martes, 27 de diciembre de 2016

MARIA ZAMBRANO Y "LA RAZÓN POÉTICA"


María Zambrano es una de las grandes desconocidas de la historia del pensamiento español. A menudo minusvalorada, su obra suele confundirse en su mezcla de poesía y filosofía, y aquellos que por azar se acercan lo hacen del modo en el que se va a un jardín para recolectar flores. En cambio, vista de más cerca, su obra constituye uno de los intentos más admirables en lo relativo a aquello que aquí se ha señalado como hilo conductor : el conflicto de una razón ensimismada que ha olvidado una categoría fundamental sin la que ella no es nada, la vida. La solución que propone Zambrano es la conocida como “razón poética”, un concepto al cual es posible que el decir, tal y como lo ideó la pensadora veleña, no pueda alcanzar. Intentemos al menos aproximarnos.



El destino de María Zambrano viene marcado por el hecho de la guerra civil española, algo que le obligará a exiliarse en Europa y en América latina hasta su regreso a España en 1984. Alumna de Ortega y Gasset, adaptará la crítica al racionalismo de éste último, transportándola al horizonte que es para ella el momento previo del ejercicio de la razón en donde se inserta su “razón poética”. Se distinguen así tres periodos en su obra: una primera etapa de formación donde se gesta la “razón poética”, una genealogía del exilio donde se plantea la historia como problema y su última etapa marcada por el regreso a España.
La obra de María Zambrano puede responder a aquella máxima que Gilles Deleuze enunciara como la  misión de la filosofía, es decir, el arte de la creación de concepto, donde el concepto siempre viene asociado a un problema concreto al cual  intenta responder. En el caso de Zambrano se trata del ya enunciado como “razón poética”, una razón que se inserta en la vida. Dicho concepto intenta responder al impasse  de la modernidad filosófica. Frente al sujeto cartesiano, el  yo es para Zambrano un reconocimiento,
y no un descubrimiento como para Descartes,que prueba nuestra existencia y nos revela nuestra propia naturaleza. Un reconocimiento que parte de la confrontación del individuo con aquello que no es él en un acto activo donde el destino es una creación en la confrontación.
La obra de María Zambrano puede responder a aquella máxima que Gilles Deleuze enunciara como la  misión de la filosofía, es decir, el arte de la creación de conceptos , donde el concepto siempre viene asociado a un problema concreto al cual  intenta responder. En el caso de Zambrano se trata del ya enunciado como “razón poética”, una razón que se inserta en la vida. Dicho concepto intenta responder al impasse  de la modernidad filosófica. Frente al sujeto cartesiano, el  yo es para Zambrano un reconocimiento y no un descubrimiento como para Descartes,que prueba nuestra existencia y nos revela nuestra propia naturaleza. Un reconocimiento que parte de la confrontación del individuo con aquello que no es él en un acto activo donde el destino es una creación en la confrontación.

El pensamiento de María Zambrano es una herida abierta en el seno de la filosofía contemporánea, la necesaria herida que es la recuperación de un clamor abandonado sin razones por aquélla en la oscuridad de lo incognoscible. Y al par que una recuperación se opera la restitución a la filosofía tanto de lugares -de presencias envueltas por la Historia en interrogantes que parecieron haberlas borrado, desplazado de lugar como de una atenta escucha, de un oído de extremada finura, que se adentra, que da voz él mismo -cauce para que la voz sea escuchada- en realidades sumergidas, porque, dice ella, «nada de lo real ha de ser humillado»; un cauce y un aliento que en su palpitar es guía a que la razón se ciñe. Una nueva geometría donde inequívocamente los lugares de antiguas respuestas, ofrendas y comparecimientos se volvieran a dar a salvo de la destrucción, y a salvo de la más pérfida de las destrucciones: la que ofreciéndose como reconstrucción es, en realidad, indiscreta destrucción que arrasa cuanto toca y levanta. Por ello, emerge este pensamiento a modo de fragmento de un único saber, que siempre aparece como perfecto, al modo humano, y por lo mismo inacabado, sin posible sistema y siendo un todo. Restitución que devuelve el pensar a la aurora de un saber, de unos lugares sagrados iniciales, aliento o hilos de agua originales. Es posible encontrar en María Zambrano, desbordando cualquier adhesión en forma alguna de pensamiento, íntimas coherencias que apelan a un profundo sustrato común, ese manantial o aquel fuego que, como aliento, enciende similares llamas. Saberes inspirados que ostentan la huella de un logos que ahonda y eleva el pensar humano más allá, y aun antes de la idea y de la deducción lógica, que andan convencidos, como en Empédocles, de que conocer la verdad es «conocerla en tu corazón con tu logos penetrante». La presencia del «logos que siempre existe y (al que) los hombres no comprenden», según Heráclito, del logos del verbo, es el fuego que enciende una experiencia, sobrepasando al mero pensar, y por supuesto más allá de cualquier erudición. Y así el conocimiento sólo es dable a través del mesurado y atento examen que, incluyendo la mente, no «retira la confianza para ninguno de tus otros miembros por donde hay camino para el conocimiento» (Empédocles). Conocimiento como resultado de una implicación del ser entero, de la vida toda. Es así en María Zambrano: despertar del ser unido con la vida, que ya no lucha con su corazón sino que lo halla como un centro integrado por el amor.




