miércoles, 7 de diciembre de 2016

CHARLES DARWIN Y "LA TEORIA DE LAS ESPECIES"

La teoría de Charles Darwin sobre el origen y evolución de las especies, también conocida como Darwinismo, está basada fundamentalmente en la selección natural y en la lucha por la existencia, aunque en realidad abarca otros muchos aspectos.
Darwin estudió profundamente la interacción entre los organismos y su ambiente, y observó que los factores ambientales tienden a eliminar ciertas características de una población y a favorecer otras; éstas últimas permiten a los individuos seleccionados adaptarse mejor a las nuevas condiciones ambientales y esa selección produce evolución.
Las grandes aportaciones al conocimiento de la biología evolutiva de este naturalista se deben, en gran parte, a la realización de un viaje por el continente Sudamericano, uno de los más significativos de toda la historia de la biología: el viaje del Beagle, pues así se llamaba el buque de exploraciones en el que partió. El viaje duró cinco años y los datos y muestras que Darwin observó y tomó durante su transcurso sirvieron para dar una nueva visión de la vida y de nuestro lugar en el mundo.
La teoría de la selección natural fue formulada originalmente por Charles Darwin para explicar la evolución; el fundamento de la teoría de Darwin es el concepto de la lucha por la vida, la "supervivencia del más apto", y la herencia de los caracteres ventajosos por la descendencia de los individuos que sobrevivieron. Ese proceso de supervivencia de los más aptos fue llamado por él selección natural y la evolución, según Darwin, se produce cuando la selección natural actúa sobre los caracteres que pueden ser heredados.

Cuando Darwin publicó el Origen de las especies en 1859, ya existían varias tentativas de explicar ciertos temas relacionados de la geología, botánica y zoología, que es posible rastrear no sólo en la Antigüedad clásica, sino también en las cosmogonías de muchos pueblos primitivos. Se pueden hallar referencias a estas ideas en las obras de algunos filósofos como AnaximandroEmpédoclesEpicuro y Aristóteles. Este último, por ejemplo, expresó criterios evolucionistas en su llamada "escalera de la naturaleza", donde los seres conservaban el afán de ascender desde lo más simple e imperfecto hasta lo más complejo y perfecto. También el Estagirita, como cita el propio Darwin, vislumbraba groseramente el proceso de la selección, al estimar que en la naturaleza no todas las cosas tenían un fin (la lluvia no caía para hacer crecer el grano) sino que eran accidentales; del mismo modo las diversas partes del cuerpo entre sí no estaban adaptadas para un fin, todas aquellas que estaban constituidas apropiadamente se conservaban y las que no, se destruían. Claro está que esos conocimientos eran escasos e imprecisos, además de estar fundamentados erróneamente.
En el siglo XV Leonardo Da Vinci argumentaba que los restos fósiles marinos encontrados en la cima de las montañas se debían a que diferentes cataclismos como el fuego, las inundaciones y los terremotos destruían a los seres vivos cada ciertos períodos de tiempo y luego volvían a ser creados. Esta teoría se conoce comocatastrofismo y fue defendida por muchos naturalistas, entre los cuales estuvieron George Cuvier, Richard Owen y otros muchos. Linneo , quien inicialmente propugnaba la teoría de la inmutabilidad de las especies, llegó a la conclusión de que se formaban por hibridación, es decir, que sus formas intermedias daban lugar a nuevas especies. Según él, no eran ni creadas desde el principio, ni tampoco inmutables en número, sino que aparecían de modo continuo a partir del cruce de especies ya existentes. Este botánico creía que las plantas primigenias habían sido creadas por Dios y luego la combinación entre sus partes y el cruzamiento entre ellas provocó que se originara un gran número de variedades.
En los tiempos del naturalista inglés, las especies fósiles y los trabajos sobrehibridación en plantas y animales, eran las líneas donde más estaba presente la idea de que las especies eran el producto de ciertas transformaciones, y hasta incluían el término selección natural mucho antes de que Darwin publicase su famosa obra. En el primer caso, los científicos trataban de explicar las diferencias y semejanzas de las especies actuales con las extinguidas, así como el origen de éstas y las causas de su desaparición ; en el segundo, el objetivo era obtener nuevas variedades por la fertilización y por cruzamiento, mediante experimentos, de los cuales se publicaron distintas memorias.
Sin embargo, hasta poco antes de publicarse el Origen de las especies, la gran mayoría de los naturalistas creía que las especies eran inmutables y habían sido creadas por separado, mientras que unos pocos en cambio estimaban que se modificaban y que las formas existentes descendían por generación de formas preexistentes.
Darwin se propuso demostrar que las especies no fueron creadas independientemente, sino que habían descendido de otras variedades, apoyándose en las relaciones mutuas entre los organismos, que incluían las embriológicas, su distribución geográfica y otros hechos. Consideró, por tanto, que la teoría de la inmutabilidad de las especies era errónea, y que las pertenecientes a un mismo género son descendientes lineales de otra especie por lo regular extinta. Y al contrario de muchos naturalistas que achacaban las variaciones de animales y plantas a factores externos del medio ambiente, afirmó que no era éste ni los hábitos, ni la voluntad de los seres vivos los causantes de las variaciones que existían, por ejemplo, en las patas, el pico y la lengua de un pájaro carpintero o las estructuras de un parásito.


