miércoles, 21 de junio de 2017

TITO MACCIO PLAUTO Y LA COMEDIA ROMANA


Comediógrafo latino. Sólo se conoce con cierta seguridad su lugar de origen, la ciudad umbra de Sársina, donde hubo de nacer en torno al año 250 a. C. Ante la escasez de datos fiables acerca de su vida, desde muy pronto se creó toda una leyenda sobre su persona, adornada con elementos extraídos de sus propias obras teatrales. Así, la tradición cuenta que Plauto, a su llegada a Roma, se dedicó al mundo del teatro como actor, donde obtuvo un éxito inmediato y una considerable fortuna. Sin embargo, pronto se vio reducido a la pobreza por su mala suerte en los negocios, lo que le llevó a convertirse en esclavo en un molino. A pesar de tener que dar vueltas a la rueda del molino, Plauto escribió allí las comedias Saturio, Addictus y otras, con las que alcanzó una nueva fama, que le perseguiría hasta su muerte acaecida en el año 184 a. C. según Cicerón.
De entre todas estas noticias, la más verosímil es la que vincula a Plauto desde sus comienzos con el mundo del teatro, algo que se advierte incluso en el propio nombre del autor, a todas luces ficticio. El nomen Maccius hace pensar necesariamente en el personaje de la fábula atelana Maccus, lo que vendría bien con la noticia transmitida por Aulo Gelio acerca de la actividad de Plauto como actor; por otro lado, el cognomen Plautus puede significar o bien "animal o persona de orejas largas", un adjetivo que se aplica generalmente a los perros, o bien "persona con pies planos", lo que de nuevo nos acerca al ámbito de la comedia y el mimo, donde los actores reciben también el nombre de planipedes ("con los pies planos o descalzos").


De las más de 130 comedias que la Antigüedad atribuyó a Plauto, el estudioso romano del siglo I Marco Terencio Varrón señaló veintiuna comedias como obras seguras de este autor; al lado de éstas, propuso un conjunto de otras veinte obras de autoría probable; sin embargo, la tradición ha querido que sólo nos hayan llegado las veintiuna primeras, las llamadas Fabulae Varronianae; de éstas, la titulada Vidularia está casi perdida y otras (Cistellaria, Amphitruo, Bacchides, Aulularia) presentan importantes lagunas. Así, las comedias conservadas de Plauto son: Amphitruo, Asinaria, Aulularia, Bacchides, Captivi, Casina, Cistellaria, Curculio, Epidicus, Menaechmi, Mercator, Miles Gloriosus, Mostellaria, Persa, Poenulus, Pseudolus, Rudens, Stichus, Trinummus, Truculentus y Vidularia.
Las comedias de Plauto, como las de sus antecesores latinos (Andronico y Nevio), no eran sino la adaptación de diferentes comedias griegas de los principales autores de la Comedia Nueva (Menandro, Dífilo y Filemón), por lo que todas se inscriben en el género de las fabulae palliatae; sin embargo sólo se conocen con exactitud los modelos de la mitad de las comedias plautinas. De todas formas, Plauto alteró en gran medida con sus adaptaciones el sentido de ese tipo de comedia; así, frente a la importancia que la comedia griega otorgaba a la trama (generalmente de asunto amoroso), Plauto prefirió explotar precisamente algunos de los aspectos cómicos y grotescos de esos argumentos. Por otro lado, existen numerosas alteraciones derivadas de la peculiar adaptación métrica de las obras griegas y, de hecho, frente al carácter hablado de la comedia griega, las fábulas plautinas tienen un elevado porcentaje de partes lírico-musicales (los cantica).