La razón poética  se sitúa en un momento previo al ejercicio racional discursivo. Dicho momento se constituye en la aurora de la razón, en donde se aceptan los límites de lo humano y se reconoce el carácter incompleto de todo conocimiento, de ahí que su pensamiento haya sido calificado de “filosofía Auroral” . Así, su obra De la aurora presenta ya los caracteres de una crítica a la razón propia a la Modernidad filosófica, donde el ejercicio de una razón poética que se proyecta insertada en la vida actúa en la penumbra; un lugar entre la claridad de los dioses y la oscuridad de las bestias.
Frente a una razón omnipotente María Zambrano reconoce un abismo de irracionalidad indispensable al ejercicio discursivo. La racionalidad moderna se ha fundado en la identidad y en la presencia, a lo cual nuestra pensadora opone la diferencia y el reconocimiento de “lo otro” de la razón. Al sujeto cartesiano se le opone el hombre-organismo que se construye partiendo de «la ruina del anhelo, de la avidez, de la esperanza originaria». Zambrano propone un nuevo modo de conocimiento que afronta “los infiernos del ser”.



En Filosofía y poesía Zambrano plantea las diferencias entre el filósofo y el poeta: mientras que el primero se mueve en la espectralidad de los fantasmas, el segundo es reconocido por su heroicidad. El poeta es el único capaz de destruir los monstruos construidos por la razón. Es así que Zambrano reconoce el carácter poético y literario de la filosofía española, las cual se expresa raramente en forma de un sistema unitario, lo cual le permite conservar en ella el carácter fluido propio a la vida.
Pero sería erróneo considerar que Zambrano piensa en la “razón poética” como una manera de decir poéticamente lo ya expresado por la filosofía. Como ya se ha sugerido, la “razón poética” es el concepto que María Zambrano elabora para superar la racionalidad moderna.  La razón poética responde al origen de poeio en griego en su doble acepción, a la vez como intuición reveladora y como el medio de crear a través de la palabra. Se intenta así la reconciliación entre razón y vida, planteándose el carácter temporal de la razón poéticainsertada en el quicio de un presente laberíntico. Más próxima de la experiencia intuitiva que de la fría reflexión racional, la razón poética revela la apertura del futuro que plantean los peligros presentes. El presente se sitúa de este modo como horizonte donde acechan los peligros pasados.
La razón poética plantea una inversión del platonismo. Se trata de la inversión del célebre mito de la caverna. Para Zambrano la liberación de un mundo de ficción no viene por la salida de la gruta como para Platón, sino que es la caverna la ficción, pues el ser humano vive a la intemperie y en ocasiones precisa de resguardarse en las necesarias ficciones.