La observación de las diferencias leves e individuales en las especies domésticas y en las que viven en estado silvestre, así como la lucha por la supervivencia, la divergencia y la herencia correlativa, el uso y desuso de los distintos órganos y partes del cuerpo de los animales y sobre todo la selección sexual (a la que dedica tres cuartas partes de su obra El origen de hombre), le sirvieron a Darwin para exponer su teoría sobre la selección natural y el origen y evolución de las especies, y también para explicar la descendencia del hombre y de los monos antropomorfos, a partir de un antecesor común.

Según Darwin, las variedades o subvariedades de plantas y animales domésticos difieren más unos de otros que los individuos de cualquier especie o variedad en estado de naturaleza (silvestres). Así, son grandes las diferencias existentes entre los individuos de un mismo grupo, como las palomas, las gallinas o los perros. La gran variedad de estos animales domésticos se debe a que han sido criados en condiciones de vida no uniformes, que no tuvieron las especies madres en el estado silvestre en la naturaleza. Los seres orgánicos deben estar expuestos a condiciones nuevas durante muchas generaciones para que comiencen a variar, pero una vez que empiezan a hacerlo, ya no se detienen. Las condiciones de vida actuaban en dos sentidos, directamente sobre la organización del ser vivo, o sobre ciertas partes sólo; e indirectamente sobre el sistema reproductor. Darwin veía más importante el factor de lanaturaleza del organismo, que el de la naturaleza de las condiciones, en la formación de las razas de animales y plantas.
Los efectos sobre la descendencia eran definidos e indefinidos. En el primer caso, los hijos expuestos a ciertas condiciones durante varias generaciones se modifican de la misma manera (cambios leves como el tamaño del cuerpo por la cantidad de alimento consumido, espesor de la piel y el pelo a causa del clima, etc.)
Para Darwin, la variación indefinida era la más común y probablemente había desempeñado papel mucho más importante en la formación de las razas domésticas. Suficientes peculiaridades leves distinguían a los individuos y no podían ser explicadas por la herencia de los padres o de algún antepasado menos inmediato. Algo en lo cual Darwin erró, atribuyéndole mayor responsabilidad a la selección natural.
Algunos animales no se reproducen bien en cautiverio y domesticidad, y por lo regular dan lugar a seres débiles y enfermizos: las aves ponen huevos que no son fértiles, las plantas por su parte tienen un polen débil, etc.; de modo que cuando obra en cautiverio, el sistema reproductor funciona irregularmente y produce hijos algo diferentes de sus padres. Otros, en cambio, procrean con facilidad bajo domesticación, como los hurones o los conejos; asimismo, los sistemas reproductores de las plantas cultivadas por el hombre no se afectan fácilmente y varían muy poco, apenas un poco más que en estado silvestre.

