lunes, 15 de agosto de 2016

FARO DE CORDOUAN...EL VERSALLES DEL MAR

A unas 4 millas de las localidades de Le Verdon-Sur Mer (Gironda) y Royan(Charente Maritime) se encuentra el Faro de Cordouan, considerado el faro más antiguo de Francia.  Se dice que es “el rey de los faros, y el faro de los reyes”.
La entrada por mar al estuario de la Gironda, donde confluyen los ríos Garona y Dordoña, es bastante complicada desde el punto de vista de la navegación, no solo por las corrientes que se forman en la desembocadura y en el propio estuario, sino por un peligroso arrecife de unas 150 hectáreas que hay que evitar si no se quiere encallar.
Es en este mismo arrecife donde se erige el Faro de Cordouan, sobre un islote que se aprecia perfectamente durante la bajamar. En época de mareas vivas emerge aún más el banco de arena que rodea la plataforma, y una pasarela a través de la que las personas llegan a los pies del faro. La pleamar esconde el islote y las arenas que lo rodean dejando a la vista una solitaria y majestuosa construcción en plena mar.
El faro es la principal referencia que señala los pasos de entrada y de salida al estuario que conduce al importante puerto comercial de Burdeos. Existen varias leyendas sobre el origen del faro que se remontan a la alta Edad Media. 
El islote de Cordouan aparece en varios mapas de 1313, 1436 y 1550 bajo el nombre «Cordam». En 1545, la cosmografía de Jehan Allonfonsce y Paulin Secalart lo señala bajo el nombre de «Ricordame». Es el primer documento que menciona la existencia de una hoguera en lo alto de una torre. En 1570, en La vraye et entière description du royaume de France (Verdadera y completa descripción del Reino de Francia) de Guillaume Postel, la torre se llama «Tour de Corben» (Torre de Corben).
Existen varias leyendas no corroboradas por datos históricos sobre la existencia de un asentamiento medieval en el islote. Según el relato que hace Henri Lancelot Voisin, señor de la Popelinière, de su visita a Cordouan en 1591, los lugareños contaban que el islote había sido antiguamente unido a la costa y había tenido un pueblo de nombre Latran o Médine (Latrán o Medina), que el mar había sumergido con el tiempo. Los habitantes de la región afirmaban que habían recuperado las piedras de las ruinas de aquel pueblo para la construcción de varias casas del pueblo costero de Soulac. Por otro lado, se cuenta que mercaderes musulmanes medievales procedentes de Córdoba (Cordoue en francés) habrían pedido que se instalara el primer fuego para evitar los frecuentes naufragios de sus navíos, o se habrían asentado en el islote donde habían levantado una atalaya para guiar a sus barcos.

Se considera muy probable que hayan existido varias torres con un fuego, antes de que se construyera la primera torre de la que se tiene constancia. Pero se sabe que fue Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro, quien ordenó su construcción en 1360. Se levantó una torre octogonal de 16 metros de alto, coronada por una plataforma donde se encendía una hoguera. El faro estaba bajo la custodia de unos ermitaños que vivían en una vivienda adyacente a la capilla que flanqueaba la torre, y que mantenían el fuego encendido. Cobraban un derecho de tránsito a los navíos que entraban en el estuario de la Gironda.
También se dice que fueron unos mercaderes musulmanes procedentes de Córdoba quienes construyeron un primitivo faro o atalaya que les permitiera guiar a sus navíos y evitar los naufragios. En francés, Cordoue significa Córdoba, cuyo gentilicio “cordouan” (cordobés) da nombre al faro. Pero ninguna de las dos leyendas está corroborada por datos históricos.

Con el tiempo el edificio se fue deteriorando, y hubo que esperar hasta el reinado de Enrique III de Francia para que se tomara la decisión de levantar un nuevo faro. En 1584, el mariscal de Matignon, gobernador de Guyena, y Michel de Montaigne, alcalde de Burdeos, contratan para el proyecto al arquitecto e ingeniero Luis de Foix, que era relojero de Felipe II de España. En el emplazamiento del futuro faro se levantan diques de bloques de piedra y de maderos para proteger de los embates del oleaje las instalaciones necesarias a las obras de construcción. En este perímetro se construye un verdadero pueblo obrero: talleres, una carpintería y una ebanistería, una forja, un horno para la cal, viviendas para alojar al ingeniero y hasta 50 obreros, almacenes para los víveres, una bodega, un molino, un horno de pan y una caballeriza con un pajar para los 6 o 7 caballos que transportaban los materiales.Al cabo de un año, los 200 obreros contratados solo habían levantado un basamento, con muchas dificultades. El dinero se agotaba pero Louis de Foix se comprometió a llevar la construcción adelante con su propio dinero si fuese necesario, y a levantar un faro más grande y majestuoso que el previsto inicialmente.

