos del patio sobresalen sendos pabellones  sostenidos por doce arcos de estalactitas apoyados en veinte columnas. Estos templetes carecen de antecedentes claros en la tradición arquitectónica islámica, sustituyendo en todo caso a las características albercas enfrentadas que hubo en otros palacios hispanomusulmanes anteriores, reducidas aquí a sutidores o fuentes esquemáticas que refrescan el ambiente, por las que fluye el agua desde los cuatro lados hasta la Fuente de los Leones. Estos quioscos de planta cuadrada estan cubiertos con techos cupulares semiesféricos de madera con labor de lazo que aún conservan restos de policromía y que se apoyan en un friso y pechina de  mocárabes.


En los lados menores del patio (este y oeste) se levantan dos
 templetes -uno de ellos en esta imagen- a modo de quiosco
oriental, cobijando una fuentecilla en cada uno de ellos,
perteneciendo también a la imagen del jardín paradisíaco,
ya que el Corán habla del Paraíso como altos baldaquinos
(rafraf) o tiendas, toldos que flotan sobre delicadas columnas



Estos canalillos en el suelo representan los cuatro ríos del Paraíso

La Fuente de los Leones es el mejor exponente de uno de los aportes más significativos de los nazaríes al desarrollo: la ingeniería del agua llevada al refinamiento. Conocían los sistemas de regadío dependientes de inundaciones periódicas y los anticuados acueductos romanos que ignoraban la ley de los vasos comunicantes, pero la red de canalización granadina basada en el discurrir natural del agua supuso una verdadera revolución agrícola y social que maravillaba a cuantos viajeros visitaban el reino nazarí de Granada.

Simplificación del sistema hidráulico de la Fuente de los Leones

Los palacios, como toda la Alhambra, recibían el agua de la Acequia Real, que en la parte más alta de la medina palatina se remansaba en una alberca cuya altura le proporcionaba a presión necesaria. Incluso se ha especulado con el hecho de que los palacios reales no se encuentren en el punto más elevado de la colina de la Alhambra por disponer de presión suficiente para hacer funcionar fuentes y canalillos, elementos cruciales en la arquitectura nazarí.
Heredera de la tradición islámica en Oriente de utilizar como surtidores figuras o cabezas de animales, que fue difundida en Al-Ándalus a partir del siglo X. Según algunos investigadores, el origen de esta tradición se encuentra en el "Mar de Bronce" del templo de Jerusalén descrito en la Biblia, sustituyéndose aquí los doce toros por leones.


Según la tradición, los doce leones de mármol, podrían provenir
de un antiguo palacio zirí que construyó en el siglo XI el visir
judío Ibn Nagrela en la zona de la actual Alcazaba de la Alhambra

Aunque similares, las figuras son diferentes entre sí, mostrando un minucioso detalle de ejecución. El bloque de mármol debió de ser escogido por el tallista, que usó las vetas naturales de la piedra para acrecentar el modelado de cada figura y sus formas redondeadas, marcando los pelajes de la melena, también diferentes en cada uno de los leones, y las fauces entreabiertas con sus pliegues, detalles tan delicados como el vello de las extremidades y la singularidad de cada dedo, en consonancia con la decoración naturalista del palacio.
Dispuestas a espaldas de la fuente, con una actitud simbólica intencionada, todos ellos se encuentran en postura de alerta, colas replegadas, orejas levantadas, dientes apretados, actitud tensa, expectantes a la orden de su señor, el rey de Granada. Por otro lado, la asociación con el agua, fuente de vida y purificadora, con la imagen del león, guardián del poder, integrado simbólicamente en las tradiciones de las grandes religiones monoteístas.
La pila de la fuente o taza de la fuente (llamada en árabe manhuta min lú'lú o escultura de perlas) esta tallada in situ en un bloque de mármol blanco con forma dodecagonal, que sería escogido por los maestros artesanos, como ocurriera con los doce leones que la soportan sobre sus espaldas. Probablemente fue tallada por medio de un ingenioso sistema hidráulico le permitía mantener un nivel constante de agua, como se describe y exalta mediante sugerentes metáforas en los doce versos de una qasida o poema árabe, compuesto por el visir y poeta Ibn Zamrak -la qasida madre original fue descubierta por Dernburg en el códice 1377 de la Biblioteca Real de París- alabando al rey que la mandó construir, tallado en bella caligrafía árabe, el borde exterior de la taza. Toda la fuente recibió, además una sutil policromía que resaltaba los elementos decorativos, desgraciadamente perdida tras siglos de agresivas limpiezas mecánicas.

