jueves, 13 de abril de 2017

SPLENDOR SOLIS


El Splendor Solis, conservado en la British Library de Londres, es uno de los más bellos tratados de alquimia jamás creado. Realizado en 1582, este códice encierra verdaderas maravillas entre sus ilustraciones, cuya fantasía y poder lírico sobrecogen incluso a los no versados en la disciplina. Este tratado, espléndidamente ilustrado, fue hasta hace poco falsamente atribuido a Salomón Trismosin, posiblemente pseudónimo de Ulrich Poysel, maestro del mítico Paracelso. En él se exponen claves de la cábala, astrología y simbolismo alquímico a lo largo de 22 folios ilustrados a toda página, de gran riqueza cromática y una casi barroca profusión de detalles.
Encontramos en este volumen 22 pinturas de gran formato, enmarcadas con motivos florales o animales, estilísticamente situadas dentro de la tradición noreuropea de la miniatura renacentista. Todas las ilustraciones son, tal como manda el contexto y el contenido de la obra, de difícil y hermética interpretación. Especialmente relevantes resultan las ya célebres Glaskolben, “matraces de vidrio”, que se presentan, a su vez, enmarcadas en un lujoso cuadro central, rodeado de escenas típicas de la vida rural y urbana de la Alemania tardomedieval y presididas por la imagen celestial de un dios pagano que parece dar cohesión y sentido al conjunto de la imagen.     
Los motivos del interior de cada campana -imágenes alegóricas, poéticamente sugerentes y de una fantasía desbordante- representan el esplendor del conocimiento místico de Trismosin, adquirido, según él mismo nos cuenta, mediante “libros mágicos de cábala”. Efectivamente, el tratado, críptico y extrañamente poético, nos refiere, de un modo velado pero preciso, las claves de los elementos en la Naturaleza, sus combinaciones, sus mezclas, sus poderes y sus influencias.  
El códice consta de 100 páginas, escritas en alemán con una delicada grafía gótica germánica. El texto es embellecido con unas iniciales cuyo enorme tamaño y espectacular decoración son ya por sí solas motivo de gozo estético.
La historia del propio códice no resulta menos interesante. El hoy llamado “Harley 3469” fue visto por John Evelyn, pintor de la corte del rey Carlos II de Inglaterra, en la biblioteca de Whitehall Palace, el 2 de septiembre de 1680; acerca de él escribió que contenía “los procesos para el Gran Elixir de los filósofos” y que lo adornaban pinturas de una gran belleza. Más tarde pasó a manos del teólogo alemán Johann Cyprianus, y de los herederos de éste llegó a la biblioteca privada de la poderosa y aristocrática familia Harley, protectora de artistas y eminentemente bibliófila. La British Library lo compró, en 1753, por la hoy ridícula suma de 10.000 libras. Actualmente es considerado uno de sus tesoros más valiosos. No en vano el Splendor Solis es el tratado alquímico más bello y esplendoroso que jamás se haya creado.


 Arma Artis

La miniatura inicial muestra a dos hombres barbudos conversando, de pie en el umbral de un alto portal rematado en arco, tras el que se abre un paisaje de colinas y un alto cielo. El portal forma parte de un complejo arquitectónico que, en gran medida, queda tapado por una larga tela púrpura con ribete dorado. Ante la tela, que actúa como telón de fondo peraltado, se agrupan los componentes de un escudo de armas: en la parte inferior, un blasón azul con un sol dorado que ostenta otros tres pequeños y redondos rostros solares; sobre el blasón, un yelmo plateado, adornado por hojas de acanto azules decoradas con estrellas doradas y ataviado con una gran corona de oro; en la cimera se observan, abiertas hacia arriba, tres medias lunas plateadas dispuestas de forma concéntrica. La punta de uno de los rayos solares cae hasta el centro de las medias lunas; el rayo emana de un gran sol dorado de rostro amable pero mirada seria, que hace de límite superior de la estructura compuesta por las insignias heráldicas.
El escudo de armas no es el del comitente del manuscrito, cuyos colores suelen adornar el inicio de las obras, sino una creación de fantasía con la que el autor brinda el códice al Sol. Así lo confirma la constatación de que el escudo es copia minuciosa de una miniatura del manuscrito alquímico Aurora consurgens, ampliada en el Splendor Solis para incluir un entorno arquitectónico que el miniaturista ha tomado de un aguafuerte de Hans Sebald Beham. Así como la miniatura inicial representa para el lector, y todo aquel que contempla el manuscrito, el punto donde se inicia la lectura del libro, los dos adeptos, ansiosos de conocimiento, se encuentran en el umbral del reino dominado por el sol de la alquimia hermética. El título de la miniatura, «Arma Artis» (Las armas del arte) y la representación de soles y medias lunas remiten a la fuerza cósmica de los planetas, sobre todo a la del Sol, la Luna y Mercurio, que, por su influencia sobre los metales, constituyen las herramientas naturales de la alquimia, calificada como «arte regio», y son considerados aquí como sus «armas».

