jueves, 16 de febrero de 2017

LA FASCINACIÓN DE LA CAZA DE BRUJAS Y EL MARTILLO DE LAS BRUJAS


El siglo XVII es el periodo de las grandes “cazas de brujas” en Europa. Avivados por una cultura en la que la mujer  se creía moralmente inferior y naturalmente inclinada a los pecados más nefandos, por el gusto del pueblo a ver juicios y ejecuciones en directo (el antiguo Gran Hermano), los ciudadanos entraron en una espiral de sospechas y acusaciones en las que cualquier malentendido o excentricidad acababa fácilmente en la hoguera.
Decenas de miles de mujeres y niños murieron quemados en la hoguera tras ser juzgados públicamente, en una sociedad donde el poder judicial y el religioso estaban profundamente ligados. La gente enloquecía de pánico si en el pueblo aparecía uno de esos grimorios prohibidos, libros sobre hechicería o gallos decapitados.  La bruja dejó de ser aquella señora que conocía las hierbas con las que crear ungüentos, pócimas y cataplasmas sanadoras (o no) para los campesinos, y tampoco era aquella a la que el pueblo llano (y no tan llano, pues los que ostentaban el poder hacían lo mismo) acudía para que le leyera la buena fortuna o bendijese sus campos. No. Empezó a configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene su principal origen en la asociación de la brujería con el culto al Diablo… o a dioses extraños al cristianismo, que venía a ser lo mismo.

El aquelarre de brujas, Frans Francken
El caso es que fueron años de sospecha y conmoción, de terror porque la hija de tu vecina hubiera sido vista en el bosque a altas horas de la noche o simplemente supiera leer. A los artistas les pasó también. En aquella época lo más normal era pintar cuadros religiosos, incluso relacionados con los mitos. Pero he aquí que las cazas de brujas sirvieron para alimentar los lienzos con extraños personajes, escenas siniestras que se desarrollaban en ambientes de misterio y oscuridad. Y un puntito de fascinación, como siente cualquier ser humano ante lo prohibido y peligroso. 
Uno de los artistas brujeriles más conocidos es Frans Francken el Joven, que procedía de una familia de pintores de renombre. Sin embargo, él fue mucho más conocido que sus predecesores y hermanos por atreverse con temas nuevos que todavía no se plasmaban en las pinturas. Uno de ellos fue el de las brujas que aterrorizaban a Europa. En ellas podemos ver toda la iconografía tradicional de las hechiceras: calderos, cráneos, murciélagos, fuegos demoníacos, súcubos, demonios con elementos de cabra, almas en pena… 

Asamblea de brujas (Hexensabbat) – Frans Fracken el Joven
Otros artistas han pasado a la posteridad por creerse hechizados con el mal de ojo.Un ejemplo típico es Guido Reni, pintor renacentista italiano, que se creía víctima de hechiceras malintencionadas que lo gafaban. Era como un hipocondríaco de lo supernatural. Además de una intensa misoginia y nefasta adicción al juego, Guido Reni vivía obsesionado con las supersticiones que lo atemorizaban hasta la médula. 
En su biografía se cuenta que Reni estaba continuamente temiendo ser envenenado por bebedizos preparados por alguna bruja, razón por la cual jamás dejaba entrar a mujer alguna en su vivienda. Jamás comía nada que no hubiera cocinado él mismo, de modo que si algún cliente o admirador le ofrecía algún manjar lo escondía disimuladamente y lo dejaba pudrir por miedo a que estuviera sazonado con pócimas o venenos. En particular tenía pánico a las viejas, y huía de ellas cada vez que se las cruzaba en la calle o el mercado. 

La masacre de los inocentes – Guido Reni (detalle)
Lo más divertido es que Guido Reni atribuía cualquier episodio singular o ligeramente “fuera de lo normal” a la acción de sus temidas seguidoras del Maligno. Así, cuando en cierta ocasión perdió en casa una de sus zapatillas, lo atribuyó a la acción de las brujas, y lo mismo ocurrió cuando una vez apareció la camisa de una mujer entre su ropa. Y ni os digo cuando perdía la inspiración: 
“… me preguntó si alguien podría hechizar las manos de una persona de modo que ya no pudiera manejar el pincel y trabajara mal forzosamente...Sabedor de sus pensamientos, le dije francamente que no .... Contestó que en Roma un francés le había enseñado un sortilegio mediante el cual se podría, al tocarle a uno la mano de un modo amistoso, comunicarle en poco tiempo una enfermedad incurable de la cual moriría infaliblemente”.
Obviamente, Guido Reni murió virgen. 

