viernes, 2 de diciembre de 2016

LUGO..."LUCUS AUGUSTI" Y SU MURALLA



Octavio Augusto, una vez muertos Lépido y Agrippa, asumió la representación de los tres poderes: el político, el sacerdotal y el magistral. En el año 12 a.C., la ciudad a fundar en la Gallaecia recibió el nombre de Lucus Augusti, Bosque Sagrado de Augusto. 
Un "lucus", en latín, es un término que, originalmente, determinaba un claro en la espesura del bosque en el cual habitaba un dios. Este término evolucionó y posteriormente se empleó también para nombrar a los templos y ciudades que, emplazados en un bosque ya existente, se edificaban como santuario a una divinidad elegida.
En el momento de la fundación de la ciudad, Octavio Augusto era el mandatario único de Roma y había alcanzado el cenit de su biografía. Era emperador, sumo sacerdote de la religión y gran maestro de la Ciencia Sagrada y se presentaba como divinidad en las provincias del Imperio. La fundación de una ciudad, con un nombre de connotaciones tan explícitas, fue muestra inequívoca de la intención de su promotor como Santo Príncipe. El nuevo Eneas.
Las tierras de la Gallaecia, Astúrica y Cantabria fueron, durante casi catorce años, rebeldes a las intenciones del emperador. Fue necesaria la participación de Marco Agrippa para la pacificación de estos territorios. La ciudad de Lucus Augusti materializó un pacto sagrado de convivencia en paz entre los pueblos indígenas y Roma.
Tras la inesperada muerte de Agripa, Octavio Augusto eligió como legado augusteo (legado sagrado) para que realizara la fundación de su Ciudad Sagrada al caballero miembro de la orden ecuestre: Paulo Fabio Máximo. Éste se dirigió, en el año 12 a.C., a la Gallaecia, para ejecutar el ritual.
En la tradición etrusco-latina, el lugar favorable para el establecimiento de la nueva ciudad, se obtenía mediante la observación del vuelo de unas determinadas aves; En Roma, en primer lugar, era imprescindible el rito de "la contemplatio", que era efectuado por un magistrado: el augur. 
Una vez alcanzado un lugar elevado, generalmente la cima de una montaña, se escrutaba el cielo y, según la topología de ese instante, se debían advertir en ella dos coordenadas, dos meridianos cruzados, que configuraran - convenientemente dibujados sobre la superficie de la tierra -, las dos direcciones principales o ejes de la ciudad. En el caso de que se dieran las condiciones celestes favorables, quedaba así "in-augur-ada" la ciudad.
Centro arqueológico, de San Roque,al lado de la necrópolis,en este centro se encuentran musealizados in situ los restos de una necrópolis que se empleó como tal entre los siglos I- V. En este mismo centro podemos encontrar además dos enterramientos de incineración (los más antiguos) y de inhumación (los mas modernos), restos de un horno dedicado a la producción de cerámica, y una piscina o estanque ritual, relacionado con cultos orientales, tan frecuentes a partir del Siglo I.