 Filósofo alquímico

La segunda ilustración llena todo el plano de la miniatura y muestra a un sabio alquimista, vestido con ropajes a la antigua usanza y gorro frigio, tras el cual se abre un amplio paisaje de exuberantes tonos verdes y azules. Un cielo claro se extiende sobre la naturaleza y el hombre. La salida del sol (lat. aurora consurgens) tiñe el horizonte de un tenue color amarillento anaranjado. Las ropas del filósofo alquímico –como se denomina a los sabios de la disciplina–, son rojas y moradas: el gorro y la larga túnica con doble ribete dorado son de un radiante color carmesí, símbolo de la perfección, y el manto, de un color azul morado. Con el dedo índice de su mano derecha el sabio señala el objeto de su atención: una alta redoma de cristal con un líquido dorado que sostiene en su mano izquierda. Del borde superior del esbelto recipiente de cristal se eleva, serpenteante, una cinta negra con una inscripción en letras de oro: «Eamus Quesitum Quasuor Elemementorum naturas». La frase (con algunos errores ortográficos) procede del llamado Tratado de Oro de Hermes Trismegisto, del que el miniaturista del Splendor Solis tomó varias frases que incorporaría a otras miniaturas del códice. Como lema, invita a la búsqueda de las naturalezas de los cuatro elementos, es decir a determinar las propiedades y apariencia de cada uno de ellos. Por lo tanto, no es descabellado establecer una relación entre el sabio y la legendaria figura de Hermes Trismegisto, el tres veces grande, un sincretismo de la deidad egipcia Tot con el dios griego Hermes, venerado como el padre de la alquimia.
Por el gran parecido entre esta figura del filósofo alquímico y la de la séptima miniatura del Aurora Consurgens, es bastante probable que ésta última sirviera de modelo para el Splendor Solis.

Caballero del Arte Real

Un alto caballero se yergue sobre el borde de la pila de una fuente doble, situada sobre una lengua de tierra que se adentra en la imagen por la derecha. Lleva una espléndida armadura de color plata con aplicaciones doradas y una coraza de colores negro, blanco, amarillo y rojo. Su yelmo presenta un adorno circular compuesto por siete estrellas. En su mano derecha, el caballero sostiene una cimitarra, mientras que la izquierda se apoya en un gran escudo rojo en el que se lee, en letras doradas, la inscripción “Ex duabus acquis / unã facite Qui / quæritis Sole et Lu / nã facere. et date / bibere inimico urõ / Et uidebitis / eum mortuum / Deiñ de aqua ter / rã facite. Et Lapi / de multi / plicas / tis”.
Cada una de las pilas octagonales de la fuente contiene un líquido diferente: el de la derecha es de color plateado y desemboca, a través de un estrecho conducto, en la pila de la izquierda, que contiene oro líquido que acaba vertido en un vasto paisaje acuático. El primer plano está totalmente saturado de líquido dorado, cuya representación se va aclarando conforme avanza hacia el horizonte de colinas y montañas.
Los líquidos dorados y plateados de la fuente remiten a las diversas polaridades de la alquimia, que hay que combinar para la purificación; de esto trata también el enigmático fragmento del escudo rojo, que, traducido, reza más o menos lo siguiente: «Convertid las dos aguas en una, vosotros que pretendéis crear el Sol (oro) y la Luna (plata). Y dad de beber al enemigo ardiente. Y veréis su cadáver. Luego convertid el agua en tierra y multiplicad [difundid] la piedra». El líquido que se vierte en el paisaje acuático o pantanoso se interpreta como representación del proceso alquímico de la putrefacción, que explica el texto que precede a la imagen. El caballero, de pie sobre la doble fuente, funciona como elemento de enlace y personifica la alquimia. Por otro lado, las distintas tonalidades del opus magnum, la Gran Obra, sobre su peto simbolizan la transmutación: las siete estrellas del yelmo remiten a los planetas y los metales vinculados a ellos los cuales, durante la transmutación, pueden ser transformados en prima materia para acabar convirtiéndose en su forma más pura, el oro.
El caballero armado del Arte real es un buen ejemplo de la influencia de diferentes manuscritos alquímicos en el Splendor Solis. Mientras, por un lado, el tema del caballero aparece en varias ocasiones, por ejemplo, en el Aurora Consurgens, es en otro manuscrito donde se encuentra la miniatura que pudo haber influido al pintor a la hora de escoger la postura del caballero. Se trata de la ilustración Hermafroditas alquímicos o mercuriales del Libro de la Santísima Trinidad. El modo en que el caballero levanta la espada se inspira a su vez en la figura de la ilustración Hermafroditas luciféricos de la misma obra.

