martes, 28 de febrero de 2017

HERRADA DE LANDSBERG Y EL HORTUS DELICIARUM






La abadesa Herrada de Hohenbourg describe la función del Hortus deliciarum con una metáfora muy sugerente. Compara los textos allí reunidos con las flores de un jardín y a sí misma con una abeja que las selecciona y confecciona con ellas un panal de miel, alimento espiritual e intelectual de las religiosas de su cenobio. Esta obra de carácter enciclopédico con finalidad formativa fue compilada a finales del siglo XII por parte de Herrada con la colaboración de su comunidad. La obra manuscrita se conservaba en la Biblioteca de Estrasburgo, pero en 1870 se perdió en el incendio de la misma durante la guerra franco-prusiana. En 1979 el Warburg Institute de Londres publicó la reconstrucción de la obra bajo la dirección de Rosalie Green. Esta edición consta de dos volúmenes de grandes dimensiones: uno de ellos presenta la reconstrucción del manuscrito y el otro agrupa artículos sobre distintos aspectos de la obra. Es por esta vía documental que nos acercamos a las “piezas” que forman el Hortus deliciarum: a los textos y las magníficas ilustraciones allí reunidos, así como a las aún poco conocidas composiciones musicales.
Herrada de Landsberg fué una monja alsaciana del siglo XII, abadesa de Hohenburg, en los montes Vosgos. Es conocida, entre otras cuestiones, por ser la autora de la enciclopedia pictórica Hortus deliciarum (El Jardín de los deleites) en la que detalla la batalla entre la Virtud y el Vicio con imágenes visuales que preceden a los textos, relacionadas con la experiencia personal de la artista y una serie de retratos de sus hermanas religiosas. 




Philosophia et septem artes liberales(Filosofía y las siete artes liberales), como se ilustra en Hortus deliciarum.

Hortus deliciarum (Jardín de los deleites) era un manuscrito ilustrado medieval compilado como ya indiqué anteriormente por Herrada de Landsberg en el convento de Mont Sainte-Odile Abbey. Fue iniciado en 1167 y servía como enciclopedia pedagógica para las jóvenes novatas del convento. Es la primera enciclopedia de la que se tenga evidencia que fue escrita por una mujer. Fue terminada en 1185 y se convirtió en uno de los manuscritos ilustrados más celebrados de la época. La mayor parte de este se halla en latín, con glosas en alemán.

El infierno, como se ilustra en la obra

Era más que todo un compendio del conocimiento del siglo XII. Contenía poemas, música, e ilustraciones, las cuales eran su parte más famosa y apreciada; y que incluian dibujos de textos clásicos y árabes. Entre los poemas se hallaban algunos escritos por Herrada dirigidos a las monjas, la gran mayoría de los cuales fueron adaptados a la música.



El manuscrito contenía 336 ilustraciones que simbolizaban varios temas, desde teológicos y filosóficos hasta literarios. En 1870 fue quemado y destruido cuando la librería que lo albergaba en Estrasburgo fue bombardeada durante el asedio a la ciudad. Ha sido posible reconstruir partes del manuscrito ya que algunas porciones del mismo se hallan copiadas en otras fuentes; Christian Maurice Engelhardt copió las miniaturas en 1818, y el texto fue copiado y publicado por Straub y Keller entre 1879 y 1899.

Hortus deliciarum es una de las primeras fuentes del origen de polifonía de un convento. Contiene al menos 20 textos con canciones, las cuales fueron originalmente escritas con su música. Aquellas que pueden ser reconocidas pertenecen al conductus, y tienen principalmente una composición de nota contra nota. La notación estaba en neumas semicuadráticas con pares de pentagramas de 4 líneas. Dos canciones sobrevivieron con su música intacta: Primus parens hominum, una canción monofónica, y Sol oritur occasus, compuesta de dos partes.


