miércoles, 7 de septiembre de 2016

LA REVOLUCCION MEDICO-FARMACEUTICA DEL RENACIMIENTO Y PARACELSO



Según se iba produciendo el avance turco sobre la capital del Imperio bizantino, sus habitantes huyeron hacia Italia llevando consigo la cultura griega clásica que con ellos había sobrevivido desde hacía 1.000 años. La caída de Constantinopla en 1453 en manos de los turcos supuso el fin de la Edad Media y el nacimiento de una nueva era: el Renacimiento. 
Esta reincorporación del mundo helénico a la Europa Occidental, de su lengua y, sobre todo, de una de sus características: el concepto de individualismo, trajo consigo importantísimas consecuencias. La primera de ellas fue la aparición de la conciencia del propio yo, que conllevó la rebelión del individuo contra la autoridad, las dudas ante todo aquello que se tenía por cierto pero que nunca había sido demostrado que lo fuese. 
El Renacimiento, el regreso del mundo clásico griego nació en Italia, pasó a Alemania y después se extendió a todo el mundo cristiano europeo.
En el siglo XV, el alemán J. Gutenberg grabó por separado las letras del alfabeto para combinarlas formando palabras, de manera que podían ser utilizadas repetidamente en la composición de nuevos textos, es decir, inventó la imprenta. 
La plana de escritura formada por caracteres móviles hechos por fundición, que podía ser reproducida una y mil veces sobre papel de hilo, abrió a la gente el mundo de la cultura. Por este sistema pronto se editaron libros de temas médicos-farmacéuticos: obras de Mesué, Nicolas, Dioscórides (de cuyas obras apareció en el XV primero una edición en griego y después otra en latín), la "Materia Médica" de Platerius, obras de Arnaldo... En 1.475 apareció la primera obra médica editada en España "Epidemia y peste " de Velasco de Taranta. 
A la vez se produjo el perfeccionamiento en la obtención de vidrio lo que supuso la posibilidad de construir lentes muchísimo mejores; por primera vez pudo ser observado el firmamento con mayor profundidad: es el siglo de Copérnico; paralelamente, se tradujeron correctamente las obras de Ptolomeo. En esta época se comprobó por primera vez la redondez de la tierra. 
El conocimiento de las estrellas trajo consigo la mejora en los sistemas de navegación marítima. El siglo XV estuvo lleno de descubrimientos geográficos: los navegantes españoles y portugueses se adentraron en el Océano Atlántico: primero bordeando las costas de África; en 1.402 llegaron a las Islas Canarias, a las que llamaron las Islas Afortunadas; después llegaron a la isla de Madeira, a Cabo Verde, a Fernando Poo, y siguieron bordeando la costa africana hasta que Bartolomé Díaz descubrió el Cabo de Buena Esperanza, y Vasco de Gama lo dobló, llamándolo el Cabo de las Tormentas. Después, navegando hacia el oeste. En 1.492 se produjo el encuentro entre Europa y América. 
El hombre de ciencia del siglo XV tomó conciencia de su derecho a pensar por sí mismo, y a elaborar sus propias teorías basándose en aquello que él había experimentado libremente. Por fin, pudieron aparecer opiniones científicas individuales.

El principal autor de la revolución médico-farmacéutica renacentista fue Paracelso.
Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim nació en Einsiedeln (Suiza), hacia 1.493. Hijo de médico rural, su padre le llevó a ver enfermos con él desde que era un niño, a la vez que fue su primer maestro enseñándole botánica y medicina. Más adelante recibió una educación humanística en centros religiosos; estudió latín, filosofía, y sobre todo religión, cuya práctica no abandonó jamás. Siendo aún un niño, su familia se trasladó a vivir a Villach (Austria) y allí observó la forma de trabajar en las minas de hierro y aprendió los principios de la metalurgia y de la química; después aumentó estos conocimientos en las minas de plata que poseía Fugger en el Tirol. 
Estudió medicina en varias universidades italianas, donde se dio cuenta de la diferencia existente entre un aprendizaje basado en la práctica -el primero que tuvo él cuando visitaba enfermos con su padre- , y el teórico que impartían en la facultad y que en el fondo no le interesó nada. Se doctoró en Medicina en la Universidad de Ferrara. 
