lunes, 27 de marzo de 2017

LOS LIBROS Y SU ENCUADERNACION



Obligado es reconocer a la encuadernación toda la importancia que merece. A lo largo de la historia, la labor del encuadernador ha sido accesorio a la del impresor. Su labor en el taller era en muchos casos, la de completar la labor del impresor y su finalidad, la de conservar el ejemplar que contiene. Por suerte, en otras ocasiones era ejemplo de la manifestación artística de una época.
La bibliofilia está estrechamente unida con el "ars ligatoria". El bibliofilo es la persona exquisita que sobre todo adora la belleza y la forma. Tal y como nos dice el gran encuadernador Antolín Palomino Olalla en su Autobiografía “el arte más nobilísimo es la encuadernación”.
La historia de la encuadernación está enormemente ligada a la historia del libro y de las bibliotecas. Ya en las épocas antiguas, desde el rollo de papiro hasta los libros o documentos en forma de códice, comenzaban a acumularse en las estanterías de las bibliotecas, y sólo el bibliotecario o responsable era capaz de localizar una obra. Los libros estaban guardados en distintos recipientes como cajas, ánforas, cestas etc. En esta época no se puede hablar de encuadernación en sentido estricto, aunque ya en aquella época los rollos que trataban de un mismo tema se colocaban juntos en la misma ánfora o cofre de metal.
Con la desaparición del rollo y la llegada del códice se dan las primeras y primitivas encuadernaciones. En la época romana, los esclavos eran los encargados tanto de copiar el libro como de realizar su encuadernación.
La finalidad era clara: El códice, formado por varios cuadernillos escritos en pergamino, era muy frágil y pronto se vio la necesidad de protegerlos. Las primeras encuadernaciones se realizaron en tablillas de cedro, con bandas de cuero para envolverlos y unas correas para sujertar y transportar el códice. En las cubiertas comenzaron apareciendo las primeras ornamentaciones y técnicas decorativas.

El papel histórico ciertamente importante reservado al Imperio Bizantino ha sido el de transmisor de los textos clásicos griegos al mundo moderno. Por un lado, sus eruditos copiaron pasajes de esctores clásicos en sus obras; por otro recogieron, corrigieron, anotaron, y conservaron cuidadosamente las obras clásicas.
La encuadernación bizantina influyó en la de la Europa occidental y dió lugar a un estilo denominado bizantino o a la griega. Las encuadernaciones bizantinas se caracterizan por no tener cejas, es decir que las placas son cortadas a las dimensiones exactas del cuerpo del libro, mientras que el lomo, que era liso, se prolongaba por arriba y por abajo. Las tablas de las tapas iban forradas en cuero, en las lujosas con piel de cabra, seda o brocado. El códice se cerraba con uno o tres broches.
Sus tapas presentan un anclaje muy característico: con el hilo de costura se entra en cada tapa después de haber salido repetidamente por cada estación de costura para formar un conjunto de líneas (alojadas convenientemente en una ranura) paralelas al lomo.
La encuadernación de los códices lujosos se adornaba con esmaltes, metales y piedras preciosas. Mientras que los normales llevaban decoración grofada, con hierros fríos o calientes sobre la piel.
Por desgracia, en demasiados casos los manuscritos bizantinos no suelen haber conservado su encuadernación primitiva, ya que en su mayor parte los manuscritos que conservamos en nuestras bibliotecas son relativamente recientes (siglos XIV-XVI). Durante muchos siglos ha sido habitual que cuando una colección privada o una biblioteca los adquiría, muchos perdían su encuadernación antigua y se dotaban de una encuadernación moderna ornamentada según los gustos o escudo de armas del coleccionista ó del rey de la época.
La encuadernación Bizantina tuvo una influencia decisiva en la encuadernación europea de la Alta Edad Media.

