martes, 6 de diciembre de 2016

CHARLES LOUIS DE SECONDAT Y EL ESPIRITU DE LAS LEYES

Escritor y filósofo francés, conocido por su título nobiliario de barón de Montesquieu, nacido en La Brède (en la provincia francesa de Burdeos) el 18 de enero de 1689 y fallecido en París el 10 de febrero de 1755. Fue una de las figuras más sobresalientes de la Ilustración.
Sobre las ideas de Montesquieu se apoyan todos los estados democráticos actuales. Gracias a su pensamiento, hoy se admite sin discusión que, para que haya libertad, los jueces tienen que poder dictar sentencias sin que intervengan en sus decisiones los parlamentarios y el Gobierno.
Su estilo es claro y directo en los ensayos y tratados. En sus obras más literarias, sabe manejar con acierto la ironía y el humor.

La obra literaria y filosófica del barón de Montesquieu es un monumento a la Razón. Está basada en el pensamiento racional: el autor investiga y saca sus conclusiones teniendo en cuenta sólo su capacidad de razonar. Esto supuso en su tiempo una auténtica revolución, pues hasta entonces nadie se había atrevido a razonar prescindiendo de las creencias religiosas.
Su interés por todo tipo de conocimientos y saberes le convierte en uno de los mejores ejemplos del espíritu ilustrado y enciclopédico. Colaboró, en efecto, con ese proyecto monumental desarrollado por los intelectuales franceses del siglo XVIII: la Enciclopedia. En esta obra pretendían incluir todos los conocimientos del ser humano, enfocados desde la luz que arroja la Razón (es decir, sin tener en cuenta las creencias religiosas).
Montesquieu se interesó, principalmente, por la política y las leyes. En la actualidad,casi todos los países que se gobiernan por un sistema democrático siguen aceptando una de sus ideas fundamentales: la independencia de los tres grandes poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial.
Una de sus principales obras es Cartas persas, una sátira de la vida en la corte y en París, donde Montesquieu afirma que las ideas políticas y religiosas que dominan esa vida pública están anticuadas, y propone numerosas reformas sociales y culturales. Utiliza un recurso muy ingenioso para presentar sus críticas: los distintos aspectos de la sociedad son contemplados por unos personajes extranjeros, procedentes de lugares en los que son muy distintas las costumbres y las formas de vida. Gracias a este procedimiento, Montesquieu pudo expresar sin miedo sus críticas: en las Cartas persas, son esos personajes extranjeros los que analizan la sociedad y la política que descubren con extrañeza en Francia.
Reflexiones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos es un estudio de la historia, las leyes y la política del Imperio Romano. Montesquieu, como buen ilustrado, elogia los gobiernos basados en la razón y la inteligencia, y critica a aquellos pueblos que se dejan gobernar por las ideas religiosas.
Pero su obra maestra es El espíritu de las leyes , uno de los libros fundamentales del período conocido como Ilustración. El escritor francés estudia las leyes de los diversos pueblos del mundo, con la intención de descubrir las razones que han llevado a los hombres a fijar dichas leyes. Es un ejercicio puramente racional, bien representativo del espíritu ilustrado y enciclopédico. En esta obra aparece la aportación más importante de Montesquieu a la política contemporánea. Según él, es necesario que quienes juzgan (el poder judicial), quienes gobiernan (el poder ejecutivo) y quienes hacen las leyes (el poder legislativo) sean independientes, para que no haya presiones de unos sobre otros.
Del Espíritu de las Leyes
En el Prefacio Montesquieu hace una declaración de intenciones de lo que se propuso al elaborar Del Espíritu de las Leyes y de como el lector debe emprender y comprender su lectura. Quiere que se vea su obra como él la concibió, es decir, escrita desde la objetividad, ya que él no quiso en ningún momento sojuzgar las distintas formas de gobierno, ni las sociedades en las que se enmarcan, ni las Leyes que en ellas existen, sino que analizar la naturaleza de las mismas para saber cuál es la mejor correlación que se puede establecer entre sus distintos tipos; y esta ardua empresa solo es posible abordarla con la mente libre de prejuicios que a su vez son los que determinan la subjetividad en las personas. El autor escribe “... yo no he sacado mis principios de mis prejuicios, sino de la naturaleza de las cosas.”.
Montesquieu resalta la objetividad porque su intención fue la de elaborar un tratado sistemático sobre las sociedades humanas, es decir, que realizó un tratado de sociología enfocado hacia el derecho y las formas de gobierno que existen en cada sociedad humana. Para conseguir este resultado, el autor utiliza el método científico, imperante en la época, para analizar al hombre en el marco de la sociedad que le ha tocado vivir. Al fin y al cabo es una de las ideas o elementos de la Ilustración: los ilustrados creen que la naturaleza se guía por unas leyes y que la razón es el instrumento capaz de desentrañarlas, para así hacer a la naturaleza más comprensible a los hombres.
Pero Montesquieu no quiere establecer las pautas a seguir en un modelo único o universal de sociedad; no cree en una sociedad ideal, sino que es consciente de la diversidad que ha existido a lo largo de la historia y también existe en la actualidad de su tiempo. Para comprender tal diversidad y averiguar las leyes que rigen esa diversidad en las sociedades, Montesquieu hace una mezcla de metodología científica con un análisis histórico comparativo.
Se podría resumir de una manera muy atrevida que la obra analiza las distintas formas de gobierno y leyes (naturales y positivas) que pueden establecerse en las sociedades; de cómo éstas se moldean por la actuación del hombre; y de cómo este último se ve influenciado en su actuar por los agentes externos (el clima, la extensión geográfica de su país, etcétera.).
A la hora de leer Del Espíritu de las Leyes hay que tener en cuenta los distintos significados que el autor atribuye a la palabra “ley”, ya que utiliza el término indiscriminadamente para referirse a una u otra cosa sin establecer muy claramente a qué tipo de “ley” debemos entender que se refiere. De hecho la obra comienza analizando los distintos tipos de leyes que existen en una sociedad. Primero da una definición universal válida para todo tipo de ley: “Las leyes, en su más amplia significación, son las relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas.”. En este sentido todos los seres tienen sus leyes, desde la Divinidad hasta el mundo material y leyes que se derivan de la naturaleza de las cosas son las que a su vez inspiran las leyes normativas que rigen el buen funcionamiento de dichas relaciones, de ahí que Montesquieu denomine a esas primeras leyes que se deducen directamente de la naturaleza: el espíritu de las leyes.
Con estas ideas en mente, Montesquieu se propone analizar las tres formas de gobierno existentes (bajo su concepto) para desentrañar cuáles son sus correspondientes naturalezas principios. Principios entendidos como esas leyes que se desprenden de su naturaleza y que inspiran a las leyes normativas.