Pareja Real

Ante un paisaje con arquitecturas tardogóticas aparece, en una representación monumental, una pareja real mirándose el uno al otro. A la izquierda, una reina rubia, de piel clara, que lleva una corona plateada y viste un vestido largo azul celeste con un ancho ribete plateado y forro interior rojo, se halla sobre la esfera cristalina de una luna acuosa. En la mano derecha sostiene una cinta azul con una inscripción en letras doradas «Lac Viramium» (en realidad Lac Virginum, Leche de virgen) y con el dedo índice de la izquierda señala al rey, que retoma a su vez el diálogo gestual con la mano derecha abierta hacia arriba. Bajo una voluminosa capa con ribetes dorados y forro de un color azul grisáceo, el rey lleva un largo traje rojo con bordes también dorados, así como calzas claras y escarpines rojos; se alza sobre un fuego que llamea con fuerza. Las insignias de su poder son una corona de oro sobre la cabeza y un cetro dorado en su mano izquierda, envuelto en una cinta de color naranja en la que se leen las palabras «Coagula Maaschculium» (en realidad Coagulum Masculinum, Coagulación masculina). Sobre los monarcas se encuentran, ante un cielo crepuscular, dos astros animados: a la derecha el rostro rojo del sol, del que emanan largos rayos dorados y combados; a la izquierda, una representación que se identifica con la luna, de gran rostro plateado y rayos también combados. La miniatura se enmarca en una estructura decorada con flores dispersas, que reposa sobre un zócalo decorado con tres escenas en grisalla imitando un bajo relieve. A la izquierda se representa la lucha de Aquiles y Héctor en Troya, junto a otras dos escenas de la vida de Alejandro Magno, entre las que podemos reconocer, a la derecha, el episodio de Diógenes en el tonel. En una pequeña placa sobre el vértice del arco de medio punto que enmarca a la pareja real se lee la inscripción dorada «Particularia» (Detalles); una cartela en la parte inferior del marco reza «Via Vniuersalis particularibus. Inclusis» (La vía universal incluye lo particular), cita extraída del Tractatus Aureus de Hermes Trismegisto.
La representación de la pareja real responde a las polaridades de la alquimia, planteadas en el tratado segundo del Splendor Solis, que antecede a esta imagen. Además de personificar las polaridades en las figuras del hombre y la mujer, el miniaturista las plasma también en otros elementos, como el agua y el fuego, el cielo y la tierra o la luna y el sol (con las connotaciones implícitas de plata y oro, mercurio y azufre). En alquimia, esta unión, representada de forma más evidente en la figura de una pareja de enamorados copulando, simboliza el modo de imponerse a las circunstancias particulares imperfectas, y puede también evocar la penetración química de las dos sustancias arcanas, el sulfuro y el mercurio. La figura de la pareja real en el Splendor Solis se basa en las representaciones de los manuscritos alquímicos Donum Dei y Rosarium Philosophorum, que dedican a este tema sendas secuencias de miniaturas. A diferencia de estos dos manuscritos que, al igual que el Aurora Consurgens, contienen también ilustraciones de la pareja copulando, el Splendor Solis presenta únicamente la primera imagen de la pareja, de pie, vestida y coronada: el miniaturista renuncia a la representación explícita de la sexualidad y se conforma con la insinuación que algunos han creído reconocer en el vientre abombado de la reina. Las escenas de las grisallas no hacen ninguna referencia directa a la imagen principal, si bien reflejan su temática: la lucha de los contrastes y la superación mediante la unión.

Mina

Bajo un cielo dramáticamente nublado, en el que los débiles rayos del sol se abren paso a duras penas, se extiende un extenso paisaje montañoso que alterna luminosas llanuras verdes y escarpados macizos montañosos. En el centro de la miniatura orbicular se alza una formación rocosa, que muestra dos cuevas de la altura de un hombre. En ambas aberturas, unos mineros trabajan la roca con la piqueta. Sus atuendos con capucha –el de la izquierda de color plateado y el de la derecha de color dorado– les confieren aspecto de enanos o gnomos. En primer plano fluyen unas aguas de color violeta oscuro, sobre las que flota, como si de un barco se tratase, una delgada media luna de brillo metálico. La miniatura está rodeada por un marco arquitectónico de madera tallada con seres con forma de pez, ornamentos, figuras, medallones con retratos y putti, tanto esculpidos como animados. En la base del marco hay espacio para una escena secundaria: se representa, como confirma la inscripción de los nombres «Hasveros» y «Esthes», el episodio del Libro de Ester (AT), en el que la judía Ester se presenta ante el trono del rey Asuero, primero para ser proclamada su esposa y reina (Libro de Ester 2, 15-17), y luego, nuevamente, para evitar una conjura contra los judíos (Libro de Ester 5, 1-4). La miniatura principal, un tondo, tiene una forma inusual si la comparamos con el resto del Splendor Solis. Está tomada de un dibujo a pluma de Hans Holbein el Joven, conservado en el British Museum, en Londres, que también muestra a mineros vestidos con trajes con capucha trabajando en la mina. La miniatura ha de entenderse como una alegoría metalúrgica, una alusión al dictum que circula entre los alquimistas sobre la llamada fórmula Vitriol –V(isita) I(nteriora) T(errae) R(ectificando) I(nvenies) O(ccultum) L(apidem)– según la cual la oculta piedra filosofal hay que buscarla en el interior de la tierra.
Los dos mineros representan tanto a los adeptos en busca de la prima materia de la que puede extraerse el lapis philosophorum, la piedra filosofal, como a las polaridades de poderosos efectos de la alquimia –el sol y la luna, el azufre y el mercurio o azogue– y los productos finales de la transformación del metal: el oro y la plata. La media luna flotante representa el mercurio conocido también como «plata viva» (argentum vivum). La escena de Ester en la base del marco no parece, a primera vista, relacionada con el contenido de la miniatura principal; no obstante, Petra Schramm la interpreta como un complemento temático, al considerar la «boda química» de la pareja real Ester y Asuero como unión perfecta de las polaridades mencionadas.

 Árbol Filosófico

La miniatura muestra un gran árbol que casi ocupa toda la ilustración. En la base, el esbelto tronco plateado del árbol, que surge de unas raíces doradas, está rodeado por una enorme corona de oro –un detalle tomado del Aurora Consurgens– que indica su importancia en el «Arte real». En la copa del árbol se ha posado un gran cuervo de cabeza blanca que picotea las transparentes perlas blancas de las ramas, mientras una gran bandada de pájaros sale volando en todas direcciones. Más abajo, de una rama cuelga un cesto trenzado en el que se van depositando los frutos; junto a éste, un joven, vestido de negro y con unas llamativas botas altas de oro, se ha subido a una escalera. Con la mano izquierda tiende una rama dorada con hojas de reflejos también dorados hacia dos hombres con barba que visten ropajes blancos y rojos a la antigua usanza.