El Aquelarre, de Francisco Goya. El cuadro queda dominado por la figura de un gran macho cabrío, que bajo la luz de la luna avanza sus patas delanteras para recibir de dos brujas la ofrenda de niños que tanto le agradan… Ello evoca la descripción de cómo dos hermanas, María Presona y María Joanato, mataron a sus hijos “por dar contento al demonio” que recibió “agradecido” el ofrecimiento… También vemos a media docena de niños, varios de ellos ya chupados, esqueléticos y a otros colgados de un palo
También en el arte de Goya la brujería tuvo un importante papel. En la imagen de arriba aparece analizado El Aquelarre, que es terrorífico cuando se conoce su significado. Aunque curiosamente con estas pinturas pretendía burlarse de las supersticiones y actos de quienes creían en estas cosas, sus cuadros dan pavor en lugar de risa. Así retrataba Goya una sociedad española cruel, dada a los crímenes, crédula e ignorante hasta la médula, supersticiosa y violenta. Influido por el caso de las Brujas de Zugarramurdi, donde se quemaron vivas seis personas para alegría de los más sádicos, y el caso de Logroño, el artista se atrevió incluso a criticar a la Iglesia Católica por su barbarie… razón por la cual fue denunciado a la Inquisición y sus obras que tenían la mínima relación con obispos o frailes fueron retiradas. 

El aquelarre, Goya
Sin embargo, en el tiempo también han existido aquellos artistas más fascinados que asustados por aquellas mujeres que sabían manejar lo sobrenatural. Uno de los mejores ejemplos es el prerrafaelita John William Waterhouse. Bebía de los mitos e historias clásicas para crear hermosísimas hechiceras. Poderosas, jóvenes, sabias y bellas, así es como veía a las brujas, alejado de la clásica imagen de vejez y fealdad. Con libros de magia, pociones o bestias fantásticas, las hechiceras se convertían en sex symbols de la época. 
                                                El círculo mágico – John William Waterhouseç
                                                                        Martillo de las brujas
El más famoso de todas los libros sobre brujería, Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas) fue escrito en 1486 por dos monjes dominicos. En el acto, y a lo largo de los tres siglos siguientes, se convirtió en el manual indispensable y la autoridad final para la Inquisición, para todos 'los jueces, magistrados y sacerdotes, católicos y protestantes, en la lucha contra la brujería en Europa. Abarcaba los poderes y prácticas de los brujos, sus relaciones con el demonio, su descubrimiento. La Inquisición, la hoguera, la tortura, mental y física, de la cruzada contra la brujería: todo esto es conocido. Y detrás de cada uno de los actos sanguinarios se encontraba este libro, a la vez justificación y manual de instrucción. Para cualquier comprensión de la historia y naturaleza de la brujería y el satanismo, Malleus Maleficarum es la fuente importante. La primera fuente.
El Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas) es uno de esos libros cuyo nombre no sólo remite a una idea; ya que fue, literalmente, un martillo sobre las brujas. Se trata de un compendio sobre la brujería, publicado en Alemania, en 1486. Sus recopiladores fueron dos monjes inquisidores: Jacob Sprenger y Heinrich Kramer.
Este manuscrito fue hecho para probar la existencia de las brujas y compartir información sobre cómo combatir la brujería en el siglo XV, texto que recoge ejemplos y anécdotas de casos sobre herejes en la región europea. El libro fue publicado en 1486 en Alemania como una recopilación de creencias sobre la brujería, explicaciones sobre muchos aspectos intrincados de la misma y métodos para su erradicación, sirvió como una importante herramienta durante el periodo de histeria producido por la cacería de brujas de mediados del siglo XVI.
Este texto se convirtió en la guía más influyente para perseguir herejes y brujas. Su traductor, Montague Summers, lo describió como: “Uno de los libros más importantes, sabios e influyentes del mundo”. La revolución de la imprenta del siglo XV permitió que el libro esté al alcance de las masas y por dos siglos fue el segundo texto más vendido, después de la biblia.

La impronta que el Malleus Maleficarum dejó como testimonió de la estupidez humana (ilimitada según Albert Einstein) es algo que la Historia nunca olvidará. Gracias a esta oscura obra se condenó a medio millón de brujas entre los siglos XVI y XVIII. Por él, en apenas tres meses, cinco mil mujeres fueron juzgadas en Génova, siete mil en Trier y, en los famosos Juicios de Salem llevados a cabo en USA a fines del siglo XVII, cuatrocientas brujas sintieron el peso del martillo inquisitorial: 230 siendo quemadas en público frente a las masas histéricas y fanáticas, veinte siendo atrozmente degolladas y, con algo de suerte y “misericordia” de los jueces, 150 fueron a parar a prisión.

El origen del Malleus Maleficarum ya es controversial. Los monjes afirmaban tener un poder especial del Vaticano para encarcelar y procesar brujas en Alemania, amparados en un decreto papal; pero luego se supo que aquel decreto fue firmado mucho antes de que comenzase la escritura del libro. Al ser presentado ante la universidad de teología de Colonia, El Malleus Maleficarum fue oportunamente rechazado por no atenerse a las normas de la ética. Heinrich Kramer, sin embargo, insertó una aprobación falsa en la introducción de la obra. Esto colaboró, afirman los especialistas, a popularizar el libro. De hecho, en su época fue el libro más leído después de la biblia.