Para Darwin, la variabilidad de plantas y animales se debía a una sucesiva gradación de pequeñas variaciones o cambios que se producían de forma natural en la naturaleza, para una mejor adaptación de los organismos a su ambiente; y a ello lo llamó selección natural para distinguirla de la artificial que realiza el hombre a fin de mejorar razas o variedades domésticas. 
Darwin aceptó con Wallace que las especies tenían un límite de variación -por ejemplo la velocidad que podía alcanzar un animal, dados su tamaño, peso y fuerza muscular-, pero no que todo el grado de variación posible en los seres domésticos se alcanzaba pronto y nunca era sobrepasado, como pensaban algunos autores.
En resumen, Darwin atribuye el origen de las razas domésticas al cambio de las condiciones de vida sobre la organización del individuo y su sistema reproductor; la acción de la herencia y la reversión que determinan la duración de la variabilidad; un efecto -quizá grande, dice- del uso y desuso de las partes; en ciertos casos el intercruzamiento entre especies originalmente distintas; la formación de razas nuevas por la selección, una vez originadas varias razas, habiéndose exagerado mucho la importancia del cruzamiento en plantas y animales y siendo poco relevante la formación de híbridos y mestizos obtenidos en plantas que se reproducen por vástagos o gajos, porque su duración es temporal. De todos esos factores, a los que nos referimos más adelante, el predominante es el de la acción acumulativa de la selección.

Darwin llegó a admitir algo que se le señaló, y es que era muy raro que las variaciones individuales se conservaran, ya fueran leves o marcadas, pues las especies que las poseyeran tendrían pocas posibilidades de sobrevivir y procrear; pero si lo lograran y la mitad de sus hijos heredasen la variación favorable, éstos tendrían también escasas probabilidades, que seguirían disminuyendo en sucesivas generaciones. Por ejemplo, si un ave obtuviese fácilmente su alimento gracias a su pico encorvado y naciera otra con el pico más encorvado, que prosperase, sería poco probable que ese único ejemplar perpetuase su forma, excluyendo a los demás que tienen el carácter común. No obstante, Darwin entendió que éstas se destruirían en mayor número, mientras que los individuos que tuvieran el pico más encorvado preservarían ese carácter luego del transcurso de muchas generaciones. En efecto, algunas mutaciones en los genespueden mantenerse en estado recesivo durante generaciones, pero esto Darwin lo ignoraba.
Creía que si el ejemplar no era capaz de transmitir a sus descendientes ese carácter recién adquirido, sí les transmitía una fuerte tendencia a variar, del mismo modo que a veces todos los individuos de una especie se modifican sin ayuda de la selección.
En los organismos normales destaca el valor de las diferencias individuales, por muy leves que sean, pues solían ser hereditarias y, por consiguiente, proporcionaban material para que actuase sobre ellas y se acumulase la selección natural, aunque Darwin reconocía que muchas variaciones que se presentaban en una especie no eran ni útiles ni perjudiciales, y que no habían sido fijadas y convertidas en definitivas por la selección natural. Además, el sorprendente número de formas (polimorfismo) que se presentaba en los seres vivos, incluso en una misma especie, indicaban un grado inusitado de variación.
Pero las variaciones observadas en los organismos son productos intermedios y mezclados -Darwin les llama híbridos como era usual entonces-, dando lugar a "especies dudosas" para los naturalistas, que unas veces las clasificaban como especies y otras como subespecies o como variedades. Con razón, advertía que discutir algo así era especular en el aire, si antes no se aceptaba por todos una definición de esos términos.
Eran precisamente las diferencias individuales leves que desdeñaba el sistematizador las que importaban a Darwin, ya que tales características o cambios presentes en una variedad eran para él pasos hacia variedades más permanentes, las más marcadas, las que conducían a las subespecies y de éstas a las especies. El paso de una etapa a otra, en lo que respecta a los caracteres más importantes, lo atribuía, como se ha dicho, al efecto acumulativo de la selección natural, pero también al del uso y desuso de los órganos. Así, una variedad bien marcada era una especie incipiente, aunque no todas alcanzaban la categoría de especie, pues podían permanecer en ese estado por largos períodos o extinguirse. De este modo Darwin se quitaba de encima una de las principales objeciones que se hacían a su teoría de por qué no se observaba el cambio de una especie a otra; si bien para él existían estados intermedios que se evidenciaban en esa ausencia de demarcación entre variedad, subespecie y especie.
Como consideraba que se definía la especie por la predominancia en el número de individuos más que por otra cuestión, Darwin aseguró que si la especie recién formada prospera más que la especie madre, entonces aquella adquiere la categoría de especie y ésta la de variedad, o podía suplantarla y exterminarla o coexistir con ella, pudiendo ser valoradas como especies independientes.

