sábado, 8 de octubre de 2016

ROBERT ANSON HEINLEIN....TROPAS DEL ESPACIO



Como entusiasta de la ciencia ficción regularmente busco sitios para descubrir tesoros antiguos del genero. Algo que me ha parecido un poco extraño, es la peculiaridad  del mundo americano que no se hable de un autor de ciencia ficción que estableció  muchos conceptos e ideas utilizadas por todos los que vinieron después de él y fue partícipe de la edad dorada de la ciencia ficción.

No podría haber existido Ironman, Mechs, exo-esqueletos si no fuera por el concepto creado de Robert Heienlein de  armaduras robóticas en su novela “Tropas espaciales”.   No solo con conceptos tecnológicos también  fue pionero al plantear como las tecnologías del futuro moldearían el ser humano y viceversa.
Cabe destacar que también fue un autor que uso la ciencia ficción para exponer temas y criticas sociales  adelantas a su tiempo.   En este campo  de cuestionar temas sociales, se le  considero uno de los más  arriesgados  de su tiempo.



Su importancia era tal, que en su época estuvo  al mismo nivel de grandes genios como Isaac Asimov y Arthur C. Clark.

Por tres décadas consecutivas, los aficionados y escritores de la ciencia ficción  cuando se les encuestaban  sobre sus autores favoritos en el género, siempre nombraban a Heinlein, Asimov y Arthur C. Clark.    Por tal razón, estos tres genios fueron conocidos como los “Tres Grandes de la edad dorada de la Ciencia Ficción”.
Aunque Heinlein siempre disfruto   el placer de obtener el primer lugar de preferencia del público, mientras Asimov y Arthur C. Clark se peleaban por el segundo y tercer puesto.  Ser tan popular entre admiradores y escritores del genero, además de ser mentor Ray Bradbury,   le mereció el apodo de: “Decano de la ciencia Ficción”.
Siendo esto así,  este artículo y sus consecuentes son una forma de tratar de que otros (re)descubran el trabajo y legado de este autor.




Robert Anso Heinlein fue un escritor estadounidense de ciencia de ficción, y en temas controvertidos como la raza, igualdad de género, libertad sexual e individualismo estuvo por décadas adelantado a su tiempo.

Como autor, Robert Heinlein  es digno de estudio  debido a que  ha logrado  ser tildado con  epítetos diametralmente opuestos.Un día fue un fascista/militarista/totalitario por su libro “Tropas del Espacio”  para ser un  furibundo hippie y liberal (en el sentido estadounidense) por su obra “Forastero en tierra extraña”.
Algo que  se destaca como común denominador en sus obras, a parte de la ciencia ficción,  es haber impregnado de un sólido trasfondo de análisis político,  en conjunto, con grandilocuentes críticas sociales  a la trama de cada una de sus historias.
Profundizando en las obras de Heinlein, leer cada una,  es sumergirse en  extraordinarias historias de ciencia ficción en la cual hablan de la importancia del individuo  y su independencia respecto al colectivo, como las tecnologías del futuro modificarían el comportamiento humano, como las religiones y culturas moldean los gobiernos y viceversa.   Quizás el tema más importante de sus obras, es el de describir como la sociedad rechaza el pensamiento no conformista.
Sus mayores críticas son precisamente el carácter político de sus obras y lo poco que se fija en la ciencia ficción  La opinión del autor del artículo,  no es una brecha insalvable el haber impregnado de  opinión política sus obras, de hecho, se puede considerar como un valor agregado.  
Digo valor agregado es porque desde su matriz ideológica nos cuenta como las tecnologías moldean la sociedades humanas y viceversa.   Nos explica de una forma más práctica, como la mentalidad de las personas cambian según en el contexto tecnológico en cual conviven.
Heinlein  nació en el  siete de julio de 1907,  siendo el tercero  de siete hermanos que tendría la
familia. Fue oriundo de Missouri, desde pequeño fue aficionado a las matemáticas, ciencias y astronomía.   Académicamente hablando, su educación  fue muy común y fue un estudiante regular.
Siendo oriundo de Missouri, el creció rodeado de la cultura del “Cinturon de la biblia”, esto influencio muchas de sus trabajos de ficción tomando tanto los aspectos positivos y negativos de la idiosincrasia dominante.  Se aclara, que tanto en sus trabajos de ficción como en su vida personal abandono y rechazo muchos de estos valores.
Un aspecto que vale recalcar,  durante su juventud fue un lector nato,  y el paso natural fue transformar ese hobby  en una fuerte dedicación a la escritura.  Inclusive antes intentar comercialmente ser escritor, solo por la diversión, ya había escrito un libro y muchos relatos cortos.
Tuvo una carrera militar corta al entrar en la academia naval de Annapolis  en 1929 y retirarse en 1934 con el grado teniente debido a que fue atacado por la tuberculosis.    Este sería el primer padecimiento de muchos que tuvo durante su vida.




