miércoles, 28 de junio de 2017

ALBERT EINSTEIN...DIOS NO JUEGA A LOS DADOS CON EL HOMBRE


Hablar de este tema de Einstein resulta desafiante para una persona que no ha profundizado en una ciencia como es la teologia. La teologia y la fisica son dos practicas totalmente antagónicas en apariencia. No se trata de que una sea ciencia y la otra no. ¡Todo lo contrario! Son dos ciencias que se juntan para decir que el mundo necesita de una filosofía, es decir, un modo de mirar y de plantearse frente al mundo. En el libro “Mi visión de Mundo” de Einstein deja entrever esta relación. Pensar el mundo, es decir, la realidad circundante, lo que me acontece y lo que deviene, significa tener una filosofía, una base racional, de manera de poder decir que todo tiene un orden y que la realidad tiene que ser analizada no como un simple objeto, sino como una instancia en donde el hombre y su entorno puedan vivir armoniosamente.
Einstein parte diciendo que existen dos conceptos que marcan el inicio de toda experiencia religiosa. Estas son el “sentir” y el “ansiar”. Esto es lo que explica los movimientos espirituales y todo el desarrollo de cada uno de ellos.
Einstein plantea tres tipos de religiones, es decir, tres formas que fueron constituyentes del existir humano desde los orígenes.
La primera de ellas es la que denomina religión del miedo. Este miedo que se expresa en lo cotidiano como por ejemplo el miedo a los animales, a las cosas desconocidas, a la muerte, al hambre. La explicación que da es que a este nivel de la existencia no existía una comprensión de las cosas que tenemos nosotros hoy. Pertenece a un estadio más primitivo. “Debido a que a ese nivel de la existencia la comprensión de las conexiones causales suele ser mínima, el ingenio humano en entes más o menos análogos, de cuyas acciones o deseos dependen las acciones temidas. Entonces, se da el deseo de captar la simpatía de dichos entes celebrando ceremonias y haciendo sacrificios que, según creencias transmitidas de generación en generación, han de aplacarlos” . En estas palabras, nos está mostrando que la religión del miedo es aquella que a partir de representaciones va configurando su experiencia religiosa. Es una manera de dar respuesta a aquello que aparece como desconocido. El hombre en este estadio de la existencia no tiene una comprensión de las cosas como hoy por hoy se entienden, de ahí tales representaciones y atribuciones a este ente que denomina Einstein o Dios para este nivel de comprensión. Por eso, era necesario que intervinieran personas o sacerdotes para dar sentido a tales interrogantes sin respuesta lógica.
La segunda religión que denomina es la llamada religión moral o social. Aquí la comunidad en general necesita de modelos que vayan orientando el devenir de la existencia ya que el mismo hombre se da cuenta de que él es susceptible de cometer errores, no es perfecto. Así nace el concepto de Dios en medio de una religión moral que es un estadio más avanzado que el anterior. Este Dios es el “de la Providencia, que ampara, dispone, recompensa y castiga. Es el Dios que según el horizonte de los hombres impulsa la vida de la familia, de la humanidad, que consuela en momentos de desgracia y de nostalgia, que custodia las almas de los muertos. Estas son las nociones morales y sociales de Dios” . En estos estadios de experiencia religiosa, hay que notar que se van entrecruzando las dos. No son estadios puros e independientes unos de otros. Esto hace notar Einstein cuando habla de la experiencia del pueblo judío, que conocía muy bien. En ellos se ve este paso de una religión del miedo a la religión moral y social. La culminación de este traspaso se dio en el Nuevo Testamento. Ahora, lo que iguala a todas estas religiones es el carácter “antropomórfico”. Se trata de un Dios que se manifiesta cercano a los pueblos, al hombre en general. Es un Dios que habla de igual a igual con el pueblo, que tiene destinatarios, mensajeros, y que incluso llega a insertarse en la historia de los hombres. Es a partir de esta conclusión en donde Einstein menciona a la tercera forma de hacer religión. Es la llamada religiosidad cósmica. En ésta no existe una expresión antropomórfica de Dios. Es una forma más avanzada y con la cual él se identifica. Es un estadio en donde pocos se insertan ya que es difícil de comprender. Los hombres que se han insertado en esta línea han tenido que enfrentar no menos dificultades por su experiencia. En esta experiencia el individuo se encuentra con un mundo complejo y hermoso al mismo tiempo, en medio de un profundo orden tanto en la Naturalñeza como en el mundo de las ideas. El ser se expresa como un todo unitario y razonante. “La religiosidad cósmica se puede encontrar incluso en las primeras etapas del desarrollo religioso, por ejemplo en algunos salmos de David y en algunos profetas. El componente de Religiosidad Cósmica está mucho más acentuado en el Budismo, como nos lo ha demostrado los magníficos escritos de Schopenhauer. Los genios religiosos de todos los tiempos eran admirables gracias a esta religiosidad que no conocía dogmas ni Dios alguno concebido a la manera del hombre. Y es por esto que no puede haber ninguna iglesia cuya enseñanaza fundamental se base en la religiosidad cósmica, y también por eso encontraremos entre los herejes de todos los tiempos a hombres colmados de ella, considerados