martes, 31 de enero de 2017

DEMOSTENES Y LAS FILIPICAS


Político y orador ateniense Demóstenes,considerado uno de los mejor oradores de la antigua Grecia. Proveniente de una familia de empresarios, perdió a su padre a los siete años y sus tutores Áfobo, Demofonte y Terípides abusaron de su patrimonio, por lo que, al acercarse a la mayoría de edad, tuvo que  emprender largos procesos judiciales para conservar algo de su fortuna.
Según la biografía escrita por Plutarco, su admiración e interés por la oratoria se habría despertado cuando su pedagogo lo introdujo clandestinamente en la Asamblea, donde fue testigo de una brillantísima autodefensa del estadista Calístrato. Discípulo de Iseo, leyó las obras de Isócrates y ejerció en su primera juventud la profesión de logógrafo. Superó con esfuerzo sus dificultades para la oratoria por medio de ejercicios de declamación.
A partir del año 354 a.C. intervino en asuntos políticos y se hizo famoso por sus discursos. Entre los primeros destaca Para los megalopolitanos, que atrajo la atención de los atenienses sobre el peligro que representaba el poder de Esparta. Denunció la ambición de Filipo de Macedonia en las famosas Filípicas, discursos pronunciados durante un largo proceso en la asamblea ateniense. Es en las Filípicas donde se inicia la oratoria mayor de Demóstenes. Mientras en sus comienzos era aún perceptible la influencia de Isócrates, su estilo muestra ahora una mayor riqueza de variaciones frente a la regularidad del período isocrático.
La serie se inicia con la Primera Filípica , un enérgico llamamiento a los atenienses. Entre 349 y 348, cuando Atenas concertó una alianza con la Calcídica para luchar contra Filipo, pronunció las tres Olintíacas, en que urgía a los atenienses a ayudar a Olinto; ello no evitó, sin embargo, la destrucción de la ciudad aliada. Demóstenes, que formó parte de la embajada enviada para tratar la paz con Filipo, pronunció otro llamamiento contra las pretensiones del rey de Macedonia en la Segunda Filípica. Tres discursos del año 341 dan testimonio de su máxima actividad como orador: la Tercera y la Cuarta Filípica y Sobre la situación del Quersoneso, una de las obras maestras de su oratoria.
En el 340 a.C. dejó la oposición y pasó a ser jefe del partido dirigente. A lo largo de la década siguiente intentó ser coronado por sus méritos cívicos, pero Esquines se opuso a su propuesta y Demóstenes terminó siendo condenado al exilio. La hostilidad entre ambos oradores culminó en 330 en un gran proceso político. Demóstenes respondió triunfalmente con su discurso Por la corona. Esta demolición del adversario e inteligente apología de la propia actuación política está considerada la obra cumbre de su oratoria.
Tras la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.), Atenas, Argos y Corinto se sublevaron contra la hegemonía macedonia. Demóstenes regresó a su patria y fue acogido triunfalmente, pero la derrota naval en Amorgos y la terrestre de Cranón dieron al traste con los sueños de los sublevados. Demóstenes tuvo que huir a la isla de Calauria, donde se suicidó por envenenamiento para no caer en manos de los agentes de Antípatro.
Aunque Demóstenes fue ante todo un hombre de acción, que luchó para que Atenas recobrase la hegemonía y contuviera el avance de Filipo, la posteridad lo ha ensalzado siempre como brillante orador. La fuerza de sus discursos (de los que se conservan unos setenta) y la precisión de sus argumentos, con pocas figuras retóricas, le otorgan una originalidad excepcional. Como otros maestros de la prosa, Demóstenes pone especial cuidado en la estructura rítmica al final del período; ya en los comentarios de la Antigüedad se destacaba que la eficacia de su oratoria reside, en gran parte, en el ritmo.


Con la mayoría de edad empleó su capacidad para intentar recuperar la herencia paternal que a la muerte de su padre le habían arrebatado sus tutores once años antes pero fracasó y tuvo que ganarse la vida como logógrafo, profesión que le nutría tanto económica como intelectualmente. De esta forma llegó a participar activamente en la vida política de Atenas exponiendo en la Asamblea sus propios discursos, los cuales se aprendía de memoria para no cometer ningún fallo a expensas de la improvisación.
La carrera política de Demóstenes comienza con la Guerra Focidia (355 a. C.) seguida de su incursión al año siguiente en la política exterior pronunciando en la Asamblea un discurso, Sobre las sinmorías, acerca de las asociaciones de ciudadanos contribuyentes. Pero el ámbito en el que más destacó el orador fue en su patriótica oposición al creciente poder político macedonio, que se hizo realidad en el 350 a. C coronado por el rey Filipo, futuro padre de Alejandro Magno. Aún así, el esfuerzo de Demóstenes mereció el reconocimiento de sus contemporáneos griegos y hasta del rey de Persia. A causa de dicho conflicto expansionista redactó Demóstenes las cuatro Filípicas.
Se trató de una personalidad que defendía cruenta y verbalmente la democracia pero que estuvo a su vez controlada por la opinión de la mayoría.

