martes, 8 de marzo de 2016

HERMAN HESSE...EL LOBO ESTEPARIO Y PETER CAMENZIND


Dentro de la obra de Hesse son seguramente “Peter Camenzind” y “El lobo estepario” los títulos que han adquirido mayor fama y prestigio; sin embargo, este autor también ha hecho importantes aportes en otras obras narrativas y también poéticas.
Hermann Hesse nació el 2 de julio de 1877 en Calw. Fue un reconocido escritor de origen alemán pero nacionalizado en Suiza, quien además de la narrativa cultivó el género lírico y la pintura. Su amplia trayectoria lo convirtió en un nombre indiscutible de su época en cuestiones humanitarias, aunque a decir verdad tiene muchos detractores que aseguran que su faceta humanista no era más que una máscara. Pese a todo, en 1946 fue condecorado con el Premio Nobel de Literatura.
La incomprensión en Hesse
En Hesse temas como la libertad, la resistencia a la autoridad y la búsqueda del propio destino son recurrentes y son ellos los que sin lugar a dudas ponen su obra por encima de la de muchos otros autores.
Al leer las diferentes biografías de Hesse podemos descubrir a un hombre que no se sentía comprendido por su entorno, ni siquiera por sus progenitores. Posiblemente nadie sea profeta en su tierra y cualquier autor o persona que quiera expresar ideas contrarias a las que se le han inculcado, debe abandonar el nido y crear una vida lejos del seno familiar.
Por todo esto, luego de dejar el seminario donde sus padres lo internaran a la fuerza (ambos eran creyentes fervorosos y deseaban que el joven siguiera sus pasos), Heese se escapó y comenzó a vivir a su manera, sin darle mayor importancia a los mandatos paternales. Principalmente, lo que lo ayudó a desprenderse fue que la estricta educación que recibía no le permitía dedicarse a aquello que era para lo que creía había nacido, la poesía. En su autobiografía expresó “seré poeta o nada“, ¡y vaya si lo fue!.
De todas formas, salir de aquella relación conflictiva no fue sencillo, previamente debió atravesar violentas crisis de depresión y la aparición de ideas suicidas. Expresó que desearía partir como el sol en el ocaso y en cierta ocasión intentó quitarse la vida; a causa de ello fue ingresado en el hospital para enfermos mentales de Stetten im Remstal, y después enviado a un internado de niños.
Fueron años muy duros para el autor, sin embargo supo ser fuerte, para ofrecernos años más tarde obras de una impecable calidad literaria y poética.
La poesía de Hesse
Su primer libro de poemas lo publicó en 1898 bajo el título “Canciones románticas“, y luego de ese su segunda obra poética, al año siguiente, que se llamaba “Una hora después de la medianoche“. Ninguna de las dos consiguió triunfar en el mercado. Posteriormente publicaría su primera novela, con la que adquiriría una gran fama y que lo ayudaría a posicionar mejor sus poesías, y ser leído por muchos lectores.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Hesse publicó una serie de poemas y textos antibélicos donde instaba a los intelectuales alemanes a no caer en las disputas nacionalistas. Estas publicaciones le valieron el adjetivo de vendepatria y recibió diversas amenazas anónimas y cartas de amigos que aseguraron no le respaldarían. El propio poeta expresó:

"En la prensa de mi Patria fui declarado traidor"

Aquí reside uno de los momentos más cruciales en la vida de Hesse; sintiéndose incomprendido por sus propios compatriotas, cuando intentaba manifestar sentimientos de paz y unidad, debió exiliarse y continuar trabajando por sus ideas desde afuera.
Volviendo al tema de que nadie es profeta en su tierra, cabe aclarar que como Hesse, muchos autores debieron optar por el exilio, porque los sistemas manejan nuestras emociones y deciden qué cosa es correcta y cual no, qué es ser vendepatria y qué no, y coartan todo tipo de libertad, comenzando por el derecho básico de todo ser humano, la libertad de expresión. Por eso, aquellos que tienen algo importante que decir deben irse, para continuar luchando desde otra perspectiva, para decir lo que necesitan desde un lugar donde sean escuchados.
En Hesse la soledad también parece ser protagonista. Siendo un elemento que aparece una y otra vez para adquirir nuevas formas pero siempre apuntando a lo mismo, que todos estamos solos de alguna manera.


¡Qué extraño es vagar en la niebla!

En soledad piedras y sotos.
No ve el árbol los otros árboles.
Cada uno está solo.



Lleno estaba el mundo de amigos
cuando aún mi cielo era hermoso.
Al caer ahora la niebla
los ha borrado a todos.



¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.

Las ideas de Hesse lo llevaron siempre a aislarse de las personas. Primero de sus padres, con quienes no compartía la necesidad de obligarle a una educación tan estricta que le privara de sus dos bienes más preciados, la libertad y la poesía. Después su ambición y su pasión por las letras y la justicia lo llevó al rechazo de sus compatriotas y más tarde, su misma ideología y sus conflictos personales, hicieron que se aislara para vivir sólo para escribir.
Supongo que una de las mayores condenas al apasionarse por la escritura es que al ser una vocación tan solitaria, muy pocos son capaces de comprender realmente a quienes nos dedicamos a ella, esa necesidad de reclutarnos durante días y horas para expresar una idea. Días, semanas, meses y años en una intimidad que a otros asusta y hasta la ven como patológica, cuando en realidad para nosotros es lo único que puede resultarnos saludable. Esa intimidad es para el autor tan necesaria como lo fue para Hesse la libertad y la escritura.


El lobo estepario
El lobo estepario es el primer estudio biográfico sobre Hermann Hesse, es su novela más desenfrenada e impactante, y en ella recoge la experiencia de toda su vida. Esta obra maestra es el dibujo perfecto de la elevadísima suma de su existencia. Es la obra cumbre de Hermann Hesse.

