martes, 15 de noviembre de 2016

VIRGINIA WOLF..."LAS OLAS"

Escritora, ensayista, cuentista, editora... Woolf es una de las más destacadas firmas del modernismo literario del siglo XX, sin ella no se entiende la novela contemporánea europea. Pero no es sólo su obra la que llama la atención a día de hoy. Es su vida, su atormentada vida, la que despierta gran curiosidad entre seguidores y lectores.
Virginia Woolf fue hija de una eminencia, Sir Leslie Stephen, quien fuera editor, novelista, biógrafo, filósofo, historiador, crítico literario y hasta alpinista; y de Julia Prinsep Jackson quien provenía de una familia famosa por sus bellezas que dejaron su impronta en la sociedad como modelos para los artistas prerrafaelistas y los primeros fotógrafos. Julia Prinsep Stephen posó como modelo de la princesa Sabra, retratada por Edward Burne-Jones, en 1866.
Su niñez fue bastante difícil, su primera crisis depresiva fue cuando repentinamente pierde a su madre. Dos años después sufre otro duro golpe emocional con la muerte de su medio hermana Stella, quien se había hecho cargo de la familia tras la muerte de la madre; y durante todos esos años, además, sufrió junto a Vanessa, abusos por parte de sus hermanastros. Cuando murió su padre de cáncer, en 1905, antes de que Virginia cumpliera los 23 años, la joven escritora ya había tenido su primer intento de suicidio.
Los recuerdos más vívidos de Virginia Wolf sobre su infancia fueron los de St. Ives en Cornualles, donde la familia pasó las vacaciones de verano de 1882 y 1894. Talland House, era la casa de veraneo de la familia, los Stephen, tenían una hermosa vista a la playa y al faro de Godrevy. La fraternal casa fue un recurrente para Virginia, una casa que contiene los fantasmas de su infancia y que recordaría con mucho afecto por siempre y plasmaría en su novela “Al Faro”, publicada en 1927.
En 1912 contrajo matrimonio con el escritor Leonard Woolf, economista y miembro también del grupo de Bloomsbury. Cinco años después crearían la editorial Hogarth, donde se editó la obra de la propia Virginia y la de otros importantes escritores.
Virginia Woolf sufrió, a lo largo de su vida, padecía una enfermedad mental hoy conocida como trastorno bipolar. En una de esas profundas depresiones, Virginia Woolf fue hasta un río cercano a su casa, puso piedras en sus bolsillos y decidió terminar con su vida ahogándose.
Se despidió de su querido esposo a través de una conmovedora carta donde no sólo se percibe su padecimiento, tristeza y profundo dolor, si no también la gratitud y el gran amor que sentía hacia él.

Las olas es una de las obras más importantes de Virginia Woolf.En ella se centra en la vida de seis personajes, tres mujeres y tres hombres, que son amigos desde la infancia. Mediante el monólogo interior de cada uno de ellos se va tejiendo la historia de unas existencias frágiles y ásperas, repletas de secretos, dudas, sueños y temores. Al compás de unos interludios de carácter descriptivo que asocian el desarrollo del texto con el devenir de la naturaleza , la autora va mostrando distintos momentos de esas vidas, desde la temprana adolescencia hasta una madurez agotada y marchita.
Si hay un elemento excepcional en Las olas es, sin duda, el tratamiento estilístico. Virginia Woolf es considerada una adalid del modernismo más rompedor, una experimentadora constante y un puntal de la introspección psicológica de los personajes. Todas estas características se subliman en esta novela de forma magistral. Cada uno de los monólogos de los diferentes protagonistas es único y soberbio; no tanto por el estilo o el tono, que pueden ser fácilmente intercambiables, sino por el matiz onírico y a ratos surrealista que la narradora introduce. La prosa de Woolf no ahonda en la mente de los personajes con el objetivo de revelar sus más íntimos pensamientos, sino que busca la poesía del discurso interior, la fragmentación más lírica de nuestras ideas. Los parlamentos de Bernard, Susan, Louis, Jinny, Neville o Rhoda están cargados de irrealidad, de ensueño; no se busca la prospección mental, sino teñir de color esos monólogos interiores.
De ahí que Las olas sea una novela de una poeticidad bellísima. La narración se aleja del habitual desorden de la voz interna de un personaje para centrarse en tejer una historia que atiende a aspectos mucho más líricos: existe la subjetividad, pero pasada por el tamiz del tratamiento poético, de la literatura más apegada al estilismo. El texto se desarrolla con una fluidez que apela al sentimiento, en lugar de poner el foco en la psicología de los protagonistas, que de esta manera se va mostrando poco a poco, con una sutileza tan genial como hermosa.
Aunque el comienzo de la novela es confuso,la maestría de Woolf se va poniendo de manifiesto al avanzar las páginas: los discursos van cobrando profundidad; las voces, en principio indistinguibles a causa del tono lírico, van siendo muy características y definen a cada personaje con precisión: Bernard se convierte así en el narrador más fiable a causa de su visión perspicaz de lo que le rodea; Jinny se desvela como una mujer preocupada por su aspecto exterior y la impresión que causa; Rhoda aparece como el miembro más sensible del grupo, lo que la conduce a través de sufrimientos íntimos y devastadores… Las subjetividades se revelan sutilmente, con un brillante manejo de la información y de los recursos.
Es indudable que Las olas es un libro hermosísimo y desolador; la autora no escatima esfuerzos para conseguir que los personajes cobren vida y se muestren tan sólidos como pudiéramos desear, aunque no recurra a las fórmulas habituales. Tal y como Bernard afirma, las acciones son precisas y proporcionan mucha información, pero nada dicen acerca de las personas que las ejecutan. Woolf no se centra en los datos, sino en la poesía de las ideas y de la memoria, y por ese motivo sus retratos tienen una verosimilitud casi dolorosa, por veraz.