El fundador de Lucus Augusti, Paulo Favio Máximo, legado de Octavio Augusto, revestido con una toga, cogió las estevas de un arado de bronce, tirado por una ternera y un toro blancos, y trazaba un surco alrededor de la futura urbe, siguiendo la misma línea a lo largo de la cual habrían de levantarse las murallas. En el transcurso de la ceremonia, el fundador procuraba cuidadosamente que toda la tierra levantada por la reja, cayese al interior del recinto. Al llegar al sitio previsto para las puertas, el ejecutante levantaba el arado, con el fin de dejar un espacio libre de toda consagración.
El ritual de delimitación del territorio debería ser completado por dos ceremonias de consagración. Una de ellas, estaba dedicada a los dioses infernales: en un lugar, situado en el centro de la futura ciudad, se excava una fosa circular llamada "mundus", en la que eran depositadas ofrendas a "Los de Abajo". La otra, tenía por objeto, colocar a la ciudad futura bajo protección de los dioses de "Lo Alto" y singularmente, de la tríada integrada por Júpiter, Juno y Minerva. Se construía un templo llamado Capitolio, situado en la parte más alta de la ciudad, desde donde los dioses podrían observar todo lo que iba a ocurrir en la futura urbe.
La ciudad sagrada de Augusto, cumplía de manera exacta cada uno de los ritos geométricos, que el culto a Jano-Quirino-Arkho establecía. El proyecto redactado por Marco Agrippa, y determinado en el códice escrito por él mismo siguiendo la petición de Octavio Augusto, posee una geometría de orden universal, "una cosmografía, a partir de la cual, y siguiendo un complejo sistema de proporciones, se establece, en el orden de lo sensible, una distribución analógica al orden cósmico". 
Su forma, según el rito de Jano y de geometría igual a su templo, tenía planta cuadrada, formada por: una cuadrícula de doce por doce cuadras, dividida en cuatro barrios orientados de acuerdo a los cuatro puntos cardinales, e igual que el templo, que tenía doce columnas, la ciudad tenía doce puertas de entrada. 
La ciudad se implanta en el territorio de acuerdo a la escuadra pitagórica 5-12-13 y sigue lo estipulado, en el tratado sobre arquitectura redactado por Marco Agrippa, en cuanto a la ordenación de sus calles, espacios públicos y edificios. Cada uno de ellos se rige de acuerdo a la misma escuadra pitagórica en sus proporciones. La ciudad cumple las reglas de los Collegia Fabrorum del siglo I a.C., herederas de la tradición de la Ciencia Sagrada que los Arkhi-tekton han sabido construir a lo largo de los siglos.
Una ciudad sagrada, como Lucus Augusti lo fue, requería de un territorio virgen. Un bosque de robles a las orillas del río Miño y sobre el callado que forma la letra Rho del monograma sagrado de Arkho en el territorio, era lugar apropiado según el rito. La colina elegida para establecer la ciudad tenia las características de las pendientes a Este y a Oeste favorables para las aguas, tanto de servicio como sucias, por lo que el punto central de su trazado fue escogido en el punto más alto de la colina, quedando las pendientes a ambos lados. Las direcciones Norte y Sur discurrían paralelas a la cresta natural de la colina. 
El rito romano establecía que, una vez señalado el punto central de la nueva ciudad, se determinaba el orto solar, y así se fijaba el "decumanus" máximo. 

Domus del Mitreo,de reciente apertura, es este un yacimiento que conserva los restos de una domus o casa romana datada entre siglos II y III. Su extensión sobrepasaba la muralla. Se conservan restos de algunas pinturas y de las distintas estancias. Albergaba un espacio de culto al Dios Mitra. De origen oriental normalmente este culto era de carácter secreto y se realizaba en cuevas y viviendas particulares. El espacio central lo ocupa el Ara votiva dedicada a este Dios por un centurión de la Legio VII Gemina encargado de la oficina de impuestos de Lucus Augusti. Cuando se construyó la muralla se "expropio" parte de la domus, comenzando así su deterioro.