Herrada (1125/30-c 1195)como podemos observar es una de las figuras femeninas sobresalientes de la cultura alsaciana. Procedía probablemente de familia noble y su vida estuvo ligada a la abadía de Hohenbourg, cerca de la ciudad de Estrasburgo. La abadía tiene su origen en el siglo VII, cuando fue fundado por Odilia (c 662-c 720), patrona de Alsacia. Su nombre designa actualmente la montaña (Mont Sainte Odile) en la que se ubica el monasterio homónimo. Allí, en el siglo XII se instaló una comunidad agustina dirigida por Relindis, a quien Federico I Barbarroja había confiado el mando de una reforma espiritual, con la que el emperador conseguía la custodia de un punto estratégico para el dominio de la región. Ella llevó a cabo una reedificación del monasterio y se la considera por ello la segunda fundadora de Hohenbourg. Tras su muerte en 1176, Herrada la sucedió en el cargo de abadesa y magistra. Pocos años antes habrían comenzado a elaborar el Hortus deliciarum.
Fig. 1 y 2. Hortus deliciarum, Pl. 153 y Pl. 154
Dos de las miniaturas más bellas del Hortus deliciarum ilustran esa genealogía femenina. La primera de ellas (Fig. 1) muestra tres episodios de la vida de Odilia vinculados a la fundación del monasterio. En la sección inferior de la imagen, en el lado derecho, Odilia aparece recogiendo la llave de la mano de su padre Adalrico, duque de Alsacia, quien (tras numerosas y graves dificultades) le hizo entrega del castillo que ella posteriormente convirtió en monasterio. En el lado izquierdo se muestra a Relindis en el papel de segunda fundadora, y ambas figuras se sitúan en plena naturaleza, al pie de una montaña de piedra en cuya cima aparece la abadía. Una inscripción confirma que se trata del monte de Hohenbourg, cuyos inconfundibles paisajes se sugieren claramente en la ilustración.
La segunda ilustración (Fig. 2) muestra a Herrada sosteniendo una estela en la que aparecen las primeras frases de la obra relativas a su autoría. Junto a Herrada, retratada de cuerpo entero como Odilia y Relindis, aparecen los retratos personalizados de 60 colaboradoras junto a los cuales están escritos sus nombres. Su legado es el Hortus deliciarum, cuya elaboración se extiende en el período inscrito entre 1176 y 1196 aproximadamente. Esta enciclopedia avant la lettre “representa la síntesis y la culminación del magisterio intelectual” de Herrada y probablemente también de Relindis y es un ejemplo del alcance filosófico-teológico de las fuentes del monacato femenino medieval.

Como indicaba al inicio del presente texto, Herrada introduce esta obra con la metáfora del panal de miel que ella elabora como magistra, y del cual las religiosas de su comunidad obtienen alimento espiritual e intelectual. En las primeras páginas del Hortus podemos leer:
“Herrada, por la gracia de Dios abadesa de la iglesia de Hohenbourg, aunque indigna, desea la gracia y la gloria del Señor a las dulces vírgenes de Cristo que actúan fieles en su Iglesia, como en la viña del Señor Jesús. Os ofrezco este libro para vuestra santidad, que se titula El jardín de los deleites [Hortus deliciarum], florilegio de diversos escritos sagrados y filosóficos. He elaborado con ellos un conjunto siguiendo la inspiración divina como una abeja y en alabanza y honor a Cristo y a la Iglesia, y para vuestro gozo lo he reunido todo en un único panal de miel. Por lo tanto, es importante que os nutráis a menudo de este libro, aliviando el ánimo cansado con sus gotas de miel”. 
Los escritos allí reunidos son fuentes latinas de la Alta Edad Media, así como textos coetáneos y fragmentos antiguos trasmitidos por autores medievales. A diferencia de Hildegarda de Bingen (1098-1179), compositora y autora de un amplio corpus de interés filosófico en el que las fuentes de inspiración son únicamente implícitas, Herrada refiere explícitamente las obras que consulta y cita. Los autores y sus textos, la mayoría escritos en lengua latina, son las flores deliciosas que Herrada selecciona como alimento para nutrir el hambre de conocimiento de las religiosas de su comunidad. En este contexto didáctico adquieren pleno sentido tanto las glosas explicativas escritas en lengua vernácula como los textos de autoría no identificada, que probablemente son textos propios. En cambio, las miniaturas del Hortus, además de la función didáctica ampliamente reconocida a las imágenes durante la Edad Media, tienen un sentido ulterior que nos ocupará más adelante. Antes, cabe introducir el tema de la obra.

El Hortus deliciarum se estructura en cuatro partes en las que se relata y se ilustra la historia de la salvación. En el contexto de las etapas que se exponen, la obra ofrece a las religiosas herramientas para entender y reflexionar sobre cuestiones teológicas y filosófico-científicas. Así, por ejemplo, el motivo de la creación del universo material se acompaña con indicaciones de los autores de la tradición relativas a la constitución del ámbito celeste, al número de sus regiones, e incluso se refieren los dos movimientos que rigen la mecánica celeste.Tales conocimientos eran privativos del ámbito académico –de dominio exclusivamente masculino- y manifiestan la inquietud intelectual y los recursos formativos de Herrada y de su comunidad. Un interés que, en el caso particular de la filosofía de la naturaleza, se hace vivamente presente asimismo en el Liber divinorum operum de Hildegarda de Bingen.
En su planteamiento didáctico, consistente en la selección de escritos en torno a un eje temático y en la escritura de textos propios en los que se recogen distintas explicaciones al respecto, Herrada muestra que el Hortus deliciarum es una obra coral. Ello se hace patente tanto en la activa colaboración de su comunidad, como en el criterio de citación según el cual no se difuminan las contradicciones existentes entre los distintos autores. Por otra parte, esos escritos están ilustrados por miniaturas que son a menudo iconográficamente sorprendentes, y que, además, no siempre se ciñen al contenido del texto, sino que desarrollan una vía de expresión paralela. Como observa Claudia Poggi, si bien los textos reunidos en la obra muestran una mayor sujeción al discurso teológico de la época, las miniaturas que los ilustran se llevan a cabo con una mayor libertad interpretativa.
Las miniaturas originales del manuscrito del Hortus deliciarum, de colores brillantes realzados por el oro (según señala Straub), mantienen una tenue semejanza con las copias que han llegado a nuestros días. Sin embargo, esas copias son la única aproximación a las originales que poseemos. Christian Moritz Engelhardt realizó copias de las miniaturas del manuscrito (incluyendo una parte de la notación musical), y las publicó en 1818.
Fig. 3: Hortus deliciarum, Pl. 166 (detalle). Fig. 4: Hortus deliciarum, Pl. 18