En 1591 el faro estaba parcialmente construido, y había sido concebido como un monumento renacentista en honor a Enrique III, que acababa de morir, y al nuevo rey, Enrique IV de Francia. Pero las obras se interrumpieron de nuevo por falta de fondos. El rey le concedió a Louis de Foix un nuevo contrato que preveía ampliar la plataforma del faro. Cuando Louis de Foix falleció, en 1603 o 1604, las obras estaban prácticamente terminadas; le sucedió su contramaestro, François Beuscher, y la construcción finalizó en 1611. Tras 25 años de obras, se enciendió por primera vez el que se consideraba ya como el faro más bonito del mundo.
Esta primera torre tenía un diámetro de 16 m en su base, y se constituía de varias plantas superpuestas cuyo diámetro iba disminuyendo. La planta baja constaba de un vestíbulo y cuatro despachos, la primera era una amplia habitación llamada "apartamento del Rey", la segunda se dedicaba a una capilla con una bóveda y dos filas de ventanas, y decorada de pilastras y esculturas. Por encima el diámetro se reducía a 5,40 m, y no pasaba de 1,50 m en la linterna. Esta era de piedra, con 8 arcos por donde vislumbrar la luz del fuego que se hacía con una mezcla de brea, alquitrán y madera. Un obelisco hueco para la evacuación del humo culminaba el edificio. La luz del faro se elevaba a 37 m por encima del nivel de las mareas más altas.

En 1645 una tormenta derribó la linterna cuyas piedras estaban calcinadas por el fuego, y los fareros ya no se atrevían a subir para encender el fuego. Una vez finalizadas las guerras con la casa de Austría y la Fronda, el ministro Colbert ordenó realizar importantes reparaciones entre 1661 y 1664; el basamento fue reforzado y se reconstruyó la linterna cuyo fuego era alimentado con aceite de ballena que se quemaba en un gran cuenco de bronce. El "apartamento del Rey", en la primera planta, fue ricamente decorado. Pero unos 50 años más tarde, cuando Luis XV accedió al trono, el faro se encontraba de nuevo en estado de abandono. Ante la ausencia de un fuego permanente, los naufragios se multiplicaban y crecían las protestas. Por ello, en 1722 el faro pasó a depender de la circunscripción de Burdeos.
Con la nueva administración, en 1727 se emprendieron nuevos trabajos de consolidación3 bajo la dirección del caballero de Bitry, ingeniero de Burdeos al cargo del faro de Cordouan. Instaló una linterna abierta de hierro forjado y un sistema de alumbramiento con carbón de tierra que se quemaba en un hornillo. Entre 1739 y 1742, se construyó una rampa de desembarco. Entre 1782 y 1786 el arquitecto de la villa de Burdeos, Joseph Teulère, mandó reforzar con círculos y grapas de hierro la parte superior del faro que se había gravemente deteriorado, y sustituyó el hornillo de carbón por el primer sistema de reflectores. Este dispositivo, concebido por Tourtille-Sangrain, se componía de 80 reflectores de cobre plateado y era alimentado por una mezcla de aceites animales y vegetales. La linterna fue ampliada y cerrada con cristales.
Lo cierto es que el faro que conocemos actualmente fue construido entre 1584 y 1611 por el arquitecto Luis de Foix (relojero de Felipe II), no solo como un faro de utilidad para los navegantes, sino como un suntuoso monumento. Este hecho le valió el apodo de “Versalles del mar”. Desde entonces ha sufrido numerosas reformas y cambios, y fue ampliado a finales del siglo XVIII.

En 1786, se decidió reemplazar la parte superior del faro por una torre más resistente y más alta, cuyo proyecto fue confiado a Teulère que derribó la parte del edificio que superaba la cúpula de la capilla. Construyó una torre cilíndrica coronada por una plataforma saliente y una linterna de obra. Con estas obras, el faro adquirió su configuración actual. Una vez concluidas las obras, Teulère concibió para Cordouan un nuevo sistema de alumbramiento compuesto de un quinqué, lámpara inventada hacía poco por el suizo Ami Argand, y del primer sistema de reflectores parabólicos mecanizados, inventado por Le Moyne. La luz del fuego se elevaba a 60 m sobre el nivel de las mareas más altas y era alimentada por aceite de ballena, de colza y de oliva.
En 1823Augustin Fresnel, entonces director del Servicio Nacional de Faros y Balisas, instaló por primera vez en el faro de Cordouan el sistema de lentes talladas que acababa de inventar. Hoy en día todos los faros del mundo están equipados con este sistema.
Fue declarado monumento histórico en 1862, al mismo tiempo que la catedral Notre-Dame de París. Es el faro en actividad más antiguo de Francia, y está considerado el decano de los faros de Europa. Supongo que por detrás de la Torre de Hércules, que ostenta el título de faro más antiguo del mundo (aunque ya se sabe que estas disputas son tan recurrentes como relativas).
La primera de las construcciones que se empleó como faro albergaba una llama que advertía a los navegantes sobre el peligroso arrecife. En 1948 fue electrificado mediante dos grupos electrógenos conectados a una lampara de 6.000 W. En 1987 se instaló una lampara halógena de 2.000 watios, que es la que hoy en día se aprecia cuando cae la noche en la costa atlántica francesa. 

Tras la retirada en 2012 de los últimos guardias que custodiaban el faro, la Asociación para la Salvaguardia del Faro de Cordouan se hizo cargo de su cuidado, y es la que hoy en día se encarga de mantener a dos vigilantes en el edificio con el objeto de prevenir actos de vandalismo. 
 Trescientos once escalones separan al visitante del balcón donde se encuentra la linterna, el último estadio de la visita. Durante la ascensión, se visitan las seis plantas de las que consta el faro, incluida la capilla, el denominado Apartamento del Rey y la Sala de los Girondenses. La subida se ve recompensada con unas impresionantes vistas de 365 grados.
 Con marea baja, los barcos atracan en el banco de arena que existe al lado de la construcción, y tras una pequeña caminata por una pasarela de piedra se accede a la base del faro.




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