viernes, 23 de diciembre de 2016

DANZA EN EL MUNDO ROMANO Y EL ORIGEN DE LOS "LUDI SCAENICI" I


La danza es una manera más de expresarse, al igual que se habla, se escribe, es  una de las actividades más antiguas del mundo.” El arte de la danza consiste en mover el cuerpo guardando una relación consciente con el espacio e impregnando de significación el acto o acción  que los movimientos desatan el gesto efímero del bailarín y su interpretación siempre intangible, hacen que ésta sea un acontecimiento único e irrepetible. Los componentes de un baile desaparecen con su propia sucesión y el desarrollo del mismo tan solo permanece en la memoria del pueblo. La danza se ha convertido en un elemento importante dentro de la historia de la humanidad, en las pinturas rupestres se han encontrado imágenes de danzantes al parecer estos tenían relación con rituales de caza. 
La danza es una vía de expresión frecuente en las prácticas de la Antigüedad clásica: representa un papel destacado en la creación de identidades de grupo, ofrece un espacio común de participación ciudadana, simboliza ocasiones especiales en el calendario  y establece un medio de conexión entre los seres humanos y la divinidad. Por la importante presencia de la religión en los ámbitos de la vida pública y privada, los pioneros en el estudio de las danzas grecorromanas consideraron que la "danza sagrada" debió de ser el origen y fuente de todas las demás.
Desde el punto de vista de un individuo en concreto, la danza es, tal vez, la mejor  manera de experimentar la religión a través del cuerpo, es un sentimiento común en casi todas las civilizaciones, incluida la antigua Roma, donde había una clara conciencia del poder del cuerpo en movimiento y su relación con la divinidad.
A medio camino entre las plegarias y las acciones rituales, la danza se concibe como un lenguaje sagrado perfecto sin palabras que establece por sí misma una vía con el mundo de lo sobrenatural y  estructura el ritual.
Dos son las principales funciones de las danzas religiosas que, en tanto que actos sagrados, tiene el objeto común de predisponer favorablemente la voluntad divina. En lo que respecta a los dioses como destinatarios, la danza puede servir para apaciguar sus ánimos y mantenerlos satisfechos en su estado de veneración o para pedir que se muestren propicios en las batallas, las cosechas o en otras situaciones.
Del mismo modo, cuando se pretende responder a las acciones divinas, muchas veces la mejor manera de hacerlo es a través de los movimientos coreográficos y el dinamismo del cuerpo. En estos casos, la danza sirve fundamentalmente para dar las gracias y cumplir con los votos prometidos.