El mismo Heinlein indico en muchas entrevistas que vida en la marina logro desarrollar, en gran parte, su carácter y criterio. Mas importante aun aparte de hacerlo crecer como personas logro influir en su escritura y la forma que enfocaba sus obras.      El se convirtió un eterno enamorado e la vida militar.

Después de dejar la vida militar  ingreso a la UCLA  para estudiar física y matemática. Durante este periodo también se dedico a la política,  sin mucho éxito.  Fracaso muchas veces en varias elecciones primarias para diferentes cargos del partido demócrata en California.
Tras sus reveses como político y saltar de trabajo en trabajo,  se intereso en un concurso de literatura  patrocinado por la revista “Thrilling Wonder Stories”. 
Robert para participar escribió el  relato  titulado  “la línea de la vida”, pero después de ver la calidad del relato prefirió  entregarlo  a la revista “Astounding Science-Fiction”,    el cual tuvo el honor de ser aceptado en su primer intento.         Cosa que Asimov no pudo hacer y envidio por siempre.
Con su éxito inicial Robert Heilein  empezó a publicar varios relatos y entregarlos a Astounding Science-Fiction y otras revistas del genero.    Uso diferentes pseudónimos, para ser unos de los primeros que logro sostenerse económicamente siendo escritor de ciencia ficción. 



El uso de pseudónimos  fue para poder entregar varios relatos para una misma revista en un mismo mes.

Durante este periodo, llego a su popular y fue uno de los primeros de liderar la rama de la ciencia ficción “suave” conocida como: ciencia ficción social.   Este genero en vez de hablar sobre el desarrollo tecnológico y científico, se enfocaba mas en el desarrollo e influencia de la sociedad humana respecto a la tecnología y viceversa.
Pero en esos tiempos se desato la segunda guerra mundial, y sin dudarlo, Robert Heinlein se intento re-enlistar en la armada pero fue rechazado por su salud.   Aunque en realidad  también estaba en una lista negra por su historial político.
Tuvo que apoyar los esfuerzos de la guerra siendo un investigador civil en la armada durante el periodo bélico.  
Después de la guerra se dedico a escribir  sin descanso dándonos las mejores obras de ciencia ficción de la historia hasta que su salud decayó.   Al empeorar su salud,  su productividad y capacidad como escritor fueron mermadas, limitándose a escribir artículos y cuentos cortos.
Su deterioro de salud comenzó a mediados de los setenta, al sufrir de problemas cardiacos y respiratorios debido a su adicción al cigarrillo.  Su condición de salud lo forzó a operarse del corazón, siendo uno de los primeros en recibir un bypass para la carótida  para corregir el problema.
Durante los ochenta fue miembro del “Consejo de asesores civiles para la política espacial nacional”   juntos con otros escritores de ciencia ficción.   Ademas de haber visitado el congreso estadounidense con el propósito de  promover la asignación de fondos para  la NASA y viajes espaciales.
Al final murió  en 1988, siendo cremado y sus cenizas fueron arrojadas al mar desde un barco de la armada estadounidense.





En cuanto su estilo, es un poco subjetivo evaluarlo, hay que tomar en cuenta que su periodo de actividad más importante  se dio a finales de los años cuarenta  hasta a principios de los setenta.

