viernes, 9 de junio de 2017

LA SÁTIRA ROMANA Y JUVENAL


El término "satura" designa un género literario que, si bien recibe influencias del drama griego y de las diatribas de los filósofos cínicos, se desarrolla por primera vez en Roma como tal género con características bien definidas; por este motivo Quintiliano se jactaba de que "la sátira al menos es un logro totalmente romano". 
El origen del término "satura" es oscuro: ya en la Antigüedad se proponían diversos orígenes para el mismo, sin que existan razones de peso para proponer unos por encima de los otros. La historia del desarrollo de la sátira como género literario es larga, pudiéndose rastrear hasta cuatro tipos de composiciones de carácter satírico. En primer lugar el historiador tito Livio, al hablar de los comienzos del teatro en Roma, nos informa de una "satura dramática" en las que se mezclaban cantos, música y mimo. Las informaciones sobre este tipo de representaciones son prácticamente nulas y, desde luego, no parece que hayan ejercido ninguna influencia en el desarrollo de la sátira como género independiente. 
Un segundo grupo de escritos satíricos lo forman composiciones de carácter burlesco y moralizador, pero en las que no se incluían, al parecer, ni invectivas ni ataques personales. Algunas obras del polifacético poeta Ennio (239-169 a. C.) fueron de este tipo. Publicó al menos cuatro libros (algunos autores hablan de seis), de poemas cuyas característica fundamental era la mezcla de elementos diversos tanto desde el punto de vista de la forma como del contenido: no sólo estaban escritas en diversos metros, incluyendo fragmentos en prosa, sino que su contenido oscilaba entre la fábula, el episodio autobiográfico y algunos poemas típicamente satíricos con críticas de costumbres de su época. 
El tercer tipo de sátira es precisamente el que define el género: composiciones sobre diversos temas pero en las que se incluye una crítica mordaz desde un punto de vista muy personal de personas concretas y de la sociedad en general. Lucilio es el creador del género; Horacio, Persio y Juvenal son sus máximos representantes. 
Por último desde época muy temprana se desarrollaron composiciones satíricas que seguían el modelo de Menipo y que por ese motivo se titularon sátiras menipeas. Eran composiciones en las que se repartían desigualmente prosa y verso con una intencionalidad más didáctica que crítica. Varrón fue el primero en escribir este tipo de composiciones .La Apocolocyntosis de Séneca y el Satiricón de Petronio también se incluyen en este apartado. 


Es característico del género satírico su carácter fuertemente personal, que hace que la vida del autor se transparente en su obra y que sean frecuentes las alusiones autobiográficas; así lo hemos visto en Lucilio, en Horacio y en Persio. Sin embargo ésta es la primera diferencia entre Décimo Junio Juvenal y sus predecesores: Juvenal en sus sátiras no nos cuenta gran cosa sobre sí mismo; sí nos informa su obra sobre sus sentimientos ante la sociedad de su tiempo y, en definitiva, sobre su talante interior, pero no hay apenas alusiones a su vida personal. 
Se sabe que nació en Aquino, ciudad del Lacio meridional, hacia el año 60 y que murió a edad avanzada con posterioridad al 127. Parece ser que era hijo de un liberto adinerado y que vivió la vida difícil de los clientes que recoge él mismo en sus sátiras. De los escasos datos que tenemos parece desprenderse que hizo carrera militar y recibió una sólida formación retórica.
Otro elemento que se acercaría a la verdad es el de su amistad con Marcial, este poeta le dedica tres de sus epigramas, que por fortuna nos han llegado completos: en el primero ya subyace la misma con la cariñosa mención "Iuvenale meo", en el segundo se confirma, pues habla del envío de unas nueces de su huerto por Saturnales y en el tercero dibuja a nuestro protagonista por las estresantes calles y cansinas colinas en comparación con su tranquilidad en la rural Bilbilis hispana.
La juventud y parte de la madurez y de Juvenal transcurre durante el reinado de Domiciano, prototipo de tirano y que marcó definitivamente al poeta. En el año 96 muere Domiciano y se inicia con Nerva y sus sucesores una época de restauración política, social y moral; es éste el momento que Juvenal, ya de mediana edad, elige para comenzar a publicar sus 16 sátiras en cinco libros ordenados por el mismo autor.
Son estas las informaciones que se pueden considerar en mayor medida cercanas a la realidad. Por otro lado,han llegado diversas biografías tardías, algunas muy espurias,que describen a un Juvenal hijo de un rico liberto que practicó la declamación como afición más que como medio de ganarse la vida; primero escribiría alguna sátira que recelaba pronunciar en público, pero el ánimo entre sus más cercanos le llevarían a publicarlas con éxito. Sin embargo, los peligros del género, cuentan, le condujeron al destierro en el final de su vida, provocándole la muerte de hastío, alejado de la Urbs.