ORIGEN DE LOS LUDI SCAENICI

En el año 364 A.C.una terrible peste asoló Roma y, según relata Tito Livio solo pudo ser rechazada gracias a la actuación de unos artistas etruscos que, traídos para la ocasión, interpretaron un baile, como era su costumbre, al ritmo de los flautistas. Los jóvenes romanos que asistieron por primera vez a estas danzas expiatorias no dudaron en imitarlas después, combinándolas con sus tradicionales versos burlescos. Estas improvisaciones acabarían siendo depuradas por actores profesionales que ofrecen un espectáculo más organizado en el que la danza y la música tenían especial relevancia; hasta que por fin, Livio Andronico, al introducir un argumento, dio lugar al verdadero drama latino.
La epidemia duró ese año  y el siguiente, en que fueron cónsules Tito Sulpicio Pético  y  Gayo Licino Estolón. Entonces no se realizó ninguna acción digna de ser recordada, a no ser que, para solicitar la paz de los dioses, hicieron un lectisternio, el tercero tras la fundación de Roma. Y como la fuerza de la enfermedad no se debilitaba ni con planes humanos ni con la ayuda divina, con los ánimos vencidos por la superstición se instituyeron también unas representaciones teatrales, algo nuevo para un pueblo guerrero, pues su único espectáculo había sido el coro, entre otros recursos, dicen, para aplacar la cólera de los dioses; pero esto fue un hecho humilde, como casi todo al principio, y además de origen extranjero.
Unos artistas traídos desde Etruria, que danzan al son de un flautista, exhibían al estilo etrusco pasos que no eran indecorosos. Luego, la  juventud empezó a imitarlos, al tiempo que proferían chanzas entre sí, con versos improvisados, y sus gestos no eran discordantes con las palabras. Esta cosa fue aceptada y, con el uso frecuente, se puso en marcha.  Los artistas nativos, como la palabra etrusca para bailarín era ister, se les dio el nombre de histriones que representaban con música sátiras completas, ya con cantos determinados por el flautista y un movimiento armónico, muy diferente de los primeros versos improvisados.
Hay un relato similar de Valerio Máximo, que describe la introducción de los ludi scaenici primero a partir de la improvisación de unos jóvenes burlones que bailan y gesticulan.
Las autoridades deciden llamar a unos artistas para que realicen esos mismos movimientos pero de forma más refinada. Es entonces cuando la danza de los ludiones etruscos se instaura como una de las  actividades  más apreciadas por el público romano. ("así que, para aplacar a los dioses del cielo, se compusieron canciones a las que el pueblo mostró muy poco interés por que hasta ese momento se contentaban con el espectáculo circense que había sido instituido por Rómulo, cuando el rapto de las sabinas, con el nombre de Consualia.
Pero, como es propio de los hombres perseguir, en sus orígenes, las cosas insignificantes con empeño,  la juventud jocosa añadió gestos a las composiciones destinadas a los dioses, con un movimiento del cuerpo grosero y desordenado, y por esa razón se mandó llamar a los ludiones de Etruria. La elegante agilidad de éstos venía del antiguo estilo de los Curetes y los Lidios, de quienes descendían los Etruscos y esta grata novedad encantó a los romanos. y como entre ellos llamaban hister al bailarín, se dio este nombre de histriones al artista de la escena.")Val- Max.
No sabemos si la danza de los profesionales es consecuencia de otras más espontáneas pero lo cierto es que los  dos autores inciden en la importancia de la danza y el movimiento corporal como origen de los festivales más importantes. De forma paralela a este proceso, las atenallanae osca del sur de Italia se habían consolidado también  como una de las formas pre-teatrales más importantes. Estas pequeñas piezas eran interpretadas por ciudadanos libres que actuaban y bailaban como aficionados, representando escenas fijas, de carácter lúdico y formalmente poco acabadas que acabarían ocupando el espacio de los entreactos.
La combinación de todos estos factores, la herencia de griegos y etruscos, van conformando las primeras comedias latinas donde los bailarines constituyen un importante recurso teatral: durante los pasajes musicales y en los cantica, los actores sobre todo en obras de Plauto, exhiben sus habilidades coreográficas. Integrando así los elementos folclóricos del drama no literario.
Con el tiempo, la danza teatral se va diluyendo hasta quedar eclipsada por el diálogo y el canto, sobre todo cuando la comedia y la tragedia se consolidan como género dramático en Roma. Sin embargo, en las últimas décadas de s.I a.C. surgen nuevas formas teatrales que, curiosamente dotarán a sus piezas de pasajes bailados, que el público recibe con entusiasmo: en las representaciones de mimos, los gestos y los bailes se alternan con la recitación de textos. Por su parte, la pantomima es una clase de ballet.
Con el desarrollo de la pantomima en época de Augusto, la danza que caracteriza  la escena romana no es ya una representación de varios personajes sino la mímesis de un solo individuo. Un profesional que sólo con sus gestos y actitudes es capaz de encarnar las secuencias de una tragedia.
Las danzas de connotaciones rituales que evolucionan en Grecia y en Roma va ocupando el núcleo de nuevos géneros latinos. La pantomima de época imperial se presenta en cierto modo como una síntesis de los estilos anteriores.