Pertenece a la literatura del siglo XX, caracterizada por la presencia de individuos pensantes y esclavos del mundo que presentan una conciencia y un mundo interior opuesto al destino.El lobo estepario nos muestra una época crucial en la mentalidad y en la conducta humana.

El autor nos sumerge en un viaje de angustias y miedos propios de la sociedad contemporánea. Su neomodernismo nos muestra una humanidad mil veces más sabia que la actual. El protagonista de la novela, Harry Haller, es un lobo estepario lleno de angustias y miserias que se mantiene distanciado de toda burguesía y totalitarismo. El lobo de las estepas es la corporización del hombre aporreado por su propio yo, un yo desconocido para él mismo. Este héroe angustiado tiene dos caras y va intercalándolas a la largo de la obra: unas veces es el lobo de las estepas y otras el sonriente Harry. 
La confesión dirige el avance de la obra. Esta confidencia va dirigida a aquellas personas que ven la vida como un camino de experiencias y descubrimientos, no de repeticiones. Es un reclamo para que el hombre empiece a conocerse a través de esa dualidad descubierta por el protagonista y llegar así al fin ideal de todo ser humano: alcanzar una perfecta armonía entre ambas esencias: la corporal y la espiritual.
En la actualidad es una de las obras más leídas por los adolescentes, quienes descubren con su lectura un nuevo modo de enfrentarse a la sociedad, a los sentimientos y a la muerte.


Argumento 

Harry Haller tiene alrededor de cincuenta años y vive en Basilea completamente solo. Allí alquila una pequeña habitación y emplea todo su tiempo a la lectura, la buena música, el vino y el tabaco. Este personaje huraño, solitario y desconfiado se comporta como un perfecto licántropo compuesto por dos naturalezas: una humana y otra lobuna. 

Mientras Harry vivía sumido en este universo de lecturas y aislamiento, un día se encuentra a su profesor de juventud, quien le invita a cenar con su esposa. Haller acepta la propuesta de forma dudosa, ya que temía la posibilidad de fraternizar con otro ser humano. Tras esto ratifica su intento de individualidad y aislamiento y, desorientado, llega a un bar y conoce a una muchacha que muestra interés por él. Esta chica, llamada Armanda, mediante su astucia, lo saca del mundo en el que estaba sumergido y lo convence para que se adentre en ese ambiente alegre y placentero del que Harry siempre huía y empieza a sentir cariño por ella.

La obra concluye con varias escenas de un simbolismo espectacular. Harry se sumerge en el universo de un gran teatro mágico donde al ver a Pablo, un saxofonista, y a su amiga Armanda enredados en el suelo por amor, Haller se siente descolocado y éste introduce su cuchillo en el pecho de Armanda como símbolo de rechazo. Al observar tan cruel proeza, Pablo se incorpora y Harry será arrestado y juzgado por la justicia. Tras ser juzgado Harry despierta de este sueño, de esta terrible alucinación que él mismo se había causado.
Harry aniquila lo que más ha querido, la vida misma. Este final de la obra deja claro el desdoblamiento de personalidad que Harry va arrastrando a lo largo de la novela: a veces lobo, a veces Harry. El protagonista ha transformado la comedia de la existencia en un trágico e increíble drama.


Estructura 

La novela no cuenta con capítulos que enmarquen su desarrollo narrativo pero sí podemos dividirla en tres secciones independientes:


Primera parte: Se inicia el libro con una introducción a manera de prólogo. Aquí Hesse nos informa acerca de aquello que vendrá posteriormente. Se trata de un narrador en tercera persona, conocedor de la mente humana y que nos da una primera información sobre del protagonista, recurriendo siempre al pretérito imperfecto.



Segunda parte: En una segunda parte, titulada Anotaciones de Harry Haller. Sólo para locos, la narración asume un giro totalmente diferente. Ahora será el protagonista el que narre su propia vida. Nos describirá sus horas en medio de ese dichoso mundo que para él es la soledad, donde los hechos irán acompañados de largas descripciones.



Tercera parte: La tercera parte, Tractat del lobo estepario. No para cualquiera, mediante un narrador omnisciente, permite al lector adentrarse aún más en ese universo tan especial en el cual vive inmerso Harry.



Cuarta parte: En esta última parte, Siguen las anotaciones de Harry Haller. Sólo para locos, el protagonista asume nuevamente el desarrollo de la narración, incorporando un fragmento poético para destacar aún más su condición de hombre-lobo. Al principio de esta parte se observa ya una declinación del lobo y una apertura del hombre, pero finalmente, Armanda, la misma chica que suponía ser la apertura al mundo para Harry, hace que su condición de hombre fracase de nuevo.




Personajes 

Al igual que la novela está cargada de simbolismo, los protagonistas de la novela representan diferentes imágenes y blasones que giran en torno al protagonista y ayudan a conducir la trama hacia el fatal desenlace.

Harry Haller

Es el protagonista de la novela. Hombre cincuentón, pesimista, extraño, insociable y misterioso nacido para el sufrimiento. Su angustia es debida a dolorosas experiencias que han hecho que se sienta desplazado del mundo, e intenta encontrar una vía de escape por medio de su imaginación, Harry se construia intelectualmente fuera del mundo exterior. En la obra está constantemente en lucha con sus dos naturalezas: la espiritual, propia del hombre, y la instintiva, presente en todo animal. Harry está descontento consigo mismo y con el resto del mundo, de ahí que se le pase por la cabeza la idea de suicidio, pero es Armanda quien, con sus encantos, rescata al protagonista de esa monotonía exixtencial, hecho que finalmente acarreará consecuencias fatales para Armanda en el desenlace de la novela.

Armanda

Chica joven y hermosa. Simboliza la vida, la sensualidad y el placer. Sus atributos son opuestos a los del protagonista. Ésta enseña a Harry a disfrutar de los placeres de la vida y le muestra esas pequeñas cosas que hacen la vida un poco más agradable. Es la liberación en persona, la salvación del lobo estepario. Con Armanda el lobo encontrará luz, sentido y aliento, pero Harry siempre tendrá en mente la idea de traición.