Muy pronto, recién comenzada la Alta Edad Media las tapas de madera que protegían los códices, empezaron a recubrirse de cuero, que se adornaba con distintas representaciones que se estampaban con la llamada técnica del gofrado (muy habitual en la época carolingia), consistente en la estampación de la decoración en seco.
A partir del siglo VIII por lo menos, la encuadernación occidental se caracteriza por el empleo de un sistema de dos nervios. Originalmente, se trataba de nervios auténticos de buey pero progresivamente se los sustituyó por pergamino enroscado, tiras de piel o un cordel doble y se forraban con dos tallas muy fuertes en las cuales se solían incrustar adornos metálicos como clavos (cabujones y ballones), esquinas y cierres.
El revestimiento externo por lo general es de piel y algunas veces de terciopelo, mientras que la parte interna de las tablas va protegida normalmente por una hoja de pergamino nuevo o usado. El empleo de un bifolio en este sitio equivale a colocar una guarda volante al inicio del volumen y ayuda a preservar el comienzo del texto, que solía dañarse mucho en los manuscritos modestos.
A lo largo de la Edad Media se siguieron usando las mismas pautas, distinguiéndose entre las encuadernaciones de cuero y orfebrería, usadas en libros litúrgicos o las de pergamino usada en los manuscritos corrientes.
En la Baja Edad Media, la encuadernación pasa a ser de cuero que recubría las tapas de madera. A la técnica del gofrado se añade la del repujado que se realiza sobre el cuero humedecido
Con la aparición de las Bibliotecas, las obras más solicitadas se ataban a los pupitres de consulta para evitar los robos por lo que a veces los broches que cerraban los libros aparecían con cadenas de hierro unidas a la encuadernación por las tapas para sujertar el libro al pupitre de lectura o al estante de la biblioteca.

A partir del siglo XII, algunos manuscritos se cubren además con un envoltorio de piel y tela, una especie de funda que puede ir cosida o no a la cubierta original y que generalmente es mucho más grande que ésta. Además de aumentar la protección del libro cuando está cerrado, la misma puede servir como soporte para apoyar el libro una vez abierto. Las encuadernaciones cistercienses antiguas son una ilustración perfecta del uso de esta "segunda piel" en el ámbito monástico
Al final de la Edad Media, la encuadernación alcanza su sentido más artístico. Al uso de pieles, se añaden las ricas telas, los bordados con aljófar, pedrería y esmaltes. Escribe Vicent de Lerins: “Acierta quien decora los Evangelios con oro, plata y piedras preciosas, pues en estos libros relumbra el oro y la sabidiuría de los cielos, en ellos brilla la plata con una elocuencia fundamentada en la fe”. La influencia árabe se extiende por toda Europa y de ellos se tomará el empleo del cartón, usado como soporte para las encuadernaciones flexibles, tomando a veces la forma de cartera, que se adaptaba al libro encerrándolo en una especie de estuche.
Los tacos de madera en relieve con los que se decoraba la piel , se gastaban rápidamente por lo que pronto son sustituidos por otros realizados en hierro o cobre que además, podían ser calentados con lo que se conseguía una traza más profun da y neta sobre el cuero del motivo a grabar y además, en menor tiempo. Estas placas fueron designadas con el nombre de hierros y en recuerdo de sus predecesoras que no resistían el uso del fuego se les llamó 'hierros fríos'. Cuando se usaba el oro, se llamaban 'hierros dorados'. El uso de estos hierros se completó en el siglo XV con la invención de lal rueda que no era otra cosa que un disco de cobre unido a un mango y terminado en horquilla por su centro con la que se pueden ejecutar todo tipo de filetes o motivos.
Con el empleo del oro en la encuadernación, la Edad Media legó a épocas posteriores un oficio totalmente evolucionado que dió lugar a encuadernaciones que han sido orgullos de bibliotecas y bibliófilios de todo el mundo.