 EL APRENDIZAJE DE LA DANZA EN ROMA

La mentalidad de cada pueblo con valores diferentes determina una política educativa distinta según los estados. En el caso de Roma, la danza no tiene una presencia destacada en los procesos formativos de los jóvenes, de todos modos no es un obstáculo para que la danza sea una práctica habitual en la vida de un romano. Por lo general, la exhibición pública del baile está en manos de unos pocos artistas profesionales, pero también forma parte de algunos rituales con características espectaculares  y celebraciones privadas. Para  estas ocasiones muchos ciudadanos se preocupaban por adquirir nociones de danza a título individual, con fines rituales o estéticos.
El espectáculo constituye una vía de ocio para los ciudadanos y se necesita contar con artistas bien preparados. En el caso de Roma, la profesionalización de los actores implicaba una formación completa y variada, la expresión corporal, el sentido del ritmo, la capacidad de improvisación etc.
Solo existe una alusión a las escuelas de danza, en un discurso atribuido a Escipión Emiliano Africano en el que critica el hecho de que los hijos de ciudadanos libres aprendan a bailar junto a cinaedi y otros expertos danzarines. En el pasaje primero se alude a una escuela de histriones (ludum histrionum) como si se tratase de una academia de corte generalizada en donde poder aprender cualquier especialidad artística. Pero, después Escipión especifica el tipo de actividad practicada e introduce, en dos ocasiones el sintagma ludum saltatorium, es decir "escuela de danza" (Escipión Emilio africano es testigo de que los hijos de los nobles, y  lo que es más horrible, también las hijas vírgenes, incluían el ejercicio del baile entre sus estudios. Éste, en el discurso contra la ley judiciaria de Tiberio Graco habló asi:


"aprenden trucos bochornosos, van a la escuela de actores,la sabuca y el salterio; aprenden a cantar aquello que nuestros mayores consideraban vergonzoso para la gente libre. Van insisto a la escuela entre maricas muchachas y niños libres, Cuando alguien me contaba estas cosas, no podía imaginar que hombres nobles se las enseñaran a sus hijos; pero cuando me llevaron  a la escuela de baile, a fe mía que vi en ese lugar a más de cincuenta chicos y chicas y, entre ellos esto es lo que más pena me hizo sentir por la República a un niño con la bula, de no más de doce años, hijo de un candidato, bailar con los crótalos una danza que no habría podido bailar con decoro ni un esclavo impúdico"

Al margen del discurso de Escipión, no hay ninguna otra mención en el corpus que sugiera la existencia de instituciones similares al ludus saltatorius o maestros de baile para profesionales. Cabe pensar entonces que, en tiempos de la República, los artistas eran fundamentalmente autodidactas y solo aprendían los gestos y pasos que intercambian entre sí, los bailes que copiaban a sus compañeros o los que improvisaban ellos mismos.
Uno de los lugares más apropiados para este intercambio era la palestra, en donde también practicaban ejercicios de gimnasia y expresión corporal a fin de mejorar su presencia.
En De oratore Cicerón reconoce que, para enriquecer sus gestos, los actores aprenden a bailar (saltaredidicisset), una actividad impropia de un orador pero aceptable en el caso de los histriones.
Esta situación varía en el período imperial, pues cada vez son más los artistas formados específicamente en la práctica del baile y otras materias afines. La incorporación de intermedios en las obras de teatro o la proliferación de los banquetes requiere bailarines que puedan adaptarse a todo tipo de ambientes y temáticas.