El proyecto de la ciudad sagrada realizado por Marco Agrippa para Lucus Augusti posee una planta cuadrada perfecta, con una dimensión total de sus lados de 2.160 codos (aprx.960 m.); la cuadricula de la zona edificada era de una malla formada por 10x10 ínsulas de 180 codos cada una (80m.) y poseía un pomerio perimetral de otros 180 codos de anchura. De esta manera, la forma urbana total, edificaciones y pomerio, era una cuadrícula perfecta de 12x12, de 180 codos cada cuadra. El cruce de los ejes principales produce cuatro barrios urbanos, con orientación igual a los puntos cardinales. 
La ciudad de Lucus Augusti siguió los cánones de diseño que el arquitecto Marco Agrippa dedicó a Augusto en su Códice "Vitrum Polio de Architectura"
Como ciudad mediterránea (en el interior), la ciudad poseía el foro en el centro de su geometría, en Lucus Augusti éste era de grandes dimensiones e inscrito en un rectángulo de 360 x 180 codos. En su centro se encontraba el punto central de la ciudad, de manera que, toda ella, podía inscribirse en un círculo de 2.291 pies de radio. El foro se encontraba en el punto más alto de la urbe. Las dos vías principales, el decumanus y cardo máximo, (cardo quiere decir "eje", es decir, línea en torno a la cual gira el Sol, de Norte a Sur, y decumanus debe su nombre, según los tratadistas antiguos, a la contracción de duodecimanus, la línea de las doce horas entre la salida y la puesta del Sol, es decir de Este a Oeste), se entrecruzaban en el foro en sus trazas, no sus caminos, que no entraban en el interior del foro. De manera general, los decumani poseen dos pendientes en función del emplazamiento (respecto al cardo máximo), y de las pendientes naturales del terreno (aproximadamente un 5%), en dirección O.SO. y E.NE., respectivamente, y los cardines, siguen la misma cota natural del terreno en su trayecto, dirección N.NO.-S.SE. 
Siguiendo las especificaciones del texto de M. Agrippa, el trazado de las calles menores se realizó en función de los vientos dominantes, de manera que, el viento Norte y Noroeste (el más dañino en el emplazamiento de la ciudad), no afectara en gran manera a sus habitantes. Se diseñaron los cardines en la dirección N.NO.-S.SE. de forma que las calles se intercalasen entre las edificaciones y así cumplir lo establecido por el autor del proyecto: "la planificación de los barrios deberá declinarse de la dirección de los vientos, para que llegando estos a los ángulos de las islas, se rompan, y repelidos se disipen". 
Esta alternancia de los cardines hace que sus trazas varíen en la cuadrícula principal, siguiendo una regla igual a la dimensión básica de 180 codos dividida por dos y por tres. De manera que, se trazaron calles alternando las trazas a 60 y 120 codos, respecto a los ejes de la malla principal. 
Los decumanus se trazan en dirección continua en todo su desarrollo. Las anchuras de las calles varían en función de su categoría, siendo las principales de 32 codos y las menores de 6 codos. 
La forma urbana queda definida como un cuadrado de lados iguales en su forma global, con ínsulas rectangulares en dirección N.NO.-S.SE. El Foro ocupa su parte central y existen plazas en las zonas cercanas a éste, como la del Teatro y la del Mercado.

La geometría de la ciudad romana de Lucus Augusti está regida por el número XII. El número que, desde los maestros sumerios, configuraba las dimensiones del cosmos.
La ciudad, de forma cuadrangular, tiene cuatro barrios, orientados a los cuatro puntos cardinales, con una plaza pública en el centro de cada uno de ellos, y un templo en el centro de cada plaza.
Toda la ciudad, edificaciones y pomerio, se encuentra inscrita en un cuadrado perfecto (12x12 cuadras) de 2.160 x 2.160 codos.
La dimensión exterior, de cada lado de la ciudad, tiene una proporción "augustea" sobre el número seis. (Para los matemáticos el seis era el número perfecto).
La dimensión total de cada lado de la ciudad es igual a 2.160 codos: El número que representa la divinidad en su perfección. -6x6x6x10- Seis al cubo por diez. Los tres seises multiplicado por el diez. Los tres Arkhontes invocan a la Luz. (VI - VI - VI - X)
Las edificaciones se asentaban en el interior de una cuadricula de 10x10 ínsulas de 1.800 codos x 1.800 codos totales.
El pomerio es de 180 codos de anchura en todo el perímetro.
La orientación sobre el territorio, sigue la marcada por la escuadra pitagórica: 5-12-13, en la que la hipotenusa se fija, de acuerdo con el Norte solar de la época. El cateto menor fija la dirección del decumanus, O.SO.-E.NE. y el cateto mayor del cardo, N.NO.-S.SE.
Las calles poseen anchuras, múltiplos de 12 codos y son, según su importancia, de 32 24, 12 y 6 codos.
Las calles decumani son rectilíneas, con pendientes aproximadamente, de un 5% en dirección O.SO. y E.NE. respectivamente, tras ser cruzadas por el cardo máximo.
Las calles cardini, en dirección N.NO.-S.SE., son escalonadas, utilizando variaciones de la cuadricula básica a 60, 90 y 120 codos, para romper los vientos dominantes del Norte.
Existen dos plazas principales, a ambos lados del foro: al Norte la del Mercado y al Sur la del Teatro. Ambas plazas están comunicadas, por la vía principal, con las tiendas adyacentes al Foro.
Las doce puertas de la ciudad comunican directamente con estos tres espacios principales: el Foro, por las vías máximas centrales, y el Mercado y el Teatro por las vías secundarias.
El proyecto debería de atender, en su diseño y configuración, a unas necesidades generales que estaban marcadas por el papel geoeconómico que los territorios de Gallaecia iban a jugar en el Alto Imperio. La región, rica en recursos naturales como: oro, cobre, limonita y carbón, necesitó del aprovisionamiento que las tierras del Miño tendrían que aportar, para alimentar a la gran explosión demográfica que produjo su explotación económica.