El agua llegaba con la presión natural bastante alta debido al
desnivel, pero al subir por las anchas tuberías perdía fuerza para
acceder a la taza mansamente. Este sumidero que toma el agua
para las bocas de los leones, y a poca distancia por debajo de las
entradas de agua, calculados de forma que el nivel del agua fuera
constante y el equilibrio de presiones y fluido uniforme. Hoy en día
el ingenio hidráulico original esta desmontado y puede admirarse
en el Museo Arqueológico del Palacio de Carlos V de La Alhambra


Cada verso ocupa uno de los doce lados de la taza de la fuente, esculpidos en caligrafía cursiva en el interior de una cartela rectangular con los lados menores lobulados. En las esquinas, estas cartelas se entrelazan con un círculo polilobulado que rodea el escudo real nazarí. El poema comienza en el lado norte de  la fuente, frente a la Sala de Dos Hermanas y al Mirador de Lindaraja, continuando por la izquierda siguiendo el sentido de las agujas del reloj.


¡Bendito sea Aquel que dio al imán Mohammed  
ideas que embellecen sus mansiones! 
¿No hay en este jardín maravillas 
que Dios no quiso que semejantes hallara la hermosura? 
Tallada de perlas, de diáfana luz 
engalanada toda ella está por el aljófar derramado. 
Líquida plata entre joyas fluyente, 
con la belleza de éstas, blanca y transparente. 
Tan semejante lo que fluye es a lo inerte 
que no sabemos cuál de ambos discurre. 
¿No ves que el agua por su taza corre 
pero ésta le cierra su cause,  
igual que un amante cuyas lágrimas van a desbordarse 
y que por temor al delator las retiene? 
Y es que en verdad no es sino una nube 
de la que manan canales hacia los leones, 
lo mismo que la mano del califa 
dones hacia los leones de la guerra mana.  
¡Oh tú que los Ansar por línea directa heredaste 
un sublime legado que a las firmes montañas menosprecia! 
La paz de Dios sea contigo, vive por siempre, 
repítanse tus celebraciones y tus enemigos abátanse.


Ibn Zamrak para Mohammed V

Sin duda, el patio de los Leones es un ejemplo de integración de la arquitectura con el agua, donde la Fuente de los Leones reparte desde el centro del patio el agua por todo el palacio, significando un claro elemento visual de unión con sus costados.

https://www.alhambra.info/palacio-leones.html#:~:text=Cuando%20Mohamed%20V%20sucedi%C3%B3%20a,el%20Palacio%20de%20los%20Leones.
http://legadonazari.blogspot.com/2020/07/fuente-de-los-leones-palacio-de-los.html
https://rinconesdegranada.com/patio-de-los-leones

miércoles, 5 de junio de 2019

DE PROPIETATIBUS RERUM Y SUS VERSIONES CASTELLANAS


Bartholomeus Anglicus (Bartolomé de Inglaterra)  fue un erudito escolástico de principios del siglo XIII, miembro de la orden franciscana. Fue el autor del compendio De proprietatibus rerum ("Sobre las propiedades de las cosas"), fechado en el 1240, un temprano precursor de la enciclopedia y uno de los libros más populares de la Edad Media. Bartolomé también mantuvo posiciones jerárquicas dentro de la Iglesia y fue designado obispo de Luków aunque no estuvo consagrado a esa posición.
El trabajo De proprietatibus rerum fue escrito en la escuela de Magdeburg, en Sajonia, y dedicado al uso de los estudiantes y del público en general. Bartolomé anotó cuidadosamente las fuentes del material incluido, aunque, hoy en día, es algunas veces imposible identificar o localizar algunas de ellas. Sus anotaciones dan una buena idea de la amplitud de la variedad de trabajos disponibles para un escolar medieval.
El trabajo original en latín fue traducido al francés en 1372 y algunos manuscritos en sus versiones en latín y francés sobreviven. El trabajo fue posteriormente impreso en numerosas ediciones.
El trabajo fue organizado en 19 libros. Los temas de los libros son, en orden, Dios, ángeles (incluidos demonios), la mente humana o el alma, la psicología, las edades (vida doméstica y familiar), la medicina, el universo y los cuerpos celestes, el tiempo, formas y materias (elementos), aire y sus formas, agua y sus formas, tierra y sus formas incluyendo geografía, gemas, minerales y metales, animales, colores, olor, gusto y líquidos.


