martes, 14 de junio de 2016

ARQUETA DE HISAM II



La arqueta andalusí que se conserva en la Catedral de Girona es una pieza sin igual de la platería califal cordobesa; es única tanto por su información histórica como por su valor artístico. Mandada hacer por al-Ḥakam II para obsequiar a su hijo, el futuro califa Hišām II, se fecha en 976 o poco antes. Este artículo ofrece por primera vez la lectura completa del epígrafe de la dedicatoria que la decora exteriormente. Se hace un amplio recorrido historiográfico de los trabajos que han tratado de ella. Se comentan los nombres de los personajes mencionados en la inscripción exterior y en la del cierre, la fecha de realización y su posible función. Se plantean algunos interrogantes que suscita su estudio y que quedan por investigar, como su aparición en Girona en el s. XIX sin que haya noticias sobre su anterior paradero.
La arqueta o cofrecillo andalusí que se conserva en el Museu de la Catedral de Girona es un producto excepcional salido de los talleres califales cordobeses. Responde a la voluntad del califa al-Ḥakam II de obsequiar a su hijo, el futuro califa Hišām II, tal vez con ocasión de nombrarlo heredero. A pesar del tiempo transcurrido, se conserva en perfecto estado y constituye un testimonio sin igual de la orfebrería omeya cordobesa del siglo X.
Es una caja de madera chapada con láminas de plata repujadas, nieladas y doradas, con decoración vegetal. Es bastante grande. El borde inferior de la tapa lleva por fuera una banda epigráfica que lo recorre por los cuatro lados, con una inscripción árabe en grafía cúfica. Las letras están rellenas de niel y destacan en negro sobre el fondo claro. 


Se conoce la existencia de esta arqueta desde el último cuarto del siglo XIX, señalada por Schulcz: «La reliquaire posé sur la console de la droite est un magnifique ouvrage d’art, bosselé sur or et d’origine arabe» (SCHULCZ 1869).
 No se sabe ni cómo ni cuando llegó la arqueta a Girona. No se ha publicado ningún dato sobre ello, y eso ha dado alas a la fantasía: muchos la hacen venir como botín de guerra, traída por los catalanes que saquearon la capital andalusí al final del califato. La hipótesis, que carece por ahora de base documental, es más verosímil que otras que se plantean, algunas imposibles,1 pero todas son pura especulación; y ninguna de ellas explica dónde estuvo del siglo XI al XIX. Porque la arqueta aparece como por encanto en lo alto del retablo de la Catedral en el siglo XIX, sin que nadie parezca haber reparado nunca en ella antes, estuviera allí o en otro lugar del edificio. Con razón Girbal se extraña al constatar que:
 Los antiguos inventarios del tesoro de esta Santa Iglesia nada dicen respecto de tan interesante particular, y aún ni siquiera se comprende en ellos nuestra arqueta-arábiga. Los historiadores eclesiásticos, que han enseñado por otra parte hasta con nimios detalles otras joyas litúrgicas de nuestra Catedral, guardan asimismo un completo silencio sobre el asunto, ya sea porque les pasara desapercibida la naturaleza del monumento, o ya porque desconocieron por completo su valor histórico-artístico (GIRBAL 1877).
No se plantea siquiera la posibilidad de que hubiera estado en otro lugar. Rodrigo Amador de los Ríos hace notar que la pieza era bien conocida tanto por dibujos y reproducciones fotográficas cuanto por haber estado en la Exposición de Madrid de 1892. Y también a él le resulta extraño que no la mencionaran «ni el docto Villanueva, ni el diligente P. La Canal, ni Piferrer, ni Girbal mismo» (RÍOS 1915. No es del todo cierto que Villanueva (1824) no la mencione. En su Viaje literario (VILLANUEVA 1850) dice: «También hay en las extremidades (del retablo) dos arquillas, que sin duda serán de reliquias». Si son las mismas que vio Schulcz en 1869, documentaría por lo menos cuarenta años antes la presencia de la arqueta que nos ocupa, ya instalada en una de las ménsulas o estantitos postizos del retablo del Altar Mayor. 



Por el texto sabemos que la mandó hacer el califa de Córdoba al-Ḥakam II para su hijo, el príncipe Hišām. El momento en que esto sucedió ha de situarse antes del 1 de octubre de 976, día de la muerte del califa, pero después del nombramiento de Hišām como heredero, pues el epígrafe de la arqueta le da ese tratamiento (walī ʽahd al-muslimīn). Según Dozy, el califa al-Ḥakam convocó a los grandes del reino a una sesión solemne el 5 de febrero de 976 y les hizo firmar el acta de nombramiento de heredero al trono a favor de Hišām, de la que se hicieron muchas copias, que se enviaron a las provincias (DOZY 1982). Toma la noticia de Ibn ʽIḏārī  (265-266) quien señala que la bayʽa tuvo lugar al comienzo de ŷumādà II del año 365. En ese caso la arqueta se habría hecho entre febrero y septiembre de 976. Es lo que afirmaba Vives, siguiendo la Historia de Dozy (VIVES 1893). La fecha del nombramiento, sin embargo, no está tan clara. Los Anales Palatinos de al-Ḥakam II narran que el 1 de septiembre de 974, día de la celebración de la Fiesta de los sacrificios, fue la primera vez que el príncipe Hišām recibió en audiencia solemne a todo el mundo. Entre los poemas que se compusieron para la ocasión, la crónica cita uno que por tres veces le llama “heredero del Califato”: siendo un niño lo hizo heredero del Califato (ḥammala-hu ʽahd al-jilāfa) », más abajo: «Luego fueron a ver al heredero del trono (walī al-ʽahd), en el salón», y casi al final: «escucha heredero del trono (yā walī al-ʽahd), la llamada de un sediento... Esta información avanzaría la fecha de la arqueta un par de años, suponiendo que se realizara “con motivo” de su nombramiento “oficial” como heredero.
En cuanto a los textos de los epígrafes es de notar que las palabras se distribuyeron de modo armónico en los espacios disponibles, ninguna quedó cortada ni se diseñó más pequeña, ni superpuesta. El texto se labró antes que las gráfilas de puntos que lo bordean; así lo demuestra que falte la que cerraría la cartela tras walī ʽahd.