 Rey Viejo y Rey Joven

A la izquierda de la miniatura, en primer plano, vemos a un rey, magníficamente ataviado, de rostro juvenil. El manto dorado del joven regente, forrado de piel clara en el cuello y en las anchas mangas, es excesivamente grande para su escasa altura y las insignias imperiales parecen sobredimensionadas: lleva una esfera de poder (poma) dorada en la mano izquierda, sobre la que se posa una paloma blanca de resplandecientes alas doradas; con la mano derecha, y apoyado contra el hombro, sostiene un largo cetro cuya punta está rodeada por siete estrellas; en la cabeza lleva una triple corona de oro, plata y hierro, como confirma el texto. El paisaje montañoso de alrededor deja al descubierto a la derecha una zona de pantanos y agua. Al fondo, medio hundido en el fango oscuro, se ve a un rey viejo, de vestimenta dorada y cabello y barba grises, ataviado con una corona de oro. Las manos del rey, a punto de ahogarse, se alzan en un gesto desesperado hacia el cielo, donde el dramatismo de la muerte se refleja en las nubes espesas y las trombas de agua que manan de ellas. En cambio, el cielo sobre el joven rey, iluminado por el sol y la estrella del alba, se nos muestra tranquilo y profundamente azul. La miniatura principal está rodeada por un marco decorado con flores dispersas, en cuyo zócalo figura un campo de color púrpura, flanqueado por dos escenas de lucha pintadas en grisalla en las que participan seres con piernas de macho cabrío: a la izquierda, la escena en que Caín mata a Abel, según el modelo de un grabado creado en 1524 por Lucas van Leyden y, a la derecha, Hércules, representado siguiendo un grabado de Alberto Durero.
La miniatura ilustra el antiquísimo mito de la muerte y la palingenesia, la redención y la reencarnación, que, como alegoría del «morir para ser» es de central importancia en la alquimia. A ello se refiere el texto del Splendor Solis correspondiente a esta imagen, remitiendo a Aristóteles, muy apreciado también entre los alquimistas, que a menudo se acogían a sus enseñanzas. Trasladada al contexto del laboratorio del alquimista, la imagen del viejo rey a punto de ahogarse representa la solution, la solución de la materia en líquidos acres «mercuriales». Las dos escenas marginales de la muerte de Abel y de la lucha de Hércules reflejan la temática de la miniatura principal. De hecho, tal y como señala Ethan Allen Hitchcock, el sabio Ireneo Filaleteo consideraba a la figura mitológica de Hércules como una suerte de patrón de la obra alquímica, consistente en restaurar la unidad mediante la conexión de partículas separadas. ¿Quiso quizá el pintor del Splendor Solis conceder un significado comparable a su miniatura con la escena secundaria de Hércules?    
En el lado izquierdo de la ilustración aparece un ser siniestro de estatura humana metido hasta las rodillas en aguas pantanosas de color pardo. Su cabeza, en la que el rostro apenas es reconocible, parece una bola de cristal, de un resplandeciente color rojo oscuro. Las piernas y la parte superior del cuerpo son de un color negruzco, mientras que el brazo derecho, que el hombre del pantano apoya sobre su muslo, es de color rojo. Extiende el brazo izquierdo, de un blanco impoluto, con la palma de la mano hacia una mujer con aspecto de ángel que ocupa el lado derecho de la imagen. La mujer alada se encuentra sobre un prado a la orilla de la ciénaga y lleva un magnífico atavío: un vestido claro con un dibujo floral multicolor, anchas mangas de un color amarillo resplandeciente, un suntuoso escote dorado y una capa azul. Calza escarpines dorados y lleva un collar de oro con rubíes. Sobre su cabeza reposa una corona de oro con una gran estrella plateada; sus alas están adornadas con plumas de pavo real y perlas. En sus manos, la mensajera del cielo, de mirada amable, sostiene unas vestimentas rojas con mangas que, como indica el texto correspondiente, pretende ponerle al hombre del pantano.
Gustav Friedrich Hartlaub ve en esta miniatura un símbolo de la fixation (fijación), la operación alquímica de la solidificación de materias evanescentes, que se equipara también a la de la coagulation (coagulación). Para él, la cabeza roja de cristal del hombre del pantano representa un pistón o una retorta, mientras que Jacques van Lennep remite a la entrada «Tête Rouge» del diccionario hermético de Pernety del siglo XVIII, donde se explica, mediante diversos ejemplos tomados de manuscritos alquímicos, el símbolo de la cabeza roja. A esto hay que añadir al alquimista español Arnaldo de Vilanova (c. 1235-1311), que ya mucho antes había descrito a un ser equiparable que personificaba el éxito de la obra alquímica. Los colores rojo, negro y blanco son, como ya se ha mencionado, los tres colores principales de la alquimia, que representan la totalidad de la obra: el hombre del pantano, de tres colores, se transmuta desde el estado de la putrefacción y descomposición a la llamada «púrpura celestial».
La representación de los dos monos en la base del marco, en su paradójica perspectiva, nos recuerda a Dante. En la Divina comedia el alquimista se denomina a sí mismo «mono de la naturaleza» (Infierno 29, 119), aunque tal afirmación no nos ayuda a determinar con certeza la función de los dos monos de la miniatura que nos ocupa. Los dos ciervos, pintados aquí según el modelo de la obra del llamado Maestro de los Naipes, forman parte, sin embargo, de la casi centenaria tradición pictórica de las representaciones de animales. Fueron monumentalizados por el miniaturista del Splendor Solis y reproducidos con los lados invertidos.