De Proprietatibus Rerum,fue una de las enciclopedias medievales más difundidas por la Europa Medieval, de modo que no sorprende que se hicieran dos traducciones independientes al castellano en la Baja Edad Media. La duplicación o multiplicación de traducciones, incluso coetáneas, de una misma obra fue un hecho bastante frecuente en el proceso de vernacularización medieval; las causas fueron diversas, desde el desconocimiento de la existencia de otra u otras versiones hasta la valoración crítica y el desacuerdo con el estilo de las existentes. Cualquiera de las dos razones parece aceptable en el caso que nos ocupa; la primera de las dos traducciones desde el punto de vista cronológico, anónima, se ha conservado en un solo manuscrito medieval, lo que podría indicar que no gozó de gran difusión; si pensamos que la traducción castellana de otra enciclopedia medieval, la del Livre dou Tresor de Brunetto Latini, nos ha llegado en doce manuscritos medievales completos, la deducción no parece muy aventurada, aun admitiendo que el azar ha desempeñado un papel importante en los procesos de transmisión; por otro lado, la calidad de la traducción, al menos la de la versión que nos ha llegado en este único manuscrito, no es especialmente buena y plantea problemas de lectura en más de una ocasión, lo que tampoco es extraño en la época; como señala Lluís Cifuentes, En definitiva, "los traductores, la mayoría de las veces anónimos, sabían que, a pesar de todos los defectos, venderían sus productos, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de sus clientes tampoco es que fueran muy doctos en las materias traducidas".

La más conocida de las dos traducciones es la de fray Vicente de Burgos, que nos ha llegado en edición de Enrique Mayer, Tolosa, 1494, de la que se conservan varios ejemplares. La Biblioteca Nacional de Madrid guarda doce incunables de esta versión completa, que consta de 320 hojas, y uno, de distinta edición (Zaragoza, Pablo Hurus,año 1495), que consta de 38 hojas y contiene el Tratado de las piedras y metales, prueba de que algunos de los libros que componen la totalidad de la obra circularon como tratados independientes. Hay ejemplares de la edición del texto completo en otras bibliotecas, españolas y americanas. El traductor partió de la versión francesa de Jean Corbechon, siguió su estructura y ordenamiento, pero utilizó también un texto latino para añadir aclaraciones y comentarios etimológicos que no estaban presentes en el francés. El tratado contiene al principio una tabla o índice, el prólogo del autor y diecinueve libros, los mismos que los textos latino y francés. La tabla, a tres columnas, empieza en el folio 1 y termina en el 6 recto; al final de este folio comienza, en una sola columna, el prólogo, que ocupa también el seis vuelto; a partir del siete y hasta el trescientos veinte se desarrollan los diecinueve libros, a dos columnas. La obra concluye con una breve recapitulación, el índice de autoridades y las referencias al traductor y a la edición:

Fenece el libro De las Propiedades de las Cosas, trasladado de latín en romance por el reverendo padre fray Vincente de Burgos; emprimido en la noble cibdad de Tolosa por Henrique Meyer de Alemaña, a honor de Dios y de Nuestra Señora y al provecho de muchos rudos e inorantes. Acabóse en el año del Señor de mil y cuatrocientos e noventa cuatro, a diez y ocho del mes de setiembre (fol. 320v).


Una traducción anterior y diferente se conserva en el manuscrito 30037 de la British Library, anónima e incompleta. Si constó el nombre del traductor, se perdió, pues el manuscrito termina en el folio 283v, muy cerca del final; pero no es esta la única falta de texto, pues, además de amplias reducciones y posibles saltos deliberados por parte del traductor o incluso de algún copista (desconocemos el proceso de transmisión del texto), faltan folios en varias ocasiones a lo largo de la obra.