En la sátira inicial del libro I que, como ocurre en sus predecesores, tiene carácter programático, expone su deseo de escribir sátiras a la manera de Lucilio, realizando una agria crítica de la sociedad de su tiempo. Sin embargo el poeta declara en esa misma sátira que sólo hablará de personas ya muertas, de manera que dirige su indignación tantas veces sofocada contra la época de Domiciano. La sátira IV es particularmente ilustrativa de cuáles son los motivos y las intenciones del poeta: desahogarse del horror experimentado en el inmediato pasado y resarcirse del obligado silencio. La crítica alcanza tanto al emperador, al que se censura su arbitrariedad y su crueldad, como a la clase senatorial, inclinada a la adulación y a la delación. Sin embargo esta crítica se hace extensiva al presente porque los defectos de la sociedad se perpetuaban y se hacían difíciles de eliminar. 
La actividad literaria de Juvenal duró aproximadamente unos treinta años y, como es natural, se observan diferencias en el contenido entre las primeras composiciones y las últimas; con el paso del tiempo disminuye la virulencia de los ataques y aborda cuestiones morales y narraciones de menor carga satírica. 
En el campo de la lengua y el estilo, Juvenal aporta a la sátira toda su formación y su experiencia de retórico. Destaca sobre todo en las descripciones rápidas y concisas, sacadas de la observación de la realidad. Su utilización de la lengua es admirable por su fuerza y por su poder evocador. Juvenal es, al mismo tiempo que uno de los máximos representantes de la sátira romana, el punto y final de este género, el más típicamente romano.


En lo que respecta al género literario de la sátira, se trata quizá del único no importado de Grecia. Quintiliano, posible maestro de Juvenal, dice en Insitutio "Satura quidem tota nostra est" (La sátira es desde luego toda entera nuestra). Inventada por Lucilio, inspirado en Ennio, en la segunda mitad del siglo II a.C., la falta de documentos anteriores nos lleva a imponer el canon según Horacio, Persio y Juvenal, a quien la historia otorga la primacía. Las influencias que se pudieron recoger para su génesis seguramente provienen de la Comedia Antigua y su afán de nombrar a personajes vivos o muertos que se convertían en los protagonistas de las bromas y chistes frente al público, así como de la llamada poesía de escarnio helenística o silografía con sus diatribas político-culturales.
En cuanto a la sátira juvenaliana, escribe en la segunda mitad de su vida, parece que comenzó a publicar en torno al año 101 d.C. Sus tópicos son la crítica de la época (locus de saeculo) y la denuncia de los efectos devastadores del dinero (locus de devitiis) lo que evidencia sus ejes de la relación moralidad-riquezas. Al ser un género comprometido y para no ponerse en peligro, al igual que Horacio, para evitar que le señalen !hic est! solo hablará de muertos, las víctimas más fáciles,contará lo que sea permitido sobre aquellos de cuyas cenizas son cubiertas de tierra en la Flaminia y en la Latina (si bien entre los investigadores existe todavía debate sobre si lo cumplió).
Sus versos no se caracterizan por el rigor y la coherencia; escribe usando un lenguaje coloquial apareciendo personalmente el propio autor; con ironía y juegos de palabras, de carácter costumbrista y en ocasiones cómico. Todo ello con el objetivo de corregir a la sociedad de sus numerosos vicios y necedades para lo que no deja de ser jocoso con su punto realista.Echa de menos aquella época primitiva de la Res publica de velludos cónsules que dividían su tiempo entre el trabajo de la tierra y el de la política (la edad de mar, yelmo y azada, ajena al afeminamiento actual con sus perfumes y depilaciones).