 Hermafrodita

La miniatura muestra en un paisaje exuberante a un hermafrodita alado, vestido de pies a cabeza de negro: lleva calzado negro en punta, ajustadas calzas negras y una levita negra hasta las rodillas con lujosas cenefas y adornos dorados. Del amplio escote dorado emergen dos cuellos y dos cabezas: a la izquierda, una cabeza masculina con el cabello corto y, a la derecha, una cabeza femenina de cabello largo. Ambas están rodeadas por sendas aureolas "la masculina de oro, la femenina de plata" que subrayan la procedencia hierática del hermafrodita, al igual que las dos alas grandes y mullidas de la espalda, la izquierda, de plumas rojas y la derecha, de plumas blancas. Entre el pulgar y el índice de la mano izquierda, el hermafrodita sostiene un huevo blanco; en su mano derecha lleva un gran disco. El centro, que parece ser un espejo donde se refleja un paisaje, está rodeado de tres anillos de diferentes colores: el exterior, de un naranja y amarillo llameantes; el intermedio, de nubes blancas y grises; y el interior, de un color azul profundo que rodea el paisaje.
El hermafrodita es un símbolo básico de la alquimia que no falta en la ilustración de casi ningún manuscrito y que significa la unión de los contrastes. En los tres colores negro, blanco y rojo, el Rebis (del latín res bina, cosa doble) significa la totalidad de la obra alquímica, que pretende alcanzar, en la unión de las polaridades, la superación de los estados particulares de la materia. Según el texto correspondiente, la unión de la pareja formada por seres opuestos, que el miniaturista encarna en la figura del hermafrodita, engendra cuatro hijos: los cuatro elementos de la naturaleza ?la tierra, el agua, el aire y el fuego? cuya conjunción da lugar al quinto ser, la quintaesencia. El texto lo explica recurriendo a la imagen del huevo, otro símbolo central de la alquimia, que representa los cuatro elementos y del que proviene el quinto, en forma de joven polluelo. Para la representación de los cuatro elementos, el artista recurre además a la imagen de un disco del universo que muestra, en el interior, la tierra y, en los tres anillos, el agua, el aire y el fuego.

Despedazamiento

Un hombre oscuro, de cabello y barba descuidados y expresión sombría, sostiene en su mano izquierda una cabeza dorada con expresión temerosa que guarda un notable parecido iconográfico con la cabeza de Medusa. Con la derecha sostiene una enorme espada que apunta al corpus delicti, que yace sobre la hierba: un cuerpo masculino, desnudo y de piel clara, de cuyo tronco se han separado la cabeza, los brazos y las piernas. Los miembros, agarrotados en la postura del momento de la muerte, yacen desunidos junto al torso sobre la hierba, que demarca claramente el espacio en el que ha tenido lugar la cruel escena de despedazamiento. Los hechos se representan ante un fondo arquitectónico que recuerda a Venecia. Un decorado arquitectónico en el margen izquierdo de la imagen peralta la escena y le confiere su carácter antiguo.
El motivo de la decapitación y el despedazamiento ritual presenta numerosas correspondencias mitológicas y religiosas, como, por ejemplo, el mito de Isis y Osiris del Antiguo Egipto o la alegoría de Merlín. En la alquimia, el tema desempeña un papel central dentro del marco de la idea del «morir para ser», para el que existe también un paralelismo temático en el Aurora consurgens; desde el punto de vista químico, se equipara al proceso de la calcinación, la oxidación por calentamiento. Sorprendentemente el miniaturista renuncia en el Splendor Solis a representar la hoja de papel, detalladamente mencionada en el texto, en la mano izquierda del matarife. No hay duda de que su decisión obedece, en primer lugar, a razones artísticas, al igual que el hecho de optar por la iconografía «clásica» de la decapitación con la espada en una mano y la cabeza en la otra, presente por ejemplo en las representaciones de Judit con la cabeza de Holofernes. Sin embargo, también se muestra fuertemente influenciado por una xilografía alemana del Eneas de Virgilio, cuyo protagonista no sostiene la cabeza en la mano. Por tanto, en última instancia, la cuestión de la hoja de papel permanece sin resolver.

 Cocción

A la izquierda, en el primer plano de la imagen, figura un horno de ladrillo enlucido en el que se ha sumergido una tina cobriza. En el caldero, lleno hasta el borde, hay un hombre mayor sumergido hasta el pecho. Sobre su cabeza, de largo cabello oscuro y luenga barba, se posa una paloma blanca de reluciente plumaje dorado, con las alas levantadas, dispuesta a alzar el vuelo. Ante el horno se ha arrodillado un joven que, con un fuelle, mantiene vivo el fuego y estable la temperatura del líquido. La vestimenta del joven no parece la de un mero criado que cumple únicamente con la tarea de avivar el fuego: lleva finas calzas de color azul y un jubón de color rojo anaranjado; encima, un chaleco negro con cenefas plateadas y un mandil blanco. Con el codo izquierdo apoyado en el muslo izquierdo y la mirada clavada en el viejo, el joven permanece sin duda atento a cualquier cambio que se pueda producir dentro de la caldera. El miniaturista embellece la escena mediante la señorial arquitectura imaginaria de influencia veneciana del fondo. 
Mencionando a Ovidio, en el Splendor Solis se cuenta la historia de un viejo sabio que, a fin de rejuvenecer, se dejó descuartizar y cocer, para que, después, volvieran a unir sus miembros, fortalecidos. En la alquimia, la cocción de la materia se equipara a la operación de la putrefacción, que representa el punto de partida del proceso de perfeccionamiento. La paloma en la cabeza del viejo se ha de entender como imagen de la sublimación, como destilado evanescente de la cocción, que, tras el proceso de putrefacción, vuelve a unirse nuevamente en la redoma con los residuos corporales. Así lo confirma también Pernety bajo la entrada «Colombe», donde indica además que el souffleur, el palanquero, tiene que vigilar también el éxito de la obra alquímica.
La representación de la cocción está inspirada en dos miniaturas del Aurora Consurgens. La ilustración muestra al sabio en el caldero y al palanquero arrodillado. Al incluir el motivo del escultor Pigmalión en el relieve que decora el zócalo del lado derecho, el miniaturista añade por cuenta propia otro episodio de las Metamorfosis de Ovidio, con el que se alude a la creación de un hombre nuevo e ideal, un tema mitológico que encaja casi a la perfección con las ideas de la alquimia.