Al hablar de amplias reducciones, me refiero a ejemplos como los siguientes: el libro I empieza con las propiedades de la divina esencia, que corresponden al capítulo XVI del texto latino; un poco más adelante, del capítulo IV salta al V del libro tercero. En el libro VI se omiten varios capítulos con relación a las versiones latina y de fray Vicente de Burgos, entre ellos los Del varón, Del padre, Del buen y mal señor, Del buen servidor y Del mal siervo. En el libro VII, De las enfermedades, tras un capítulo VII, De la olvidanza, salta varios; y tras el capítulo XV, que trata de las enfermedades de los ojos, pasa directamente a la ceguera, omitiendo los De la nube del ojo, La sangre, Las lágrimas y otro general sobre La privación de la vista, a los que dedica unas pocas líneas en el mismo capítulo XV, sin desarrollarlos después. En el libro VIII, reduce los capítulos Del cielo cristalino y Del empíreo a una sola línea al final del capítulo tercero y salta el Del éter; omite después el capítulo general De los círculos del cielo, abre capítulo para Aries y Taurus y en este incluye los signos del Zodiaco restantes. En el libro X, reduce el primer capítulo sobre la materia y salta el segundo, sobre la forma; tras el fuego, salta varios capítulos relacionados con él, como los Del humo, La brasa, La centella, Las sobras de la llama y La ceniza, y pasa directamente al viento, que debería ir tras un capítulo dedicado al aire; también falta el capítulo De la gota de lluvia, que debería ir entre los De la lluvia y De la helada. En el libro XIII, mientras la edición latina y la traducción de fray Vicente de Burgos, al tratar de los ríos de la Sagrada Escritura, dedican un capítulo a cada uno de ellos, aquí se enumeran y describen todos juntos a lo largo del capítulo IV, que lleva por título De diversos nombres de ríos; lo mismo sucede en el capítulo siguiente, De los lagos, en el que se incluye el del lago Tiberiades. En el libro XV faltan los capítulos De Bactria y De Bizacena; en el capítulo XXIX, dedicado a Boemia, se añade al final, sin indicación de título, el De Brabancia, y de aquí el texto pasa directamente a Caldea, omitiendo los De Borgoña y Capadocia; tras el De Cedar, pasa a Cananea, omitiendo los De Cancia y De Cantabria; en el folio 124, en la primera columna, en el capítulo De Media enlaza directamente, sin ninguna marca ni señal, con el capítulo, ya empezado, De Noruega, lo que puede atribuirse a la falta de un folio del testimonio que se copiaba o traducía; omite finalmente el capítulo de los sármatas y el dedicado a la isla De Ténedos. A partir de aquí las omisiones de capítulos disminuyen, no así las reducciones. En el libro XVI, no coloca en el lugar que le corresponde el capítulo III, dedicado al alabastro, pero un poco más adelante une los dedicados a la plata y al argento vivo recuperando en el octavo el Del alabastro, y omite el capítulo De Gleba. En el XVII falta el de la Genesta o Hiniesta. En el libro siguiente, De los animales, tras el capítulo del cordero, omite los De agno anniculo y De agna; tras el Del buey, salta el dedicado al vaquero; no tiene capítulo aparte para el potro, pero añade unas líneas al De la yegua. El último libro, el XIX, omite el capítulo XXI, De colore indico, y, como al llegar al final de los colores, va dos capítulos por detrás de la versión latina, acomoda el último dividiéndolo en tres.


En ocasiones está claro que el traductor evita fragmentos que podían resultarle difíciles desde el punto de vista técnico y lingüístico, como la explicación del embolismo, en el capítulo cuarto del libro VIII, que ni nombra.