Entonces decidió aprender "verdadera medicina" viajando por Europa y, probablemente, por Oriente Medio, conviviendo en estos viajes con toda clase de gentes y observando su forma de vida, sus enfermedades, sus tratamientos y su evolución frente a éstos. Durante sus viajes se puso en contacto con las gentes que practicaban lo que para él era la verdadera medicina: los médicos del pueblo, los cirujanos barberos y los curanderos. Ellos fueron sus verdaderos maestros, aunque él consideró que el mejor Maestro posible era la Naturaleza. 
Como médico, preparaba él mismo sus medicamentos; toda su vida se rodeó de gente sencilla, vistió como ella, habló como ella y olió como ella. Es decir, hizo lo contrario que los médicos de su época. Sin embargo, entre el pueblo, que le achacaba curaciones casi milagrosas, su fama fue enorme. Esta magnífica reputación le siguió toda su vida. 
Hacia 1.526 se instaló en Estrasburgo. Allí vivía cuando fue llamado para tratar de una grave dolencia al humanista J. Foebenius, un hombre rico e influyente, el editor más famoso de Basilea. Foebenius, que era amigo personal de Erasmo, había sido desahuciado por sus médicos, que querían cortarle una pierna. Paracelso, gritando improperios contra estos médicos, le curó sin tener que llegar a esos drásticos extremos. En agradecimiento, este hombre le ayudó consiguiendo para él una plaza de médico municipal y una cátedra en la Facultad de Medicina de Basilea (1.527). Sin embargo, este nombramiento resultó muy conflictivo para Paracelso, pues se hizo con el apoyo de los reformadores eclesiásticos, pero sin la aprobación de las autoridades académicas, quienes desde el primer momento estuvieron en su contra. 
Sus clases se hicieron famosas: las impartía en alemán y no en latín, en la plaza de la ciudad y en ellas admitía a todo tipo de estudiantes, incluidos cirujanos barberos. Daba sus clases de una manera desordenada y sin citar nunca autores clásicos, por los que sentía auténtica aversión. A sus alumnos les advierte que él " no sigue a los clásicos; solo cree en lo que ha descubierto con sus propias fuerzas y ha comprobado con la práctica y la experiencia ”. Sin embargo, sus clases estaban cada vez más concurridas. Desde sus clases descalificó sin piedad a los antiguos cánones, y, en general, a todos los textos médicos vigentes en aquella época, así como a la ciencia y la medicina tradicional, por las que solo sentía un provocativo desprecio. El día de San Juan de 1.527 hizo un auto público de fe y arrojó a la hoguera los textos médicos clásicos (incluido el Canon de Avicena) que entonces eran considerados imprescindibles para el ejercicio de la medicina. Esta manera de enfrentarse a las normas establecidas le trajo numerosos problemas. 
Sus colegas se burlaron de él y le apodaron "Cacophrastus". Paracelso les ignoró, y siguió una y otra vez rompiendo lanzas a favor de su medicina basada en el repudio de las teorías antiguas y su fe en la experimentación personal. Públicamente le llamaron "el Lutero de la Medicina". El les respondió diciéndoles que las suelas de sus zapatos y el polvo de su cogote tenían más ciencia que todos ellos juntos. Completamente indignados por sus métodos, sus colegas presionaron sobre las autoridades para que Paracelso fuera expulsado de la Universidad. Incluso rehusaron dar el título de doctor en medicina a sus alumnos. Paracelso les insultó llamándoles " doctores de Requiem, tapaderas de vergüenza, sacamuelas, embusteros, sofistas, piojosos, matadores de vacas y médicos de perros " y añadió que " San Juan del Apocalipsis no ha visto monstruos tan horrendos como vosotros ". 
Toda esta oposición frontal de sus colegas no pudo con él, que apoyado por los ciudadanos de Basilea siguió impartiendo sus clases en alemán y admitiendo en ellas a quien quería. Hasta que en 1.528 curó a un clérigo aquejado de gota, y cuando quiso cobrar sus honorarios, éste se negó a pagárselos. Paracelso recurrió a los Tribunales reclamando la deuda, pero perdió el pleito. Entonces, sintiéndose injustamente tratado por la Ley, se enfrento a los jueces, empleando contra ellos un lenguaje un tanto grosero. Esta vez fueron las autoridades judiciales las que se pusieron en su contra. 
