lunes, 7 de noviembre de 2016

JAMES JOYCE Y ULYSSES


Su formación jesuítica, que siempre reivindicó, le inculcó un espíritu riguroso y metódico que se refleja incluso en sus composiciones literarias más innovadoras y experimentales. Manifestó cierto rechazo por la búsqueda nacionalista de los orígenes de la identidad irlandesa, y su voluntad de preservar su propia experiencia lingüística, que guiaría todo su trabajo literario, le condujo a reivindicar su lengua materna, el inglés, en detrimento de una lengua gaélica que estimaba readoptada y promovida artificialmente.
Su consagración literaria completa sólo le llegó con la publicación de su obra maestra, Ulises (Ulysses, 1922), novela experimental en la que intentó que cada uno de sus episodios o aventuras no sólo condicionara, sino también «produjera» su propia técnica literaria: así, al lado del «flujo de conciencia» (técnica que había usado ya en su novela anterior), se encuentran capítulos escritos al modo periodístico o incluso imitando los catecismos. Inversión irónica del Ulises de Homero, la novela explora meticulosamente veinticuatro horas en la vida del protagonista, durante las cuales éste intenta no volver a casa, porque sabe que su mujer le está siendo infiel.
Una breve estancia en Inglaterra, en 1922, le sugirió el tema de una nueva obra, que emprendió en 1923 y de la que fue publicando extractos durante muchos años, pero que no alcanzaría su forma definitiva hasta 1939, fecha de su publicación, con el título de Finnegan's wake. En ella, la tradicional aspiración literaria al «estilo propio» es llevada al extremo y, con ello, al absurdo, pues el lenguaje deriva experimentalmente, desde el inglés, hacia un idioma propio del texto y de Joyce. Para su composición, el autor amalgamó elementos de hasta sesenta idiomas diferentes, vocablos insólitos y formas sintácticas completamente nuevas. Durante la Segunda Guerra Mundial se trasladó de nuevo a Zurich, donde murió ya casi completamente ciego.
La obra de Joyce está consagrada a Irlanda, aunque vivió poco tiempo allí, y mantuvo siempre una relación conflictiva con su realidad y conflicto político e histórico. Sus innovaciones narrativas, entre ellas el uso excepcional del «flujo de conciencia», así como la exquisita técnica mediante la que desintegra el lenguaje convencional y lo dobla de otro, completamente personal, simbólico e íntimo a la vez, y la dimensión irónica y profundamente humana que, sin embargo, recorre toda su obra, lo convierten en uno de los novelistas más influyentes y renovadores del siglo XX.

ULYSSES
 Publicada en París en 1922 y considerada como una de las obras fundamentales de la literatura universal (y, sin lugar a dudas, la que más ha influido en la narrativa occidental de los tres últimos cuartos del siglo XX). Texto complejo donde los haya -tanto por su constante tendencia a la experimentación lingüística como por su oculta riqueza simbólica y su empleo de las más novedosas técnicas narrativas-, el Ulises requiere un minucioso y detallado aparato crítico auxiliar para facilitar su lectura y comprensión no sólo al lector medio, sino incluso a los más avezados especialistas en el estudio de la literatura contemporánea ("he escrito Ulises -aseguró Joyce en una entrevista- para mantener ocupados a los críticos durante trescientos años"). A pesar de estas dificultades intrínsecas, sus lectores y seguidores apasionados se cuentan por millares en todo el mundo; se siguen celebrando congresos y seminarios centrados únicamente en esta obra; se publican cada año docenas de artículos y ensayos en los que se continúa analizando el texto joyceano (o descubriendo nuevos matices en su intrincado empleo del lenguaje); se realizan periódicamente nuevas traducciones que intentan verter a los más diversos idiomas los retruécanos y juegos de palabras acuñados por el autor irlandés; y se celebra en Dublín, el día 16 de junio de cada año, una concentración de admiradores incondicionales del Ulises que, procedentes de los lugares más apartados del mundo, recorren escrupulosamente todos los escenarios visitados por los personajes de la novela durante ese 16 de junio de 1904 en que está fechada la acción.