Saturno

En tonos grises, monocromáticos, el dios del planeta Saturno viaja por el cielo en su carro descubierto, tirado por dos dragones verdes de reflejos dorados. En su mano derecha, Saturno sostiene una hoz, mientras que, en su hombro izquierdo, apoya el caduceo que, en realidad, es el atributo de su colega Mercurio. Este hecho desconcertante lo explica Hartlaub indicando «…que la materia original de la alquimia es llamada ora mercurio común, ora plomo (= Saturno)». Abajo, en la tierra, se ve a los llamados hijos de Saturno, realizando trabajos agrícolas, expuestos al agotamiento físico y la muerte. En el campo interior de la imagen, la redoma, colocada sobre una corona verde de hojas de laurel, muestra la representación de un niño que da de beber de una botella un líquido dorado a un dragón con pintas azuladas, mientras que con la otra mano maneja un fuelle dirigido hacia el mismo dragón.
El plomo asignado al planeta Saturno es considerado el metal de menor valor, y representa el punto de partida para el perfeccionamiento de los metales. El dragón, que para la alquimia representa el símbolo de la prima materia, y en consecuencia se corresponde con el plomo, se encuentra contenido en un vas hermeticum de cristal ya en una ilustración del Donum Dei, que es en este caso el modelo en el que se inspira el Splendor Solis. El niño que alimenta al dragón representa, como el fuelle avivador, la técnica del calentamiento mediante el fuego, y también se menciona en la inscripción dorada de la cartela de color del Splendor Solis de Núremberg (Germanisches Nationalmuseum, Hs. 146 766): «Draconem nostrum mortuum sanguine construite ut vivat» (Animad a nuestro dragón muerto con sangre para que viva). Hay inscripciones similares, aunque probablemente insertadas con posterioridad, se encuentran en los campos de color de otras miniaturas de los hijos de los planetas, aunque aparecen solo en el manuscrito de Núremberg. Como son, en cierto modo, una fuente de información primaria de cara a posibles interpretaciones, creemos conveniente tenerlas también en cuenta en lo sucesivo.

Júpiter

Tirado por dos pavos reales con la cola cerrada, el carro planetario de Júpiter sigue su órbita en los campos celestiales de la miniatura. En el carro se sienta, como en un trono, el dios de los planetas, que sostiene su atributo, dos flechas, en la mano derecha, mientras un ayudante arrodillado le tiende un cuenco. Bajo la regencia de Júpiter se sitúan los círculos más ilustres de la sociedad, entre ellos la nobleza y el clero. El miniaturista los acompaña, al fondo a la derecha, de alquimistas atareados alrededor de un horno: uno de los adeptos se inclina sobre la pieza sobrepuesta del mismo, un alambique con forma de yelmo, mientras el otro contempla una redoma en su mano izquierda.
El lado izquierdo de la imagen está ocupado por un palacio de un color plomizo, inspirado en un grabado de Daniel Hopfer, ante el cual un papa, bajo un baldaquino rojo, está coronando a un emperador. Para la escena de la coronación, el miniaturista recurre en un gran número de detalles a una xilografía de Hans Holbein el Joven, perteneciente a sus Imágenes de la muerte, que en el Splendor Solis le sirven repetidamente de modelo. La xilografía de Holbein El Papa (Der Babst) muestra al emperador besándole el pie al papa, un gesto de sumisión de la superpotencia política a la eclesiástica. En el Splendor Solis, el emperador recibe la corona con la cabeza erguida; pero, ante todo, el miniaturista le confiere claramente el aspecto de Carlos V, que acababa de ser coronado emperador en 1530 en Bolonia. Este pequeño descubrimiento es destacable desde el punto de vista artístico: el miniaturista delSplendor Solis se toma la libertad de actualizar el modelo tipo, tal y como figura en la xilografía de entre 1524 y 1526, que muestra la sumisión del emperador ante el papa, adaptándolo a los más recientes acontecimientos históricos. El nicho angular del campo interior de la imagen lo ocupa una redoma de cristal colocada sobre una corona verde de hojas de laurel. En su interior hay tres aves luchando, una negra, una blanca y una roja. Esta nueva alusión a los tres colores principales de la alquimia se trata en el texto que precede la ilustración. El miniaturista ha tomado la imagen de las tres aves que luchan del Aurora consurgens; simbolizan la separación de la materia por calentamiento, la subsiguiente purificación en el estadio de la transmutación y, como se verá en la próxima miniatura, la unión final en un ave de tres cabezas.