Paracelso, para evitar ir a prisión, huyó de Basilea, estableciéndose en Nuremberg, Baratzhausen y San GaIl En estos lugares ejerció la medicina sencillamente, siguió dictando sus clases en posadas o en tabernas, donde las escuchan gentes de todas clases sociales, a la vez que escribió sus obras. Y bebió mucho. 
En la última etapa de su vida se hizo predicador laico y viajó por el Tirol, Baviera y Bohemia, falleciendo en 1.541 en el hospital de Salzburgo, debido a un cáncer de hígado.


Escribió muchas obras: algunas fueron publicadas mientras él vivió, como la “Grosse Wundartzney” (“Gran Cirugía”), que ejerció una gran influencia; otras obras vieron la luz después de su muerte como "Opus Paramirum" escrita en San Gall; y su principal obra médica "Das Busch Paragranum", escrita entre 1,529 y 1.530, donde están definidas las cuatro columnas que sostuvieron su medicina: Elosotia, astronomía, alquimia y virtud; otras obras importantes fueron los escritos sobre la sífilis y el Archidoxis, su manual de química.
Un siglo después de su muerte ya se habían publicado cientos de textos paracelsianos, casi todos ellos referidos a remedios químicos, de manera que a finales del siglo XVI existió una literatura completamente nueva sobre materia médica. Para Paracelso, como ocurre con tantas personas de extraordinaria valía, su carácter fue su peor enemigo y eso que a lo largo de sus 48 años de vida consiguió cosechar un montón de exitos.
Su vida estuvo plagada de incidentes y conflictos ocasionados principalmente por sus modales, un tanto groseros, y por su hablar demoledor. Fue un hombre muy difícil que siempre vivió acomplejado por su aspecto físico. Sin embargo, también fue un hombre genial, inteligentísimo y muy adelantado a su tiempo.
Con su inteligencia clarividente abrió nuevos caminos a la ya moribunda "medicina oficial" de su tiempo, intuyó una nueva concepción de la causa de la enfermedad, situándola en algo "externo" al cuerpo, principalmente en el reino mineral y en el aire atmosférico, y dirigiendo la terapia contra el agente que la había producido, saliendo así por fin de la teoría del desequilibrio de los humores como causa fundamental de las enfermedades. 
Como médico ideó un tratamiento práctico para la curación de heridas y úlceras crónicas, tan extendidas en aquella época; estudió las enfermedades de los mineros; identificó la tuberculosis y la silicosis como enfermedades profesionales y fue el primero en reconocer la forma congénita de la sífilis. 
Homeópata convencido, para la elección de medicamentos se dejó influir por la Teoría de las Signaturas; así, por ejemplo, la pulmonaria tenía que curar enfermedades del pulmón, o el aceite de cráneo humano tenía que combatir la epilepsia. Nunca usó aquellas inmensas fórmulas de polifarmacia, que todavía seguían usando sus colegas, sino que él prefirió usar los elementos simples, de los que quiso aislar su "quinta esencia" (era un magnífico químico) pensando que así se llegaba a extraer el principio activo emanado directamente de Dios, que era quien informaba a la sustancia en cuestión de sus propiedades y la daba un conocimiento exacto de su función curativa. Administró a sus enfermos aquellos medicamentos que la experiencia le había enseñado que eran útiles frente a la enfermedad que padecían.
Fue un partidario absoluto de los medicamentos químicos, que hasta entonces casi no se habían usado. Estableció las bases de la Yatroquímica. Practicó una medicina integral, en la que no admitía la separación entre médico-cirujano-farmacéutico, exigiendo en consecuencia a quien se dedicara a ello un conocimiento personal absoluto de todo lo necesario para curar la enfermedad, y aceptó, como principal arma para luchar contra la enfermedad, al medicamento, que el médico debía saber buscar, preparar y usar. Fue ante todo un terapeuta, que dedicó al estudio del medicamento sus mejores obras. 