Les dejo algunos fragmentos de las sátiras de Juvenal:

"En Roma, muchísimos enfermos mueren por no dormir; los mismos alimentos malos que se quedan en el estómago producen la enfermedad, porque, ¿qué habitación arrendada permite conciliar el sueño? ¡El dormir en la ciudad cuesta mucho dinero! He aquí la causa principal de enfermedad. El paso de los grandes carros por las estrechas curvas de los barrios de la ciudad, el clamoreo de los rebaños detenidos quitarían el sueño a Druso y a los rebaños marinos. Si el deber lo exige el rico será llevado, apartándose de la turba, y él será conducido sobre las cabezas, en una amplia liburna. Él, mientras tanto, irá leyendo, escribiendo o durmiendo, porque con la ventanilla cerrada la litera provoca el sueño. Llegará antes que nosotros, porque nuestra prisa se ve detenida por la ola interior, y la muchedumbre que sigue nos aprieta en gran avalancha de lomos. Uno va dando codazos, el otro golpea la cabeza con una viga, el otro con una medida. Llevo las piernas empastadas de barro, por todas partes llegan pies enormes que me pisan, y los clavos de las suelas militares se me clavan en los dedos" (sátira III).

"A los amigos sin categoría se les servirán setas peligrosas, al señor champiñones, como los que comía Claudio antes del que le sirvió su mujer, después ya no comió nada. Virrón mandará que le pongan a sí mismo y a los demás Virrones unas frutas de las que tan solo captarás el olor, como las que producía el eterno otoño de los feacios, podrías pensar que las había robado a las hermanas africanas. Tú disfrutarás del desecho de la fruta, como la que roe en el parapeto el que se cubre de casco y escudo y aprende por miedo a látigo a lanzar los dados montado en una cabra peluda. Quizás pienses que Virrón se porta así para ahorrar. Lo hace únicamente para que sufras. ¿Pues qué comedia o qué mimo es mejor que la voracidad angustiosa? Así que todo se hace, por si no lo sabías, para que disuelvas tu bilis en las lágrimas, y rechines los dientes tanto tiempo cerrados. Tú piensas que eres hombre libre y comensal de tu rey; él piensa que estás cautivado por el olorcillo de la cocina, y no sospecha mal. Pues, ¿quién hay tan carente de todo, que lo aguante dos veces, si ha llevado de niño el oro etrusco, o aunque solo sea el nudo, modesto distintivo de cuero?" (sátira V).

"Viene ya de muy antiguo, Póstumo, el mancillar el lecho ajeno, y menospreciar el genio del tálamo sagrado. Todos los demás crímenes los trajo después la edad de hierro; pero la edad de plata vio a los primeros adúlteros. Y tú, con todo, preparas en nuestros tiempos el convenido pacto y los esponsales. Ya te está peinando el maestro peluquero, y quizá pusiste el signo de la alianza en el dedo. Tú estabas ciertamente en tus cabales. ¿Te casas, Póstumo? Dime, ¿qué Tisifón o qué serpientes de persiguen? Dime, ¿puedes soportar una señora, habiendo tantas cuerdas libres para ahorcarte, habiendo tantas ventanas altas en la oscuridad, teniendo tan cerca de tu casa el puente Emilio? O si no te gusta ninguna de estas salidas, ¿no te parece mejor que a tu lado duerma un jovencito? Un jovencito que no riñe de noche contigo, que no exige ningún regalo cuando está a tu lado, ni se queja de que lo dejes tranquilo, ni de que no satisfagas todos sus gustos" (sátira VI).

"Cualquier cosa que se hace con mal ejemplo desagrada al mismo autor. La primera venganza consiste en que ningún culpable se absuelve a sí mismo, aunque una mala influencia venza en la urna falaz del pretor. Calvino, ¿qué crees que juzga quien recientemente ha cometido un crimen o ha violado la fidelidad? Pero no tienes un censo tan corto que te aplane el peso de una pequeña pérdida, ni es cosa rara tampoco lo que padeces. Este caso es corriente, conocido por todos, y sacado del medio acervo de la fortuna. El dolor de un hombre no debe ser más intenso de lo justo, ni mayor que la herida. ¿Tú a duras penas puedes soportar con la entrañas encendidas una mínima y exigua parte de los males ligeros que un amigo no te devuelva un depósito sagrado?" (sátira XIII9.

"Hay muchos vicios, Fustino, dignos de fama siniestra y que graban una triste mancha en las vidas más limpias, que enseñan y transmiten a sus hijos sus propios padres. Si al viejo le gusta el juego daño, juega también el heredero aún pequeño y mueve las mismas armas en el diminuto cubilete. A ningún pariente permitirá esperar de sí nada mejor el joven que aprendió de la gula redomada de su padre derrochador, a pelar las trufas, a condimentar los champiñones y a empapar en el mismo jugo los papafigos. Cuando tenga siete años, aunque no haya cambiado los dientes de leche, aunque le pongas mil maestros barbudos por una parte y mil por otra, deseará cenar siempre con gran boato, y que no merme en nada la cocina" (sátira XIV).


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