Argumento

El joven Stephen Dedalus, después de haberse enfadado con su amigo Buck Mulligan, abandona la torre en la que ambos residen y, tras un azaroso vagabundeo por las calles de Dublín, acabará encontrándose con el judío irlandés Leopold Bloom, quien en el transcurso de aquel mismo día ha asistido al entierro de un conocido. Antes de que se produzca el encuentro entre ambos, el lector ha recibido a una completa y minuciosa relación de todos los pasos seguidos por Bloom desde las ocho de la mañana de aquel 16 de junio de 1904: ha desayunado -sus acostumbradas vísceras de "bestias y aves"- en compañía de Molly, su mujer; ha acudido a la inhumación, no sin haber pasado antes por un establecimiento de baños; ha visitado luego la sede del periódico Freeman's Journal and National Press -por la que también habrá de pasar, poco después, Stephen Dedalus-; ha ido a tomar un tentempié; ha entrado en la Biblioteca Nacional -donde vuelve a estar presente Dedalus, ahora disertando sobre Shakespeare-; y, tras haber cumplido con otros actos sociales -como ir a dar el pésame a la mujer del difunto, o acudir a un hospital a interesarse por una parturienta (donde, entre un grupo de estudiantes de medicina, vuelve a aparecer Stephen Dedalus)-, ha recalado en el barrio de los prostíbulos (Nighttown, 'ciudad nocturna'), en donde socorre a un embriagado Dedalus que ha sido agredido por soldados ingleses. Bloom conduce al joven hasta su propia casa, en donde ambos se ponen a conversar acerca de temas tan variados como la literatura, las mujeres, el asesinato y el suicidio. Cuando Stephen Dedalus parte, Leopold Bloom se acuesta al lado de Molly, quien pone fin a la novela con una incesante concatenación de imágenes que, entre el sueño y el recuerdo, rememoran sus años juveniles y su primer encuentro con quien habría de convertirse en su esposo.

Estructura y técnicas narrativas

Las peripecias cotidianas y las vivencias excepcionales de Leopold Bloom y Stephen Dedalus en el curso de un día reproducen -unas veces de forma bien visible, y en otras ocasiones muy tenue y veladamente- algunos de los principales episodios de la Odisea, dotando así a la monumental novela joyceana de un complejo entramado de referencias literarias y culturales que, sumadas a su complejidad lingüística y estructural, hacen de esta narración una de las obras más crípticas -y, a la par, sugerentes- de la literatura universal. Al igual que Telémaco, el hijo de Ulises, Stephen Dedalus busca desesperadamente una presencia paterna que le sirva de referencia para sus inquietudes artísticas e intelectuales; por su parte, Leopold Bloom, en su peregrinaje-odisea a través de los más diversos ambientes de Dublín, está protagonizando sin saberlo una épica aventura -la búsqueda inconsciente de un "hijo" que pueda llenar el vacío del que se le muriera a muy temprana edad- que, a la postre, ha de concluir forzosamente con el retorno a casa. Los dieciocho capítulos que conforman la novela se articulan, así, como un recorrido a través de numerosos episodios y personajes característicos de la magna creación homérica, pero enfocados desde diferentes puntos de vista (unas veces, irónicos; otras, caricaturescos; otras, trágicos; otra, grotescos; etc.) y tratados con las más novedosas y complejas técnicas narrativas.
Los tres primeros capítulos bien puede calificarse de "telemaquiada", en la medida en que se centran en la presentación de Stephen Dedalus, su ambiente, sus ocupaciones e inquietudes y los personajes que pueblan su entorno inmediato. De hecho, la referencia homérica del primer capítulo es la propia figura de Telémaco, enfocada por el narrador desde una presentación objetiva que, en varias ocasiones, deja paso a la palabra interior (una de las principales singularidades constructivas del Ulises). Esta técnica se mantiene en el capítulo segundo, en el que aparece el señor Deasy, anciano director del colegio donde imparte clases Dedalus (y correlato joyceano del personaje homérico de Néstor, anciano sabio a quien visita Telémaco en busca de consejos). Pero ya en el capítulo tercero triunfa plenamente la palabra interior como procedimiento narrativo, puesta al servicio de un Stephen Dedalus que, caminando a la orilla del mar, comienza a divagar sobre los temas más variados (el sexo, la poesía, su estancia en París, etc.), en una veloz mutación de ideas que establece un paralelismo intertextual con Proteo (el ser mutante).