Sol

El brillo determina el ambiente en los dominios del planeta Sol, cuyos hijos son de naturaleza alegre. Envuelto en una aureola de luz resplandeciente, que prorrumpe en el cenit de un cielo nuboso, aparece el áureo dios Sol, en su deslumbrante carro metálico, tirado por dos caballos grises. En sus manos, el dios planetario sostiene una vara con el astro solar. En la tierra, los seres humanos, sometidos a la influencia del planeta Sol, se dedican al fortalecimiento físico y a juegos y actividades aristocráticas. En primer plano, a la izquierda, un príncipe sentado en su trono, que viste un manto de color naranja con cuello de armiño, ha reunido a su corte. A su alrededor se han congregado varios hombres, vestidos con telas nobles multicolores, que nos remiten en parte a grabados de Alberto Durero. El campo central de la imagen presenta, sobre un fondo de color púrpura, una redoma, cuya piel vidriosa permite ver a un ser alado en tonos amarillos y pardos, de larga cola, tres largos cuellos y con una cabeza blanca, otra roja y otra negra.
Hasta la fecha no se ha llegado a un acuerdo sobre el contenido de la redoma asignada al dominio del Sol en el Splendor Solis. Para Hartlaub y Roob, la figura representa a un león de tres cabezas, símbolo del vitriolo de hierro; Alleau ve, en cambio, a un dragón de tres cabezas; mientras que para Lennep se trata de una representación del cancerbero. Tampoco la parte correspondiente del texto, que trata de la purificación de la materia, revela nada respecto al símbolo animal. Posiblemente, la ambivalencia del monstruo, que tanto puede ser un dragón como un león, ha sido una elección consciente del miniaturista. En este sentido, la inscripción de la cartela de color del manuscrito de Núremberg, donde se indica: «Draconem nostrum vivum date devorandum leoni ferocissimo» (Dad a nuestro dragón vivo el león más feroz para que lo devore), puede constituir un punto de partida.

 Mercurio

Esta miniatura con la datación 1582 es la quinta de la serie de los planetas, aunque, en realidad, Mercurio ocupa el sexto lugar. Seguramente debido a un error del modelo, en el códice que nos ocupa las miniaturas de los planetas Venus y Mercurio quedaron intercambiadas, de modo que aquí Venus sigue a Mercurio.
El dios planetario Mercurio recorre su órbita en un carro tirado por dos gallos de tonos grises. En la mano derecha sostiene su atributo, el caduceo dorado. El miniaturista representa la tierra, gobernada por el planeta Mercurio, como un paisaje urbano de calles, en el que los seres humanos se dedican a las artes, las ciencias y el comercio. El campo interior de la imagen muestra una redoma de cristal, colocada en un nicho semicircular, en la que vemos a una reina coronada, con un cetro de oro en la mano izquierda y una poma dorada en la derecha. La mujer, representada con el pecho desnudo, viste una toga clara y sandalias. Apoya sus pies sobre una cabeza dorada que hay en el fondo de la redoma. Se trata del planeta Mercurio, cuyo rostro, vuelto hacia abajo, está rodeado por un claro resplandor de rayos dorados. También la figura de la reina está rodeada por una resplandeciente aureola.
El motivo de la reina blanca en el vas hermeticum se remonta a una miniatura del Donum Dei. Al igual que en la doctrina cristiana de la salvación, se la identifica con la madre del joven príncipe quien, originalmente en la séptima y última ilustración de la serie de los planetas, simboliza, ya como rey rojo, la perfección de la obra. Así, la inscripción de la cartela de color que se encuentra en el manuscrito de Núremberg indica: «Filius natus ex me, major est me» (El hijo nacido de mí es mayor que yo). En su traje blanco, la reina representa al mismo tiempo la fase del albedo, de la Obra menor, la penúltima fase de la transmutación que permite producir la plata. Por otra parte, en esta representación de la reina apenas se aprecia su estado de gestación, del que sí se hace mención.

Venus

Como se ha indicado, la miniatura de Venus, con la datación 1582, debería figurar en esta serie de los planetas en quinto lugar. La regencia de Venus está marcada por el deleite, los pasatiempos, la alegría y la belleza. Por encima de la alegre animación, la diosa planetaria se desplaza en su carro celestial de color anaranjado, al que están uncidas dos palomas. En la mano izquierda, Venus lleva como atributo una flecha. Con la derecha sostiene a Amor, atado a una correa que, con los ojos vendados, se mantiene en equilibrio sobre una pierna en el pescante, a punto de disparar una flecha con su arco. La aparición de la diosa planetaria, radiante, iluminada por una luz clara, enmarcada por una corona de nubes, se acompaña de un corazón alado, atravesado por una flecha, que aparece en el cielo como un leitmotiv. En torno a la imagen central, el miniaturista compone diferentes escenas de actividad humana en el campo, al aire libre. Una escena cortesana en el margen inferior de la imagen muestra el deleite físico y musical de sus protagonistas. El margen derecho está reservado a la capa social más llana, la campesina, una clientela más bien inusual para los hijos del planeta Venus. La fiesta campesina con un gaitero y parejas bailando se complementa, en la parte delantera, con otra pareja de enamorados a la sombra de un árbol y, en la trasera, con una pareja cabalgando. En el centro de la miniatura, dentro de un nicho formado por pilastras y columnas antepuestas, se encuentra la redoma. En su interior un magnífico pavo real despliega su cola en abanico.
En alquimia, la cola de pavo real es un símbolo que ilustra los fenómenos de cambio de color que se hacen visibles durante el proceso de transmutación en el interior de la redoma. La representación del pavo real que, en la Edad Media, se consideraba unnoble oiseau asociado a los altos estratos de la sociedad, tiene lugar en el quinto grado del proceso, en la imagen del planeta Venus. Petra Schramm se arriesga con una interpretación general de la miniatura y considera la actividad de los hijos de los planetas, que tocan música, juegan y bailan, como preludio de la boda química, para aumentar la capacidad amatoria. En este sentido, las dos aves asociadas a Venus se consideraban como afrodisíacas: se creía que la carne de pavo real aumentaba la potencia masculina y la carne de paloma la disposición de las mujeres a entregarse.     