La piscina romana de Lugo en su hallazgo en 1960, antes de que se sellara

con una capa de arena y se trasladaron al Museo Provincial los fragmentos de mosaico desprendidos.

No debemos olvidar que el carácter sagrado de la ciudad fue su principal característica, pero con un territorio favorable, en la cuenca fluvial del Miño, para las explotaciones agropecuarias intensivas, que los romanos dominaban. Era necesario establecer una urbe que fuese, además de lugar de culto, centro administrativo de las explotaciones agrarias y mercado central, donde proceder al comercio y almacenamiento de las mercancías que luego, de manera agrupada, serían enviadas al territorio minero para su consumo por una población ocupada únicamente en las explotaciones. Dicho en términos actuales, Lucus Augusti debería ser, por la elección de su emplazamiento, un gran centro logístico agropecuario de suministro para la producción minera del Imperio.
La ciudad contaba con un gran mercado, que debía facilitar el acceso de los proveedores y comerciantes, así como, el intercambio comercial. A la vez, debería estar muy bien comunicada con el territorio que iba a gestionar, con una buena red de caminos secundarios y en una posición central en el conjunto. 
La elección del emplazamiento de la ciudad tuvo, sin lugar a dudas, un condicionante trascendente asociado al territorio del imperio, pero fueron motivos fundamentales también, la cercanía del río Miño -como eje central de comunicación y suministro de materiales y alimento-, y la existencia de una fuente termal natural en sus orillas.
El conjunto urbano sigue el esquema arquitectónico, descrito por Marco Agrippa en su tratado sobre arquitectura, que fue modelo en el período de Augusto: un gran espacio de forma rectangular rodeado de un pórtico, que delimita sus fachadas interiores.
Mosaico de Batitales
Una vez realizadas las divisiones y direcciones de las calles y situadas correctamente las plazas, deben elegirse las superficies de utilidad colectiva de la ciudad, teniendo en cuenta la situación más favorable para ubicar los santuarios, el foro y demás edificios públicos. Si la ciudad se levanta al lado del mar, debe elegirse una superficie para construir el foro próxima al puerto; si, por el contrario, va a estar lejos del mar, el foro se construirá en medio de la ciudad. Los solares para los santuarios de los dioses tutelares de la ciudad y para Júpiter, Juno y Minerva elíjanse en un lugar suficientemente elevado, desde donde pueda observarse la mayor parte de la ciudad. El templo para Mercurio, y en su caso para Isis y Serapis, se situará en el foro o mercado; el de los dioses Apolo y Baco, junto al teatro; en las ciudades donde no haya gimnasios ni anfiteatros, el templo dedicado a Hércules se levantará junto al circo; a Marte, fuera de la ciudad pero próximo a su termino; el templo dedicado a Venus se levantará junto al puerto. 
En los textos de los arúspices etruscos se nos clarifica que los templos de Venus, Vulcano y Marte se han de levantar fuera de las murallas, para que los placeres de Venus no sean practicados en la ciudad ni por los jóvenes ni por las madres de familia; si se provoca la fuerza de Vulcano mediante ritos y sacrificios, parece que los edificios se ven libres de sufrir incendios, situados fuera de las murallas. Dado que la deidad de Marte está consagrada fuera de las murallas, no surgirá entre los ciudadanos ninguna discusión o divergencia con uso de armas, sino que se mantendrá protegida la ciudad del peligro de la guerra. A la diosa Ceres se la venerará en un lugar fuera de la ciudad, y solamente deben acercarse a su templo para realizar sacrificios, pues es un lugar que debe guardarse escrupulosa y honestamente; con buenas costumbres. Para el resto de los dioses, deben repartirse los solares acordes al tipo de sacrificios que se realicen en sus templos.
El Foro de Lucus Augusti estaba dividido en dos espacios, a Norte y Sur del decumanus máximo y delimitados por los edificios de la Curia y la Basílica, que se encontraban en su centro. Al Sur, el espacio sagrado principal de la ciudad, donde se alcanzaba el punto de mayor altitud y donde se encontraba el templo de la tríada capitolina o Capitolio y al Norte, el espacio cívico público, donde se producía la vida política y las asambleas de la urbe. El Foro, en sus fachadas exteriores (lo que son las actuales calles Reina y Progreso), tenia pequeños habitáculos o tiendas (tabernae), habilitando, al igual que hoy en día, una actividad comercial permanente. Las entradas al Foro se producían a través del decumanus máximo (de manera similar a la actual calle Juan Montes) que accedía a los frentes de la Curia y la Basílica y, a través de éstas, a la zona sagrada donde se encontraba el Ara del Sacramentum de Augusto, delante del Capitolio.
Este espacio sagrado era un ámbito recogido, a la manera de un claustro. Así, era posible preservarlo de las grandes afluencias de visitantes exteriores de la ciudad, en los momentos importantes del culto. En él se realizaban los rituales más importantes, en las fechas especialmente señaladas. 
En la parte Norte, existía una plaza, en una cota inferior a la del Capitolio, en la que se abrían diferentes dependencias públicas como: archivos y anexos de la Basílica y la Curia. En este lugar, en gradas existentes al aire libre, se discutían públicamente algunos aspectos del gobierno, además de exponerse los edictos oficiales, en las paredes exteriores del recinto.