  • República: Dentro de esta forma de gobierno se distinguen a su vez otras dos: la democracia y la aristocracia. La naturaleza de la república consiste en que el sujeto de poder es todo el pueblo (democracia) o algunas familias (aristocracia). El principio que mueve y hace obrar a la República es la “virtud política”, entendida como el amor a la patria, a la igualdad y a la moderación.
  • Monarquía: su naturaleza consiste en que el príncipe tiene todo el poder, pero gobierna conforme a las leyes (normativas) establecidas y con ayuda de poderes intermediarios subordinados (nobleza). Considera que sin la existencia de esas leyes ni de la nobleza, estaríamos ante el Despotismo. Su principio es el honor, o sea el prejuicio de cada persona o clase social, que consiste en exigir preferencias y distinciones. “Esta condición, que es perniciosa en una república, tiene buenos efectos en la monarquía y da vida a este gobierno. No es peligrosa, porque siempre puede ser reprimida.”
  • Despotismo: su naturaleza consiste en que una sola persona gobierna a su capricho y conforme a su voluntad, sin ninguna ley ni regla. Suprincipio es el temor, el cual debilita todas las virtudes (principio de la república) y anula todo sentimiento de ambición (principio de la monarquía). “En los estados despóticos no hay leyes fundamentales, ni menos depósito de leyes. De aquí proviene que en estos países la religión tiene ordinariamente tanta fuerza y constituye una especie de depósito o de permanencia. Y si no es religión, son las costumbres que allí se veneran en lugar de leyes.”.