Luna

La decimoctava miniatura del Splendor Solis, la séptima y última de la serie de los planetas, muestra a la diosa planetaria Luna, sentada en su dorado carro celestial de un solo eje, tirado por dos vírgenes pintadas en tonos rojizos y dorados. Como atributo, Luna sostiene una media luna de gran tamaño, abierta hacia arriba, con rostro humano. En la tierra, los hijos del planeta Luna viven en armonía con la naturaleza, a la que han sometido y que irradia un carácter idílico, casi arcádico. Hay una segunda media luna de gran tamaño, también con rostro humano, en el fondo de la redoma, colocada en el nicho arquitectónico del campo central de la imagen. Abierta hacia abajo, la media luna hace las veces de un zócalo semicircular sobre el que aparece un joven rey con una vestimenta en dos tonalidades de rojo: la combinación de su jubón corto de color rojo carmesí y las botas del mismo color con un manto púrpura es de gran sutileza; esta combinación, inusual para nuestros ojos, proviene de un sentido estilístico gótico que encontramos, especialmente, en pinturas de Rogier van der Weyden y Hugo van der Goes. También en las obras de Alberto Durero y sus contemporáneos, la aparición conjunta de tonalidades de rojo testimonia un carácter refinado. La exquisitez de estos colores es apropiada para el joven monarca, quien, rodeado por un resplandeciente halo de oro, lleva las insignias doradas que denotan su poder: el cetro en la mano derecha, la poma en la izquierda y la corona sobre su cabeza.
Manifiestamente, la miniatura, que representa el más alto grado de la transmutación alquímica, irradia un carácter idílico, incluso paradisíaco. La promesa de una Edad de Oro se refleja en la luminosidad de la miniatura y la opulencia del oro que se complementa con la elegancia, sujeta a la moda de la época, de la combinación de las dos tonalidades de rojo. También la inscripción de la cartela de color del manuscrito de Núremberg alude a las dos tonalidades de rojo: «Jam mors consumata et filius noster regnat rubram (...) toga’ et chermes indutus est» (Ya está superada la muerte y nuestro hijo reina, vestido con una toga roja y púrpura). El motivo del rey rojo en el vas hermeticum está relacionado con la anterior representación de la reina blanca en la redoma, y se remonta igualmente a una miniatura del Donum Dei. El color rojo, que le da el nombre, representa al mismo tiempo la fase alquímica de rubedo, relacionada con la obtención de oro.

Sol Negro

Tras un extenso paisaje en oscuros tonos verdes se sumerge un gran sol negro. Por encima del horizonte ya sólo se ve un estrecho segmento del astro negro y sus largos rayos dorados. Sin embargo, la tierra está animada por el sol, que la ilumina desde dentro: en la tierra teñida en tonos pastel, se intuyen claramente los ojos y la nariz del rostro solar.
Como indica el texto correspondiente, la imagen describe la operación de la solution o de la putrefaction, que en alquimia se simboliza también con el color negro. Para la miniatura del sol negro el artista tomó como modelo una representación del Rosarium Philosophorum, que ilustra el proceso de solución por medio de un sol que se sumerge en un estanque.

 Labor de Mujeres

Ante un paisaje en el que se encuentran una casa de vigas entramadas, a la izquierda, y dos edificios palaciegos, a la derecha, se nos ofrece una escena cotidiana de mujeres lavando la ropa a orillas de un estrecho riachuelo. Varias mujeres se afanan en los diferentes pasos del lavado. Abajo, a la izquierda, se hierve la ropa en un enorme caldero. A la derecha, en primer plano, unas mujeres están trabajando al pie de unas mesas: una está lavando una pieza blanca de ropa en una tina de madera, las otras dos golpeando la ropa con movimientos sincronizados sobre una mesa alta. Tras ellas, en segundo plano, una mujer se ha metido en el río para aclarar una prenda en el agua. En el centro, en ambas orillas, varias mujeres tensan unas largas telas blancas para extenderlas en el prado. A la izquierda, una mujer las tiende sobre unas varas y, más allá, otra lleva la ropa, ya lista, en una tina sobre la cabeza, a la casa de vigas entramadas, cuyo portón está abierto.

 Sol Rojo

Como una gran esfera roja rodeada de rayos dorados, un sol animado aparece en el cielo de manera que su redonda figura casi roza la línea del horizonte. El rostro humano del sol ha sido modelado plásticamente en tonos rojos con reflejos dorados: se aprecian claramente detalles como las arrugas de la frente y el ceño fruncido en el rostro de mirada severa. Los rayos dorados que rodean la esfera solar dan luz a su representación y le confieren el nimbo de una deidad mítica. Ante un cielo de color azul claro en el que irrumpen blancos cúmulos, el sol ilumina un paisaje casi monocromático, que se extiende hasta el horizonte en tonos verdes, pardos y grisáceos. En todos los aspectos, la imagen constituye el complemento perfecto de la miniatura del sol negro poniéndose.
El texto que corresponde a la imagen explica la unión final de las sustancias o polaridades purificadas de la obra como, por ejemplo, el azufre y el azogue, cuya composición permite obtener la piedra filosofal. El color rojo representa en alquimia elopus magnum, el oro purificado. Inequívocamente, la representación del sol rojo simboliza la meta de todo afán, un estado de perfección, el mágico milagro de la piedra filosofal, en resumidas cuentas, el ansiado esplendor del sol que se extiende benéficamente sobre el mundo.
https://i.ytimg.com/vi/bfTJzwByasQ/maxresdefault.jpg
  http://www.moleiro.com/es/miscelanea/splendor-solis/miniatura  

    















Jörg Völlnagel
Historiador del Arte e investigador asociado de los Staatliche Museen zu Berlin
(Fragmento del volumen de estudios Splendor Solis)








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