Las Filípicas son los discursos que elaboró Demóstenes en contra de la política expansionista de Filipo, el Rey de Macedonia, sobre la actual Grecia. El orador desarrolló cuatro Filípicas en las que expone su plan para derrotar al monarca frente a los atenienses en sus correspondientes asambleas.


En el primer discurso contra Filipo, Demóstenes trata de levantar el ánimo a los atenienses para que no se dieran por vencidos y propone la formación de dos ejércitos: uno formado por ciudadanos con el objeto de defender en situaciones puntuales y otro compuesto además por mercenarios combatientes que se situarían en torno a Macedonia para hacer la guerra constantemente, dificultando la concentración del monarca hacia sus conquistas.
También sugiere que deberían tenerse en cuenta la favorable posición geográfica de la que gozan para luchar y las estaciones del año, que permiten o no la navegación y la penetración en determinadas regiones.
Critica duramente la falta de vergüenza que tienen los atenienses por haber permitido en sus propias tierras tal avance de Filipo, el cual no parece hallar límite en su ocupación territorial. Demóstenes les presenta un plan de recaudación de dinero que los mismos atenienses habrían de administrar sabiamente y les lee una carta escrita por Filipo para los eubeos, la cual reprocha concienzudamente. Finalmente, espera que sus consejos sean útiles para el pueblo.



En la segunda filípica, el orador insiste en que no confíen la paz ficticia que aparentemente ofrece Filipo, que lo distingan como el enemigo que es, porque en caso contrario acabaría conquistándoles tal y como había hecho con muchas otras zonas a través de sus calumnias aprovechando las rivalidades entre ciudades para ganárselas fingiendo que satisfaría los intereses de cada una. Afirma que la desconfianza es el aliado principal de los atenienses que todavía aguantan y sobre los que sabe Filipo que no será fácil influir.


En la tercera filípica, Demóstenes exige el ataque hacia Filipo, pues se estaba convirtiendo en un peligro para todos los griegos. Recrimina a los atenienses por no haber movido un dedo para evitar la catástrofe. Una pregunta muy ilustrativa es: ¿al que instala esta máquina de guerra contra la ciudad debo yo decir que está en paz con vosotros? , y una afirmación bastante acertada decía: no somos capaces de hacer nada ni de lo conveniente ni de lo necesario ni de aliarnos ni de constituir una comunidad de ayuda mutua y amistad.



En la cuarta filípica, el objetivo consiste en establecer un equilibrio entre ricos y pobres, de forma que haya concordia entre un escalón y otro, y en buscar un acuerdo con los persas. Declara que sus oyentes solo quieren, tras los debates, que se les diga lo que hay que hacer, mientras que Filipo va rompiendo la paz por completo. Les recrimina que nunca han preparado un verdadero plan de acción. Afirma que nunca habían necesitado más dinero y que para ello había que compartir los beneficios. Culmina diciendo que si la actitud ateniense no cambia, ellos mismos serán los culpables de su perdición.


REFLEXIÓN TEÓRICA Y RELACIÓN DE LA OBRA CON LA ACTUALIDAD
Se trata de una trama muy interesante desde el punto de vista tanto filosófico como social, incluso político y económico. La identificación con hechos históricos reales permite la proximidad de los lectores a los discursos, permitiéndoles ambientarse en el conflicto y sentirse identificados con las soluciones que da Demóstenes por el bien de su pueblo, ya que consisten en la unidad y la colaboración conjunta, requisito fundamental hoy en día para alcanzar el éxito en una gran cantidad de empresas y trabajos.
Hay un párrafo digno de subrayar en el que el orador habla de la libertad por la que los griegos tenían tan enorme predisposición a morir, mientras que ahora se dirigen a la esclavitud. El poder de los griegos era conocido y temido por todos; castigaban de tal forma a los culpables de algún delito que su autoridad quedaba grabada y respetada por todos. Ahora, el arte de la guerra se había corrompido .
Este cambio hace pensar en el régimen judicial que se ha llevado a cabo a lo largo de la historia en nuestro país. Mientras que en los Estados Unidos permanecen activas la pena de muerte y la cadena perpetua, España se ha suavizado muy considerablemente en su forma de implantar las condenas, tanto que en muchas ocasiones resulta injusto para las víctimas. Temporada insuficiente en la cárcel, absoluciones incomprensibles, menos años de condena por “buen comportamiento” y demás factores influyen en la irritación social.
Más adelante, surge otro párrafo impresionante en el que Demóstenes habla de que los atenienses han dejado pasar la vida tranquilamente sin forjar un ejército de guerra, tal y como sus antepasados habían hecho y les habían inculcado siempre, de forma que otro individuo ha conseguido conquistar las ciudades sin mayor dificultad . Tal mentalidad es perfectamente asociable a la idea de superación intelectual y laboral que tanto se fomenta en nuestros días para triunfar en el mundo profesional.
Respecto a la política, Demóstenes recuerda que anteriormente el poder estaba dividido exclusivamente entre lacedemonios y griegos, favorecidos por sus correspondientes seguidores , lo que se puede relacionar con el fuerte bipartidismo que se ha sucedido en España, y que en realidad se sigue sucediendo aunque con la existencia de otros partidos políticos menores.
Finalmente y en cuanto a la economía, como hemos dicho en el resumen en la cuarta filípica, era necesario compartir los bienes entre ricos y pobres, precedente del reflejo del capitalismo que ahora impera en España, y en especial la crisis en la cual nos hallamos y que está dejando a miles de personas en el paro que deben ser ayudadas por las empresas que todavía pueden invertir y por los gobiernos para levantar este caos laboral.