Como filósofo, fue un seguidor del Neoplatonismo, de Hipócrates, de Lullio, de Vilanova. Quiso saber de que materia estaba formado el mundo que rodeaba a sus enfermos y admitió los cuatro elementos como representantes de una forma de ser, de una determinada característica. Junto tierra, fuego, agua y aire, admitió tres substancias químicas fundamentales: azufre, mercurio y sal, siguiendo las ideas de Geber, como representación de formas de comportamiento:
" Azufre, que representa la combustión que da a las substancias naturales su fuerza de crecimiento y de unidad; Mercurio, que significa posibilidad de mutación; Sal, que representa la conservación: lo resistente al fuego, lo que queda de sólido tras la combustión ”. 
Para Paracelso todo lo existente en el mundo era un compuesto de estos principios, una transformación de lo que ya había habido; una configuración sucesiva de lo que la mente divina había predestinado. Y admite un ente especial: el Archeus, suerte de agente dinámico ordenador que regirá la combustión, separación, cohesión, o adhesión de los cuatro principios y de las tres substancias; a este Archeus se debe el que los elementos se unan para formar las plantas, los animales, a la vez que el Archeus ordenará las funciones orgánicas de todo ser vivo. Gracias a él, la materia prima se perfecciona, llega a la organización máxima y constituye la materia última. Si él no actúa, aparece la putrefacción. La enfermedad representa un estado mórbido del Archeus, que se produce como consecuencia de un trastorno de la química del cuerpo. 
En todos estos conceptos juegan un papel fundamental los procesos químicos, que son los que fallan, por lo que tienen que ser corregidos mediante remedios químicos.

Como expuso en su "Paragranum", la medicina de Paracelso estaba sostenida sobre cuatro columnas: 
A. Filosofía- Conocimiento científico total de la naturaleza visible e invisible, de la que el hombre es el eje principal: "es médico quien sabe de lo invisible, de lo que no tiene nombre ni materia y, sin embargo, tiene su acción ". 
B. Astronomía- Puesto que el hombre como microcosmos siente la acción del Cosmos y con ello de todo lo que este contiene, influido por los astros, el hombre tiene a la vez en sí parte de ellos. Los astros pueden influir sobre el hombre como ser material, pero como también es un ser espiritual, el hombre puede resistir esa acción. La sabiduría humana tiene debajo de sí todos los astros, el firmamento y el cielo entero.
C. Alquimia- En la que Paracelso creyó, no como camino para obtener oro a partir de la transmutación de metales, sino para obtener los secretos de la Naturaleza, la verdadera maestra, la que elaboraba los mejores medicamentos. Es decir, creyó en una alquimia cuyo cometido fundamental era la obtención de medicamentos. 
Apasionado por el increíble laboratorio que para él era la Naturaleza, Paracelso buscó el por qué una vaca comía hierba y producía leche, el por qué de la tierra nacían las uvas; el por qué de los procesos patológicos. Buscó la piedra filosofal, como remedio que curara todas las enfermedades: el elixir filosofal; así fue el primero en intuir dos ciencias fundamentales para la medicina y la farmacia: la bioquímica y la quimioterapia. Paracelso desarrolló técnicas de destilación apropiadas para las substancias volátiles, que le permitieron obtener alcoholes, licores, esencias y aceites. También descubrió ácidos minerales fuertes como el vitriolo (ácido sulfúrico) y el agua fuerte (ácido nítrico). 
D. Virtud- La base ética fundamental de todo hombre de ciencia -el amor al prójimo y a la profesión- y una estructura científica basada en la progresión: ver-conocer-entender-saber y,por lo tanto, poder hacer. 


Paracelso creyó que la variación de los humores expuesta por Galeno era la consecuencia de la enfermedad, no su causa, y encaminó su lucha no contra los síntomas de esta variación sino contra la propia causa de la enfermedad. 
Así aceptó 5 causas de enfermedad o ENS, que al entrar en nosotros producen la enfermedad: 
  1. Ens astrale (ente astral): a este ente pueden deberse enfermedades por cambios meteorológicos, o por influencia de los astros, ya que el hombre depende del Cosmos.
  2. Ens veneni (ente veneno): enfermedades producidas por alteraciones bioquímicas; este ente puede ser cualquier sustancia que penetre en nuestro organismo: un medicamento, un alimento, un veneno... que resultará perjudicial para el organismo si su Archeus no actúa correctamente, separando lo nocivo de lo útil.