Con el parrafo anterior quiero destacar lo siguiente: la literatura ha cambiado mucho, haciendo una analogía, si ves  la guerra de los mundos de los años cincuenta y las comparas con la versión de reciente de Steven Spielberg  veras que a nivel argumental hay una distancia extraordinaria.
Eso sucede con los libros de igual manera, la forma en que tratan y describen un tema ha cambiado demasiado desde los años cincuenta  hasta nuestras fechas actuales.
Con lo anterior en mente, lo que si puede decir  de Robert Heinlein como escritor de ciencia ficción de los años cincuenta y sesenta, sigue las pautas básicas de los autores estadounidenses de la época.
Grandes eventos argumentales, diálogos largos, explicaciones largas. Etc. Ya en particular, una de las cosas que adolece Heinlein es la poca profundización de personajes. Muchas veces en sus historias los personajes van y vienen, tienen un cometido y lo cumplen pero no  se molesta en explicar la razón.    No explica la motivación de los personajes detrás de sus acciones.
Quizás  otro  defecto es lo plano que puede llegar hacer a veces,  falta de creación argumental respecto a las tramas que desarrolla.
Como escritor fue premiado muchas veces.  Recibió 4 premios Hugo en vida, otros dos mas de forma póstuma.   Fue nominado varias veces a los premios Nebula.  Se le confirió el titulo de “Gran Maestro”  en 1974 por parte de la asociación de “Escritores de ciencia ficción de America”.





Como dije anteriormente Helean tiene la particularidad de  ser haber sido acusado de ser fascista un día para el siguiente ser  acusado de hippie liberal.

Su primer relato  que mencione antes, “Línea de vida”,  hablo de la amenaza que representa el poder excesivo  en manos de  grupos corporativos capitalistas.
La obra por la que fue acusado de hippie fue “Forastero en tierra extraña”, la cual se volvió una biblia de la contracultura americana de los 60,  muchos movimientos hippies la tuvieron como su guía para construir sus comunidades y definir  sus formas de vivir.  El mensaje de la novela gira alrededor del amor y espíritu libre, replantear las estructuras sociales  para  crear un modelo de comunas poligamitas y críticas al materialismo.




La obra por la que fue acusado de fascista/militarista fue “Tropas del espacio”,  donde se nos habla de una sociedad donde hay que realizar servicio militar para tener derechos políticos, esencialmente: poder votar y poder ejercer cargos de elección popular.    Además de hacer una oda a la vida castrense (estadounidense)