BIBLIOGRAFÍA:
Demóstenes, edición de Antonio López Eire (1998), Las Filípicas / Sobre la corona, Madrid, Ediciones Cátedra.

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http://pictures.abebooks.com/LIBRERIA7SOLES/771791067.jpg
https://pericav.wordpress.com/2010/02/02/las-filipicas-de-demostenes/
http://www.librolibro.es/images/portadas/Las_Filipicas__Sobre_la_corona-Demostenes-9788437616704.jpg
http://www.adevaherranz.es/ARTE/UNIVERSAL/EDAD%20ANTIGUA/GRECIA%20ANTIGUA/ESCULTURA/Art%20Esc%20Demostenes%20Escuela%20de%20Atenas%20.gif
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/demostenes.htm://st-listas.20minutos.es/images/2008-11/58436/697966_640px.jpg?1250738809
http://constitucionweb.blogspot.com.es/2010/02/tercera-filipica.html

lunes, 30 de enero de 2017

TEATRO,ANFITEATRO Y CIRCO...EL TEATRO ROMANO DE MÉRIDA


Es bastante común la confusión entre estas tres construcciones romanas (teatro, anfiteatro y circo),empezaremos por diferenciarlos someramente puesto que cada uno de estos lugares tienen características específicas.


 El teatro romano está basado en la construcción que ya hacían los griegos, pero a diferencia de estos, no necesitaban de una pendiente donde apoyarlo y podían construirlos en suelo planoTiene 3 espacios biendiferenciados: la cávea (donde se sentaban los espectadores) que se dividía en immamedia y summa cavea; la orchestra (donde se situaba el coro) y la escena (el espacio donde actuaban los actores). A veces tenía un toldo (velarium) que se podía recoger y extender y el escenario estaba protegido por una cubierta de madera suspendida con cuerdas. Es fácil de distinguir de las otras 3 construcción por su forma semiesférica.


El anfiteatro era donde se celebraban los juegos y luchas de gladiadores.
Partes: la arena, donde peleaban los gladiadores y la cavea, donde se sentaban los espectadores, entre unos 15.000 y 25.000. Tenían tres pisos que coincidían con las partes de la cavea. Algunas arenas se inundaban para celebrar combates navales (naumaquias). Este edificio tiene forma oval, elíptica o incluso circular.

En el circo los romanos hacían las carreras de carros tirados por caballos (las carreras de cuádrigas).
Partes: la arena para el espectáculo, las cárceles para los carros, y la cávea para los espectadores, además la arena tenía una especie de “mediana” dividiéndolo llamada espina que estaba decorada con columnas, estatuas, etc, la meta se situaba en los extremos de esta (dos metas).
Tiene forma de anillo alargado, con dos lados rectos (los mayores), uno semicircular y otro ligeramente curvo (los menores).

El Teatro Romano de Mérida fue construido en la colonia de Augusta Emerita por orden del cónsul Marco Vipsanio Agripa, inaugurándose entre el año 16 y 15 a.C. 
Como tantos otros teatros de la Antigua Roma, el Teatro Romano de Mérida fue erigido con fines políticos para desde él, hacer propaganda positiva de las autoridades y el modo de vida romano, ya que los ciudadanos de a pie preferían los espectáculos que se ofrecían el el Circo.
Durante su vida activa se le realizaron varias remodelaciones, la mas importante de las cuales fue en tiempos del  emperador Trajano, en 105 d.C., en la que se construyó el frente escénico que aún hoy en día se puede ver. Más tarde, en tiempos del emperador Constantino I se realizó otra remodelación menor, entre los años 333 y 335 d.C.
Su planta se levantó siguiendo al pie de la letra los tratados de Marco Vitruvio, con un modelo muy parecido a los construidos en Pompeya y Roma.