María

Mujer instintiva, sensual y depravada que representa en la novela el amor físico y placentero, la sexualidad. Enseña al protagonista esos placeres tan desconocidos para él.

Pablo

Saxofonista de una banda de jazz. Junto con María, este enseña a Harry el mundo del opio, el universo de las drogas. Hombre que mantendrá una relación amorosa con Armanda, hecho que desconcertará al protagonista.



El “lobo estepario” se nutre do todo lo que aparece en la novela, y Armanda, María y Pablo han participado en el juego de la vida del protagonista. Solamente cuando Harry aprenda las reglas del juego, aprenderá a vivir en armonía.




Comentario 

El lobo estepario es sin duda la obra a la que más se asocia el nombre de Hesse. Esta obra aparece en 1927 y pertenece a la literatura existencialista.

El lobo estepario es una brillante narración donde la fantasía y la autobiografía se enlazan para adentrarnos en la vida de un héroe solitario que, a pesar de todas sus mezquindades, cuenta con grandeza y erudición. La novela es una alegoría sobre las relaciones de poder y saber y una constante pregunta por el sí mismo.

A través de esta obra Hesse describe los miedos y las angustias del hombre contemporáneo. El autor reflexiona sobre el sentido de la vida, el arte y el amor dándonos a conocer la vida de Harry Haller, personaje que deambula por ambientes asfixiantes y calles oscuras, experimenta encuentros personales vacíos y nutre su mente de sucesivasalucinaciones, a través de las cuales el autor describe la múltiple estructura de la realidad.
Harry Haller, a diferencia del hombre común, aspira vivir a su manera, sin guiarse por lasconvenciones sociales. Lleva una vida tranquila y solitaria donde solo hay espacio para lameditación, la lectura y la individualidad. Lucha por no contaminarse con el tipo de vida que lleva el resto de las personas. Rechaza el conformismo social, intenta mantenerse al margen del consumismo y no acepta ni el mundo burgués ni su permanente rebelión.
Haller simboliza la dualidad del hombre, esa unidad espiritual unida a la corporal que lucha por una armonía entre ambas partes, solo consiguiendo esta armonía Harry podría vivir en paz y alcanzar la felicidad. Esta doble naturaleza del héroe, a veces humana, a veces licantrópica, arrastran al protagonista hacia experiencias angustiosas. Es un grito de advertencia para todos aquellos que desconociéndose a sí mismos se ven envueltos en sus propias monstruosidades.
Harry detesta el mundo que le ha tocado vivir, un mundo de mediocridad donde todo ser humano se entrega a su trabajo y es absorbido por las masas. Hermann Hesse creía que este ritmo de vida conducirá a la extinción al hombre moderno. Sin embargo, este lobo de las estepas, compuesto de una naturaleza humana y otra salvaje, no puede resistirse a lasocialización y se rinde ante los encantos de una mujer, hecho que desencadenará una dramática escena que llevará a Harry al eterno retorno de su soledad infinita.
La novela se diseña a base de tres voces narrativas: la palabra del narrador, el testimonio del protagonista y el testimonio del manuscrito hallado por Harry de manos de misterioso personaje. Hermann Hesse mediante esta combinación de voces nos ofrece diferentes puntos de vista desde los cuales captamos diversas dimensiones de este personaje que, además de esa dualidad, se cimenta sobre muchos otros “Yo”: el misántropo; el anacoreta; el ansioso; el amoroso; el criminal; el instintivo; el humano…

El Teatro mágico que se refleja en la novela, simboliza una salida del civilizado mundo moderno. Es una forma de liberación de la opresión burguesa y demás tradiciones de Occidente. El Teatro es una posibilidad de escape para ese lobo estepario encerrado en su soledad, pero libre en su imaginación. Esta novela tal vez sea una de las novelas más oscuras de Hesse pero de necesaria lectura para aquel que además de querer conocer la obra y la personalidad del autor, quiera enfrentarse a la vida siendo él mismo.


Yo, lobo estepario, troto y troto, 

la nieve cubre el mundo, 

el cuervo aletea desde el abedul, 
pero nunca una liebre, nunca un ciervo. 

¡Amo tanto a los ciervos! 
¡Ah, si encontrase alguno! 
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas, 
eso es lo más hermoso que imagino. 
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles, 
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza, 
y luego aullaría toda la noche, solitario. 

Hasta con una liebre me conformaría. 
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche. 
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar 
una pizca la vida está lejos de mí? 
El pelo de mi cola tiene ya un color gris, 
apenas puedo ver con cierta claridad, 
y hace años que murió mi compañera. 

Ahora troto y sueño con ciervos, 
troto y sueño con liebres, 
oigo soplar el viento en noches invernales, 
calmo con nieve mi garganta ardiente, 
llevo al diablo hasta mi pobre alma.