muy a menudo idealistas o hasta santos por sus contemporáneos. Hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza están muy cerca unos de otros” . Teniendo todos estos presupuestos, Einstein se pregunta de qué manera los hombres pueden comunicar esta experiencia religiosa sin llegar a formar una teología concreta. Responderá que es necesario tener siempre presenta al arte y a la ciencia para poder mantener vivo este sentimiento tan profundo . Para el hombre que esté impregnado de la regularidad causal de todos los hechos no podrá encontrar en la creencias como las religiones del miedo y socio-moral, respuestas a sus interrogantes. Más bien les parecerá representaciones infantiles. Esta relación es la que tuvieron que asumir aquellos que fueron pioneros como los que nombraba el mismo Einstein. Se miraba la religión y la ciencia como dos realidades separadas (antagónicas) ya que en una sociedad profundamente teocéntrica se hacía imposible postular una teoría de la regularidad causal de los hechos y de las ideas. Esto plantea, según Einstein, que no es posible pensar que exista un ente que intervenga en la realidad de las cosas y en los sucesos del Universo. Por eso, la religiosidad cósmica es el impulso para todo científico a hacer ciencia. “Sólo el que pueda imaginar los esfuerzos extraordinarios que hacen falta para abrir nuevos caminos a la ciencia, es capaz de apreciar la fuerza del sentimiento que surge de un trabajo ajeno a la vida práctica. ¡Qué fe más profunda en la racionalidad del universo construido, y qué anhelo por comprender, aún cuando fuera sólo una pequeña parte de la razón que revela este mundo, tenían que animar a Kepler y a Newton para que fueran capaces de desentrañar el mecanismo de la mecánica celeste con el trabajo solitario de tantos años!” . Einstein explicita aun más esta relación diciendo que no se puede tener una imagen falsa de los científicos. No se puede mantener una mirada de una ciencia meramente práctica. Esto terminar por falsear la realidad y los esfuerzos de innumerables personas que han dado toda su vida para este trabajo. La única manera de mantenerse fiel en medio de incluso fracasos es tener como fuente o inspiración de trabajo la religiosidad cósmica. Esta es la que da la fuerza. “Un contemporáneo ha dicho y no sin razón que en esta época tan fundamentalmente materialista son los investigadores científicos serios los únicos hombres profundamente religiosos” . Esta frase concluyente del tema en Einstein manifiesta de modo claro por dónde pasa el trabajo científico y, al mismo tiempo, la relación actual entre la religión y la ciencia. No se trata de excluir, sino de incluirse mutuamante en un diálogo serio, profundo y respetuoso. El aporte y la valoración de la religiosidad cósmica abre puertas para este diálogo de manera que hoy podamos mirar el pasado y mirar las heridas no con resentimiento sino con esperanza.
Para concluir con este tema de real importancia, creo que el concepto del azar en la persona de Einstein lo encontramos bien expuesto. No se trata de algo fortuito, sino de una construcción racional en donde el hombre desde su condición va tomando los hilos del conocimiento y desde ahí construye un saber que está al “servicio” de la humanidad. Me resulta muy interesante cuando concluye el tema “religión y ciencia”, cuando dice que los verdaderos hombres religiosos son los científicos serios. Ellos son los que intentan dar respuestas a las diferentes interrogantes que van apareciendo en el mundo real y sensible. Interpreto además esta frase desde un punto de vista más natural. El hombre religioso es aquel que intenta “interpretar” a la luz de su propia experiencia lo que acontece a su alrededor. Esta interpretación tiene que ser “dadora de sentido” para aquellos que la buscan. En este punto me quiero detener un momento. Dar sentido a la vida, a las cosas, a lo que acontece creo que es una forma de vivir el “azar” hoy. Esto porque todo tiene una conexión. Nada es porque sí. Según este axioma decimos que todo lo que acontece tiene una explicación y al mismo tiempo un sentido. Desde este punto de vista creo que tenemos que vivir nuestro ser religioso-científico que mencionaba Einstein. Se trata entonces, de saber leer la realidad, sus causas, sus dificultades, y así mediar en la realidad. Es la labor del “arte” que también lo menciona. Considero que el arte intenta mostrar o interpretar lo que el hombre de hoy vive. Desde siempre los artistas se han servido de su hermoso oficio para intentar dar sentido a lo que acontece a su alrededor. Hoy por hoy el arte también continúa con este objetivo. En estos momentos más que nunca se necesitan personas que sean capaces de vivir su vida con estas características pero de un modo serio. El arte no se sirve de nada ni de nadie. Como lo plantea el mismo Einstein en el inicio del libro “Mi visión del mundo”. Se está para servir sin dejar de lado esa condición de individualidad, esa suerte de estar alejado de los otros para continuar con la labor de la investigación, pero siempre con el horizonte del servicio serio hacia la humanidad. Estas son dimensiones que no se pueden pasar por alto si intentamos construir la vida desde la clave del azar. Toda construcción racional necesita de criterios serios para asumir la vida del mismo modo. Con la labor científica ocurre algo análogo. Al