Consta de un graderío o “cávea” semicircular con trece puertas de acceso y dividido en tres zonas, la “ima cavea”, “media cavea” y “summa cavea”, que aprovechan la pendiente del cerro de San Albín, con una amplitud suficiente para albergar a 6.000 espectadores. Disponía igualmente de una “orchestra”, un espacio pavimentado en mármol y en forma de semicírculo destinado al coro.
En cuanto al escenario o “pulpitum” era de madera, mas maleable para poder instalar los artificios escénicos de cada obra, y su frontal o “scaenae frons” estaba formado por un basamento de sillares de mármol rojizo, con columnas corintias, con toques de vetas azules, siendo la parte mas característica y espectacular, dada su rica decoración escultórica, con alusiones a Ceres, Plutón y Proserpina, así como diferentes retratos imperiales disponiendo de tres puertas  y dependencias para los actores.
                                              Teatro Romano de Mérida, reconstrucción.
Complementando el teatro, disponía de un peristilo cuadrangular, rodeado de columnas y ajardinado, con una sala dedicada al culto Imperial y pensando en todo, disponía de letrinas elevadas sobre el nivel del jardín.
El Teatro Romano de Mérida fue abandonado en el siglo IV d.C., probablemente por la generalización del Cristianismo, que consideraba inmorales las representaciones que allí se hacían. Se llegó incluso a cubrirlo de tierra y a aterrazarlo para permitir el cultivo, de tal manera que sólo sobresalía el graderío superior, que recibió el nombre popular de “Las siete sillas”, ya que según la leyenda allí se sentaron siete reyes musulmanes para decidir el destino de la ciudad de Mérida.
El diseño se basa (como indiqué antes) en los modelos definidos por Vitruvio (Marcus Vitruvius Pollio). El teatro de planta latina se forma con cuatro triángulos equiláteros inscritos en un círculo, estando el frente de la scenae en la base del triángulo central. Los vértices de los triángulos señalan el emplazamiento de los accesos y la colocación de los ejes de las puertas.
El graderío, de tres alturas, tenía capacidad para 5.800 personas. El diámetro es de unos 95 metros.

                                    Vista de la escena y el graderío del Teatro Romano de Mérida
                                                                   Vista de la escena y el graderío
La orchestra es semicircular, de 30 metros de diámetro, y rodeándola están las tres gradas de la poedria, reservadas para la alta sociedad de Emerita Augusta.
El frente de escena (frons scenae) es el elemento más espectacular. Está formado por dos cuerpos de columnas corintias y alcanza los 30 metros de altura.
                                      Graderío del Teatro Romano de Mérida
Graderío del Teatro Romano
Entre las columnas del frons scenae se abren las tres puertas de acceso a la escena: la central (valva regia) y las laterales (valva hospitalarium)
             Vista desde las gradas superiores
Además de las trece puertas de acceso al graderío, tiene dos más para entrar en la escena, todas ellas con pasillos abovedados.
                                       Puertas de acceso al Teatro Romano de Mérida
Puerta de acceso al interior del Teatro

En la parte posterior de la escena, el Teatro incluía un jardín porticado (Peristilo), presidido por una pequeña cámara consagrada al al culto imperial. De la estructura del jardín se conservan incluso los canalillos para el riego.
                                    El frons scenae del Teatro Romano de Mérida visto desde los jardines
El frons scenae visto desde los jardines

Las excavaciones del Teatro comenzaron en 1910 y a lo largo de todo el siglo XX se ha llevado a cabo una importante labor de reconstrucción a partir de los elementos originales del edificio.
La primera representación teatral de la época moderna tuvo lugar en 1933, con la puesta en escena de la Medea de Séneca, en versión de Miguel de Unamuno, con la actriz Margarita Xirgu como protagonista.
Este fue el comienzo del Festival de Teatro Clásico de Mérida, el más antiguo de los festivales de teatro que se celebran en España

https://es.wikipedia.org/wiki/Teatro_romano_de_Mérida
http://www.viajarporextremadura.com/cubic/ap/cubic.php/doc/El-Teatro-Romano-de-Merida-262.htm.
http://revistadehistoria.es/diferencias-entre-teatro-anfiteatro-y-circo/
http://revistadehistoria.es/teatro-romano-de-merida/
http://www.viajarporextremadura.com/cubic/ap/cubic.php/doc/El-Teatro-Romano-de-Merida-262.htm

ADOLF SCHULTEN. . . HISTORIOGRAFIA DE LOS TARTESSOS



 Durante la primera mitad del siglo XX los trabajos sobre Tartessos continuaron la tradición anterior, es decir, la búsqueda de la identificación de Tartessos-ciudad y la identificación geográfica de los accidentes, topónimos y elementos de carácter monumental arquitectónica citados esencialmente en la Ora Marítima de Avieno, elaborándose hipótesis sobre emplazamientos según el mayor o menor conocimiento de la evolución geográfica del terreno. A finales de la década de los sesenta, con motivo de las excavaciones en El Carambolo, junto a Sevilla, Carriazo optó por su ubicación en el Aljarafe.