Peter Camenzind

Peter Camenzind publicada en 1904, fue la primera novela escrita por Hermann Hesse; en ella ya se pueden entrever una serie de temas que iban a ser motivo de preocupación en muchos de los trabajos posteriores de Hesse, sobre todo el de la búsqueda de una identidad física y espiritual única en un contexto que tiene como telón de fondo la naturaleza y la civilización moderna. También está presente la reflexión sobre el papel del arte en la formación de una identidad personal. El estilo de Peter Camenzind es fácil de seguir, incluso a pesar de que de alguna manera se trata de un Bildungsroman.
La novela comienza con la frase, "En el principio era el mito. Dios, en su búsqueda por la expresión de sí mismo, proveyó las almas de HindúesGriegos y Germanos con formas poéticas, y continúo cada día inundando con poesía el alma de cada nuevo niño". La novela es puramente poética, y su protagonista aspira a convertirse en poeta con el tiempo, para proporcionar a las almas de los hombres las más bonitas formas de la realidad.
Peter Camenzind recuerda fácilmente a otros protagonistas de las novelas de Hesse como SiddharthaGoldmund y Harry Haller. Como ellos, Peter sufre profundamente y realiza multitud de viajes intectuales, físicos y espirituales. Durante el transcurso de los mimos, atravesará diferentes territorios como AlemaniaItaliaFrancia y Suiza, así como experimentará un amplio rango de emociones que todo ser humano muestra a lo largo de su vida. Al final de su vida, encarnará el ideal de San Francisco y cuidará de un lisiado.
Peter Camenzind, en su juventud, deja atrás su pueblo natal de montaña con una gran ambición por vivir experiencias a lo largo y ancho del mundo y convertirse en uno de sus habitantes. Habiendo sufrido la pérdida de su madre a una temprana edad, y con el deseo de apartarse de un padre autoritario, se dirige a la Universidad. A medida que progresa en sus estudios, conoce y se enamora de la pintora Erminia Aglietti, y se convierte en íntimo amigo de un joven pianista llamado Richard. En un evento posterior, Richard muere; profundamente apesumbrado por la muerte de este, Peter se dedica a deambular viviendo diferentes experiencias que lo enriquecerán como persona.
Siempre perseguido y teniendo que enfrentarse solo a las vicisitudes de la vida, Peter comienza a consumir alcohol para soportar la dureza y la rareza inexplicable de la vida. También conoce y se enamora de Elizabeth, incluso aunque ella está casada con otro hombre. Sin embargo, su viaje a través de Italia lo cambia en muchos aspectos y enaltece su habilidad para amar la vida y ser capaz de encontrar belleza en las cosas más insignificantes. Es sólo cuando se hace amigo de Boppi, un inválido, cuando experimenta realmente que significa amar a otro ser humano. Con el paso del tiempo los dos forjan una amistad muy fuerte. Después de la muerte de Boppi, Peter Camenzid vuelve a su pequeña villa de montaña y se dedica a cuidar a su anciano padre, además de llevar a cabo los planes para completar la gran obra de su vida.
Esta novela es lo que los alemanes denominan Bildungsroman, que es aquella en la que se muestra el desarrollo físico, moral, psicológico y/o social de un personaje, generalmente desde la infancia hasta la madurez. El término fue acuñado por el filólogo Johann Carl Simon Morgenstern en 1820. Peter sale de su pequeño pueblo natal situado en las montañas para enfrentarse al mundo. Este paso es una metáfora de lo que el conocimiento y la experiencia aporta al ser humano, siendo necesario este para adquirir un determinado grado de madurez. El camino no es fácil, pues aquel que se arriesga y sale de la seguridad del hogar materno tiene que enfrentarse cara a cara con la realidad. Peter pierde a su madre, deja atrás a su padre, se enamora y es rechazado y pierde a su mejor amigo. Esto le provoca un estado de confusión en el que no encuentra explicación racional ante tantas desgracias, y sólo cuando supera victoriosamente este torbellino de emociones, es cuando comienza a ver de verdad lo que es la vida. Posteriormente se encontrará con el lisiado, con el que entablará una gran amistad, lo que sirve de metáfora de la humildad y la capacidad de sufrimiento. Al final, cuando ya ha aprendido lo que es la vida, retornará al origen, a su hogar.
http://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/vida-y-poesia-de-hermann-hesse
http://amediavoz.com/hesse.htm#LOBO ESTEPARIO
https://es.wikipedia.org/wiki/Peter_Camenzind
http://literatura.rincondelvago.com/existencialista/El-lobo-estepario
http://amediavoz.com/hesse.htm#EN LA NIEBLA

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA PLATA DE AMERICA...LA RIQUEZA QUE SUSTENTÓ LA MONARQUIA ESPAÑOLA


La filosofía política del Imperio Español durante los siglos XVI y XVII consolida una estructura económica mercantilista, que busca transportar a la metrópoli la mayor cantidad de metales preciosos y exportar a las Indias productos españoles o europeos a través de la Península. Ésta se convierte en centro fundamental de distribución de hombres y recursos. Sin embargo, no se trata en modo alguno de una economía imperial centralizada. Los distintos territorios indianos se relacionan entre sí con gran densidad y frecuencia. Además, a pesar de que el comercio con América está sujeto a un régimen de monopolio legal con sede en Sevilla, el contrabando actúa en la práctica como un complemento del tráfico mercantil monopolístico. Con las Reformas de la segunda mitad del siglo XVIII se impone un esquema completamente nuevo. El llamado "comercio libre", implantado desde 1765, liberaliza el número de puertos peninsulares que podían comerciar con América e introduce la competitividad interregional, articulando la economía imperial alrededor de la española hasta extremos impensables en la etapa anterior. Entre 1492 y 1810, América transferirá a Europa una cantidad de oro y plata que permitirá tanto saldar la siempre deficitaria balanza comercial con Asia como acumular una cantidad de riqueza que transformará decisivamente la economía occidental, haciendo posible el advenimiento del capitalismo.
El monopolio del comercio español con América se organizó en la llamada Carrera de Indias, conjunto de instituciones y medios materiales y humanos que hicieron posible la conexión entre la metrópoli y sus posesiones ultramarinas. La Carrera de Indias se configura a lo largo de la primera mitad del siglo XVI como un conjunto de intereses estatales y privados cuya presencia en la Casa de Contratación y el Consejo de Indias es determinante. Sevilla —durante los siglos XVI y XVII— y Cádiz —en el siglo XVIII— son los puertos donde radica un monopolio comercial español en América que de tal tiene sólo el nombre, a causa del contrabando, la piratería y la incapacidad de la metrópoli a la hora de surtir a sus posesiones americanas de los bienes que demandaban. La Carrera de Indias tenía su mecanismo fundamental en el Sistema de Flotas y Galeones. En 1543 se introdujo un plan de convoyes para la navegación a América, tanto de ida como de regreso. A partir de 1561 salieron dos convoyes anuales, que seguían el mismo derrotero hasta las Antillas Menores; en abril salía la Flota de Nueva España hacia Veracruz y en agosto los Galeones de Tierra Firme, que se dirigían a Cartagena y Portobelo. En marzo del año siguiente se reunían en La Habana y retornaban a la Península, siendo escoltados desde las islas Azores por la Armada de Indias. Los territorios del Pacífico se abastecían a través de Panamá (donde las mercancías cruzaban el istmo a lomos de mulas) y el Río de la Plata directamente desde España. Por otra parte, entre Acapulco y las Filipinas funcionaba el Galeón de Manila, que salía hacia su destino en los meses de febrero o abril e intentaba acoplarse a los ritmos de la flota novohispana. Su negocio fundamental fue llevar plata mexicana y oro a Asia, trayendo en el tornaviaje telas, porcelanas y otros valiosos productos orientales. Tanto la Armada del Mar del Sur como la Armada de Barlovento realizaban funciones de escolta. Todo el sistema se completaba con los navíos de registro, embarcaciones sueltas que por algún motivo particular o por traficar con puertos que se encontraban al margen de las grandes rutas de navegación del Caribe se consideraban marginales. Ya desde el siglo XVI se cuestionó la idoneidad de la Carrera de Indias, pero la gran red de intereses creados que había alrededor de ella impedirá su reforma. Hasta el reinado de Fernando VI apenas se introducen modificaciones. Será a partir de 1765, y sobre todo con el Reglamento de Comercio Libre de 1778, cuando la Carrera de Indias se convierta en una institución del pasado.