Del mismo modo que existían variaciones leves y diferencias individuales en las especies domésticas -que aprovecha el hombre para obtener mediante selección artificial mejores plantas y razas en los animales-, también se producían variaciones en la naturaleza en estado silvestre, interviniendo en ello la herencia y la selección natural. Sin embargo, ésta última no originaba la variabilidad, sino que implicaba solamente la preservación de esos cambios que surgían en los seres vivos y eran beneficiosos para la especie. Así, aquella especie que presentase características adaptativas al medio más efectivas -por ejemplo, mayor resistencia a la temperatura, a las enfermedades, mejores medios de locomoción y de obtener alimento-, tenía mayores probabilidades de sobrevivir. A la preservación de diferencias y cambios individuales favorables y eliminación de los perjudiciales es a lo que Darwin llamó selección natural, que también identificó como supervivencia de los más aptos, término acuñado por Herbert Spencer.
En la selección natural los organismos conservan las características más adaptativas y eliminan las que le son perjudiciales, pues la selección natural no puede actuar si no surgen variaciones útiles. Se producen así modificaciones en los organismos y con el tiempo las especies presentan formas muy variables. Pero, según Darwin, nada se percibe en estos cambios lentos y progresivos hasta que el tiempo ha marcado el transcurso de las edades.
Lo único que no podía hacer la selección natural era modificar la estructura de una especie sin darle ventajas a ésta, en beneficio de otra especie, a pesar de lo que afirmaban algunas obras de historia natural, concluía Darwin. Dicha selección actuaba hasta en las estructuras que eran usadas una sola vez en la vida, como era por ejemplo, la dura punta que poseen los pichones de ciertas aves para romper la cáscara del huevo en el momento de su eclosión. La única opción para aquellas especies que no sufrían variaciones adaptativas era desaparecer.