La referencia a A. Schulten es obligada por la influencia que produjo en la investigación española. Adolf Schulten está considerado como el padre de la investigación moderna sobre Tartessos. Este catedrático de historia antigua fue un destacado hispanista alemán, que sin embargo, no se dedicó en exclusiva a estudiar esta civilización al sur de la península y realizó excavaciones arqueológicas en otros puntos de España, Italia y el norte de Africa. Sin embargo, su verdadera obsesión fue encontrar los vestigios de la ciudad de Tartessos, algo que no logró hacer. Se empeñó en excavaciones en el actual Parque Nacional de Doñana, cerca de la desembocadura del río Guadalquivir y halló un poblado romano en el Cerro del Trigo, que creyó era una población situada sobre los restos de la mítica ciudad.


Adolph Schulten


Buena parte de sus conclusiones sobre esta civilización se basaron en textos bíblicos y sobre todo en las referencias halladas en los clásicos griegos, como la "Ora Marítima" de Avieno, una obra del s. IV d.C., basada a su vez en las descripciones sacadas del Periplo, obra que si realizó posiblemente un autor contemporáneo de los últimos años de Tartessos. Su condición de lingüista determinó en buena parte sus teorías, principalmente, porque la investigación de Tartessos estaba en pañales y los restos arqueológicos eran muy escasos. Sin embargo, su obra "Tartessos", publicada a mediados de siglo, fue la auténtica reactivadora de la investigación futura sobre la civilización perdida.

En su obra Tartessos Schulten sitúa a dos pueblos llegados de Africa en el sur de la península, primero los ligures y posteriormente los íberos, estos conformados por numerosas tribus. Según sus datos los íberos ya estaban en la península, a la que dieron nombre, en el 4.000 a.C., pero considera que no eran un pueblo capacitado culturalmente para dar origen a una civilización avanzada como la que los griegos llamaron tartésica. El investigador alemán considera que hacia el 3.000 a.C. llegaron al sur de la península unos invasores procedentes de Creta, a los que denomina como pretartésicos, que a su juicio pusieron las bases del desarrollo posterior, y que ya en el 1.100 a.C. se había conformado como Tartessos.

Sin embargo, Schulten considera que el nacimiento de Tartessos tiene su origen en la llegada de pueblos procedentes de Asia Menor, más avanzados culturalmente como la mayoría de los de esta zona, y que tras arribar a las costas andaluzas se convirtieron en la clase dominadora, ejerciendo su poder desde el Algarve portugués hasta el levante español. Este pueblo era originario de Lidia, los Tirsenos, y empujados por otros pueblos desplazados de Europa, iniciaron un éxodo hacia occidente, que les llevó a fundar civilizaciones como Tartessos o Etruria, un pueblo ubicado en la península itálica y que también se reviste de algunos caracteres casi mágicos. Esta emigración se produjo en torno al 1.200 a.C.




Casi coincide esta llegada de los tirsenos a Andalucía con la fundación de Gadir (Cádiz), en el 1.100 a.C., aproximadamente. Schulten entiende que los fenicios quisieron comerciar con Tartessos, un pueblo rico en minerales, y trataron de establecerse en varios puntos de la costa andaluza, Sexi y la Isla de Saltes (junto a Huelva), hasta que el reino de Tartessos les otorgó permiso para fundar una colonia en la actual Cádiz, la ciudad trimilenaria. A los pobladores ya establecidos les interesaba mantener una relación comercial con los fenicios, dominadores del Mediterráneo, y así lo hicieron durante mucho tiempo.

La relación no fue sin embargo, siempre pacífica, y se produjeron guerras, e incluso los fenicios dominaron a Tartessos durante años según el historiador alemán, hasta que comenzó su declive. También permitieron los tartessos establecer colonias en su territorio a los focenses, una tribu griega, de forma que tuvieron una segunda alternativa comercial, que tomó mayor relevancia a partir del declive fenicio, que se inicia con la caída de Tiro. Hablamos ya del siglo V II a.C. De esta presencia focense, principalmente en el Levante, quedan notorias muestra de su influencia en el arte íbero.
La caída de los fenicios, que dejaron de dominar el Mediterráneo, supuso la expansión de los cartagineses, que según la teoría expuesta por Schulten, fueron los destructores de Tartessos entre el 520 y el 509 a. C. Después llegó a la península la dominación romana, que encontró cierta resistencia en los pueblos denominados turdetanos, herederos de los míticos y ya desaparecidos tartessos. Esta resistencia contrasta con la afirmación del historiador alemán que asegura que estos primitivos andaluces no fueron grandes luchadores y tuvieron que recurrir a mercenarios celtas o de pueblos íberos del norte para hacer frente a sus batallas.

La gran obsesión de Schulten fue encontrar vestigios de la ciudad de Tartessos, la capital del reino. Sus investigaciones sobre la literatura clásica le llevaron a identificar esta ciudad con la mítica Atlántida descrita por Platón y en su libro realiza una cuidada comparación entre las supuestas características de ambas civilizaciones, basada principalmente en aspectos geográficos. Schulten describe a Tartessos como una ciudad rica instalada en una especie de isla. Esta isla sería el terreno ubicado entre los tres brazos que entonces formaban la desembocadura del río Guadalquivir. Estos tres brazos procedían del lago Ligur, lo que hoy se podría identificar con la marisma del Guadalquivir.