Organizar esta novela de más de trescientas páginas a manera de monólogos interiores, y que además de eso se extienda a lo largo de la vida de los personajes, no es una tarea sencilla. Para un escritor poco creativo esta labor superaría sus fuerzas, o terminaría entregándonos un libro inaguantable. El genio de Virginia Woolf radica en presentarnos una obra que no defrauda en ninguno de sus niveles (estético, formal y de contenido), en tener esa contundencia que caracteriza las piezas capitales, frente a las cuales las mentes parecen retroceder visiblemente perturbadas. Con relación a la estructura de Las Olas es importante considerar  dos aspectos; el primero de ellos tiene que ver con los “entreactos” que hay en la novela y toda la poesía que en ellos se condensa; por su parte, el segundo aspecto se refiere a la manera como se entrelazan los monólogos.


Virginia Woolf ha decidido que llenar todo su libro con la corriente de pensamiento de sus personajes sería algo demasiado denso. Debido a esto, ha intercalado entre los grandes monólogos,una serie de escritos muy poéticos que poseen entre ellos una progresión, y desarrollan la metáfora de un día en la playa desde que el sol empieza a alzarse hasta que finalmente declina en el ocaso, todo ello mientras se escucha el batir de las olas que simboliza tal vez el trasegar de nuestras vidas. Es obvio que no se trata de una fórmula para rellenar espacios libres, ni siquiera para complementar el contenido de los monólogos; antes bien, son escritos que se enlazan vitalmente con la historia en la medida en que sugieren representaciones poéticas para las experiencias que van teniendo los personajes.
Son en total nueve escritos que dejan ver ese perfil sutil y poético de Virginia Woolf y, en sí mismos, tienen un alto valor estético pero, como se dijo, en tanto hacen parte de la obra no debe perderse su conexión y sobretodo la profundidad simbólica de la que la dotan.

¡Qué sugestiva es la metáfora que propone en los entreactos de la novela! Un día entero que simboliza toda una vida; un día con su mañana calurosa en la que todo parece posible, un día que va transcurriendo lento mientras el sol se alza hasta ganar luminosidad en todo lo que antes parecía misterio, un día cuyo destino es llegar a cierta cumbre de la que ya sólo cabe esperar el inicio de un declive. Todo mientras en el fondo que ruge, en el mar, se balancean desordenadamente las cosas (los miedos, los resentimientos, el deseo), toda la experiencia acumulada vertida en las olas, unas olas tan altas que su choque con tierra firme es estruendoso y visible. Un día más bien corto con las olas rompiendo siempre en la playa. 
Pero, además de un lenguaje unificado, también Virginia Wolf apela a que los cambios de óptica, es decir, los pasos de un monólogo a otro vayan reduciéndose paulatinamente; así, aunque durante la niñez y juventud todos los personajes discurren casi con la misma regularidad, a mediados de la novela el peso de unos pocos se va haciendo más fuerte hasta que, al final, la voz de Bernard termina totalizando la de sus compañeros. En otras palabras, la velocidad narrativa es vertiginosa al inicio de la novela, porque las conciencias están interactuando más constantemente (a veces se encuentran hasta tres monólogos en una misma página), mientras que al final, el único discurrir es el de Bernard. Me atrevo a ver en esto también un aspecto simbólico porque, tal como sucede con el ritmo de la novela, la vida va de una época agitada en la juventud, a una de intercambios, y desemboca en una última más sosegada y contemplativa.

Las olas ha sido considerada una de las cumbres de la literatura del siglo XX, y su influencia sigue repercutiendo en la novela de nuestros días, es sin duda la obra por excelencia de Virginia Woolf, y si ella ha quedado como una de las creadoras más vigentes de su tiempo, esta novela sigue siendo su obra más emblemática.
http://www.solodelibros.es/las-olas-virginia-woolf/
http://www.elresumen.com/biografias/virginia_woolf.htm
http://la-pasion-inutil.blogspot.com.es/2012/01/virginia-woolf-las-olas.html
http://www.elresumen.com/libros/las_olas.htm
http://impedimenta.es/prensa.php/en-busca-de-una-feliz
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