Los españoles obtuvieron en sus territorios americanos una fabulosa cantidad de oro y plata, que sustentó la hegemonía de la dinastía Habsburgo en Europa y contribuyó al nacimiento de una economía global 
Dónde está el testamento de Adán?». Esta frase, pronunciada con ira por el rey de Francia Francisco I cuando contempló parte de las riquezas que le había enviado Hernán Cortés desde México a su gran rival, Carlos V, ha pasado a la historia como signo de fortuna providencial. El arrebato del soberano francés aludía al reparto del orbe –bendecido por el papa Alejandro VI– entre españoles y portugueses, con exclusión de las demás naciones. Fueron los portugueses, cuyo monarca se titulaba, con buenos motivos, «señor del comercio y la navegación», quienes llegaron primero a las Molucas y las riquísimas islas asiáticas de la especiería, emporio de pimienta, clavo y canela. Pero la búsqueda de la ruta directa de Europa hacia las riquezas de Asia por el oriente, objetivo de los navegantes portugueses, se vio transformada con la «aparición» de América en 1492, cuando Cristóbal Colón, navegante al servicio de los Reyes Católicos, intentó alcanzar Asia navegando hacia occidente, en sentido contrario a los portugueses. 
En la incipiente economía global, que entonces comenzaba a tomar forma, era preciso encontrar productos que por su altísima rentabilidad justificaran el comercio a larga distancia. Había pocos: especias, esclavos y metales preciosos. Por eso Colón, un magnífico propagandista, mezcló en sus cartas a los Reyes Católicos constataciones de la riqueza hallada –«muchos nativos traían piezas de oro al cuello, y algunos perlas atadas a sus brazos»–, con interesadas y disuasorias alusiones a la desnudez y barbarie de los nativos que le salían al encuentro. En una misiva de 1498 señaló: «Lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura». Qué imaginación.






         
En el horizonte de 1500, el negocio de las Indias (que para los europeos aún eran unas «islas y tierra firme del mar océano» situadas frente a las costas de China o Japón) aparecía como un ostensible fracaso. A pesar de que en el segundo viaje colombino había cruzado el Atlántico «gente trabajadora para sacar el oro de las minas» y el propio Colón pidió que le enviaran «lavadores de oro y mineros de Almadén para cogerlo en la arena», la cantidad del preciado metal hallado en ríos y minas en las Antillas fue escasa. Desde luego, resultaba insuficiente para promover la colonización y garantizar el tráfico marítimo en el Atlántico. 
Hasta 1525 se vivió un primer ciclo del oro en Santo Domingo (La Española), Puerto Rico, Cuba y Jamaica, basado en el «rescate» del metal que tenían los indígenas por vía del intercambio de bienes o el pago de impuestos; se le sumaba la explotación de placeres auríferos en ríos y veredas, acompañada de la búsqueda incesante de perlas en Venezuela y Panamá. Pero este suministro de metal duraba poco y por eso se produjo una secuencia repetida en la frontera antillana: los nacientes núcleos urbanos, como Santo Domingo o San Juan de Puerto Rico, se convertían en puertos y bases de retaguardia para el avance hacia el oeste y sur del Caribe. Resultado de la primera orientación, que llevó hacia el oeste a los conquistadores, fue el hallazgo del opulento Imperio azteca, mientras que la segunda, que los condujo hacia el sur, dio lugar a la exploración del litoral en busca de un paso, que Magallanes descubrió en 1520: el estrecho que lleva su nombre. En esta etapa conquistadora, los metales preciosos provenían de la captura de tesoros como el de los aztecas, cuyo monto fue de unos dos millones de pesos.