En este punto geográfico, unos 10 kilómetros tierra adentro, debió situarse la que fue primera ciudad-Estado de occidente según Schulten. El historiador alemán encontró vestigios de un poblado romano en el Cerro del Trigo, en el interior del Parque Nacional de Doñana. Allí realizó numerosas excavaciones pero no llegó a encontrar los restos de Tartessos y en sus últimos años se convenció de que posiblemente su teoría era errónea.

La civilización tartésica tenía la peculiaridad de ser una monarquía en la que la clase dominante gobernó a los pueblos íberos del sur (curetes, massieni, bástulos, etmanei, cempsi, etc.). Se estableció una clase aristocrática, posiblemente los sucesores de los Tirsenos llegados del Asia Menor. El único rey tartésico alejado del mito es Argantonio, que según Herodoto vivió 120 años y reinó durante 80 en Tartessos. Sus antecesores míticos serían Gerón, Gargoris o Habis.

La civilización tartésica tuvo una economía próspera y una cultura superior a las que en el primer milenio a.C. se daban en occidente, más parecida a las del oriente. Fueron un pueblo que basó su economía en la minería, el comercio marítimo y la agricultura. Aprovecharon la riqueza minera de la región y gozaron de una avanzada industria metalúrgica. Además, fueron grandes navegantes. Aunque según Schulten no existen datos sobre las naves que utilizaron, el hecho de que trajesen estaño desde el norte, hace suponer que sus naves eran sólidas y rápidas. Probablemente también disponían de otras naves que surcaban el Guadalquivir para llevar a la costa la materia prima con la que después comerciaban. El río fue el centro de esta civilización y en su entorno crecieron las ciudades más importantes. En el campo agrícola y ganadero, los toros, la oveja, que producía una lana rojiza, el trigo o la miel fueron sus principales productos. El olivo lo introdujeron en la península los fenicios.



Eran un pueblo culto, que poseía el don de la escritura y amaban artes como la danza o la música, lo que cuadra completamente con ese escaso gusto por las armas y su tendencia a recurrir a mercenarios del norte. Adoraron al Sol y a la Luna. Según supone Schulten, sería lógico pensar que gozaron de obras históricas en prosa y verso, de hecho en la literatura griega existen referencias a los anales tartessos y a la existencia de unas milenarias leyes escritas en forma métrica. Todas estas características y algunas más, hicieron ver al alemán que el carácter de los Tartessos era un claro precedente de los actuales andaluces.

Este es el resumen de la visión de Schulten sobre Tarsis-Tartessos, fenicios, griegos y cartagineses, y el punto de partida para la investigación durante decenas de años, desde aproximadamente 1920 hasta finales de la década de los años sesenta. M.Almagro-Gorbea sugiera la existencia de un período proto-orientalizante, anterior a la llegada de los fenicios, datado entre los siglos XI y VIII a.C., caracterizándose por contactos esporádicos, según se advierte en un conjunto de objetos de importación de Oriente.




El descubrimiento más significativo respecto a las excavaciones arqueológicas se produjo el 30 de septiembre de 1958, en el curso de unas obras de ampliación en los terrenos de la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla, asentada en la colina de El Carambolo en al Aljarafe sevillano. Se halló un conjunto de piezas áureas, dentro de una vaso a mano, compuesto de veintiuna piezas de oro de 24 quilates y un peso aproximado de 2950 gramos, consistente en un collar, dos brazaletes, dos pectorales y dieciséis placas. ¿Qué significaban estos hallazgos? El descubrimiento de la realidad material de la cultura material del Bronce final. Pero lo más importante es la atribución del El Carambolo como yacimiento tartésico - y no la ciudad de Tartessos- sugiriendo un concepto más amplio espacial, según Carriazo (descubridor del Tesoro), quien desmitificó la idea de Schulten. Admite que los orígenes se hallan en el II milenio A.C., previa a la fundación de Gadir, y que floreció entre los siglos IX y V, teniendo su apogeo en el siglo VII a. C. En cuanto a su decadencia, no fueron los cartagineses sus causantes, sino sencillamente por la imposición del hierro en detrimento del monopolio tartésico del estaño. Carriazo defendió el origen autóctono de esta cultura, como evidente, su descubrimiento por motivos comerciales por parte de fenicios y griegos y su carácter regional en el ámbito geográfico del bajo Guadalquivir. Los fenicios son meros accidentes y visitantes circunstanciales, pero no el elemento efectivo en la conformación de esta etapa histórica, pues Tartessos era ya preexistente.

Pectoral de oro

Tesoro de Carambolo

Las décadas de los años setenta y ochenta han sido de gran actividad arqueológica, que han influido lógicamente en los puntos de vista sobre Tartessos. Los estudios de territorio en las provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba, en la arqueología Espacial, han constituido uno de los aspectos importantes para conocer la distribución de los asentamientos protohistóricos, su relación con los medios de producción y vías de comunicación, delimitación político-administrativa y étnica del territorio, modelos y características de los asentamientos y la posibilidad de los centros y su periferia productiva.