Otro procedimiento utilizado por Plauto a la hora de adaptar sus modelos fue el de la contaminatio, que consistía en combinar elementos o escenas provenientes de dos comedias distintas. La forma más común de contaminatio era la incorporación en una comedia de alguna escena o motivo que en principio no estaban en el original griego tomado como modelo. Plauto actúa además con una gran libertad a la hora de insertar en sus comedias de ambientación griega temas puramente romanos. Así, cabe hablar de una romanización de la comedia griega: a pesar de que los personajes y las acciones son griegas, Plauto supo insertar numerosas notas coloristas de un sabor netamente romano; de ese modo, los personajes juran por los dioses romanos, asisten al foro, parecen recorrer las propias calles de Roma o, cuando están en el ejército, hablan de legiones. En este mismo sentido, se adivinan en sus piezas dramáticas algunos elementos que parecen provenir del teatro popular tales como la gran importancia que adquieren en la trama el engaño y los equívocos, el gusto por la parodia, el papel relevante de algunos personajes grotescos (el esclavo o el parásito) o el papel destacado que se reserva a la mímica y los gestos.

En lo que respecta a la estructura de las comedias, frente a lo que ocurría en la Comedia Nueva, las comedias de Plauto presentan una acción continua y sin actos (las divisiones de las comedias plautinas en actos parten del siglo XVI). En cuanto al prólogo, que en la Comedia Nueva griega presentaba una gran variedad, Plauto se muestra también original; así, cinco de sus comedias no tienen prólogo (Curculio, Epidicus, Mostellaria, Persa y Stichus); por otro lado, algunos de los prólogos han perdido su naturaleza expositiva; de ese modo, esta parte adquiere una mayor agilidad y sirve para despertar el interés del espectador al adelantarle o ocultarle algunos asuntos importantes de la trama, con lo que se destaca el factor sorpresa. En todos los casos, Plauto intenta acercar el prólogo a su público y, en muchas ocasiones, le informa en él sobre el título y el autor de la obra que se va a representar; también lo utiliza para hablar con los espectadores, pedirles silencio o comentar con ellos algunos aspectos de la actualidad política y social sin olvidarse de introducir algún que otro chiste.
Por lo demás, en las comedias de Plauto se guardan las tres reglas del teatro clásico: unidad de tiempo, de lugar y de acción. Sólo en el caso de Amphitruo y de Curculio, se rompe la unidad de tiempo al comenzar la acción por la noche y prolongarse hasta la mañana siguiente. Hay, con todo, importantes deficiencias estructurales, derivadas del deseo de Plauto de hacer reír a su público incluso a expensas de no respetar la trama; con ello, se producen abundantes repeticiones y, en ocasiones, contradicciones y descuidos, que muchos críticos interpretaron como fruto de la incapacidad de Plauto para adaptar sus modelos. Hoy se piensa, por el contrario, que el interés de Plauto no era tanto ser fiel a una trama compleja sino, como se ha dicho, hacer reír a un público tan heterogéneo como el romano.


En cuanto a los personajes, Plauto no se presenta como un hábil pintor de caracteres; una vez más, abandona la fina caracterización psicológica de los personajes de la Comedia Nueva y los transforma en tipos fijos, en los que se ha exagerado lo que en ellos hay de grotesco y fantástico: así, el parásito es glotón en exceso, el esclavo sumamente taimado y bufón o el soldado extremadamente fanfarrón; son precisamente estos personajes secundarios los que, en muchas ocasiones, llevan el peso de la acción, pues con sus intrigas y engaños son capaces de crear un teatro dentro del teatro. En cuanto al resto de los personajes, el joven (adulescens) es siempre un enamorado, preocupado tan sólo por conseguir a la joven objeto de sus deseos, por lo que no duda en ponerse en manos de un hábil esclavo que le ayude; el viejo (senex) suele ser un padre severo, irritable y contrario a las pretensiones de su hijo. Generalmente siempre termina estafado o burlado. Otro tipo de viejo es el "viejo verde", enamorado de una joven y que casi siempre acaba siendo blanco de las chanzas y las risas. Al lado de estos dos personajes, el esclavo (servus) es el más rico en registros: hábil, inteligente, chistoso, parlanchín, metiroso, no duda en ayudar a su joven amo al tiempo que se ayuda a sí mismo. Este personaje es, en realidad, el gran hallazgo de Plauto, pues supone el medio ideal para la parodia y la chanza. Prueba de su importancia son los propios títulos de las comedias plautinas, bautizadas en ocasiones con los nombres de estos esclavos: Pseudolus o Curculio. Junto a estos personajes principales, pueden aparecer otros como el parásito (muy semenjante al esclavo), el médico, el cocinero (con fama de ladrón en Roma) o el banquero.