La reconstrucción del Hortus señala con el término rithmus numerosos textos líricos que en el manuscrito original habrían constado de notación musical. Sin embargo, sólo se ha conservado una pequeñísima parte de esa música. Concretamente se trata de las piezas Primus parens hominumVeri floris sub figura y Sol oritur occasus nescius. Únicamente la notación de dos de ellas, la monodia Primus parens hominum y la canción de Navidad Sol oritur, se conserva intacta, tal y como se reproduce en la reconstrucción del manuscrito (Fig. 3). Como indica Kenneth Levy, la notación de Sol oritur está realizada con el estilo de neumas utilizado en Metz a finales de siglo y destaca por ser uno de los escasos ejemplares de polifonía del siglo XII en una fuente germánica. En el caso del conductus de Navidad Veri floris sub figura se conservan ocho versiones procedentes de manuscritos de los siglos XII y XIII. Por otra parte, el himno de Navidad Leto, leta contio se refiere también como neumado, pero el comentario de la edición no ofrece ninguna referencia ulterior. La formación Discantus, dirigida por Brigitte Lesne, ha registrado las piezas del Hortus deliciarum, junto a una selección de piezas de Hildegarda de Bingen. Y, entre ellas, encontramos el canon Leto, leta contio con el texto del Hortus y música procedente, según se indica en el libreto, de un manuscrito del siglo XIII procedente de la École de Notre-Dame de París.
fig 4
El estado de la investigación en torno al legado musical del Hortus deliciarum es aún insuficiente, y además, es un terreno sembrado de ausencias difíciles de afrontar. En cambio, disponemos de algunos elementos significativos para caracterizar los conocimientos musicales de Herrada. Los fragmentos relativos a la música centran la atención en el canto, con el que se llega a identificar la misma música al decir: “La música es propiamente el arte de cantar. Se divide en dos partes: la armonía y la sinfonía”. Y a continuación define dichos términos, asociando conceptos bien distintos: “La armonía se llama melodía o bien modulación, o bien canto, o bien neuma. La sinfonía de llama "consonancia”. La identificación de la música como canto y el uso del término “sinfonía” recuerdan la teoría musical de Hildegarda. A continuación, en el Hortus se refieren cuatro tipos de música: natural, técnica, moral e instrumental, que define del modo siguiente:
“La música natural se encuentra en el firmamento y en los planetas, porque todos los espacios entre los planetas están dispuestos siguiendo una dimensión proporcional, es decir, en base a una relación numérica.
La música técnica es conocimiento de la música del alma. La música instrumental es aquella que se lleva a cabo con los instrumentos externos de tres maneras... La música moral es la que une el cuerpo y el alma, ya que mientras que la música del alma es invisible, ésta, con la distinción de las voces y las medias proporciones de las cuerdas, se hace visiblemente extrínseca en la música instrumental”.
Herrada se hace eco en el pasaje citado de la conocida distinción boeciana entre tipos de música (cósmica, humana e instrumental), con una variación sustancial común a otros autores, puesto que vincula tanto la música “técnica” como la “moral” con la relación entre el alma y el cuerpo, mientras que para Boecio la idea de la musica humana se refiere a la voz humana.A diferencia de Hildegarda de Bingen, que no refiere explícitamente cuestiones de distinción entre tipos de música, Herrada muestra interés en ese tipo de clasificaciones.
Herrada trata sobre las artes liberales, de origen ateniense (añade) y las ilustra en la que es seguramente la miniatura más célebre del Hortus deliciarum (Fig. 4).En ella se representan siete arcos de medio punto dispuestos de forma circular en torno a la figura de Filosofía, bajo los pies de la cual aparecen las figuras de Sócrates y Platón representados siguiendo la iconografía de los escribas medievales. En cada uno de los siete arcos se inscriben las personificaciones de las artes liberales: Gramática, Retórica y Dialéctica –las artes del triviumse sitúan en el lado izquierdo de la imagen–, Astronomía, Geometría, Aritmética y Música –las artes del quadrivium ocupan la pare derecha de la imagen. El lugar central que ocupa la Filosofía junto con las artes liberales es claramente indicativo de los intereses intelectuales de las religiosas de Hohenbourg.
Asimismo, los numerosos rithmi que figuraban en el manuscrito original así como las diversas representaciones de figuras femeninas y masculinas sonando instrumentos musicales de percusión, flautas y cítaras, entre otros, denota la presencia que habría tenido la música en la vida cotidiana de la abadía de Hohenbourg. Ésta y muchos otros cenobios femeninos medievales gozaron de una formación de notable alcance que les fue procurada por las magitrae, figuras indispensables para la comprensión y la tematización de la formación intelectual en la Edad Media.

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