Terminada la conquista, fue la colonización, con el desarrollo de la vida urbana, la que determinó el paso de una minería de apropiación a otra de producción. Desde 1540, el oro se buscó en áreas mexicanas como Tehuantepec, pero fue en el siglo XVIII cuando las minas de este metal cobraron importancia. Entre 1741 y 1800 produjeron unas 67 toneladas de oro. Poca cosa en comparación con lo que se explotaba en Nueva Granada, la actual Colombia, más sus áreas limítrofes. En Castilla del Oro, como fue llamada Panamá, la explotación de yacimientos auríferos en Veragua duró hasta que se agotaron. Sobre las cuencas de los ríos colombianos Magdalena y Cauca, señores de minas con cuadrillas de esclavos y, con el paso del tiempo, agrupaciones de negros libres, fundaron aldeas y ciudades que aún perduran. Buriticá, Pamplona, Santa Fe de Antioquia o Barbacoas produjeron oro de hasta 22 quilates. En Quito había lavaderos auríferos y oro en vetas, mientras que en Perú aparecieron yacimientos en Oruro y Asangoro; de allí se envió a Carlos V una pepita de cuatro arrobas en forma de cabeza de caballo. Nada que ver con lo que acontecía en Chile, donde se extraían dos toneladas por año, si las guerras con los nativos lo permitían; el país fue conocido como el «Flandes indiano», porque la porfiada resistencia  de los indígenas recordaba a los españoles la interminable rebelión de los protestantes flamencos. La imagen de América como fracaso, lugar de «forajidos y rescatadores», tan arraigada en la mentalidad contemporánea de españoles y europeos, nació precisamente del rápido agotamiento de este ciclo minero del oro. Pero la historia de la plata fue muy distinta.
La evidencia de la riqueza de México en metales fue obvia para Cortés y sus sucesores, que pusieron en marcha una verdadera red de minas de plata, muchas de ellas convertidas luego en ciudades: Zacatecas, Guanajuato, Tasco, San Luis Potosí, Guadalajara o Oaxaca surgieron como «reales de minas», campamentos dedicados a la extracción de mineral de modo permanente. La verdadera riqueza americana, en rigor, no fue el oro, sino la plata, que durante los siguientes tres siglos, hasta la independencia, sufragó la colonización, pagó el comercio americano con Europa y sobre todo con China, o garantizó la integración de territorios fronterizos, donde se enviaban enormes cantidades de dinero, los situados, para pagar fortificaciones y milicias. Cabe destacar las minas de plata de Zacatecas, descubiertas por Juan de Tolosa en 1548, o la mina de Guanajuato, descubierta casi al mismo tiempo, con La Valenciana, la veta madre, a 514 metros de profundidad. 


En Pachuca, el sevillano Bartolomé de Medina puso en marcha en 1555 el «beneficio de patio», un método de amalgamación con mercurio, entonces llamado azogue, que al comienzo provenía de Almadén. Este proceso recibía su nombre de los patios con albercas llenas de agua, mineral de plata, mercurio y sales que disolvían la plata. Ésta, al disolverse, se adhería al mercurio; entonces se calentaba  esta mezcla o amalgama, de manera que el mercurio se evaporaba y quedaba la plata. 
Gracias al «beneficio de patio» se pudo desarrollar la minería de plata, en especial en el Alto Perú o Charcas, la actual Bolivia. Los precedentes del hallazgo en aquella región de la mina de Potosí, la más importante explotación de plata de todas las épocas, se hallan en tiempos prehispánicos, pero fue en 1545 cuando se descubrió la veta del Cerro Rico, que hizo la fortuna de Potosí. A 4.000 metros de altura y sobre una meseta desolada, desprovista de recursos agrícolas, la villa imperial –título con el que fue reconocida– aumentó su población de unos 12.000 habitantes a 160.000 en el año 1610. Treinta años después aparecieron síntomas de agotamiento y empezó un lento declive que dura hasta nuestros días. 



Junto a la tecnología de patio, el increíble éxito productivo de Potosí se basó en la utilización ampliada de un método de rotación laboral obligatorio para los indígenas, la mita –ya existente antes de la llegada de los españoles–, y en el hallazgo, en 1582, de una mina cercana de mercurio, la de Huancavelica, lo que permitió contar con un suministro alternativo al de Almadén. Éste llegaba a Potosí después de cruzar el Atlántico hasta Panamá en los galeones de la Carrera de Indias, atravesaba el istmo panameño en recuas de mulas, era embarcado de nuevo con destino al puerto limeño del Callao y desde allí se subía hasta los cuatro mil metros del Cerro Rico, a más de 500 kilómetros de distancia. 
El sistema de explotación contribuyó al éxito, pues a pesar de que el subsuelo, como mandaba la tradición del derecho romano, era una regalía de la Corona, ésta otorgaba concesiones que llegaron a 577 para cien filones de mineral; a cambio, recibía el famoso quinto real, un 20 por ciento de la plata extraída. Esta cantidad se conocía de manera perfecta por la cantidad de mercurio que se entregaba a señores de minas y concesionarios para llevar a cabo el «beneficio de patio». Literalmente, no había manera de defraudar ni un real a Hacienda.
http://www.enciclonet.com/articulo/america-colonial/
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CHARLES CHAPLIN Y LA QUIMERA DEL ORO