  • Cada tipo o forma de gobierno debe obrar y legislar conforme a su principio, en caso contrario se corrompe. En la República, las leyes deben tener por objeto la virtud; en las monarquías el honor, y en el despotismo, el temor. Según estas ideas Montesquieu examina las leyes de la educación, de la administración de justicia, del lujo, de la fuerza defensiva, de la guerra, de la libertad política. Es decir que después de haber hallado el principio que rige en cada forma de gobierno, el autor nos da a entender que estos últimos elementos son los más importantes de cada sociedad o nación, por lo que las leyes que reglen esos elementos o sectores deben ser acordes con el principio que guía a cada tipo de gobierno.
    Más tarde Montesquieu analiza como la extensión geográfica de los estados influye en las formas de gobierno. El autor establece que la relación más idónea para los distintos tipos de gobierno es la siguiente:
    • La república es el gobierno más adecuado para los pequeños estados.
    • La monarquía es la forma idónea para los estados con una extensión territorial mediana.
    • El despotismo es la forma de gobierno más usual en los grandes imperios. Conclusión a la que llega después de haber estudiado el despotismo del este de Europa y de Asia .
    Como ya hemos dicho, para Montesquieu esta es la relación idónea, pero no la que se da siempre en la práctica, ya que al observar a la misma podemos observar como las repúblicas y monarquías pueden degenerar en el despotismo. Visto así, el autor parece que le otorga más importancia a que las normas positivas respeten el principio correspondiente de la forma de gobierno, a que dicho gobierno exista en la extensión territorial más idónea. Pero realmente la idea del autor no es ésta, sino que cree en la interdependencia de la forma de gobierno con su principio y con la extensión estatal; la conclusión es que como los principios de los gobiernos son susceptibles de corromperse, arrastrando consigo a los gobiernos (y en general a la sociedad), el primer imperativo de un gobierno es mantener la extensión del estado.
    Al tratar el asunto del mantenimiento de la extensión territorial (que a su vez determina el equilibrio interno de los estados), el autor hace hincapié en las repúblicas ya que estas, al ser normalmente pequeñas, son más vulnerables militarmente. La solución, según Montesquieu, es la federación de esas repúblicas, así ofrecen las ventajas de la excelencia del gobierno interior de cada una de ellas y de la fuerza de las monarquías de cara al exterior. El autor no profundiza mucho más sobre el tema por lo que nos da a entender que existe, en esas federaciones, un poder central formado por la cesión de parte de la soberanía de cada una de las repúblicas. Con esta óptica del tema, no han sido pocos los autores que han pretendido ver en Montesquieu uno de los primeros europeístas modernos.