En tiempos de la República, lo que se confiaba al templo, para que quedase custodiado mientras se dirimía un juicio, lo llamaron Sacramentum. Este fue el primer significado, similar a una fianza que materializa un pacto de confianza mutua entre litigantes, en espera de la justicia dirimida por los magistrados. Posteriormente, derivó en promesa, juramento, compromiso. Así, llamaron Sacramentum al juramento militar o al compromiso que se adquiría al ser alistado. Desde el mandato de Augusto, se llamó también Sacramentum a cualquier género de pacto, compromiso o juramento ante los dioses.
Lucio Anneo Floro escribió sobre la campaña de las guerras cántabras:
"Así concluyó Augusto sus empresas bélicas, así también las rebeliones de Hispania. En adelante se mantendrían leales y en paz constante, ya fuese por su propio talante, más dispuesto para las artes de la paz, ya por el plan de Augusto, que, recelando del abrigo de los montes en que se refugiaban, les ordenó que habitasen establemente las ciudades romanas, que se hallaban en la llanura y que allí residiese el consejo del pueblo y se guardase por capital". 
En el texto de Floro, podemos leer como se articula el plan de Augusto para el mantenimiento de la paz en el territorio. La paz fue el resultado de un pacto, entre el Emperador y los jefes indígenas, por el que, a cambio de residir éstos en las nuevas ciudades romanas y de trabajar la población en las explotaciones mineras, Augusto otorgaba a sus interlocutores la jefatura y capitalidad del territorio.
Para ello envió, a uno de sus hombres de confianza y que pertenecía a la orden ecuestre, (el legado Paulo Fabio Máximo) a los territorios recién apaciguados del noroeste de Hispania, a realizar acuerdos de compromiso de gobierno con los jefes indígenas del territorio y completar éste con rituales religiosos. El acuerdo tuvo el valor de Sacramentum con el Pontífice Máximo de Roma. 
Paulo Fabio Máximo, por mandato de Augusto, concreta con los pueblos indígenas de la región el Sacramentum, que establece el pacto de su relación futura. Este juramento sagrado, entre Augusto y los habitantes de la Gallaecia, establece (tal como describe Lucio Anneo Floro), que en adelante se mantendrían leales y en paz constante, que habitarían establemente las ciudades romanas y, que en ellas residiría el consejo del pueblo, pasando una de ellas a ser la capital. 
Para materializar dicho compromiso sagrado, Augusto ordena a su legado en Gallaecia, Paulo Fabio Máximo, establecer en Lucus Augusti, Bosque Sagrado de Augusto, el Ara del Sacramentum, como elemento ritual del pacto sagrado.
Existen referencias numismáticas de este Sacramentum en las que, en el anverso, aparece Augusto como Pontífice Máximo de Roma y en el reverso, la ofrenda sagrada en el altar dedicado a Roma y Augusto.
El altar del Sacramentum se emplazaba en el centro del Foro, el lugar principal de la ciudad.
El altar a Roma-Augusto tenía una corona cívica en el centro y pequeños laureles a los lados. Acompañando el altar, dos altas columnas con victorias aladas sobre ellas. Sobre el centro del altar, el Clipeus Virtutis, un escudo dorado, signo místico dado por la diosa Venus a Augusto y representación directa de su persona y, acompañando la escenografía, la ofrenda floral que el altar de Augusto y Roma recibía de los pueblos firmantes del pacto sagrado, en fechas señaladas por el nuevo rito.
Casa de los mosaicos