menos así lo deja entrever el mismo Einstein. El científico que vive a fondo su vocación lo que pretende es realizar un servicio al hombre, a un pueblo, a una cultura que es la cultura humana. La ciencia la vemos desde dos puntos de vista. Desde el punto de vista particular y desde lo general. Aquí nos referimos fundamentalmente desde el segundo criterio. No se trata de incidir en el orden natural sin ningún propósito. Todo lo contrario. El científico tiene que poner su conocimiento al servicio de la humanidad para así no perder esa capacidad de asombrarse por todo aquello que ocurre a su alrededor. Esto último lo menciona el mismo Einstein cuando recurre a las ideas (arte y ciencia). Lo que pretende en el fondo cada una de estas disciplinas es ayudar al hombre. Se trata de que éstas ayuden a descifrar el “misterio”. “El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no lo conoce, quien no puede asombrarse o no maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido. Esta experiencia de lo misterioso (aunque mezclada de temor) ha generado también la religión. Pero la verdadera religiosidad es saber de esa existencia impenetrable para nosotros, saber que hay manifestaciones de la Razón más profunda y de la Belleza más resplandeciente sólo asequibles en su forma más elemental para el intelecto. En ese sentido, y sólo en éste, se pertenece al hombre profundamente religioso”. Estas palabras manifiestan la seriedad con que el hombre, no tan sólo el científico, sino todo aquel que tome con profundidad su vida, debe mirar la propia historia y la de toda la naturaleza. No se trata de negar todo principio religioso. Lo que Einstein nos deja entrever es que en la religiosidad cósmica encontramos ese principio de la causalidad que nos permite descubrir el deseo racional para poder penetrar el orden natural de las cosas. Descubrir de que Dios no juega con la humanidad, no la castiga ni mucho menos está por encima de ella. Existe en el hombre esa pretensión de poder descubrir todo aquello que la razón le permita comprender y discernir la misma naturaleza para intervenir en ella de un modo coherente. La frase (Dios no juega a los dados con la naturaleza) se profundiza entonces desde esa comprensión religioso-cósmica que tiene como premisa primera la relación armoniosa entre la religión y la ciencia. Mirar la vida desde el punto de vista religioso tiene que hacerse desde esa perspectiva, de lo contrario estaríamos entrando en una incoherencia con todo lo que se ha planteado. La religiosidad cósmica tiene asumida lo que se denomina como “regularidad causal” de todas las cosas o hechos. No podemos considerar que un ente determinado intervenga a su antojo en los hechos naturales (crítica antropomórfica de Dios). Se trata de poder comunicar esta experiencia religiosa que no tiene códigos más que los que muestra la misma naturaleza. No existe una sistematización acabada del tema y quizás por ahí haya una beta interesante de asumir entre lo que se ha llamado desde siempre el diálogo profundo y serio entre la religión y la ciencia. Para ello se debe mantener siempre despierto este sentimiento que se manifiesta en esa expresión religiosa que Einstein llama hermosamente cósmica. El mundo tiene su orden, su lógica y nos compete a los hombres y mujeres poder descifrar lo que éste esconde. No se trata de saber para dominar, sino de comprender para servir. El hombre, el científico, el arte en general se rige bajo este principio. No quisiera terminar este trabajo sin antes referirme a un aspecto muy interesante del pensamiento de Einstein. El menciona reiteradas veces y como convicción el hecho de que todo hombre que se dedique a esta labor de intentar descubrir lo que el orden natural esconde, tiene que tener una suerte de “solitariedad”. Se trata de vivir aparte pero no enajenado del mundo. Para pensar, se necesita tomar distancia y así ejecutar su actividad creativa. Esta actividad creativa es lo que permite que el hombre vaya desarrollandose y evolucionando. Por tanto, la actividad del “intelectual” consiste en tomar en serio su vida y pensar en responsabilidad con respecto a los otros. Esta dimensión de la responsabilidad con los otros es interesante porque estamos insertos en el mundo como en una suerte de “entre-tejido”. Estamos conectados con el mundo y con las personas de muchos modos y formas. Esto nos permite mirar nuestro tema del azar con nuevos ojos. Esta mirada de que el azar significa también asumir nuestra realidad, nuestra historia. Estamos conectados de miles de formas y esto nos hace tomar conciencia de que en este orden natural, del cosmos, formamos parte de una sola humanidad, y en ese sentido y con mayor firmeza que antes, afirmamos que “Dios no juega a los dados con el hombre” y, que al mismo tiempo, Dios no es ese ente que interviene antagónicamente en la historia.

Bibliografia:
Mi visión del Mundo. A. Einstein. Sexta Edición “Cuadernos Infimos 91”.
Historia de la Filosofía, T. III. “Del Humanismo a la Ilustración”. Guillermos Fraile. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).  Diccionario Ferrater Mora, T. IV. Tratado Teológico – Político. “Baruch Spinoza” de Carlos Morales. Colleción Crítica Filosófica. Editorial Magisterio español
Pontificia Universidad Católica de Chile OFG El Azar y sus Métodos 



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