Transcripción: 
Bi-smi-llāh. Baraka min Allāh wa-yumn ǁ wa-saʽāda wa-surūr dāʼim 
li-ʽabd Allāh al-Ḥakam amīr al-muʼminīn
al-Mustanṣir bi-llāh ǁ mimmā amara bi-ʽamali-hi li-Abī-l-Walīd ǁ Hišām walī ʽahd 
 al-muslimīn. Tamma ʽalà yaday Ŷawḏar tazyīnu-hu.

Traducción:
En el nombre de Dios. Bendición de Dios, prosperidad, felicidad y alegría perpetua
para el siervo de Dios al-Ḥakam, el príncipe de los creyentes 
al-Mustanṣir bi-llāh. Lo mandó hacer para Abū-l-Walīd Hišām, el heredero designado.
Se llevó a cabo su decoración durante el mandato de Ŷawḏar.

El texto del reverso de la chapa de cierre dice:

"amal Badr wa-Ẓarīf ʽabīdi-hi"
"Obra de sus siervos Badr y Ẓarīf"



Pero...¿Para qué función se fabricó la arqueta? ¿Qué estaba destinada a contener? ¿Era ella misma el objeto valioso, o no era más que un “envoltorio de lujo” para algo aún más preciado, un “expensive wrapping paper” en palabras de Robert Hillenbrand (ROSSER-OWEN 2012)? La caja parece demasiado grande para alojar en su interior cosas de peso. Sus herrajes están para articular entre sí caja y tapa y asegurar su cierre, pero no para darle solidez. ¿Por qué tanta altura en la parte superior y no una tapa plana baja como llevan algunas cajitas de marfil? El contenido debería justificar la forma de la tapa. Las listas de los objetos que conformaban los suntuosos regalos que hacían los califas cordobeses a sus allegados mencionan botellitas de cristal, botes y cajas pequeñas y grandes, unas de plata y otras de marfil, con indicación del contenido de muchos de ellos. ¿Era la nuestra para contener perfumes? A tenor de lo que dicta el sentido común y de lo poco que dicen las fuentes árabes, parece que las sustancias aromáticas se guardaban en recipientes más pequeños; a no ser que la caja estuviera dividida en compartimentos interiores y albergase varios. Aunque no tengamos constancia expresa del uso al que estaba destinada la arqueta de Hišām, aduciré la cita de un objeto cuya descripción hace entrever que debía de ser muy similar. Según Ibn Ḥayyān, en 934 
ʽAbd al-Raḥmān III regaló a Mūsà b. Abī-l-ʽĀfiya: daraŷ fiḍḍa jilāfī kabīr, munaqqaš al-ṣafāʼiḥ, muḏahhab al-tanqīš, abyaḍ al-arḍ, mulabbas al dājil, bi-l-urŷuwān dājilahu, o sea...
«una arqueta califal grande de plata, con las chapas repujadas, dorados los relieves y blanco el fondo, con el interior forrado de tela, que contenía púrpura» 
El contenido de la caja se perdió en el proceso de traducción de Viguera y Corriente: «Un gran escriño califal de plata, con planchas en relieve dorado, fondo blanco e interior revestido de púrpura» . A falta de nuevos datos, podríamos suponer que también nuestra arqueta albergó una valiosa tela de púrpura.
Esta arqueta es una pieza única, perfectamente conservada, de platería andalusí; sabemos que salió de los talleres califales omeyas y conocemos el lugar (Córdoba) y la fecha aproximada de fabricación (974 ~ 976). Todos y cada uno de sus detalles, hasta los más nimios, constituyen testimonios históricos de valor excepcional sobre el quehacer artístico y el gusto estético en un momento concreto, como pone de relieve el interesante estudio de Rosser-Owen sobre los cierres y los goznes de las arquetas, que trata de su forma, decoración y método de cierre (ROSSEROWEN 2012). Además de dar una fecha a cada elemento, nuestra arqueta le asigna una “marca” a un producto artesanal y artístico de lujo. Analizada desde este punto de vista, plantea una nueva serie de interrogantes cuyas respuestas pueden aportar datos objetivos que ayuden a asentar la historia de la orfebrería andalusí sobre bases sólidas. 



http://www.catalunya.com/tresor-de-la-catedral-de-girona-17-16001-182 http://www.artehistoria.com/v2/obras/18244.htm
http://cordopolis.es/wp-content/uploads/2015/09/P1100076-800x600.jpg
http://revistes.ub.edu/index.php/SVMMA/article/viewFile/14945/18114
http://visitmuseum.gencat.cat/media/cache/1140x684/uploads/objects/photos/54d885c702d9a_Tresor_0001.JPG
http://visitmuseum.gencat.cat/media/cache/700x365/uploads/spaces/photos/556f36363a547_Sala%201%20copia.JPG

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