domingo, 3 de julio de 2016

ARQUETA DE LAS BIENAVENTURANZAS


El Arca o arqueta de las Bienaventuranzas era una obra románica del siglo XI elaborada con placas de marfil, que fue un regalo que los reyes leoneses Fernando I y su esposa doña Sancha hicieron a la Colegiata de San Isidoro de  en el año 1063. Fue elaborada en el taller de  localizado en la ciudad de  muy cercano a dicha colegiata, ligado a la realeza, que tuvo gran demanda y fama sobre todo durante el siglo XI. Se cree que sería destinada a relicario como el Arca de los Marfiles. Las placas de marfil se encuentran custodiadas en el Museo Arqueológico Nacional (España).



Esta caja de forma prismática y tapadera piramidal es conocida con este nombre porque las siete placas de marfil que forran su estructura de madera representan este tema, interpretado en un estilo artístico propio del primer románico. Cada una de las bienaventuranzas aparece escrita en los arcos que enmarcan la escena repetida de un ángel que bendice a un personaje, probable alegoría de cada una de ellas. Las placas de época taifa que recubren la parte posterior fueron añadidas a principios del siglo XIX. Permaneció en la Colegiata desde la fecha de su donación (1063) hasta su ingreso en el Museo Arqueológico Nacional, en 1871, junto con otras piezas del tesoro. Durante la invasión francesa sufrió el robo de la placa que falta y quizás de otras de diferente tema que completa completarían el conjunto. Posteriormente, la arqueta fue recompuesta con el añadido de los marfiles andalusíes, que debieron pertenecer a otras piezas de la propia colegiata, quizás en mal estado.
Se ha perdido la guarnición, así como las plaquetas del reverso, sustituidas por varias placas de marfil de derivación califal. El despojo de los aditamentos de oro fue consumado por las tropas francesas en 1808.

La cuarta cara externa presenta un inconexo conjunto de siete fragmentos tallados con motivos epigráfico: “Ismail hijo de Al-Mamun doblemente famoso y a su dueño doblemente feliz” fitomorfos y zoomorfos de filiación islámica, que han venido siendo datadas entre 1043 y 1077 (Á. Galán y Galindo, Marfiles medievales del Islam, Córdoba, 2005, II, pp. 81-85).


                                      Placas frontales de la arqueta ( Beati pacifici, Beati mosericordes, beati mundo corde)



Placas situadas en el lateral derecho ( Beati pauperes spiritu y beati mites)

Placas situadas en el lateral izquierdo ( Beati qui pugent y Beati persecutionem)


                      Marcados en verde fragmentos pertenecientes al taller de Sevilla.
                      Marcados en rojo, fragmentos pertenecientes al taller de Cuenca.

Como comenté antes,la cuarta cara, la posterior, presenta un conjunto de siete fragmentos tallados de filiación islámica datados entre 1043-1077 y pertenecientes a los talleres de eboraria musulmanes de Cuenca y Sevilla. Estos fragmentos musulmanes, colocados de manera desordenada, debieron de aprovecharse para cubrir la superficie tras la recomposición. Estos fragmentos a su vez formarían dos cajitas.




Reconstrucción hipotética de la caja con  la disposición de los fragmentos del taller de Sevilla.                                  (Reconstrucción de Ángela. Franco Mata)