De los muchos individuos que una especie produce, la mayoría son incapaces de llegar al estado adulto, pues diferentes factores del medio, como los depredadores, las condiciones climáticas y otras, la merman. Así, de los numerosos descendientes de un pez o de una rana muy pocos tienen la posibilidad de alcanzar el estado adulto, porque en el medio donde viven otros organismos los utilizan de alimento o ellos tienen que luchar para conseguir éste, ya que, por ejemplo, puede secarse el lugar donde habitan.
Todo organismo, por tanto, tiene que sufrir destrucción durante algún período de su vida o durante alguna estación, pues si no es así, su número pronto sería tan extraordinariamente grande que ningún país podría mantener su descendencia. De ahí que, como nacen más individuos que los que pueden sobrevivir, tiene que haber una lucha por la existencia, ya sea entre individuos de una misma especie con individuos de especies distintas o con las condiciones físicas de la vida, a fin de que se cumpla la doctrina de Malthus sobre la progresión geométrica, que este economista aplica a la población.
Robert Malthus había publicado su Primer ensayo sobre la población en 1798, obra que luego corregiría y aumentaría con material estadístico en sucesivas ediciones, pues el libro se agotó rápidamente. En él planteaba la necesidad de que la población se redujera al nivel de los medios de subsistencia, pues el hombre se hallaba frente a la alternativa de marchar velozmente hacia adelante, hacia mejoras ilimitadas e inconcebibles, o estar condenado a una perpetua oscilación entre la felicidad y el infortunio, permaneciendo siempre, a pesar de todos sus esfuerzos, a gran distancia del objetivo soñado.
Este criterio, como planteó Darwin, ejerció determinada influencia o si se quiere sirvió de punto de partida para su teoría, aunque no es éste el único punto común en la obra de ambos. Por ejemplo, Malthus se refiere a las plantas y animales que son impulsados por el poderoso instinto a multiplicar su especie, sin que este instinto sea determinado por ningún raciocinio o reparo acerca del sustento de la prole. Entendiendo además que siempre que existe libertad, la fuerza generadora de acción y los efectos de la excesiva abundancia son destruidos posteriormente por la falta de espacio y de alimento, tan frecuente entre plantas y animales, y entre estos últimos, por la lucha a muerte que se libran entre sí.
Los trabajos de otros naturalistas posteriores a Darwin vendrían a demostrar que, aunque la lucha por la existencia se produce con bastante frecuencia en la naturaleza, los organismos vivos tienden a asociarse bajo diversas formas dentro de un ecosistema, es decir, dentro del conjunto de organismos que viven en un determinado medio o ambiente e interaccionan con él. Cuando se trata de una ayuda mutua se habla de mutualismo también puede ocurrir que unos se sirvan de otros, es lo que se denomina comensalismo,por último, en la simbiosis cada uno aporta un beneficio a otro pero no pueden vivir separados.
Darwin destaca que en esta lucha por la existencia las relaciones entre los seres vivos suelen ser complejas, produciéndose a veces una batalla dentro de la batalla, aunque a la larga exista en la naturaleza un equilibrio de fuerzas por largos períodos, que puede ser roto en cualquier momento, dando a una especie la victoria sobre otras.
Esta lucha por la vida era más severa, en su opinión, entre los individuos de una misma especie o género que entre géneros distintos. Esto se debe a que los individuos de una misma especie suelen presentar semejanza de hábitos y constitución, frecuentan las mismas regiones, precisan del mismo alimento o sustancias y se ven expuestos a idénticos peligros. Sirve de ejemplo la abeja importada de Australia antes mencionada, que estaba exterminando a la abeja nativa que carecía de aguijón; algo que también se ha visto en nuestros días en algunos países latinoamericanos.


Para desarrollar su teoría evolucionista, Darwin tuvo que explicar el comportamiento humano y la conducta de los animales. Por tanto, se propuso demostrar, y así lo desarrolló en varias de sus obras, que los hábitos, instintos y expresiones en el hombre y los animales tenían un origen gradual, a partir de antecesores comunes, y eran el resultado de la selección natural y la lucha por la existencia, y no de sucesivos actos predestinados por el Creador.