Nacido en un suburbio se Londres, en el seno de una familia de actores de teatro y vodevil, desde su nacimiento ya tuvo que sufrir las desavenencias familiares y la desaparición de su padre cuando apenas había cumplido los cinco años. Comenzó a esta edad con pequeñas actuaciones en espectáculos de music-hall, siempre en compañía de su madre, hasta que ésta tuvo que ser ingresada en un hospital, momento en que Chaplin fue recluido también en un orfanato con siete años. Tras salir del centro formó parte de diversos grupos de actores que interpretaron obras por los escenarios más diversos de Londres y alrededores, en donde comenzó a desarrollar escenificaciones centradas en la mímica. A partir de los 11 años ya trabajó con grupos como el de William Gillette y, especialmente, con el de Fred Karno, con quien mantuvo una estrecha colaboración hasta 1912, y con el que viajó por varios países europeos y Estados Unidos (en Nueva York realizó su debut en 1910 con A night in a London Club). Fueron años de gran formación para Chaplin, en los que fue refinando estilo y personajes, moviéndose en el mundo del burlesque y la pantomima, pilares de su éxito.
Tras realizar una segunda gira con la compañía de Karno a Nueva York, decidió quedarse definitivamente en Estados Unidos, debido al contrato que le ofreció Adam Kessel, representante de la productora Keystone, para intervenir en las películas del Estudio. A finales de 1913 marchó a Los Ángeles y pasó a formar parte del grupo de actores de Mack Sennett, interviniendo en numerosas películas cómicas, primero como uno más del montón y después como actor principal. Formó parte de los Keystone Cops., y con apenas un año de trabajo Chaplin demostró que tenía un lugar reservado en el firmamento de las estrellas del cine, al lado de Mabel Normand, Roscoe “Fatty” Arbuckle y otros miembros del Estudio. Intervino, entre otras, en varias películas de Sennett (Charlot y el fuego; Un amor cruel; El romance de Charlot; todas en 1914) y codirigió varias con Mabel Normand (Charlot camarero; Charlot en la vida conyugal). Fue ya en este período cuando definió el personaje de Charlot (sombrero hongo, bastón, bigote, chaqueta estrecha, pantalones anchos y zapatos enormes), que fue afinando en sus últimas películas para el Estudio de Sennett. En sus primeras películas como director fue un conquistador (Charlot y la sonámbula, 1914), un falso dentista, un tramoyista, un enfermero y un portero (Charlot, conserje, 1914), entre otros papeles.
La carrera de Chaplin comenzó con buen pie y en 1915 fue contratado por la Essanay para interpretar y dirigir sus propias historias, en las que tuvo como partenaire a Edna Purviance (Charlot, trasnochador; Charlot en el parque; La fuga de Charlot) y ocasionalmente en el reparto a Gloria Swanson (Charlot cambia de oficio). Fue un año de trabajo en el que su gesticulación comenzó a depurarse, mostrando un grado de sutileza inigualable; se distanció de las creaciones que hacían otros cómicos del momento, en donde la acción dominaba la historia y el sentimiento parecía no existir.
Con una actividad incesante, pasó al año siguiente a la Mutual, viendo incrementar su salario que, poco a poco, se situó entre los más importantes de Hollywood. Continuó trabajando con sus operadores Frank D. Williams y Rollie Totheroh y con Edna Purviance. Sus películas desarrollaron muchas nuevas historias, buscando espacios diferentes para que Charlot pudiese demostrar sus cualidades y desengaños. Comenzó, igualmente, su colaboración con el actor Eric Campbell (Charlot, encargado de bazar; Charlot, músico ambulante; Charlot, tramoyista de cine), formando una pareja singular que dio lugar a todo tipo de situaciones en las que Charlot tenía que evitar el caos irremediable. En cualquier caso, 1916 fue un año excelente, pues todas sus películas mostraron una gran madurez que quedó consagrada con títulos como Charlot vagabundo (quizá la historia más completa), Charlot portero de banco (en la que sueña ser el enamorado de la secretaria) o Charlot prestamista (empleado que corteja a la hija del dueño y acaba siendo un héroe cuando logra evitar un robo). En todas estas películas, al igual que con Charlot, en la calle de la Paz y Charlot en el balneario (las dos de 1917), consiguió integrar a la perfección los objetos y elementos diversos del decorado con la trama dramática que desarrolla cada historia. Son obras de gran madurez sobre las que consolidó su éxito popular y creativo.

Bien cimentada su fama y cuando sus películas eran un auténtico éxito en todo el mundo, Chaplin comenzó a mostrar una vida personal que no agradó a un sector conservador de la industria y la sociedad estadounidense, que se unió en un frente que intentó boicotear su carrera (a lo que ayudó el hecho que de fue declarado inútil para intervenir en la Primera Guerra Mundial). Sin embargo, ya fuera de la Mutual consiguió un gran contrato con la First National para realizar durante cinco años una serie de películas que acrecentaron aún más su fama. La maestría de Chaplin quedó confirmada con Vida de perro y Armas al hombro! (ambas de 1918), El chico (1920) y Día de paga (1922), entre otras, en las que contó con la innegable ayuda de su inseparable director de fotografía Rollie Totheroh. La sensibilidad, la crítica y denuncia afloró en cada una de estas historias, a las que cada vez dedicó más tiempo para perfeccionar al máximo cada instante, cada mirada y gesto, atrapando al espectador en una emoción contenida.