Frente a la "telemaquiada" de los tres primeros capítulos, la "odisea" joyceana propiamente dicha comienza en el capítulo cuarto, donde se recurre de nuevo a la presentación objetiva para mostrar a Leopold Bloom, cuya mente también empieza a decantarse por vía de la palabra interior (la referencia homérica es ahora Calypso, la ninfa que demoró durante siete años el regreso de Ulises a Ítaca). Los Lotófagos -comedores de loto- que menciona Homero son la vaga referencia del capítulo quinto, en el que también predomina el uso de la palabra interior para reconstruir el pensamiento de Bloom mientras camina distraídamente, haciendo tiempo hasta la hora del entierro. La inhumación del finado Dignam, en el capítulo sexto, marca un claro paralelismo con el Hades -el reino de los muertos, al que Ulises accede en el texto homérico-, mientras la instancia narradora alterna la descripción objetiva con la palabra interior. En el siguiente capítulo, la presencia de Bloom en la redacción del Freeman's Journal and National Press (la cueva de Eolo, deidad de los vientos) apenas queda apuntada a través de las conversaciones ajenas, anotadas objetivamente por Joyce mediante un original "puzzle" de pequeños fragmentos encabezados por titulares similares a los de la prensa de la época. El almuerzo del protagonista -en el capítulo octavo, casi en su integridad construido por medio de la palabra interior- sirve de pretexto para recordar a los Lestrigones de Homero, unos caníbales que se parecen mucho a los comensales del restaurante de Burton (y que dan pie a que Bloom cambien sus planes y prefiera tomar un tentempié en la taberna de Byrne).
Predomina el diálogo en el capítulo noveno, donde Stephen Dedalus diserta en la Biblioteca Nacional (a la que ha acudido también Bloom) y se establece un lejano paralelismo con el mito de Escila y Caribdis (es decir, el dilema de elegir entre dos amenazas). El capítulo décimo, constituido por diecinueve fragmentos descriptivos en los que se presenta a numerosos personajes deambulando y coincidiendo -a veces- por las calles de Dublín, puede ser visto como un reflejo del relato homérico de las Rocas Errantes, referido por Circe a Ulises para evitar que éste se haga a la mar. La complejidad constructiva del Ulises alcanza una de sus cotas más elevadas en el capítulo onceno, abierto con una enumeración caótica de cincuenta y siete fórmulas verbales que, como los motivos musicales presentados en la obertura de una ópera, irán apareciendo incrustados en el texto a lo largo de todo el capítulo; la palabra interior procedente del pensamiento de Bloom, alternando con la presentación intermitente de imágenes objetivas, crea un vigoroso remedo de contrapunto musical que invita a identificar este pasaje con el episodio homérico de las Sirenas.
Siguiendo con esta intensificación de los artificios constructivos, en el capítulo duodécimo Joyce recurre a la interpolación de los registros expresivos más variados para replicar el punto de vista de un patriota compulsivo -el Ciudadano- que, como el Cíclope de la Odisea, no tiene más que un único punto de vista. La entrega siguiente, construida en parte como una parodia de los modelos almibarados de la novela rosa, relata la delectación onanista de Bloom ante la visión de la ropa interior de Gerty, una joven sentada en una roca junto a la playa (fácilmente identificable con Nuasicaa, quien, al ir a lavar sus ropas, encontró al náufrago Ulises desnudo en la playa). En el capítulo décimo cuarto, Bloom reflexiona sobre la fecundidad en la sala de partos del hospital, lo que da pie a Joyce para ir amoldando el estilo del capítulo a diferentes registros bien conocidos en la literatura inglesa ("la manera de Madeville", "el estilo de crónicas elisabetino", "un paisaje solemne, como de Milton", etc.) que intentan reproducir las fases de la evolución del feto, al tiempo que recuerdan vagamente el episodio homérico de los Bueyes del Sol (por su condena contra quienes impiden la fecundidad).