Además están las faltas de folios, varias a lo largo del manuscrito; por ejemplo, faltan folios entre el 48 y el 49 del capítulo VII del libro VII, De las Enfermedades, al final del XII; de hecho en el folio siguiente se conserva una numeración, que se mantiene a lo largo de los siguientes cien folios, en la que aparece un 85 que se ha tachado y lleva escrito debajo 49, que es el número que corresponde como continuación; en los siguientes cien folios, se ha tachado también y se ha numerado debajo; vuelven a faltar entre el 58 y el 59, pasando del final del capítulo XLIII al LIV, ya comenzado. Tras el folio 66, en el que trata Del Sol, capítulo XV, faltan folios, los que incluirían los capítulos De la Luna y sus propiedades, De la Cabeza y la Cola del Dragón, De las cometas y parte del De las Estrellas fijas, pues el folio 67 se inicia a mitad de dicho capítulo, que es el XX de la obra. En el libro XII, que trata de las aves, entre el folio 84 y el 85 falta uno que contendría casi todo el capítulo segundo, Del águila, y el tercero, Del halcón, pues el 84 termina con el comienzo del capítulo segundo y el 85 empieza al final del tercero; hay un nuevo salto entre los folios 94 y 95, el 94 termina casi al final del capítulo Del avestruz y el 95 comienza en el capítulo primero, ya comenzado, del libro siguiente; faltan pues, en el libro de las aves, los capítulos completos De la tórtola, Del buitre, Del mochuelo, De la abubilla y Del murciélago. El libro XIII se inicia con el capítulo primero ya empezado, en el folio 95r; hay otro salto entre los folios 104 y 105, pues el 104 termina a la mitad del capítulo De los peces y el 105 se inicia ya en el capítulo segundo del libro siguiente, el XIV. En el libro XV faltan algunos folios entre los actuales 114 y 115, de modo que pasamos de la mitad del capítulo XII a la mitad del XXIV; el folio 124 termina con la rúbrica del capítulo De Narbona, pero el 125 empieza con el De Paraíso Terrenal ya muy avanzado. Al final vuelven a faltar folios, quizá uno solo, pues el último, 283, acaba en el capítulo CXLVI incompleto, que trata Del número o proporción sesquialtera, cuando falta únicamente el que sirve de conclusión en la versión latina, llamado Recapitulación en la de fray Vicente de Burgos; en la parte superior de este folio hay una anotación posterior que dice: " tiene 339 fojas ". El manuscrito está escrito a dos columnas y no tiene índice ni prólogo.


Las dos versiones castellanas ofrecen rasgos lingüísticos diferentes. La contenida en el manuscrito 30037 de la British Library está hecha desde el latín, es muy literal y contiene abundantes errores de lectura o de copia; en cambio, la de fray Vicente de Burgos tiene como base un texto francés acompañado de otro latino, lo que parece indicar que el traductor puso un especial cuidado en conseguir una buena traducción castellana, respetuosa además con la obra latina.

Pero aparte de las diferencias que implica la propia traducción, los dos textos castellanos ofrecen variantes diatópicas significativas. La de fray Vicente de Burgos guarda relación con el oriente peninsular; la presencia de voces del tipo jenebro y genero, que alternan con enebro y enero, plagas, clamando, flamas,los adjetivos invariables dotados de terminaciones masculina y femenina, del tipo vid agresta, la boz febla, las ánsaras, los lobos covardos, el licor dulço, los plurales femeninos y masculinos en –es, ovejes, ministres, la presencia del sufijo –enco, -a, en ombrenca, vermejenca, o –aje en ermitaje, aun tratándose de soluciones minoritarias a lo largo del texto, muestran que la variedad empleada pertenece sin duda al oriente, posiblemente a la zona aragonesa.

De manera paralela el léxico muestra mezcla de elementos aragoneses, catalanes, quizá occitanos en algún caso, más los galicismos atribuibles al proceso de traducción. Entre ellos aved, ‘abeto’, palabra tardía en Castilla pero documentada en fechas tempranas en aragonés y catalán; caja y cajuela, de nuevo extraños y escasos en castellano medieval pero bien documentados en aragonés y catalán; lo mismo pica, ‘pequeña mancha en la piel del hombre y de los animales’, mustela,‘comadreja’, o garceta, ‘cabello, pelo’, atestiguado en catalán medieval, aunque de etimología aragonesa; beçón, ‘mellizo’ enlaza con el catalán bessó; capel, ‘corona de ramas o flores’, coincide con el catalán y occitano, al igual que el femenino higa seca, o drapero, frente a trapero del castellano y portugués; taca, ‘mancha’,es variante bien documentada en occitano, catalán y aragonés; esquina en el sentido de ‘espinazo’ se halla en catalán, occitano, francés e italiano; en la misma línea tenemos amortar, ‘amortiguar, apagar’, angoxa por ‘angustia’, bebraje, ‘brebaje, bebida’, devallar, ‘bajar o hacer bajar’, guastar, guasto, desguastar, deguastar o deguasto, niñeta del ojo ‘pupila o niña del ojo’; riostra, occitanismo representado tardía y escasamente en castellano, es aquí sinónimo de cabrio. Abundan palabras tomadas del catalán, no desconocidas en castellano pero no especialmente usuales o populares, como congoxa, congoxoso, feble, ‘débil’, y los derivados feblez, febleza, febleça, afeblecer, enfeblecer.