    Para finalizar esta exposición hay que mencionar el tratamiento que ofrece el autor a otro de los factores externos (o condiciones naturales) que según el mismo, repercuten en las sociedades. Vamos a abordar el asunto del clima ya que según Montesquieu, influye de una manera muy directa en la estructura social. Hemos de decir que no es un tema muy novedoso ya que también fue tratado por autores anteriores como Bodino. La teoría de los climas implica una superioridad “política” de los estados con clima frío respecto de los estados de los estados meridionales, ya que los climas cálidos incitan a la relajación en el cumplimiento de las obligaciones en todas las esferas de la vida cotidiana. Es este el motivo por el que las leyes deben contrarrestar los efectos nocivos, o potenciar los beneficiosos, que el clima y en general los elementos externos producen en los hombres que forman la sociedad.
    Con todo lo visto hasta ahora, se puede establecer que las leyes y costumbres de cada país no son productos arbitrarios, sino que dependen de ciertas condiciones naturales (elementos externos) y deben ajustarse al principio respectivo de cada forma de gobierno que exista en cada país. Están relación con el carácter nacional (elemento externo que también puede estar determinado por el clima), con el clima, con la religión , ...., de suerte que “deben ser de tal manera apropiadas al pueblo para el cual han sido hechas, que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenirle a otra”. En esto consiste el “espíritu de las leyes”.
    Montesquieu fue el primero que redujo la legislación a un sistema razonado, sistema no exento de errores, pero para juzgar a las personas es necesario situarnos en su tiempo y de todas formas, no tiene mucho sentido poner en entredicho sus bastísimos conocimientos.
    Enseñó a los hombres sus derechos olvidados y les inspiró el deseo eficaz recobrarlos, de defenderlos y asegurarlos contra la usurpación y la tiranía. De ahí que algunos autores le llamen el “legislador del género humano”.
    Resumiendo,Montesquieu no hace más que tener una visión realista y objetiva a lo largo de toda su obra. De hecho, para él, “El espíritu de la monarqía es la fuerza e el engrandecimiento, y el espíritu de la república es la paz y la moderación.” Parece claro que el lujo y el engrandecimiento están bastante unidos.
    A la hora de elaborar el presente trabajo se puede apreciar como muchos autores coincidían en señalar una preocupación de Montesquieu por la autodestrucción, la autodestrucción es una cualidad intrínseca de ciertos organismos y en concreto de las sociedades (pueblos). Es por ello que el autor escribe de una forma sistemática (al igual que Hume y Hobbes) ya que es la forma de hallar los elementos, de cada unidad de estudio, que conducen a dicha autodestrucción. En nuestra opinión lo que realmente preocupa al autor es el equilibrio que cada organismo debe propiciarse a sí mismo para no autodestruirse. Montesquieu analiza todos los elementos de la sociedad para encontrar la correlación más idónea entre ellos y así poder mantener el equilibrio. Según el autor, el equilibrio debe predicarse de todos los aspectos de la realidad: el arte, las ciencias, las letras, la política, ... .
    Es importante ver la responsabilidad del hombre en su vida, su sociedad y en general en su entorno. Deducimos de la obra que las leyes están influenciadas por las costumbres, por las circunstancias naturales de cada momento y por el propio hombre. A partir de la Ilustración las cosas dejan de guiarse exclusivamente por su destino y por el azar, sino que el hombre también influye en su entorno al tomar sus propias decisiones, de las que es responsable aunque puedan estar también influenciadas por los elementos externos.
    La idea de Montesquieu fue la de elaborar un tratado sistemático sobre las distintas formas de gobierno y las leyes que más les convienen para que perduren en el tiempo, es decir, que pretendía elaborarla desde la más estricta objetividad; pero nada más lejos de la realidad ya que también deja entrever en su obra sus preferencias al tratar los distintos temas y las distintas posibilidades, en un tono más despectivo respecto de aquellas opciones que no consideraba tan recomendables. Así, el autor muestra sus preferencias al intentar buscar un sistema político que permitiese el progreso de la convivencia y una concepción burguesa del mundo, eludiendo los peligros del desmesuramiento o exceso que conlleva la corrupción. Es este un sistema político que asegura la Libertad individual.
    Según palabras del propio autor: “La libertad es el derecho de hacer lo que permiten las leyes... . En un estado o una sociedad en que existen leyes, la libertad no puede consistir en hacer cada uno lo que quiere, sino en hacer lo que se debe hacer y en no ser obligado a hacer lo que no se debe hacer”. Este amor por la libertad muestra las bases del sistema político que prefiere Montesquieu:
    • Unas buenas leyes políticas deben procurar las garantías suficientes para que exista la libertad.
    • Unas buenas leyes políticas son las que ordenan correctamente la Separación de Poderes. Estos poderes son el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Toman su nombre de las funciones que desempeñan y cada uno tiene un titular distinto. Es muy importante establecer bien esta separación de poderes y sobre todo respecto del ejecutivo, ya que su desequilibrio conduce a la tiranía.
    • Las estructuras políticas particulares deben ser dinámicas. A nivel del estado esto se consigue nutriendo a los órganos de gobierno con representantes elegidos por el pueblo. La fórmula más adecuada es el bicameralismo.
    • Todos estos criterios anteriores son los propios de un gobierno moderado que es el que tiene por principio la virtud (política), pero también hay que poner límites a la virtud para que el gobierno no se autocorrompa.
    • La constitución política que no siga estos principios es tiránica. Según Montesquieu existen dos formas de gobernar: la recta (correspondiente a los estados moderados) y la opuesta (la tiránica).
    • El germen corruptor más importante de un gobierno es el ejecutivo y dentro de éste el ejercito porque desprecia al senado y respeta a sus capitanes. Según Montesquieu hay que separarlos bien y conviene que el ejercito sea popular.
    Con estas bases del sistema político que prefiere Montesquieu, debemos entender por lo que leemos más tarde en la obra que es un sistema político que tiene como forma de gobierno la república, ya que es la única que tiene por principio la virtud, la única con cámaras legislativas formadas por representantes del pueblo elegidos por el mismo y al única que necesita controlarse a sí misma por medio de las leyes políticas que a su vez ordenen la correcta separación de poderes.
    Para concluir no hay más que resaltar la influencia de Montesquieu en la política de su época y en la de los años inmediatos a su muerte, ya que aunque no fuera este su propósito, alimentó las ideologías burguesas de aquellos hombres que dirigieron la Revolución francesa de finales del siglo XVIII, inspirando con su teoría de la separación de poderes el constitucionalismo moderno emergente en dicha época en Francia y los Estados Unidos.
    Bibliografía
    • “Del Espíritu de las Leyes”. Charles Louis de Secondat Baron de la Brède et de Montesquieu. Introducción de Enrique Tierno Galván, traducción de Mercedes Blázquez y Pedro de Vega. Editorial Tecnos, 1.998.
    • “Historia de la Filosofía, volumen 2”. Nicolás Abbagnano. Editorial Hora S.A., 1.982.
    • “Historia de la Filosofía, volumen 2”. Johannes Hirschberger. Editorial Herder, 1.982.
    • “Historia de la Filosofía, volumen 3”. Guillermo Fraile. La Editorial Católica S.A., 1.966.

      http://www.monografias.com/trabajos33/espiritu-leyes-montesquieu/espiritu-leyes-montesquieu.shtml
      http://www.enciclonet.com/articulo/montesquieu-baron-de/
      http://html.rincondelvago.com/el-espiritu-de-las-leyes_montesquieu_la-ilustracion.html
      http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/31000000630.PDF

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