Aunque en 1919 fundó con Douglas Fairbanks, Mary Pickford y David Wark Griffith la United Artists, no pudo producir para la firma su primera película hasta 1923 (Una mujer de París), debido a su contrato con la First National. Sorprendió que Chaplin no apareciera como actor, trabajo que dejó en manos de Edna Purviance y Adolphe Menjou. No obstante, la película, que fue muy bien recibida en su estreno y atacada inmediata y ferozmente por diversos grupos de presión estadounidenses (prohibida su exhibición en quince estados), demostró que el director aprendió mucho durante su trabajo anterior pues construyó una historia aplicando con gran efectividad sugerentes y nuevos recursos narrativos espacio-temporales, progresando en los temas socialmente más complejos (un melodrama en torno a una mujer pecadora a la que se defiende del puritanismo social) y abriendo un nuevo camino para su obra posterior.
La miseria, tristeza, abandono y tragedia interior que puede vivir el personaje de Charlot quedaron plasmadas en otras obras maestras que le adentraron en el cine sonoro con más solidez y eficacia. La quimera del oro (1925) es una genial historia en donde elaborados gags (secuencia magistral como la del banquete que se da con su bota) resumen a la perfección la ironía y acidez de su mensaje. En la misma línea, más emotiva y sensible se encontró Luces de la ciudad (1930), en donde trascendió su tragedia y la mísera existencia de sus personajes, volcándose en la ciega que encuentra en la calle a la que hace soñar con un apuesto millonario que, tras la operación, resultó ser un vagabundo. Fueron años en los que recibió un Oscar especial por su trabajo como productor, director, guionista y actor en El circo (1927).
Chaplin se adentró en el sonoro con la habilidad del gesto propia del cine mudo, aprovechando el sonido para complementar la idea y el momento, además de la metáfora para redondear la imagen. Si con anterioridad ya mostró su postura frente al mundo, a los acontecimientos que se suceden sin descanso, con Tiempos modernos (1935) alcanzó la cumbre de su crítica contra la inclusión de la máquina en la sociedad, herramienta que acaba con la pocas virtudes que quedaban en la convivencia de los hombres, sometiéndolos a la tiranía del esfuerzo encadenado a la productividad. Continuó hostigando las mentes bien pensantes con El gran dictador (1940), una crítica al totalitarismo representado por Hitler y Mussolini, que todavía le encumbró más en su carrera (la Academia le concedió cinco nominaciones al Oscar). Chaplin demostró su genialidad en una de las películas más recordadas de la historia del cine, un auténtico monumento a la creatividad basada en la riqueza del gag visual. Los parlamentos que ya se escucharon en estas películas tendieron más a reforzar el trabajo de imagen que a señalar la eficacia de un diálogo que, en muchos momentos, pasó desapercibido.
En la recta final de su carrera (entre 1946 y 1951), Chaplin se enfrentó a los conservadores estadounidenses, al Comité de Actividades Antiamericanas, se deshizo de su personaje emblemático, Charlot, en Monsieur Verdoux (1946, nominado al Oscar como Mejor guion) y decidió que debía cambiar de aires. Después de vender su parte de la distribuidora y productora United Artists, marchó a Europa tras estrenar Candilejas (1952), película que estuvo prohibida en Estados Unidos pero que recibió en 1972 un Oscar por la música original, y fue la última colaboración con su inseparable Totheroh. Criticó a su país de adopción desde Un rey en Nueva York (1956), sobre todo al Comité que en su momento intentó incriminarle por anticomunista; a John E. Rankin, miembro de la Cámara de Representantes que pretendió que se aprobara su expulsión del país y que se prohibiera la exhibición de todas su películas; y al por aquel entonces fiscal general de los Estados Unidos, James MacGranery, por decir, cuando ya se encontraba en Europa, que se había iniciado una investigación sobre el pasado político de Chaplin.
Ante todo este cúmulo de acontecimientos, Chaplin decidió quedarse definitivamente en Europa, residiendo en Vevey (Suiza). Comenzó a recibir todo tipo de homenajes y reconocimientos. Le fue concedida la Legión de Honor en Francia; fue nombrado ‘Sir’ por la reina Isabel II; le entregaron el Premio Internacional de la Paz y, dos años antes de su muerte, Hollywood le concedió el Oscar honorífico por el conjunto de su carrera.
Sus romances y matrimonios fueron muy comentados y provocaron todo tipo de reacciones en su momento. Se casó con las jóvenes actrices Mildred Harris  y Lita Grey , vivió un romance que también acabaría en matrimonio con Paulette Goddard  y con Joan Barry (quien consiguió que asumiera la paternidad de su hijo). Logró la estabilidad emocional y familiar cuando se casó con Oona O’Neill en 1943, con la que estuvo unido hasta su muerte. Escribió varios libros, entre ellos Charlie Chaplin’s own story , My wonderful visit , My autobiography  y My life in pictures
Sin duda, Charles Chaplin se encuentra entre los más grandes actores que ha dado la historia del cine, y elevó a éste hasta la categoría de arte a partir de unas cualidades dramáticas que nadie ha podido igualar. Como otros muchos actores de su época construyó un personaje, Charlot, que fue el paradigma del ser más humano que ha dado el cine, del icono que traspasó fronteras y, todavía con los años, ha permanecido en la mente de cualquier espectador independiente del lugar del mundo del que se hable. La universalidad de su modelo se basa en la pureza del gesto, la sencillez de la mirada y, sobre todo, en la carga de humanidad que encerró siempre en cada historia, en una dilatada trayectoria que fue perfilando agudeza e ironía, crítica y reflexión y un compromiso sin igual con el mundo que le ha tocado vivir. Para siempre quedó en el espectador la imagen del hombrecillo que, después de reflejar en su rostro la amarga tristeza, se aleja por la carretera asumiendo una vez más su soledad.




La quimera del oro

 

Charles Chaplin, Charlot, es un buscador de oro que parte a las montañas de Alaska en busca de un filón. Una larga fila de hombres van también a buscar oro. Nuestro hombre se encuentra con Big Jim, que dice haber descubierto una montaña maciza de oro. Pero el perverso Larsen quiere quedarse con el oro, y ataca y roba a Big Jim los documentos necesarios para encontrar el filón. Una avalancha mata a Larsen, pero Big Jim sufre de amnesia a causa del ataque. Charlot seguirá con él la búsqueda.Señalada por varios autores como una de las 10 mejores películas de la historia del cine, es sin duda, una de las mejores de Chaplin. Como él mismo diría, hizo la película realmente tal y como él deseaba hacerla (Kobal). Para rodarla hicieron falta grandes esfuerzos, ya que se reconstruyeron las montañas de Alaska en los estudios de la United Artists. Algunas de las escenas más recordadas del genial cómico son precisamente de esta película: el baile de los panecillos, cuando pincha dos tenedores en sendos panecillos y empieza a 'bailar' con ellos; o la secuencia en que, hambrientos durante la búsqueda, han de comerse entre él y Jim una bota: los preparativos de tan suculento manjar, cómo parte la bota, los cordones, y la parte claveteada, con maneras del más exquisito de los 'gourmets'; o la parte en que se convierte en pollo, con un efecto visual realmente ingenioso. En la película se abordan temas que ya han aparecido y que seguirán preocupando a Chaplin: la amistad, la ternura, la inocencia de los desfavorecidos, o la respuesta del hombre ante situaciones adversas.

 

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