Muestra de galicismos que deben atribuirse a la traducción son canilla,‘oruga’, escaraviz, ‘cangrejo’, coldra,‘avellano’, chasno, ‘roble’, evena, ‘ébano’, fue, ‘haya, árbol’, fuena, ‘fruto del haya’, sapín, ‘abeto’, plastro, plaustro, ‘yeso’ o el adjetivo fado ‘insípido’; vípera, ‘víbora’, puede atribuirse a latinismo, pero también es un posible galicismo. Más sorprendente es que emplee la variante livielso por divieso, cuando las formas con l- suelen asociarse preferentemente al occidente peninsular 

La lengua de la traducción anónima tal y como nos ha llegado nos lleva, en cambio, a la zona situada al occidente del castellano. En realidad, no se sabe a quién atribuir estas características lingüísticas, si al traductor o a un copista. Habitualmente la intervención de los copistas en este tipo de textos es más pasiva, pero es posible encontrar excepciones; lo cierto es que conservamos en un manuscrito del siglo XV una versión que desde el punto de vista lingüístico es anterior; así parece demostrarlo la presencia de otrie, mais, cedo, fascas, el adverbio ý, o la apócope en la enclisis del pronombre personal átono. Por lo demás nos inclinan hacia el occidente del castellano rasgos como la palatalización de N- en ñudo, ñudosa; el mantenimiento de -MB- latino en lombo y lamber, palabras que podríamos atribuir al latinismo del texto, pero que se repiten continuamente como ejemplos del fenómeno en el occidente peninsular; la presencia de selmana junto a semana; las alternancias l/r en grupos consonánticos homosilábicos, con ejemplos como abrandar, grandes, por glande, ‘bellota’, grutinosa, ombrigo, repreción, apránanlos, fremáticas, añubrado, sobrancos, que traduce el latín subalbida y, en sentido contrario, Cantáblico, flaquente, ‘frecuente’; el mantenimiento de -e en céspede, tosse y pece; la epéntesis de -i- en la terminación, nudio; el cierre de vocales finales, estrípitu, aspectu, sexu; el frecuente cierre de las átonas, iscoria, cautirizado, urín, uriniento, rucío o furambre; la pérdida de la –r del infinitivo ante pronombre átono, tornase ía. La mayor parte de estos fenómenos están incluidos entre los rasgos que Menéndez Pidal consideró, hace ya un siglo, generales al dialecto leonés, algunos de los cuales no han estado tan circunscritos a dicho dominio sino que se han extendido históricamente hacia el oriente, hasta La Rioja y Burgos, por ejemplo. Hay díes por días, y rege por reja, ‘arado’; la variante seía ‘sede o silla’ ‘lugar en que se asienta algo’, con pérdida del resultado de –lj- latino, casa bien con soluciones esperables en el dominio leonés.La diptongación coincide en bastantes ocasiones con el castellano antiguo, culuebra, culuebros, mienta, lienta, pero también hallamos casos raros en castellano, como fiégado, fiezes o sollueço. Voces como ginollos, ‘rodillas’ y mallar, ‘majar’ son claros dialectalismos en la Baja Edad Media, comunes a los dos dialectos históricos o primarios, asturiano leonés y aragonés.Estas características, en conjunto, nos llevan al occidente del castellano, sin que podamos precisar más; podemos decir que no se trata de un registro marcadamente o extremadamente occidental, pero sí occidental.