En suma, se posee un número suficiente de datos que permiten contrastas textos y arqueología, y centrar el problema de Tartessos más correctamente desde posiciones teóricas e históricas, contemplándose un mayor número de variables, que habían pasado inadvertidas, por esbozar un panorama más matizado y diferente, no sólo como proceso interno, sino por su proyección hacia el interior peninsular, el Mediterráneo y Atlántico.
http://www.uv.es/alabau/historiografia.htm 


domingo, 29 de enero de 2017

LAS MINIATURAS.


Este artículo se publicó en la revista El Correo de la Moda, el 16 de septiembre de 1860; el autor siguiendo las pautas de la publicación, destinada al público femenino, intentaba ilustrar a las lectoras sobre el difícil y bello arte de La Miniatura; el texto, no obstante, es un arreglo del francés, es decir una traducción, algo bastante habitual en la época; nos parece lo suficientemente interesante como para reproducirlo y que puedan acceder a él lectores actuales;  eso sí  manteniendo su ortografía original.


                                                            San Juan pintando el primer retrato de la Virgen
No será la primera vez que las lectoras del correo habrán oído hablar de esos bellos dibujos que en los antiguos libros manuscritos ocupaban el lugar de los grabados que hoy adornan las obras que llamamos ilustradas; pero como serán pocas las que hayan podido ver alguna de esas preciosas iluminaciones, que se encuentran únicamente en antiquísimos códices, guardados cuidadosamente en privilegiadas bibliotecas ó en el gabinete de algun curioso bibliófilo, creemos que nos agradecerán les demos algunas noticias acerca de ellas.
Si empezamos diciendo que miniatura es sinónimo de rúbrica, podrá esto a primera vista parecer estraordinario, y, sin embargo, veremos que no es difícil de comprender. Designábanse con la palabra rúbrica las letras encarnadas en los libros, de donde vino despues el dar el mismo nombre de rúbrica á la parte impresa con tinta encarnada, y posteriormente en caractéres itálicos en los misales y otros libros litúrgicos.
Antes de la invencion de la imprenta, números y hábiles calígrafos se ocupaban en copiar libros. Para que fuera mas fácil al lector encontrar el principio de los capítulos ó de los párrafos, empezaban por una letra encarnada, dándole este color con minio, que es un óxido de plomo: con el fin de hacer estas letras todavía mas visibles se las adornaba con arabescos, rasgos y hojas con las que los pámpanos de la viña, concluyendo por decorar los libros con dibujos, que recibieron el nombre de viñetas ó de miniaturas, porque reemplazaban a los adornos de hojas de viña y á las letras pintadas con minio.
Estas pinturas, estas iluminaciones, hechas con mas ó menos talento, segun el gusto del siglo y la capacidad del autor, eran siempre de pequeñas dimensiones y de un trabajo prolijo y minucioso.
Encuéntranse ya miniaturas en manuscritos del siglo V, y el buen gusto que en ellas se observa continúa hasta el siglo X, en que se pierde para no volver á aparecer hasta el XIV, época en que presentan un verdadero mérito artístico.
Las miniaturas dan un gran precio á los manuscritos, porque nos representan los trajes, armas y muebles de la época en que han sido hechas; y aun algunas son copias de figuras mucho mas antiguas, de modo que nos conservan las imágenes de objetos perdidos hace mucho tiempo y que no conoceríamos quizá a no ser por este medio.
                                                                Manuscrito de Virgilio. Biblioteca Vaticana
El mas antiguo manuscrito que se conoce con miniaturas es el de Virgilio, que existe en la biblioteca del Vaticano. El manuscrito de Froissard, que se halla en la biblioteca imperial de París, es una fuente inagotable para obtener datos sobre un gran número de puntos de la historia de Francia y de la de Inglaterra.El Libro de los Torneos, publicado por el rey Renato, ofrece tambien muchas curiosidades. No es posible olvidar Las horas de Ana de Bretaña, el mas bello y rico manuscrito de este género que se conoce, verdadero modelo de arte.
Las viñetas del manuscrito del evangelio de San Cuthbert, hechas por San Ethwald, ilustran muchos puntos relativos á la historia de las artes en Inglaterra. La paráfrasis poética del Génesis, escrita por Coedmon en el siglo XI da á conocer los instrumentos y utensilios de que se servían los anglo-sajones. Las miniaturas que acompañan la Historiade Ricardo, contienen los trajes de guerra del principio del siglo XV. En la catedral de Pisa existe un libro de coro en vitela, que se cree debe ser del siglo XII, donde Exulted que se canta  el Sábado Santo, esta adornado con miniaturas representando animales y plantas.
                                  Manuscrito. Grandes Horas de Ana de Bretaña. Biblioteca Nacional de Francia
En España tenemos varios códices manuscritos con miniaturas, especialmente en la biblioteca nacional de Madrid y en la del Escorial, entre los que citaremos el célebre Códice Vigilano, que contiene todos los Concilios, desde el primero de Nicea hasta el décimo séptimo de Toledo, ademas de varias cartas pontificias, etc., remontándose su antigüedad al año 976, y estando escrito con hermosa letra gótica y adornado con miniaturas iluminadas; el Códice Emilianense escrito el año 994; el Códice arábigoescrito en el siglo XI; La Biblia manuscrita, con viñetas, del siglo XII, que regaló á la catedral de Toledo San Luis rey de Francia; y el precioso libro de coro con iluminaciones de Juan y José de Salazar, que se conserva en la biblioteca de la misma iglesia.