El Malleus Maleficarum está dividido en tres partes. La primera intenta probar la existencia de la brujería, pero con la curiosidad de que estaría amparada por Dios. Es decir, se enumera la metodología de las brujas y hechiceros, que actúan impulsados por el deseo de dañar, pero sin lograr contradecir la voluntad última de Dios, que es inescrutable. En esta parte del libro se expone la teoría de que la mujer es un ente inferior, y que por lo tanto, están más inclinadas que el hombre a las tentaciones de Satán. Los monjes incluso llegaron a reflexionar filológicamente sobre la etimología de la palabra Mujer, Femina, en latín; concluyendo erróneamente que significaba Sin Fe, Fe Minus.

La segunda parte del Malleus Maleficarum nos habla de las formas de la brujería. Se enumera un corpus considerable de hechizos y conjuros; haciendo especial incapié en el pacto con el demonio. Naturalmente, las fuentes que citan nuestros monjes son la de aquellos que han confesado mediante la tortura.

La tercera parte se enfoca en la manera de perseguir y enjuiciar a las brujas. La tortura es el método recomendado para los que se resistan a asumir sus culpas. Si lo anterior resulta poco menos que repugnante al intelecto, en esta sección del Malleus Maleficarum se alcanzan picos siniestros; particularmente en donde se explica como el inquisidor puede mentir, prometiéndole misericordia al procesado, sin la necesidad de cumplir.

Debido a que el manuscrito se refiere a las mujeres como brujas, se podria creer que los autores eran misóginos. Por esta razón inclinan más a las mujeres hacia la brujería, por ser, según ellos, más susceptibles a las tentaciones de los demonios y, al ser más carnales, tener menos fe que los hombres. El historiador Michael Bailey asegura que las mujeres de carácter fuerte eran acusadas de ser brujas y también aquellas que no seguían las normas de vestimenta femenina, incluso el nombre Malleus Maleficarum es un título en femenino que, en su etimología, alude a las mujeres como villanas. En masculino el texto se escribiría “Malleus Maleficorum”. Este manuscrito acusaba a las brujas de practicar infanticidio, canibalismo, realizar hechizos malvados para lastimar a sus enemigos y también les atribuía el poder de causar impotencia en los hombres y distintas enfermedades. No se puede negar el sexismo de este manuscrito ya que promueve a las mujeres como criaturas débiles, inferiores y más propensas al mal que el hombre.
El Malleus Maleficarum sí consiguió información interesante de la época, ya que algunas brujas confesaron poder convertirse en animales. Ante esto los inquisidores sospechaban que el demonio las engañaba con ilusiones para atraparlas; también discute sucesos como volar, causar tormentas y destruir cosechas. Así mismo, deja la duda de que quizá algunas brujas tenían hijos de demonios en la Tierra.
En cuanto a su estilo, la escritura de esta guía es seria y sin humor, y aunque la información que contiene es difícil de creer, es presentada como segura.
El Malleus Maleficarum no es un libro original, es una extensa y ordenada recopilación de trabajos previos como los textos de Visconti y el famoso Formicarius escrito por Johannes Nider en 1435. Este manuscrito fue influenciado fuertemente por ideologías humanistas de temas antiguos como la Astronomía, Filosofía y Medicina, tendencias que fueron estudiadas nuevamente tras encontrarse viejos textos.
Aunque el Malleus Maleficarum fue prohibido por la Iglesia Católica, se convirtió en el manual más importante de los cazadores de brujas y los inquisidores de la Europa medieval. En la actualidad existe una traducción completamente nueva, gracias a Christopher S. Mackay, el texto fue publicado por el Cambridge University Press en noviembre de 2006. 
El conjunto del libro, leído a la distancia, es ciertamente interesante. Algunos pasajes de hecho son tan absurdos que es imposible no tomarlos como una broma. Las descripciones del vuelo de las brujas, de los encantamientos para crear impotencia en los buenos cristianos, de la capacidad de generar tormentas y granizo, son tan abundantes que su redundancia termina convirtiéndose el método general de argumentación. En resumen: El Malleus Maleficarum tiene poco de original, y la mayoría de su material pertenece a obras anteriores; de todos modos, no deja de ser interesante un recorrido por sus páginas; y una muestra de la otra cara del ocultismo, a menudo más perversa que la de los acusados.


Hoja relatando la quema de una bruja que en 1531, con ayuda del Demonio, quemó la ciudad de Schiltach.

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http://www.demonologia.net/malleus-maleficarum-el-martillo-de-las-brujas/
http://elespejogotico.blogspot.com.es/2009/06/malleus-maleficarum-el-martillo-de-las.html
http://www.reflexionesmarginales.com/biblioteca/Malleus_Maleficarum.pdf





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