Transita el pensamiento de María Zambrano entre las dos grandes líneas de lo que ha sido la filosofía: del logos al nous, de la lógica y la sustancia a la esencia y el corazón. Todo el pensamiento de María Zambrano, y toda su virtualidad metafórica, parecen estar habitando en la confluencia de dos metáforas que dijérase figuran el destino todo de la filosofía: aquellas de la visión y la luz inteligible, de una parte, y de otra la del corazón. Confluencia y mediación entre la objetividad y cohesión del entendimiento y la esencia irreductible de una realidad que en el hombre clama en amplio padecer; entre el mundo claro de la conciencia y los abismos de las entrañas. Y el corazón se le aparece a esta filosofía como el símbolo y representación máxima de todas las entrañas de la vida, y así dirá que él, el corazón, es la entraña donde todas encuentran su unidad definitiva, el espacio vital único que se abre para dar acogida a realidades inexplicables y desamparadas.

Así la filosofía de María Zambrano es música y latido del corazón dándose en pensamiento al que se ha permitido ir a ese más allá de las propias profundidades que también el pensamiento entrega al corazón. Razón entrañada que es capaz de hacer el fuego, llevar la luz a los más oscuros laberintos, y dando razón -esparciendo bien el logos por las entrañas, como pedía Empédocles- encontrar ella misma razones, desentrañarlas y encontrar el hilo que libere del laberinto, de la opacidad en que se halla, no en claridades avasalladoras -que por ello no harían sino provocar la huida y la ofuscación- sino «en luz que se enciende dentro de un comienzo. Oscuro corazón como llama pálida». Liberadora razón cuya máxima suprema es proporcionar la inteligencia al oscuro sentir. Desde el lamento que patentiza al delirio va creándose un orden, un equilibrio, proporción y eco de un pensamiento que late en el mismo sentir originario, orden como eco, como respuesta, de las entrañas al orden del Universo todo. Orden y proporción del sueño y el despertar, de la inspiración que se acoge al fondo más íntimo de donde la vida brota, a la inteligencia que razona en los mismos infiernos del padecer humano y asciende convertida en inspirada razón, hasta «dormirse arriba en la luz» donde el corazón se abandona, libremente se entrega. Allí se recoge y se aduerme al fin ya sin pena.


COMPROMISOS POLITICOS DE UNA DAMA ERRANTE

María Zambrano, al igual que Unamuno y Ortega, perteneció a una generación que intentó sacar a España de su marasmo cultural. Su pensamiento social y político viene marcado por sus propias experiencias vitales, es por ello que siempre estuvo convencida del valor de la democracia como garantía de las libertades individuales. Contra los poderes dictatoriales que ella misma sufrió en primera persona, Zambrano considera el poder absoluto como la negación del ser humano, y en obras como Persona y democracia La agonía de Europa se pueden encontrar la idea de la Historia como el espejo donde se refleja el rostro humano, así como una reflexión sobre las causas de la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial.
La historia se desarrollaría en la tensión entre la necesidad presente y la esperanza como horizonte de futuro. Es en este sentido que la política vendría a insertarse en este quicio del presente, planteándose la necesidad de una relación entre política y poética creadora de un nuevo advenir. La verdadera democracia advendrá cuando el peligro de la manipulación de la voluntad emergida de una vida en común desaparezca, cuando el poder deje de tratar al pueblo como masa.



MUCHAS GRACIAS

Muchas gracias;
muchas, muchas gracias.
Qué va. Está muy bien.
Dispénseme, señora.
No hay de qué.
Está completo, pero está muy bien.
Un farsante, un cuentista,
un enterao
-la Place de l'Alma-, un cualquiera,
me da igual.
Cuando usted quiera.
Ah, señora, ¡si usted supiese!
Está bien.
Aquellos buenos tiempos...
Mas París es París, y está muy bien.
Aunque no lo comprendo.
L'Étoile, Notre-Dame, Les Champs,
se sabe, ¿por qué no?
Encuentro, encontraré, ¿encontré
ya?
Entonces, apresúrese, vaya.
¿Por qué no?
muchas gracias....
http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/maria-zambrano-la-poesia-de-la-razon-152837.kjsp?RH=CDL_ESP110100
http://amediavoz.com/zambrano.htm#MUCHAS%20GRACIAS
http://cvc.cervantes.es/actcult/zambrano/acerca/moreno.htm

1 comentario:


  1. Gracias Araceli: por recordarnos a nuestra eximia poetisa y filósofa, que convivió con nosotros en una de nuestras Universidades. Saludos allende el mar.

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