Los mudéjares fueron los musulmanes que se quedaron en la península y mantuvieron su fé. Son encuadernaciones que se realizaron en los siglos XV y XVI en los talleres de al-Andalus con técnicas y tipologías donde se fusiona la tradición islámica con elementos propios de las encuadernaciones occidentales.
Por un lado, la encuadernación árabe en la Edad Media se caracteriza por la excelente calidad de las pieles, bien curtidas, flexibles y finas; el trazado ornamental de dibujos realizados sobre pautados geométricos; las técnicas de estampación decorativa, consistentes en gofrados en seco y en oro; el uso de pequeños hierros para obtener líneas rectas y paralelas al borde de las tapas y también de algún útil afilado (punta o punzón) con el que podían añadirse pequeños detalles manuales.
Su apogeo se sitúa entre los siglos XIV y XV, si bien es en la última centuria cuando alcanza su plenitud, como lo atestigua el hecho de que correspondan a este momento la mayoría de las encuadernaciones mudéjares llegadas hasta nosotros así como su influencia sobre la encuadernación europea, extendida por medio de las obras exportadas al resto de Europa. El estilo mudéjar en la encuadernación subsistió todavía con gran fuerza a lo largo del siglo XVI, a pesar del rápido avance de las formas renacentistas.
Los talleres más importantes fueron los de Toledo y Barcelona, sin olvidar otros como Zaragoza, Salamanca o Sevilla.
Las encuadernaciones mudéjares se realizaron sobre todo en piel a las que se añaden distintas aplicaciones metálicas como clavos o placas de latón decoradas en relieve cubriendo las esquinas 
Normalmente son enteras cubriendo ambas tapas, aunque también se encuentran medias encuadernaciones (propias del Gótico como ahora veremos).
En cuanto a las técnicas decorativas se emplearon el fileteado o grabado de líneas en seco mediante un punzón, el gofrado en seco y el gofrado en oro, todos derivados de la encuadernación islámica.
Es conocido por todos, el gusto por la geometría y las matematicas del arte islámico. Esto se refleja en als encuadernaciones: lacerías, trenzados, círculos, etc. Las encuadernaciones mudéjares más complicadas y bellas se distinguen por el empleo de lacerías de diferentes tipos que se desarrollan por toda la cubierta según diferentes modelos. Los campos libres que estas dejan se rellenan con pequeños hierros de distintas clases en forma de cable o cuerda dando lugar a una gran cantidad de variantes.
Además de estas encuadernaciones que se pueden llamar de tipo mudéjar puro, existen otras que mezcan con elementos góticos y que se dan en el siglo XV y principios del XVI e incluso posteriormente, con elementos renacentistas.


Durante el siglo XV se ponen de moda las planchas de hierro de gran tamaño que ornamentan las cubiertas de una sola vez. En el último tercio del siglo XV se comenzó a utilizar en Holanda planchas metálicas que se aplicaban sobre la piel de las tapas con ayuda de una prensa de volante, de forma que la decoración quedaba en relieve sobre el cuero. Se colorean los cortes de los libros y se generaliza el dorado de los cueros, con motivos arabescos, geométricos etc.
Los temas eran figuras de santos, ángeles, pájaros, ramas en flor, figuras grotescas de animales, armaduras, etc. La decoración consistía en una bordura u orla realizada con hierros pequeños y sueltos, y un gran espacio central cubierto con una plancha. Cuando las dimensiones de la cubierta eran excesivas para ser alcanzadas en su totalidad, se estampaba en dos o cuatro veces y los posibles espacios se llenaban con pequeños filetes estampados
Las orlas se hacen mediante ruedas fileteadas, decoradas con motivos bien definidos como flores, largos tallos curvados en espiral. También son frecuentes las líneas onduladas que al cruzarse dejan un espacio geométrico, decorado con una estrella o pequeña flor. Las diversas pieles se montan sobre cartón en su color o teñidas en variados tonos.
En España, la encuadernación es mas bien de gusto flamenco y repite de tal forma las ideas arquitectónicas que bien puede llamarse encuadernación plateresca. Se caracteriza por:
1.El empleo de pieles de becerro o de ternera de color natural o marrón
2. Uso de la técnica del gofrado.
. Por la mayor atención que se prestan a los lomos y cortes de los libros
4. Por la aplicación de numerosos hierros sueltos de motivos heráldicos, de animales, religiosos o vegetales.
5. Por el uso de la rueda con elementos renacentistas de influencia alemana y flamenca y el empleo del oro.