El alucinante y recopilatorio capítulo décimo quinto -en el que aparecen continuas referencias a situaciones y personajes de capítulos anteriores, a modo de síntesis de las andanzas protagonizadas por Bloom y Dedalus hasta alcanzar ese punto culminante de la historia- se sirve de una flexible estructura teatral (con sus correspondientes acotaciones y enunciados que marcan las intervenciones de los diferentes personajes) para reflejar el encuentro con las prostitutas, del que el joven Stephen sale malparado, aunque auxiliado por Leopold. Este capítulo clave, con una remota base autobiográfica (Joyce, agredido en un barrio dublinés de mala reputación, fue ayudado por un judío al que todos conocían por la notoria infidelidad de su mujer), tiene su correlato en la historia odiseica de Circe, la hechicera que no consigue transformar en cerdo a Ulises -aunque sí a sus compañeros- debido a la droga protectora que, contra los encantos de la bruja, ha proporcionado al héroe Hermes, el mensajero de los dioses.
Si los tres primeros capítulos se organizan como una presentación de Dedelus-Telémaco previa a la auténtica "odisea" urbana de Bloom, los tres últimos constituyen el cierre obligado, es decir, el retorno a la casa-Ítaca del judío irlandés. El capítulo décimo sexto, intencionadamente tedioso y aburrido para acentuar el contraste con la agitación del episodio prostibulario anterior, relata el inicio de esa vuelta a la calma, con situaciones que aluden de forma muy velada al episodio de la Odisea en que Ulises, disfrazado de mendigo, llega a la cabaña del porquerizo Eumeo, en donde habrá de coincidir con su hijo Telémaco. Joyce recurre a todo tipo de prosa farragosa (retórica burocrática, giros propios del lenguaje administrativo y del periodismo ramplón, comparaciones tópicas y recurrentes en el habla vulgar, etc.) para acentuar el tedio que marca el ritmo de este capítulo. De forma sorprendente, en el siguiente cambia por completo de registro estilístico para imitar las fórmulas habituales de los catecismos (intercambio de preguntas y respuestas) y dar pie, así, a una jugosa conversación entre Dedalus y Bloom, quien ha conducido al joven hasta su "ítaca" particular, de donde parte Stephen ya de madrugada, después de rechazar la invitación del propietario para que pase allí la noche. El capítulo décimo octavo y último vuelve a la palabra interior -tan cara a Joyce- para exponer las crudas y explícitas reflexiones de Molly, la mujer de Bloom, cuando éste ya duerme a su lado; la rememoración de sus escarceos amorosos con otros muchos hombres -y su especial delectación en la potencia sexual de su amante Boylan- pone un irónico broche a la figura de esta moderna "Penélope", más caracterizada por su incontinencia y carnalidad que por su fidelidad y virtud.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/joyce.htm
http://www.enciclonet.com/articulo/ulises1/

1 comentario:


  1. Gracias ARACELI REGO: por esta descripción que nos presentas de cada uno de los capítulos, de esta célebre novela de la primera mitad del siglo XX, saludos afectuosos allende el mar.

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