Entre las mujeres, se habla de oficios hereditarios: como las bailarinas que empezaban sus carreras muy jóvenes y necesitaban que alguien las oriente para poder ejecutar los bailes con soltura y precisión, una tarea que desempeñaban, seguramente, sus familiares y otras personas cercanas al círculo.
El dominio de la técnica era un verdadero motivo de orgullo para las bailarinas profesionales. Hasta el punto de que, en sus propios epitafios, alardearan de sus habilidades y se presentan a sí mismas comodoctae eroditae, en el arte de la danza. Tal es el caso de la jóven Licinia que alardea de su calidad en la danza por su formación ( erodita paenae Musarum).(" culta e instruida casi por obra de las musas, a veces adorné con mi danza las fiestas de los nobles y, aparecí como la primera para el público, he aquí que este túmulo las terribles Parcas depositaron las cenizas de mi cuerpo." La técnica de los artistas va mejorando en función, sobre todo, de las exigencias del público y la frecuencia de los espectáculos. De hecho en el Bajo Imperio son tantas las ocasiones festivas que incorporan actuaciones de danza que se incrementa el número de especialidades, géneros o variedades por cada artista.
En un llamativo pasaje de Amiano Marcelino, se puede leer por ejemplo que había en Roma verdaderos séquitos de actrices y se mencionan hasta tres mil bailarinas acompañadas por coros y maestros.
En el caso de los hombres, la influencia del género pantomímico a partir de Augusto determina una nueva consideración de los bailarines que, artísticamente mejores que los demás artistas, se ven obligados a mantenerse en forma con rigurosos procesos de entrenamiento. Los pantomimos deben perfeccionar la técnica, la fuerza, y están obligados a conocer el repertorio mitológico que ponen en escena.
Como prueba de su elevada formación y nivel cultural, muchos pantomimos son, autores de las obras que representan y están encargados de supervisar la música.
En Roma existe también un tipo de formación en danza que repercute en el desarrollo de los ciudadanos como colectivo, como es el caso de las danzas de los Salios y otras prácticas religiosas, existen muchos rituales de carácter espectacular en los que la expresión corporal y la danza sirven como medio de unión. Se dice que los Salios son los sacerdotes de Marte y que danzan durante los sacrificios de Marte. Estos sacerdotes además de contar con una buena forma física, deben memorizar los pasos y asimilar la distribución de los movimientos en el espacio. Aparte de los saltos, los Salios deben transportar los escudos sagrados al ritmo de la música danza guerrera entre sus principales adiestramientos.
En el período imperial la política de Augusto revitaliza la cabalgata ecuestre del Lusus Troiae o los ritos de los fratres Aruales , hay otros jóvenes nobles que también incluyen la danza guerrera entre sus principales adiestramientos, Dada su vínculo a las tradiciones romanas, estas danzas son tenidas por actividades dignas y se fomentan entre los hijos de los nobles y patricios, que asisten a entrenamientos programados para adquirir destreza, agilidad física, memoria coreográfica y orientación espacial.
Estos colectivos llevan a cabo sus adiestramientos en el Campo de Marte, lugar de recreo destinado a la preparación militar. Allí practican la lucha, la carrera, el lanzamiento de jabalina, la natación y la equitación, entre  otras cosas, pero también aprenden estas danzas que, por sus características guerreras, constituyen un buen ejercicio para las evoluciones marciales. La danza ( ludus) del Campo de Marte fue, por tanto, uno de los bailes permitidos y fomentados por las autoridades.
Tampoco entre las mujeres la enseñanza de la danza y práctica del baile era un hecho excepcional. Aprender a bailar era normal en tiempos de la República y entre las mujeres era una muestra de buena educación siempre que se practique en su justa medida. (dum modo nom curiosa usque ad artis perfectionem)
En este sentido, la formación en danza y otras materias afines constituyen un rasgo distintivo de la educación femenina frente a la de los hombres, una diferencia que se acentúa con el paso del tiempo y los cambios que afectan a su emancipación, en época imperial cada vez son más las mujeres que se consideran buenas bailarinas, incluso presumen de ello.




No podemos olvidar en este período la imagen idealizada de la docta puella de los poetas, estos autores presentan a la amada bailando en todo tipo de ambientes festivos, pero sobre todo en las tabernas y banquetes cuando después de la sobremesa ejecutan un sinuoso movimiento de prostitutas y otras bailarinas. Tal vez por ello la puellae son consideradas un tipo de cortesanas con buena educación (poesía, música y danza) que, por sus atributos y aptitudes constituyen un contra-ejemplo de la matrona romana.

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