Tropas del espacio

“Tropas del espacio” (“Starship troopers”, 1959) es una de las novelas de ciencia ficción que se ha visto rodeada de más polémica. A ello contribuyen varios factores, no sólo su contenido. Por ejemplo, cabría citar su popularidad (extendida en el tiempo), así como cierta ambigüedad (honestidad, diría, aunque esto es algo que ya desarrollaré a lo largo de la reseña) que ofrece argumentos tanto a fans como a detractores. También cabe destacar la particularización en ella de las divergentes opiniones respecto a su autor, Robert Anson Heinlein.
Antes de entrar en análisis, sin embargo, conviene hacer un poco de historia. Corría 1959, y Heinlein entregó puntualmente, como venía haciendo desde 1947, su aventura espacial juvenil para Scribner’s. La editorial había tenido bastante manga ancha con el autor (permitiéndole cierta apología del derecho a las armas, por ejemplo), e incluso ya le había publicado una historia de similar orientación (“Cadete del espacio”, en 1948), sin embargo decidió en esta ocasión rechazar el manuscrito por considerar algunos de sus pasajes inapropiados para sus lectores.
Esta circunstancia fue aprovechada por Heinlein para romper definitivamente su relación con la editorial y poner sus miras en historias más complejas, en donde poder exponer sin restricciones su filosofía (hasta el punto que surge la duda de si no fue una maniobra premeditada). Así pues, tomó la novela (la historia arquetípica del adiestramiento de un joven en el ejército), limó los bordes para hacerla más incisiva, intercaló más reflexión entre las escenas de acción y la publicó en los números de octubre y noviembre de The Magazine of Fantasy and Science Fiction (como “Starship soldier”), y ese mismo diciembre en tapa dura por parte de la editorial Putnam’s Sons, dentro de una colección para adolescentes.
La publicación de esta novela marca el fin de la primera etapa de la carrera literaria de Heinlein y el inicio de la intermedia (hasta 1973), en la que produjo sus obras más importantes. Es decir, todo un punto de inflexión, que no podía sino venir motivado por una profunda implicación personal en la historia.
Según propia declaración, la motivación que le impulsó a escribirla fue mostrar su oposición a las voces que solicitaban la interrupción unilateral de las pruebas nucleares. Según expone en sus páginas, en labios de su más evidente alter ego, el profesor Dubois, renunciar al poder implica que otros lo tomen y te destruyan. Esos otros, por supuesto, son los comunistas, que en la novela se metamorfosean en una raza de insectos sociales alienígenas (la amenaza comunista no le era un tema ajeno; por ejemplo, ya había apoyado el macarthismo en “Amos de títeres“).
Sea cual sea la intención inicial, sin embargo, el resultado final puede entenderse más bien como una declaración de amor a las fuerzas armadas, a su misión y a sus integrantes; una visión, un tanto idealizada, teñida de orgullo, gratitud y, también, cierta envidia. La carrera militar de Heinlein se había visto truncada en 1934, al ser licenciado de la marina por causas médicas (tuberculosis) con el grado de teniente. Desde una perspectiva más cínica, otros la han descrito como una excepcional propaganda de reclutamiento (opinión compartida por los principales interesados, que han incluido a menudo la novela en sus listas de lecturas recomendadas).
La historia sigue, contada en primera persona, la formación militar de un joven, Jonnhie Rico, quien al cumplir los dieciocho años se alista al Servicio Federal (sin una gran vocación). Servir por un período mínimo de dos años es la única forma de obtener plena ciudadanía en el futuro descrito por Heinlein, un futuro en que los estados actuales se han derrumbado bajo el peso de sus contradicciones, surgiendo de sus ruinas una Federación dirigida por veteranos (se apunta a que el ejército no es el único servicio posible, pero a efectos prácticos se recalca una y otra vez que los derechos sólo los obtienen aquellos que están dispuestos a poner en peligro su vida por el Estado).
Los pasos siguientes son previsibles: formación en el campamento de instrucción Currie (a cargo del típico sargento granítico), primera asignación y primera acción de combate (el desastre militar de Klendathu, la primera gran batalla de la guerra contra las chinches), fortalecimiento de los lazos militares en una segunda y más auspiciosa asignación con los Rufianes de Rasczak, y de ahí a la escuela de oficiales, con el colofón de la primera asignación como oficial a pruebas (aunque Rico alcanza en el epílogo el rango de teniente… el mismo con que fue licenciado Heinlein).
A todo lo largo del proceso, el autor ensalza las excelencias de un sistema diseñado para convertir, según propias palabras, a niños en hombres, a civiles en ciudadanos políticamente comprometidos, con la filosofía subyacente expuesta a través de los discursos de sargentos, oficiales y, a modo de flashbacks, con extractos de clases de Historia y Filosofía Moral, la asignatura impartida por el señor Dubois (teniente coronel de infantería retirado, como acaba descubriendo Rico). 
La polémica surge de estos fragmentos de… en fin, adoctrinamiento, tan típicos de la obra de Heinlein, con acusaciones que van desde el fascismo hasta el racismo (con su alegato hacia el exterminio de las “chinches”). Ello por no mencionar su defensa de los castigos físicos como herramienta educativa, así como sus típicas digresiones en pro de la pena de muerte, a favor de las armas y en contra de las políticas sociales.