En cuanto a los personajes femeninos, aparecen casi siempre relegados a un segundo término y funcionan muchas veces como un mero contrapunto de un personaje masculino o como simple sostén de la historia amorosa, que era el centro de la comedia griega: la joven (puella) hija de una buena familia o hija de padres desconocidos en manos de un alcahuete aparece poco en escena; mucho más interesante es el papel de las cortesanas, que ávidas de dinero y siempre dispuestas a irse con el amante que más dinero ofrece son en muchas ocasiones objeto de la caricatura; al lado de este tipo de "mujer fatal", existen también ejemplos de meretrices bondadosas, enamoradas realmente de sus amantes; tampoco la matrona (uxor) sale muy bien parada: malhumorada y colérica, sobre todo en el caso de una mujer con buena dote, aparece dispuesta a imponer su voluntad sobre la de su marido, por lo que cuando sale escaldada toda su altanería se reduce a un mero objeto de burla. Otro tipo de mujer duramente caracterizada por Plauto es la vieja lena (anus), borracha y amante del dinero, cuyos planes para enriquecerse acaban por lo común mal.


Para destacar la alternancia entre partes habladas y partes cantadas de las comedias, se empleaban diversos metros; así, en las comedias plautinas alternan las partes escritas en senarios yámbicos (metro empleado en los diálogos entre personajes y que corresponde al estilo más cercano a la conversación), en septenarios trocaicos y octonarios yámbicos, (metros más largos, escritos para la recitación y que iban acompañados por la flauta) y los cantica, partes cantadas de la obra, donde se da una mayor dificultad por la riqueza y variedad de los metros empleados (créticos, baquíacos, etc.). De todos modos, a pesar de que los pasajes en senarios suelen representar en gran medida el habla coloquial, no hay que olvidar que estamos ante un registro poético y que, por tanto, incluso en estas partes de la comedia Plauto se muestra extremadamente cuidadoso con el lenguaje, lo que explica que incluso aquí y generalmente al final del verso aparezcan arcaísmos.


Plauto utiliza todos los recursos estilísticos que encontramos en otras obras literarias latinas: estructuras bimembres y trimembres con cola perfectamente simétricos, ánaforas, aliteraciones, asonancias, acumulación de sinónimos (congeries), arcaísmos, figuras etimológicas, etc. A todo ello hay que añadir el enorme talento de Plauto para la creación de metáforas y su amplio dominio de la lengua militar, amorosa, legal y religiosa, que emplea en muchas ocasiones con fines paródicos. Las comedias de Plauto se convierten, así, en una perfecta mezcla entre un latín literario y un latín coloquial, cuya presencia se advierte por el uso abundante de interjecciones coloquiales (las fórmulas de maldición e insulto así com los juramentos son especialmente numerosos), de diminutivos con un fuerte carácter afectivo y expresivo, de redundancias y repeticiones y, dentro de la sintaxis, por la frecuente presencia del anacoluto.
Por otro lado, Plauto recurre en muchas ocasiones a la lengua popular para enriquecer sus versos; ésta le presta numerosos vocablos procedentes de los campos semánticos del insulto, la burla, el amor o los oficios. También la presencia de una gran cantidad de palabras de origen griego hemos de explicarla por la influencia de esta lengua popular de esclavos y libertos, nuevo recurso para provocar la risa del público. Plauto aparece, así, como uno de los más grandes poetas en lengua latina y uno de los autores dramáticos más originales, en la medida en que supo integrar en sus fabulae de esencia griega numerosos elementos genuinamente romanos. A partir de él, la comedia romana se iba a helenizar cada vez más, lo que provocó un mayor distanciamiento respecto de su público.

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