A fin de destacar esa continuidad evolutiva, comparó las diversas manifestaciones de la conducta humana , como miedo, placer, enojo, afecto, asociación de ideas, sentido moral, vergüenza o las maneras de comunicarse, con las de los animales.
En los animales, los instintos -migración, nidificación, construcción de habitáculos, parasitismo y otras relaciones entre ellos- son explicados por Darwin, como en toda su teoría, partiendo de una cualidad o carácter adquirido al azar, que luego se transmite por la herencia y son preservados por la selección natural.
Cada instinto complejo es el resultado de una cadena de instintos más simples del mismo grupo que varían en cierto grado.
En los animales silvestres, los instintos varían en alguna medida. En aquellos relacionados evolutivamente, pero distintos, existe una gradación, de modo que los más complejos instintos deben haberse adquirido por etapas sucesivas. Los animales emparentados que se han separado en diferentes etapas de un ancestro común retienen más o menos inalterados los instintos de las diversas formas ancestrales. Las ligeras modificaciones del instinto son provechosas para los individuos en la lucha por la vida en condiciones cambiantes. Además, Darwin asegura que su teoría dilucida cómo dos especies relacionadas, situadas en dos partes distantes del planeta y por lo tanto rodeadas de condiciones vitales diferentes, tienen en cuanto al instinto mucho en común. Así como que las especies se modifican explica la imperfección de los instintos para seguir luchando con los cohabitantes de la misma región, de lo contrario acabarían extinguiéndose.
Intentó comprobar si los mismos principios generales que podían aplicarse a una expresión servían tanto para los animales inferiores como para el hombre. Le pareció que el hábito de expresar los sentimientos mediante ciertos movimientos, aun cuando solía ser innato en la actualidad, había podido ser adquirido en algún momento de forma gradual. Este talón débil de Darwin, que le obligaba a recurrir a las teorías de Lamarck en cuanto a la herencia de las cualidades adquiridas, no sólo afectó negativamente este asunto, sino toda su argumentación de la selección natural en la evolución de las especies, y no sólo a esta obra sino a las demás del naturalista inglés. El biólogo August Weismann demostró que las cualidades adquiridas no se heredan, al cortar el rabo a varias generaciones de ratones y observar que siempre aparecía este aditamiento en las nuevas crías. Tampoco Darwin conoció los trabajos de Mendel y toda su concepción evolutiva llevó como lastre las teorías de Lamarck.
Darwin pensó que las expresiones y gestos adquiridos por el individuo en sus primeros años de vida podían haberse diferenciado en las distintas razas, de la misma manera que ocurría con el lenguaje. Trató de explicar el origen y desarrollo de las acciones expresivas del hombre mediante tres principios: el de los hábitos asociados, el de la santítesisy el principio de las acciones debidas a la constitución del sistema nervioso, con total independencia de la voluntad y en cierta medida independiente también del hábito.

En el caso de los hábitos asociados, Darwin plantea que cuando se repiten movimientos útiles a fin de satisfacer cierto deseo o sensación, llegan a hacerse tan habituales que se ejecutan (resulten o no útiles) cada vez que se produzca ese deseo o sensación, aunque sea en grado muy débil. Tales movimientos están a menudo asociados con determinados estados de la mente, y son hereditarios. Por ejemplo, cuando los perros suelen dar varias vueltas sobre una alfombra antes de echarse, no hacen otra cosa que conservar un hábito que debieron tener sus antepasados los lobos, para cerciorarse de que no los acechaba un peligro. Aunque ya no existe éste, los perros siguen efectuando ese acto, gracias a la herencia transmitida. Otro ejemplo, un ser humano cuando está perplejo, se rasca la cabeza. El error de Darwin es asumir que los movimientos asociados a esa conducta, que en un principio tuvieron carácter voluntario, con el tiempo originaron la tendencia a mantenerse, transmitiéndose por la herencia, antes situaciones similares, pues, como se dijo, los hábitos no se heredan, puesto que son de carácter voluntario. De todas formas, la herencia de los caracteres adquiridos no era privativa de Darwin, sino que estaba muy extendida por entonces.
La misma concepción del reforzamiento del hábito -ya fueran en la actualidad útiles o no para los animales y el hombre- sirve a Darwin para fundamentar su segundo principio, de la antítesis, es decir, la tendencia de estos seres vivos a realizar movimientos opuestos bajo sensaciones o emociones también opuestas, hacía que éstos llegaran a convertirse en hereditarios a través de una larga práctica. Por ejemplo, un perro se alegra cuando se muestra que se le sacará a pasear, pero si de repente se cambia de idea, se pone mohíno. Esas dos actitudes, en completa oposición, sólo se podían explicar, según Darwin, por la antítesis.El caso es más difícil en el ser humano, donde la voz se halla asociada a las expresiones.
El tercer principio se refiere a un conjunto de expresiones que se producen en el hombre y los animales, independientes de la voluntad y, en parte, del hábito. Estas acciones son en su mayoría de carácter reflejo, como el temblor de los músculos originado por el miedo y la intensa alegría, la sudoración a causa de un dolor o de un sufrimiento, o las alteraciones circulatorias y respiratorias debidas a la cólera y la vergüenza por ejemplo,sonrojo, para las que invariablemente debe acudir a una explicación relacionada con el sistema nervioso, no muy afortunada, dados los conocimientos de la época y el hecho de que Darwin se apoyara también en autores que no eran fisiólogos, como Spencer y Lamarck.