Esta época se caracteriza por la aparición del Barroco, movimiento cultural que triunfa en Europa en el periodo 1600-1750. Surge como reacción al renacimiento y se caracteriza, sobre todo, por el abigarramiento ornamental, su cuidada ejecución y la profusa riqueza iconográfica.
Las formas renacentistas evolucionan hacia modelos menos proporcionados y más dinámicos, en que prevalecen las curvas y la sensación de movimiento. El objetivo de este estilo es decorar las cubiertas por completo. Así se crean los ejemplares llamados "cuajados", cubiertos de oro.
La encuadernación es recargadísima, con hierros pequeños que se prestan a todo tipo de composiciones.
El estilo más empleado en España es el de abanicos, que coexiste con sencillas encuadernaciones de recuadros y borduras que encierran óvalos, florones y superlibris heráldico en el centro. Conforme avanza el siglo aparecen las encuadernaciones que coinciden con el barroco decorativo arquitectónico, y aunque conocidas por "encuadernación barroca cuajada" es mejor denominarlas "barroco pleno" o "barroco decorativo".
Estas encuadernaciones llenan todo el espacio de las tapas a base de movida decoración logradas con hierros curvos y contracurvos dibujando volutas y motivos vegetales diversos. En el centro un abanico circular, en los ángulos cuartos de abanicos, formados por hierros que imitan varillas, repetidos radialmente. Alrededor del abanico se disponen filas de hierros con diversos motivos
En encuadernación se enmarcan en esta tendencia barroca una serie de variantes o estilos diferenciados entre sí. Los más relevantes son el de abanicos, el denominado à la fanfare o de rameados, y el de espirales punteadas , llamado también Le Gascon o de compartimentos geométricos. Otros estilos encuadrados dentro del barroco son los llamados de tipos populares como Reina Margot o Grotesco o jansenista.

La etapa anterior finaliza con el Neoclasisismo, movimiento originario de Inglaterra y que surge entrado el siglo XVIII, como una reacción al desmesurado y extravagante estilo Barroco y Rococó. Se caracteriza por su la búsqueda de la armonía, el equilibrio estético y la sencillez.
En esta línea, las encuadernaciones se enriquecen y simplifican al mismo tiempo: las tapas se decoran con orlas y llevan el espacio central vacío, los lomos concentran la decoración y es usual dorar el canto, la ceja y los cortes. Por otro lado, los florones y rocallas se sustituyen por motivos clásicos grecorromanos, y la estructura de la decoración se concentra en los lomos, que se ornamentan con hierros sueltos.
Las orlas se hacen mediante ruedas fileteadas, decoradas con motivos bien definidos como flores, largos tallos curvados en espiral. También son frecuentes las líneas onduladas que al cruzarse dejan un espacio geométrico, decorado con una estrella o pequeña flor. Las diversas pieles se montan sobre cartón en su color o teñidas en variados tonos.
Es una época de gran monotonía, sólo interrumpida por las pastas valencianas teñidas de vivos colores.



A lo largo del siglo XIX la moda romántica se dejó sentir en el arte de encuadernar.
Su decoración consiste en varios filetes paralelos que se unen a las planchas de los ángulos y enmarcan un motivo central, a veces de tipo oriental. Durante esta etapa, se crean las encuadernaciones interpretativas o cubiertas parlantes, donde aparecen representados motivos alusivos o escenas sacadas del contenido del texto. Finalmente, se hace más sencillo y a finales de siglo la decoración termina por circunscribirse al lomo.

El estilo Modernista triunfa a fines del siglo XIX y, sobre todo, a principios del XX, caracterizado por el empleo en todas las artes plásticas de las líneas curvas, largas y sinuosas, ornamentada con motivos vegetales, zoomorfos y fantásticos. En éste estilo destacan los anagramas estilizados, los dibujos neogóticos y un nuevo género en auge: los álbumes de fotografía. En las tapas los colores son puros y se juega con las texturas, el relieve, las ilustraciones y los estampados .


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