Jóvenes mujeres indígenas se acercaban al altar portando coronas y ramos florales que eran depositadas, por los sacerdotes paganos, sobre la piedra negra del altar. Este ritual se producía el primero de Agosto, el primer día del mes que recibía el nombre del Emperador y era además festividad del dios solar celta Lugh.
Lucus Augusti fue en su fundación la ciudad del Sacramentum. Su origen como ciudad está determinado por la voluntad de Augusto de alcanzar una convivencia en paz entre Roma y los pueblos indígenas de la Gallaecia. Ese es el rasgo principal de la ciudad que permanece, aun hoy, como seña de identidad de la urbe.
Lucus Augusti, como centro espiritual, al mismo tiempo que posee una localización que la relaciona con otras Tierras Santas, debe de tener una significación simbólica. En efecto, los hechos históricos vividos en la Gallaecia traducen, a su manera, verdades de orden superior, en razón de la ley de correspondencia, que es el fundamento mismo del simbolismo, y que une a todos los mundos en la armonía total y universal. La idea que evoca, la representación de que se trata, es esencialmente la de "estabilidad", idea que he indicado, precisamente, como característica del Lucus: la ciudad debe permanecer inmutable en medio de la agitación incesante en su alrededor, la agitación que es una imagen de la del mundo exterior; y es menester haber atravesado la selva de las pasiones para llegar al Monte de la Salvación, al Santuario de la Paz.




La muralla romana que rodea la ciudad de Lugo (Galicia) es la única del mundo que se conserva entera, y es uno de los símbolos de identidad de la ciudad junto con su catedral.
Está hermanada desde el día 6 de octubre de 2007 con la Gran Muralla China de Qinhuangdao.
Desde la época romana, sobreviviendo a destrucciones y reconstrucciones, ha conseguido mantenerse en pie hasta nuestros días, siendo la única de Europa que conserva íntegro su perímetro de 2200 metros, considerada por los entendidos como el recinto fortificado más importante y mejor conservado del mundo romano, es además totalmente transitable por su amplio adarve, al que se accede en la actualidad por 5 escaleras y una rampa (modernos), aunque los accesos originales eran mucho más abundantes, las escaleras estaban encajadas en el adarve coincidiendo con los cubos.
La Muralla bajo imperial de la ciudad de Lucus Augusti está datada entre las últimas décadas del siglo III y las primeras del siglo IV d.C. La situación económica en el imperio a mediados del siglo III estaba muy deteriorada. En el año 275 d.C. se sucedieron a lo largo del imperio numerosas revueltas sociales que en muchos casos acabaron con el asesinato de terratenientes y gobernadores de ciudades a manos de los sublevados.