  3. Ens naturali (ente natural): o predisposición del organismo hacia tal enfermedad.
  4. Ens espirituati (ente espiritual): o influencia que sobre el ser ejerce su medio de vida, convivencias familiares, sociales...
  5. Ens Dei (ente divino): o acción de Dios, ser omnipotente que nos puede mandar una enfermedad como castigo o como prueba. 


El médico se ha de lanzar a buscar estas semillas de la enfermedad y el medicamento que actúe contra ellas. Y, como Paracelso, creía que el origen de la enfermedad era químico, buscó en la alquimia los medios para combatirla. Así nació el concepto de Arcano: ente inmortal existente en todo lo que cura, es decir algo inmaterial que tiene en sí poder de generar, transformar, cambiar y renovar los cuerpos, produciendo o protegiéndolos de la enfermedad y así influyendo directamente sobre la vida. Para Paracelso el mundo estaba lleno de arcanos que Dios, Sumo Boticario, había creado y puesto en él, para que el hombre los buscara y los estudiara hasta ser capaz de conocerlos y aplicarlos. 
Buscó también el "remedio específico" de cada enfermedad -que él estaba seguro de que existía en la Naturaleza- y usando sus conocimientos químicos adquiridos en las minas, se dedicó afanosamente a descubrirlo. Para ello trató químicamente drogas y minerales, e incluso modificó los medicamentos ya conocidos desde la antigüedad, y así extrajo sus quintaesencias con las que preparó extractos y tinturas, base de todos sus medicamentos. 
Estos "productos químicos" obtenidos a fuerza de mezclar y separar, a menudo con la ayuda del fuego pero sin que apenas existieran reacciones químicas tal como hoy las conocemos, eran considerados por él los auténticos principios activos separados de sus impurezas: 
  • Fue el primero que obtuvo el láudano a partir del opio, y así lo llamó.
  • Empleó el alcohol para obtener las quintaesencias.
  • Usó muchísimo el mercurio, bien como metal, bien como sal.
  • Usó el sulfato básico de Hg., después llamado "Turbit Mineral", contra la sífilis, en lugar de usar el guayaco, como prescribían los demás médicos a los que el llamó "  médicos de madera ". Obtuvo el sublimado corrosivo de Hg. y el calomel: cloruro de mercurio.
  • Obtuvo y usó el antimonio y al oxícloruro de antimonio le llamó "mercurius vitea".
  • Mencionó el Zinc, al que llamó el metal bastardo. También conoció el uso del plomo, del arsénico, del hierro, del cobre, del cobalto y del bismuto.
  • Inventó preparados como el "elixir de la propiedad", el "específico anodino" y el "espíritu vitrioli antiepilectidis" o Licor de Hoffman que junto al láudano han pasado a la posteridad. 
Si es cierto que Paracelso durante toda su vida se enfrentó a los médicos de su época, fue por el ejercicio que éstos hicieron de su profesión; y aunque les combatió usando su peor lenguaje y les llegó a decir que sólo eran dignos de que algún perro levantase contra ellos su pata trasera, tuvo que sufrir ataques mucho mas despiadados de ellos. 
También combatió a los farmacéuticos, a los que dijo que si a él le trataban como a un enemigo era porque no llenaba sus bolsas, al no prescribir nunca a sus enfermos sus carisimas preparaciones. Les acusó de fraude, al sustituir en sus preparaciones los componentes mas caros por otros mas baratos, pero cobrando siempre los mas caros y pidió continuamente inspecciones efectivas de las boticas. 
Sin embargo, Paracelso, como ser humano demostró estar lleno de nobleza y bondad hacia los que él consideró que realmente debía ayudar, y que entregó su vida a esta gente sencilla con la que quiso vivir, atacando sistemáticamente a aquéllos que se creían superiores a ella; " tu comes igual que un labrador, y traes al nacer lo que trae un mendigo " les espetaba. Toda su vida consideró que el fin de la medicina era el amor al prójimo y que servir al pueblo era el cometido del médico, inculcando en sus alumnos que lo primero para un médico debían ser siempre sus enfermos y que, para poder dedicarse a curar a éstos, la base de sus conocimientos la encontrarían siempre allí donde Dios la había puesto: en la Naturaleza.

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