                                        Pagina inicio sermón San Agustín o San Cesáreo de Arlés. Códice Emilianense
En todas las naciones de Europa se encuentran generalmente miniaturas; pero en Francia y en Flandes es donde hizo este arte mayores progresos y donde mas llegó a generalizarse.
Siguiendo las diferentes épocas históricas y á medida que las tinieblas de los siglos de la edad media se disipaban ante los primeros destellos del renacimiento de las artes, los miniaturistas fueron perfeccionándose así en la composición como en el colorido. La época en que en Francia alcanzaron mayor grado de perfeccionamiento, fue el reinado de Carlos V, cuyo hermano el duque de Berri era muy aficionado á los manuscritos adornados de este modo.
                                                     Página del Libro Las Muy Ricas Horas del Duque de Berry
A pesar del gran número de miniaturas que existen muy pocas llevan los nombres de sus autores, monjes la mayor parte de ellos. Entre los que han llegado a nosotros, podemos citar á Oderico de Gubio, canónigo de Siena, que vivia en 1233, citado por Dante, Guido de Siena y Simon Menemi, que vivian en la misma época; Francisco de Bolonia, discípulo de Oderico; Cibo, monje del siglo XIV; fray Bernardo, que vivia en 1450 y que recibió el nombre del Bountalenti; Gerardo, muerto en 1470; Bartolomé Della Gatta, abad de San Clemente en 1490; Agosto Decio, milanés; J. B. Stefaneschi, religioso; Pedro Casarei, de Perusa, que adornó con miniaturas varios manuscritos que se conservan en la catedral de Siena; el padre Silvestre, religioso de Florencia; el padre Piaggi, teatino; Fonquet, miniaturista de Luis XI; Antonio de Compaigne, enterrado en París en la iglesia de San Severino; Julio Clovio, muerto en 1578, del que se conserva un misal adornado con viñetas del mejor gusto y excelentes dibujos; Gerónimo Ficino, que vivia en 1550; Jacobo Argenta de Ferrara, en 1561; Ana Seghers, en 1550; Juan Miclich, en 1572; y los ya espresados Juan y José de Salazar, naturales de Toledo, que vivian á fines del siglo XVI y principios del siguiente.
                                                                    Retrato de Giulio Clovio. Autor: El Greco
Despues del descubrimiento de la imprenta los miniaturistas se ocuparon en adornar las iniciales de los libros ó en pintar viñetas al principio y al fin de los capítulos, especialmente en los misales y libros de horas; pero bien pronto los libros se multiplicaron tanto que hubiera sido difícil continuar iluminándolos de este modo. Estas pinturas han sido sustituidas mas modernamente con grabados llamados también viñetas, aunque ya no ofrezcan semejanza ninguna con los pámpanos de la viña.
                                                                 Miniatura: Retrato de Ninon de Lenclos
                                                                 Bote decorado con Miniatura, s. XVIII
                                                        Tabaquera. Miniatura de Pegaso en un paisaje, s. XVII
Pulsera articulada con miniaturas que representan a la familia imperial de Napoleón III y Eugenia de Montijo; obra del                                                          miniaturista suizo Philippe Prochet (1825-1890)
Los miniaturistas é iluminadores tuvieron, pues, que abandonar los libros y dedicarse á pintar otras cosas, especialmente retratos, que por su pequeñez conservaron el nombre de miniaturas. Adornábanse con estos retratos cajas de tabaco, brazaletes y hasta abanicos; y nuestros padres se retrataban en miniatura en las solemnes ocasiones de un casamiento,  ó de una ausencia, etc. Ahora no habrá muchas de mis bellas lectoras que no posesa cien tarjetas-retratos en cartera, amén de otras ciento en circulación. El daguerrotipo y la fotografia han matado los retratos en miniatura, como la imprenta mató las miniaturas en los manuscritos.
BIBLIOGRAFIA:
Jose Maria Larrea
http://ilovetoledo.es/admin/files/evento/2726/galeria/L_20140828202324_Miniaturas_medievales_Carmen_Perez.jpg
https://viseco.wordpress.com/2013/01/27/las-miniaturas-por-jose-maria-larrea/