Pero el interés de Darwin, tanto en esta obra de las emociones como en las del origen de las especies y del hombre, es establecer -acorde con su teoría- el encadenamiento evolutivo que, en relación con estas manifestaciones de la conducta, debía existir desde los animales inferiores hasta el hombre, pasando por las razas humanas e incluso los enfermos mentales y los microcéfalos. El erizamiento del cabello, el enseñar los dientes bajo la influencia de la furia y otras expresiones comunes con los animales ,no podían comprenderse, en su opinión, si no se aceptaba que en el hombre existía en alguna etapa en una condición inferior similar a la de aquellos animales, haciéndose mas inteligible si se suponía una descendencia de un progenitor común.
Por eso destacará en todo momento la semejanza entre el hombre y los monos antropomorfos en cuanto a la risa, el llanto, los gritos y la voz, así como otros movimientos asociados, de modo que, a su juicio, no era posible entender a menos que los seres humanos tuvieran un origen común con dichos monos. El enseñar el colmillo, los gruñidos cuando se está enfadado, y el espacio que se observa a veces en la dentadura de algunos niños para que encajen los colmillos (diastema), son afinidades que acercan a los seres humanos a los antropomorfos, pues "nuestros progenitores semihumanos" poseyeron grandes colmillos para combatir, de la misma manera como hacemos ahora cuando nos enojamos. Asimismo hay semejanza en cuanto a la relajación del esfinter por el miedo en perros, monos y hombres salvajes, así como entre los europeos.
Al respecto se refirió no sólo a los animales domésticos y salvajes, sino que aludió también, dentro del grupo humano, a personas enfermas, como ciegos, sordomudos, idiotas y enfermos mentales, donde reflejó a veces algunos de los presupuestos científicos erróneos de la época. Uno de ellos se refiere a la idea que tenían muchos científicos de que el enfermo mental era un estado de regresión evolutiva de las facultades psíquicas, dadas sus reacciones en extremo fuertes e incontrolables. Lo mismo podía decirse de otro de los argumentos igualmente falsos de la antropología y medicina positivistas decimonónicas, que aseguraba que los microcéfalos e hidrocéfalos, entre otros, representaban también estados regresivos de la evolución.
Los mismos principios desarrollados por Darwin sobre la selección natural, la lucha por la existencia, la variación en los animales domésticos y en la naturaleza, la divergencia y la herencia correlativa, el uso y desuso de los órganos lamarckiano, pero sobre todo la selección sexual (a la que dedica tres cuartas partes de su obra El origen del hombre), le sirvieron para exponer su teoría sobre la descendencia del hombre y de los monos antropomorfos, a partir de un antecesor común. En esta teoría, Darwin destacó que, tanto la estructura morfológica como las capacidades intelectuales del hombre y de los animales, a las que añadió las morales, no eran otra cosa que un fenómeno de gradación, más que de esencia. Negando, asimismo, que el desarrollo de esas cualidades tuvieran un origen divino o creativo, sino que, por el contrario, eran resultado de la propia evolución de los seres vivos desde formas inferiores hasta el hombre.

http://historiaybiografias.com/teoria_evolucion/
http://www.elorigendelhombre.com/teoria%20de%20darwin.html
http://www.enciclonet.com/articulo/teoria-de-darwin-sobre-el-origen-y-evolucion-de-las-especies/#
http://www.rebelion.org/docs/81666.pdfhttp://www.astromia.com/astronomia/darwinevolucion.htm
http://personajesadvitamaeternam.blogspot.com.es/2009/02/charles-darwin-el-origen-de-las.html

1 comentario:

  1. Te agradezco este hermoso tema: ARACELI REGO: todo lleno de una profunda obervación, comparando: especies, medio ambiente, costumbres y, sobre todo diversas épocas para llegar a este conocimiento, saludos afectuosos, allende el mar.

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