La clase dirigente de Lucus Augusti asustada por las historias que cada día llegaban desde todo el imperio decidieron protegerse ante una posible sublevación. Para ello decidieron construir una nueva muralla que les diera seguridad frente a las revueltas sociales.
En la actualidad la muralla romana rodea el casco histórico de la ciudad.
La muralla se integraba en un complejo defensivo formado por foso, muralla e intervallum. Encierra un área de unas 34,4 hectáreas y un perímetro aproximado de 2 Km. Su espesor es de una media de unos 4,20 metros y su altura oscila entre los 8 y los 12 metros.
Su planta es cuadrangular y los criterios del trazado son aún desconocidos, ya que dejó desprotegidas algunas zonas residenciales importantes al tiempo que, en otros tramos, incluyó descampados entre sus muros.
Está construida con un mortero que se elaboraba a base de tierra, piedra suelta y guijarros, cementado con agua. Presenta, actualmente, 71 cubos (60 de planta circular y 11 cuadrangulares) con torres de dos pisos. Cabe destacar que una de las torres conserva todavía su ventanal de medio punto.
El acceso al recinto amurallado se realizaba a través de 10 puertas, de las que cinco se abrieron a partir de 1853 debido al crecimiento urbano. 
Como acabo de comentar cuenta con diez puertas: cinco antiguas y cinco modernas. Éstas últimas fueron abiertas a partir del año 1853 ya que se confirmó un crecimiento urbano. En cuatro de ellas está permitida la circulación de tráfico, mientras que las otras seis son peatonales. Cuentan que durante un tiempo las puertas eran cerradas todos los días con portones de madera con el fin de controlar a quienes entraban en las épocas de guerra o peste.
Éstas son:

Porta de Santiago: pertenecía a la Iglesia, era privada y utilizada para acceder a las huertas. Ésta era la única que permanecía abierta en tiempos de peste.
Porta Miñá: esta puerta de origen romano, es la que se conserva hoy en día con menos modificaciones, ya que se intentó derribarla para luego sustituirla, pero la situación económica del municipio no se lo permitía. Hoy en día es conocida con el nombre de “Puerta del Cármen” ya que está siutada frente a una capilla con este nombre.
Bispo Odoario: fue constriuda en una de las esquinas, en una cornisa. Mide 10 metros de alto y 12 metros de ancho.

Porta Nova: existente desde la época romana, fue la principal comunicación con el lado norte. Luego, en la época medieval, fue reconstruida.
San Fernando: originalmente fue llamada “Puerta del Príncipe” en honor al recién nacido, Alfonso XII. Ésta se reformó y es llamada San Fernando. Luego de su reforma, pasó a ser la puerta por la que circula la mayor cantidad de peatones y tráfico desde los barrios Agro do Rolo, Piringalla, Feijóo y Garabolos, que acumulan el 45% de la población.
Porta Falsa: fue conocida con el nombre de “Puerta del Boquete” por sus dimensiones. Por ésta entraban y salían los correos ya que era la puerta más próxima al camino de La Coruña, la sede de la Capitanía General, y Audiencia. En el siglo XX se dejó de permitir la circulación de tráfico por la misma y se dotó de un acceso peatonal.
Porta da Estación: esta puerta se abrió a pedido de los vecinos de la ciudad, ya que no tenían una comunicación directa con el Barranco de Friás, donde estaba ubicada la estación del ferrocarril.
San Pedro: en sus orígenes era utilizada por los mercaderes que comerciaban dentro de la ciudad y fue la entrada de los peregrinos que se desplazaron en la Edad Media hacia Santiago.

Bispo Izquierdo: fue la tercera puerta en ser abierta, y su nombre es en honor al Obispo Izquierdo, quien benefició mucho a la ciudad, ya que fue quien reconstruyó el acueducto romano.

Bispo Aguirre: fue la cuarta puerta en ser abierta, y se construyó para tener acceso al nuevo Seminario y al Cementerio.

Caminar por lo alto de la muralla que en algunos tramos alcanza los 7 m de ancho, y detenerse en algunas de sus 85 torres es sentir de cerca el poder de la Roma Imperial y viajar en el tiempo y el espacio...

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