No cabe duda de que algunas de las ideas que expresa son cuanto menos discutibles (sólo un enamorado del ejército podría describir un gobierno de veteranos como el ideal), sin embargo, a título personal la ideología de “Tropas del espacio” se me antoja mucho más digerible de lo que suele serme habitual con el autor (como queda de manifiesto en varias de las críticas publicadas en este mismo blog). Ello creo que se debe a dos razones:
Por un lado, está la cuestión de que la parte más indigesta de la filosofía heinleniana suele ser el ultraindividualismo feroz… una actitud impensable en el ejército, una institución que pone el conjunto por encima del individuo. En la novela no hay ningún personaje tocado por el derecho divino a hacer lo que venga en gana. Todos forman parte de un engranaje. Hay una cadena de mando, es decir, de responsabilidad hacia los demás. Por no hablar de un arraigada cultura de castigo hacia el que se pasa de listo poniendo en peligro a sus compañeros (un personaje como Lazarus Long no duraría ni dos capítulos sin dar con sus huesos en el pilón de fustigaciones… o en la horca). 
Tampoco se puede afirmar que el autor no tenga razón en determinados análisis, como cuando afirma que resulta un gravísimo error desvincular capacidad ejecutiva y exigencia de responsabilidad por las consecuencias (a la vista tenemos las consecuencias). 
Además, está el asunto de la honestidad que apuntaba al principio. Heinlein no se deja cegar por los parabienes del ejército. No, él lo ama demasiado como para no ser justo. De ahí que en la novela también tengan cabida críticas al funcionamiento de las fuerzas armadas en su época (con algunas de esas cuestiones solucionadas en el presente), así como vívidas descripciones de los aspectos menos glamurosos de la vida militar (desde el acatamiento absoluto a las órdenes hasta el miedo, el dolor y la muerte que son compañeros habituales de las tropas en combate).
Con ello no quiero dar a entender que no se trate de una visión idealizada, sólo que existe intencionalidad descriptiva real y conocimiento de causa… al menos hasta cierto punto, pues se menciona a menudo que Heinlein jamás llegó a entrar en combate (sirvió en la Segunda Guerra Mundial como técnico civil en unos astilleros navales), así que su conocimiento del mismo llega de segunda mano, alimentado por una frustración que a buen seguro magnifica los aspectos positivos y minimiza los negativos. 
También cabe señalar que se trata de una perspectiva sobre el ejército de superpotencia indiscutida, previa a la pérdida de inocencia que supuso Vietnam (los veteranos de dicha guerra, como Joe Haldeman, presentan una visión muy diferente, que bien podría ejemplificarse en su contrapartida antibelicista a “Tropas del espacio”, “La guerra interminable“). En 1959, sin embargo, la peor espina clavada en el orgullo del ejército estadounidense era el asunto de los (presuntos) prisioneros no devueltos de la Guerra de Corea (un tema al que Heinlein hace explícita referencia en una clase de Historia y Filosofía Moral avanzada, que concluye con que el rescate de un solo prisionero justifica la continuación o declaración de una guerra).
Aparte de cuestiones ideológicas, “Tropas del espacio” es una novela trepidante, cuya trama es tan clásica (el camino del héroe en su versión más arquetípica) que llega sin problemas. No es gran literatura, pero ¿quién se puede resistir a una historia de superación a través del esfuerzo? También es de ayuda la visión de ingeniero de Heinlein, que hace que los trajes acorazados de la infantería móvil resulten tan molones hoy como hace más de medio siglo (dado que se describe lo que hacen, no cómo lo hacen, no nos cuesta nada ir visualizándolos en su forma actualizada, como puede comprobarse siguiendo las distintas representaciones gráficas que se han ido haciendo de los mismos a lo largo de las décadas).
No puedo concluir sin hacer mención a la polémica (como no podía ser de otra forma) adaptación cinematográfica de Paul Verhoeven (1997), despreciada por aficionados a la novela y críticos por igual. Desde mi perspectiva, sin embargo, se trata de una obra razonablemente fiel en la forma… cuyo gran pecado consiste en aplicar un giro de ciento ochenta grados al fondo, transformando un alegato promilitarista en otro antimilitarista (enfatizando, por ejemplo, las sublecturas fascistoides a través de imaginería pseudonazi). Además, lleva la idea de que se trata de una herramienta de reclutamiento hasta el extremo de imitar en su estructura las películas de propaganda militar, lo que conocemos como el género de “hazañas bélicas” de la Segunda Guerra Mundial). ¿Cómo valorar una adaptación que persigue objetivos opuestos al original al tiempo que intenta mantener un grado más que significativo de fidelidad? No sabría decirlo. Hay, sin embargo, un claro punto de contacto. “Starship troopers”, la película, es a su manera tan honesta como la novela, en el sentido de que dentro de la lógica interna de la historia Johnnie Rico sigue una evolución similar, alcanzando una a una todas la etapas de su periplo heroico. Quizás la próxima adaptación (está prevista para 2013), satisfaga a los más puristas, pero a mí no me desagrada la de Verhoeven.
“Tropas del espacio” obtuvo el premio Hugo en 1960 (su segundo galardón en su tercera nominación). Hubo ciertas protestas por parte de una minoría que veían mucho más merecedora otra de las nominadas, “Las sirenas de Titán”, de Kurt Vonnegut, aunque el terreno aún no estaba abonado para ese giro en la ciencia ficción que se verificaría con el ascenso de la New Wave unos años después (que, por cierto, no le impidió a Heinlein hacerse con un par de Hugos más antes de que concluyera la década).

http://ideasrelativasz20.blogspot.com.es/2015/02/robert-heinlein-el-decano-de-la-ciencia.html
https://rescepto.wordpress.com/2010/07/09/las-100-vidas-de-lazarus-long-los-hijos-de-matusalen/

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