Reconstrucción hipotética de la caja con  la disposición de los fragmentos del taller de Cuenca.                                        (Reconstrucción de J. Ferrandis)
Esta arqueta es interesante,primeramente,porque es una producción del taller de eboraria de León, que junto con el de San Millán, eran los dos focos de producción cristiana más importantes del siglo XI en la Península. Este taller surgió al amparo del rey Fernando I, que  durante su reinado la creatividad artística fue mucho más rica que la de momentos anteriores, abarcando aparte de reconstrucciones y nuevas obras arquitectónicas, toda una producción de libros miniados, eboraria y orfebrería. El centro de eboraria de León trabajó con gran esplendor durante  el siglo XI, manteniéndose vigente a lo largo de la centuria siguiente.
Segundo, los investigadores apuntan a que la arqueta de las Bienaventuranzas original formó parte de la donación real que los monarcas realizaron con motivo de la consagración de san Isidoro de León en 1063. Fue una rica donación, donde los monarcas concedieron a la iglesia una variada gama de preciosos y ricos objetos sagrados, así como extensas posesiones o privilegios. El crucifico de Fernando I y doña Sancha formó parte de aquella rica donación, y queda claramente identificado dentro del Diploma real que recoge la donación. La arqueta de las Bienaventuranzas se ha venido identificando dentro del  Diploma Real con  una de las dos arquetas  de marfil con guarnición de plata de mayor tamaño y que albergaba en su interior otras tres cajitas.  Se desconoce donde pudo estar la pieza dentro de san Isidoro, si pudo estar en un lugar destacado o no, o si pudo ser admirada por su representación, o venerada por su contenido
Otro punto sería la cuestión de su representación poco habitual. Las Bienaventuranzas no eran un tema habitual,el cual que tendría su respuesta en la liturgia del momento, la liturgia hispánica. El rito hispano era el rito que se llevaba a cabo en tiempo de Fernando I, y había sido utilizado por éste para su coronación  y para sus exequias. El rito hispano es esencial para comprender e interpretar la iconografía de las obras de arte mandadas realizar por el monarca, como el caso de los marfiles. Para el apartado sobre la iconografía y su relación con la liturgia mozárabe o hispánica fueron esenciales los estudios de Julie Anne Harris y Concepción Cosmen Alonso. De estos estudios se saca que  el tema de las Bienaventuranzas era un tema adecuado para decorar una arqueta que contuviera los restos de santos, que habían llevado una vida ejemplar y que posiblemente estos santos fueran honrados en ciertas festividades, donde en honor a los santos se entonaran varias de las Bienaventuranzas. Además estas dos investigadoras proponen fuentes para la representación, como el Antifonario de León o las lecturas referentes al sermón de la Montaña que estaban presentes en los círculos eclesiásticos alto y pleno medievales.. Cosmen Alonso por ejemplo relaciona las imágenes de la arqueta con los textos de San Agustín como De Sermone Domini in Monte. De la misma manera relaciona las arquitecturas representadas con  la Jerusalén celeste con textos de  Cesáreo de Arles , donde el buen cristiano llega a ella y un ángel le da la bienvenida. Así pues la concepción ideológica de la arqueta tuvo que ser obra de un clérigo que fuera el autor conceptual.
En cuarto lugar, lo que se observa en la actualidad no es la arqueta original sino  una recomposición. Durante algunas invasiónes  la basílica de San Isidoro fue uno de los objetivos de saqueos, allí despojaron los relicarios de su guarnición metálica y piedras preciosas que los recubrían, dejando en ocasiones las placas de marfil. Este fue el caso de la arqueta de las Bienaventuranzas. Tras estos ataques, la arqueta de las Bienaventuranzas debió ser recompuesta de la manera que la vemos en la actualidad, quedando solo 7 bienaventuranzas de las 8 que debían de estar,  y rellenando el espacio posterior con 7 fragmentos de filiación islámica. Ángela Franco Mata ha trabajado en una hipotética reconstrucción a partir de comparaciones con otras arquetas del mismo periodo. En cuanto al número de placas situadas en la hipotética arqueta, Franco Mata las coloca de la siguiente manera. Tres en las caras mayores, para formar simetría con las adyacentes, y dos placas en un lateral. Así pues, las ocho placas de las Bienaventuranzas ocuparían tres lados, reservándose el cuarto para otro tema. Ella propone que el cuarto lateral pudiera tener una Maiestas Domini, tal vez la que se encontraba en la colección Larcade , taller de eboraria de León. Sitúa la placa con el ojo de la cerradura como original, pero Á. Galán y Galindo lo descarta. En la nueva recomposición que se realizó, se perforó la placa de la quinta Bienaventuranza para crear el ojo de la cerradura, ya que se ve interrumpida la lectura de la Bienaventuranza y se ve que es forzada. Continuando con la hipotética reconstrucción de Ángela Franco Mata, ésta sugiere además que la cubierta podría aproximarse a la arqueta de San Juan Bautista y San Pelayo, con  una cubierta a cuatro vertientes y recubierta de placas cuadradas, rectangulares y triangulares. En ellas podrían figurar el Agnus Dei rodeado del Tetramorfos. 


      Reconstrucción hipotética de las placas de las Bienaventuranzas por Ángela Franco Mata.
 Realmente no se puede entender la pieza sin  su contexto histórico, ligado a los monarcas Fernando I y doña Sancha y la consagración de la Basílica de San Isidoro. No se puede entender la obra sin la figura de Fernando I y todo lo que rodea al monarca, ya que es reflejo de su personalidad, circunstancias y creencias.
Esta Arqueta se expone en el Museo Arqueológico Nacionalde Madrid en la Sala XXXI.

http://museoimaginadodecordoba.es/2009/arqueta-de-las-bienaventuranzas
http://laventanaalpasado.blogspot.com.es/2014/08/arqueta-de-las-bienaventuranzas.html

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